INDICE




Introducción.

CAPITULO I
Descubrimiento y Exploración

CAPITULO II
Montañas

CAPITULO III
Sierra Negra — Bobalí — Ocaña

CAPITULO IV
Nevado del Tolima — Huila —Guanacas —El Puracé

CAPITULO V
Montañas de María — Torrá — Tatamá — Farallones de Cali — Baudó — Serranías de Panamá — EI Picacho — Chiriquí

CAPITULO VI
Los Llanos — Montes del Caquetá — Volcanes de lodo — Volcanes de Turbaco

CAPITULO VII
Los ríos — El Magdalena — El Cauca — El Patía — El Sumapaz — El Bogotá — El Salto de Tequendama — El Sogamoso — El Saravita— Laguna de Fúquene

CAPITULO VIII
El Cauca — El Nechí — El San Jorge — Río Viejo — Boca de Ceniza — Desembocadura del Magdalena— El Sinú — El Atrato — Río Sucio — El San Juan — El Truandó — El Napipí

CAPITULO IX
 El Orinoco — El Guaviare — El Atabapo — El Rionegro — Maipures — El Casanare — El Meta — El Chagres — El Bayano — El Tuira

CAPITULO X
Golfo de San Blas — Laguna de Chiriquí — Mareas — Golfo de San Miguel — El Mícay — El Izcuande — El Patía — El Patía — EL Telembí — El Tequendama  — Laguna de Guatavita — La Cocha ó Gran Lago Se los Mocoas — El clima

CAPITULO XI
Lluvias y enfermedades — Flora y fauna — Palmeras y helechos — Bambuseas y bejarias — Quina y guaco — El Curare — Orquídeas — Mamíferos — Aves — Saurios — Peces

CAPITULO XII
Etnografía — Los Guaymies — Costumbres — Los Cunas o Cuna — Catíos, Nutabes y Tahamies — Los Pijaos — Los Yareguies — Los Arhuacos — Los Motilones — Los Arhuacos — Los Goajiros — Raza y lengua

CAPITULO XIII
Los Goajiros — Ritos y ceremonias — Los Tunebos — Los Otomacos — Misiones — Los Salivas — Tribus salvajes — Záparos — Tribus salvajes — Migraciones — Maipures y Caribes — Tipos actuales — Pastusos — Antioqueños

CAPITULO XIV
Panameños — Poblaciones — San Agustín — Neiva, Purificación, El Guamo  — Ortega, El Chaparral, El Espinal y Girardot — Fusagasugá, Nemocón, Zipaquirá — Funza  — Bogotá — Caminos y ferrocarriles — Fómeque, Cáqueza y Los Llanos — Villavicencio y San Martín

CAPITULO XV
Girardot — Ibagué—Ambalema —Lérida — Honda — Mariquita —Villeta — Guaduas — Pacho —Nare — Río negro — Mariquita —Puerto Bérrio—Ferrocarril de Antioquia —Valle del Opón — Puerto Wilches — Tunja —Boyacá, Guateque, Pesca, Paipa, Duitama  —Sogamoso— SoatᗠCh

CAPITULO XVI
Málaga — Piedecuesta — Sube — Los Santos Ubate — Chiquinquirá — Caldas —Saboya— Villa de Leiva — Moniquirá- Puente Nacional — Vélez — Socorro — Charcalá — San Gil — Barichara — Zapatoca — Girón — Bucaramanga — Los Llanos — Concepción — Pamplona — Chinacot

CAPITULO XVII
Palmira, Buga, Tulúa, Roldanillo - Cartago  — Anserma —Pereira-- Manizales   — Marmato Supía- Riosucio – Pácora - Arma  — Aguadas — Sonsón — Abejorral —Santa Bárbara  — Sopetrán — San Jerónimo — Evéjico — Medellín  — Medellín— Envigado -Itagüí   — Santa R

CAPITULO XVIII
Sabanilla, Salgar Puerto Colombia y Santa Marta — Dibulla — Riohacha — Portete —Bahía Honda — Soldado — Valledupar y  San Juan de César — Codazzi  — Chiriguana — Cartagena — Burú — Bocagrande   — Islas de San Andrés y Providencia  — El Chocó —- Quibdo — U

CAPITULO IXX
Nóvita — Buenaventura  — Micay— Izcuandé — Gorgona - Almaguer   — El Patia — Castigo — Tuquerres — Pasto — Pasto — Barbacoas — Tumaco — Ipiales — Cabo Mangles — Caquetá — Boca del Toro — David, Pedregal. Cañofístola, Alanje, Bugabita  — Los Santos—Santiag

CAPITULO XX
Chagres – Matachín – Manazanillo   — Colón  — Istmo y canal de Panamá   — San Blas – Chepo  — Putricanti - Puerto escocés - Santa Maria - Cana   — El Darien – Yavisa – Pinogana – san Miguel

CAPITULO XXI
Proyectos de canales — San Pablo — Enfermedades  — Terrenos baldíos — Frutos y alimentos — Agricultura — Agricultura y Ganadería — Animales y Ganadería

CAPITULO XXII
Minas e Industria — Comercio exterior — Aduanas y movimiento mercantil — Vías de comunicaciones — Vapores y Ferrocarriles — Correos — Instrucción pública - Prensa — Criminalidad - Organización política

APENDICE
Apéndice
 Golfo de San Blas - Laguna de Chiriquí - Mareas - Golfo de San Miguel - El Mícay - El Izcuande - El Patía - El Patía - EL Telembí - El Tequendama  - Laguna de Guatavita - La Cocha ó Gran Lago Se los Mocoas - El clima

 


