INDICE





CAPÍTULO I
Los primeros años — Sus estudios en Lugo — Voluntario del ejército italiano — Hechos de armas — Deja la vida militar.

CAPÍTULO II
En Constantinopla: de aquí va por varios países al báltico y después a Ho­landa — Va a América del Norte — A sueldo, combate a favor de los in­surgentes en el mar de las Antillas — (Sus Memorias) — Precioso conte­nido de estas — Regresa a Italia — En soci

CAPÍTULO III
Regresa a América — 24 de mayo de 1826 — Comandante de artillería — Jefe de Estado Mayor — Se ocupa en la geografía estadística y en el Atlas de Venezuela — A París.

CAPÍTULO IV
La obra geográfica y cartográfica sobre la República de Venezuela.

CAPÍTULO V
Funda la Colonia Tobar — Gobierna la provincia de Barinas.

CAPÍTULO VI
De la República de Venezuela a la de Colombia — Comandante de la Escuela Militar — Iniciación de sus actividades en Colombia —La cuestión del Canal — Su muerte.

CAPÍTULO VII
Memorias Póstumas de Constante Ferrari y de Agustín Codazzi.

CAPÍTULO VIII
Juicio sobre Agustín Codazzi.

CAPÍTULO IX
Llegada a San Blas — datos sobre aquellos indígenas — Partida para el Golfo del Darién y entrada al río Atrato — Descripción del clima, producciones, animales e insectos que se encuentran en el río Atrato — Llegada a la capital del Chocó, noticias sobre l

CAPÍTULO X
Llegada a Santafé de Bogotá y acogida que tuve — Continuación de la campaña de Bolívar después de la toma de Angostura — Expedición de Morillo a Margarita y sorpresa de Calabozo — Bolívar derrotado cerca de Valencia y refugiado en los llanos — Su atrevida

CAPÍTULO XI
Estado de Providencia a mi regreso y de las fuerzas listas para partir, expedición de Ferrari al desaguadero del río San Juan en Nicaragua. Partida de la división para el Chocó. Rendición en Candelaria de una flotilla española. marcha por el Atrato y derr

CAPÍTULO XII
Viaje del general Aury a Santafé por el Magdalena — Descripción del cli­ma, usos y costumbres de estos habitantes, producciones, animales, etc., de estos lugares — Promulgación del armisticio y estado de las fuerzas armadas — Llegada de Bolívar a Santafé

CAPÍTULO XIII
Climas, usos y costumbres de los indios mosquitos y nuestra permanencia entre ellos —Llegada a Providencia y a Cartagena — Capitulación de aquella plaza — Se me confía una expedición para apoderarnos de Omoa y del castillo de San Felipe — Partida en un pe

CAPÍTULO XIV
Llegada a Santo Tomás y su descripción — Partida para la Valija — Comercio en Comayagua y Jamaica — Partida para el Chocó y riesgo corrido — Arribo a la Valija y expedición de mercancías a Trujillo — Pérdida de las mismas — Nuevo comercio en cl golfo Dulc

APÉNDICE
- X -
 


Llegada a Santafé de Bogotá y acogida que tuve
- Continuación de la campaña de Bolívar después de la toma de Angostura - Expedición de Morillo a Margarita y sorpresa de Calabozo - Bolívar derrotado cerca de Valencia y refugiado en los llanos - Su atrevida marcha hacia la Nueva Granada - Batalla de Boyacá y entrada a Santafé - Formación de la República de Colombia y viaje de Bolívar a Angostura - Estado de aquella plaza a su llegada y nuevo plan de campaña al disolverse el Congreso de Venezuela - Cumplimiento de mi misión con el regreso a Providencia por la vía del Chocó.
 


(De la página 248 a la página 269)

