INDICE




Introducción.

CAPITULO I
Descubrimiento y Exploración

CAPITULO II
Montañas

CAPITULO III
Sierra Negra — Bobalí — Ocaña

CAPITULO IV
Nevado del Tolima — Huila —Guanacas —El Puracé

CAPITULO V
Montañas de María — Torrá — Tatamá — Farallones de Cali — Baudó — Serranías de Panamá — EI Picacho — Chiriquí

CAPITULO VI
Los Llanos — Montes del Caquetá — Volcanes de lodo — Volcanes de Turbaco

CAPITULO VII
Los ríos — El Magdalena — El Cauca — El Patía — El Sumapaz — El Bogotá — El Salto de Tequendama — El Sogamoso — El Saravita— Laguna de Fúquene

CAPITULO VIII
El Cauca — El Nechí — El San Jorge — Río Viejo — Boca de Ceniza — Desembocadura del Magdalena— El Sinú — El Atrato — Río Sucio — El San Juan — El Truandó — El Napipí

CAPITULO IX
 El Orinoco — El Guaviare — El Atabapo — El Rionegro — Maipures — El Casanare — El Meta — El Chagres — El Bayano — El Tuira

CAPITULO X
Golfo de San Blas — Laguna de Chiriquí — Mareas — Golfo de San Miguel — El Mícay — El Izcuande — El Patía — El Patía — EL Telembí — El Tequendama  — Laguna de Guatavita — La Cocha ó Gran Lago Se los Mocoas — El clima

CAPITULO XI
Lluvias y enfermedades — Flora y fauna — Palmeras y helechos — Bambuseas y bejarias — Quina y guaco — El Curare — Orquídeas — Mamíferos — Aves — Saurios — Peces

CAPITULO XII
Etnografía — Los Guaymies — Costumbres — Los Cunas o Cuna — Catíos, Nutabes y Tahamies — Los Pijaos — Los Yareguies — Los Arhuacos — Los Motilones — Los Arhuacos — Los Goajiros — Raza y lengua

CAPITULO XIII
Los Goajiros — Ritos y ceremonias — Los Tunebos — Los Otomacos — Misiones — Los Salivas — Tribus salvajes — Záparos — Tribus salvajes — Migraciones — Maipures y Caribes — Tipos actuales — Pastusos — Antioqueños

CAPITULO XIV
Panameños — Poblaciones — San Agustín — Neiva, Purificación, El Guamo  — Ortega, El Chaparral, El Espinal y Girardot — Fusagasugá, Nemocón, Zipaquirá — Funza  — Bogotá — Caminos y ferrocarriles — Fómeque, Cáqueza y Los Llanos — Villavicencio y San Martín

CAPITULO XV
Girardot — Ibagué—Ambalema —Lérida — Honda — Mariquita —Villeta — Guaduas — Pacho —Nare — Río negro — Mariquita —Puerto Bérrio—Ferrocarril de Antioquia —Valle del Opón — Puerto Wilches — Tunja —Boyacá, Guateque, Pesca, Paipa, Duitama  —Sogamoso— SoatᗠCh

CAPITULO XVI
Málaga — Piedecuesta — Sube — Los Santos Ubate — Chiquinquirá — Caldas —Saboya— Villa de Leiva — Moniquirá- Puente Nacional — Vélez — Socorro — Charcalá — San Gil — Barichara — Zapatoca — Girón — Bucaramanga — Los Llanos — Concepción — Pamplona — Chinacot

CAPITULO XVII
Palmira, Buga, Tulúa, Roldanillo - Cartago  — Anserma —Pereira-- Manizales   — Marmato Supía- Riosucio – Pácora - Arma  — Aguadas — Sonsón — Abejorral —Santa Bárbara  — Sopetrán — San Jerónimo — Evéjico — Medellín  — Medellín— Envigado -Itagüí   — Santa R

CAPITULO XVIII
Sabanilla, Salgar Puerto Colombia y Santa Marta — Dibulla — Riohacha — Portete —Bahía Honda — Soldado — Valledupar y  San Juan de César — Codazzi  — Chiriguana — Cartagena — Burú — Bocagrande   — Islas de San Andrés y Providencia  — El Chocó —- Quibdo — U

CAPITULO IXX
Nóvita — Buenaventura  — Micay— Izcuandé — Gorgona - Almaguer   — El Patia — Castigo — Tuquerres — Pasto — Pasto — Barbacoas — Tumaco — Ipiales — Cabo Mangles — Caquetá — Boca del Toro — David, Pedregal. Cañofístola, Alanje, Bugabita  — Los Santos—Santiag

CAPITULO XX
Chagres – Matachín – Manazanillo   — Colón  — Istmo y canal de Panamá   — San Blas – Chepo  — Putricanti - Puerto escocés - Santa Maria - Cana   — El Darien – Yavisa – Pinogana – san Miguel

CAPITULO XXI
Proyectos de canales — San Pablo — Enfermedades  — Terrenos baldíos — Frutos y alimentos — Agricultura — Agricultura y Ganadería — Animales y Ganadería

