INDICE




Introducción.

CAPITULO I
Descubrimiento y Exploración

CAPITULO II
Montañas

CAPITULO III
Sierra Negra — Bobalí — Ocaña

CAPITULO IV
Nevado del Tolima — Huila —Guanacas —El Puracé

CAPITULO V
Montañas de María — Torrá — Tatamá — Farallones de Cali — Baudó — Serranías de Panamá — EI Picacho — Chiriquí

CAPITULO VI
Los Llanos — Montes del Caquetá — Volcanes de lodo — Volcanes de Turbaco

CAPITULO VII
Los ríos — El Magdalena — El Cauca — El Patía — El Sumapaz — El Bogotá — El Salto de Tequendama — El Sogamoso — El Saravita— Laguna de Fúquene

CAPITULO VIII
El Cauca — El Nechí — El San Jorge — Río Viejo — Boca de Ceniza — Desembocadura del Magdalena— El Sinú — El Atrato — Río Sucio — El San Juan — El Truandó — El Napipí

CAPITULO IX
 El Orinoco — El Guaviare — El Atabapo — El Rionegro — Maipures — El Casanare — El Meta — El Chagres — El Bayano — El Tuira

CAPITULO X
Golfo de San Blas — Laguna de Chiriquí — Mareas — Golfo de San Miguel — El Mícay — El Izcuande — El Patía — El Patía — EL Telembí — El Tequendama  — Laguna de Guatavita — La Cocha ó Gran Lago Se los Mocoas — El clima

CAPITULO XI
Lluvias y enfermedades — Flora y fauna — Palmeras y helechos — Bambuseas y bejarias — Quina y guaco — El Curare — Orquídeas — Mamíferos — Aves — Saurios — Peces

CAPITULO XII
Etnografía — Los Guaymies — Costumbres — Los Cunas o Cuna — Catíos, Nutabes y Tahamies — Los Pijaos — Los Yareguies — Los Arhuacos — Los Motilones — Los Arhuacos — Los Goajiros — Raza y lengua

CAPITULO XIII
Los Goajiros — Ritos y ceremonias — Los Tunebos — Los Otomacos — Misiones — Los Salivas — Tribus salvajes — Záparos — Tribus salvajes — Migraciones — Maipures y Caribes — Tipos actuales — Pastusos — Antioqueños

CAPITULO XIV
Panameños — Poblaciones — San Agustín — Neiva, Purificación, El Guamo  — Ortega, El Chaparral, El Espinal y Girardot — Fusagasugá, Nemocón, Zipaquirá — Funza  — Bogotá — Caminos y ferrocarriles — Fómeque, Cáqueza y Los Llanos — Villavicencio y San Martín

CAPITULO XV
Girardot — Ibagué—Ambalema —Lérida — Honda — Mariquita —Villeta — Guaduas — Pacho —Nare — Río negro — Mariquita —Puerto Bérrio—Ferrocarril de Antioquia —Valle del Opón — Puerto Wilches — Tunja —Boyacá, Guateque, Pesca, Paipa, Duitama  —Sogamoso— SoatᗠCh

CAPITULO XVI
Málaga — Piedecuesta — Sube — Los Santos Ubate — Chiquinquirá — Caldas —Saboya— Villa de Leiva — Moniquirá- Puente Nacional — Vélez — Socorro — Charcalá — San Gil — Barichara — Zapatoca — Girón — Bucaramanga — Los Llanos — Concepción — Pamplona — Chinacot

CAPITULO XVII
Palmira, Buga, Tulúa, Roldanillo - Cartago  — Anserma —Pereira-- Manizales   — Marmato Supía- Riosucio – Pácora - Arma  — Aguadas — Sonsón — Abejorral —Santa Bárbara  — Sopetrán — San Jerónimo — Evéjico — Medellín  — Medellín— Envigado -Itagüí   — Santa R

