INDICE




Introducción.

CAPITULO I
Descubrimiento y Exploración

CAPITULO II
Montañas

CAPITULO III
Sierra Negra — Bobalí — Ocaña

CAPITULO IV
Nevado del Tolima — Huila —Guanacas —El Puracé

CAPITULO V
Montañas de María — Torrá — Tatamá — Farallones de Cali — Baudó — Serranías de Panamá — EI Picacho — Chiriquí

CAPITULO VI
Los Llanos — Montes del Caquetá — Volcanes de lodo — Volcanes de Turbaco

CAPITULO VII
Los ríos — El Magdalena — El Cauca — El Patía — El Sumapaz — El Bogotá — El Salto de Tequendama — El Sogamoso — El Saravita— Laguna de Fúquene

CAPITULO VIII
El Cauca — El Nechí — El San Jorge — Río Viejo — Boca de Ceniza — Desembocadura del Magdalena— El Sinú — El Atrato — Río Sucio — El San Juan — El Truandó — El Napipí

CAPITULO IX
 El Orinoco — El Guaviare — El Atabapo — El Rionegro — Maipures — El Casanare — El Meta — El Chagres — El Bayano — El Tuira

CAPITULO X
Golfo de San Blas — Laguna de Chiriquí — Mareas — Golfo de San Miguel — El Mícay — El Izcuande — El Patía — El Patía — EL Telembí — El Tequendama  — Laguna de Guatavita — La Cocha ó Gran Lago Se los Mocoas — El clima

CAPITULO XI
Lluvias y enfermedades — Flora y fauna — Palmeras y helechos — Bambuseas y bejarias — Quina y guaco — El Curare — Orquídeas — Mamíferos — Aves — Saurios — Peces

CAPITULO XII
Etnografía — Los Guaymies — Costumbres — Los Cunas o Cuna — Catíos, Nutabes y Tahamies — Los Pijaos — Los Yareguies — Los Arhuacos — Los Motilones — Los Arhuacos — Los Goajiros — Raza y lengua

CAPITULO XIII
Los Goajiros — Ritos y ceremonias — Los Tunebos — Los Otomacos — Misiones — Los Salivas — Tribus salvajes — Záparos — Tribus salvajes — Migraciones — Maipures y Caribes — Tipos actuales — Pastusos — Antioqueños

CAPITULO XIV
Panameños — Poblaciones — San Agustín — Neiva, Purificación, El Guamo  — Ortega, El Chaparral, El Espinal y Girardot — Fusagasugá, Nemocón, Zipaquirá — Funza  — Bogotá — Caminos y ferrocarriles — Fómeque, Cáqueza y Los Llanos — Villavicencio y San Martín

CAPITULO XV
Girardot — Ibagué—Ambalema —Lérida — Honda — Mariquita —Villeta — Guaduas — Pacho —Nare — Río negro — Mariquita —Puerto Bérrio—Ferrocarril de Antioquia —Valle del Opón — Puerto Wilches — Tunja —Boyacá, Guateque, Pesca, Paipa, Duitama  —Sogamoso— SoatᗠCh

CAPITULO XVI
Málaga — Piedecuesta — Sube — Los Santos Ubate — Chiquinquirá — Caldas —Saboya— Villa de Leiva — Moniquirá- Puente Nacional — Vélez — Socorro — Charcalá — San Gil — Barichara — Zapatoca — Girón — Bucaramanga — Los Llanos — Concepción — Pamplona — Chinacot

CAPITULO XVII
Palmira, Buga, Tulúa, Roldanillo - Cartago  — Anserma —Pereira-- Manizales   — Marmato Supía- Riosucio – Pácora - Arma  — Aguadas — Sonsón — Abejorral —Santa Bárbara  — Sopetrán — San Jerónimo — Evéjico — Medellín  — Medellín— Envigado -Itagüí   — Santa R

CAPITULO XVIII
Sabanilla, Salgar Puerto Colombia y Santa Marta — Dibulla — Riohacha — Portete —Bahía Honda — Soldado — Valledupar y  San Juan de César — Codazzi  — Chiriguana — Cartagena — Burú — Bocagrande   — Islas de San Andrés y Providencia  — El Chocó —- Quibdo — U

CAPITULO IXX
Nóvita — Buenaventura  — Micay— Izcuandé — Gorgona - Almaguer   — El Patia — Castigo — Tuquerres — Pasto — Pasto — Barbacoas — Tumaco — Ipiales — Cabo Mangles — Caquetá — Boca del Toro — David, Pedregal. Cañofístola, Alanje, Bugabita  — Los Santos—Santiag

CAPITULO XX
Chagres – Matachín – Manazanillo   — Colón  — Istmo y canal de Panamá   — San Blas – Chepo  — Putricanti - Puerto escocés - Santa Maria - Cana   — El Darien – Yavisa – Pinogana – san Miguel

CAPITULO XXI
Proyectos de canales — San Pablo — Enfermedades  — Terrenos baldíos — Frutos y alimentos — Agricultura — Agricultura y Ganadería — Animales y Ganadería

CAPITULO XXII
Minas e Industria — Comercio exterior — Aduanas y movimiento mercantil — Vías de comunicaciones — Vapores y Ferrocarriles — Correos — Instrucción pública - Prensa — Criminalidad - Organización política