Mi llegada fue de improviso y tanta diligencia había tenido en la marcha, que el correo enviado por el general Valdés sólo llegó aquella tarde. Fui recibido con mucha deferencia y alojado en el mismo palacio y me sentaron a la misma mesa de Santander, a su izquierda. A la mañana siguiente en los periódicos apareció el anuncio de la llegada de un oficial superior de Buenos Aires, que traía la feliz noticia de que una fuerte división de tropas y una gran flota, que ascendían en total a diez mil hombres, venia en socorro de la república. Esto se hacia de propósito para electrizar cada vez más los ánimos y hacerlos acudir con más valor a la defensa de la patria. En efecto me hice ver de paseo por Santafé con el Vicepresidente y después de almuerzo salí a caballo con su cuñado el coronel Briceño, actual ministro de guerra, y con el jefe de Estado Mayor de Santander. Por la tarde fui introducido en la tertulia de las señoras Ibáñez y aquí, por casualidad, encontré que las amigas intimas de Santander y de Bolívar eran dos hermanas, hijas de aquel mismo Ibáñez a quien había salvado de la masacre que se hizo al tomar el brick de guerra español al que nosotros pusimos el Espartano. Es increíble la gratitud que mostraron hacia mí estas gentiles jóvenes, hasta el punto de que no me daban otro tratamiento que el de hermano. Al día siguiente fuimos con ellas y con el coronel de la guardia a visitar los arsenales de artillería y mosquetería, la fábrica de pólvora y el hospital militar, siempre a caballo, porque aquí se acostumbra que también las señoras cabalguen. Aquí supe que Bolívar, dueño de Angostura y de toda la Guayana, tuvo un fuerte refuerzo de tropas que le vinieron de Londres con armas y municiones en abundancia, por lo cual pasó el río Orinoco e invadiendo la provincia de Paria (1) se presentó por Cumaná y Barcelona (2) , haciendo frente con variado éxito a las tropas españolas que trataban de batirlo y aniquilarlo. Morillo entre tanto se había movido sobre la isla de la Margarita para someterla y quitarle a la república este baluarte, pero batido y rechazado por el general Arismendi (3) , se vio obligado a abandonar la empresa y a regresar derrotado a Caracas. Esta fracasada operación fue la causa que le impidió tratar de reprimir a Bolívar, quien en las selvas de Guayana aumentaba cada día sus fuerzas y con repetidos ataques y marchas forzadas inquietaba de tal manera el territorio ocupado por los españoles que estos, no acostumbrados a tantas incomodidades y al clima destructor, perecían más por la fatiga que por los golpes del enemigo. El empeño de Bolívar consistía precisamente en fatigarlos, y acosarlos contra los pasos montañosos y llenos de bosques y pantanos, donde no podían hacer uso de su artillería y se veían obligados a abandonar sus bagajes y a dejar las más de las veces las provisiones en manos del enemigo. Finalmente Morillo, reforzadas sus tropas con tres mil hombres llegados de España con el capitán general Canterac, buscó en las llanuras al enemigo acérrimo del nombre español, pero, cuando estaba en Calabozo (4) , fue sorprendido a altas horas de la noche por el vigilante Bolívar y obligado a huir, habiendo sido perseguido hasta las goteras de Valencia. Allí Morillo, después de reunir varios cuerpos, tomó la ofensiva y le propinó tal derrota a Bolívar, que este no pudo salvarse sino con unos pocos, para buscar refugio en las inmensas llanuras de Casanare. Pero no por esto perdió el ánimo el intrépido Libertador y, en vez de reunirse con el general Soublette, a quien había dejado en la Guayana con pocos hombres para defender a Angostura, y de buscar en aquellas inmensas selvas el resarcirse de la derrota, cambió de ideas y de elevados proyectos y meditó la invasión de la Nueva Granada. Era la estación de invierno, en la cual caen lluvias torrenciales que inundan por todas partes la campiña, y en los dilatados llanos de Caracas y Casanare (5) el ojo no ve sino un gran mar. Sin embargo el intrépido Bolívar, derrotado pero no abatido, escogió esta terrible estación para poner por obra un plan que hará siempre época en la historia de las naciones y que fue el verdadero origen de la República de Colombia. Sin dar ningún aviso al Congreso, que con impaciencia lo esperaba en Angostura, reúne un ejército, en su mayor parte formado por aquellos mismos pastores acostumbrados a cuidar de sus hatos y a perseguir fieras, pero que estaban siempre prontos para nuevas batallas.

Les ofrece un buen botín con la toma de Santafé y con este acicate los hace instrumento de sus victorias. Después de una penosa marcha de varios meses a través de inmensas llanuras, cruzando unas veces ríos muy grandes, otras pantanos impracticables, llega con su ejército, o mejor con su miserable banda, al pie de la cordillera de los Andes que sirve de límite al Nuevo Reino de Granada. Cual fuese la miseria de estos intrépidos hombres cualquiera puede imaginarlo por la naturaleza de su marcha, pero no tenían de qué quejarse porque sus jefes, los generales y el mismo Bolívar, compartían con ellos las mismas fatigas. Ninguno de ellos tenía con qué cambiarse y entre el fango, el agua, las incomodidades, la escasez y las privaciones de todo género, más parecían bestias que hombres. Pero con esto no había terminado todo; debían salvar aquellas altas cimas cubiertas de nieve y sobre las que no había esperanza de encontrar un pedazo de carne para alimentarse. Por consiguiente, después de sacrificar los caballos y repartírselos entre todos, cargaron con aquella carne, y además con varios fusiles y varias cartucheras por cada hombre, y así intrépidamente emprendieron en aquella horrible estación el paso de los Andes, terrible para quien va sin impedimenta, y ya puede imaginarse lo que podría ser para una tropa cansada, hambrienta y cargada de peso. Sin embargo su coraje no se desanimó y seguían alegremente las huellas de sus jefes, que les prometían al otro lado de aquellas cimas el descanso y un buen botín en recompensa de sus fatigas y de su incomparable heroísmo. Habiendo llegado a Varinas (6) se restablecieron un poco de las incomodidades sufridas; pero estaban casi todos convalescientes y eran incapaces de manejar las mismas armas que habían traído sobre sus espaldas. Santander hábil e irreductible general llevó a Bolívar un refuerzo de tres mil hombres y además lanzaba proclamas en que, con aquella elocuencia que le era innata, explicaba el derecho de los americanos a sacudir el yugo español y excitaba los ánimos para que todos tomaran las armas y se unieran a sus hermanos en pro de la salvación común. No fueron infructuosas sus prédicas y de todas partes corrían granadinos bajo las banderas de Bolívar. La noticia de esta inesperada invasión ya había llegado a Santafé, donde el Virrey Sámano (7) se encontraba en una terrible consternación, no acertando a comprender cómo Bolívar, batido y derrotado por Morillo, tuviese la osadía de venir a conquistar a [Nueva] Granada. Reunió todas las fuerzas que estaban bajo su mando, nacionales y reales, y envió al general Barreiro con ocho mil hombres entre infantes y caballos y con buena artillería, para impedir al audaz [Bolívar] que pasara adelante y hacerle pagar a caro precio su temeridad. A marchas forzadas se dirigió el general español al encuentro de los republicanos, que entre tanto, restablecidos de su larga marcha y acrecido su número con los voluntarios que se les unían, podían estar en condiciones de hacer frente a sus opresores, aunque la diferencia era muy notable, ya por el número ya por las armas y municiones, porque en gran parte no estaban armados sino de las lanzas fabricadas por orden de Santander en Varinas [sic]. Finalmente los ejércitos se encontraron en las cercanías de Sogamoso y Bolívar obró con tal destreza que esquivó al enemigo, dejándolo a la espalda, y se dirigió a toda carrera hacia Santafé. El general Barreiro (8) ,que temía que la ocupase antes que él y que por la simpatía que tenía allí pudiera sacar una gran, ventaja, se puso a seguirlo, lo alcanzó cerca de Tunja y le cortó el paso presentándole, batalla. Barreiro se había colocado en una ventajosísima posición cerca a la población de Boyacá (9) , la cual estaba formada por una colina que por la derecha se extendía en un llano y a la izquierda había un barranco (9-a) , que le parecía suficiente para no temer ser atacado por ese lado; situó pues la caballería ala derecha, al centro la artillería y desplegada sobre la colina en dos líneas la infantería para impedir a las tropas republicanas que tomaran las montañas que tenía a sus espaldas y por entre las cuales serpeaba el camino real que conduce de Tunja a Santafé de Bogotá.

