INDICE





CAPÍTULO I
Los primeros años — Sus estudios en Lugo — Voluntario del ejército italiano — Hechos de armas — Deja la vida militar.

CAPÍTULO II
En Constantinopla: de aquí va por varios países al báltico y después a Ho­landa — Va a América del Norte — A sueldo, combate a favor de los in­surgentes en el mar de las Antillas — (Sus Memorias) — Precioso conte­nido de estas — Regresa a Italia — En soci

CAPÍTULO III
Regresa a América — 24 de mayo de 1826 — Comandante de artillería — Jefe de Estado Mayor — Se ocupa en la geografía estadística y en el Atlas de Venezuela — A París.

CAPÍTULO IV
La obra geográfica y cartográfica sobre la República de Venezuela.

CAPÍTULO V
Funda la Colonia Tobar — Gobierna la provincia de Barinas.

CAPÍTULO VI
De la República de Venezuela a la de Colombia — Comandante de la Escuela Militar — Iniciación de sus actividades en Colombia —La cuestión del Canal — Su muerte.

CAPÍTULO VII
Memorias Póstumas de Constante Ferrari y de Agustín Codazzi.

CAPÍTULO VIII
Juicio sobre Agustín Codazzi.

CAPÍTULO IX
Llegada a San Blas — datos sobre aquellos indígenas — Partida para el Golfo del Darién y entrada al río Atrato — Descripción del clima, producciones, animales e insectos que se encuentran en el río Atrato — Llegada a la capital del Chocó, noticias sobre l

CAPÍTULO X
Llegada a Santafé de Bogotá y acogida que tuve — Continuación de la campaña de Bolívar después de la toma de Angostura — Expedición de Morillo a Margarita y sorpresa de Calabozo — Bolívar derrotado cerca de Valencia y refugiado en los llanos — Su atrevida

CAPÍTULO XI
Estado de Providencia a mi regreso y de las fuerzas listas para partir, expedición de Ferrari al desaguadero del río San Juan en Nicaragua. Partida de la división para el Chocó. Rendición en Candelaria de una flotilla española. marcha por el Atrato y derr

CAPÍTULO XII
Viaje del general Aury a Santafé por el Magdalena — Descripción del cli­ma, usos y costumbres de estos habitantes, producciones, animales, etc., de estos lugares — Promulgación del armisticio y estado de las fuerzas armadas — Llegada de Bolívar a Santafé

CAPÍTULO XIII
Climas, usos y costumbres de los indios mosquitos y nuestra permanencia entre ellos —Llegada a Providencia y a Cartagena — Capitulación de aquella plaza — Se me confía una expedición para apoderarnos de Omoa y del castillo de San Felipe — Partida en un pe

CAPÍTULO XIV
Llegada a Santo Tomás y su descripción — Partida para la Valija — Comercio en Comayagua y Jamaica — Partida para el Chocó y riesgo corrido — Arribo a la Valija y expedición de mercancías a Trujillo — Pérdida de las mismas — Nuevo comercio en cl golfo Dulc

APÉNDICE
- VII -
 


Descripción de Buenos Aires, sus usos y costumbres, producciones de aquel clima e índole de los habitantes; acogida y destinación de nuestras fuerzas; partida en socorro de Bolívar, arribo a la Margarita, reunión de nuestra flota con la de Brion, se salva la marina de Colombia gracias a Aury - Llegada a Santo Domingo, descripción de aquella isla, de sus usos, costumbres y productos, partida para Jamaica donde residía el ministro de Buenos Aires, descripción de aquella isla y partida para la antigua Providencia.

(De la página 114 a la página 176).

Más de dos días empleamos en llegar al puerto de Buenos Aires, donde las embarcaciones tienen toda seguridad y con comodidad pueden cargar y descargar sus mercancías. Los numerosos barcos ingleses, franceses y americanos que anclan allí nos indicaron suficientemente el comercio de esta capital, que consiste especialmente en cueros de toda clase, sebo, plumas, quina, aceite de ballena, cobre, estaño, lana de ovejas y de vicuñas. Esta ciudad, capital de la república del mismo nombre, está situada en una amena llanura sobre la orilla derecha del gran río de la Plata, que aquí puede decirse golfo, formado por la unión de los ríos Paraná y Uruguay, por lo ancho y profundo que es. La población ascenderá a cerca de cuarenta mil almas (1) , y es casi toda blanca, encontrándose poca gente de color.