 

bahía (1) . La bahía del Almirante es un vasto con­junto de puertos, lo mismo que la laguna de Chiriquí, mar interior cuya superficie abarca unos 800 kilómetros cuadrados. Las islas é islotes de las entradas se dis­ponen de tal modo, que continúan la línea del litoral continental como si fuesen restos de ella, aquí despe­dazada por las olas del mar. La Península valiente,. o mejor, de los Valientes, que del lado oriental cierra á medias la laguna de Chiriquí, es una de las rarísimas playas de arena blanca pura que se observan desde la boca del río Chagres á la de San Juan de Nica­ragua (2) ; sin embargo, el estrand se compone de una ­arena oscura, casi negra, y tan abundante en partícu­las de hierro, que en ciertos sitios con ella se cubre en el acto un imán.
Al Este de Chiriquí la costa avanza muchos ki­lómetros mar adentro, con una mesa submarina que se cubre con más de 50 metros de agua y sustenta varias islas é islotes: una de ellas es el famoso Es­cudo de Veragua, con frecuencia nombrado en los documentos diplomáticos como tierra en litigio entre Costa Rica y la República de Colombia. La parte más alta de la isla está cubierta de árboles recortados á igual altura por el viento del mar. Al Oriente la isla presenta cantiles de 12 á 15 metros de altura, hechos de una piedra rojiza que encierra conchas marítimas; las olas han tallado en esos cantiles co­lumnasy arquerías, las que merced á los boscajes y festones de verdura, ostentan una gracia que de or­dinario escasea en las escarpas rocallosas de las cos­tas. De tal manera llueve en estos sitios, que las fuentes brotan de las mismas arenas en la parte Sur de la isla, no obstante lo cual los pescadores de tor­tugas que frecuentan el Escudo de Veragua vense obligados á menudo á excavar en la playa pozas en donde se recoge agua dulce (3) .
El golfo de San Blas, que recorta el litoral atlán­tico allí donde el istmo americano presenta su mínima anchura, parece, lo mismo que la laguna de Chiriquí, una brecha abierta por el empuje del mar en una costa enantes rectilínea. La península de San Blas, que limita el golfo por el lado Norte, es un fragmento de esa costa primitiva, continuada hacia el Este con los centenares de arrecifes o islotes que forman el Ar­chipiélago de las Muletas ó Mulatas. Ninguno de estos cayos ostenta rocas ó alturas: son playas are­nosas que emergen algunos pies ó algunos metros, sustentadas por bancos de coral. De ordinario se agrupan en círculos u óvalos, atolls irregulares, divididos por canales bastante profundos para dar paso á los navíos, á los cuales ofrecen surgideros seguros en los sitios abrigados contra el viento. A pesar de sus exiguas dimensiones, varias de esas isletas tienen fuentes de agua plotable, por lo cual los indios hanconstruido en ellas sus aldeas. Todas las Muletas son una selva, un bosque ó un boscaje de cocoteros, según su tamaño: de lejos no se distingue la tierra y sólo se ven las copas de esas palmeras que semejan ban­dadas de aves gigantescas.
Más allá de las Muletas los cayos se encuentran regados sin orden alguno á lo largo del litoral, bien que hasta Puerto Escocés esa armadura de arrecifes obstruye la ribera propiamente dicha. El mar no tor­na á mostrarse libre sino en las cercanías del golfo de Urabá, donde principia una formación nueva, la de las tierras aluviales depositadas sobre el zócalo marino por las Bocas del Atrato. Pocos sitios igualan a éste en cuanto á la rápida modificación de las curvas de contacto entre la tierra y el mar: allí el contorno de la playa cambia á ojos vistas, de tal modo, que cada año hay que rehacer las cartas marinas. Hallase en el golfo de Urabá, pero en proporciones mucho mayores, el mismo fenómeno gradual de cierre que en el golfo de Esmirna. En esta bahía del Asia Me­nor el Glieder ó Hermos proyecta sus aluviones ha­cia la ribera opuesta, y amenaza cerrar el canal que da acceso al puerto y al fondo oriental de la concha marítima tornada en lacustre; del mismo modo en el golfo de Urabá el poderoso río, cuyo delta franjea la ribera ístmica, empuja sus playas de aluviones más y más hacia la orilla sudamericana y bien pronto habrá separado del mar libre la parte meridional del golfo ó Culata (4) .