Bolívar se encontraba en un terreno desigual, a la derecha cubierto de bosques y a la izquierda con una hacienda rodeada de altos muros, que encerraban un amplio campo y una pradera. Dada la señal, Santander avanza por la izquierda con sus voltígeros protegidos por la caballería, mientras que por el frente las columnas de ataque eran dirigidas por el general Anzoátegui, que tenía bajo sus órdenes al coronel inglés HeIn (9-b) con la legión británica. La derecha iba conducida por el general Urdaneta (10) y todos avanzaban para arrojar al enemigo de su posición. Tres veces avanzaron las columnas de ataque y otras tantas fueron rechazadas; la misma caballería impaciente había tentado inútilmente, cuando Bolívar ordenó un cuarto ataque sobre toda la línea y el coronel Rondón, negro de color pero de un corazón magnánimo e intrépido, atravesó, sin ser observado, el bosque con un escuadrón de los suyos, pasó el barranco (10-a) y, donde parecía que era imposible que la infantería pudiera subir, se arriesgó él con sus caballos, arengó a los suyos con tono firme y les dijo que de ellos dependía la victoria; que tres veces habían tratado de tomar la colina de frente pero que habían sido siempre rechazados; que esta vez era necesario vencer o morir. Espolea su caballo y después de mil obstáculos llega a la cima con unos pocos y sin esperar a los otros, que lo seguían, hace resonar las trompetas y con un grito de muerte se lanza entre las dos líneas. La segunda línea española, a vista de la caballería, presa de un terror pánico se da a la fuga, y la primera, que contra las masas que avanzaban hacía un vivo fuego cuyo humo gracias a un viento propicio le cubría la retaguardia, se creyó rodeada y depuso las armas en el momento en que las primeras filas coronaban las alturas. Barreiro fue arrastrado por el terror general de su segunda línea y se salvó por las montañas con todo su equipaje, la caballería y la mitad de la infantería, habiendo caído la otra mitad en poder del vencedor. Los republicanos tuvieron que lamentar la muerte del general Anzoátegui y la del coronel Heln (10-b) , sin contar la pérdida de casi tres mil hombres entre muertos y heridos. Bolívar ascendió inmediatamente al coronel Rondón, a quien nombró en aquel instante general y libertador (10-c) , diciéndole que el honor de la jornada de Boyacá era suyo. Este se entregó con toda su fuerza a perseguir a un enemigo que huía delante de él como la cierva delante del cazador. Tres mil fueron los prisioneros y pocos más eran los hombres que le quedaron disponibles a Bolívar para coger enteramente el fruto de la victoria. Hizo enrolar en los diversos cuerpos a los americanos, que eran muy numerosos, pero no perdonó ni siquiera a un español y esta jornada se manchó con la sangre de varios centenares que fueron sacrificados sobre el mismo campo donde vilmente habían depuesto las armas (11) . Era necesario tomar esta terrible resolución, no tanto para vengarse de los que Morillo había hecho fusilar inhumanamente en Santafé, cuanto para poder perseguir más libremente a un enemigo a quien quería destruir totalmente antes del día siguiente. En efecto, sin dar reposo ni tiempo de comer a los victoriosos y fatigados soldados, se puso en marcha a través de hórridas selvas y empinadas montañas, caminando toda la noche a conveniente distancia de los flancos del enemigo para cortarle la retirada sobre Santafé. Barreiro al caer la noche, por causa de la caballería de Rondón que le seguía con las lanzas sobre las espaldas, creyó que tenía detrás de sí a todo el ejército de Bolívar, por lo que, habiendo escogido una óptima posición militar, vivaqueó entre aquellos montes siempre con el temor de ser atacado. El bravo Rondón entre tanto, para mantenerlo en el error de que con él estaba todo el ejército, habiendo escogido un lugar favorable, encendió una infinidad de fogatas para hacer creer que allí acampaban los vencedores de Boyacá (11 bis) . Cuando Barreiro se puso en marcha Bolívar ya había llegado a la boca de la montaña, que da a una amena llanura donde corre un riachuelo al pie de la cuesta Allí, solo cuando ya era pleno día, permitió a sus soldados un poco de descanso y a la llegada de la vanguardia enemiga los republicanos pasaron el río y, desplegados, enfilaron el desfiladero en donde, encerrados, los fugitivos españoles no podían presentar sino pocos hombres de frente, mientras las alturas circundantes estaban cubiertas de republicanos. Barreiro se creyó entonces cercado y no imaginó que a sus espaldas tenía tan poca gente como era la que conducía Rondón. Pidió capitulación, la que le fue acordada, estipulando que se rendiría como prisionero de guerra, que él con todos los oficiales superiores sería remitido a Cartagena y que al resto del ejército se le perdonaría la vida. Esta última cláusula era demasiado, pero una tan hermosa hazaña hizo que se concediera. La caja militar, las banderas, toda la artillería, todas las armas y municiones, los equipajes y toda la división de Barreiro, sin exceptuar ni un solo hombre, fueron los trofeos de esta victoria que se denominó la batalla de Boyacá, memorable para la liberación de la Nueva Granada.

