INTRODUCCION
Uno de los grandes monumentos de la actividad intelectual que
este siglo de prodigioso desarrollo científico dejará á las
generaciones venideras, es, sin duda, la incomparable Geografía
universal con que Eliseo Reclus ha enriquecido los modernos
conocimientos. La obra de este sabio geógrafo, el de más encumbrada
reputación en el mundo, no es una simple enumeración de imperios
y de repúblicas, de montes y de ríos, de ciudades y de valles. No:
ella, además de la descripción científica del suelo y de sus
producciones, hecha con la fidelidad de la fotografía, pero con el
elocuente colorido que ni aun la paleta más hábil puede imitar,
comprende la historia general de las naciones y de los pueblos, en
sus múltiples evoluciones al través de los siglos, magistralmente
desarrollada en cortos pero vividos cuadros, en los cuales, con
acertadísimo criterio se persiguen las causas de engrandecimiento
ó decadencia, en relación con su origen, ó con el medio en que
viven, ó con accidente¿ que aceleran ó entorpecen su marcha en la
indefinida vía del progreso; el cuadro completo de la actividad
humana en sus diferentes fases: intelectual, industrial y
comercial; el exacto análisis del estado social de cada pueblo y de
cada raza, con justísimas apreciaciones filosóficas sobre su
importancia en el pasado y sobre el papel que en el porvenir le
tocará desempeñar. En una palabra, es la más acabada descripción
geográfica de nuestro planeta, en la que cada detalle va acompañado
de su respectivo antecedente geológico; con expresión de sus
efectos sobre la planta, sobre el animal y sobre el hombre; y la
más sabia descripción de las sociedades en su vida interna y en su
vida de relación, tanto en la actualidad como en el pasado y en lo
porvenir. No es extraño, pues, que el mundo científico haya
recibido con aplauso y con veneración esta obra magistral de
nuestro siglo, en la cual campean escrupuloso método filosófico,
los más avanzados principios de la ciencia, la lógica en el
criterio, la fidelidad en la descripción y exuberante riqueza de
datos auténticos de toda clase y de todos los pueblos del inundo; y
todo escrito con ese estilo vivo y elocuente á la par que natural
y sencillo, que parece ser patrimonio de esta familia de
sabios.
De esta admirable obra que hace época en los anales científicos
de la humanidad, la parte correspondiente á Colombia es la que,
cediendo á instancias de cariñosa amistad, nos toca hoy el alto
honor de presentar al público; honor que, por lo inmerecido, bien
hubiéramos querido eludir.
Reclus vivió por algún tiempo bajo el hospitalario cielo de
Colombia y conserva de nuestra amada Patria grato recuerdo. De
aquí el interés especial con que la ha estudiado, y la importancia
que en su Geografía le da, mucho mayor que á las otras Repúblicas
hispano-americanas. Por eso, en la grande obra, la parte
correspondiente á nuestra Patria ha sido trabajada, no solamente
con poderosa capacidad científica, sino también bajo los dictados
del corazón no menos grande del autor.
Guiado por el singular cariño que al país profesa, el sabio
geógrafo ha permitido se haga la edición especial que hoy se
presenta al público, encomendando la traducción y anotación de ella
á su antiguo y eficaz colaborador señor D. Francisco J. Vergara
V., á quien también ha autorizado plenamente para hacer las
aclaraciones y rectificaciones necesarias; pues como es natural en
labores de esta magnitud, y más en tratándose de países tan mal
estudiados como ha sido el nuestro, no han podido menos que
deslizarse ligeros errores ó puntos oscuros que no podían dejarse
pasar inadvertidos; unos y otros, sin excepción, tomados de fuentes
extrañas, de trabajos que en Europa merecen crédito y gozan de
autoridad.
A nadie mejor que al señor Vergara y V. ha podido encomendar
Reclus esta labor tan difícil como delicada. Nadie conoce mejor que
él la geografía del país; pues no obstante ser tan joven, lleva más
de veinte años de estar dedicado á su estudio con perseverante
energía, y al de las ciencias que con ella se relacionan, habiendo
logrado reunir durante este tiempo, bajo un mismo plan científico,
los datos detallados de todos los puntos de la República. Fruto de
tan largos desvelos y de labores tan asiduas es la nueva Geografía
de Colombia, obra de poderoso aliento, que está publicando, y cuyo
primer tomo, que es el que hasta ahora conoce el público, ha sido
recibido con los mayores aplausos, por nacionales y
extranjeros.