APENDICE
Apéndice
Los Goajiros - Ritos y ceremonias - Los Tunebos - Los Otomacos - Misiones - Los Salivas - Tribus salvajes - Záparos - Tribus salvajes - Migraciones - Maipures y Caribes - Tipos actuales - Pastusos - Antioqueños

 

 

 

do debe pagar una segunda vez el precio de la esposa sí ésta muere de parto; pero cuando es él el que muere, su mujer, por vía de herencia, queda con la familia del comprador pasando á poder de un herma­no ó un primo del difunto. Enantes el matrimonio era siempre exogamático, pero esto, como todas las anti­guas costumbres, cae en desuso y al presente el hom­bre puede casarse dentro de su propia tribu (1) . En caso de adulterio despide á la culpable y se hace rembolsar los gastos de compra, á menos que no cas­tigue al seductor robándole la esposa, de acuerdo con la pena del talión, que es la ley suprema de la comar­ca. Las heridas y muertes deben pagarse con la sangre ó con rescate; en manera alguna pueden intervenirlos ancianos para evitar la justicia retribu­tiva. Hasta se dice que los Goajiros vecinos del lago de Maracaibo han conservado en todo su vigor la práctica de la "vindicta de la sangre y de las lagri­mas," llevando el escrúpulo hasta exigir compensa­ción al hombre que se hiere por casualidad; en este caso debe pagar daños y perjuicios á la familia ma­terna, como "precio de la sangre," y á la paterna los de su mujer. Lo dicho explica por que son aristocráticos estos indios entre los cuales siempre se echa en cara al pobre la humildad de su ori­gen, por más riquezas que adquiera. Como el divorcio motivado entraña la devolución del precio de compra-casi siempre en ganados-con su aumento, los judíos de las Antillas hacen hoy gran negocio en Goajira con el matrimonio, como los indios lo hacían antes con los bautismos repetidos de sus hijos.-V. y V.

como "precio de las lágrimas," porque la sangre une el hijo á 'la madre, en tanto que al padre sólo se une por el afecto. Hasta los que presencian una desgracia deben pagar la respectiva indemnización (2) . Quien vende ó presta un caballo vicioso ó cualquier objeto que viene á ser causa de un accidente, es responsable de éste; el derecho goajiro no admite prescripción en los efectos de la vindicta (3) .

Como todas las demás poblaciones indias no es­pañolizadas, los Goajiros tienen piaches, es decir, sa­cerdotes curanderos y adivinos que adoran al Sol, á la Luna ó á la Rana, símbolo de la lluvia, no menos que de las revoluciones terrestres, siendo también quizás re­verenciada como antepasado del hombre. En época anterior los Goajiros se dividían en tribus, cada una de las cuales tenía su otem, como los Pieles Rojas de la América Septentrional, considerándose además como descendientes de un animal sagrado, tal como el mono, la gallina, la perdiz. Es el Goajiro ceremonio­so, hospitalario, poco desinteresado (4) , y respeta ante todo la riqueza; los jefes, hombres ó mujeres, mandan no por derecho dc cuna o de conquista, sino por su opulencia en ganados. Sólo al sepultar á éstos cele­bran las ceremonias fúnebres de los antiguos tiempos. Se les entierra dos veces. La primera se lleva el ca­dáver al lugar del nacimiento, cualquiera que sea la distancia, y allí, durante un mes y hasta por uno y aun por dos años, una mujer mantiene junto á la tumba un fuego sagrado que se enciende todas las no­ches, desde que oscurece hasta que sale el Sol. Cuando se han consumido así enormes cantidades de leña, se llevan' los huesos al sitio del último descanso, elegido en campo retirado, el cual se cubre con piedras. Gran­des sacrificios de terneros y terneras y amplias liba­ciones de chicha acompañan la ceremonia (5) .

Los Goajiros, que ascienden á unos treinta mil, no viven solos en su península. Hay también en ella algunos millares de individuos que se desig­nan con el nombre colectivo de Cocinas ó "Ladrones quizás pertenecen igualmente á la raza Goajira, y como tales se contaron entre los antiguos pro­pietarios del suelo; sometidos en su mayor parte, salvo algunos grupos errantes, convertidos casi en siervos, son mirados con gran desprecio; tócales guardar los rebaños de los amos, construir los ran­chos ó cobertizos, preparar el veneno de las flechas, extraer de las rocas las cornalinas ó tumas para fa­bricar collares y cultivar las legumbres en los valles fértiles de los montes orientales el cultivo de la coca ó hayo, planta muy estimada, como lo es entre los Arhuacos, se hace por jardineros especiales (6) . La prin­cipal riqueza de los Goajiros consiste en los ganados vacuno y caballar, animales muy apreciados éstos si no por la belleza de las formas, sí por su resistencia, y seguridad en la marcha. Con sus crías hace el Goaji­ro un gran comercio en los mercados de Riohacha,, Simanaica y Maracaibo; pero salvo el caso de una quiebra, no venderá su cabalgadura. Es, con todo, de temerse que el Goajiro, como su vecino el Arhuaco, tenga á ser el deudor insolvente de los traficantes. Varios rebaños de la Goajira pertenecen ya á los comerciantes de Riohacha, y el divide, las fibras del maguey, las hamacas y telas que tejen las mujeres,, por lo común están pagadas de ante mano. ¡Poco á poco el comercio reconquista políticamente á los indo­mables Goajiros, antes tan orgullosos de su indepen­dencia. Muchos Caciques se han hecho ya construir casas á la europea (7) . En fin, á menudo, y á pesar de la ley, niños, mancebos, jóvenes, son comprados como criados por los traficantes (8) .