Solo un oficial pudo huir y después de pocos días de marcha forzada llegó a Santafe a dar la infausta noticia al Virrey Sámano. Este no quería creerle, pero asegurado de ello con muchos detalles y como se le hubiera suplicado que huyera porque la caballería republicana venia sobre la capital remudando caballos, habiendo reunido por la noche a todos los empleados públicos y a los españoles principales, antes del amanecer se dio con ellos a la fuga por la vía de Honda (12) , en donde se embarcó y, llevándose todas las embarcaciones, bajó con ellas el río Magdalena y se refugió en Cartagena. Anduvo bien avisado en huir, porque esa misma tarde llegó a Santafé el general Rondón (12 bis) con solo cincuenta caballos y lo persiguió hasta Honda, pero la falta de embarcaciones le impidió apoderarse de aquel hombre que había hecho derramar tanta sangre en la capital de la [Nueva] Granada.

Todo el tesoro de este Virrey, todas sus cartas, correspondencia, planes y su peculio particular se encontraron en su palacio. Las casas de los españoles y sus negocios así como los de los que habían abrazado la causa contra la república, fueron entregados al saqueo. Además todo lo que era propiedad de los españoles y del rey fue confiscado y vendido y su producto repartido, la mitad al gobierno y la otra mitad al ejército libertador, dividida en varias partes según los grados; así Bolívar cumplió cuanto había prometido en las llanuras de Casanare. El botín fue particularmente incalculable y las partes tomadas bastante respetables, por lo cual los generales, coroneles y capitanes del ejército se vieron de inmediato dueños de soberbias haciendas, palacios, casas, tierras y un buen peculio. De las provincias conquistadas llegaron prontamente los principales americanos quienes reunidos en Congreso, decretaron desde aquel momento que él Nuevo Reino de Granada, la Capitanía de Venezuela y la dé Quito, formarían una sola república bajo el nombre de Colombia. Que Bolívar sería el Presidente y Santander el Vicepresidente. Que Santafé seria la capital hasta que se hubiese designado un lugar propicio paf a erigir una ciudad con el nombre de Bolívar (13) , donde residiría el gobierno, que la batalla de Boyacá se celebraría cada año con una fiesta solemne y que a cada uno de los que habían asistido a aquella jornada se le daría una cruz sobre la cual estaría el nombre de Boyacá. Que todos los que se hubieran distinguido serían reconocidos con el título de libertadores de Cundinamarca, título que se debía en primer lugar a Bolívar como libertador también de Venezuela. Que el Congreso de Angostura sería disuelto y que los miembros habrían de dirigirse a la capital para formar parte del nuevo congreso que iba a establecerse en Tunja (14) para deliberar mejor sobre las leyes necesarias para consolidar la gran república, cuya máxima era escoger, por medio de sus representantes, leyes humanas, sabias y propias para su bienestar. Que todos los españoles bajo pena de muerte debían abandonar en el término de un mes el territorio de Colombia, que sus bienes raíces serian entregados al gobierno, a no ser que sus hijos nacidos en América prefirieran quedarse a vivir allí en vez de seguir a sus progenitores. Que el Presidente tendría facultades ejecutivas y el mando de los ejércitos, mientras el Vice-Presidente debería reemplazarlo en la capital para el buen establecimiento y orden del gobierno.