El ilustre geógrafo francés principia su estudio sobre Colombia
pintando á grandes rasgos, pero con vivísimos colores, lo que fue
la conquista española, epopeya inaudita y sin antecedente en la
historia del inundo; y, en seguida, relata la historia de la
exploración de nuestro territorio desde la época de los Quesadas,
de los Fredemann, de los Speier y de los Belalcázar, hasta
nuestros días, terminando con justísimas apreciaciones sobre la
actual raza colombiana y su desarrollo en lo porvenir.
Con la pluma fácil y elocuente, que con tanta elegancia sabe
manejar, describe los complicados accidentes del suelo: primero
estudia científicamente nuestras cordilleras, con sus altísimas
nevadas cumbres, sus picos volcánicos con penacho de humo y rojizos
resplandores, sus escarpas, Sus vertientes y sus faldas, sus ricas
y fértiles mesas, sus cuencas y sus valles y, por último, las
inmensas, hermosas pampas orientales. Con no menos verdad y
precisión describe Iuego nuestros ríos, sobresaliendo aquí las
brillantes
páginas dedicadas a la gran maravilla de Colombia: el Salto de
Tequendama.
El más vivo interés despierta, en el capítulo dedicado á la
climatología, el estudio de los vientos que, ora terribles y
devastadores, azotan con frecuencia nuestras montañas, ora bajo la
forma de brisas suaves y juguetonas refrescan la caldeada
atmósfera de nuestros valles ardientes, acumulando siempre en
determinadas regiones los vapores atmosféricos que se resuelven
luego en lluvia benéfica destinada á refrescar prados y siembras, ó
en deshechas borrascas acompañadas de atronadora tempestad.
No menos importantes son las páginas dedicadas á nuestras
producciones naturales, en las cuales se enumeran las singulares
especies que caracterizan nuestra fauna y nuestra flora, tan ricas,
tan variadas y tan dignas de estudio.
El capítulo de la Etnografía colombiana es sin duda, uno de los
más notables de esta preciosa obra. En el se pone de manifiesto, no
solamente la vasta erudición del autor, sino también su profunda
versación en la oscura prehistoria del país. Con pluma maestra
están escritas las monografías de las principales nacionalidades
que en la época de la Conquista ocupaban el territorio de Colombia,
y llaman la atención, sobre todo, las de los chibchas, los panches,
los pijaos y los goajiros, no menos que la parte relativa á las
migraciones prehistóricas, punto tan difícil de tratar por las
profundas sombras que lo velan. Termina describiendo con verdad y
con maestría el carácter especial de los actuales pobladores de
cada una de nuestras regiones geográficas.
Los capítulos siguientes están dedicados á los núcleos de
población, al comercio y á la industria nacional y al estudio de
nuestras vías de comunicación, en especial nuestras incipientes
empresas ferroviarias. En ellos se encierran abundantes y
preciosos datos estadísticos que ponen de manifiesto el estado
actual de cada uno de estos ramos, y los elementos de desarrollo
con que cuenta el país.
Por la anterior breve reseña se puede juzgar del especial
interés con que Reclus ha estudiado a Colombia, y de la
importancia que, para nosotros, tiene esta obra escrita por pluma
maestra y de reconocida autoridad universal.
Por esto, el Gobierno de la República se apresuró a ordenar la
presente edición de la traducción del trabajo de Reclus, anotada
por quien fue su colaborador más asiduo en esa parte, para hacerla
circular en el extranjero y popularizar allende los mares el
conocimiento de las múltiples riquezas y de los elementos de
trabajo con que al hombre laborioso y emprendedor convida nuestra
amada Patria.
Y seguramente ella cumplirá su misión, satisfaciendo los
patrióticos anhelos.
CÁRLOS CUERVO MÁRQUEZ.
ELISEO RECLUS
Al publicar en Colombia la traducción de un capítulo de la
Geografía del renombrado geógrafo francés, parece muy natural
encabezaría con una breve reseña de la vida y obras de quien ocupa
lugar tan distinguido en la literatura científica del presente
siglo; pero a fin de evitar confusiones hablaremos primero del
hombre y luego de su obra.