CAPITULO XXII
Minas e Industria — Comercio exterior — Aduanas y movimiento mercantil — Vías de comunicaciones — Vapores y Ferrocarriles — Correos — Instrucción pública - Prensa — Criminalidad - Organización política

APENDICE
Apéndice
I.-Descubrimiento y exploración

 

La República actualmente conocida con el nom­bre de Colombia y antes designada, según las vicisi­tudes políticas, con los de Nueva Granada y Estados Unidos de Colombia, comprende un vasto territorio situado en el ángulo Nor-Occidental del Continente, junto con el pedúnculo ístmico intercontinental hasta el lago de Chiriquí y el golfo Dulce. Sus costas se mojan en el Atlántico en una longitud desarrollada de 2,490 kilómetros y en el Pacífico por otra casi igual, 2,394 kilómetros. (1) Cuanto a las fronteras terrestres no se puede indicar la longitud aproximativa, puesto que el asunto límites no se ha reglado aún con todos los Estados limítrofes de la República colombiana. El trazo definitivo no se indica en el mapa, merced al arbitraje de España, sino del lado de Venezuela; mientras se le fija sobre el terreno puede valorársele aproximativamente en 2,050 kilómetros (2) . En la ex­tremidad Nor-Occidental del Estado de Panamá, la frontera será próximamente delimitada entre Colombia y Costa Rica como lo fuera de Venezuela, por el

intermedio de los sabios que estudian los documentos de los archivos de la Península y cuyo juicio, ratifi­cado que sea por el Gobierno español, adquirirá fuer­za de ley en los Estados en proceso ( |3) . Con el Brasil, el Ecuador y el Perú la negociación esta menos avan­zada, y en la llanura casi desierta tres ó cuatro Po­tencias reivindican a la vez grandes territorios. Al Sureste ( 4) , del lado del Ecuador y del Perú ( 5) , el bajo Napo continuaría, al Este de las mesas andinas, la frontera de Colombia, después el Amazonas servi­ría de limite: villas y puebles peruanos, tales como Pebas y Loreto, vendrían entonces a quedar dentro de los linderos colombianos. Mas lejos el gran río servi­ría aun de línea divisoria entre Colombia y el Brasil, hasta el sitio en donde el igarapé ó bayon llamado Avati-Parana enlaza el Amazonas al Yapura. Este bayon formaría la línea de partición política, que con­tinuaría en seguida del Yapura al Río Negro por una línea ideal ( 6) . Sin querer prejuzgar un asunto entre­gado en manos de los diplomáticos, y que por otra parte no ofrece ninguna importancia, puesto que los límites ficticios trazados a través de selvas, montes y mesas no cambian en nada ni la riqueza de un país ni el poderío de una Nación, Colombia siempre será

un grande estado cuanto a su superficie, aun cuando fuese desafortunada en sus pretensiones sobre los es­pacios en litigio. Ocupa una extensión que no puede valuarse en menos de 1.250,000 kilómetros cuadrados ósea dos veces y media la superficie de Francia. Sin em­bargo, la verdadera Colombia, desde el punto de vista del relieve y los rasgos cardinales de la Geografía fí­sica, comprende sólo la mitad de ese enorme territo­rio ó sea el abanico de las cadenas andinas con los valles intermediarios. Si la partición del suelo entre las Repúblicas limítrofes se hubiese hecho, no siguien­do los contradictorios informes tomados de los documentos antiguos, sino conforme a las divisiones natu­rales, a Colombia habría tocado la Sierra de Mérida, antiguo territorio muisca ( 7) , y toda la hoyada de Ma­racaibo, dejando a Venezuela el curso del Orinoco y de sus afluentes. Del lado del Ecuador, donde el ria­chón de Mataje (Pillauguapi) sirve de línea divisoria sobre el litoral, las fronteras son también en guau parte artificiales a través de mesas y montañas; las tierras altas de Túquerres y Pasto, pobladas por in­dios emparentados con los de la República vecina y bien limitadas al Norte y Noroeste por el profundo valle del Patía, parece debieran ser agregadas al an­tiguo: "reino" de Quito ( 8) . Con sus llanuras casi desiertas del Sureste, Colombia no tiene sino escasísima población específica, aunque ya en ciertas regiones de las mesas se asemeja a la Europa occidental por la densidad de sus habitantes ( 9).