Sería elegido un Presidente del Congreso de entre los miembros que lo componían, de seis en seis meses, hasta nueva disposición. El Presidente y el Vice-Presidente de la República se elegirían cada cuatro años y finalmente se organizarían tropas para destruir totalmente a los españoles y expulsarlos de todos los puntos de Tierra Firme. La entrada de Bolívar a Santafé, llevado en un carro triunfal y rodeado de todas las más bellas jóvenes, envuelto en guirnaldas de flores, fue uno de los días más bellos de su vida. Detrás del vencedor venían todos los oficiales españoles y los prisioneros con los trofeos de la victoria. Una parte de ellos fue incorporada a las tropas y a los oficiales se les señaló la ciudad por cárcel, pero no pasó mucho tiempo sin que, acusados de conspiración y juzgados por una comisión militar especial, fueran reconocidos reos y condenados a ser fusilados y ni siquiera uno de todos los comprometidos en la capitulación escapó a la muerte. Inmediatamente se organizaron varios ejércitos. Uno, que en poco tiempo llegó a seis mil hombres bajo el mando del general Urdaneta, marchó hacia Cúcuta (15) . Uno de tres mil fue enviado al sur a órdenes de Valdés que ya había salido de Cartago (16) , mientras que otro era organizado en Honda por el mismo Santander; entre tanto Bolívar, veloz como el rayo, pasaba por Tunja y el lago de Tota, atravesaba el páramo de Toquilla y, ya en los llanos, se embarcaba en el Apure, con mucho dinero y vestuario, lo descendía rápidamente hasta el Orinoco y por este comparecía de improviso en Angostura (17) , después de más de siete meses de que esta ciudad y el congreso allí establecido no sabían nada del lugar a donde la marcha de Bolívar había llevado consigo al resto del ejército que había sido derrotado por Morillo en Valencia. Entre tanto Morillo, pasada la estación de las lluvias y envanecido con el buen suceso contra Bolívar, pasó el río Unare y forzó al general Soublette a replegarse sobre Angostura para defenderse.

En este tiempo el Almirante Brión, salvado por nosotros en San Bartolomé, llegó a la Margarita y de allí a poco arribaron de Londres ochocientos hombres ingleses, por lo que el general Arismendi (18) , que gobernaba aquella isla, se decidió a entrar en el Orinoco para ir a ver en qué estado se encontraba Angostura, ya que hacía varios meses que carecía de noticias, y en caso de que estuviese en manos de los españoles pensaba reconquistarla. Con tal fin, equipada la flota con todo lo necesario y provisto de las armas y municiones que Brión llevaba para Bolívar, penetró en el gran río y después de dos días de navegación se encontró con una pequeña flotilla de flecheras españolas e indígenas que querían disputarle el paso, pero a las varias andanadas de los barcos mayores, tuvieron que huir y esconderse en los diversos ríos que vienen a arrojar sus aguas en el Orinoco. Llegaron a Angostura en el momento en que el Congreso se encontraba en la más terrible situación. No se tenían más noticias de Bolívar después de su derrota y había solo pocos hombres conducidos por el general Soublette y perseguidos por Morillo, que se acercaba al Orinoco por las selvas de Guayana para pasar aquel río y destruir a viva fuerza a esta supérstite cuna de la república. Cualquiera puede imaginar de cuanta esperanza y consuelo fue para todos, y especialmente para el Congreso, la llegada de Arismendi. Fue aclamado como el libertador, el salvador de la república, y por un decreto del Congreso, cuyo Presidente era Zea, fue declarado desertor de la república el generalísimo Bolívar, por haberse alejado con las avanzadas del ejército sin orden ni conocimiento del Congreso y por haber dejado en tan extremo peligro al gobierno, que se encontraba expuesto a las armas de Morillo.

En aquella extrema emergencia Arismendi fue nombrado Presidente por el Congreso y general en jefe del ejército. El señor Zea fue hecho Vice-Presidente. La llegada de la flota, el refuerzo de los ingleses, de armas y de municiones, hicieron dudar a Morillo de intentar el paso del río. Sin embargo adelantaba ocultamente sus preparativos, cuando de improviso apareció el intrépido y afortunado Bolívar. Habiendo hecho reunir el Congreso, expuso, con aquella magnanimidad y grandeza propias de la operación, sus marchas, sus batallas, sus trofeos, el nuevo estado de la república, y, a nombre de ésta, de la que era Presidente, ordenó que fuese al instante disuelto el Congreso. Que el general Arismendi volviera a su isla con la flota del Almirante Brión, que el doctor Zea fuera a Europa en una misión importante. Que los miembros del Congreso se dirigieran en seguida a Tunja para la apertura del nuevo Congreso, que el general Soublette pasara a ser capitán general de la provincia de la Guayana y marchara con su ejército sobre las provincias de Paria y Cumaná, al mismo tiempo que el general Páez con todos sus llaneros marcharía a los llanos de Caracas y se uniría al ejército que a órdenes del general Urdaneta se reunía en Cúcuta, a cuya cabeza iría a ponerse el mismo Bolívar en persona. Dispuso también que el general Bermúdez (19) organizara con el general Clemente (20) una flotilla ligera para expulsar a los españoles del Orinoco y para que con las tropas de la Margarita se arrojaran sobre Barcelona y la misma Cumaná. Entre tanto pagó a los soldados, que muy pronto gritaron: Viva el Libertador, viva el Presidente Bolívar; y comunicó inmediatamente a Morillo la toma de la Nueva Granada con la derrota total del ejército, diciéndole que había venido expresamente a enfrentársele. Morillo no podía dar fe a una empresa tan atrevida y parecía dudar, cuando un barco venido de Cartagena trajo a Caracas la noticia, que le fue enviada por correo a la Guayana. Entonces, viéndose burlado por este intrépido americano, temió que también esta vez pudiera engañarlo, y, sin entretenerse más en las orillas del Orinoco para continuar en la guerra ofensiva, se retiró inmediatamente a cubrir la provincia de Caracas, que quedaba al descubierto por las operaciones de Páez y de Urdaneta, quienes podían obrar a espaldas suyas, mientras que el general Soublette lo perseguía, para tenerlo así ocupado en tres puntos sin dejarle entender por cual de los tres vendría el ataque principal. Habiendo dado Bolívar todas estas órdenes y recibido noticia del inminente arribo a la Margarita del general inglés Devreux con una división reclutada en Londres, ordenó al general Montilla (21) que se trasladara allá para atenderle y desempeñar ante él las funciones de Jefe de Estado Mayor, dándole las instrucciones necesarias para que, con la escuadra de Brión, se apoderasen de Riohacha (22) en la Provincia de Santa Marta, marchasen por el valle de Upar (23) , donde encontrarían una división procedente de Ocaña que se uniría con ellos, y siguiesen luego juntos sobre Santa Marta, al mismo tiempo que otra división, bajando por el Magdalena, se dirigiría sobre Cartagena. Ordenado así el nuevo plan de campaña, se embarcó en una ligera canoa y remontando el Orinoco hasta el Apure subió por este río a Casanare y de allí fue a unirse con su ejército en Cúcuta. En este punto estaban las cosas cuando yo llegué a Santafé de Bogotá; por esto se me ordenó que retrocediera inmediatamente por el Chocó (24) y me dirigiera rápidamente a Providencia, para que Aury, con su escuadra y su división, viniese al golfo del Darién y con ella penetrase y se apoderase del Chocó, reuniéndose con el general Valdés, y en caso de que esta provincia a nuestra llegada fuese ya de la república, volviésemos entonces nuestras operaciones sobre Tolú (25) y la plaza de Cartagena, haciendo el modo de tener estos dos puntos bloqueados por mar y por tierra, en cuanto lo permitieran nuestras fuerzas, ya que no tardaría mucho el mismo Bolívar en descender por el Magdalena para sitiar a Cartagena y a Santa Marta.