CAPITULO XVIII
Sabanilla, Salgar Puerto Colombia y Santa Marta — Dibulla — Riohacha — Portete —Bahía Honda — Soldado — Valledupar y  San Juan de César — Codazzi  — Chiriguana — Cartagena — Burú — Bocagrande   — Islas de San Andrés y Providencia  — El Chocó —- Quibdo — U

CAPITULO IXX
Nóvita — Buenaventura  — Micay— Izcuandé — Gorgona - Almaguer   — El Patia — Castigo — Tuquerres — Pasto — Pasto — Barbacoas — Tumaco — Ipiales — Cabo Mangles — Caquetá — Boca del Toro — David, Pedregal. Cañofístola, Alanje, Bugabita  — Los Santos—Santiag

CAPITULO XX
Chagres – Matachín – Manazanillo   — Colón  — Istmo y canal de Panamá   — San Blas – Chepo  — Putricanti - Puerto escocés - Santa Maria - Cana   — El Darien – Yavisa – Pinogana – san Miguel

CAPITULO XXI
Proyectos de canales — San Pablo — Enfermedades  — Terrenos baldíos — Frutos y alimentos — Agricultura — Agricultura y Ganadería — Animales y Ganadería

CAPITULO XXII
Minas e Industria — Comercio exterior — Aduanas y movimiento mercantil — Vías de comunicaciones — Vapores y Ferrocarriles — Correos — Instrucción pública - Prensa — Criminalidad - Organización política

APENDICE
Apéndice
El Cauca - El Nechí - El San Jorge - Río Viejo - Boca de Ceniza - Desembocadura del Magdalena- El Sinú - El Atrato - Río Sucio - El San Juan - El Truandó - El Napipí

 


 

angosturas (1) . En ciertos lugares la corriente se halla comprimidla entre paredes de rocas sedimentarias que apenas distan 30 metros, é imitando el antiguo modo de construcción india, se ha podido construir sobre esas angosturas estrechos puentes de lianas (beju­cos): uno de ellos, el de Sopetrán, en el camino de Medellín a Antioquia, no mide menos de 230 metros de extremo a extremo (2) . Antes los indígenas se atre­vían a descender el Cauca en sus barcas; hoy sólo se le atraviesa en los sitios tranquilos (remansos), entre los raudales, y en ciertos puntos no hay ni siquiera una senda sobre el borde en la base de las rocas perpen­diculares ó de los taludes de piedras movedizas .

Rebasadas las últimas montañas recibe el Cauca un afluente considerable, el Nechí (3) , que surge en el corazón de la Cordillera central, y marcha con direc­ción casi rectilínea, de Suroeste a Noreste, como cuer­da de la gran curva del Cauca. La rama principal del Nechí no lleva su nombre; es el Porce ó Medellín, puesto que mide mayor longitud, rueda mas agua y continúa el eje mayor del valle; al contrario, el Nechí propiamente dicho, surca un valle lateral. Nacidos ambos en las altas montañas que se inclinan bruscamente hacia la llanura, el Nechí y el Porce, lo mismo que la vaguada en la cual funden sus aguas, descien­den por una especie de escalera, de suerte que puede compararse al Sogamoso por sus cascadas, rápidos y angosturas interrumpidas de trecho en trecho por gar­gantas transversales |(4) . La cascada de un afluente del Porce, el salto de Guadalupe, mide 250: metros.; el agua se desliza primero a lo largo de una roca hasta hundirse en el orificio de otra, desde donde se lanza al abismo en dos cintas distintas: en los aguajes el río rebota. sobre el peñón y se abre en un inmenso abanico; una parte del agua se pierde en una caverna que hay en el fondo del abismo (5) .