Colombia merece su nombre, puesto que Colomb visitó sus costas entre la Laguna de Chiriquí y las Islas de San Blas; pero no abordó la costa arme entre el golfo de Urabá y la península de los Goajiros. Los primeros marinos que recorrieron este litoral, Basti­das y sus pilotos, no se establecieron en él; Ojeda y su compañero 'Vespucci no rebasaron al Oeste el cabo de la Vela. La región del istmo donde Colón encontrara el oro que le valió su título de Duque de 'Veragua, sabiase lindaba al Sur con otro mar, y naturalmente atrajo de preferencia a los aventureros españoles; desde 1513 Núñez de Balboa atravesaba el istmo en veinte y tres días, tantos como se necesitan hoy para franquearlo partiendo de Londres ó Paris. Descubierta la "mar del Sur" y establecido un bien trazado camino entre los dos océanos, de Puerto bello a Panamá, los gobernadores españoles lanzaron sus barcos a explorar las costas del Pacífico, por un lado hacia México y California, y por otro en direc­ción del Perú. Fue Pascual Andagoya quien primero costeó el litoral neo-granadino para volver a Pana­má trayendo a sus compatriotas noticia del país del oro. Esto sucedía en 1522, y dos años apenas habían trascurrido cuando ya tres asociados, Francisco Pizano, Diego Almagro y Hernando de Luque, organiza­ban expediciones de conquista. Pizarro no avanzo sino breve trecho a lo largo del litoral, teniendo que luchar tanto contra los indios como con el hambre; mientras que Almagro corría mas de 500 kilómetros hacia el Sur, hasta las bocas del San Juan, río que con el Atrato corre en el valle que constituye el ver­dadero límite de la América Meridional desde el pun­to de vista orográfico (1 0) . En 1526 continuaron los es­pañoles su ruta a lo largo de la costa, y tras vencer numerosos contratiempos rebasaron al fin el litoral de la Colombia actual; en 1527 entraban a la rada de Guayaquil y poco después sentaban pié en Túmbez, ya en suelo peruano.

Las maravillosas aventuras de los Cortezes y Pi­zarros forzosamente debían hacer sombra al territorio que se costeaba al Sur de Panamá, bien que se supie­se era rico en minerales auríferos; siendo como por un reflujo de la conquista que jefes de bandas parti­dos de Venezuela y el Ecuador intentaban los prime­ros escalar las mesas colombianas, Túquerres, Antio­quia, Cundinamarca. Sin embargo, desde 1525 y tras una desgraciada tentativa hecha en 1508 en las costas del Golfo de Urabá, los conquistadores se establecían en la ribera continental granadina, fundando la ciu­dad de Santa Marta no lejos del delta magdalénico; pero, poco numerosos, no efectuaron expediciones sino a la Sierra Nevada y valles circunvecinos. La prime­ra exploración ó mejor dicho, la primer campaña de incendio y carnicería ( 11) , comenzó en 1530 en Vene­zuela. Dirigíala Ambrosio Alfinger, quien armado con un decreto de Carlos V, que autorizaba a los concesionarios para que hiciesen esclavos a todos los indios que se opusieran a la conquista, no tuvo otro objeti­vo que buscar minas de oro y capturar indios para venderles en el mercado de Coro. En su marcha fran­quea las montañas de Perijaa, límite occidental de la hoyada de Maracaibo, desciende al valle de Upar, marcando su paso con el saqueo e incendio de las casas, el asesinato de viejos y enfermos, la captura de hombres y mujeres adultos: era precedido en todas partes por la fama de sus crueldades, que a lo menos prodújole la dispersión pacífica de la mayor parte de las tribus que moraban en las montañas circunveci­nas (1 2) . Después, trepa a la sierra Tairona, hoy de Santa Marta, con grandes rodeos baja a las orillas del Magdalena y, dirigiéndose entonces al Sur, remonta el valle del Lebrija, atraviesa las montañas de ­Vélez ( 13) y emprende el retorno a Venezuela por entre los Páramos y valles intermedios. No llegó a su destino, pues sorprendido por los indios, pereció a manos de éstos entre Pamplona y Cúcuta, cerca de Chinacota, en el sitio que aún guarda su nombre, miser Ambrosio |( 14) . Rara vez alguna expedición fue tan sangrienta como la de Alfinger ( 15).

Luego Pedro de Heredia, gobernador de Santa Marta, intentó la conquista de las comarcas que le cediera Carlos V, es decir la "Nueva Andalucía" o sea todo el territorio comprendido entre las bócas del Magdalena y las del Atrato (1 6) . En 1533 ya desembarcaba en Calamarí, sitio hoy ocupado por Cartage­na, para chocar en terrible encuentro con los indios de Turbaco; en seguida y sin abandonar la ruta del medio día penetraba al valle del Sina ( 17) , donde arrancaba a los naturales enormes cantidades de oro; la Nueva Andalucía también guardaba su Pactolo. Des­pués verificaron se numerosas expediciones dirigidas por Pedro de Heredia, su hermano Alonso ó su te­niente el portugués Francisco. César, no sólo a todos los valles de los afluentes del río Sinú, sino también a las regiones que separan este río del Cauca y de la banda occidental del Magdalena |( 18) |. Mas como para sus correrías al interior en busca de oro necesitasen ­los españoles un punto de apoyo, tan próximo como fuera posible a la tierra que lo producía, reconstru­yeron sobre el golfo de Urabá, cerca de las bocas del Atrato (19) , el puerto fuerte de San Sebastián, antes fundado por Ojeda. De este sitio partió en 1536 Pedro Heredia con el fin de descubrir un país aurífero que los indios llamaban Dabeiba ( 20) y que bien pudiera ser el lugar donde hoy se halla un pueblo moderno casi con el mismo nombre. Heredia hubo de regre­sar desalentado con la pérdida de muchos de sus compañeros, pero César, mas afortunado, penetró también mas adelante, y tras una marcha penosísima ( 21) que duró nueve meses enteros por entre la selva virgen, alcanzó al fin el país del oro, situado en el Estado actual de Antioquia, cerca del gran codo oc­cidental del río Cauca ( 22) : cargado de riquezas regresó con una marcha forzada de diez y siete días, destinada a evitar la persecución de los formidables Cho­coes a quienes había vencido muy trabajosamente en un primer encuentro.