Las calles son anchas y trazadas a cordel y en general empedradas; las casas, de un solo piso, construidas a la española. La plaza mayor es bastante amplia así como el palacio donde residía el virrey, colocado sobre una pequeña eminencia que domina la ciudad y el río, y rodeado por una fortificación con buena artillería. Los habitantes son muy hospitalarios pero poco amigos de la ocupación y del trabajo; se ve que se han amamantado en las máximas de aversión a la fatiga, porque viven en un país donde la facilidad de alimentarse y de ganar dinero les hace despreciar lo que constituye la verdadera fuerza de los estados: la industria, el comercio, las artes, las ciencias; y vencidos por el ocio se entregaban voluntariamente al juego, a las mujeres, y la gente baja sobre todo a la embriaguez; pero hoy día, cuando estos pueblos respiran un aire más suave por los próvidos cuidados del directorio supremo, a cuya cabeza presidía en nuestro tiempo un hombre de mérito llamado Puyrredón, se han sacudido del letargo en que estaban; ahora se procura mejorar la educación, infundiendo los buenos principios, verdaderas fuentes de todo bienestar para los ciudadanos y para el estado. Las mujeres son muy hermosas y se asemejan mucho a las españolas, quizá porque aquí, más que en otra parte, se han establecido las europeas y por consiguiente han multiplicado la raza que conserva en sus costumbres y usos los antiguos de la madre patria y gustan mucho del lujo y poco del trabajo. Esta república se formó, como la de Venezuela, mediante una revolución que tuvo un buen éxito; desde entonces los españoles (2) , la han descuidado hasta el punto de dejarla gozar hasta hoy de una paz que no los ha adiestrado para la guerra y que los ha mantenido siempre en continuas disenciones. La superficie de este país presenta por todas partes inmensas llanuras sin árboles ni arbustos, cubiertas solamente de espesas hierbas de más de dos pies de altura. Las manadas de caballos, bueyes y ovejas, hacen que una parte de la población lleve una vida pastoril mientras que otra se dedica al cultivo de trigo, patatas y ciertas raíces que llaman mandioca, que se asemejan mucho a nuestras gruesas zanahorias, para obtener lo necesario. Hay rebaños de ovejas, la mayor parte guardados por grandes canes castrados, los cuales, después de comer bien por la mañana, parten con la grey y no regresan sino por la tarde, reconduciéndola infaliblemente al redil, y así economizan el trabajo de los hombres que cultivan las tierras. Para encender fuego se sirven de la grasa de los animales, de los cuales hay aquí tanta abundancia que en ninguna otra parte se han multiplicado tanto. Las manadas inmensas de caballos salvajes que vagan por aquellas amplias llanuras son innumerables y asimismo las de bovinos. Los pastores que conducen las manadas de una y otra especie, a las que llaman domésticas (porque de tiempo en tiempo las reúnen en algunos cercados en donde se marca a los pequeños, que siempre siguen por instinto natural a sus madres, y se castra a los que no deben servir para sementales), estos pastores, llevan una vida de las más salvajes y están de la mañana a la tarde siempre a caballo, consistiendo toda su alimentación en carne sin sal, asada al fuego por medio de la hierba y de la grasa de los animales. Vestidos miserablemente, con una larga barba, se albergan bajo unas cabañas construidas con pilares plantados en tierra el uno al lado del otro y que carecen de puertas y ventanas, las cuales suplen con las pieles de sus vacas, sobre las mismas pieles duermen y los cráneos de las vacas y caballos son sus asientos. Los cuernos les sirven de vasos y el mejor mobiliario que pueden tener es algún barril para guardar el agua. Entre un pastor y otro habrá una distancia de casi veinte leguas, por lo cual rara vez se reúnen en los lugares en donde suelen venderse licores fuertes. Aquí se juegan y beben todo su dinero y son muy capaces, por la más leve discusión en materia de juego, de matarse con los grandes cuchillos que siempre llevan a. la cintura; y que a ninguno se le ocurra tener el atrevimiento de entrometerse en sus querellas para pacificarlos, porque a sangre fría y con la máxima indiferencia presencian el asesinato de uno de sus semejantes. Están tan acostumbrados a mancharse las manos con la sangre, y tan alejados del freno de la ley del honor y del deber, que como gozan de una salvaje independencia les parece que es lo mismo servirse de aquella arma contra un hombre que contra un animal. Acostumbran a sus muchachos desde la infancia a montar a caballo corriendo y galopando todo el día y casi parece que no pueden caminar a pie, pues hasta sus muertos los llevan a las lejanas iglesias, en viaje de varios días, amarrados con palos a la silla de algún caballo y así los llevan hasta la tumba. Manejan un lazo hecho de piel de res retorcida en cuyo extremo hay un anillo de hierro para que pueda correr con facilidad; lo lanzan desde cerca de cien pasos de distancia con una exactitud tal que están seguros de coger por los pies o por la cabeza al animal escogido aun cuando vaya al galope. El extremo de esta soga lo tienen atado a la cincha de su silla. Manejan también muy bien, como los mexicanos de Texas, las dos bolas que envuelven al cuello o a las patas de los animales.

Vagan día y noche por aquellas vastísimas llanuras en donde no hay señal de árboles, caminos ni puntos de mira, sino que solo se encuentra una perfecta horizontal, región en medio de la cual, para trasladarse de un lugar a otro, sería necesaria la brújula, pero es imposible que ellos se pierdan o que den vueltas inútiles para llegar al sitio que desean. En esta zona el aire es puro y sano y se asemeja mucho al de Europa, pues también allí hay frecuentes temporales en el verano, que producen mucha lluvia y rayos, más abundantes empero que entre nosotros; el invierno se deja sentir con un frío igual al que hace entre nosotros en noviembre y es prueba de su limitado rigor el que aquí no se conocen ni estufas ni chimeneas para calentarse; sin embargo la atmósfera es bastante húmeda en estas regiones, pero no produce nada nocivo a la salud, por lo que este clima puede pasar por el mejor y más sano de toda la América. En esta república el terreno es una llanura casi uniforme y solo se encuentran pequeñas alturas, que se elevan en medio de ella y que van a terminar en las altas montañas de los Andes que la separan de Perú y Chile. Los árboles son raros, excepto a las orillas de los riachuelos, y por esto las maderas para la construcción de edificios, casas y muebles, vienen del Paraguay. En los alrededores de la capital y en las tierras cultivadas se encuentran olivos, naranjas, membrillos, manzanas, granadas e higos; se cultivan también gisantes, habas, sandías y también arroz. Una especie de hormiga rojiza (3) , más grande que las nuestras, es el flagelo del Plata, porque se establecen en un campo y en poco tiempo devastan los sembrados y despojan a los mismos árboles de sus hojas; salen a hacer estos daños de noche, y esconden con mucha precaución sus nidos que difícilmente son hallados por el hombre, el cual con justo derecho las persigue a muerte. Los ríos ofrecen gran cantidad de peces que son poco apreciados por estos hombres, que se nutren más bien de carne, tan abundante que con sus hatos y rebaños proveen a todo lo necesario para subsistir. Las aves me parecieron abundantes y de algunas especies bien distintas de las nuestras. Esto es lo que he podido averiguar en poco tiempo de este país, que hoy se llama república de Buenos Aires y está gobernada por un directorio supremo compuesto por representantes de las diversas provincias que formaban el antiguo reino de la Plata y que se extiende de Chile y Perú (4) a la Patagonia y de esta al Brasil y al Paraguay. El director (5) , que es el Presidente, era nombrado entonces para un bienio y tenía en sus manos el poder ejecutivo, mientras que el legislativo residía en los miembros representantes del pueblo (6) . Su constitución es semejante a la de los Estados Unidos de América septentrional. Las tropas de esta república, unidas a las de la república confederada de Chile, habían pasado a reunirse en Santiago, a orillas del Pacifico, bajo las órdenes del general en jefe San Martín (7) , y debían realizar una invasión al Perú para romper las cadenas de aquellos pueblos oprimidos, que a grandes voces pedían la libertad. La flota de Buenos Aires, que había partido a órdenes del célebre almirante Lord Cochrane (8) , había doblado el cabo de Hornos y, unida a la de Chile, se encontraba en el puerto de Valparaíso, para de allí, de acuerdo con San Martín, cooperar a la liberación del rico reino del Perú. Había arribado a esta ciudad de Buenos Aires, proveniente de Angostura, ciudad del Orinoco, un enviado de la república de Venezuela, a pedir socorro para que el intrépido y afortunado Bolívar pudiese arrojar completamente de tierra firme a Morillo. El Directorio no podía acceder a las súplicas del enviado por tener todas sus fuerzas dispuestas sobre el Pacifico para librar al Perú; pero nuestra llegada daba la esperanza de poder mandar al menos una pequeña división. En efecto Aury, acogido con gran distinción por haber salvado los restos de dos nacientes y casi desaparecidas repúblicas como Cartagena y México, recibió el encargo de socorrer a Venezuela, que estaba en peligro. Aury depuso todo rencor que anteriormente hubiese podido alimentar contra Bolívar y prometió hacer con todo empeño, en favor de éste, todo lo que le fuese ordenado por el supremo Director. Grande era la actividad de nuestra pequeña escuadra que trataba no solo de reparar los daños sufridos en una larga navegación sino de reclutar marinos y soldados para hacer lo posible por organizar una pequeña división, que había de llevar el terror a los españoles en donde quiera que los encontrase. Aury, con una actividad infatigable, hizo armar varios barcos tomados a los españoles por las fuerzas navales del Almirante Cochrane, y en poco tiempo, en el puerto llamado de la Ensenada, a diez leguas de Buenos Aires, se vio surgir, de una pequeña tropa de fugitivos mexicanos, una gallarda división de casi dos mil hombres entre oficiales de tierra y de mar, soldados y marineros. Una vez completa, le pasó revista el mismo Director Puyrredón (9) , quien entregó las correspondientes banderas blancas con dos fajas horizontales azul turquí y en medio del blanco un sol brillante (10) .