En la confluencia del Cauca y el Nechí, aquel río, que mide 600 metros de anchura, corre en una llanura unida en el cual desarrolla meandros regulares entre riberas bajas, orladas de pantanos (6) . En Guamal, en la confluencia del Magdalena, el Cauca, que rueda 2,200 metros cúbicos, parece casi el igual del gran río. Y todavía falta a este último recoger algunos ca­ños laterales, Iuego el río San Jorge y, por último, el brazo de Mompós, antes de que funda en un solo lecho todo el tributo de su hoya. Antes de esa reunión, el San Jorge atraviesa una llanura perfectamente horizontal, donde sus aguas se dilatan en permanen­te inundación, donde recibe en invierno el reflujo del Magdalena y el Cauca, para devolverlo con lentitud en el verano. Llamase esta región el anegadizo. La capa líquida se extiende hasta mas allá del horizonte, ofreciendo a las barcas inmensa red de canales profundos. En ese anegadizo los tallos de las plantas que crecen siempre a la misma altura han acabado por formar motas regulares de 3 a 4 metros de altura, cuya cima se muestra fuera del agua aun en los mayores aguajes (7) : muchos de esos montículos se Adornan con las osamentas de las reses y otros animales que en ellos se refugian en las inundaciones re­pentinas y mueren allí de hambre tras algunos días de cautividad. En el verano el agua de esos vastos pastales inundados no desaparece por completo, y las esponjas vegetales, las zampunas que crecen aquí y allá, son otras tantas fuentes naturales; basta exprimirlas para obtener agua en abundancia. Cuando las aguas de los pantanos de esta zona refluyen hacia el Magdalena, su corriente verdosa arrastra islas flotan­tes de yerbas, las cuales se suceden en largas proce­siones; a veces se amontonan, forman diques y obli­gan a las aguas superiores a buscarse otra salida (8)

El tronco del Magdalena, entre su último grande afluente, el Cauca-San Jorge, y la primera rama de su delta marítimo, el Dique de Calamar (9) , no mide sino muy corta longitud, en proporción con todo su desarrollo fluvial, un centenar de kilómetros; pero a pesar de esas ramas casi toda la masa líquida permanece en la vaguada principal; el Dique no es sino un estrecho canal de 60 a 90 metros de ancho, y en algu­nos puntos con sólo veinte centímetros de profundi­dad; en los aguajes el Dique, invadido por una onda de 5 metros de espesor, se convierte temporalmente en un verdadero río; pero lince largo tiempo habría desaparecido, obstruido por las yerbas, perdiéndose en el dédalo de pantanos que ocupan esta región del Departamento de Bolívar, llamada Tierra Adentro, si los comerciantes de Cartagena no tuviesen interés en mantener abierta esa vía para su trafico con el Mag­dalena (10) ; el nombre mismo del canal, Dique, recuerda los trabajos hidráulicos hechos en su ribera; con frecuencia se han dragado los altos fondos del lecho, y aun construido esclusas para regular la corriente los progresos de la industria transformaran, tarde ó tem­prano, en un canal bien construido ese antiguo lecho del Magdalena (11) .

Hacia la derecha arrancan diversos bayons, el callo de San Antonio, el caño de Remolino y otros que recorren, anastomosándose con conchas lacustres, toda la zona pantanosa comprendida entre el río y el golfo interior, llamado la Ciénaga grande, abierto al pié Oeste de la Nevada de Santa Marta. Pero esos cana­les, su profundidad y casi sin corriente, no ruedan sino una débil cantidad de agua, y el río propiamente dicho prosigue casi integro hasta la triangular isla de los Gómez, donde se abre en dos grandes brazos que encierran el delta verdadero. El brazo oriental ó río Viejo, ancho de 500 a 800 metros, no tiene sino metro y medio de profundidad y apenas da paso a las barcas. A la fecha el gran brazo es el dcl Oeste, la Boca de Ceniza, en la cual los vapores se aventuraron por primera vez en 1857. Su paso, apoyado en un fon do de roca sólida, en ocasiones ha tenido una gran profundidad, 7 metros y medio, y aun 10; en 1875 ofre­cía un canal regular de 7 metros (12) , pero se obstruye con frecuencia, y la falta de balizas, y en especial la carencia de observaciones regulares y sostenidas, han sido causa de frecuentes desastres. En fin, como la marea no tiene aquí sino una amplitud de 20 a 50 cen­tímetros, apenas alza el agua en la peligrosa barra, donde además el mar esta casi siempre fuerte ó tor­mentoso, por lo cual los grandes navíos se abstienen de franquearla, que si no, fácil les sería remontar el río hasta Tacaba, hasta la unión de las tres corrien­tes: Magdalena, Cauca, San Jorge; en este trayecto, que mide cosa de 300 kilómetros, la profundidad del lecho, que en ninguna parte es inferior a 8 metros, alcanza hasta el doble en muchos puntos (13) .