Por este tiempo realizábase el descubrimiento ca­pital, el de la mesa de Cundinamarca ( 23) , poblada por los Muíscas ( |2 |4) Civilizados. Ya el alemán Georg von Speier (Spira), uno de los gobernadores de Coro al servicio de los banqueros de Augsbonrg, había esta~do a punto de alcanzar la "Sabana" de Bogota. Par­tiendo de Coro en 1534, penetra a los llanos por la brecha abierta al Este de los nevados montes de Mérida, costea en seguida la base de las cadenas andi­nas, cruza los afluentes del Orinoco a la salida de sus valles, entre ellos el Upía al pié mismo de la mesa foco de la civilización muisca, y prosigue su marcha al Sur hasta mas allá del Ariari, en la hoya del Gua­viare; perdidos los cuatro quintos de su banda en san­grientos conflictos, regresó a Coro tras una marcha desastrosa de cinco años. Quizás la expedición hubiese sido mas dichosa si el teniente de Speier, Fre­demann, que debía reunírsele en el camino, no hubie­ra resuelto obrar solo, movido por la ambición, ro­bando a su jefe la gloria del descubrimiento ( 25) ; tomó también el camino de los llanos, y luego, escalando las montañas del Oeste, alcanzaba al cabo el fin de­seado, la rica tierra de los Muíscas, con sus pueblos, sus templos, sus metales preciosos, sus esmeraldas. Pero cuando llegó allí, otros europeos, venidos de opuestos lados, estaban ya en la mesa.

Benalcazar, generalmente llamado Belalcazar, ocupaba a Quito como teniente de Pizarro, cuando quiso extender sus conquistas hacia el Norte siguiendo las indicaciones precisas que le dieran los Quichuas de Quito, y aun parece que también un indio de Cundinamarca que, errante de tribu en tribu, había llegado a esos lugares (2 6) . Belalcazar se hizo preceder en su marcha hacia el Norte por su teniente Juan de Ampu­dia, hombre feroz, quien según la singular frase de un cronista, "causaba los mismos efectos que el rayo y el mercurio; semejantemente a éste recogía todos los metales preciosos que encontraba en las casas, y, como el otro, quemaba y reducía a pavesas las vivien­das y las mieses" ( 27) ; abrióse en efecto ancha ruta con el pillaje y la crueldad, alcanzando las orillas del Cauca, en donde fundó, al comenzar el año de 1536, un pueblo a que dio su nombre. Poco después Belalcazar trasladaba la naciente colonia al sitio donde esta Cali, hoy centro comercial y político de la comarca; y re­gresando al Sur, transformó la ciudad india de Popa­yán en centro de la dominación española: de aquí pasa a las fuentes del Cauca, franquea los montes, llega a las del Magdalena, vencedor recorre el alto valle de este río y, por último, trepa las faldas de la mesa que sustenta a Bogota.

Un tercer conquistador había ya llegado por el Norte cuando estos rivales aparecían por el Este y el Sur. Gonzalo Jiménez de Quesada, Gobernador de Santa Marta ( 28) , preparaba su expedición hacía largo tiempo, pero antes de alcanzar la región montañosa necesitó atravesar la zona pantanosa donde se verifica la confluencia del César con el Magdalena, y esta parte del viaje fue de lo mas difícil, sobre todo a causa del naufragio de la flotilla. Después, tras escalar los pri­meros montes |( 29) , necesitó conquistar los desfiladeros y boquerones contra las tropas del Zipa (3 0) . En fin, establecióse sólidamente sobre la mesa en la cual muy pronto se erigió la ciudad capital de Santa fe ( 31) Entonces fue cuando Quesada tuvo noticia de la próxi­ma llegada de las dos tropas españolas de Belalcazar y de Fredemann. Dícese que las tres bandas se com­ponían exactamente del mismo número de hombres:

ciento sesenta guerreros, un clérigo y un fraile ( 32) . Todos diferían en el traje: los del Perú, los mas ricos, venían vestidos de seda y adornados con plumas; los de Santa Marta llevaban algodonadas tejidas por los indios, en tanto que los venezolanos cubrían sus car­nes con pieles de fieras |( 33) . Establecidos los tres cam­pos en la sabana, formando un triangulo, parecía se amenazaban, y pudo temerse que a la guerra de ex­terminio sucediese, como en tantas otras circunstan­cias, la carnicería entre los mismos españoles. Sin embargo, mantúvose la paz: Fredemann se hizo pagar un rescate por renunciar a sus pretensos derechos de conquistador, y Belalcazar se entendió amigablemente con Quesada sobre la delimitación de la frontera entre sus dos dominios de conquista (3 4) . Como Que­sada quedase por Gobernador de la tierra, la dio el nombre de Nueva Granada en memoria de su patria ( 35).