Los gritos de Viva la República, Viva el Director, se confundían con las reiteradas salvas de artillería de los barcos prontos a zarpar. Al día siguiente el general Aury distribuyó títulos militares y yo obtuve el de Capitán efectivo de artillería y mi compañero Ferrari el de mayor de infantería. El Supremo Director le confirió a Aury el título de general en jefe de las fuerzas de mar y tierra que en representación de las repúblicas unidas de Buenos Aires y Chile iban a obrar sobre la Nueva Granada. Envió con él al doctor Cortés de Madariaga (11) , canónigo de Chile, el mismo que con Miranda había contribuido a la sublevación de Caracas, y lo revistió del título de Proministro general. Debía residir en la isla de Jamaica, uno de los primeros establecimientos ingleses en las Indias occidentales, y con él podría cómodamente mantener correspondencia Aury, cuyas operaciones habrían de influir en gran manera para la libertad del vecino continente de América. Este ministro representaba a su gobierno y el general Aury debía depender de él en todo lo relativo al objeto que se había propuesto el directorio supremo, esto es libertar a Venezuela, la Tierra Firme, la Nueva Granada y las provincias del interior.

Las tropas se embarcaron en los diversos navíos comandados por el comodoro Packer, nativo de Nueva York en los Estados Unidos, pero subordinado al general en jefe de la expedición. Zarpamos con el ministro Cortés del puerto de la Ensenada (12) , situado sobre la orilla izquierda del gran río de la Plata, entre las repetidas salvas de artillería y, atravesando hacia la costa septentrional, solo después de dos horas pudimos descubrir tierra, tanta es la anchura de este río, y dejando a nuestras espaldas a Montevideo y Manado empezamos a costear el Paraguay [sic, debe ser Uruguay], las largas costas del Brasil, la Guayana holandesa y la francesa, pudiendo decir que hicimos una navegación bien diversa de la antecedente, ya que con frecuencia teníamos a la vista la inmensa tierra, que ora se presentaba en forma baja y plana, ora en espesas selvas, ora cubierta de abruptas montañas, y con frecuencia se encontraban las bocas de los grandes ríos que por todas partes bañan estas regiones. Así nos resultó esta navegación una de las más bellas que puedan desearse. Solamente a la altura del Ecuador sufrimos, más que con ocasión de nuestro viaje a Buenos Aires, de unos días de calma en los cuales un sol abrasador, que nos fulminaba perpendicularmente y en forma continua con sus rayos inflamados, nos hacía sentir como en un horno 'de fuego, tan excesivo era el calor. No soplaba ni una brisa y el gran océano parecía un cristal por la placidez y quietud de sus aguas. Era necesario humedecer los barcos en el interior y mantener siempre mojado el puente porque el alquitrán se derretía como si estuviera al fuego. A pesar de que los toldos estaban extendidos apenas se podía respirar por la noche, gozando del fresco que tanto deseábamos durante el día. Pasamos cerca de la isla de la Trinidad y arribamos a la de la Margarita (13) en donde el general Arismendi (14) , gobernador militar allí, nos recibió con distinción pero nos suplicó que nos alejáramos pronto de la isla, pues temía que los españoles tuvieran noticia de estas nuevas fuerzas y trataran de venir a destruirlas, atacando por consiguiente su establecimiento. Nos dijo que hacia algunos meses que no tenía noticias de Bolívar y que sus falías no podían ya entrar al Orinoco para subir a Angostura, pues una fuerte flotilla ligera española recorría el río, y que temía que la capital estuviese en grave peligro. Aury y el ministro se ofrecieron a obrar conjuntamente para librar el Orinoco, pero él dijo que quería esperar al almirante Brión, que había partido para los establecimientos ingleses con toda la flota de Venezuela a adquirir armas y municiones para Bolívar, y que mientras tanto él no operaria con fuerzas de otras repúblicas cuyos fines ignoraba, no habiendo tenido del generalísimo Bolívar ninguna indicación de su arribo, y por consiguiente declaró que no quería aventurar la suerte de la república bajo banderas que no conocía. Pero yo creo que el motivo más poderoso fue que estaba al tanto de la enemistad entre Bolívar y Aury y que temió incurrir en la enemistad del Libertador si se unía a las fuerzas de este general. El ministro quiso partir en un barco inglés que estaba en el puerto y dirigirse a Jamaica para llegar así más pacíficamente a su destino, temiendo que en el camino pudiésemos encontrar al enemigo y fuésemos obligados a batirnos. Dio órdenes a Aury para que buscara al almirante Brión y viera si de acuerdo con él se podía hacer alguna cosa en favor de la república de Venezuela. Costeando las islas que llaman de Sotavento y Barlovento y pidiendo noticias de la flota de Venezuela, se nos dijo que estaba anclada en una pequeña isla desierta cerca de la de San Bartolomé (15) , pertenecientes ambas a los suecos. Por fin encontramos al almirante Brión y anclamos en el mismo pequeño puerto bastante estrecho. Fue él quien vino primero a bordo a saludar a Aury; al día siguiente tuvieron un coloquio solos en tierra, en el que se trató del importante empeño en que estaban de salvar a Angostura, si todavía resistía, o de reconquistarla si se hubiese perdido. Aury le comunicó las órdenes que había recibido del ministro y ofreció unirse con sus barcos y tropas para aquella expedición, con la condición de que se echara a suerte cuál de los dos había de asumir el comando general, ya que se trataba de dos jefes con plenos poderes, pertenecientes a dos repúblicas diversas y comandantes de dos fuerzas iguales, y que no tenían un jefe superior que los mandara a los dos. Convenía a los intereses de la república de Venezuela esta unión y el jefe que la hubiera dirigido bien habría de ganar un inmortal honor y por otra parte se podía juzgar con certeza que seria inútil la operación si uno se subordinaba a otro. Brión respondió que no podía ceder a ninguno el comando que la había sido confiado por el Congreso de Venezuela y por el Libertador Bolívar, y que por consiguiente no quería confiar a la suerte lo que el deber no le permitía ceder. No le valió a Aury el precisar que esto solo se hacía por la unidad y exactitud de las operaciones y que una vez librada Angostura y reunidos con el Libertador, si la suerte lo hubiera favorecido, él se declararía y obraría como jefe de las fuerzas de Buenos Aires, auxiliares de las de Venezuela, y no como comandante de estas. No hubo modo de llegar a un acuerdo y Aury, siguiendo sus instrucciones, se despidió y se fue. Nosotros creíamos que íbamos a levar anclas todos juntos y quedamos sumamente sorprendidos al ver que los venezolanos permanecían al anda.