El contraste mayor que se observa entre las costas del Atlántico y el Pacifico proviene ante todo de las mareas, las que allá no tienen sino débil am­plitud mientras acá la presentan considerable. En la boca del río Chagres y en la bahía de Colón el mar apenas sube 38 centímetros por término medio, 30 en la bahía de Chiriquí, pero esa diferencia entre el flujo y el reflujo no es constante: la diferencia varia singularmente con la dirección y la fuerza de las corrientes atmosféricas: á veces el nivel del mar se mantiene inalterable días enteros; de ordinario las dos mareas diurnas se contrarían, de suerte que no revelan sino una sola pleamar y una sola bajamar en las veinticuatro horas. En la costa del Pacífico, al contrario, la marea se verifica con toda regularidad. En la bahía de Panamá la menor amplitud de la onda, en Mayo y Junio, es de 2 metros 42, en tanto que la mayor, en noviembre y Diciembre, alcanzó 6 metros 88; la me­dia anual llega á 4 metros. A causa de esta alterna­bilidad de la marea la onda litoral del Pacífico se encuentra ora más alta, ora más baja que la del Atlántico; la mayor diferencia que puede estable­cerse entre uno y otro océano llega á 3 metros 24. Así, pues, si un canal de comunicación libre existiese al través del Istmo de Panamá, en él se establecería una corriente con marcha alternativa, ora en un sen­tido, ora en otro, cuyo venaje ó caudal variaría sin ce­sar. En ese movimiento continuo la compensación no se­ría igual, porque la media de las oscilaciones da al Pa­cífico un nivel más alto en algunos centímetros que el del Atlántico en las bahías de Colón y Caledonia. Además, las intumescencias y las depresiones se ve­rifican en ambos mares á horas diferentes: en elPuerto de Colón se establecen con un retardo de nueve horas sobre el de Panamá.
También es consecuencia del contraste de las mareas en los dos vecinos mares el aspecto diferente que presentan las dos playas. Las del Atlántico son estrechas, en tanto que en el Pacífico de ordinaria aparecen más anchas y en ciertos puntos forman al litoral una orla de playas blanquecinas, que se ex­tienden hasta perderse de vista. Por lo mismo es el Mar del Sur menos rico en corales que el Mar de las Antillas, por cuanto las grandes diferencias diarias en el nivel marino son fatales para la vida de la ma­yor parte de los pólipos, los cuales no pueden pros­perar sobre arrecifes que alternativamente se encuentran en seco, bajo el ardor del Sol, ó cubiertos bajo una espesísima capa líquida. Al contrario, hállanse en su verdadero elemento bajo la onda poco varia­ble del mar de Colón, en las escoras de islotes que sin cesar barre el viento alisio.
La mesa de sondas, ó sea el zócalo de bargas. submarinas que sustenta las tierras emergidas del istmo, sirve igualmente de base á las islas que adornan el Pacífico á cierta distancia del litoral. Coiba, Cebaco y otras menores, comprendidas en los parajes limitados al Oeste por la punta Burica y al Este por la península de Azuero, pertenecen al conjunto geo­gráfico de que hace parte la tierra firme (5) . Igual­mente todas las islas del vasto anfiteatro semicircular del Golfo de Panamá reposan, como el istmo entero sobre un zócalo que se halla á menos de 50 metros de profundidad: la escora de la mesa se desarrolla de punta á punta, á la entrada misma del Golfo. Las mayores islas de esta bahía constituyen, junto con más de un centenar de islotes, todo un archipiélago llamado "Las perlas" bien que sus pesquerías de perlas estén casi completamente agotadas. Es al Oriente de estas islas, todas de pequeña altura (6) , principio del pro­fundo seno del Golfo de San Miguel, en donde los navíos encuentran en todas partes á lo menos 10 metros de agua (7) .
En la vertiente del Pacífico, al Sur del pedúnculo ­de Panamá, la mayor parte de los ríos costaneros son sobrado cortos para arrastrar una gran cantidad de agua; pero varios de ellos en vez de correr en dere­chura hacia el mar, lo hacen en valles longitudinales paralelamente á la gran cordillera y al océano, de-suerte que pueden alcanzar gran desarrollo. Tal es el Sambú, que corre del Sudeste al Noroeste, para ter­minar . cii la bahía de Garachiné, cerca del golfo de San Miguel. Tal es también el Bandé, que orilla el litoral á corta distancia, como un arco de círculo ins­crito en el arco más grande formado por el curso del Atrato y del San Juan, que entremezclan sus fuentes para descender Iuego en sentido inverso. El San Juan aun cuando de corta longitud relativa, unos 300 kiló­metros metros (8) , es uno de los ríos colombianos que ofrecen más hermoso conjunto de vías navegables; los vapores, barcas y canoas pueden remontar el río y sus afluentes en una longitud desarrollada de unos 500 kilómetros; desgraciadamente el San Juan, como el Atrato, á quien él continúa en la vertiente del Pací­fico, concluye en un delta exterior á la línea normal de la costa, sin más profundidad que metro y medio á dos metros sobre las barras de sus diferentes bocas. Vergara y Velasco valúa su venaje medio en 1,300 metros cúbicos por segundo; es el río más abundante de toda la América meridional en la vertiente del Pa­cífico (9) .
Otros riachuelos se suceden hacia el Sur, brus­cos, de rápidas pendientes; de ellos se cita sobre todo el Dagua, no porque ruede un gran volumen líquido, sino porque hace parte de un camino comercial entre el puerto de Buenaventura y Cali, sobre cl Cauca; los viajeros que han tenido que navegar en este torrente no olvidan tan penosa jornada (10) . El Micay, el Iz­cuandé, que también nacen en la Cordillera occiden­tal, superan al Dagua (11) ; después viene el gran ríoPatía, el segundo del litoral por la masa de sus aguas. Este río nace más allá del primer cordón de los Andes, en plena Cordillera central, en el macizo de Colombia, al lado del Cauca, del Magdalena y del Caquetá (12) La rama madre, el Sotará (13) , brota en el volcán del mismo nombre, y engrosada por numerosos gayes, baja al valle de la entre cordillera para allí correr ha­cia el Sudoeste. El río Mayo y el Juanambá (14) le lle­gan desde las montañas del Este por formidables clu­sas que el camino principal del valle franquea por medio de pintorescos puentes de ramplas anticlinales. El volcán de Pasto y la mesa de Túquerres le envían su tributo por medio del Gu4itara, que se encorva en vasto semicírculo en un surco de gran profundidad, que puede mirarse como la prolongación meridional de los valles del Cauca y el Patia; esta depresión in­dica en la mesa la división de las altas tierras en dos salientes distintas, que continúan á las dos Cordille­ras central y occidental y van á enlazarse en el Ecuador á las dos cadenas volcánicas laterales (15) . Pocos valles tan estrechos y profundos como el del Guáitara, abierto entre escarpas calcáreas de 900 metros con el nivel superior perfectamente igual á uno y otro lado, las cuales se apoyan sobre núcleos traquíticos de formación posterior; cuando las traquitas brotaron del interior del suelo, la mar cabria aún la mesa y de­positaba esas capas de calcáreo, roídas hoy por las: aguas corrientes (16) . El río madre del Guáitara, el Car­chi, alimentado en gran parte por las nieves del Cum­bal (17) , se ha escogido como limite entre las dos Repú­blicas de Colombia y el Ecuador; en la confluencia del río Blanco (18) pasa bajo un puente natural formado por un bloque de calcáreo siliceoso, prensado entre dos paredes graníticas: es el de Rumichaca, antes lla­mado  puente del Inca," bien que nada deba al tra­bajo del hombre (19) . El camino de Popayán á Quito pasa sobre ese puente á cuyo lado brota una fuente ferruginosa.
Después de haber recogido casi toda la red de sus tributarios, el Patía, ya gran río, penetra en los desfi­laderos de la Cordillera occidental, pasa por la falla de Minamá, que apenas mide 40 metros de anchura, y después, al salir de esa garganta, desciende á la lla­nura inferior por medio de violentos rápidos. Unido al poderoso Telembí, que le llega de las fronteras del Ecuador, avanza majestuosamente en largos giros,surcando tierras aluviales llenas de pantanos y anti­guos lechos abandonados; su delta, como el del San Juan, penetra mar adentro y no admite en sus grao |5 sino pequeñas embarcaciones (20) . La navegación no puede hacerse de un modo útil sino del delta á la en­trada de las cordilleras; pero el país, casi desierto, no tiene gran necesidad de comunicarse con el resto del mundo (21) . Cuando las costas del océano estén pobla­das, se podrá también aprovechar la extensa red de canales que forman el archipiélago costanero y los deltas fluviales; la navegación litoral se desarrollará entonces sobre un espacio de unos 300 kilómetros (22) , o sea de la bahía de la Buenaventura á la de Ancón, en el Ecuador. El Mira, que recoge sus primeras aguas en las montañas ecuatorianas, es el último tributario colombiano del Pacífico; aún menos utilizado que el Patía, rueda en toda su parte inferior á través de la selva virgen; pero su valle superior, regado también por el Chota (23) , se abre como un foso entre paredes desnudas. De un solo golpe se hunde á 1,500 ó 1,800 metros bajo las cumbres de la cordillera central, para cortar los montes Occidentales antes de unirse al Mira: una bruma helada envuelve lo alto de la grieta, mien­trasen el fondo se cultiva la caña de azúcar; es un paisaje único, de grandeza imponente, casi terrible (24).
El conjunto de los venajes fluviales de todos los ríos colombianos tributarios del Pacífico, inclusive los de Panamá, se valúa por Vergara y Velasco en 9,000 metros cúbicos de agua por segundo. La ver­tiente del Mar Caribe recibe una porción menos con­siderable proporcionalmente á su área, puesto que su venaje se estima en 13,000 metros cúbicos. En fin, el excedente de las lluvias de la región oriental que rueda al Orinoco, ya al Amazonas alcanza á la enorme ya cifra de 23,000 metros cúbicos, 6 sea algo más que la masa líquida que corre en las otras dos vertientes. La cantidad de agua que cae en todo el territorio se con­sidera igual á una capa líquida de 1m825 ó sea á 70,000 metros cúbicos por segundo, de los que un tercio se perdería entonces por la evaporación ó la absorción de las raíces de las plantas (25) .Bien enjutada por sus ríos, Colombia no posee lagos, á menos que no se consideren como tales Zapatosa y otras inundaciones permanentes formadas por el Magdalena, el San Jorge y el Atrato (26) . Losmares interiores desaguáronse en época desconocida, pero las huellas que dejaron en las mesas demuestran que tenían grandes dimensiones. Es evidente que la elevada llanura de Bogotá fue cubierta en otro tiempo por las aguas glaciales bajadas de los montes de Su­mapaz, y que luego se desecó gradualmente con el des­censo de la brecha abierta por el río que en ese lago se formaba, el Funza ó Bogotá (27) . Los indios chibchas no ignoraban ese hecho geológico, la fuga de las aguas mediante la formación de una brecha en el muro, pues­to que referían que el dios Bochica había hendido la montaña con su cetro de oro, dando así paso por el Salto de Tequendama á las aguas del lago. Los euro­peos, con el espíritu preocupado por la idea de, las re­voluciones repentinas, dieron otra forma á esa tradi­ción, suponiendo que el gran lago interior había des­aguado á causa de alguna conmoción volcánica, y Humboldt emitió :la hipótesis de que los petróglifos que existen cerca de Facatativá, en rocas de asperón, re­cordaban ese cataclismo. Una tradición chibcha, muy improbable por otra parte, supone que el gran lago existía aún dos siglos antes de la conquista (28) : esto admitido, la desaparición de las aguas sólo habría pre­cedido entonces en algunas generaciones al año de 1470, fecha con la cual principian los anales de losZipas soberanos de este reino (29) . Sea lo que fuere, existían poblaciones entonces en la llanura, los ha­bitantes eran numerosos, y cubrían la campiña, no menos que las bases de las montañas, cultivos más ex­tensos que en la actualidad. El desagüe más reciente de esos lagos de la mesa (30) parece haberse verifi­cado hacia el Noroeste, por el valle del río Negro, en el cual las conchas lacustres que quedaron en las terrazas muestran aún frescura perfecta.
Algunas lagunetas regadas en la mesa recuerdan la existencia del antiguo mar. Tales son las de Gua­tavita y Guasca ó Siecha., rodeadas de derrumbes casi desprovistos de vegetación (31) . Estas fueron antes aguas sagradas, y los Caciques y los sacerdotes, segui­dos por la multitud de los adoradores, se paseaban en ellas en balsas, para honrar los genios y ofrecerles presentes. Según la leyenda, el fondo de esas cuencas lacustres está alfombrado de objetos de oro y de pie­dras preciosas. El Jefe Supremo de la Comarca, acompañado por sus principales vasallos. se bañaba en el lago, cubriendo antes su cuerpo con polvo de oro adherido á la piel con el jugo viscoso de una planta. Al ser arrebatado por las aguas el polvo, se creía que éstas aceptaban la preciosa ofrenda (32) . En la orilla se agrupaban los fieles, quienes también arro­jaban al lago sus presentes; aún se distinguen losrestos de una escalinata por la cual los indios ba­jaban hasta la orilla del lago. El Cacique de los chib­chas era ese "hombre dorado" (El Dorado) que los españoles, aun después de haberle hallado en las mesas de Cundinamarca, buscaron inútilmente en tantas otras regiones del Nuevo Mundo. La crónica refiere que cuando perdieron su libertad los indios, arrojaron  a la laguna de Guatavita todas sus riquezas, á fin de privar de ellas á los conquistadores. Después se han encontrado objetos de valor en el lodo del fondo, en­tre otros una figura de oro que representa la balsa suntuaria. Con la esperanza de recoger los tesoros ahogados, diversos especuladores y aún ingenieros han intentado en varias ocasiones desaguar el lago. Los registros de la Casa de moneda de Santa fe de Bo­gotá mencionan un quinto de 292 pesos de oro pagado por un empresario que rebajó el nivel del lago y extra­jo numerosos idolillos; ya no quedaba en la cavidad sino una capa líquida de 4 metros cuando sé hundió la bóveda del túnel de desagüe, cerrando éste. En 1570 y 1818 las tentativas se renovaron y recientemente to­davía se disminuyó en 15 metros la capa lacustre (33) .
El lago de Fúquene, de donde sale el Saravita ó Suárez, y que ocupó una superficie de 400 kilómetros cuadrados, está en vía de desaparecer como le aconte­ció antes al lago de Cundinamarca; hoy no es sino una verdadera inundación. Su profundidad media osci­la entre 2y3 metros; sin embargo, se encuentran 14 metros en una de sus simas (34); dos de sus islas están cultivadas. También se ha intentado desaguarlo en parte, aunque sin éxito, como al de Guatavita, para cavar los aluviones y conquistar tierras fecundas; á lo menos se han saneado numerosos pantanos ribereños por medio de desagües y de plantaciones de sauces (35) . Colombia no posee verdaderos lagos de notable profundidad en proporción á la superficie, sino en los valles altos de las montanas, ora en el fondo de cavidades naturales, ora arriba de las mo­renas glaciales colocadas como diques á través de las vaguadas (36). El más vasto de esos receptáculos en la Cocha ó "Lago" por excelencia, ubicado en una alta comba de la mesa de Pasto y origen del Guamoes, afluente del Amazonas por el Putumayo; su altura probablemente es superior á 2,500 metros (37) ; los conquistadores le dieron en el siglo XVI el nombre de Mar dulce ó gran lago de los Mocoas, por el de los indios que vivían en sus riberas. Las descripciones an­tiguas dan á la capa líquida una superficie superior á la que tiene realmente; su longitud alcanza á unos 20 kilómetros, con anchura media de 3 á 4,000 metros. Cerca del desagüe hay profundidades de 30 y más metros, pero las grandes simas de 70 metros se abren hacia el Norte, en la base del Bordoncillo. Na­vegable como es el lago en toda su extensión, no da, sin embargo, acceso al Putumayo, porque su afluente está interrumpido por saltos y obstruido por diversas plantas, como cañas, helechos, juncos y hojas cortantes. En sus aguas no hay pescados, sin duda á causa de fuentes que contienen ácido sulfídrico y se ven asomar á la superficie en filetes blanquecinos (38).
El lago de Tota, situado como la Cocha sobre la vertiente oriental de los Andes colombianos, perte­nece á la hoya del Orinoco por el Upía y el Meta. Su altura es de 2,980 metros y ocupa un circo en los montes de Sogamoso, en donde no existe vegeta­ción arborescente (39) . La leyenda india narraba que en ese lago, temible por su frialdad, aparecía á veces un monstruo marino bajo sus aguas levantándolas en olas formidables; las tempestades soplan allí con vio­lencia, y las oscilaciones barométricas se manifiestan por medio de seiches (40) análogas á las de Laman (41).  