Instalados en la región central de la comarca que las poblaciones del contorno se habían acostumbrado a venerar como un lugar sagrado, a respetar y temer como centro de la civilización y el poder ( 36) , los españoles tenían para sí en lo sucesivo el prestigio de la victoria al mismo tiempo que la ventaja de la posi­ción estratégica. La exploración se hacía mas fácil. Todos los itinerarios de los conquistadores podían sin trabajo enlazarse los unos a los otros; los concesiona­rios se dirigían tranquilamente a sus dominios y los caciques venían trayendo el tributo de sus pueblos, obligados además a comprar la sal, puesto que para esta sustancia las mesas ejercían un verdadero mono­polio natural ( 37) |. Fundúronse poblaciones en los lu­gares de paso obligado, a las orillas de los ríos y cerca de las regiones mineras. Bien pronto, gracias a Badi­llo y a Robledo, la exploración del bajo valle del Cau­ca y la del país de Antioquia completaba los recono­cimientos de Belalcazar y sus tenientes en la región alta del río; después Andagoya, el primer marino que visitara las costas occidentales de la Nueva Granada, desembarcó al sur del río San Juan, en la bahía del Chocó, y remontando el pequeño río Dagna, pudo fran­quear cadena costanera y llegar a Cali: la aran vía comercial del occidente colombiano estaba descubierta.

 

No faltaba ya sino reconocer los caminos secundarios, y hasta nuestros días mas de una región, defendida por las selvas, los pantanos y las fiebres, no es conoci­da de los geógrafos sino en sus rasgos generales ( 38) . Cuanto a las numerosas expediciones verificadas a los llanos después de las de Speier y de Fredermann, per­dióse su huella en esas vastas y uniformes soledades: sus pasos se borraron como se borra la huella de los navíos en el océano. Jiménez de Quesada en 1569, Antonio Berrío en 1591, y después en el siguiente siglo Samuel Fritz y muchísimos misioneros jesuitas y franciscanos visitaron todas las tribus, recorrieron todos los ríos, utilizaron todos los portajes, sin que la múltiple red de esos itinerarios se haya conservado ( 39) .

Durante los dos siglos y medio de la dominación española los trabajos de exploración continuaron pero bajo otra forma, permaneciendo desconocidos para el público; los documentos recogidos por los conquista­dores se guardaban celosamente en los archivos del Gobierno y muchos de ellos no se han publicado aún. Se les ocultaba todavía cuando en el territorio colo­nial empezaron otras expediciones, no en busca de esclavos, joyas ó piedras finas, sino, con encargo de estudiar científicamente el  país. A fines del último siglo Francisco José de Caldas, el discípulo del botá­nico Mutis, cuyo fin fue un patíbulo español como culpable de haber amado mucho a su patria, recorría ésta en todas direcciones ( 40) para conocer el territorio y sus habitantes. Así, pues, hijos del país comenza­ron la obra luego continuada con sumo brillo por los Humboldt, los Boussingault y otros sabios, tanto colombianos como extranjeros, que se han sucedido y continúan trabajando en la exploración del país. Du­rante este período de trabajos preparatorios a la des­cripción general de Colombia, la mejor parte corres­ponde a Agostino Codazzi, el mismo geógrafo a quien se debe la mejor carta que aún existe de Venezuela.

Su mapa de Colombia, construido en la escala de 1.350,000 ( 41) sobre sus trabajos topográficos de 1849 a 1855, es también el documento sobre el cual verifican sus correcciones la mayor parte de los exploradores, con el fin de completarla antes de acometer un traba­jo de mas amplias proporciones ( 42) . Esta última obra será hacedera muy pronto, porque los ingenieros han levantado hasta la fecha numerosos planos, a diversas escalas topográficas (de diezmilésima a cienmilésima), y porque millones de hectáreas de tierras baldías han sido previamente reconocidas antes de concederlas ó venderlas: el geógrafo Vergara y Velasco ha consul­tado todos estos planos detallados para la redacción de su obra sobre Colombia. En fin, hasta este año de 1892 se han fijado ya astronómicamente mas de dos mil puntos y se ha nivelado y medido el terreno metro a metro en una longitud desarrollada que excede de 11,500 kilómetros lineales ( 43).