La mitad del territorio colombiano comprendido entre los Andes y la línea de los ríos Orinoco, Casi­quiare, Rionegro (9) , está ocupada por numerosas tri­bus, más libres aún que los Goajiros, gracias al espa­do inmenso en donde pueden moverse á su antojo. Muchas tribus de esos Llanos, tales como los Tunebós ó Tammes que vivían en las mesas, se han retirado a las llanuras para conservar su libertad; al Este de, la Sierra del Cocuy un grupo de Tunebos ha llegado hasta á atrincherarse tras un muro natural formado por rocas verticales que parece imposible escalar. Sin embargo, los indígenas lo franquean por medio de en­talladuras practicadas en la roca y en las cuales apo­yan píes y manos; asombro causa verles subir y bajar al modo que antes lo hacían los Cliff Divellers o "trepadores" de la Arizona (10) .No conservan su independencia sino á trueque de vivir ocultos en algún escarpado del fondo de la selva ó de llevar existencia dc fugitivos, porque todo centro de cultivos se con­vertiría en el acto en centro administrativo (11) . Cuan­do se encuentran con un blanco, huyen exclamando:

"compadre, hermano, no me hagas daño!" (12). Por estas razones ese caos de poblaciones errantes carece en absoluto de importancia política en el conjunto dc la nacionalidad colombiana. Aun desde el punto de vista del número no representan sumo una mínima parte de los habitantes, apenas cincuenta mil, según los cómputos ordinarios (13); es decir, que esas comar­cas tan extensas permanecen aún casi desiertas. Sin haber sufrido con la conquista ó la opresión directa, esos indios se han acabado (14) ; las enfermedades importadas la encontró pura de toda mezcla (17) . Después de Humboldt no se ha hecho ninguna otra investigación sobre los alimentos de los Otomacos, indios que hu­yeron de las riberas del Orinoco para internarse en la llanura, en donde se dispersan más y más.

Al terminar el régimen colonial la mayor parte de las antiguas "misiones" pequeñas monarquías ab­solutas en donde algunos monjes tenían por súbditos a toda una tribu, fueron abandonadas por sus resi­dentes, y los pueblos se arruinaron. Los viajeros que recorren la zona del Orinoco central no hablan ya de los Caberres ni otras tribus enumeradas por Gumilla en la primer mitad del siglo XVIII; desaparecieron como los indios Atures lo habían hecho ya en tiempo de Humboldt; el tesoro de la lengua no tenía otro guardián que un solitario loro. Las tribus que enton­ces vivían bajo la tutela de los misioneros han dismi­nuido notablemente al volver á la vida salvaje, en tanto que han triplicado los indios que viven entre los blancos. La guerra de Independencia y luego las luchas intestinas también han contribuido á reducir su número, porque se les capturaba para enrolarlos á la fuerza, armándoles primero con arcos y flechas y luego con fusiles y bayonetas. Y hasta en tiempo de paz esos desgraciados se veían condenados á trabajos forzados por los traficantes, quienes les ímponíami el oficio de remeros 6 cargueros, á la vez que no les daban sino irrisorios jornales, pagados principalmente en aguardientes averiados y mezclados con drogas portadas por los europeos ó bajadas de las mesas con los traficantes han destruido tribus enteras; el saram­pión y la viruela han consumado la obra de muerte con más seguridad que las balas (15) .

Otra tribu algo más conocida , gracias á la descripción de Humboldt, es la de los Otomacos del Orinoco medio, que vivían entre las bocas del Arauca y el Meta, en especial en las cercanías de las rocas de Barraguán, en donde mostraban grandes piedras que decían eran los progenitores de su raza; todos sus muertos debían enterrarse en alguna grieta de esta garganta del Orinoco (16) . Los Otomacos eran jugadores de pelota más hábiles aún que los Baseos, puesto que no podían recibir y devolver la pelota de caucho sino con el hombro derecho, llegando á veces á tal punto la excitación producida por el juego, que arrastrados por una alegría frenética, se tasajeaban el cuerpo. Durante los dos ó tres meses de la inun­dación, cuando el pescado llegaba á faltarles, comían tierra de un modo regular, engullendo diariamente cosa de una libra de una arcilla muy fina en forma de bolas ligeramente tostadas; hase dicho que esa arci­lla se compone de un número infinito de animalículos, porque los que la comían no contraían enfermedades análogas á las de otros indios y negros, que una geo­fagia depravada lleva al aniquilamiento y á la muer­te; sin embargo, Vauquelin, que analizó esa arcilla, soporíferas (18) . 'Las epidemias segaron los indios a millares; cuando un salvaje oye que un extranjera tose ó estornuda, huye en el acto.