Hechas las salvas de saludo salimos de aquel estrecho pasaje y llegamos frente a la ciudad de San Bartolomé, en donde esperamos a uno de nuestros oficiales enviado expresamente a tierra para hacer lavar la ropa blanca de toda la oficialidad, circunstancia por la cual tuvimos que estar al través todo el día y toda la noche, porque el oficial no regresó sino al despuntar el día siguiente. Se dio por el comandante la señal de seguir nuestro rumbo, cuando uno de nuestros bricks de vanguardia, a cinco millas de distancia, viró de bordo y a velas desplegadas, con la señal de enemigo a la vista, corrió hacia nosotros. El comandante en jefe dio la orden de prepararse para combate naval, que fue repetida por los otros barcos, cuando el capitán del brick Amazonas gritó por medio de la trompeta marina que los españoles andaban por detrás de San Bartolomé. Oír tal noticia y responder Aury fue lo mismo. "Corred donde Brión y decidle que se ponga a la vela". Buen, velero, el brick hendía con rapidez las ondas y dejaba detrás una larga espuma mientras que nosotros todos, vueltas las proas, nos uníamos en batalla y corríamos en socorro de la flota de Venezuela, que sin nuestro aviso, debido a una de aquellas combinaciones que deciden muchas veces sobre el mismo campo de batalla de los más grandes destinos, se hubiera perdido irremisiblemente, porque los españoles, cubiertos por la larga isla de San Bartolomé, se acercaban sin ser vistos frente al estrecho puerto, y allí hubiera quedado aniquilada la fuerza marítima de Bolívar, y con ella los medios en armas, hombres y municiones para proseguir la campaña. El pequeño escollo que forma una isleta de tres millas de extensión habría sido la tumba del honor de la marina de Venezuela. Pero el experto capitán del Amazonas no entró en el estrecho puerto, sino que, pasando lo más cerca que pudo, disparó un cañonazo y gritó: "Cortad las amarras, que ahí vienen los españoles". Cualquiera puede imaginarse la confusión: unos estaban en tierra, otros a bordo de otros barcos, otros estaban ocupados en arreglar las velas, otros las armas, en fin todo era un desorden tal, que apenas hubo tiempo de cortar los cables, levantar el anda y salir mal aparejados a batirse con el enemigo, que había ya doblado la isla y cuya primera fragata iba ya a presentar batalla, cuando vio en buen orden a nuestra escuadra, en pos de la cual corría a la desbandada la de Brión para organizarse. La fragata española Asia se detuvo a esperar a su flota, compuesta de una fragata, dos corbetas, ocho bricks y seis goletas. Nuestras dos flotas reunidas presentaban dos corbetas, seis bricks y seis goletas, y sin embargo Aury pasó cerca de Brión y le gritó que estaba listo a atacar y que no era necesario detenerse a cañonear sino acercarse y saltar al abordaje. A voces (porque nuestras señales no eran iguales a las de Brión) se dio orden de que Aury atacase una fragata con su corbeta y que lo mismo haría Brión con la otra, que los dos bricks más fuertes atacarían a las dos corbetas y que los otros barcos se desembarazasen como pudiesen. Los hurras que lanzaban repetidamente los marineros, manifestaban el deseo que se tenía de afrontar la muerte. Se distribuyeron vasos de ron, se señalaron los puestos, se dieron las órdenes y ya no se esperaba sino que se diera la señal, cuando Brión, acercándose a la corbeta de Aury (en la cual estaba yo como comandante de la artillería de a bordo y mi compañero al comando de la infantería lista a disparar) le manifestó que no quería ser el primero en atacar porque iba demasiado cargado de armas y municiones para Bolívar y que temía no poder maniobrar con la agilidad requerida, por lo que, vista la desproporción de las fuerzas, pensaba retirarse en orden y eludir durante la noche la búsqueda del enemigo. Nuestro general le contestó que era preferible hacer rumbo a la isla de la Mona, en donde estaban dos de los barcos que había ido a hacer aguada, y que reforzados en aquella posición con dichos barcos podíamos atrevemos al combate con más ventaja. Entonces retrocedimos con nuestra corbeta, llamada El Congreso y comandada por el comodoro Packer, que andaba a tal velocidad que mientras nosotros huíamos en la delantera con sólo dos velas, los españoles para perseguirnos habían tenido que echar todas sus velas. La fragata Asia, que nos seguía de cerca y se alejaba así de los suyos, cuando nos deteníamos para esperarla se detenía para no alcanzarnos; todo el día maniobramos en esta forma y por la noche con faroles y señales continuas tratamos de mantenernos unidos. A la mañana siguiente, cuando esperábamos ver al enemigo cerca de nosotros, por más que los vigías observaron el horizonte no se le descubrió. Hacia el medio día nos dirigimos a la Mona, en donde nuestros barcos nos salieron al encuentro y anclamos todos frente a aquella pequeña isla. Aury fue a visitar a Brión y a tratar de llegar de nuevo a un acuerdo con él, pero como no tuvo ningún éxito, Brión se retiró para recoger sus anclas y los hombres que había dejado en tierra y de allí se dirigió a la Margarita. Nosotros nos hicimos a la vela a lo largo de la isla de Santo Domingo y fuimos a tomar puerto y a refocilamos de la larga navegación en la ciudad de Los Cayos (16) , que pertenecía a la república de Haití, cuyo presidente era todavía Petión La población de esta última isla se hallaba dividida bajo tres gobiernos, una parte pertenecía al rey de España y su capital se llamaba Santo Domingo (17) . Una porción al reino de Cristobal, un negro que tenía su corte en la ciudad llamada Cabo Francés, y cuyos súbditos eran todos negros y formaban un reino de soldados, que hacían continuamente la guerra a la gente mestiza que formaba la otra parte de la población, república gobernada entonces por el presidente Petión, cuya residencia era la ciudad de Puerto Príncipe. Después de la muerte del feroz Cristobal le correspondió al presidente Boyer, sucesor del fallecido Petión, unir estas dos porciones de la población en una sola familia bajo la denominación de república de Haití. Esta isla es una de las grandes Antillas y la mayor después de la de Cuba. Sus altas montañas se elevan por todas partes, tan altas como nuestros Alpes, con las cumbres desnudas y los flancos cubiertos de espesas selvas, y más abajo decienden alegres colinas donde los colonos tenían sus habitaciones esparcidas aquí y allá, las cuales consistían en grupos de pequeñas cabañas regulares para los esclavos, en medio de las cuales se levantaba la casa del patrón, en piedra, rodeada de molinos de viento y de acueductos magníficos para el beneficio de los ingenios. Diversos y caudalosos ríos riegan por todas partes esta bella región. Por primera vez pude admirar con placer nuevas producciones de la naturaleza, que a cada paso aparecían a mis ojos siempre nuevas y siempre bellas. Allí surgen vastos campos de caña de azúcar que con sus hojas amarillentas heridas por el sol