|
INDICE
CAPÍTULO I
Los primeros años Sus estudios en Lugo Voluntario del ejército italiano Hechos de armas Deja la vida militar.
CAPÍTULO II
En Constantinopla: de aquí va por varios países al báltico y después a Holanda Va a América del Norte A sueldo, combate a favor de los insurgentes en el mar de las Antillas (Sus Memorias) Precioso contenido de estas Regresa a Italia En soci
CAPÍTULO III
Regresa a América 24 de mayo de 1826 Comandante de artillería Jefe de Estado Mayor Se ocupa en la geografía estadística y en el Atlas de Venezuela A París.
CAPÍTULO IV
La obra geográfica y cartográfica sobre la República de Venezuela.
CAPÍTULO V
Funda la Colonia Tobar Gobierna la provincia de Barinas.
CAPÍTULO VI
De la República de Venezuela a la de Colombia Comandante de la Escuela Militar Iniciación de sus actividades en Colombia La cuestión del Canal Su muerte.
CAPÍTULO VII
Memorias Póstumas de Constante Ferrari y de Agustín Codazzi.
CAPÍTULO VIII
Juicio sobre Agustín Codazzi.
CAPÍTULO IX
Llegada a San Blas datos sobre aquellos indígenas Partida para el Golfo del Darién y entrada al río Atrato Descripción del clima, producciones, animales e insectos que se encuentran en el río Atrato Llegada a la capital del Chocó, noticias sobre l
CAPÍTULO X
Llegada a Santafé de Bogotá y acogida que tuve Continuación de la campaña de Bolívar después de la toma de Angostura Expedición de Morillo a Margarita y sorpresa de Calabozo Bolívar derrotado cerca de Valencia y refugiado en los llanos Su atrevida
CAPÍTULO XI
Estado de Providencia a mi regreso y de las fuerzas listas para partir, expedición de Ferrari al desaguadero del río San Juan en Nicaragua. Partida de la división para el Chocó. Rendición en Candelaria de una flotilla española. marcha por el Atrato y derr
CAPÍTULO XII
Viaje del general Aury a Santafé por el Magdalena Descripción del clima, usos y costumbres de estos habitantes, producciones, animales, etc., de estos lugares Promulgación del armisticio y estado de las fuerzas armadas Llegada de Bolívar a Santafé
CAPÍTULO XIII
Climas, usos y costumbres de los indios mosquitos y nuestra permanencia entre ellos Llegada a Providencia y a Cartagena Capitulación de aquella plaza Se me confía una expedición para apoderarnos de Omoa y del castillo de San Felipe Partida en un pe
CAPÍTULO XIV
Llegada a Santo Tomás y su descripción Partida para la Valija Comercio en Comayagua y Jamaica Partida para el Chocó y riesgo corrido Arribo a la Valija y expedición de mercancías a Trujillo Pérdida de las mismas Nuevo comercio en cl golfo Dulc
APÉNDICE
|
|
- VII -
Descripción de Buenos Aires, sus usos y costumbres, producciones
de aquel clima e índole de los habitantes; acogida y destinación de
nuestras fuerzas; partida en socorro de Bolívar, arribo a la
Margarita, reunión de nuestra flota con la de Brion, se salva la
marina de Colombia gracias a Aury - Llegada a Santo Domingo,
descripción de aquella isla, de sus usos, costumbres y productos,
partida para Jamaica donde residía el ministro de Buenos Aires,
descripción de aquella isla y partida para la antigua
Providencia.
(De la página 114 a la página 176).
Más de dos días empleamos en llegar al puerto de Buenos Aires,
donde las embarcaciones tienen toda seguridad y con comodidad
pueden cargar y descargar sus mercancías. Los numerosos barcos
ingleses, franceses y americanos que anclan allí nos indicaron
suficientemente el comercio de esta capital, que consiste
especialmente en cueros de toda clase, sebo, plumas, quina, aceite
de ballena, cobre, estaño, lana de ovejas y de vicuñas. Esta
ciudad, capital de la república del mismo nombre, está situada en
una amena llanura sobre la orilla derecha del gran río de la Plata,
que aquí puede decirse golfo, formado por la unión de los ríos
Paraná y Uruguay, por lo ancho y profundo que es. La población
ascenderá a cerca de cuarenta mil almas
(1)
, y es
casi toda blanca, encontrándose poca gente de color.
Las calles son anchas y trazadas a cordel y en general
empedradas; las casas, de un solo piso, construidas a la española.
La plaza mayor es bastante amplia así como el palacio donde residía
el virrey, colocado sobre una pequeña eminencia que domina la
ciudad y el río, y rodeado por una fortificación con buena
artillería. Los habitantes son muy hospitalarios pero poco amigos
de la ocupación y del trabajo; se ve que se han amamantado en las
máximas de aversión a la fatiga, porque viven en un país donde la
facilidad de alimentarse y de ganar dinero les hace despreciar lo
que constituye la verdadera fuerza de los estados: la industria, el
comercio, las artes, las ciencias; y vencidos por el ocio se
entregaban voluntariamente al juego, a las mujeres, y la gente baja
sobre todo a la embriaguez; pero hoy día, cuando estos pueblos
respiran un aire más suave por los próvidos cuidados del directorio
supremo, a cuya cabeza presidía en nuestro tiempo un hombre de
mérito llamado Puyrredón, se han sacudido del letargo en que
estaban; ahora se procura mejorar la educación, infundiendo los
buenos principios, verdaderas fuentes de todo bienestar para los
ciudadanos y para el estado. Las mujeres son muy hermosas y se
asemejan mucho a las españolas, quizá porque aquí, más que en otra
parte, se han establecido las europeas y por consiguiente han
multiplicado la raza que conserva en sus costumbres y usos los
antiguos de la madre patria y gustan mucho del lujo y poco del
trabajo. Esta república se formó, como la de Venezuela, mediante
una revolución que tuvo un buen éxito; desde entonces los españoles
(2)
, la han descuidado hasta el punto de
dejarla gozar hasta hoy de una paz que no los ha adiestrado para la
guerra y que los ha mantenido siempre en continuas disenciones. La
superficie de este país presenta por todas partes inmensas llanuras
sin árboles ni arbustos, cubiertas solamente de espesas hierbas de
más de dos pies de altura. Las manadas de caballos, bueyes y
ovejas, hacen que una parte de la población lleve una vida pastoril
mientras que otra se dedica al cultivo de trigo, patatas y ciertas
raíces que llaman mandioca, que se asemejan mucho a nuestras
gruesas zanahorias, para obtener lo necesario. Hay rebaños de
ovejas, la mayor parte guardados por grandes canes castrados, los
cuales, después de comer bien por la mañana, parten con la grey y
no regresan sino por la tarde, reconduciéndola infaliblemente al
redil, y así economizan el trabajo de los hombres que cultivan las
tierras. Para encender fuego se sirven de la grasa de los animales,
de los cuales hay aquí tanta abundancia que en ninguna otra parte
se han multiplicado tanto. Las manadas inmensas de caballos
salvajes que vagan por aquellas amplias llanuras son innumerables y
asimismo las de bovinos. Los pastores que conducen las manadas de
una y otra especie, a las que llaman domésticas (porque de tiempo
en tiempo las reúnen en algunos cercados en donde se marca a los
pequeños, que siempre siguen por instinto natural a sus madres, y
se castra a los que no deben servir para sementales), estos
pastores, llevan una vida de las más salvajes y están de la mañana
a la tarde siempre a caballo, consistiendo toda su alimentación en
carne sin sal, asada al fuego por medio de la hierba y de la grasa
de los animales. Vestidos miserablemente, con una larga barba, se
albergan bajo unas cabañas construidas con pilares plantados en
tierra el uno al lado del otro y que carecen de puertas y ventanas,
las cuales suplen con las pieles de sus vacas, sobre las mismas
pieles duermen y los cráneos de las vacas y caballos son sus
asientos. Los cuernos les sirven de vasos y el mejor mobiliario que
pueden tener es algún barril para guardar el agua. Entre un pastor
y otro habrá una distancia de casi veinte leguas, por lo cual rara
vez se reúnen en los lugares en donde suelen venderse licores
fuertes. Aquí se juegan y beben todo su dinero y son muy capaces,
por la más leve discusión en materia de juego, de matarse con los
grandes cuchillos que siempre llevan a. la cintura; y que a ninguno
se le ocurra tener el atrevimiento de entrometerse en sus querellas
para pacificarlos, porque a sangre fría y con la máxima
indiferencia presencian el asesinato de uno de sus semejantes.