Por temor al monstruo nadie osaba visitar una isla de gracioso aspecto que encierra el lago y separa la cuenca mayor de una bahía oriental; por la primera vez en 1840 el hechizo fue roto por un viajero extran­jero que no se dejó espantar. La superficie del lagos mide 59 kilómetros cuadrados y su mayor profundi­dad alcanza á 59 metros; según Miguel Triana, su ca­pacidad total asciende á 3,600 millones de metros cú­bicos (42) . Bonssinganlt opinaba que el lago de Tota no había cambiado de nivel desde 1652, porque el sendero de la ribera rodea siempre la base de rocas escarpadas, y el menor viento lo cubre con una capa líquida; pero-esta observación debe basarse en alguna confusión de texto, porque varios documentos auténticos prueban que el nivel lacustre, 20 metros más alto hacia mediados ­del siglo último llegaba hasta un pueblo situado hoy á 1,800 metros de la orilla (43) . El afluente rueda se­gún la estación de 1 á 3 metros cúbicos de agua por se­gundo, caudal que sería muy útil á las tierras culti­vadas del valle de Sogamoso, por lo cual varias veces se ha propuesto cegar el actual desagite y desviarlo hacia la hoya del Magdalena por medio de un canal de un kilómetro de excavación muy fácil. Los ribereños piden más: que se desagüe íntegramente el lago para extraer los tesoros que se imaginan arrojaron á su fondo los adoradores de los antiguos. dioses (44) .