En Ninguna parte el profundo conocimiento del terreno y de su explotación será mas útil, porque la posición geográfica de Colombia es excepcional y la convierte en piedra angular de las repúblicas latinas del continente. Durante la guerra de la independencia sudamericana esa posición le dio un valor estratégi­co de primer orden, y al presente y en el futuro le asegura un papel esencial: como sitio de paso entre los dos océanos y las comarcas que éstos bañan. La naturaleza no ha abierto sino un estrecho de un mar al otro, en el extremo meridional del continente, pero, antes que Magallanes, Nuñez de Balboa había demos­trado ya que la conquista-y por consiguiente el comercio

­White, Delanoy, Ridley, Rodolphs,.Mosquera, Wyse, que valen mas que algunos de los nombrados en la lista. Entre los colombianos que mas han explorado nuestro suelo figuran Álvarez Salas, Arboleda, Caycedo D. Eluyar, Cuervo Márquez, Cuellar, Duran, González Vásquez, González Benito, Garcés Guerra Azuola, Liévano, Morales, Peña, Ponce de León, Paz, Pereira, Ramos, Rentería, Sosa, Uribe  etc-V. y la colonización - podía crearse otras vías interoceánicas allí mismo donde Colón buscara su es­trecho hacia el Asia. Desde esa época las miradas permanecen fijas en ese pedúnculo sinuoso y en apa­riencia tan fácil de cortar. Senda, camino, vía férrea, se han construido de mar a mar, pero se quiere mas, y por decenas se han sucedido los proyectos de rup­tura; y no sólo esto se ha hecho, puesto que se ha intentado abrir el canal, y si los mil cuatrocientos millones del empréstito hubiesen servido para el tra­bajo mas que para la publicidad, si la empresa hubiese sido bien dirigida, no hay duda que a la fecha un canal comunicaría las aguas del Atlántico y las del Pacífico. Aun a pesar del fracaso de la tentativa el misterio del istmo no dejara de atraer a los empresa­rios, por lo cual Colombia guarda la promesa de ser, tarde ó temprano, uno de los grandes caminos del mundo entre el Oriente y el Occidente ( |44 |).

Corno país de asiento para los colonos de toda raza, el territorio de Colombia presenta ventajas excepcionales. Lo mismo que México, ofrece del mar a la cumbre de las montañas el regular escalonamien­to de todas los climas: calor, temperatura moderada, frío, combinados según la exposición con diversos gra­dos de sequía ó humedad. Pero mientras que en Méxi­co el paso de clima a clima se hace bruscamente y como de un salto, de la tierra ardiente a la tierra fría, y que la zona templada, la mas favorable al hombre y a sus cultivos, esta representada allí por estrechas bandas, Colombia, singularmente privilegiada, prolonga sus montes y ante-montes a gran distancia del macizo central, y las regiones cuyo clima puede com­pararse al de la Europa occidental por la temperatura media ocupan una extensión considerable, bastante crecida para sustentar los habitantes por decenas de millones. Con excepción del grupo de Santa Marta, las cadenas colombianas se ramifican en abanico hacia el Norte y Nordeste, de tal modo, que encierran tierras de labor en todos los escalones, bojo todas las latitudes y longitudes de la comarca: dondequiera las gentes de las alturas y las de las bajas llanuras tienen mesas intermedias en donde su inversa aclima­tación puede hacerse síu peligro |( 45).

Colombia estaría, pues, lista para recibir inmigran­tes por millares, si caminos de acceso se elevaran del mar hacia las zonas desiertas o apenas pobladas de las áreas templada y fría; pero hasta la fecha Colom­bia ha tenido la suerte de crecer en población y des­arrollar sus recursos mucho mas por su propio fondo que por el auxilio de los extranjeros. La región ardo­rosa que franjea el litoral en ancha banda no tiene sitio alguno hospitalario para el hombre del Norte, y la dificultad del acceso a las tierras salubres mantiene alejados de éstas a los colonos. Como las emigraciones se efectúan en el interior en torno de las provincias mas activas y pobladas, los habitantes han podido adquirir un carácter nacional mas homogéneo, fundir mejor su diversidad de razas y orígenes antes de hallarse en contacto con la multitud de los inmi­grantes. Los colombianos no corren el riesgo de ser ahogados por la ola creciente de una nacionalidad extranjera, como lo han sido los mexicanos de Texas y California ( 46) . Sin duda que es una desgracia para sus puertos no recibir cada año un gran número de viaje­ros y para sus ciudades interiores no recibir la visita de mensajeros que lleven las nuevas ideas de la vieja Europa, su movimiento impulsivo en las ciencias y las artes; pero las relaciones que existen bastan para mantener entre los nacionales el trabajo de colaboración con el resto de la humanidad civilizada, sin poner en peligro el carácter original de la Nación ( 47) . El adagio "para entregarse es preciso poseerse" es tan verdadero para los pueblos como para los indi­viduos.