Por lo dicho, la escala marítima se ha establecido al Oeste, fuera del río, en la rada de Sabanilla, de pe­rímetro instable, la cual comunica con el Magdalena por bayous que utilizan las barcas (14) . Un ferrocarril abrevia la distancia entre el puerto marítimo y el puerto fluvial, Barranquilla, establecido en la banda izquierda del río, no lejos de la horquilla del delta, no precisamente sobre la vaguada misma, sino en un bra­zuelo lateral; la ciudad, como varios otros pueblos de mas arriba, ha sido dejada al Oeste por la corriente mayor que se desplaza de un modo gradual hacia el Este, bien que la boca oriental sea precisamente la que han obstruido los detritus (15) . Cuanto a las rami­ficaciones del delta, que van a perderse a la derecha en la Ciénaga de Santa Marta, no pueden ser utiliza­das sino por las embarcaciones menores llamadas bonguitos, que se deslizan a través de las yerbas y pantanos ó de simples fosos abiertos por la mano del hombre de bayou a bayou (16) . El laberinto de las aguas estáncadas que constituyen este falso delta, entre las bocas vivas y la laguna muerta, esta cubierto del lado del mar por una larga flecha de arena, por un lido como el de Venecia; es el cordón litoral de Salaman­ca, que despliega bajo el choque de las olas una curva reentrante, de regularidad perfecta; los vientos han amontonado allí médanos antes errantes, hoy fijos por las lianas de los convólvulos, ayudadas por los numerosos troncos de los grandes árboles. Que las bocas del Magdalena se desplacen, y la flecha litoral se prolongara hacia el Oeste, cubriendo las antiguas entradas convertidas en fondos cenagosos, como las de la Ciénaga de Santa Marta (17) . El conjunto de la red navegable en la hoya del Magdalena resulta mas que triplicado, si se cuentan corno parte de ella todos esos lechos movibles del ramaje lateral utilizados du­rante el invierno. Empero, casi todo el trafico se ha concentrado sobre el tronco del río, entre los rauda­les de buda y Barranquilla; para los vapores la duración media del viaje es de cinco a seis días en la bajada, y de diez a quince en la subida (18) . En otro tiempo los bongos y champanes que remontaban el Magdalena empleaban a menudo de dos a tres meses (19) . Semejante viaje representaba para los pasajeros una parte notable de su existencia!  Entre el delta magdalénico y el golfo de Urabá sólo un río navegable desagua en el mar, el Sinú. Comparado con las dos corrientes que limitan su hoya no ofrece sino una pequeña longitud y una estrecha zona de recepción; pero el grupo de montañas donde nace es muy importante por su posición central entre la parte navegable del Cauca y las dos vertientes del Atlántico y el Pacífico; además, ninguna otra zona de Co­lombia sobrepuja a sus valles en fecundidad. Nace el Sinú en los montes del Paramillo, a poca distancia del San Jorge y de diversos afluentes del Cauca y del Atrato, pero en sus orígenes no es sino un gave que rueda en una escalera de rocas: una, de las ramas ma­dres, llamada Angosturas (20) . se escapa de la montaña por una grieta cuyas paredes miden de 300 a 500 metros de altura. Mucho mas abajo otra angostura de extrañas horizontales presenta un aspecto singular, debido a las cintas alternativamente blancas y negras de sus escarpas. En la parte baja de su curso el Sinú, lo mismo que el Magdalena, se ramifica en numerosos brazos (21) , que se subdividen a su turno, formando en ­definitiva vasto archipiélago instable de islas é islo­tes: allí debió existir en otro tiempo un lago medio colmado por los aluviones, lago que aún se reproduce a jornada de una semana, de donde que el mismo prelado se viera obliga. do ti levantar se prohibición. Entonces nadie iba a España sin hacer testamento y arreglar sus negocios como si se tratase del último viaje-V. y V. cada inundación (22) . Este delta interior, lo mismo que el del Magdalena, termina en un tronco interior único, y el Sinú, envolviendo con un gran meandro las últimas colinas del litoral (23) , se aproxima al mar: un cordón aluvial prolongado hacia el Este, por causa de una contracorriente costanera, hace desviar el río lateralmente y lo conduce al golfo de Morrosquillo. El venaje del Sinú es valuado por Vergara y Velasco en 320 metros cúbicos por segundo, ó sea tanto como el del Tíber. Los vapores remontan el Sinú la mayor par­te del año, hasta 180 kilómetros de la boca, y las barcas pueden subir otros 60 mas (24) ; sin embargo, los peli­gros que guardan ciertos puntos y los de la barra marí­tima, precedidos por los de los altos fondos del golfo, hacen incierta su navegación (25) . El río se utiliza principalmente para flotar maderas, y la prosperidad misma de esta industria, que coincide con la destrucción de las selvas, corresponde a un deterioro gradual del régimen fluvial, mas brusco en sus aguajes, mas empobrecido y por mayor tiempo en sus estiajes (26) . El río cuyo curso forma el límite natural del Con­tinente sudamericano en su extremidad Noroeste, el Atrato, también llamado Darién y Chocó, es aún mas que el Magdalena y el Sinú, un río que tiene mucho de lago y ciénaga por su régimen: mas que un río es un pantano en movimiento (27) . La extrema abundancia de las lluvias que caen en su hoya hacen que sea él, entre todos los ríos, el que lleva al océano mayor masa líquida, en proporción a la superficie de la hoya: si en otros lugares llueve mas, sobre todos en los valles de ciertos afluentes del Brahamaputra, como allá mismo unos puntos están regados con po­breza, el medio anual de la precipitación resulta re­bajado a una cifra menor que la de la hoya del Atrato. Este río, que nace fuera de los Andes, en el lomo de la depresión que, paralela a la Cordillera occidental, se extiende desde el golfo de Urabá hasta la bahía del Chocó, no es torrente salvaje sino en la parte de su curso en que aún no va de Sur a Norte, siguiendo el eje general de su valle (28) ; pero desde que entra a ese eje ó vaguada, que fue en otra época un brazo de mar, ya recibe barcas y aun vapores durante el in­vierno. Henchido con el tributo de centenares de afluentes, que le llegan por derecha é izquierda, naci­dos en la cordillera andina y en la cadena costanera,