Sin embargo, á pesar de la mortandad cansada por la guerra, el mal trato, la miseria y la emigración, los indios del bosque y la sabana que no se cuentan en el número de los racionales ó gentes de razón, como queda dicho, comprenden aún tribus por decenas; bien que no se citen sino los grupos principales esta­blecidos en las rutas ordinarias de los viajeros, como los fieros Guacaicas y sus vecinos los Guaharibos, que dan nombre á uno de los raudales superiores del Orinoco; los Banivas, que van á recoger caucho en las selvas del Atabapo y el bajo Guaviare; los Gua­hibos del Vichada, á quienes se teme mucho pero á los cuales se lisonjea llamándoles cuñados; los Pia­roas, como los anteriores, bogas de los raudales. En tesis general puede decirse que los indios que viven al Norte y Oeste del Orinoco son agricultores pacífi­cos (19) , en tanto que son salvajes las tribus comprendi­das en la gran curva del gran río. Todos estos indios tienen piaches o adivinos semejantes á los sacerdotes fetíquistas de Guinea, los cuales, como ellos, curan o hacen sortilegios por medio de la música y los encantamientos. En esas comarcas la grande iniciación es la del botuto, nombre derivado del de una trompa de so­nidos terribles. ¡ Ay de la mujer que por casualidad asistiese á una de esas ceremonias! Moriría en el acto sin piedad (20) .

Por decenas citanse los nombres de las tribus diezmadas que no comprendían sino centenares ó a lo más algunos millares de individuos cada una. Entre las principales familias se cuentan los Salivas, emparentados con los Betoyes y los Vichadas, que aquí y allí cultivan tierras sobre el Meta el Casana­re y otros afluentes de éste; antes tenían la circunci­sión entre sus prácticas (21) . Al Oriente su territorio confina con el de los Quivas, que, según se dice, huye­ron de las mesas para librarse del contacto con los blancos. Los Salivas aman con entusiasmo la música; según Codazzi (22) . hasta han inventado una especie de trompeta de tierra cocida, de metro y medio de longitud, cuyas diversas cavidades globulosas comu­nican por medio de tubos pequeños, hábilmente dis­puestos; con ese instrumento producen sonidos lúgu­bres que se oyen a una gran distancia. Los Mítúas del Guaviare tribu importante de los Llanos por su nu­mero, ocupan, no obstante, último puesto por su indus­tria y estado social (23) ; las telas que tejen sus mujeres no son sino fieltros que tienen el aspecto de yesca y son muy groseros para formar pliegues al caer ti lo largo del cuerpo (24). Sobre el bajo Guaviare los ribe­reños pertenecen a la tribu de los Papiocos ó "Tuca­nes"; ésta es una de las numerosas tribus entre las cuales se ha encontrado la costumbre de la pollazón. Los Mocoas del alto Caquetá, al Este de Pasto, viven en las plazuelas de la selva y se consideran como civilizados porque hablan quichua mezclado con algu­nas voces españolas, y siempre se presentan en los pueblos vestidos con telas tenidas de violeta (25) . Des­pués, o sea más abajo, a lo largo de los ríos Yapurá y Putumayo, que en esta zona corren en valles muy próximos, se suceden numerosas tribus que aún guar­dan su desnudez primitiva y hablan lenguas propias. Todos estos grupos de indios pacíficos se distinguen por sus adornos, el corte de los cabellos y aun por mutilaciones que les parece los embellecen (26) . Los Mataquajes ó Piajes, que se rapan cejas y pestañas y se horadan el tabique de la nariz; los Orejónes, que

desgarran en fleco el lóbulo inferior de las orejas; los Encabellados, que peinan su cabello formando enor­mes cimeras, y varias otras (27) .

Así, pues, en la vertiente amazónica de los An­des colombianos las tribus salvajes se cuentan aún por decenas, y hasta se contarían por centenares si se mencionasen todos los nombres étnicos recogidos en diversas épocas por viajeros, misioneros y empleados; nombres que a menudo se refieren a un mismo pueblo, siendo ora el que se da la tribu misma, ora el que le aplican las tribus vecinas, ora un apodo derivado de la figura ó el traje, ora una apelación indicativa del río, monte ó selva en donde viven. Todos estos indios, escasos en número ti pesar de su interminable nomenclatura, viven en el territorio que disputan Colombia, Ecuador, Perú y Brasil. Los indios del bajo Napo, que han conservado su independencia, bien que co­mercien pacíficamente con los blancos ó 'viracochas, pertenecen en su mayor parte a las tribus de Záparos y Piojés. Los Záparos ó "Canastos," así llamados por los cestos imperumeables que saben fabricar con beju­cos trenzados, hablan una lengua especial~ de sonidos roncos y difíciles de pronunciar. Divídense en "doscientos (28) grupos enemigos que se roban entre sí las mujeres y los niños, matándose unos á otros como sí fuesen bestias feroces. "Derramar sangre es su ma­yor placer," dice Simpson; la idea de una batalla les enloquece. A menudo matan sus enfermos, sea para li­brarse de las bocas inútiles, sea por aversión al su­frimiento ó por crueldad natural. En ninguna parte son tan libres las mujeres; monogamia, poligamia, poliandria, promiscuidad, todas las formas del matri­monio se encuentran entre ellos. Más abajo, sobre el mismo Napo, viven los indios Piojés, es decir, los "nada tengo," parientes de los Piojés del Putumayo, menos belicosos que los anteriores y más amantes del trabajo y la industria. Son buenos agricultores, con­sagran el día a las labores del campo, ti menudo tejen telas y en especial hamacas, en tanto que perla noche velan, manteniéndose despiertos con una decocción de Yoco, planta muy rica en cafeína. Todos estos pueblos independientes contrastan por la altivez de su porte con la actitud servil de los indios que viven bajo la opresión de los blancos.