 

 

(1)     Litoral medido sobre la carta marina norte-americana a la escala de millonésima.-E. R.-Que es inferior al hallado en los trabajos españoles.-V. y V.
(2)   Calculado sobre la carta oficial de demarcación, a la escala de 2.500.000-E. R.-Pero esta carta encierra groserísimos errores y la frontera sobre los mapas modernos mide 2.200 kilómetros.-V. y V.
(3) Colombia retiró del arbitraje español el límite con costa Rica por haber trascurrido el plazo estipulado para que España fallara sin ¿qué se hubiera resuelto el punto.
(4)     Al Suroeste debe decir-V. y V.
(5)  Colombia jamás ha reconocido que limita con el Perú al S., como puede verse en los documentos oficiales, y cuando un cándido diplomá­tico hizo ciertos curiosísimos tratados con esa Nación, similares a otros con Costa Rica, fueron improbados por el Congreso.-V. y V.
(6) Colombia apoya su pretensión a los límites que reclama sobre el Amazonas en pruebas y documentos irrefutables.-V. y V.
(7)     Mas que aventurada parécenos esta opinión, pues no es posible demostrar que los chibchas pasaran el Sogamoso hacia el Norte-V. y V.
(8)  Y no sería mas lógico extender ese límite geográfico del Sur hasta la profunda vaguada del chota ?-V. y V.
(9)   Superficie y población probables de Colombia en 1892: 1.265.625 kilómetros cuadrados, con 4.200.000 habitantes, Densi­dad absoluta 3,3 habitantes por kilómetro cuadrado.-E. R. La densidad de la porción habitada sube a 17 habitantes por kilómetro cuadrado.-V. y V.
(10)    Quédanos la satisfacción de ver acogida en la obra del gran geógrafo francés idea por primera vez lanzada por nosotros hace ya 5 años-V. y V.
(11)   Por fortuna grande, ninguno de los conquistadores que pode­mos llamar colombianos marcó de este modo su paso en nuestro territorio ; como ningún guerrero nuestro de la guerra de Independencia dio a ésta los salvajes caracteres que se hallan en las campañas de los venezolanos-V, y V.
(12)    Desgraciadamente los motilones se conservan independientes en sus montañas -V. y V.
(13)  Alfinger no llegó a las montañas de Vélez, como que por el escaso número ríe sus hombres y sin franquear el Sogamoso retrocedió de Jirón hacia Venezuela-V. y V.
(14)  Una sombría barranca muy ó propósito para tender una emboscada V. y V.
(15) Rafael María Baralt, Resumen de la Historia de Venezuela -E. R.
(16)  La Nueva Andalucía se extendía no desde el Magdalena sino desde la Goajira hasta el Atrato, y comprendía aproximadamente el territorio de los departamentos de Bolívar y Magdalena-V. y V.
(17)   Esta expedición a la tierra de Tinzenú no tocó con el actual valle del Sinú, sino con el del San Jorge, hasta el Nechí-V. y V.
(18 Estas últimas fueron anteriores a las otras-V. y V.
(19)  Del río León ó Cuacuba--V. y V.
(20)  Dobaybe escriben los cronistas, Dabeiba se llama el pueblo actual-V. y V
(21)  No reproducida después, como que la Serranía de Abibe es una de las zonas menos conocidas del país.-V. y V.
(22)  Hoya del alto río Sucio, afluente del Atrato.-V. y V.
(23)  Cundi-rumarca según unos, Con-inna-marca según otros, que es lo mas probable-V. y V.
(24)  Estos indios se llamaban así mismos chibchas (adoradores del sol)-V. y V..
(25)  No lo creemos, por cuanto las mismas noticias que tuvo de los Muíscas Fredermann las tuvo Speier ,y como aquel con un puñado de hom­bres emprendió la conquista, pudo el otro haber hecho lo mismo-V. y V.
(26) No cabe duda que las diversas tribus mantenían entre sí relaciones comerciales-V. y V.
(27)     Mas grafica aun es aquella con que otro cronista flagela a He­redia: "destruía a los iridios que estaban vivos y desenterraba a los que estaban muertos."-V. y V..
(28)   Quesada no era gobernador de Santa Manta, sino teniente del adelantado y gobernador Lugo: emprendió la marcha con 800 hombres de los cuales perecieron mas de 600 en 11 meses de marcha -V. y V..
(29)    Esta marcha por el Opón arriba no tiene igual en las conquis­tas de México y el Perú; no puede comparársele sino la de César-V. y V. -
(30)  Quesada no tuvo que combatir en esta ocasión, que si los Muíscas allí le hubieran detenido con las armas, es seguro no queda vivo un español-V. y V..
(31)  La cual no ocupó el sitio de la capital muisca sobre el Funza, sino el de una vivienda real de veraneo; anduvo acertado Quesada en esa elección? No, porque Bogota como capital estaría mejor en Funza, el Común o sobre el Tunjuelo-V y V.
(32)  No iguales sino próximamente iguales dice la leyenda: Que­zada 166 honres, Belalcazar 160 y Fredemann 163; pero el Padre Simón no da al último sino 1100. Lo que sí es positivo es que si en vez de tres hubieren sido dos las bandas, habría tenido fatal desenlace el drama de la fundación de Bogota-V. y V.
(33)    De venado, y lo mas ¡notable es que cates hombres que morían de hambre introdujeron las primeras gallinas Uno de los mayores tropiezos de estas marchas consistió en las niguas, insectos que inutilizaron centenares de soldados españoles en la guerra de Independencia-V. y V
(34)  Fueron estos tres caudillos quienes primer recorrieron el Magdalena, desde Guataquí hasta su boca, con lo cual quedo inaugurada vía expedita entre el interior y el litoral-V. y V..
(35)   Quesada era de Córdoba y no de Granada.-V. y V
(36)     El lugar sagrado de los Muíscas estaba en Srngamuxi, y los pueblos vecinos en vez de temer ó respetar a los chibchas, vivían con ellos en perenne lucha.-V. y V..
(37)  El autor exagera en este cuadro; un siglo después de fundada Bogota, aun se batallaba en sus cercanías que la conquista en Colombia fue realmente conquista, lo cual siempre se olvida por los escritores ex­tranjeros, quienes la creen simple conjunto de paseos militares: sumados los españoles muertos en batallas contra los indios en toda la América latina no alcanzan a ser la mitad de los que así perecieron en Colombia !-V. y V.
(38) Las hay que ni aun así son conocidas, pues dé ellas no se tienen otros datos que los relatos de los indios o de los quineros y caucheros: Co­nocían mejor los españoles el suelo, puesto que en toda selva virgen al parecer se hallan sus huellas al abatirla-V. y V
( 39) La mayor parte de ellos se conserva y el General Antonio B. Cuervo ha dado a luz los mas importantes-V. y V..
(40)  Menos la costa Atlántica-V. y V
(41)  La escala del trabajo original de Codazzi es 450,000 y su mapa, aunque contiene detalles preciosísimos no abarca lo que fuera Nueva Andalucía, vacío llenado recientemente por Simons V. y V.
(42)  Orden cronológico de los principales itinerarios en Colombia y Venezuela. Colomb           1498    Gonzalo Pizarro           1540
Niño, Guerra    1490    Orellana           1540
Ojeda, Vespueci          1499    Berrío  1591  Bastidas           1500    Juan de Sosa    1609
Balboa 1513    La Condamine 1740
Andagoya        1522    Solano 1763
Alfinger            1550    Humboldt         1700
Diego de Ordaz           1531    Boussingault     1851
Heredia                       1535                Schomburgk    1840
Speier  1554    Codazzi           1850 Berlanga                   1555       Reiss y Stubel  1870 César   1535    Steinheil                  1872
Ampudia          1536    André         1875 Quesada          1537    Crevaux              1878 Fredemann       1537    Schennck                      1880 Belalcazar        1537    Hettner                          1883 Robledo           1539    Sievers 1884 Badillo 1539    Chaffanjon       1885    E R. Nombres ilustres olvida el autor, como son los de Caldas, Simons,
 