Recibidas estas instrucciones partí rápidamente por el mismo camino y volví a ponerme mis vestidos de paisano. Habiendo llegado a Cajamarca (26) repasé el terrible paso de los Andes, el cual fue menos fatigoso para el pecho porque solo tuve que subir dos días y el resto fue una de las bajadas más peligrosas que jamás se puedan imaginar. El terreno, humedecido por las continuas lluvias, estaba tan fangoso que se resbalaba uno en forma peligrosísima y era necesario asegurarse en las plantas y matorrales y raíces de los árboles para no despeñarse. Al llegar a San Agustín referí a mi modo el viaje hasta Roldanillo, haciendo creer que los patriotas me habían tenido hasta entonces prisionero, para lo que me había provisto oportunamente de cartas del gobernador militar y del alcalde de aquel lugar. Me sellaron el pasaporte para Citará a donde llegué con fiebres cotidianas. Estuve medio día en Citará para informar al gobernador español de cuanto me pareció bien decirle, de acuerdo con mi situación, y obtuve el permiso de partir. En tres días y tres noches de bajada me hallaba en la vigía (27) , pero para mi desgracia no estaba allí la goleta que me debía recoger ni había ningún otro barco listo para partir. Estaba enfermo y las fiebres no me dejaban, sin embargo pasé tres días alimentándome de grandes monos y de algún ánade que llaman pato y nada más. Me preparaba a viajar en una canoa para San Blas, cuando llegaron algunos indios cunacunas que habitan en el Darién y nos dijeron que en San Blas había dos barcos ingleses cargando banano, casabe y ñame, por lo que me apresuré a dirigirme allá. Cinco días empleamos para llegar, siempre bordeando la costa en una pequeña canoa, y nuestro alimento consistía en macacos, monos grandes o papagayos, que los indios de la canoa mataban con sus flechas cuando saltábamos a tierra en los diversos lugares, que se asaban rápidamente sobre las brasas del fuego que encendíamos y se comían sin más condimento. Habiendo llegado finalmente a las islas, encontramos otros indios que nos vendieron bananos, frutas y gallinas y al séptimo día encontramos la misma goleta inglesa que me había llevado al Chocó, la cual, hacía provisión en aquellas playas para venir después a esperarme en la desembocadura del Atrato, y entonces supe que había estado varios días anclada en Candelaria esperándome. Monté en ella y en dos días, con el viento casi a popa, llegué a Providencia, donde el general comenzaba a dudar de mí por la demasiada tardanza, pues ya habían pasado cuatro meses desde mi partida (28) ; pero con la noticia que le llevé del buen éxito de Bolívar, de las operaciones que se le asignaban para cooperar al sólido establecimiento de la gran república de Colombia, no pudo menos de mostrarme su gratitud nombrándome Mayor efectivo de artillería y subjefe de su Estado Mayor.

N. B. Resulta del pasaporte español y republicano y de la hoja de servicios, lo mismo que del brevet de Mayor de fecha 24 de noviembre de 1819 y de la carta del secretario General, de la Croix, en la misma fecha para pasar al Estado Mayor.