Están tan acostumbrados a mancharse las manos con la sangre, y tan
alejados del freno de la ley del honor y del deber, que como gozan
de una salvaje independencia les parece que es lo mismo servirse de
aquella arma contra un hombre que contra un animal. Acostumbran a
sus muchachos desde la infancia a montar a caballo corriendo y
galopando todo el día y casi parece que no pueden caminar a pie,
pues hasta sus muertos los llevan a las lejanas iglesias, en viaje
de varios días, amarrados con palos a la silla de algún caballo y
así los llevan hasta la tumba. Manejan un lazo hecho de piel de res
retorcida en cuyo extremo hay un anillo de hierro para que pueda
correr con facilidad; lo lanzan desde cerca de cien pasos de
distancia con una exactitud tal que están seguros de coger por los
pies o por la cabeza al animal escogido aun cuando vaya al galope.
El extremo de esta soga lo tienen atado a la cincha de su silla.
Manejan también muy bien, como los mexicanos de Texas, las dos
bolas que envuelven al cuello o a las patas de los animales.
Vagan día y noche por aquellas vastísimas llanuras en donde no
hay señal de árboles, caminos ni puntos de mira, sino que solo se
encuentra una perfecta horizontal, región en medio de la cual, para
trasladarse de un lugar a otro, sería necesaria la brújula, pero es
imposible que ellos se pierdan o que den vueltas inútiles para
llegar al sitio que desean. En esta zona el aire es puro y sano y
se asemeja mucho al de Europa, pues también allí hay frecuentes
temporales en el verano, que producen mucha lluvia y rayos, más
abundantes empero que entre nosotros; el invierno se deja sentir
con un frío igual al que hace entre nosotros en noviembre y es
prueba de su limitado rigor el que aquí no se conocen ni estufas ni
chimeneas para calentarse; sin embargo la atmósfera es bastante
húmeda en estas regiones, pero no produce nada nocivo a la salud,
por lo que este clima puede pasar por el mejor y más sano de toda
la América. En esta república el terreno es una llanura casi
uniforme y solo se encuentran pequeñas alturas, que se elevan en
medio de ella y que van a terminar en las altas montañas de los
Andes que la separan de Perú y Chile. Los árboles son raros,
excepto a las orillas de los riachuelos, y por esto las maderas
para la construcción de edificios, casas y muebles, vienen del
Paraguay. En los alrededores de la capital y en las tierras
cultivadas se encuentran olivos, naranjas, membrillos, manzanas,
granadas e higos; se cultivan también gisantes, habas, sandías y
también arroz. Una especie de hormiga rojiza
(3)
, más
grande que las nuestras, es el flagelo del Plata, porque se
establecen en un campo y en poco tiempo devastan los sembrados y
despojan a los mismos árboles de sus hojas; salen a hacer estos
daños de noche, y esconden con mucha precaución sus nidos que
difícilmente son hallados por el hombre, el cual con justo derecho
las persigue a muerte. Los ríos ofrecen gran cantidad de peces que
son poco apreciados por estos hombres, que se nutren más bien de
carne, tan abundante que con sus hatos y rebaños proveen a todo lo
necesario para subsistir. Las aves me parecieron abundantes y de
algunas especies bien distintas de las nuestras. Esto es lo que he
podido averiguar en poco tiempo de este país, que hoy se llama
república de Buenos Aires y está gobernada por un directorio
supremo compuesto por representantes de las diversas provincias que
formaban el antiguo reino de la Plata y que se extiende de Chile y
Perú
(4)
a la Patagonia y de esta al Brasil y al
Paraguay. El director
(5)
, que es el Presidente,
era nombrado entonces para un bienio y tenía en sus manos el poder
ejecutivo, mientras que el legislativo residía en los miembros
representantes del pueblo
(6)
. Su constitución es semejante a la de
los Estados Unidos de América septentrional. Las tropas de esta
república, unidas a las de la república confederada de Chile,
habían pasado a reunirse en Santiago, a orillas del Pacifico, bajo
las órdenes del general en jefe San Martín
(7)
, y
debían realizar una invasión al Perú para romper las cadenas de
aquellos pueblos oprimidos, que a grandes voces pedían la libertad.
La flota de Buenos Aires, que había partido a órdenes del célebre
almirante Lord Cochrane
(8)
, había doblado el cabo
de Hornos y, unida a la de Chile, se encontraba en el puerto de
Valparaíso, para de allí, de acuerdo con San Martín, cooperar a la
liberación del rico reino del Perú. Había arribado a esta ciudad de
Buenos Aires, proveniente de Angostura, ciudad del Orinoco, un
enviado de la república de Venezuela, a pedir socorro para que el
intrépido y afortunado Bolívar pudiese arrojar completamente de
tierra firme a Morillo. El Directorio no podía acceder a las
súplicas del enviado por tener todas sus fuerzas dispuestas sobre
el Pacifico para librar al Perú; pero nuestra llegada daba la
esperanza de poder mandar al menos una pequeña división. En efecto
Aury, acogido con gran distinción por haber salvado los restos de
dos nacientes y casi desaparecidas repúblicas como Cartagena y
México, recibió el encargo de socorrer a Venezuela, que estaba en
peligro. Aury depuso todo rencor que anteriormente hubiese podido
alimentar contra Bolívar y prometió hacer con todo empeño, en favor
de éste, todo lo que le fuese ordenado por el supremo Director.
Grande era la actividad de nuestra pequeña escuadra que trataba no
solo de reparar los daños sufridos en una larga navegación sino de
reclutar marinos y soldados para hacer lo posible por organizar una
pequeña división, que había de llevar el terror a los españoles en
donde quiera que los encontrase. Aury, con una actividad
infatigable, hizo armar varios barcos tomados a los españoles por
las fuerzas navales del Almirante Cochrane, y en poco tiempo, en el
puerto llamado de la Ensenada, a diez leguas de Buenos Aires, se
vio surgir, de una pequeña tropa de fugitivos mexicanos, una
gallarda división de casi dos mil hombres entre oficiales de tierra
y de mar, soldados y marineros. Una vez completa, le pasó revista
el mismo Director Puyrredón
(9)
, quien entregó las
correspondientes banderas blancas con dos fajas horizontales azul
turquí y en medio del blanco un sol brillante
(10)
.