Juan Santiago Eliseo Reclus: 65 años hace que este nombre se
pronunció por vez primera en remota y humilde aldea de Francia, y
hoy no existe en el mundo persona de mediana instrucción que ignore
a quién pertenece. En ese tiempo el hombre ha cumplido su carrera
en glorificación de Francia, puesto que representa un astro de
primera magnitud en el cielo de la ciencia humana, y un maestro en
el único lenguaje universal posible, el de la sabiduría. Es
Juan Santiago Eliseo miembro de una familia tan distinguida por
su virtud como por su instrucción: todos sus hermanos dejan por
herencia obras de positivo valor, y su padre era teólogo y pastor
protestante en Sainte-Foy-la-grande (Gironda), en donde el venerado
maestro nació el 15 de Marzo de 1830.
Aún niño entró Eliseo al colegio, pasando luego a estudiar
teología en la facultad teológica de Montauban, que sólo abandonó,
concluidas sus tareas, para ir a perfeccionar sus conocimientos
filosóficos en la Universidad de Berlín: allí tuvo como profesor al
célebre Carl Ritter, hecho que, sin duda, influyó en su vocación ó
sea en abandonar la exégesis por la ciencia de la tierra que tanto
debe a sus tareas. Brillantes fueron sus estudios: a la ciencia
físico-matematica y filosófica reunía el conocimiento de. las
lenguas clasicas, y cuando volvió a Francia con semejante bagaje
apenas contaba 22 años. En su patria se distinguió pronto por su
ardiente republicanismo y su amor a la libertad, lo cual motivó su
expatriación a raíz del golpe de Estado del 2 de Diciembre de 1852.
Obligado a viajar por tal causa, visitó sucesivamente a Inglaterra,
Irlanda, los Estados Unidos, la América central y la Nueva Granada
en donde residió algún tiempo. EN 1857 regresó a Francia con su
caudal científico tan aumentado, que todos reconocieron en él un
sabio, a pesar de su corta edad: fuele confiada la redacción de la
Revue de deux mondes de la Tour du monde y otros periódicos
científicos, en todos los cuales publicó numerosos artículos que
causaron sensación. Por entonces estalló la guerra de secesión
americana, y el público europeo, mal informado, no creía en la
justicia de la causa que defendía Lincoln; pero. Eliseo cambió por
entero esa opinión con sus estudios sobre la guerra y la esclavitud
en los Estados Unidos. Terminada la lucha, el Ministro americano en
París ofreció generosamente a Reclus, como testimonio de la
gratitud nacional, una fuerte suma de dinero que él rehúsa cortés
pero enérgicamente, a pesar de su pobreza, que casi rayaba en
miseria: "Combatía por el triunfo de la libertad y del derecho, y
no por el lucro personal."
A tan hermoso triunfo moral, reunió otro de no menos valía en el
campo científico: las Guide Joanne que se imprimían para el uso de
los viajeros, no pasaban de ser aridas y fastidiosas cuando no
amaneradas listas de nombres. Tomó su redacción a su cargo y por la
exactitud de los datos, la precisión de los detalles, la ciencia de
los hechos históricos, y el brillo y encanto del estilo
convirtiólos de repente en narraciones tan solicitadas como amenas
é instructivas. Entre ellas figuraron: Guía del viajero en Londres
(1860), Londres Ilustrado (1862), Guía para la exposición de 1862,
Las ciudades de veraneo del Mediterraneo y los Alpes marítimos
(1864), obra de un mérito indiscutible, y Nice, Cannas, menton y
San Remo (187O); y a la par de estos libros publicaba otros de no
menor valía:
El Mississipi, Viaje de la Sierra Nevada de Santa Marta (1861),
La colonización del Brasil, historia de un arroyo (1864), bella
como un diamante, la magistral introducción al Diccionario de las
Comunas francesas (1864), y La Tierra, descripción de los
fenómenos de la vida del globo (1867-1868), obra que cimentó la
fama de Reclus, tanto en Francia como en el extranjero, y le abrió
las puertas de la Sociedad de Geografía de París, que lo llamó a
formar parte de su Junta central directiva.