absorbe luego al majestuoso río Sucio (29) , que baja de los flancos del Paramillo, y con anchura de 300 a 600 metros serpea en amplios meandros, engrande­ciéndose aún mas con los pantanos y lagunas circula­res que sus inundaciones han dejado en la vasta lla­nura. Entre los afluentes del Atrato muchos están cu­biertos de tal modo por las lemnas (lentículas), que el ondulado tapiz oculta íntegramente el agua y con dificultad lo rompen los remos. Sin embargo, el Atrato permanece libre de esas capas de hojas, y sus corrientes vivas, rapidísimas (30) , se entremezclan, en toda la longitud del lecho fluvial, en una vasta red, separados sus elementos por juncales que ocultan las riberas. Algunas motas insulares se levantan entre los panta­nos de la llanura adyacente: el viajero se pregunta aquí si navega en un río ó en un mar interior. Llegado a las cercanías del golfo de Urabá, el Atrato orilla la costa occidental a cierta distancia y luego, quebrando al Este, gana el mar por medio de un delta de nume­rosas bocas, que se avanza en saliente fuera de la línea normal de la costa (31) . Sin contar los canales de menor importancia, cuéntanse quince bocas en esas tierras aluviales tendidas en rosetón, bocas de las que dos son accesibles a las goletas y ocho a las canoas: esas bocas cambian cada año de sitio, dimensiones y aun de número, según sea el caudal del río y la cuantía de los aluviones, yerbas, árboles y lodo que arrastra.