¿Cuál es el origen de esas tribus, errantes ó sedentarias, tan poco conocidas en lo general?. Según Ehrenreich, los Papiaros, lo mismo que los Bamías, los Yaruros y la mayor parte de los demás pueblos (leí Orinoco medio, hacen parte del grupo de los Mai­pures (29) . Otra cosa sucede por lo que respecta á los Carizonas del alto Yapurá, en los cuales Crevaux no halló sino puros Caribes muy semejantes a los que ya conocía en las Guayanas. También las numerosas tribus de los Uitotos, que ocupan vasto territorio en las hoyas del Yapará y del Putumayo, pertenecen al grupo Caribe. Cuanto a los Míranhas, otra tribu del Putumayo central, constituyen un grupo completa­mente distinto por su lenguaje (30) .

Numerosas inscripciones sobre las rocas y escarpas de las montañas recuerdan la permanencia y las migraciones de las antiguas tribus, extinguidas en su mayor parte; hallanse hasta a una grande elevación sobre las regiones habitadas. En la Sierra Nevada de Mérida, región muisca (31), las piedras esculpidas y los ídolos" que se han encontrado, en mayor número que en otras partes, se parecen por su tipo ordinario á los que los arqueólogos han hallado en tan gran cantidad en las mesas colombianas, pero son mucho menos perfectos; también figuran entre esos despojos vasos con figuras groseras, de hombres y mujeres, de formas pesadas, enorme vientre, cabeza más ancha que alta, y a menudo de fealdad estudiada como para indicar el espíritu satírico de los artífices. En estas montañas vivían alejados del grueso de su nación-la Muisca-los indios Timotos que de aquélla no dife­rían ni por su lenguaje ni por sus caracteres físicos, y eran notables por su dolicocefalia; los Cuicas de Tru­jillo eran probablemente análogos á los anteriores (32) . Para los indios actuales esas vetustas efigies no son sino muñecos, salvo que alguna mano piadosa haya dibujado una cruz en la frente del ídolo, porque entonces se convierte en un santico que puede venerarse sin cometer pecado, mezclando así la fe antigua y la fe nueva (33) . En las orillas del Orinoco, arriba do Car­cara y Uruana, las lisas escarpas de los altos ribazos atrajeron el cincel y la pintura; entre los raudales de Atures y Maipures, el Cerro Pintado ofrece un grupo ­de imágenes muy curioso, que representa un hombre y diversos animales, entre otros una serpiente de 12 metros de longitud. Algunos kilómetros al Sur las grutas y anfractuosidades del Cerro de los Muertos, las del Cerro de la Luna y otras cavernas encierran numerosos esqueletos depositados por los indios de diversas tribus, y donde los antropologuitas van a re­coger osamentas para los museos de Europa y Amé­rica (34). Junto al muerto colocaban los deudos una jarra llena de un licor fermentado para apagar la sed del viajero en su marcha de ultratumba (35). En otra época los valles de Aragua parece fueron también un centro de civilización.

El núcleo de los indígenas del Oriente colombia­no parece viven allí desde tiempos antiquísimos, ex­tendiéndose por el Sur hasta las montañas de Bolivia y las fuentes del Paraguay; constituyen una de las razas sudamericanas que ofrece en más alto grado, si no más cohesión, sí más continuidad en la distribu­ción de las tribus. Luciano Adam les ha dado el nom­bre de Maipures por el de una de sus tribus que vive en el Orinoco central, descrita por Humboldt, y de la cual aún viven algunos individuos; Von den Steinen les atribuye una apelación de raza-usual desde los primeros tiempos de la Conquista,-la de Aravak (Araouaques, Aruacos), designándolos más especial­mente con el término genérico de Non, por ser este el prefijo pronominal que usa la mayoría de las tri­bus al indicar la primera persona. Los Aravak Vivie­ron siempre en guerra con los Caribes, tanto en las Antillas como en la tierra firme, y parece debieron abandonar por ella comarcas que habían ocupado en otro tiempo; la mayor parte fueron rechazados al Oeste del Orinoco, y, más al Sur, a las regiones ama­zónicas limítrofes con los Andes. Los Aravak, nom­bre que aún se mantiene en las orillas del Rionegro, eran los más hábiles alfareros entre todos los habi­tantes de las llanuras (36) .

La mayor parte de los etnologistas están de acuerdo para considerar como caribes el grueso de las tribus que hallaron los españoles en las orillas del Orinoco, y de las cuales aún quedan algunos restos. Es sabido que antes se miraba como hecho innegable el origen norteamericano de los Caribes, los que en­tonces habrían pasado al Continente del Sur tras pro­pagarse de isla en isla entre las que forman la cadena de las Antillas. Sin embargo, las investigaciones filológicas de Luciano Adam y los viajes de exploración emprendidos en las regiones amazónicas, sobre todo los de Von den Steimmen y Ehrenreich al valle del Xingú, han modificado esa teoría y sentado que dicha raza proviene del Brasil. Las tribus que hablan el idioma más puro y en las que las leyendas tienen ca­rácter más arcaico son, no hay duda, las del Brasil central, zona de donde, como de un foco, marcharon sus migraciones hacia el Norte; éxodos de esos se han' verificado para algunas tribus aun en el siglo actual, Aun cuando la dirección de esas migraciones fue la del Norte, algunos restos de la antigua tribu Caribe de los Motilones viven en los valles altos de la Sierra de Perijaá, entre Venezuela y Colombia (37) .