Es Reclus ardiente adalid de la libertad, y, por tanto, no podía
permanecer extraño a la lucha política que agitó los últimos días
del nuevo imperio, por lo cual, y casi en seguida de su
matrimonio, se afilió en la Internacional, en que por entonces
figuraron todos los grandes adversarios de la tiranía y el
despotismo. Poco después estallaba la guerra franco-alemana, y
cuando los prusianos sitiaron a París, Reclus se alistó
(Septiembre de 1870), sin aceptar grado ninguno y como simple
soldado, en la guardia nacional, y no como quiera, sino que, a
pesar de tener esposa y dos hijos, pidió se le incorporase en uno
de los batallones de marcha. Nada satisfecho con la quietud a que
se condenaba esa guardia, pidió su pase al Cuerpo de aeronautas de
Nadar, que servía sin ración, vivaqueaba en malas condiciones en la
Plaza de San Pedro, y cuyos miembros corrían continuos riesgos y
peligros en sus diarias ascensiones: en ese cuerpo nunca desmintió
su celo, y cuando se le quería disminuir las fatigas, manifestaba a
su jefe que el tiempo que le dejara libre lo iría a pasar en las
murallas.
Tan luego como estalló la revolución del 18 de Marzo de 1871,
publicó en El grito del Pueblo un manifiesto en que, a la vez que
desaprobaba con energía la conducta del Gobierno, pedía la
conciliación de los partidos, censuraba toda efusión de sangre, y
concluía así: "Entre republicanos, entre ciudadanos franceses, los
litigios se deciden en las urnas y no con el cañón ó el fusil" Por
la marcha misma de los acontecimientos se vio Reclus incorporado en
las filas de eso que se ha llamado La Comuna, limitandose, como
siempre, a cumplir con su deber. El 5 de Abril de 1871 por la
mañana, como fuese en reconocimiento con otros guardias nacionales
a la meseta de Chatillon, los soldados de Versalles lograron
envolver el destacamento y cayó prisionero Eliseo, quien en el acto
fue trasladado a Brest, por vía de precaución. Allí pasó siete
meses, empleando el tiempo en dar lecciones de matematicas a sus
compañeros de prisión, hasta el 15 de Noviembre, en que compareció
en Saint Germain ante el 7º Consejo de Guerra que, sin
consideración a sus cualidades, le condenó a ser deportado a Nueva
Caledonia.
Por fortuna, el siglo XIX se informa en otras ideas, y el mundo
sabio se conmovió al ver tratado como criminal ordinario a un
hombre de alma grande y generosa, y cuya pluma había dejado ya
honda huella en la ciencia moderna. En especial tomó el duelo la
libre Inglaterra y varios de sus hijos mas ilustres, entre otros.
Darwin, Williamson y lord Amberley, dirigieron en Diciembre
siguiente al Poder Ejecutivo francés una calurosa petición que
terminaba así: "Nos atrevemos a pensar que la vida de un hombre tal
como Eliseo Reclus, que ha prestado a la causa de las letras
científicas grandes servicios por todos reconocidos, promete para
el futuro mayores Servicios a la misma causa, por cuanto su
vigoroso espíritu ha alcanzado plena madurez; por lo cual creernos
que su vida pertenezca no sólo al país que le vio nacer, sino al
mundo entero. Por esto, con reducir así al silencio a tal hombre,
que no otra cosa significa enviarle a vegetar lejos de los centros
civilizados, sólo conseguirá la Francia mutilarse a sí misma
aminorando su legítima influencia en el mundo." Inglaterra leyó,
sin duda, en lo futuro, y por ella posee hoy Francia la obra con
que mas puede envanecerse: la noble protesta fue escuchada, y el 4
de Enero de 1872 el Presidente Thiers conmutó la pena impuesta por
el Consejo de Guerra por la de simple destierro.