 

 

(1) Denomina provincia de Paria a la que está bañada por las aguas del golfo del mismo nombre y que en parte constituye la provincia de Cumaná.
(2) Eran provincias al NE. de Venezuela; más oriental la de Cumaná, la de Barcelona le seguía hacia el occidente sobre la costa.
(3) Véase la nota 14 del capítulo 7. 
(4) Quedaba en el cantón homónimo de la provincia de Caracas (y. Resumen, p. 880-881). Hoy es capital del Estado Guárico, sobre el río Guárico, y tiene unos 7.000 habitantes. En torno a ella se extienden los llanos y tiene un intenso comercio de ganado.
(5) Afluente del Meta por la banda izquierda, fuera de los limites de la República de Venezuela. También una localidad tenía el mismo nombre cerca de la orilla derecha del río.
(6) Según el itinerario que aparece en la plancha 7 del Atlas de Venezuela, parece que Bolívar recorrió, ascendiéndola, la hoya del río Meta. Por consiguiente el paso de la cordillera de los Andes fue un poco al 5. del 60 paralelo. Por consiguiente este Varinas no debe confundirse con Barinas y debía ser una localidad pequeña y de escasa importancia.
[El relato de Codazzi no es bien preciso y este Varinas o se refiere a Vargas, lo que nos parece poco probable, o debe referirse a Tame, lo que por el resto del relato parece más acertado. Nota del traductor].
(7) Juan Sámano asumió el virreinato de la Nueva Granada el 9 de marzo de 1818; el 9 de agosto de 1819, después de la batalla de Boyacá, abandona a Bogotá, y el 21 de marzo de 1820 a Cartagena. Muere en Panamá a fines de 1820 [sic]. No regresó a España porque no quería jurar la Constitución de 1812.
Mollien, que recorrió a Colombia en 1828 (Viaggio alla republica di Colombia del Sig. Mollien, tradotto in italiano da Gaetano Barbieri, 1825), dice, (p. 182 del vol. 1), que Samanon (Sámano) era un "viejo inepto, fiel al sistema de barbarie y de proscripción que en otra época hizo odioso el nombre el duque de Alba, y que aún por causa de sus años era implacable adversario de todo lo que contradijera sus máximas".
(8) Mollien (op. cit., p. 190), llama Barreira al general español que se encontró con Bolívar en Boyacá y dice que la batalla ocurrió porque, habiendo sabido Barreira que Bolívar se dirigía a Santa Fe, temiendo que llegase y "con el concurso de sus numerosos partidarios se apoderase de ella" quiso cortarle el camino y por ello lo obligó a la batalla, quedando competamente derrotado. Las dos versiones son bastante diversas, pero merece más crédito la de Codazzi, porque fue casi testigo ocular y estuvo muy cerca del lugar y de los hombres que tomaron parte en la histórica jornada.
(9) Al SE. de Tunja, cerca del camino que conduce a Bogotá. La batalla tuvo lugar el 7 de agosto de 1819.
(9-a) [En el texto italiano dice ravino, palabra que no aparece en los diccionarios italianos. Parece que se trata de un galicismo: ravin, torrente, quebrada, barranca formada por los torrentes y aluviones. Nota del traductor].
(9-b) [Así aparece en la edición italiana. Debe tratarse de una mala transcripcción del original italiano. El comandante de la Legión Británica, o batallón de Rifles Británicos, en el Pantano de Vargas -y evidentemente aquí se trata de esta acción y no de la de Boyacá- era el coronel Jaime Rooke, quien murió dos o tres días después del 25 de julio de 1819, fecha de la acción. Nota del traductor].
(10) Rafael Urdaneta (Codazzi escribe también Urdaneta) (1789-1845) de Maracaibo, abrazó muy joven la causa de la independencia, así que en 1815, a los 26 años, era general. Participó en casi todos los acontecimientos colombianos hasta 1880, y especialmente en 1818 su acción fue sumamente útil. En 1881 se trasladó a Venezuela, a cuya república prestó sus servicios, y murió en Europa, en París, mientras trabajaba por el reconocimiento de la República de Venezuela.
[Urdaneta no participó en la Campaña Libertadora de la Nueva Granada en 1819. Nota del traductor].
(10-a) [Véase la nota 9-a].
(10-b) [Anzoátegui no murió ni en el Pantano de Vargas ni en Boyacá; falleció repentinamente en Pamplona el 15 de noviembre de 1819. Sobre el coronel HeIn, véase la nota 9-b. Nota del traductor].
(10-c) [Juan José Rondón era teniente coronel de caballería cuando dio su famosa carga en el Pantano de Vargas, la que le mereció el ascenso a coronel con fecha 26 de julio de 1819. Rondón falleció en Venezuela sin ascender al grado de general ni haber ostentado nunca el título de Libertador. Nota del traductor].
(11) Lo que aquí refiere y que le deja una penosa sensación de horror, no lo olvidará el día en que Bolívar, perdido su antiguo prestigio, asistirá impotente al derrumbamiento de su obra. Entonces Codazzi, recordando esto y otras cosas, no considerará su deber seguir a quien se había manchado de sangre.
[Ni en el Pantano de Vargas ni en Boyacá fueron sacrificados por los patriotas los prisioneros realistas. Barreiro era quien había permitido que fueran asesinados en su presencia los prisioneros patriotas en las anteriores acciones de Gámeza, Corrales y Puente de Gámeza (10 y 11 de julio de 1819). Nota del traductor].