 
 

IV-CLIMA

 


Si es difícil hablar del clima de Venezuela, con mayor razón las palabras "clima colombiano» no: pueden emplearse sino en sentido muy especial. En efecto, Colombia por su variado relieve ofrece merced á sus cadenas y macizos, á sus terrazas y sus mesas, tan grandes contrastes en altitud y exposición, que posee toda la serie de los climas, los cuales entrecruzan di­versamente sus curvas del día á la noche y de una es­tación á otra. Cada valle, cada pendiente tiene sus. condiciones meteorológicas particulares, debidas al: calor, los vientos, la lluvia, la humedad del aire. Por esto no pueden indicarse sino de un modo general las grandes leyes climatéricas, prescindiendo por lo mis­mo de las mil variaciones locales ; variaciones que se ven en el flanco de cada montaña, debido al escalonamiento de las vegetaciones y á la oposición de las escarpas desnudas y las selvosas faldas (45) .
Teóricamente el Ecuador térmico sigue la zona del litoral atlántico, en las tierras que baila la ola; sin em­bargo la acción moderadora de las brisas da por resulta­do la disminución de la temperatura de la costa, siendo en el interior donde se hallan los "infiernos" colombia­nos. En tanto que en el litoral la temperatura media oscila en torno de 27º5, sube á 32 y aun 33 en los llanos del Meta, Casanare y Arauca: en todas las llanuras rasas situadas al pié oriental de los Andes pasa de 31º, salvo en las regiones meridionales que atraviesa el Caquetá y principian la gran selva amazónica. En la Colombia montañosa, entre las diversas cor­dilleras

que se ramifican desde el nudo de Pasto ha­cia el Mar de las Antillas, los calores son tanto más fuertes cuanto las pantallas montañosas detienen el soplo del alisio (46) . Por esto la parte inferior del Valle de Upar, resguardada por la alta Sierra Ne­vada, se ha tornado desierto de arenas y pantanos en donde la temperatura media llega á 31º, es decir, 3 á4 grados más que en las costas vecinas. En Puerto Nacional, escala de Ocaña sobre el Magdalena, se ha visto con frecuencia el termómetro á 40º á la sombra (47) . Abrigados por la Cordillera occidental, ciertos jirones de la Costa del Chocó también son áridas so­ledades que contrastan con el espeso bosque vecino, cual sucede en cierta porción del Valle del Dagua, cerca de Buenaventura. En tesis general, la tempe­ratura es menos elevada en las costas del Mar del Sur que en las del Atlántico ; Tumaco, que está próxi­mo á la línea equinoccial, queda bajo la isoterma del 26º, en tanto que en las costas de la Goajira, 1,000 kilómetros más al Norte, el termómetro marca de or­dinario 29º: así, pues, la corriente fría de Humboldt hace sentir su influencia sobre el litoral colombiano del Oeste. También en el interior los profundos valles del Patía, el Mira y sus afluentes, excavados como simas en el espesor de la mesa, con otras tantas tierras tropicales; al subir aquí por las serranías se pasa casi sin transición de la zona tórrida á las regiones frías (48) .