Por este motivo pasó entonces Reclus a la alta Italia, junto con
su familia, continuando allí sin demora sus trabajos científicos: a
la vez publicó (1872) los Fenómenos terrestres, compendio de su
grande obra La Tierra, con el objeto de poner al alcance de los
desheredados lo que en aquélla sólo estaba al de los afortunados:
la obra primitivas por el lujo de la edición, valía $ 12 el
ejemplar; la nueva, que contiene íntegra la doctrina de aquélla, se
vendió a $ 0.80 centavos. Es así como las musas pueden civilizarse,
y, por lo mismo, confiamos ver en próximo día un resumen de la
Geografía que siguió a aquélla. En Febrero de 1874 perdió Reclus a
la joven esposa que con su ternura dulcificaba su destierro, por lo
cual pasó a Suiza, estableciéndose en uno de esos lindos, rientes y
tranquilos pueblecitos que se reflejan en las azules ondas del
Leman, en Clarens. Allí emprendió su obra capital, la obra que
satisface la promesa de los sabios ingleses, la gran geografía
universal que, con inusitado lujo, principió a imprimirse en París
el 8 de Mayo de 1875, y con regularidad matemática continúa aún,
pues si bien el trabajo del autor esta concluido, el del Editor
llegara hasta fines del presente año, salvo que Reclus consienta en
redondear su obra con una historia crítica de la ciencia de la
tierra, anhelada por todos. Un poco antes, en 1880, publicó otro
libro, la Historia de una montaña, que hace digna pareja a la
Historia de un arroyo, y ese mismo año el Gobierno francés levantó
su destierro; pero el hombre de 65 no había cambiado, y manifestó
no volvería a su Patria hasta el día en que igual gracia no se
extendiera a todos los desterrados por causa de la Comuna; por
eso, hasta ocho años después, no franqueó la próxima frontera
yendo a vivir en Sevres' en las cercanías de Versalles, antes de lo
cual efectuó diversos viajes a distintos países, entre otros, al
Canadá y los Estados Unidos en 1889, a fin de recoger personalmente
datos para su Geografía: ese año pensaba también volver a Colombia
y visitar a Bogota, lo cual no pudo verificar a causa de su misma
obra que le obligó a apresurar su regreso a Europa. En los últimos
años tampoco ha olvidado la prensa; muchos artículos tan notables
como los primeros han aparecido en los periódicos y revistas
científicas, siendo a la vez valioso y asiduo colaborador del
Diccionario geográfico de Vivien-Saint Martin, otra vasta
enciclopedia para la cual ha escrito paginas hermosas, en especial
sobre puntos relativos al Nuevo Mundo. El pasado invierno
quebrantó un tanto al ilustre anciano, quien actualmente viaja por
Argelia con la mira de recobrar la salud. Por fortuna para la
ciencia universal, Reclus ha conservado la vida hasta concluir una
obra que, en defecto suyo, nadie habría osado terminar, y Dios
mediante, aún vivirá largos años, que serán de gloria para la misma
causa. De sobra esta advertir que todos los trabajos de Reclus han
merecido el honor de alcanzar varias ediciones y muchas
traducciones.
Veamos ahora al escritor. Desde hace años cuando por diversas
causas consagré mis ocios a estudiar el suelo de Colombia, al
recoger libros y documentos sobre tal materia, en uno de ellos
encontré el nombre de Reclus. Era el Viaje a la Sierra Nevada de
Santa Marta, y su lectura produjo en mi animo sensación
especialísima. Estaba acostumbrado a encontrar en todos los
escritores extranjeros, aun en los mas serios, paginas negras
sobre Colombia, y por vez primera hallaba una voz de aliento y
simpatía para mi Patria, una defensa de ella ante el mundo
civilizado que tan mal la trataba, creyéndola habitada por
salvajes. Ese libro concluye asía "Algunos meses después estaba en
Europa, y al volver a mi verdadera Patria, me parecía pisaba la
tierra del destierro." Desde el fondo de mi alma di las gracias a
quien tal concepto escribía y fue para mi desde entonces motivo de
singular afecto. En esa época muy escasos datos pude adquirir
sobre Reclus, quien no fue apreciado ni comprendido en la región de
Colombia en donde quiso hacer nueva patria, consagrándose a la
colonización de una de sus secciones mas valiosas. Después la
lectura de La Tierra aumentó no. mi cariño, pero sí mi admiración
por el geógrafo que algunos años mas tarde me honraba con especial
y benévola amistad, hasta el punto de elevarme a la categoría de
colaborador! Yo que nada sé, vine a encontrar mi nombre en la Nueva
Geografía" universal, sin títulos para ello, salvo el de un inmenso
amor a la tierra natal.