Los gritos de Viva la República, Viva el Director, se confundían
con las reiteradas salvas de artillería de los barcos prontos a
zarpar. Al día siguiente el general Aury distribuyó títulos
militares y yo obtuve el de Capitán efectivo de artillería y mi
compañero Ferrari el de mayor de infantería. El Supremo Director le
confirió a Aury el título de general en jefe de las fuerzas de mar
y tierra que en representación de las repúblicas unidas de Buenos
Aires y Chile iban a obrar sobre la Nueva Granada. Envió con él al
doctor Cortés de Madariaga
(11)
, canónigo de Chile,
el mismo que con Miranda había contribuido a la sublevación de
Caracas, y lo revistió del título de Proministro general. Debía
residir en la isla de Jamaica, uno de los primeros establecimientos
ingleses en las Indias occidentales, y con él podría cómodamente
mantener correspondencia Aury, cuyas operaciones habrían de influir
en gran manera para la libertad del vecino continente de América.
Este ministro representaba a su gobierno y el general Aury debía
depender de él en todo lo relativo al objeto que se había propuesto
el directorio supremo, esto es libertar a Venezuela, la Tierra
Firme, la Nueva Granada y las provincias del interior.
Las tropas se embarcaron en los diversos navíos comandados por
el comodoro Packer, nativo de Nueva York en los Estados Unidos,
pero subordinado al general en jefe de la expedición. Zarpamos con
el ministro Cortés del puerto de la Ensenada
(12)
,
situado sobre la orilla izquierda del gran río de la Plata, entre
las repetidas salvas de artillería y, atravesando hacia la costa
septentrional, solo después de dos horas pudimos descubrir tierra,
tanta es la anchura de este río, y dejando a nuestras espaldas a
Montevideo y Manado empezamos a costear el Paraguay [sic, debe ser
Uruguay], las largas costas del Brasil, la Guayana holandesa y la
francesa, pudiendo decir que hicimos una navegación bien diversa de
la antecedente, ya que con frecuencia teníamos a la vista la
inmensa tierra, que ora se presentaba en forma baja y plana, ora en
espesas selvas, ora cubierta de abruptas montañas, y con frecuencia
se encontraban las bocas de los grandes ríos que por todas partes
bañan estas regiones. Así nos resultó esta navegación una de las
más bellas que puedan desearse. Solamente a la altura del Ecuador
sufrimos, más que con ocasión de nuestro viaje a Buenos Aires, de
unos días de calma en los cuales un sol abrasador, que nos
fulminaba perpendicularmente y en forma continua con sus rayos
inflamados, nos hacía sentir como en un horno 'de fuego, tan
excesivo era el calor. No soplaba ni una brisa y el gran océano
parecía un cristal por la placidez y quietud de sus aguas. Era
necesario humedecer los barcos en el interior y mantener siempre
mojado el puente porque el alquitrán se derretía como si estuviera
al fuego. A pesar de que los toldos estaban extendidos apenas se
podía respirar por la noche, gozando del fresco que tanto
deseábamos durante el día. Pasamos cerca de la isla de la Trinidad
y arribamos a la de la Margarita
(13)
en
donde el general Arismendi
(14)
, gobernador militar
allí, nos recibió con distinción pero nos suplicó que nos
alejáramos pronto de la isla, pues temía que los españoles tuvieran
noticia de estas nuevas fuerzas y trataran de venir a destruirlas,
atacando por consiguiente su establecimiento. Nos dijo que hacia
algunos meses que no tenía noticias de Bolívar y que sus falías no
podían ya entrar al Orinoco para subir a Angostura, pues una fuerte
flotilla ligera española recorría el río, y que temía que la
capital estuviese en grave peligro. Aury y el ministro se
ofrecieron a obrar conjuntamente para librar el Orinoco, pero él
dijo que quería esperar al almirante Brión, que había partido para
los establecimientos ingleses con toda la flota de Venezuela a
adquirir armas y municiones para Bolívar, y que mientras tanto él
no operaria con fuerzas de otras repúblicas cuyos fines ignoraba,
no habiendo tenido del generalísimo Bolívar ninguna indicación de
su arribo, y por consiguiente declaró que no quería aventurar la
suerte de la república bajo banderas que no conocía. Pero yo creo
que el motivo más poderoso fue que estaba al tanto de la enemistad
entre Bolívar y Aury y que temió incurrir en la enemistad del
Libertador si se unía a las fuerzas de este general. El ministro
quiso partir en un barco inglés que estaba en el puerto y dirigirse
a Jamaica para llegar así más pacíficamente a su destino, temiendo
que en el camino pudiésemos encontrar al enemigo y fuésemos
obligados a batirnos. Dio órdenes a Aury para que buscara al
almirante Brión y viera si de acuerdo con él se podía hacer alguna
cosa en favor de la república de Venezuela. Costeando las islas que
llaman de Sotavento y Barlovento y pidiendo noticias de la flota de
Venezuela, se nos dijo que estaba anclada en una pequeña isla
desierta cerca de la de San Bartolomé
(15)
,
pertenecientes ambas a los suecos. Por fin encontramos al almirante
Brión y anclamos en el mismo pequeño puerto bastante estrecho. Fue
él quien vino primero a bordo a saludar a Aury; al día siguiente
tuvieron un coloquio solos en tierra, en el que se trató del
importante empeño en que estaban de salvar a Angostura, si todavía
resistía, o de reconquistarla si se hubiese perdido. Aury le
comunicó las órdenes que había recibido del ministro y ofreció
unirse con sus barcos y tropas para aquella expedición, con la
condición de que se echara a suerte cuál de los dos había de asumir
el comando general, ya que se trataba de dos jefes con plenos
poderes, pertenecientes a dos repúblicas diversas y comandantes de
dos fuerzas iguales, y que no tenían un jefe superior que los
mandara a los dos. Convenía a los intereses de la república de
Venezuela esta unión y el jefe que la hubiera dirigido bien habría
de ganar un inmortal honor y por otra parte se podía juzgar con
certeza que seria inútil la operación si uno se subordinaba a otro.
Brión respondió que no podía ceder a ninguno el comando que la
había sido confiado por el Congreso de Venezuela y por el
Libertador Bolívar, y que por consiguiente no quería confiar a la
suerte lo que el deber no le permitía ceder. No le valió a Aury el
precisar que esto solo se hacía por la unidad y exactitud de las
operaciones y que una vez librada Angostura y reunidos con el
Libertador, si la suerte lo hubiera favorecido, él se declararía y
obraría como jefe de las fuerzas de Buenos Aires, auxiliares de las
de Venezuela, y no como comandante de estas. No hubo modo de llegar
a un acuerdo y Aury, siguiendo sus instrucciones, se despidió y se
fue. Nosotros creíamos que íbamos a levar anclas todos juntos y
quedamos sumamente sorprendidos al ver que los venezolanos
permanecían al anda.