parecen doradas. Hermoso contraste hacen con ellas las hileras de arbustos de algodón, de los que pende el fruto a guisa de otros tantos copos de nieve. Son también admirables las plantaciones de café, cuyos frutos maduros semejan otros tantos corales. Es sorprendente la planta del banano por sus grandísimas hojas y por su fruto que sirve ordinariamente en estas partes de pan, en tal forma que un pequeño campo de una yugada, una vez sembrado, dura más de cien años y es suficiente para el consumo de una discreta familia sin necesidad de más trabajo. Por todas partes la campiña está adornada durante todo el año de flores y de frutos maduros y verdes a un mismo tiempo y la vegetación tiene siempre la misma fuerza. Allí nace la piña y de ella se cultiva allí el más agradable y saludable fruto de la América, lo mismo que el árbol que produce el corosol, que se da también a los enfermos y tiene la forma de un corazón de buey (18) cubierto de verde con la medula blanca. La papaya (19) , entre las pocas hojas pendientes del tronco carga en la extremidad de este muchos frutos amarillos semejantes a nuestros higos. El hermoso tamarindo, de cuyas bayas se hace una bebida refrescante, y que compite con el mango, cuyos frutos se asemejan a nuestros albérchigos, pero tienen un sabor muy diferente y son muy jugosos. Es maravilloso el árbol del cacao, cuyo fruto a manera de sandia encierra las almendras que sirven para la elaboración del chocolate. Allí se cultivan el tabaco, el maíz, las patatas, de las cuales hay algunas dulcísimas. Se emplean como pan también la raíz de la yuca asada y los tubérculos del ñame que se usan ordinariamente. Los habitantes prefieren estas plantas y el banano al pan más blanco y hermoso que se pueda imaginar. Los árboles que producen pimientos de varios colores, amarillos, verdes y mojos, son frecuentes y se dan salvajes, lo mismo que los de toda clase de naranjas. Se cultiva, pero en poca cantidad, una planta semejante a nuestro trébol, con una flor de color rojo violáceo sin olor, de la que se extrae el añil. Prospera también la vainilla, cuya planta, sarmentosa y voluble como la vid, está adornada a trechos de pequeños botones rojos sostenidos por hojas bastante grandes de un Verde pálido, que adornan el trigo, semejantes pero bien en pequeño, al racimo de banano. Allí nacen y se propagan por sí mismos el melón, la sandia y los pimentones verdes y rojos sumamente picantes. Es sorprendente el cultivo del arroz, que se hace sobre las más altas montañas y que vegeta bien gracias a las densas nubes que deponen sobre aquellas crestas sus vapores en el día y con los grandes rocíos de la noche. Hay por todas partes gran cantidad de higos silvestres de la India, áloes y toda aquella especie de plantas con espinas o sin ellas que en nuestros jardines sirven de ornamento y se conservan en estufas de invernadero. El clima de esta región es siempre igual y no se distingue el invierno sino por las continuas lluvias y los terribles huracanes que a veces asolan estas islas en los meses de agosto, septiembre y octubre. En este tiempo sin embargo no se siente frío y sólo se mitiga un poco el calor por los vientos y las lluvias, pasada esta estación las continuas brisas del mar hacen soportable el gran calor, que de otra manera seria tan insufrible que difícilmente podría vivir allí la raza humana. En las orillas del mar hay gran cantidad de tortugas que salen a la playa a depositar sus huevos, deliciosos para comer. Las hay de un tamaño exagerado y algunas pesarán, sin la concha, que es durísima, más de ochenta libras. Se encuentran también muchos crabs (20) , que son una especie de cangrejos enormes que cavan agujeros en la tierra arcillosa para recoger las aguas de lluvia y permanecer allí. Estos animales no salen sino por la noche y se cazan a la luz de las antorchas. Hay también ratas de monte muy buenas para comer, grandes como un gato y absolutamente iguales a un ratón. Viven generalmente sobre los árboles, lo mismo que la iguana (21) , que es deliciosa y parecida a una gran lagartija de unos dos palmos de tamaño; de la cola a la cabeza tendrá unos ocho palmos de longitud. Tiene el mismo color y la espina dorsal dentada a manera de sierra, con una pequeña cresta. Es un anfibio velocísimo para la carrera, que se sumerge en el agua y pone sus huevos en los hoyos que hay cerca de los árboles. Hay varias serpientes venenosas y la más grande es el boa, que por cierto en nuestros días es bastante raro. En los ríos hay muchos cocodrilos a los que llaman caimanes. Devoran sin remisión al que se atreva a bañarse en los lugares donde está. Hay en estos mares muchos requines (22) , golosos de carne, que cuando a bordo de un barco hay algún enfermo, se orientan hacia él y lo siguen durante el viaje de modo que puede deducirse que lo hacen atraídos por el olor. Es también notable en estos mares la cantidad de bancos de peces voladores que se encuentran, los cuales, al ser perseguidos por peces más grandes, se elevan sobre las olas y con sus alas sutiles y transparentes como un finísimo cartílago, vuelan más de doscientos pasos a la altura de unos diez pies sobre las aguas y vuelven a sumergirse en ellas (23) . Cuando los habitantes pueden coger alguno de estos lo mantienen colgado en sus casas y son parecidos a nuestro pez blanco. Las ostras abundan en estos lugares y se encuentran en cantidades adheridas a los mangles (24) , que son una especie de árboles tortuosos y con las ramas todas entrecruzadas, que nacen entre el agua cerca de las costas del mar o de los ríos. Es increíble la cantidad de peces que vive en estas aguas; entre otros son notables los dorados (25) , muy grandes y vistosos por los vivos colores de oro que los adornan. Son delicadísimos al paladar, como también una especie de raya (26) , que tiene en la cola una sierra y cuando se la coge trata de herir con ella al que la captura. En los escollos viven gambas gruesas como las ragustas de Noruega. En la isla se producen en gran número las palmas y principalmente el coco, que con su fruto sirve para nutrir y calmar la sed, con la corteza para vestirse, y con las hojas para cubrir las cabañas. Otra especie, que llamaré de col, se asemeja mucho al coco pero se eleva mucho más y en el. extremo encierra un bulbo que al comerlo tiene el mismo sabor de la col. Una. tercera especie en forma de abanico, sirve para resguardarse de los rayos del sol (27) y para cubrir las casas, y esto para no hablar de tantas otras de extrañas formas y singular belleza, ya descritas por los naturalistas. Hermosos y de extraordinario grosor son los árboles, por cierto diferentes de los nuestros. Aquí se encuentra el cedro dulce, el sasafrás (28) , la acacia, árbol casi igual a nuestro nogal y con un fruto grande como un plato pando de color entre negro y rosado, lleno todo de jugosa carne por dentro, y el guayacán (29) , que tiene la madera negra y dura como el aracá.