La península deltaria, que crece sin cesar, proyectán­dose fuera de la costa, acabara por cerrar la culata ó saco del golfo, al cual no dejara sino un estrecho canal para el paso de las aguas de los ríos que desembocan en esa bahía marítima, gradualmente trasformada en lago: ya en 1793, cuando la exploración de Fidalgo, la culata estaba franjeada por manglares en todo su perímetro, y en parte cubierta de gamalotales, es decir, de praderas flotantes; pero el canal ofrecía de 30 a 35 brazas, ó sea de 55 a 65 metros de profundidad, en tanto que la sonda no halla hoy sino de 20 a 50 metros, según las cartas marinas mas recientes. Otro río na­vegable para canoas, el Leon ó Cuacuba, desagua en la extremidad meridional del golfo: puede conside­rársele, lo mismo que al río Suriquilla, como parte de la hoya del Atrato, puesto que a dicha corriente lo un en varios canales laterales.

La profundidad escasea sobre las barras de las bocas del Atrato, puesto que el agua no mide allí ni 2 metros, por término medio, en tanto que en el río mismo hay, dondequiera, profundidad suficiente para los mayores navíos: en ciertos puntos la sonda señala 20 metros. Los únicos peligros del río y sus afluentes navegables son lo fuerte de ciertas curvas y los tron­cos que forman palizadas a través del lecho. Con fre­cuencia se ha indicado al Atrato como una de las fu­turas vías de navegación entre el Atlántico y el Pa­cífico. Ya en 1793 Fidalgo (32) mencionaba el arrastradero o portaje de San Pablo, donde la apertura de un canal de poco mas de una milla habría permitido unir el Atrato al San Juan, ambos ríos navegables. mas tarde Humboldt insistió sobre la facilidad que ofrece ese sitio para cortar el pequeño lomo a cuyos: pies se abre la barranca de Raspadura, y hacia la mi­tad del siglo numerosos fueron los exploradores del Atrato. Trautwine, Porter, Michler, Selfridge, Lull, Collíns, quienes propusieron la construcción de túne­les ó canales a través de la cadena costanera, entre el ­pacífico y ciertos afluentes del Atrato como el Truandó, el Napipí. Todos estos proyectos fueron abandona­dos cuando se decidió la ruptura del istmo de Panamá, y el fracaso de esta obra no los ha hecho revivir. El Atrato (33) , que pudiera tener tanta importancia como vía comercial, apenas se utiliza hoy: algunos buques de vapor lo visitan y las barcas lo remontan a remo, empleando de 36 a 42 días para llegar basta Quibdó (34) , cerca de la región de las fuentes del río. La insalubridad de la comarca y la falta casi absoluta de población civilizada en las orillas del Atrato, han puesto en entredicho esa corriente. En el siglo último el gobierno de la metrópoli, comprendiendo cl valor econó­mico de esta vía, pero incapaz de utilizarlo por sí mismo­decreto pena de muerte contra todo marino que ­surcara el río: la interdicción se levantó, sin embargo, en 1790, bien que con severísimas restricciones, en favor de los comerciantes de Cartagena, los cuales poca­ ó nada supieron aprovecharla (35) .