Hechas las salvas de saludo salimos de aquel estrecho pasaje y
llegamos frente a la ciudad de San Bartolomé, en donde esperamos a
uno de nuestros oficiales enviado expresamente a tierra para hacer
lavar la ropa blanca de toda la oficialidad, circunstancia por la
cual tuvimos que estar al través todo el día y toda la noche,
porque el oficial no regresó sino al despuntar el día siguiente. Se
dio por el comandante la señal de seguir nuestro rumbo, cuando uno
de nuestros bricks de vanguardia, a cinco millas de distancia, viró
de bordo y a velas desplegadas, con la señal de enemigo a la vista,
corrió hacia nosotros. El comandante en jefe dio la orden de
prepararse para combate naval, que fue repetida por los otros
barcos, cuando el capitán del brick Amazonas gritó por medio de la
trompeta marina que los españoles andaban por detrás de San
Bartolomé. Oír tal noticia y responder Aury fue lo mismo. "Corred
donde Brión y decidle que se ponga a la vela". Buen, velero, el
brick hendía con rapidez las ondas y dejaba detrás una larga espuma
mientras que nosotros todos, vueltas las proas, nos uníamos en
batalla y corríamos en socorro de la flota de Venezuela, que sin
nuestro aviso, debido a una de aquellas combinaciones que deciden
muchas veces sobre el mismo campo de batalla de los más grandes
destinos, se hubiera perdido irremisiblemente, porque los
españoles, cubiertos por la larga isla de San Bartolomé, se
acercaban sin ser vistos frente al estrecho puerto, y allí hubiera
quedado aniquilada la fuerza marítima de Bolívar, y con ella los
medios en armas, hombres y municiones para proseguir la campaña. El
pequeño escollo que forma una isleta de tres millas de extensión
habría sido la tumba del honor de la marina de Venezuela. Pero el
experto capitán del Amazonas no entró en el estrecho puerto, sino
que, pasando lo más cerca que pudo, disparó un cañonazo y gritó:
"Cortad las amarras, que ahí vienen los españoles". Cualquiera
puede imaginarse la confusión: unos estaban en tierra, otros a
bordo de otros barcos, otros estaban ocupados en arreglar las
velas, otros las armas, en fin todo era un desorden tal, que apenas
hubo tiempo de cortar los cables, levantar el anda y salir mal
aparejados a batirse con el enemigo, que había ya doblado la isla y
cuya primera fragata iba ya a presentar batalla, cuando vio en buen
orden a nuestra escuadra, en pos de la cual corría a la desbandada
la de Brión para organizarse. La fragata española Asia se detuvo a
esperar a su flota, compuesta de una fragata, dos corbetas, ocho
bricks y seis goletas. Nuestras dos flotas reunidas presentaban dos
corbetas, seis bricks y seis goletas, y sin embargo Aury pasó cerca
de Brión y le gritó que estaba listo a atacar y que no era
necesario detenerse a cañonear sino acercarse y saltar al abordaje.
A voces (porque nuestras señales no eran iguales a las de Brión) se
dio orden de que Aury atacase una fragata con su corbeta y que lo
mismo haría Brión con la otra, que los dos bricks más fuertes
atacarían a las dos corbetas y que los otros barcos se
desembarazasen como pudiesen. Los hurras que lanzaban repetidamente
los marineros, manifestaban el deseo que se tenía de afrontar la
muerte. Se distribuyeron vasos de ron, se señalaron los puestos, se
dieron las órdenes y ya no se esperaba sino que se diera la señal,
cuando Brión, acercándose a la corbeta de Aury (en la cual estaba
yo como comandante de la artillería de a bordo y mi compañero al
comando de la infantería lista a disparar) le manifestó que no
quería ser el primero en atacar porque iba demasiado cargado de
armas y municiones para Bolívar y que temía no poder maniobrar con
la agilidad requerida, por lo que, vista la desproporción de las
fuerzas, pensaba retirarse en orden y eludir durante la noche la
búsqueda del enemigo. Nuestro general le contestó que era
preferible hacer rumbo a la isla de la Mona, en donde estaban dos
de los barcos que había ido a hacer aguada, y que reforzados en
aquella posición con dichos barcos podíamos atrevemos al combate
con más ventaja. Entonces retrocedimos con nuestra corbeta, llamada
El Congreso y comandada por el comodoro Packer, que andaba a tal
velocidad que mientras nosotros huíamos en la delantera con sólo
dos velas, los españoles para perseguirnos habían tenido que echar
todas sus velas. La fragata Asia, que nos seguía de cerca y se
alejaba así de los suyos, cuando nos deteníamos para esperarla se
detenía para no alcanzarnos; todo el día maniobramos en esta forma
y por la noche con faroles y señales continuas tratamos de
mantenernos unidos. A la mañana siguiente, cuando esperábamos ver
al enemigo cerca de nosotros, por más que los vigías observaron el
horizonte no se le descubrió. Hacia el medio día nos dirigimos a la
Mona, en donde nuestros barcos nos salieron al encuentro y anclamos
todos frente a aquella pequeña isla. Aury fue a visitar a Brión y a
tratar de llegar de nuevo a un acuerdo con él, pero como no tuvo
ningún éxito, Brión se retiró para recoger sus anclas y los hombres
que había dejado en tierra y de allí se dirigió a la Margarita.
Nosotros nos hicimos a la vela a lo largo de la isla de Santo
Domingo y fuimos a tomar puerto y a refocilamos de la larga
navegación en la ciudad de Los Cayos
(16)
, que
pertenecía a la república de Haití, cuyo presidente era todavía
Petión La población de esta última isla se hallaba dividida bajo
tres gobiernos, una parte pertenecía al rey de España y su capital
se llamaba Santo Domingo
(17)
. Una porción al
reino de Cristobal, un negro que tenía su corte en la ciudad
llamada Cabo Francés, y cuyos súbditos eran todos negros y formaban
un reino de soldados, que hacían continuamente la guerra a la gente
mestiza que formaba la otra parte de la población, república
gobernada entonces por el presidente Petión, cuya residencia era la
ciudad de Puerto Príncipe. Después de la muerte del feroz Cristobal
le correspondió al presidente Boyer, sucesor del fallecido Petión,
unir estas dos porciones de la población en una sola familia bajo
la denominación de república de Haití. Esta isla es una de las
grandes Antillas y la mayor después de la de Cuba. Sus altas
montañas se elevan por todas partes, tan altas como nuestros Alpes,
con las cumbres desnudas y los flancos cubiertos de espesas selvas,
y más abajo decienden alegres colinas donde los colonos tenían sus
habitaciones esparcidas aquí y allá, las cuales consistían en
grupos de pequeñas cabañas regulares para los esclavos, en medio de
las cuales se levantaba la casa del patrón, en piedra, rodeada de
molinos de viento y de acueductos magníficos para el beneficio de
los ingenios. Diversos y caudalosos ríos riegan por todas partes
esta bella región. Por primera vez pude admirar con placer nuevas
producciones de la naturaleza, que a cada paso aparecían a mis ojos
siempre nuevas y siempre bellas. Allí surgen vastos campos de caña
de azúcar que con sus hojas amarillentas heridas por el sol parecen
doradas. Hermoso contraste hacen con ellas las hileras de arbustos
de algodón, de los que pende el fruto a guisa de otros tantos copos
de nieve. Son también admirables las plantaciones de café, cuyos
frutos maduros semejan otros tantos corales. Es sorprendente la
planta del banano por sus grandísimas hojas y por su fruto que
sirve ordinariamente en estas partes de pan, en tal forma que un
pequeño campo de una yugada, una vez sembrado, dura más de cien
años y es suficiente para el consumo de una discreta familia sin
necesidad de más trabajo. Por todas partes la campiña está adornada
durante todo el año de flores y de frutos maduros y verdes a un
mismo tiempo y la vegetación tiene siempre la misma fuerza. Allí
nace la piña y de ella se cultiva allí el más agradable y saludable
fruto de la América, lo mismo que el árbol que produce el corosol,
que se da también a los enfermos y tiene la forma de un corazón de
buey
(18)
cubierto de verde con la medula
blanca. La papaya
(19)
, entre las pocas
hojas pendientes del tronco carga en la extremidad de este muchos
frutos amarillos semejantes a nuestros higos. El hermoso tamarindo,
de cuyas bayas se hace una bebida refrescante, y que compite con el
mango, cuyos frutos se asemejan a nuestros albérchigos, pero tienen
un sabor muy diferente y son muy jugosos. Es maravilloso el árbol
del cacao, cuyo fruto a manera de sandia encierra las almendras que
sirven para la elaboración del chocolate. Allí se cultivan el
tabaco, el maíz, las patatas, de las cuales hay algunas dulcísimas.