Son frecuentes los manzanillos (30) , que dan unos frutos en forma de manzana que con su fragancia invita a los incautos a comerla y a morir después, tan fuerte es su veneno. Muchos árboles son venenosos por sus frutos, flores o ramas, por lo cual el europeo debe andar bien cuidadoso en esta parte. Muchísimos pájaros viven en la isla y al rededor de ella, siempre vagando sobre el mar, y son una especie de palomas grandes, todos blancos y tan poco cautos que resulta facilísimo el cogerlos cuando se posan sobre alguna embarcación, por lo cual se les llama bobos. Se alimentan de peces y abundan en los escollos y en las pequeñas islas desiertas, que son muy frecuentes en estas partes. También se encuentran aquí las garzas, todas blancas y de patas altísimas, que van siempre detrás de su rey, que es enteramente negro y va a la cabeza de ellas. El pájaro llamado cardenal es admirable por su roja cabeza y el turpial (31) , de color naranja y con plumas negras y amarillas, canta hermosamente. En bandadas van los verdes periquitos así como los papagayos de diversos colores.

Pocos blancos habitan en esta isla, particularmente en la parte que perteneció antes a los franceses; ya que los negros que estuvieron sublevados durante mucho tiempo al mando de Touissant Louverture (32) y del emperador Dessalines, hicieron una horrible guerra contra sus amos y después de mil masacres, incendios y escenas de la mayor atrocidad en ciudades, poblaciones y casas de habitación, de esclavos que eran se hicieron dueños absolutos y se dividieron entre ellos lo que pertenecía a los colonos franceses. La historia detalla muy bien el modo cruel y bárbaro con que eran tratados y la manera aún más inhumana con que se vengaron de los abusos sufridos y se dieron la libertad. Este pueblo presenta una mezcla de colores y de diferencias más o menos oscuras en su piel broncínea, o de color de ébano, o de cobre rojizo que tira a gris, según los diversos cruces que ha habido entre negros y blancos, de los cuales han nacido los mulatos, los mestizos, los cuarterones, que todos son gente de color; ahora son estos, junto con los negros, los que hacen todo el comercio. Son ellos los propietarios, los empleados, los magistrados, mientras que antes eran todos esclavos.