La población civilizada de las mesas y valles su­periores, en la cual se han mezclado íntimamente los elementos étnicos de origen europeo y americano, presenta algunos contrastes que provienen de la dife­rencia de medio y de la preponderancia de tal ó cual rama antecesora (38) Es por esto por lo que las gentes de Cundinamarca, hijos de los antiguos Muiscas y de los invasores andaluces, se distinguen por la claridad de su golpe (le vista, la prontitud en los designios y su falta de perseverancia; los pastusos, algo empa­rentados con los Quichuas, tienen, como sus herma­nos del Sur, carácter paciente, bondadoso, prudente, pero tenaz y rencoroso; muy respetuosos por los tiempos pasados, apegadísimos ti sus costumbres, han representado siempre en la República el elemento conservador por excelencia. Las gentes del Cauca (del valle), que moran en el suelo más riente y salu­bre de Colombia, son hospitalarias, generosas, abne­gadas, siempre dulces y compasivas con los débiles; su tierra se ha llamado "el dulce país del sí (39) ;mas puras tradiciones normandas, y a nadie ha ocurrido fijar allí la cuna de los escandinavos. Los éxodos del Brasil hacia el Norte indican que los Caribes pretendían volver a tierras mejores, cuyo recuerdo guar­daban por la tradición de sus viajes.-V. y V. pero muy mezcladas con la raza negra, difícilmente dominan su cólera, y recurren alas armas con el me­nor pretexto. Las gentes de Antioquia es fama tie­nen sangre semítica en las venas (40); dícese que cuando la colonia gran número de judíos convertidos, huyendo de las persecuciones de los cristianos de raza, se dirigieron hacia esa parte del Nuevo Mundo, y a menudo se pretende reconocer en ellos los rasgos y el carácter del israelita de pura raza (41) . Sin embargo, los antioqueños no gustan hablar de la parte que esos sus antepasados semíticos, judíos y moros, tuvieron en la formación de su nacionalidad (sic), sin duda á causa del disfavor que entre los colombia­nos católicos pesa aún sobre el nombre de los ju­dios (42) ; pero en cambio, insisten sobre los elementos euskáricos de su población. Los antioqueños consti­tuyen un grupo étnico notable por su salud, su vigor, su inteligencia y su aptitud para los negocios (43) . Ninguna otra porción de la nacionalidad colombiana ha aumentado con tanta rapidez: a fines del siglo ultimó no llegaban a cien mil en la provincia de Antioquia; en 1892 su número estaba más que decupli­cado, y hay que tomar en cuenta todos los que viven fuera de los límites administrativos de su territorio, porque los antioquenos, más emprendedores que sus Vecinos, emigran por centenares (44) ; los hombres se casan jóvenes, y van en seguida ti roturar algún te­rreno lejano (45) ; no hay una sola población de la Re­pública en donde no se vean sus tenderos (46) . Por el Sur han penetrado en el valle del Cauca hasta el distrito minero de Riosucio, fundando al oriente del río y al pié del poderoso macizo del Ruiz la próspera ciu­dad de Manizales (47); en la otra vertiente de la cor­dillera central han rebasado á honda y Mariquita para explotar la zona argentífera de Frías (48) . Aun en la vertiente ti ésta opuesta, más allá del Magdale­na, invaden ya la mesa de Cundinamarca, á las puer­tas de Bogotá, y los cafetales de Chimbe, ubicados en el camino que guía de los raudales del río a la ca­pital, pertenecen todos a plantadores antioquenos (49). En 1885 un escritor de Antioquia, Ángel, valuaba en 25,000 el número de sus compatriotas emigrados sólo al Tolima y al Cauca, en tanto que en 1890 Camacho Roldán daba la cifra de 60,000 como número probable de los antioqueños que residían sobre las pendien­tes del macizo del Quindio, en los dos Estados (50) .. Si la progresión numérica de la raza antioqueña con­tinúa en las mismas proporciones, constituirá hacia mediados del siglo XX el elemento principal de toda Colombia (51) .

El tipo socorrano, que habita en las montañas de Santander, ofrece grandes analogías con el de los ca­talanes. Son hombres infatigables para el trabajo, muy económicos, callados de ordinario, hábiles en cultivar aun las tierras menos fértiles, en derivar re­cursos de la pequeña industria. Son menos especula­dores que los antioqueños: no se lanzan ti los grandes negocios, pero se aferran más á su labor; casi todos son pequeños propietarios, tienen muy vivo el senti­miento de la igualdad, y socorranos fueron los comu­neros que en 1781 dieron el primer grito de indepen­dencia en Nueva Granada (52) . Emigran como los antioqueños, pero no a poner tienda, sino á establecerse como humildes colonos en el suelo de otros Estados; al Oeste descienden hacia las bajas llanuras del Mag­dalena; al Este, hacia los antemontes y los Llanos; en fin, los treinta mil colombianos que trabajan en los­

 

 