Se emplean como pan también la raíz de la yuca asada y los
tubérculos del ñame que se usan ordinariamente. Los habitantes
prefieren estas plantas y el banano al pan más blanco y hermoso que
se pueda imaginar. Los árboles que producen pimientos de varios
colores, amarillos, verdes y mojos, son frecuentes y se dan
salvajes, lo mismo que los de toda clase de naranjas. Se cultiva,
pero en poca cantidad, una planta semejante a nuestro trébol, con
una flor de color rojo violáceo sin olor, de la que se extrae el
añil. Prospera también la vainilla, cuya planta, sarmentosa y
voluble como la vid, está adornada a trechos de pequeños botones
rojos sostenidos por hojas bastante grandes de un Verde pálido, que
adornan el trigo, semejantes pero bien en pequeño, al racimo de
banano. Allí nacen y se propagan por sí mismos el melón, la sandia
y los pimentones verdes y rojos sumamente picantes. Es sorprendente
el cultivo del arroz, que se hace sobre las más altas montañas y
que vegeta bien gracias a las densas nubes que deponen sobre
aquellas crestas sus vapores en el día y con los grandes rocíos de
la noche. Hay por todas partes gran cantidad de higos silvestres de
la India, áloes y toda aquella especie de plantas con espinas o sin
ellas que en nuestros jardines sirven de ornamento y se conservan
en estufas de invernadero. El clima de esta región es siempre igual
y no se distingue el invierno sino por las continuas lluvias y los
terribles huracanes que a veces asolan estas islas en los meses de
agosto, septiembre y octubre. En este tiempo sin embargo no se
siente frío y sólo se mitiga un poco el calor por los vientos y las
lluvias, pasada esta estación las continuas brisas del mar hacen
soportable el gran calor, que de otra manera seria tan insufrible
que difícilmente podría vivir allí la raza humana. En las orillas
del mar hay gran cantidad de tortugas que salen a la playa a
depositar sus huevos, deliciosos para comer. Las hay de un tamaño
exagerado y algunas pesarán, sin la concha, que es durísima, más de
ochenta libras. Se encuentran también muchos crabs
(20)
, que son una especie de cangrejos
enormes que cavan agujeros en la tierra arcillosa para recoger las
aguas de lluvia y permanecer allí. Estos animales no salen sino por
la noche y se cazan a la luz de las antorchas. Hay también ratas de
monte muy buenas para comer, grandes como un gato y absolutamente
iguales a un ratón. Viven generalmente sobre los árboles, lo mismo
que la iguana
(21)
, que es deliciosa y parecida a una
gran lagartija de unos dos palmos de tamaño; de la cola a la cabeza
tendrá unos ocho palmos de longitud. Tiene el mismo color y la
espina dorsal dentada a manera de sierra, con una pequeña cresta.
Es un anfibio velocísimo para la carrera, que se sumerge en el agua
y pone sus huevos en los hoyos que hay cerca de los árboles. Hay
varias serpientes venenosas y la más grande es el boa, que por
cierto en nuestros días es bastante raro. En los ríos hay muchos
cocodrilos a los que llaman caimanes. Devoran sin remisión al que
se atreva a bañarse en los lugares donde está. Hay en estos mares
muchos requines
(22)
, golosos de carne,
que cuando a bordo de un barco hay algún enfermo, se orientan hacia
él y lo siguen durante el viaje de modo que puede deducirse que lo
hacen atraídos por el olor. Es también notable en estos mares la
cantidad de bancos de peces voladores que se encuentran, los
cuales, al ser perseguidos por peces más grandes, se elevan sobre
las olas y con sus alas sutiles y transparentes como un finísimo
cartílago, vuelan más de doscientos pasos a la altura de unos diez
pies sobre las aguas y vuelven a sumergirse en ellas
(23)
. Cuando los habitantes pueden coger
alguno de estos lo mantienen colgado en sus casas y son parecidos a
nuestro pez blanco. Las ostras abundan en estos lugares y se
encuentran en cantidades adheridas a los mangles
(24)
, que son una especie de árboles
tortuosos y con las ramas todas entrecruzadas, que nacen entre el
agua cerca de las costas del mar o de los ríos. Es increíble la
cantidad de peces que vive en estas aguas; entre otros son notables
los dorados
(25)
, muy grandes y vistosos por los vivos
colores de oro que los adornan. Son delicadísimos al paladar, como
también una especie de raya
(26)
, que tiene en la
cola una sierra y cuando se la coge trata de herir con ella al que
la captura. En los escollos viven gambas gruesas como las ragustas
de Noruega. En la isla se producen en gran número las palmas y
principalmente el coco, que con su fruto sirve para nutrir y calmar
la sed, con la corteza para vestirse, y con las hojas para cubrir
las cabañas. Otra especie, que llamaré de col, se asemeja mucho al
coco pero se eleva mucho más y en el. extremo encierra un bulbo que
al comerlo tiene el mismo sabor de la col. Una. tercera especie en
forma de abanico, sirve para resguardarse de los rayos del sol
(27)
y para cubrir las casas, y esto para
no hablar de tantas otras de extrañas formas y singular belleza, ya
descritas por los naturalistas. Hermosos y de extraordinario grosor
son los árboles, por cierto diferentes de los nuestros. Aquí se
encuentra el cedro dulce, el sasafrás
(28)
, la
acacia, árbol casi igual a nuestro nogal y con un fruto grande como
un plato pando de color entre negro y rosado, lleno todo de jugosa
carne por dentro, y el guayacán
(29)
, que
tiene la madera negra y dura como el aracá.
Son frecuentes los manzanillos
(30)
, que
dan unos frutos en forma de manzana que con su fragancia invita a
los incautos a comerla y a morir después, tan fuerte es su veneno.
Muchos árboles son venenosos por sus frutos, flores o ramas, por lo
cual el europeo debe andar bien cuidadoso en esta parte. Muchísimos
pájaros viven en la isla y al rededor de ella, siempre vagando
sobre el mar, y son una especie de palomas grandes, todos blancos y
tan poco cautos que resulta facilísimo el cogerlos cuando se posan
sobre alguna embarcación, por lo cual se les llama bobos. Se
alimentan de peces y abundan en los escollos y en las pequeñas
islas desiertas, que son muy frecuentes en estas partes. También se
encuentran aquí las garzas, todas blancas y de patas altísimas, que
van siempre detrás de su rey, que es enteramente negro y va a la
cabeza de ellas. El pájaro llamado cardenal es admirable por su
roja cabeza y el turpial
(31)
, de color naranja y
con plumas negras y amarillas, canta hermosamente. En bandadas van
los verdes periquitos así como los papagayos de diversos
colores.
Pocos blancos habitan en esta isla, particularmente en la parte
que perteneció antes a los franceses; ya que los negros que
estuvieron sublevados durante mucho tiempo al mando de Touissant
Louverture
(32)
y del emperador Dessalines, hicieron
una horrible guerra contra sus amos y después de mil masacres,
incendios y escenas de la mayor atrocidad en ciudades, poblaciones
y casas de habitación, de esclavos que eran se hicieron dueños
absolutos y se dividieron entre ellos lo que pertenecía a los
colonos franceses. La historia detalla muy bien el modo cruel y
bárbaro con que eran tratados y la manera aún más inhumana con que
se vengaron de los abusos sufridos y se dieron la libertad. Este
pueblo presenta una mezcla de colores y de diferencias más o menos
oscuras en su piel broncínea, o de color de ébano, o de cobre
rojizo que tira a gris, según los diversos cruces que ha habido
entre negros y blancos, de los cuales han nacido los mulatos, los
mestizos, los cuarterones, que todos son gente de color; ahora son
estos, junto con los negros, los que hacen todo el comercio. Son
ellos los propietarios, los empleados, los magistrados, mientras
que antes eran todos esclavos.