Por falta de educación, porque hace poco han sacudido el yugo de la esclavitud, es general entre ellos la ignorancia, pero sorprendí en esta gente un discernimiento tal, que los capacita para aprender rápidamente cualquier cosa, a menos que el orgullo y la vanidad no los lleven a despreciar la enseñanza. Les gusta vestirse bien y están llenos de sí mismos, y se entregan principalmente a las mujeres, al juego y a la danza. Son esbeltos, ágiles y buenos soldados, pero de una fogosidad tal que con mucha frecuencia necesitan quien los refrene y en general, tanto el negro como el hombre de color, son muy agudos, de mucha astucia y se ayudan recíprocamente en sus necesidades con tanta cordialidad que es digna de nota. Las mujeres, nacidas en climas ardientes, son de un temperamento igualmente ardiente. Las negras son muy limpias y de fisonomía y líneas interesantes, pero sin ninguna gracia, sin ninguna ocupación, sin ninguna dulzura y todo su encanto está en la lascivia. En cuanto a las criollas, o sea las mujeres de color, son indolentes, caprichosas, pícaras, pero si se llega a despertar su interés se te presentan llenas de gracia, de delicada languidez, de amabilidad, de ternura y de toda la galantería posible para excitar una correspondencia libidinosa, para la que viven únicamente y por la que se encariñan. La mayor parte de las mujeres de color en todas las Antillas son concubinas de los colonos y negociantes, quienes las tienen mientras les son fieles y se comportan con el interés y el cariño que son necesarios en las familias; de lo contrario las abandonan, asumiendo sin embargo la obligación de mantener a los hijos hasta la edad en que puedan ganarse la vida. Y esto no perjudica al honor ni a la reputación de la muchacha, que al día siguiente ya ha encontrado un nuevo marido. Y si la criolla es tratada con dureza, no tiene ninguna dificultad en volverse a la casa paterna acompañada de toda su buena fama, para buscar nuevas conquistas.

La costumbre de estos matrimonios ficticios es tan cómoda que la mayor parte vive de esta manera, sumamente satisfechos por la facilidad de disolverlos cada vez que se vuelven insoportables. Cada vez que un hombre recibe a una criolla la dota, como regalo, de un lecho y del mobiliario para una habitación, y si ella ya está provista de esto le suministra el equivalente en dinero. Otra particularidad tiene la gente de color en el sepultar a sus muertos, y es que en ese día se reúnen todos los parientes y amigos y en una habitación contigua a aquella en la que yace el difunto se come, se baila y se bebe, mientras que en la del muerto se cantan himnos y oraciones. Toda la noche dura esta francachela y al día siguiente entregan el féretro a los sacerdotes, los cuales lo acompañan a la tumba con las preces acostumbradas. Tienen una especie de danza que llaman el karabiné, que es ejecutada por una fila de hombres y otra de mujeres que danzan acompasadamente, ya se acercan, ya se alejan, muy pausadamente, y hacen movimientos y gestos que indican ora desdén, ora desprecio, ora amor, y mientras más fuerte es la música de la orquesta, con más fuerza expresan dichas pasiones, introduciendo de tanto en tanto algunos movimientos lascivos que vienen a encender cada vez más la fantasía de aquellas almas ardientes, hasta que acaban abrazándose y besándose recíprocamente, para volver de nuevo a sus movimientos.

 La ciudad de Los Cayos es grande y tiene un puerto bien defendido por fortificaciones; las casas son limpias, de un solo piso, parte en piedra, parte en madera. Todavía se encuentran vestigios de la encarnizada guerra en las ruinas de un hospital militar que fue incendiado. La población es grande y por entonces empezaba a dedicarse a la navegación, al comercio, a las artes y a la agricultura, que durante algún tiempo había quedado sin brazos porque no había ninguno que se dignara manejar un azadón; tan poseídos estaban del cambio que se había operado, qué se necesitó mucho tiempo para que se dieran cuenta de ese error. Fue necesario acudir, por medio de leyes sabias y rigurosas, a restaurar en alguna forma el floreciente estado de la agricultura, abandonada porque juzgaban que el nuevo título de libertad los dispensaba de los antiguos trabajos serviles que prestaban a los colonos, sin darse cuenta de que en el nuevo orden de cosas el fruto de su trabajo les iba a corresponder enteramente a ellos.