En el epílogo de aquel mismo libro se lee: Nueva Granada..... es
preciso abogar por un país tan bello, tan admirablemente provisto
de todas las riquezas de la tierra.! Antes millares de españoles
afrontaron la muerte por ir a conquistar ese mundo que Colón les
hizo surgir del seno de las aguas como otro planeta maridado al
nuestro; al presente hay mas indiferencia por la Nueva Granada que
hace tres siglos, y, sin embargo, eso El Dorado no sólo es país de
oro, que también lo es de la felicidad para quienes saben apreciar
la libertad. En nuestra vieja Europa las vivaces tradiciones de
los tiempos barbaros y de la Edad Media reinan todavía, y desde el
fondo de, sus tumbas los muertos gobiernan a los vivos no podemos
dar un paso sin violar la propiedad ajena, y por la fuerza misma de
las cosas compramos la felicidad a expensas del prójimo..... todo
nos envuelve como repliegues de un río infernal: hasta los que se
creen libres moran en una prisión estrecha en la que apenas pueden
moverse y en donde su pensamiento se marchita antes de florecer,
Allá abajo, en la joven república americana, no hay convidados
desgraciados al gran banquete; la tierra fecunda alimenta
generosamente todos sus hijos, el aire de libertad hinche todos
los pechos. Quizás en medio de esa joven naturaleza los hombres
también rejuvenezcan; quizás los ciclos de la historia no seguirán
siempre, como animales en traílla, su círculo acostumbrado."
Y en otro lugar, hablando de los pescadores del Delta
magdalenense y de una conversación con ellos, dice: "Me fue preciso
discurrir horas enteras. hablar de Madrid, París, Londres; de
industria, ciencias y artes. Esos ávidos interrogadores me
escuchaban con alegría y, yo mismo, feliz por hallar auditorio tan
benévolo, olvidé el olor acre del pescado y el humo sofocante de la
hoguera para entregarme por completo al placer de enseñar a esos
seres ignorantes lo poco que sabía. El mas joven de los pescadores,
el que me escuchaba con mayor interés, había oído, no sé dónde,
hablar de Atenas, y me interrumpía a menudo para hablarme de esa
ciudad... Qué cosa tan extraña como ese eco lejano de Grecia sobre
los médanos de la Atlántida! Al presente, los pescadores americanos
hablan de esa gloria 2,000 años después como si aún fuera la mayor
del mundo."
Así, pues, ¿ qué colombiano no vera un hermano en el egregio
geógrafo francés? ¿cual no le consagrara un cariño tan vivo como el
que él ha mostrado por nuestra querida Patria?
Dicho esta que Reclus estudió teología y su padre esperaba
convertirle en consumado exégeta. ¿Cómo se formó ó despertó su
genio geográfico? ¿Cómo olvidó la teología? El mismo va a
decírnoslo. Cuando su expatriación de 1852, visitó entre otras
comarcas, la verde Erin, también tierra céltica, y allí "un día
reposaba en la cima de un collado que domina los rápidos del
Shannon' cuyas rocas oscilan bajo la presión de las aguas que luego
se abisman en un negro desfiladero sombreado por los árboles, y
acaban por desaparecer a la vista en un brusco recodo. Acostado en
la pradera, al lado de las ruinas de un muro que fue castillo un
tiempo y las humildes yerbecillas demolieron piedra a piedra,
gozaba placidamente con la vida inmensa de las cosas, manifestada
con el juego de la luz y de las sombras; con el aleteo de los
árboles y el murmullo de las ondas que se estrellan contra las
piedras. Fue allí, en ese sitio gracioso, en donde concebí la idea
de narrar los fenómenos de la vida de la tierra, y, sin demora,
borrajee en mi cartera el plan de mi obra (La Tierra)." Los rayos
oblicuos de un sol de otoño doraron esas primeras páginas de un
libro inmortal,-el testamento geográfico del siglo, y "hacían
oscilar sobre ellas la azulosa sombra de un arbusto que mecía el
viento."