El afluente mas considerable de la hoya de Ma­racaibo pertenece a la vez a las dos repúblicas limítrofes, Colombia y Venezuela: es el Catatumbo (36) . El extenso circo donde nacen sus ramas principales comienza al Oeste, en las montañas de Ocaña, en un relieve que del otro lado vierte al Magdalena, y ter­mina al Este en la sierra nevada de Mérida. Muy irre­gular en el régimen de sus aguas, es navegable, no obstante, en todo tiempo por pequeños vapores, lo mis­mo que su afluente, el Zulia ó Sulasquilla, que le llega del Sur y cuyo valle alto sirve de camino principal al comercio de la Colombia oriental con Maracaibo. Otro río que desagua en el Zulia, el Tachira, señala con una parte de su curso el límite político entre las dos repúblicas. En la confluencia del Zulia, llamada Los Encontrados, el Catatumbo corre ya en la llanura baja que en otro tiempo fue mar, y su cauce, sinuoso y variable, tiene en sus orillas a derecha é izquierda pantanos que el río ensancha en sus aguajes. Según Vergara y

 

 

(1)  Vergara y Velasco, obra citada-E. R.
(2) En esto el autor confunde des épocas ; los indios construían puentes de lianas, mientras que los actuales son de armadura metálica. V.        y V.
(3) El Nechí recorre 875 kilómetros en una hoya de 12.000 kiló-cuadrados V. y V.,
(4)  Vergara y Velasco, obra citada E. R.
(5) Fr. Von Schenck, Petermann's Mitteilungen 1883, Heft. III E. R,
(6)  También el Cauca remata en un extenso delta de unos 3,000 kilómetros cuadrados, notable tanto por el número de brazos pomo por la regularidad de su ritmo-V. y V.
(7) E. J. Vergara y Velasco, obra citada-E. R.-No creernos en el origen vegetal de estas matas que parecen mas bien construcciones indias, ora para sepulturas, ora para construir las casas, como ya lo hacían los Egipcios, ó quizá por ambas  cosas a la vez. Desgraciadamente no se las ha explorado con cuidado en su interior; que en esta zona y también en algunos montecillos, en la sabana alta, hallaron los españoles grandes tesoros funerarios-V. y V..
(8) Vergara y Velasco obra citada-E. R.-EI San Jorge riega una hoya de 1 4,000 kilómetros cuadrados 375 con de curso.
(9)  Pero es entendido que aquí la palabra delta se emplea en sentido figurado porque nada de aluvial tiene el terreno o mejor isla com­prendida entre el Dique y el lecho principal del río-V y V.
(10) Vergara y Velasco, obra citada-E. R.
(11) Dudoso nos parece este porvenir del Dique, pues a pesar del dinero empleado en mejorarlo, y a los cartageneros prefieren la cons­trucción de un ferrocarril, y concluido éste, puede aseverarse que nadie volverá a ocuparse del Dique en muchos años, lo cual equivale a cerrar­lo definitivamente-V. y V.. Saltot des Noyers, Mer des Antilles, et Golfo de Mexique-E. R.
(12) Pero los informes de los empleados de la Aduana dicen precisamente que ese año tornó a ser imposible el paso de la barra-V. y V..
(13)  E. J. Vergara y Velasco, obra citada-E. R.
(14)  En época anterior si; pero desde que el río rompió directamente hacia el N., en vez de torcer al ocaso, esos canales se cegaron; hoy no existen, y aun se pensó en prolongar a través de ellos, convertidos en suelo firme o poco menos, el ferrocarril de Bolívar-V. y V.
 (15) Aun en el alto Magdalena se nota esa tendencia, y ya dijimos que hoy el río inclina su boca principal hacía el Noreste-V. y V.
 (16) También navegan allí vapores-V. y V..
(17) Estadística del río Magdalena, según Vergara y Velasco Superficie de la boya    248,340 kilómetros cuad. Longitud del río              1,700 -de la porción navegable       1,200   -  -        de        - en la hoya   2,400   -  Venaje medio   7,460 metros cúbicos.   por segundo-E. R. La hoya del río se divide netamente en 4 porciones: la occidental 630 miriámetros cuadrados, la central 375 miriámetros cuadrados, la oriental 35 miriámetros cuadrados y la septentrional (llanura atlántica), donde en invierno se enlaza por medio de caños y el San Jorge al Sinú 732 miriámetros cuadrados y la meridional 488, o sean 257.875 kilóme­tros cuadrados.-V. y V..