Por esto los climas colombianos dependen más de las condiciones del relieve, de la exposición del suelo y de la dirección de los vientos que de la lati­tud de los lugares; las paralelas que se trazan sobre la redondez del globo tienen poca importancia en un país íntegramente situado entre los trópicos y que dos veces cada año presenta todas las partes dé su su­perficie á los rayos verticales del Sol. Cuanto á la altitud, razón principal del escalonamiento de los di­versos climas en las faldas de las montanas y en las terrazas superiores, sus efectos resultan modificados de muy vario modo por todos los fenómenos de la vida planetaria. De los calores tórridos de la llanura baja á los fríos polares de la cima nevada, sucédense todos los climas, pero no en proporción directa de la rarefacción atmosférica: las curvas de nivel y las de los grados isotérmicos en ningún punto van en líneas paralelas; al contrario, en todas partes se entremezclan en inextricable red. Así, la división usual de las comarcas montañosas en tierras calientes, templadas y frías, que para mayor precisión se pueden dividir en tierras tórridas, calientes, templadas, frías y po­lares, no puede aplicarse siguiendo medidas unifor­mes; los límites varían de una montaña á otra, de uno de sus flancos al opuesto. En su conjunto la zona templada, comprendida entre los grados 24 y 15 de la escala termométrica, abraza, prescindiendo de los llanos, la parte más considerable de la superficie Colombiana; es la zona donde los vientos fríos que ba­jan de las alturas y los cálidos que suben de la lla­nura se mantienen en equilibrio instable (49) .
El tan complicado relieve de Colombia no per­mite que los alisios soplen libremente en todo el te­rritorio; no dominan regularmente sino en la costa del Mar de las Antillas, y de ordinario con singular violencia; su fuerza resulta aumentada por la atrac­ción de los focos de intensa temperatura que circuyen el litoral, Aun cuando los huracanes propiamente dichos jamás asuelen esta costa, los vientos del Esta y del Nordeste con frecuencia llegan convertidos en tempestad, y la marejada se estrella formidable en las playas sin abrigo. También algunas veces soplan los vientos del Norte, pero nunca con violencia com­parable á la de los Nortes en el golfo de México. A menudo, de Julio á Noviembre cuando el Sol está al norte del Ecuador, vientos del Oeste, llamados vendavales o "vientos de aval," corren á lo largo de la costa ayudando á los barcos en su regreso; pero en el litoral su reflujo no prevalece contra los alisios Una corriente marítima que viene del Oeste, y á ve­ces marcha con velocidad de más de 7 kilómetros por hora, orilla la costa tanto tiempo cuanto dura el ven­daval en las altas regiones del aire.
Cuanto al alisio, sopla con más fuerza en el día que en la noche; de ordinario se deja sentir con fuer­za hacia las nueve ó diez de la mañana, aumenta en violencia á medida que se levanta el Sol, disminuye con la declinación del astro, y cesa casi por completo cuando el disco desaparece bajo el horizonte; cerca de la costa aún es reemplazado durante la oscuridad por una brisa de tierra que provoca el enfriamiento' del suelo. Las noches, claras y bellas, trascurren en­tonces deliciosas, sin dar la sensación de tiempo; el alisio no corre y las brisas contrarias se mantienen enequilibrio sobre la selva. La luz difusa hace los obje­tos visibles por grandes masas hasta el lejano hori­zonte, pero la mirada se dirige invenciblemente hacia la bóveda celeste, de un color negro trasparente, sal­picada de luz y á menudo surcada por las huellas luminosas de las estrellas errantes. Si á la hora de ma­yor calor en el día los habitantes, para pasar la siesta, se suelen refugiar en el sitio más fresco y oscuro de las viviendas, durante las frescas noches, al contrario, todos huyen de las casas al campo, para respirar con entera libertad, para buscar el aire libre, para gozar en paz de todas las dulzuras de la vida! (50)

Un fenómeno de inversión se produce en la mar­cha de los alisios, tanto durante el curso del año como durante la sucesión del día y la noche. Los vientos corren con su máxima regularidad en los meses de verdadero invierno, de Noviembre á Marzo, cuando el Sol se encuentra en el zenit de la zona tropical del Sur, y tiran francamente del Nordeste y aun del Nor­te; pero calman y hasta dejan el campo á vientos ins­tables del Sur ó del Sureste en la época del invierno lluvioso, de Abril á Octubre, cuando el Sol, en su mar­cha sobre la eclíptica, se encuentra al Norte de la línea equinoccial. Los barcos que descienden entonces el Orinoco no tienen sino que dejarse llevar por la co­rriente fluvial, en esa época en toda su fuerza, ayu­dados además por el viento del Oeste; al contrario, nada tan penoso como la remontada del río, puesto que los marineros no pueden avanzar sino auxilián­dose con el bichero ó el cabrestante, de árbol en árbol,á lo largo de la orilla. En la época de los vientos nor­males la corriente aérea y la corriente fluvial avan­zan en sentido contrario una de otra, y tanto los via­jes de subida como los de bajada son fáciles; á veces en los ríos de mínima pendiente, como el Apure, una parte de las aguas remonta con el viento, en tanto que la otra desciende siguiendo el curso normal. Cuando hay cambios de tiempo son temibles los chubascos:

una barca sorprendida por uno de ellos en medio del río pronto zozobra por la violencia del oleaje Dícese que el alisio no remonta por el Orinoco más allá de los raudales, y como las montañas de la Guayana se alzan al Oriente, impiden que los vientos del Este so­plen sobre las regiones bajas comprendidas entre los raudales del Orinoco y los del río Negro. En Maipu­res es fama que nunca hace viento: la atmósfera es de una tranquilidad perfecta, por lo cual el calor del Sol es insoportable y los mosquitos ocupan el aire con nubes tan espesas, que oscurecen el cielo. La falta de brisas vivificadoras explica el singular abandono en que yacen esas comarcas de la América meridional, tan favorecidas sin embargo por su régimen hidro­gráfico. Los rayos de tempestad, sin trueno, son allí muy comunes: diríase que el aire palpita en sacudi­das luminosas (51) .
Las regiones del interior en donde el calor es más intenso, como el valle que recorre el río César y los campos ribereños del Magdalena medio, son aquellas donde la atmósfera se renueva menos; en ellas el aire