(1)       A. Ernst, Boletín del ministerio de obras públicas, 30 de Abril de 1892-E. R.-Y tanto cambian los usos, que ya hoy la muerte de mi indio por un blanco no la cobran sobre el primero que luego ven de esa raza, como sucedía antes-V. y V..
(2)  Estas costumbres son de toda la Goajira, y el autor olvida el caso mas singular: pronunciar delante de los deudos el nombre de un miembro de la familia ya difunto, delito que se castiga con la muerte si no se compensa con fuerte cuota; en aquella península es prudente no viajar con licores ni pronunciar ningún nombre ante personas descono­cidas. El talión no se aplica a los ladrones pobres por el temor de un nuevo daño en los intereses. Si muere un hijo estando ausento uno de los padres, el presente paga al otro la multa de las lágrimas. General­mente los pagos en referencia se hacen en dos contados, con seis meses de intervalo; mientras subsiste una deuda de éstas los indios al verse se voltean la espalda-V.
(3)       Plumacher, The American anthropologist, Januari, 1888-E. R.
(4)    Y en extremo pedigüeño, pues no hay uno que desperdicie la más leve oportunidad para pedir; piden regalado al blanco hasta lo que acaban de venderle-V. y V.
(5) Después de una defunción, cuando un amigo halla por primera vez a uno de los deudos, es costumbre que juntos se pongan en cuclillas y por largo rato den alaridos destemplados-V. y V.
(6)  Los cocinas son simplemente criminales prófugos de su tribu y que para subsistir luego apelan al latrocinio a mano armada. Ningún viajero habla de esa especie de esclavos que menciona el autor-V. y V.
(7)       A. A. Simons, periódico citado; A. Goiticoa, La Goajira y los puertos de Occidente-E. R.
(8)  W. Sievers, Reisen in der Sierra Nevada de Santa Marta - E. R.
(9) Agréguese: Amazonas y Napo-V. y V.
(10)  Los Tunebos usan al atravesar desnudos la serranía el floro (polvo del grano de una mimosa), como remedio eficaz contra el chaure o soroche, y sus costumbres han cambiado-V. V.
(11)  Lo cual es lógico, sin duda alguna-V. y V.
(12)   Henrique Arboleda, Una excursión al Suárez-E. R-Junto a estos indios viven otros no conocidos basta hace pocos alba-V. y V..
(13)     En los solos Llanos no pasan de 40,000; en el Caquetá hay unos 30.000-V. y V.
(14)    Hase observado que las tribus antropófagas fueron las primeras en desaparecer o consumirse.-V. y V.
(15)  En general los indios de los Llanos se miran como Guahibos, llamando además Papiocos a los próximos a la cordillera y Cuibas a los de la llanura, pues todos pertenecen, salvo contada excepción, al mismo grupo étnico-V, y V.
(16) Gumilla, Orinoco Ilustrado.-E. R.
(17)  Esa greda la llaman pepa. Estos indios acostumbran casar una joven con un viejo y viceversa, dizque para que el hogar marche mejor. V. y V.
(18)   Lo cual sucede aun. Justo es decir que tales indios como sol­dados prestaron grandísimos servicios en la guerra de Independen­cia.-V. y V.
(19) El autor exagera; sobre el Meta los nómades Guajibos (no Goahibos), son enemigos del blanco y atacan los barcos siempre que pueden. Muchas de esas tribus tienen razón para la guerra que hacen a los civilizados; no hace muchos años en Cravo se convidaron varios indios principales a un gran banquete en el cual fueron villanamente apuñaleados, y las mutuas represalias no dejan terminar ese lamentable estado de nuestro Oriente, en donde ciertos blancos no valen mas que los indios.-V. y V.
(20)     Codazzi, obra citada.-E. R.
(21)   Los Salivas, que viven entre el Vichada y el Guavíare, tienen La singular costumbre dc arrojar sus muertos al río esa un féretro, después de llorarles con baile tres días. Las mujeres carecen de pudor. V. y V.
(22)  Geografías de ,Venezuela y Colombia,-E. R.-Y el mismo autor añade que tocan hasta el violín,-V. y V.
(23)   Estos indios, antes los mas cultos del alto Orinoco, figuraron en el siglo XVIII por su guerra con los Caribes (?) y por el extenso reino que entonces fundaron. Hacen parte del grupo Gusipunabis, que se dice era antropófago, ocupa principalmente el valle del Inírida y se pinta de azul intenso, mientras los Caribes emplean el rojo; su principal alimento lo derivan de la célebre palmera pirijao, y preparan el paraman que cura toda rotura de huesos y sirve para calafetear barcos.-V. y V.
(24)  Crevaux, periódico citado.-E. R.
(25)  Ed. André, periódico citado.-E. R.
(26)     Los indios del alto Putumayo están civilizados; en el Napo y el Caquetá existen varias tribus que nada tienen de pacíficas.-V. y V.
(27)    Nombremos además los Achaguas, entre los cuales los herma­nos tienen una misma mujer; los Enaguas, que por grupos de 60 á 100 viven en un mismo caney y preparan un veneno en polvo que mata con arrojarlo sobre una persona dormida; los Guaquea, antropófagos, que vi­ven en cacerías de hombres; los Guahibos, que usan el aceite de seje, que preserva de la tisis, y los Macaguajes, que andan vestidos de la cabeza a los pies. En general, todos estos indios usan el riere, que aspiran por la nariz, y en el Caquetá es común el respeto y cariño por la mujer.- V. V.