Por falta de educación, porque hace poco han sacudido el yugo de
la esclavitud, es general entre ellos la ignorancia, pero sorprendí
en esta gente un discernimiento tal, que los capacita para aprender
rápidamente cualquier cosa, a menos que el orgullo y la vanidad no
los lleven a despreciar la enseñanza. Les gusta vestirse bien y
están llenos de sí mismos, y se entregan principalmente a las
mujeres, al juego y a la danza. Son esbeltos, ágiles y buenos
soldados, pero de una fogosidad tal que con mucha frecuencia
necesitan quien los refrene y en general, tanto el negro como el
hombre de color, son muy agudos, de mucha astucia y se ayudan
recíprocamente en sus necesidades con tanta cordialidad que es
digna de nota. Las mujeres, nacidas en climas ardientes, son de un
temperamento igualmente ardiente. Las negras son muy limpias y de
fisonomía y líneas interesantes, pero sin ninguna gracia, sin
ninguna ocupación, sin ninguna dulzura y todo su encanto está en la
lascivia. En cuanto a las criollas, o sea las mujeres de color, son
indolentes, caprichosas, pícaras, pero si se llega a despertar su
interés se te
presentan llenas de gracia, de delicada
languidez, de amabilidad, de ternura y de toda la galantería
posible para excitar una correspondencia libidinosa, para la que
viven únicamente y por la que se encariñan. La mayor parte de las
mujeres de color en todas las Antillas son concubinas de los
colonos y negociantes, quienes las tienen mientras les son fieles y
se comportan con el interés y el cariño que son necesarios en las
familias; de lo contrario las abandonan, asumiendo sin embargo la
obligación de mantener a los hijos hasta la edad en que puedan
ganarse la vida. Y esto no perjudica al honor ni a la reputación de
la muchacha, que al día siguiente ya ha encontrado un nuevo marido.
Y si la criolla es tratada con dureza, no tiene ninguna dificultad
en volverse a la casa paterna acompañada de toda su buena fama,
para buscar nuevas conquistas.
La costumbre de estos matrimonios ficticios es tan cómoda que la
mayor parte vive de esta manera, sumamente satisfechos por la
facilidad de disolverlos cada vez que se vuelven insoportables.
Cada vez que un hombre recibe a una criolla la dota, como regalo,
de un lecho y del mobiliario para una habitación, y si ella ya está
provista de esto le suministra el equivalente en dinero. Otra
particularidad tiene la gente de color en el sepultar a sus
muertos, y es que en ese día se reúnen todos los parientes y amigos
y en una habitación contigua a aquella en la que yace el difunto se
come, se baila y se bebe, mientras que en la del muerto se cantan
himnos y oraciones. Toda la noche dura esta francachela y al día
siguiente entregan el féretro a los sacerdotes, los cuales lo
acompañan a la tumba con las preces acostumbradas. Tienen una
especie de danza que llaman el karabiné, que es ejecutada por una
fila de hombres y otra de mujeres que danzan acompasadamente, ya se
acercan, ya se alejan, muy pausadamente, y hacen movimientos y
gestos que indican ora desdén, ora desprecio, ora amor, y mientras
más fuerte es la música de la orquesta, con más fuerza expresan
dichas pasiones, introduciendo de tanto en tanto algunos
movimientos lascivos que vienen a encender cada vez más la fantasía
de aquellas almas ardientes, hasta que acaban abrazándose y
besándose recíprocamente, para volver de nuevo a sus
movimientos.
La ciudad de Los Cayos es grande y tiene un puerto bien
defendido por fortificaciones; las casas son limpias, de un solo
piso, parte en piedra, parte en madera. Todavía se encuentran
vestigios de la encarnizada guerra en las ruinas de un hospital
militar que fue incendiado. La población es grande y por entonces
empezaba a dedicarse a la navegación, al comercio, a las artes y a
la agricultura, que durante algún tiempo había quedado sin brazos
porque no había ninguno que se dignara manejar un azadón; tan
poseídos estaban del cambio que se había operado, qué se necesitó
mucho tiempo para que se dieran cuenta de ese error. Fue necesario
acudir, por medio de leyes sabias y rigurosas, a restaurar en
alguna forma el floreciente estado de la agricultura, abandonada
porque juzgaban que el nuevo título de libertad los dispensaba de
los antiguos trabajos serviles que prestaban a los colonos, sin
darse cuenta de que en el nuevo orden de cosas el fruto de su
trabajo les iba a corresponder enteramente a ellos.
Varios días pasamos alegremente en tierra y luégo nos hicimos a
la vela con toda la división hacia las pequeñas islas llamadas de
Las Ranas, habitadas sólo por pájaros bobos. Cuando nos acercamos a
ellas se envió a tierra un oficial en una canoa con orden de ver si
había allí alguna señal de fuego y de buscar cerca del mismo una
botella que debía haber sido colocada allí por nuestro servicio de
inteligencia militar. En efecto la encontró y regresó el oficial
con ella, dentro de la cual había un billete de uno de nuestros
capitanes, que había ido anteriormente a Jamaica, en el que estaba
escrito que el Ministro deseaba que toda la división se dirigiese
al puerto de Kingston, capital de aquella isla. Ibamos navegando
cuando encontramos un barco mercante español cargado de leña, que
venía de Santo Domingo y se dirigía a Veracruz
(33)
, con lo que surgió inmediatamente en
el general Aury la idea de apoderarse del fuerte de San Juan de
Ulúa mediante dicho barco. Su proyecto era llenar el barco de
soldados decididos y enviarlo a la Veracruz, tripulado por nuestros
marineros y seguido por toda la división, y al acercarse a aquel
puerto dejarlo solo y procurar que entrara hacia la caída de la
tarde, cuando los guardias de la aduana acostumbran amarrar los
barcos a unas gruesas anillas que hay en la muralla del puerto y
poner guardias de aduana, cerrando la boca del puerto para poder
hacer a la mañana siguiente la visita necesaria. Durante la noche
nuestros marineros debían apoderarse de los guardias de aduana,
abrir las escotillas a los soldados encerrados en la bodega y a
favor de la oscuridad, acercarse con el barco a la muralla, tirando
de la misma cuerda a la que estaba amarrado, saltar atrevidamente
sobre los bastiones, y caer a mansalva sobre la sorprendida
guarnición que estaría casi toda dormida. El plan era atrevido y
hubiera dado resultado de acuerdo con las observaciones del capitán
español que hablamos hecho prisionero. Llevamos dicho barco a
Jamaica donde toda la división fue recibida con las acostumbradas
salvas de cañón. Anclamos en Puerto Real
(34) ,
donde estaban anclados más de veinte barcos de guerra. Soberbias
baterías y un gran fuerte protegen el canal que conduce los barcos
mercantes a Kingston. Esta es la ciudad comercial, porque Spanish
Town
(35)
es la residencia del gobierno. Las dos
son grandes y hermosas, colocadas en la pendiente de una colina,,
con calles rectas y edificios bastante elegantes, todos dé madera,
pero mantenidos con :mucha decencia y limpieza. El gran número de
almacenes con techos de zinc que hay en Kingston
(36)
, repletos de toda clase de mercancías
del Nuevo Mundo, de Europa y de las Indias Orientales, demuestra
bien claramente que aquí están también las soberbias dársenas de
Londres. La actividad de las personas, la cantidad de navíos
mercantes que van, vienen, cargan, descargan, prueban la industria
y el comercio de estos habitantes. La cantidad de gente en todas
las calles es tal que parece estar en una gran ciudad de Europa. Y
no faltan los elegantes cabriolés, gran cantidad de calesas y
muchos landós. El clima, la forma de las montañas, las producciones
de esta isla, son los mismos de Santo Domingo descritos atrás. Tres
mil hombres, sin contar las milicias, forman la guarnición, además
de una basé naval de veinticinco barcos de guerra, y apenas son
suficientes para contener al gran número de esclavos que sobrepasa
con mucho al de los blancos, que son los colonos y negociantes dé
esta floreciente isla. El general descendió a tierra y al día
siguiente lo hizo toda la oficialidad en gran uniforme para honrar
al Ministro, a nuestro jefe y a la república. El doctor Cortés de
Madariaga no aprobó el atrevido golpe de mano que planeaba Aury,
tanto porque no era esta la parte que se debía ocupar, cuanto
porque no nos hubiéramos podido sostener allí, ya que todo México
estaba en poder de los españoles. En realidad la idea del general
no era establecerse allí, sino exigir un fuerte rescate para poder
con los dineros de los enemigos hacerles mejor la guerra a ellos
mismos, pero tuvo que someterse a su superior y dirigir sus
operaciones en torno a las islas que están casi al frente de Porto
Belo, a tres días de Jamaica, pertenecientes entonces a los
españoles, y que se llamaban Santa Catalina, Vieja Providencia, San
Andrés y Mangles, a fin de establecer en ellas sus fuerzas,
fortificarse y esperar allí ulteriores órdenes, que se darían de
acuerdo con los sucesos y las circunstancias. Mientras tanto
aquellos lugares se pondrían en condiciones de defensa, y haríamos
allí nuestra plaza de armas, para después desde allí desplegar
nuestras operaciones.