con frecuencia queda perfectamente inmóvil (52) . Cuan­to á las costas del Pacífico, que se perfilan de Sur a Norte en la zona intermedia entre los alisios de los dos hemisferios, son barridas por los vientos del Nor­te, que soplan con gran regularidad en la estación seca, pero de ordinario, sobre todo en la costa del alto Chocó, la mar está sometida á los remolinos de los dos vientos mayores que se entrechocan; una banda de brisas locas y de calmas, esencialmente molesta para los pequeños veleros, separa las dos mitades del mun­do aéreo; las corrientes marítimas, ayudadas por las mareas, que alcanzan 12 metros en el estuario del San Juan, también son muy variables en estos parajes hacia el Sur, entre las islas Galápagos y Tumaco, los vientos soplan del Sur y del Oeste. Las violentas bo­rrascas llamadas cordonazos de San Francisco. porque se presentan hacia el 4 de Octubre, fiesta del santo, se dejan sentir á veces sobre las costas de Colombia, lo mismo que en la América central (53).
Las estaciones colombianas, como las de las otras regiones ecuatoriales, están reguladas por las lluvias, que á su turno obedecen á la marcha del Sol. Llueve cuando ese astro sube hacia el zenit, en tanto que el ciclo se conserva despejado cuando el Sol esta sobre una ú otra línea tropical. Por esto dos veces al año la zona de las nubes lluviosas pasa sobre Colombia, y cada provincia tiene, por lo mismo, estaciones alter­nadas de lluvia y sequedad, veranos ó estíos, é invier­no |(54). Las lluvias más copiosas caen en las vertien­tes de las montañas que miran hacia el mar (55) . De las bajas costas de la Goajira se ve casi siempre, de­lante de la Sierra Nevada de Santa Marta, avanzar hacia el mar algo así como un inmenso promontorio de brumas que se resuelven diariamente en aguaceros que bailan el flanco de la montaña. La cantidad me­dia de lluvias recibida por el suelo colombiano supera en mucho á la que reciben las regiones templadas de Europa; en la mesa de Bogotá excede de un metro, es de 2 1/2 metros en las costas del Atlántico y más fuerte aún en las riberas colombianas del Pacífico y en los dos valles del Atrato y el San Juan, depresión semi­marítima que constituye el verdadero surco divisorio entre los dos continentes de la América, el del Norte y el del sur. Esas tierras bajas, situadas en la zona de las calmas ecuatoriales, permanecen bañadas por una atmósfera nebulosa que los alisios, detenidos por la triple barrera de los Andes, no pueden disipar ja­más. El venaje del Atrato, sin contar la pérdida de líquido motivada por la evaporación y el alimento de las plantas, representa una caída anual de 5m 14 centí­metros por año (56) . Estas regiones tan húmedas, desuelo siempre inundado, son esencialmente insalubres para el blanco, para el mestizo y aun para el negro; no sólo permanecen casi deshabitadas sino que detie­nen á los exploradores y retardan la colonización de las terrazas fértiles y bien aereadas que ellas separan del mar (57).
El clima del istmo difiere apenas del de la Amé­rica Central por ligeras transiciones, provenientes de la menor amplitud de la faja terrestre y de la proxi­midad de la enorme masa sudamericana con sus altas mesas y sus múltiples cadenas de montañas. La tem­peratura media del año varía de 26 á 27º centígra­dos, un poco más fuerte en el litoral atlántico, debido á la mayor temperatura de las corrientes del Mar de las Antillas. Las mayores diferencias anuales del calórico jamás exceden en el año de 17º, es decir, de 18 a 35º, y cuando en el mismo día la variación pasa de 6 á 8º, ó sea de 30º al medio día á 22º á la entrada de la noche, todos se quejan del "cambio brusco del tiem­po." Panamá es una de las tierras en donde hay tem­peratura más constante (58) .
1889-E. R..-En Bogotá la máxima

 