(43) Francisco Javier Vergara y Velasco--Nueva Geografía de Colombia E. R.
(44)   Y también entre el Norte y el Sur de América, puesto que si Colombia se opone no podrán los americanos construir el gran ferrocarril intercontinental que les dará el monopolio comercial del Nuevo Mundo-V. y V.
(45) Superficie aproximada de las tres zonas, cálida, templada y fría de Colombia, según Vergara, incluyendo a Panamá, los llanos y la selva; Zona caliente 760,000 kilómetros cuadrados ó sean los tres quintos             - templada 325,000   -        -        - - el cuarto
- fría          126,500   -        -        -               el décimo
                 Páramosa 50,500   -        -        -el vigésimo quinto
-de nieve            75   -        -        -        -   Suma 1.261,575 kilómetros cuadrados-E. R. -    En la zona caliente vive el 41.8 por 100 de la población el 29 por 100 en la templada, el 23.8 por 100 en la fría y el 5.4 por 100 en la Páramosa. La mitad de los colombianos esta al O y la mitad al E del río Magdalena-V. y V.  
(46)  Razón sobrada tiene en este punto el ilustre geógrafo francés, y nosotros siempre hemos combatido la inmigración a ciegas, admisi­ble sólo dentro de media siglo, cuando haya en Colombia 12 millones de habitantes. Por hoy lo mas que puede admitirse es la introducción de algunos centenares de coolies o chinos para el chocó y el Caquetá. V. y V..
(47)     En todo Colombia se habla y escribe en un solo idioma, bien que millares de sus hijos posean a la vez otras lenguas, en especial la francesa, conocida a lo menos por el vigésimo de los naturales. Esto por una parte, que por otra Colombia ha producido y produce sin cesar hombres notables en todos los ramos del saber humano, muchos de ellos bien conocidos en el extranjero, de suerte que ninguna otra nación latina de América rivaliza con ella cuanto a colaboración intelectual, acaso porque ninguna estudia tanto como ella-V. y V.

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