N. B. Consta de la hoja de servicios y del brevet de capitán
efectivo de artillería, fechado el 6 de julio de 1818.
|
(1)
|
Quizá la cifra sea exacta. Buenos Aires tenía 90.000
habitantes en 1855, luego podemos admitir que unos 40 alba antes
tuviera menos de la mitad.
|
|
(2)
|
La revolución argentina, que estalló el 25 de mayo de 1810, fue
"una revolución municipal en su origen, legal en su forma y que
nunca recurrió a medios sangrientos, y en apariencia adoptó
intenciones conservadoras en favor del antiguo régimen, cuando en
el fondo su objeto era la emancipación de España".
En Argentina la lucha por la independencia no tuvo nunca el
carácter de exterminio, de guerra a muerte, como en Venezuela y en
la Nueva Granada, que luchaban por un mismo ideal. Después de
algunos encuentros en los que los generales Valcárcel, Belgrano,
Randeau, La Serna y San Martín se cubrieron de gloria, no solo por
su habilidad como estrategas sino por su generosidad para con el
enemigo vencido, la guerra de la independencia terminó
(1815).
El 9 de julio de 1816 un Congreso reunido en Tucumán proclamó la
independencia de las 11 provincias del Plata y eligió a Puyrredón
director supremo de la república.
Dentro de estos términos es verdadera la afirmación de
Codazzi.
|
|
(3)
|
Es el bachaco u hormiga rosada, que lleva en la boca dos
tenacillas con las que destruye las hojas de las plantas.
|
|
(4)
|
Es el Alto Perú o Bolivia.
|
|
(5)
|
Once provincias, por consiguiente 11 directores, uno de los
cuales con el carácter de Director Supremo.
|
|
(6)
|
Cuando Codazzi llega, según su afirmación, a Buenos Aires, el
Director Supremo era Puyrredón.
|
|
(7)
|
San Martín, José de (1778-1850), después de haber cruzado los
Andes con 8.500 hombres en enero de 1817, vencido en Chacabuco al
gobernador de Chile y proclamado la independencia de este país (19
de enero de 1818); después de haber, en una segunda victoria en
Maipó, derrotado el cuerpo de tropas españolas enviadas por el
virrey del Perú (Abascal), había establecido una alianza entre la
República de Chile y su República de Buenos Aires y con las fuerzas
unidas de las dos repúblicas trataba, en 1819, de libertar al Perú,
ayudado por la flota de Cochrane (véase Bolívar y su época, vol
2°, p. 228-224).
Codazzi, que escribía sus memorias en la paz de la Villa
Serraglio, anticipa los acontecimientos y pone como ya ocurridos
hechos que tuvieron lugar después de su llegada con Aury, ya que
otra cosa no se puede suponer, a Buenos Aires -pequeño anacronismo
que debemos perdonarle-.
|
|
(8)
|
Alejandro Tomás Cochrane, conde de Dundonald (nacido en 1775,
todavía estaba vivo y en plena actividad en 1851) fue marino
intrépido y estuvo presente, con diversos grados, en todas las
campañas navales combatidas por Inglaterra entre 1808 y 1809;
murió en Kensington en 1860.
Después de haber dejado el mar y haberse entregado a la vida
política y a la especulación, con alternativas no felices, volvió
a su antiguo oficio, pero no al servicio de su tierra. En 1817 fue
invitado por el gobierno de Chile a asumir el comando de una flota
que tratase de arrojar a los españoles del Perú. Especialmente
digna de recuerdo es su acción contra el puerto del Callao,
maravillosa por la audacia (septiembre de 1820), gracias a la cual
fueron destruidas todas las naves españolas del Pacífico y se
decidió el éxito de la campaña.
Del servicio a favor de la República de Chile, pasó al del Brasil
(1821-1828). El resto de su vida lo pasó desempeñando otros oficios
delicados e importantes.
|
|
(9)
|
Juan Martín de Puyrredón (1776-1850) fue uno de los campeones
de la independencia argentina. De 1810 a 1812 y luego más tarde
consagró su actividad, su ingenio y su patriotismo a la república
bonaerense en tal forma que en 1816 fue nombrado Director Supremo
de las Provincias Unidas. En 1819 se retiró de la vida
política.
En 1911 se le erigió en Buenos Aires un monumento.
|
|
(10)
|
Las fajas de azul turquí que encierran la faja horizontal
blanca, han permanecido; ha desaparecido el sol radiante.
|
|
(11)
|
José Cortés de Madariaga (no Modriaga o Madriaga, como escribe
algunas veces Codazzi) vivió entre 1770, aproximadamente, y 1828,
fue un sacerdote chileno que, después de haber ejercitado su
ministerio primero en la catedral de Santiago y luego en la de
Caracas, tomó parte en la revolución de 1810. Hecho después
prisionero y llevado a Ceuta, logró huir.
En 1816 estaba nuevamente en Venezuela, como miembro suplente de
la Junta de Gobierno.
Sus biógrafos no hacen ninguna referencia a esta misión que
menciona Codazzi, pero no hay razón para rechazarla, antes bien se
debe admitir que Codazzi agrega un detalle desconocido a la vida
del cura patriota. Este escribió un relato bastante interesante de
sus viajes.
|
|
(12)
|
Localidad cerca del puerto de La Plata.
|
|
(13)
|
Es la mayor de las islas de Sotavento y pertenece a Venezuela.
En otro tiempo formaba una provincia (y. el Resumen de Codazzi, p.
591-604); ahora hace parte del Estado de Sucre [sic. Está
equivocado Longhena, la isla de Margarita y otras adyacentes forman
hoy el Estado de Nueva Esparta].
|
|
(14)
|
José Loreto Arismendi, uno de los más distinguidos generales
de la guerra de independencia en Venezuela. Lo que principalmente
se recuerda de él es la defensa que hizo de la isla de Margarita,
con solo 500 hombres, contra los 5.000 soldados de Morillo. No se
pudo evitar la capitulación, pero inmediatamente después conquistó
la fortaleza de Juan Griego.