(1) La boca del Tigre da acceso al seno de Chiriquí, y juntos cons­tituyen el mayor de los puntos del globo, capaz pasa 5,000 navíos de guerra según los marinos españoles, quienes no escriben Dragón sino Drago, que es el nombre de un árbol, aunque ignoramos si este sea el origen del nombre-V. y V.
(2) Sallot des Noyers, obra citada-E. R
(3)  Esta operación es común por necesaria en la costa, y esas pozas se llaman allí casimbas De Chiriquí a San Blas la costa encierra acci­dentes importantes, y al pié de la cumbre de Veragua hay inmensos pantanos o yerbasales, que dificultan ó imposibilitan el transito por tierra, a la vez que el mar siempre es fuerte en este litoral, lo que explica su, actual soledad-V, y V.
(4) Es de sentirse que el autor no diga una palabra del resto del li­toral atlántico, en el cual se halla el golfo de Morrosquillo, convertido en diminuto mar por varias islas, y la notable costa de Tolú, Cartagena,. Santa Marta y la Goajira-V. y V.
(5) Quizás no son sino ruinas de ella, como sucede en el litoral ca­ribe; a lo menos esto se puede afirmar sin temor respecto del Archipiélago de David-V. y V..
(6) En Coibita los mayores topes pasan de 200 metros y sobrepujan á los de Coiba; en la isla de San Miguel también llegan á 200, y loa hay apenas inferiores en otras varias-V. y V.
(7) Tampoco habla el autor del litoral pacífico de tierra firme- V. y V.
(8)  400 kilómetros, según los más correctos mapas, con hoya de 12,000 kilómetros cuadrados-V. y V..
(9) Vergara y Velasco, obra citada-E R.-El San Juan, también de rápido curso (2 á 3 metros por segundo), anchura normal de 180-200 metros por 4-5 de profundidad, riega un suelo riquísimo en oro y casi sin pantanos, á la inversa del Atrato por lo cual en valle se puebla con más rapidez-V. y V.
(10)            Navegando los raudales de este río dijo Humboldt que cada boga era un ángel y cada palancazo un milagro; hoy está reemplazado por un buen camino abierto en su ribera norte-V. y V..
(11) Lo mismo que muchos otros de este litoral ofrecen anchura enormes para su reducido curso, merced o la acción de las mareas- V. y V.
(12)             En plena mesa andina, como el Cauca y todos los ríos importantes del Ecuador y el Perú-V. y V..
(13)          La rama que en verdad debe considerarse como madre es el Guachicono, que nace en el mismo páramo del Buey, a menos de una legua del Magdalena y el Caquetá, y se une al Quilcasé (Patía) casi con idéntico caudal-V. y V.
(14)            Ambos célebres en la historia de Colombia-V. y V.
(15)          Constituyen simplemente el reborde de una gran mesa, siempre volcánico, por lo cual se diferencia tanto el relieve a los, lados del Magdalena; el fondo de las cuencas interandinas del Ecuador no difiere gran cosa en altura de las que ocupan loa llanos de Popayán y el Cauca- V. y V
(16)      Hermann Karsten, Eduard André, obras citadas-E. R.-EI punto necesita aún mayor estudio y mejores pruebas; el núcleo de Ias dos crestas que enmarcan la mesa está constituido por pizarras arqueanas y porfídos y dioritas-V. y V..
(17)           Del Chiles, debe decir-V. y V..
(18)    Que llega perforando una colina-V. y V.
(19) En esto hay un error; son dos los puentes que llevan el nom­bre de Rumichaca, éste y otro en la hoya del Chota, el cual sí es obra indígena-V. y V.
(20)     El Patía, que recorre 400 kilómetros, fecunda una hoya de 25,000 kilómetros cuadrados, y como todos nuestros ríos de la montaña, su porción navegable queda cortada en dos por los raudales, siendo de no­tarse en éste que el abanico de las corrientes intercordilleranas tiene por nudo la ruptura misma de la serranía-V. y V.
(21) El Patía-Telembí tiene bastante tráfico por la existencia de barbacoas que casi puede mirarse como un puerto marítimo,---V. y V.
(22) En línea recta, porque sube é 1,000, computando todos los canales usados por las barcas-V. y V..
(23)  El chota es el alto Mira-V. y V.
(24)     Ed. André, obra citada-V. y V..
(25)  F. 1. Vergara y Velasco., obra citada-E. R.-A la vertiente Pacífica corresponden 150,000 kilómetros cuadrados con un quinto del venaje; á la del Caribe 408,000 kilómetros cuadrados, con un cuarto, y a la del océano Atlántico, 703,500, con más del medio del mismo-V. y
(26)            Por todos los grandes ríos, puesto que no existe una sola hoya de alguna importancia, en donde no se encuentren ciénagas y lagunas en gran número-V. y V..
(27)            En presencia del estado de esa brecha y del terreno que demora a su mediodía, es imposible admitir el lento desagüe de la Saba­na-V. y V.
(28)            La tradición chibcha no dice que dos siglos, sino que remonta el fenómeno á una época remota; además esos indios decían que ya esta­ba poblada la llanura cuando fue inundada, no quedando Otro recurso a los habitantes que asilarse en los cerros vecinos, hasta que nueva convulsión del sucio produjo el Salto-V. y V.
(29)            Manuel Ancizar-Peregrinación de ,Alpha-E. R.
(30)            El lago que desaguó por el Río Negro no está en la región alta, sino en un escalón mas bajo, hacia el Oeste de Bogotá-V. y V.
(31)             Estas lagunas están a, altas y paramosas breñas, por lo cual nada tienen que ver con ese antiguo mar, del cual son restos, no esas lagunas, sino las de Catama, Fontibón y Balsillas-V. y V.
(32)          El indio se hacia lavar dentro de la laguna con la yerba llamada jabonera-V. y V
(33)             Ternaux Compans, Essai sur l'ancien Cundinamarca Alfred Hettner, obra citada-E. R.-La primera tentativa seria de desagüe la acometió en 1580 Antonio Sepúlveda, extrayendo de 5 a 6,000 ducados en joyas de oro, pero no abriendo túnel, sino ahondando el lecho del riachuelo que allí nacía en invierno. Empero, no es Guatavita, sino Siecha  
(34) M. Ancizar, obra citada. E. R.-Véanse las notas de las páginas 85 y 56; el autor Isa sufrido una confesión, á Juzgar por lo que escribe allá y dice ahora: ninguna de las islas que quedan en verano es suscep­tibIe de cultivo, por su extrema pequeñez; en tomo del lago se llaman islas todas las motas que no se inundan en invierno. Hoy en ningún punto mide 14 metros la laguna V. y V.
(35)            El lago desborda hoy en invierno mucho más que antes, causan­do gravísimos perjuicios á los ribereños, y está al orden del día su dese­cacíón-V. y V.
(36)            Los hay también en cráteres extinguidos, pero ninguna de las lagunas de Colombia puede llamarse verdaderamente lago, puesto que ninguna alcanza 200 kilómetros cuadrados, y todas juntas caben holgadamente en un lago como el Onega-V. y V.
(37)             Está á 2,759 metros-V. y V..
(38)            E. André, Bulletin de le Societé de Geographie, 1879, Tour da Monde, 1879-E. R.
(39)            Crecen robles y no en corto número-V. y V.
(40)            Seiches se llaman unas intumescencias súbitas del agua, hasta de más de 2 metros de altura: no son sino "olas de balanceamiento" producidas por rupturas del estado de equilibrio en la presión atmosfé­rica-V. y V.
(41)             Boussingault, obra citada-E. R.
(42)             Colombia Ilustrada, 1890-E. R,
(43)            Ambas cosas son verdad; al O. del lago está el  sendero dicho, y al E. los aluviones ganan sin cesar sobre el  agua-V. y V.
(44)             Y para aprovechar los aluviones de su fondo--V. y V..
(45)            Vergara y Velasco, obra citada-E. R.
(46)            No en absoluto, puesto que si á unos puntos no llega, á otros sí alcanza con toda regularidad-V. y V..
(47)            Tomás C. de Mosquera, Memoria sobre la geografía de la Nue­va Granada-E. R.
(48)             Vergara y Velasco., obra citada-E. R.
(49)    Vergara y Velasco. obra citada-E. R.
(50)   Esta costumbre es general en las tienes calientes, acostum­brándose recibir lea visitas nocturnas á la puerta de la casa-V. y V..
(51)       Sachs, Sievers, obras citadas-E.R.-Las explosiones eléctri­cas sin ruido no se presentan sino en Marzo-Abril, como heraldos que anuncian el próximo invierno; en verano es un fenómeno ver allí una nube, y no cae rocío en ningún tiempo-V. y V.
(52)   En Mompós, como en Maipures, falta el viento en absoluto.- V. y V.
(53) Vergara y Velasco., Notas manuscritas-E. R.- Que suelen causar estragos hasta en Barbacoas, debido á la represa de las aguas.- V. y V.
(54)  El autor olvida una diferencia capital, cual es la de que en el perímetro de Colombia, ó sea en les llanuras, el invierno y el verano se reparten por mitad el año, por períodos semestrales; mientras que en las altas montañas y mesas y valles interiores hay alternados por tri­mestres dos veranos y dos inviernos, bien que dichas estaciones no sean absolutamente regulares. En el Chocó llueve todo el año-V. y V..
(55)  Esto necesita rectificarse, puesto que al Oriente de Bogotá llue­ve tanto como en el Chocó, ya que allí caen al año (Sichiaca) 3m 220!. V. y V.
(56)  O más bien 4m 36 centímetros, puesto que la hoya de este río mide 30,000 kilómetros cuadrados-V. y V.
(57) Meteorología comparada de algunas poblaciones colombianas: Altura Presión del aire Temperatura med Lluvia med |Ronda                       208           744mm            27º7
Ibagué                      1,323         655                   21º8
Medellín (7 años)   1,508         639                   20º5                          1m377
Bogotá (10 Id.)         2,645         562                   14º2                          1m105
Túquerres               3,107         529                   13º                            ? E.R.   .   
   En Ibagué la lluvia anual mide 1m426; en Tuquerres   1m210. En los páramos y en verano caen garúas tan copiosas, que hacen crecer en el acto lee ríos. En fin, en Bogotá el día más largo y el más corto ape­nas difieren en 32 minutos-V. y V..
(58)  Verniol, Áclimatement dans I'isthme de Panamá, Societé d'Antropologie, seánce du 7 Febrier,  

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