(28)     Gaetano Osculanti, Explorazione delle Regioni Ecuatoriali.- E. R.
(29)    Paul Ehrenreich, Petermanns Mittheilungen 1891,Helft IV,- E. R.
(30) Como también sucede con los Guaipunabis.-V. y V.
(31)      Jamás fue región chibcha la Sierra Nevada de Mérida,-V. R..
(32)   Codazzi; Ernst; Sievers; G. Marcano, obras citadas.- E. R.-No obstante el dicho de autoridades tan respetables, dudamos que los Muiscas llegasen hasta Mérida; podían tales indígenas descender del mismo tronco étnico, pero nada mas.-V. y V.
(33)  A. Goerirng, obra citada.-E. R.
(34) Humboldt; Crevaux; Chaifanjon ; Marcano, obras citadas.- E. R.
(35)    En el Norte de Santander abundan las grutas llenas de osa­mentas: en ellas se encuentran en gran número vasijas de barro colmadas de Ceniza, y algunas veces instrumentos de música. Entre los Quimba­yas se han descubierto sepulturas hasta de catorce tipos distintos. Entre los Pijaos se hallan cámaras mortuorias talladas en la roca y son un todo semejantes a las del alto Egipto ; en ellas se han encontrado, en los cadáveres de los Caciques, piedras en donde esta grabado el mapa del terri­torio que constituía su dominio! Es común en los sepulcros de Cauca- Antioquia hallar puesto bajo el suelo natural una capa de tierra roja llamada carmín, llevada desde muy lejos, y única guía de los guaqueros, pues los indios volvían a colocar las capas del suelo en el mismo orden en que las hallaban.-V. y V.
(36) P. Ehrenreich, memoria citada-E. R-Estas tribus ocuparon íntegros los Llanos, y A su mediodía, en el Amazonas, vivían loa Botocudos, los más salvajes de la América del Sur, y quizás A esa selva confinados por las migraciones, pues parece eran los aborígenes del Continente.-V. y V.
(37)  Es sensible que el autor acepte teoría tan errónea como la de considerar a los Caribes oriundos del Brasil ; los autores alemanes que la establecen olvidan por completo la verdad. En efecto, Caribes se hallaron también en Panamá, el Chocó y los valles del Cauca y el Magdalena, y entre ellos, y como islotes, grupos étnicos totalmente diversos. Este hecho, lo mismo que la habilidad de los Caribes en el mar, no puede explicarse sino por migraciones de Norte A Sur. Que en el fondo del Brasil está la porción más pura de la raza, prueba nuestro aserto; los primeras inmigrantes entre los bárbaros son precisamente la flor y mata de una raza, y por lo mismo esos indios, que remontaron el Orinoco a sangre y fuego, siguieron al Brasil para detenerse donde el Lla­no daba campo a suelo totalmente diverso. En Islandia hallaronse las
(38)  Vergara y Velasco, obra citada-E. R.-Es Colombia uno de los países en donde las razas se encuentran en mejor pié de igualdad, y las diferencias que hoy existen, motivadas ante todo por el terreno, tienden á desaparecer cada día, de cuente que la unidad nacional no es un mito. El aritos, en las líneas que en seguida consagra A pintar los grupos principales, es en demasía benévolo é hizo caso omiso de los de­fectos que priman en el país.-.V. y V.
(39) Ed. André, periódico citado.-E. R.-- La salubridad del valle es muy discutible.-V. y V.
(40) Vergara y Vergara, obra citada,-E. R.-Ni Vergara y Verga­ra ni ningún otro autor han presentado las pruebas de esta aserción-V. R.
(41)  La leyenda dice que fue una colonia judía enviada por el gobierno español con urden de confinaría en las montañas unas Ásperas del país -V. y V.
(42) Entre católicos y no católicos: judío es aquí sinónimo de usurero, pues el defecto que mas se censura a este grupo es el egoísmo.- V. y V.
(43)  Y para la literatura: la poesía antioqueña es una de las prime­ras país.-V. y V.
(44)   Los antioqueños eran 50,000 hace un siglo, y hoy se numeran 770,000, de ellos 560,000 en su Departamento. V. y V.
(45)    Vergara y Velasco, obra citada.-E. R.-EI ideal del antio­queño es hacerse propietario, y en la lucha por la vida todo individuo de ese grupo cuenta con el apoyo incondicional de sus hermanos, de donde el vigor y la fuerza expansiva de ese pueblo.-V. y V.
(46)   A. Hettner, obra citada.-E. R.- En esto hay exageración, por más que sea grande el número de pueblos donde eso sucede: hasta en remotas tierras se les halla con frecuencia con ese negocio.-V. y V.
(47)  No sólo hasta Riosucio, sino hasta el Río de la Vieja, que está más al Sur; y la ciudad de Pereira, sobre el Otún, amenaza dejar atrás a Manizales. -V. y V.
(48) Frías está al Oeste de Mariquita y Ronda.-V. y V
(49)  5. Camacho Roldan, Notas de Viaje.- E. R.-A plantadores no a ricos negociantes establecidos en Bogotá, cuyo comercio en su ma­yor paste esta en manos de antioqueños..-V y . V
(50)  Este es un incomprensible error, puesto que en el macizo del Quindio apenas viven 10,000. En las dos vertientes de la cordillera central moran, no 60,000, sino 85,000, de ellos los 45,000 en tierra cau­cana y los 40,000 en el Tolima, formando en ambos núcleo compacto y sin soluciones de continuidad.-V. y V.
(51)  Vergara y Velasco, obra citada.-E. R.
(52)   Todas las grandes guerras del país han principiado en esa zona.-V. y V.

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