Participó en todos los hechos de armas de aquella campaña. Hecho
prisionero fue fusilado por las tropas españolas en Irapa
[sic].
|
|
(15)
|
La isla de St. Barthelemy queda al NO. de Barbados, en las
pequeñas Antillas y perteneció después a Francia. Al N. de ella
hay cuatro islotes que forman un semicírculo; quizá a alguno de
ellos se refiera Codazzi.
|
|
(16)
|
Los Cayos es sin duda ninguna Cayes o Aux Cayes, ciudad de unos
15.000 habitantes en la costa sudoccidental.
|
| (17)
|
La parte francesa de la isla de Haití había quedado totalmente
independiente desde 1803 y en ella se constituyeron dos Estados. Al
norte se formé un Estado bajo el negro Dessalines, cuyo sucesor,
Cristóbal, tomó el título de rey (Enrique I); al SO. florecía una
república cuyo presidente, Petión, un mulato, desde 1814 se había
hecho nombrar presidente vitalicio. Estos dos Estados, largo tiempo
rivales, después de la muerte de Petión (1818) y del suicidio de
Cristóbal (1820), se fundieron en uno solo bajo la dictadura de
Boyer.
|
|
(18)
|
La
anona reticulata es la llamada coeur de boeuf,
mientras que la
anona municata es la que se denomina
corosol; todas plantas de las Indias Occidentales.
|
|
(19)
|
Es el fruto de la
canoa Papaya, planta original del
Brasil y difundida en todos los países tropicales.
El fruto es una baya oblonga que contiene una pulpa dulce y
perfumada. Se come crudo o cocido y sirve para preparar conservas;
también puede ser destilado.
|
|
(20)
|
Es el nombre inglés del cangrejo.
|
|
(21)
|
Es como una lagartija grande. La
iguana tuberculosa,
que vive en gran parte de la América Meridional; mide unos 75 cm.
de largo, es de naturaleza sumamente mansa y tiene una carne
excelente.
|
|
(22)
|
Del francés
requin, tiburón, perro marino.
|
|
(23)
|
Muchos y diversos son los peces voladores, llamados también
peces golondrinas.
|
|
(24)
|
Pertenece a la familia de las caprifoliáceas y es la
rhizopkora mangle, que crece junto a las playas del Mar de
las Antillas o del océano y también en los deltas pantanosos de los
ríos.
|
|
(25)
|
Así lo describe Codazzi en su Resumen: "Dorado: nombre que se
le da por sus colores; es de un sabor exquisito; vive en el
mar".
|
|
(26)
|
No son pocas las variedades de rayas; a la que se refiere
Codazzi es quizá a la
Arzilla citiodata.
|
|
(27)
|
La segunda variedad es la cocas
Mauritixt, que es como
el símbolo de la fertilidad de aquella tierra: la parte más tierna
de su cogollo sirve de hortaliza al indígena. La tercera variedad
es la
Chctmearops humilis de Linneo.
|
|
(28)
|
El sasafrás
(Sassafras of ficinalis), que pertenece a la
familia de las luráceas y da una madera tierna, frágil y
duradera.
|
|
(29)
|
El
guajacum sanctum y el
guajacum of ficinale
dan una madera compacta y dura. La más apreciada es la madera del
u.
offioinale, especialmente la que viene de Santo
Domingo.
|
|
(30)
|
Se trata del manzanillo
(Hippomane mancinella) que
pertenece a la familia de las Euforbiáceas. Su fruto es igual a una
manzana y da no poca fragancia, pero es venenosísimo.
|
|
(31)
|
El turpial es una de las aves de la familia de los ícteros,
quizá el
icterus Iamacali, negro y anaranjado, vistoso y con
una voz que sabe modular el canto de los otros pájaros.
|
|
(32)
|
Toussaint Louverture, antiguo esclavo, fue coronel de las
tropas españolas y pasó después, en 1794, al servicio de Francia
como general de brigada. Pero tenía la intención de hacerse señor
de la isla, por lo tanto se desembarazó de los varios comisarios
enviados por la Convención, ocupó la parte que tenían los españoles
y se hizo nombrar por una asamblea fantasma gobernador vitalicio
con derecho a nombrar su sucesor.
Napoleón, que quería aliviar la suerte de las colonias francesas,
mandó inmediatamente tropas para castigar al dictador; Leclerc,
que las comandaba, obtuvo fácilmente éxito en la empresa.
Toussaint se vio obliga do a rendirse y, como había demostrado
gran valor, fue tratado con
dignidad y pudo volver a
dedicarse al trabajo en sus plantaciones de Ennery. Pero más tarde
fue hecho prisionero y enviado a Francia, donde murió en el
castillo de Joux (Alpes) de frío y de miseria.
En la isla estalló en 1808 una insurrección dirigida por los
lugartenientes de Toussaint; Dessalines, que entre ellos se había
atribuido el poder supremo, proclamó la independencia de Haití
-fué él el primero en llamarla así- e inicialmente se contentó con
llamarse gobernador, pero en 1804, cuando Napoleón fue coronado
emperador, él, que se consideraba el primero de los negros, se hizo
proclamar igualmente emperador con el nombre de Jacobo 1. Masacres,
rapiñas, crueldad con los blancos y con los negros, llevaron al
asesinato de Dessalines (17 de octubre de 1806).
Los mulatos proclamaron como jefe a Petión, quien fundó en el SO.
una república independiente, de la cual se proclamó presidente, y
confió a Boyer, su lugarteniente, el comando de la guerra y el
gobierno de la capital, establecida en Port au Prince. Los negros
por su parte eligieron como jefe a Cristóbal, quien constituyó un
reino en el norte, asumió el nombre de Enrique 1 y puso la capital
en Cap.
Los dos Estados estuvieron frecuentemente en guerra y fue Boyer
(Juan Pedro Boyer, 1776-1850) quien, habiendo vencido en más de una
batalla a Cristóbal, adquirió tal popularidad que fue aclamado
presidente a la muerte de Petión (marzo de 1818). El suicidio de
Cristóbal, ocurrido en seguida, y la cesión espontánea de la parte
española de la isla, que tuvo lugar hacia 1821, pusieron en manos
de Boyer toda Haití. De 1822 a 1848 la isla estuvo bajo su mando y
gozó de años, si no felices, por lo menos mejores que los
precedentes. Boyer vivió sus últimos años en París.
|
|
(33)
|
Veracruz, que fundada por Cortés, fue trasladada en 1609 unos
40 km. al 5., al lugar donde hoy está. La roca de Ulúa debía
servirle de defensa y protección, y en ella fue erigido el fuerte
de San Juan, que defendió la ciudad contra los corsarios. Pero en
tiempo de Codazzi ni la roca ni el fuerte cumplían ya su función
defensiva.
|
|
(34)
|
Es hoy puerto de estación de la flota de guerra inglesa, con
un importante depósito de carbón. Surge al extremo de la punta
arenosa llamada Palisadoes, que cierra la bahía en la que está
Kingston.
|
|
(35)
|
Hoy todo está en Kingston y Spanish Town, situada sobre el
riachuelo Cobre que desemboca en la bahía de Kingston, no tiene
sino 8.694 habitantes.
|
| (1)
|
Téngase en cuenta que el movimiento de naves en Kingston ha
superado en los últimos años los 4 millones de toneladas.
|
|