Desde entonces Reclus no cesó de trabajar en su obra en las
diversas comarcas a donde lo condujeron los azares de la vida y el
amor a los viajes. Además, "puedo decirlo con el sentimiento del
deber cumplido: para guardar la nitidez de mi vista y la probidad
de mi pensamiento, he recorrido el mundo como hombre libre, he
contemplado la naturaleza con mirada a la vez cándida y altiva
acordándome que la antigua Freya era al mismo tiempo la diosa de
la Tierra y la de la Libertad." Y en otra parte: He tenido la
felicidad de ver con mis ojos y de estudiar personalmente casi
todas las grandes escenas de destrucción y renovación del globo:
lurtes y movimientos de las heleras; aparición de fuentes y pérdida
de ríos, cataratas, inundaciones, deshielos, erupciones
volcánicas, hundimientos de estratas y acantilados, formación de
islotes y bancos de arena, trombas, huracanes y tempestades. No
solo a los libros, sino también a la tierra misma me he dirigido
para obtener el conocimiento de la tierra. Después de largas
investigaciones entre el polvo de las bibliotecas, tornaba siempre
a la fuente viva y refrescaba mi espíritu con el estudio directo de
los fenómenos. Las curvas de los arroyos, los granos de arena de
los médanos y las ondulaciones de la playa no me han enseñado menos
que los meandros de los grandes ríos, la poderosa mole de los
montes y la inmensa superficie del océano." Y ha podido agregar que
del mismo modo ha estudiado al hombre, en el estado salvaje, ó en
el acervo de las grandes capitales.
Misterios del destino! Todavía, después de esa intención, Reclus
quiso quedarse como colono en la Sierra Nevada, y una imprevista
catástrofe le obligó a retornar a Europa: después, una causa
desconocida, la Comuna, amenaza ahogar su pluma, y la pluma de sus
hermanos los sabios le salva del abismo. Ya no era posible vacilar.
Entonces emprende Reclus escribir su Geografía para dar cuenta "del
medio primitivo y del medio cambiante, de la tierra y de los
hombres." La empresa era ardua y atrevida, no hay duda, pero
también "la gota del vapor que brilla un instante en el espacio,
refleja sobre su molécula, casi imperceptible, el universo que la
rodea con toda su inmensidad."
Cuanto al plan de la obra de Reclus, merece bien de la ciencia
por haber osado romper con los amanerados sistemas que impedían su
progreso. "La geografía convencional," como él llama con justicia
ese falso método, no ocupa en su libro sino un lugar muy
secundario, para prestar atención mayor al paisaje y a los hombres.
Empero no es posible hacer ni siquiera somero análisis, en pocas
líneas, de esa obra capital, única, en cuyos 21 volúmenes vive y
palpita la humanidad; de ese inmenso trabajo que ha merecido la
universal aprobación, puesto que, excepción hecha de ciertos
defectos imposibles de evitar en una obra humana, no tendrá
equivalente en muchos años. Resumiendo puede decirse que la
"Nueva Geografía Universal" consta de una serie de discursos sobre
las diversas comarcas de la tierra. En ella encanta y admira la
profundidad de los juicios, la originalidad de las definiciones y
deducciones, la poderosa analogía, la belleza de las descripciones,
en fin, la unidad que reina en el conjunto. Parece, por la manera
como se pintan los países y se exponen los hechos, que se trata de
comarcas nuevas que el autor ha descubierto, consagrando igual
atención al pasado, al presente y al porvenir. Asombra, en verdad,
cómo un hombre solo ha podido escribir ese libro en el que, con
admirable sencillez, desborda a raudales la erudición, y Reclus
puede decir con legítimo orgullo: Exegi monumentum.
Y no es lo menos apreciable en ese libro: no puede leerse sino
en el idioma original, porque el inimitable estilo de Reclus no
puede traducirse sin quitarle el brillo que le da su pluma; pero a
fin de que el lector se forme siquiera idea de las descripciones de
esa Geografía cuyas partes guardan casi perfecta proporción, vamos
a copiar algunos trozos.