(18)  Inclusive demoras en los puertos, porque sin ellas de Barran­quilla a Honda sólo se emplean 104 horas y apenas 49 en la bajada, pu­diéndose navegar de día y de noche del Puerto Nacional a la boca, o sea la mitad de las 202 leguas que surcan los vapores-V. y V
(19)  Los bogas en esa época no podían remar sin lanzar a cada paso votos y maldiciones, y se cuenta que un Arzobispo exigió a la tripulación de su champán no empleara tales expresiones en ese viaje, lo cual dio por resultado que lo que se caminaba de ordinario en un día fuese
(20)  Es el nombre del Sinú antes de recibir su primer afluente de alguna significación-V. y V.
(21)  Dos son los principales, Aguas blancas a la izquierda, Aguas prietas a la derecha, los cuales marcan un óvalo con dos grandes ciénaga dentro-V. y V..
(22) En esto se exagera: en todo tiempo hay allí lagunas y ciénagas que aumentan mas o menos con las lluvias, pero siempre quedan grandes porciones emergidas, en especial en la mitad N. de esta cuenca- V. y V.
(23) Esto constituye una particularidad del régimen del Sinú, que sin esa enorme curva descrita cuando esta tan próximo al mar verla perdido su lecho con raudales próximos a su boca-V. y V.
(24)  160 kilómetros que en la distancia de la boca a Calle larga (200 por el brazo de Ciénaga de Oro); 120 lo remontan las barcas, de ahí a Tucurá, la mitad con peligro-V. y V..
(25)   Longitud del Sinú según Vergara y Velasco 460 kilómetros..  Superficie de la hoya    16,200 kilómetro. Venaje: 200 metros cúbicos en estiaje; 320 por término medio; 900 en crecida-E. R.  Conforme a los últimos datos recogidos sobre este río, cuyo curso mide 50 leguas, su hoya no puede estimares sino en 11,000 kilómetros cuadrados-V. y V..
(26) F. j. Vergara y Velasco, obra citada-E, R.
(27)  En la parte baja, pero no en las otras dos-V. y V.
(28)  El Atrato nace en los Andes, en el lomo de la Cordillera occi­dental, y no en el lomo de San Pablo, donde brota su afluente el Quito, por lo cual antes de correr de S. a N. lo hace de E. a O., en una mesa en cuyo trayecto no marca la vaguada de su hoya-V. y V..
(29) Que en su boca tiene una legua de anchura por convertirse en enorme pantano; su hoya mide 5,000 kilómetros cuadrados-V. y V..
(30)   En las partes central y media, en las que sea aguas son tan impidas como el cristal-V. y V.
(31) Único que conocemos sea lateral a la vaguada, pues todos se forman, como es natural, en su extremo-V. y V.
(32)  Colección de documentos inéditos sobre la geografía y la historia de Colombia, por Antonio B. cuervo-E. R.
(33) Superficie de la hoya del Atrato 29,450 kilómetros cuadrados Longitud del río            665      - navegable en el río y sus afluentes, según Vergara y Velasco      1,100   - Venaje medio -         -        4,800 metros cúbicos por  se­gundo-E. R. El curso del río sube a 700 kilómetros y la hoya a 30,000 kilómetros cuadrados-V. y V.
(34) Quibdó dista todavía 160 kilómetros de las fuentes del río las barcas pueden subir mas, o sea hasta Lloró: el río es mejor que el mismo Magdalena para los vapores, y en gran parte de su curso no pueden emplearlo las barcas por falta de vientos-V. y V.
(35) Fidalgo, obra citada.-E. B..-Entre el Atrato y el Sinú concluye un notable grupo dc ríos que nacen en la serranía de las Palomas y de ellos el Mulatas, notable por la riqueza de su valle, recorre 150 ki­lómetros y es navegable en barcas-V. y V..
(36) Este río, cuya hoya mide 28,750 kilómetros cuadrados, de ellos 14,000 colombianos, se compone de dos brazos principales, el Catatumbo y el Zulia, ambas de difícil navegación en la parte que nos pertenece-V. y V.

    

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