[En todo este relato Codazzi confunde la acción del Pantano de Vargas con la de Boyacá e incurre en varias inexactitudes. Téngase esto presente para saber qué crédito se ha de dar a su relato y no dejarse llevar de la exagerada admiración del profesor Mario Longhena, que siempre le da la razón a Codazzi. Nota del traductor].
(11 bis) [Lo que sigue es lo que se refiere propiamente a la batalla de Boyacá, relato que adolece de tantas inexactitudes como el anterior sobre la acción del Pantano de Vargas. Ni Boyacá fue la encerrona que describe Codazzi, ni hubo la capitulación que menciona más adelante. Sobre la Campaña Libertadora de la Nueva Granada, véase la documentada obra del coronel CAMILO RIAÑO, La Campaña Libertadora de 1819, Bogotá, D. E., Ed. Andes, 1969. Nota del traductor].
(12) Había entonces un camino directo que unía a Bogotá con Honda. Actualmente hay una doble vía férrea a las ciudades de Girardot y La Dorada, ambas sobre el Magdalena.
(12 bis) [No fue el coronel Rondón, sino el general Anzoátegui, quien siguió en persecución de los fugitivos hasta Honda. Nota del traductor].
(13) En efecto surgió una pequeña población con el nombre del Libertador, sobre la alta Cordillera, en localidad saludable y con un maravilloso paisaje alrededor, pero ninguno ha pensado nunca en trasladar a ella la capital. Lo que aquí se refiere es consecuencia del entusiasmo de la batalla de Boyacá; el tiempo ha hecho olvidar la promesa. En cambio hoy un departamento lleva el nombre de Bolívar, entre la parte norte del río Cauca y el Magdalena, que se extiende hasta el mar. Cartagena es la capital y tiene 86.000 km 2 y 751.960 habitantes.
[Cuatro municipios con el nombre de Bolívar hay en la actual República de Colombia, pero ninguno de ellos se creó en cumplimiento de la ley fundamental de Angostura. Téngase en cuenta además que los datos de extensión y población que trae Longhena son anteriores de 1960 y a la creación del nuevo departamento de Sucre. Nota del traductor].
(14) Hoy es capital del departamento que ha tomado su nombre del de la batalla de Boyacá; está a 2.798 m. sobre el nivel del mar.
[El Congreso Constituyente de la República de Colombia no fue convocado para Tunja, sino para la villa del Rosario de Cúcuta, donde se reunió en 1821. Nota del traductor].
(15) Capital del departamento de Norte de Santander.
(16) Cerca de la orilla derecha del río Cauca.
(17) Que después será llamada Ciudad Bolívar. Fue fundada en 1784 sobre la orilla derecha del Orinoco; su actual desarrollo depende de que barcos a vapor la ponen en comunicación por el río con otros centros.
(18) Y los historiadores dicen que al fin tuvo que rendirse frente a la superioridad de las fuerzas enemigas
(19) Véase la nota 16 del capitulo 6. 
(20) Nombre de un italiano que no aparece ni en los diccionarios biográficos ni en la Gran Enciclopedia Hispano-Americana. Codazzi lo volverá a encontrar cuando regrese, en 1826, a Venezuela.
[No encontró quizá el profesor Mario Longhena en los diccionarios que consultó el nombre del general Lino de Clemente, venezolano y no italiano. Nota del traductor].
(21) Así se refiere a él Mollien (op cit., vol. 1, p. 200-201: "Montilla es émulo del jefe de los llanos (esto es de Bolívar); guardia de corps en otro tiempo en España, ha creído encontrar en la revolución el modo de hacer fortuna. La preponderancia de que goza aparece peligrosa a los ojos del gobierno y, aunque se le haya enviado a Cartagena, se le considera todavía (estamos en 1823) demasiado vecino a Caracas, donde los notables, deseosos de oponerle a Bolívar otro jefe, elegirían de buen grado a Montilla. Sus modos son los de un señor de gran valía; educado en Europa, posee una elocuencia natural y espontánea, prerrogativa de que carecen la mayor parte de los colombianos"
(22) Hoy río Hacha, en cuya desembocadura hay un pequeño centro, Riohacha [sic. El río en cuya desembocadura está Riohacha es el Ranchería. Nota del traductor]. Actualmente la península de la Guajira pertenece a Colombia.
(23) Corresponde al actual Upar [sic; es Valledupar].
(24) Hoy el Chocó, cuya capital es Quibdó, forma un departamento muy vasto y poco poblado -menos de 100.000 habitantes, de los cuales 1/5 son indígenas-.
(25) Población a la orilla del mar en el golfo de Morrosquillo, al S. de Cartagena.
(26) Es de presumir que aquí se refiera a la rama más elevada [Cordillera Central], entre el valle del Magdalena y el del Cauca y que la haya atravesado al N. o al S. del Tolima. Quizá al S. por el paso del Quindío (3.620 m.), entre Ibagué y Cartago, tuvo lugar la rápida travesía de Codazzi.
(27) Es un regreso precipitado, que aparece todavía más precipitado porque Codazzi no refiere casi nada de lo que le ocurrió, en el fondo quizá porque lo que merecía ser anotado ya lo ha descrito y narrado en el viaje de ida.
(28) Arriba a la isla de Vieja Providencia el 80 de noviembre de 1819, habiendo empleado cerca de 40 días en el viaje de regreso. Téngase en cuenta, sin embargo, que la mayor demora y lentitud fueron precisamente al final, cerca de las bocas del Atrato, cuando en el brazo de la Candelaria -uno de los del delta del Atrato- no encuentra la goleta que lo habla llevado allí.

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