El invierno en Siberia. Un silencio profundo pesa sobre el
espacio; todo parece dormido; los musgos y las yerbas están
cubiertos por la nieve y aprisionados por el hielo; los animales
yacen entorpecidos en sus madrigueras; los ríos detienen su
carrera y, lo mismo que las riveras desaparecen bajo un albo
cendal. La tierra, con blancura deslumbradora, ocupa el centro del
paisaje, haciéndose gris vista de lejos, y no presenta un solo
objeto sobre el cual pueda detenerse la mirada. El único contraste
visible con esa medrosa inmensidad se halla en el inalterable azul
sobre el cual camina un sol que sólo se levanta algunos grados
sobre el horizonte.....Con nítido contorno, sin esa rusiente
aureola que de ordinario lo envuelve cuando toca el
horizonte.....Por la noche, cuando la aurora boreal no extiende
por el cielo sus cortinajes multicolores y estalla en haces de
cohetes silenciosos las estrellas y la luz zodiacal brillan con
singulares destellos...... sólo el cuervo se aventura en el aire
con un vuelo perezoso, débiI, dejando tras sí una ligera huella de
vapor.......
"La estepa. Casi en todas sus partes, la estepa se muestra como
un espacio desnudo que deja deslizar la vista sobre el terreno
plano hasta la curva con que la tierra se hunde bajo el horizonte.
Y sin embargo, la mayor parte de las estepas no son horizontales
desarrollan su superficie en anchas olas, regulares como las del
mar de los trópicos al soplo del alisio; pero la general
uniformidad de los matices impide reconocer esos pliegues, causando
admiración ver de repente caravanas enteras que desaparecen en esas
depresiones como si el cielo las hubiese devorado. La falta de
objetos que puedan compararse hace que se produzcan singulares
equivocaciones un montículo de 50 metros de altura parece una
soberbia montaña. Por la mañana, cuando la refracción de los rayos
luminosos contribuye a aumentar la magnitud de los objetos, una
águila posada en el suelo parece un camello, un matorral toma el
aspecto de un árbol Después de la primavera que cubre de flores
la estepa.... el viento marchita las plantas cuyos despojos
marchitos saltan por millares y millones de un modo extraño;
impulsados por el huracán, esos corredores de la estepa" luchan
con velocidad rasando el suelo, y se golpean con furia dando saltos
de muchos metros; diríase que son seres vivos que se entregan a una
carrera fantástica."
"Él Altai: la ondulada superficie de tierra roja que se
encuentra en El Altai y comunica a todo el paisaje el aspecto de un
brasero inmenso; las mesas de arcilla descolorida ó gris que
semejan un océano de lodo coagulado; las regiones menos tristes en
donde aquí y allá se levantan algunas protuberancias rocosas; los
desiertos en donde el viento impele los médanos cual si fuesen
olas gigantescas....todo forma un conjunto monótono, pero tanto mas
grandioso. Cuanto mas sencillas son sus líneas. En esas dilatadas
mesas......las caravanas viajan durante días y semanas enteras, y
la naturaleza se presenta de un mismo modo a la vista en su
inmutable tristeza y en su majestad."
"Él Rann de Catch; extraño y vasto suelo que no es tierra ni
mar...los animales evitan con cuidado esa llanura sin agua y sin
verdura.... El Rann es la región del espejísmo; el menor objeto
dejado en el suelo, una piedra, un esqueleto de camello, se ve a
leguas enteras de distancia, y no con su forma real sino con
perfiles fantásticos......La estación lluviosa cambia el aspecto de
la llanura que el mar cubre uniformemente con una capa líquida de
un metro de espesor. Las caravanas pueden cruzar el Rann en todo
tiempo; pero el viaje no se hace de día; el calor y la
reverberación del sol sobre las aguas o' la arena, y las ilusiones
del espejismo acaban por enloquecer hombres y animales; los guías
deslumbrados no pueden distinguir la exacta posición del sol en el
inmenso resplandor del espacio, y pronto la caravana giraría en su
sitio, siendo la muerte inevitable."
Con lo citado darnos una brevísima idea do lo que es la
Geografía de Reclus, obra editada con gran lujo y que encierra
centenares de laminas y millares de mapas que facilitan la lectura
y completan el texto de un modo admirable. Lastima, sí, que por
esas mismas condiciones, su precio suba a $ 150 en oro, lo cual
impide puedan adquirirla el común de los lectores.
Bogota, Marzo 15 de 1893.