Varios días pasamos alegremente en tierra y luégo nos hicimos a la vela con toda la división hacia las pequeñas islas llamadas de Las Ranas, habitadas sólo por pájaros bobos. Cuando nos acercamos a ellas se envió a tierra un oficial en una canoa con orden de ver si había allí alguna señal de fuego y de buscar cerca del mismo una botella que debía haber sido colocada allí por nuestro servicio de inteligencia militar. En efecto la encontró y regresó el oficial con ella, dentro de la cual había un billete de uno de nuestros capitanes, que había ido anteriormente a Jamaica, en el que estaba escrito que el Ministro deseaba que toda la división se dirigiese al puerto de Kingston, capital de aquella isla. Ibamos navegando cuando encontramos un barco mercante español cargado de leña, que venía de Santo Domingo y se dirigía a Veracruz (33) , con lo que surgió inmediatamente en el general Aury la idea de apoderarse del fuerte de San Juan de Ulúa mediante dicho barco. Su proyecto era llenar el barco de soldados decididos y enviarlo a la Veracruz, tripulado por nuestros marineros y seguido por toda la división, y al acercarse a aquel puerto dejarlo solo y procurar que entrara hacia la caída de la tarde, cuando los guardias de la aduana acostumbran amarrar los barcos a unas gruesas anillas que hay en la muralla del puerto y poner guardias de aduana, cerrando la boca del puerto para poder hacer a la mañana siguiente la visita necesaria. Durante la noche nuestros marineros debían apoderarse de los guardias de aduana, abrir las escotillas a los soldados encerrados en la bodega y a favor de la oscuridad, acercarse con el barco a la muralla, tirando de la misma cuerda a la que estaba amarrado, saltar atrevidamente sobre los bastiones, y caer a mansalva sobre la sorprendida guarnición que estaría casi toda dormida. El plan era atrevido y hubiera dado resultado de acuerdo con las observaciones del capitán español que hablamos hecho prisionero. Llevamos dicho barco a Jamaica donde toda la división fue recibida con las acostumbradas salvas de cañón. Anclamos en Puerto Real (34) , donde estaban anclados más de veinte barcos de guerra. Soberbias baterías y un gran fuerte protegen el canal que conduce los barcos mercantes a Kingston. Esta es la ciudad comercial, porque Spanish Town (35) es la residencia del gobierno. Las dos son grandes y hermosas, colocadas en la pendiente de una colina,, con calles rectas y edificios bastante elegantes, todos dé madera, pero mantenidos con :mucha decencia y limpieza. El gran número de almacenes con techos de zinc que hay en Kingston (36) , repletos de toda clase de mercancías del Nuevo Mundo, de Europa y de las Indias Orientales, demuestra bien claramente que aquí están también las soberbias dársenas de Londres. La actividad de las personas, la cantidad de navíos mercantes que van, vienen, cargan, descargan, prueban la industria y el comercio de estos habitantes. La cantidad de gente en todas las calles es tal que parece estar en una gran ciudad de Europa. Y no faltan los elegantes cabriolés, gran cantidad de calesas y muchos landós. El clima, la forma de las montañas, las producciones de esta isla, son los mismos de Santo Domingo descritos atrás. Tres mil hombres, sin contar las milicias, forman la guarnición, además de una basé naval de veinticinco barcos de guerra, y apenas son suficientes para contener al gran número de esclavos que sobrepasa con mucho al de los blancos, que son los colonos y negociantes dé esta floreciente isla. El general descendió a tierra y al día siguiente lo hizo toda la oficialidad en gran uniforme para honrar al Ministro, a nuestro jefe y a la república. El doctor Cortés de Madariaga no aprobó el atrevido golpe de mano que planeaba Aury, tanto porque no era esta la parte que se debía ocupar, cuanto porque no nos hubiéramos podido sostener allí, ya que todo México estaba en poder de los españoles. En realidad la idea del general no era establecerse allí, sino exigir un fuerte rescate para poder con los dineros de los enemigos hacerles mejor la guerra a ellos mismos, pero tuvo que someterse a su superior y dirigir sus operaciones en torno a las islas que están casi al frente de Porto Belo, a tres días de Jamaica, pertenecientes entonces a los españoles, y que se llamaban Santa Catalina, Vieja Providencia, San Andrés y Mangles, a fin de establecer en ellas sus fuerzas, fortificarse y esperar allí ulteriores órdenes, que se darían de acuerdo con los sucesos y las circunstancias. Mientras tanto aquellos lugares se pondrían en condiciones de defensa, y haríamos allí nuestra plaza de armas, para después desde allí desplegar nuestras operaciones.

N.  B. Consta de la hoja de servicios y del brevet de capitán efectivo de artillería, fechado el 6 de julio de 1818.

 

 

(1)  Quizá la cifra sea exacta. Buenos Aires tenía 90.000 habitantes en 1855, luego podemos admitir que unos 40 alba antes tuviera menos de la mitad.
(2) La revolución argentina, que estalló el 25 de mayo de 1810, fue "una revolución municipal en su origen, legal en su forma y que nunca recurrió a medios sangrientos, y en apariencia adoptó intenciones conser­vadoras en favor del antiguo régimen, cuando en el fondo su objeto era la emancipación de España".
En Argentina la lucha por la independencia no tuvo nunca el carác­ter de exterminio, de guerra a muerte, como en Venezuela y en la Nueva Granada, que luchaban por un mismo ideal. Después de algunos encuen­tros en los que los generales Valcárcel, Belgrano, Randeau, La Serna y San Martín se cubrieron de gloria, no solo por su habilidad como estrate­gas sino por su generosidad para con el enemigo vencido, la guerra de la independencia terminó (1815).
El 9 de julio de 1816 un Congreso reunido en Tucumán proclamó la independencia de las 11 provincias del Plata y eligió a Puyrredón direc­tor supremo de la república.
Dentro de estos términos es verdadera la afirmación de Codazzi.
(3) Es el bachaco u hormiga rosada, que lleva en la boca dos tenaci­llas con las que destruye las hojas de las plantas.
(4) Es el Alto Perú o Bolivia.
(5) Once provincias, por consiguiente 11 directores, uno de los cuales con el carácter de Director Supremo.
(6) Cuando Codazzi llega, según su afirmación, a Buenos Aires, el Di­rector Supremo era Puyrredón.
(7) San Martín, José de (1778-1850), después de haber cruzado los Andes con 8.500 hombres en enero de 1817, vencido en Chacabuco al gober­nador de Chile y proclamado la independencia de este país (19 de enero de 1818); después de haber, en una segunda victoria en Maipó, derrotado el cuerpo de tropas españolas enviadas por el virrey del Perú (Abascal), había establecido una alianza entre la República de Chile y su República de Buenos Aires y con las fuerzas unidas de las dos repúblicas trataba, en 1819, de libertar al Perú, ayudado por la flota de Cochrane (véase Bolí­var y su época, vol 2°, p. 228-224).
Codazzi, que escribía sus memorias en la paz de la Villa Serraglio, anticipa los acontecimientos y pone como ya ocurridos hechos que tuvieron lugar después de su llegada con Aury, ya que otra cosa no se puede su­poner, a Buenos Aires -pequeño anacronismo que debemos perdonarle-.
(8)  Alejandro Tomás Cochrane, conde de Dundonald (nacido en 1775, todavía estaba vivo y en plena actividad en 1851) fue marino intrépido y estuvo presente, con diversos grados, en todas las campañas navales com­batidas por Inglaterra entre 1808 y 1809; murió en Kensington en 1860.
Después de haber dejado el mar y haberse entregado a la vida polí­tica y a la especulación, con alternativas no felices, volvió a su antiguo oficio, pero no al servicio de su tierra. En 1817 fue invitado por el go­bierno de Chile a asumir el comando de una flota que tratase de arrojar a los españoles del Perú. Especialmente digna de recuerdo es su acción contra el puerto del Callao, maravillosa por la audacia (septiembre de 1820), gracias a la cual fueron destruidas todas las naves españolas del Pacífico y se decidió el éxito de la campaña.
Del servicio a favor de la República de Chile, pasó al del Brasil (1821-1828). El resto de su vida lo pasó desempeñando otros oficios delicados e importantes.
(9) Juan Martín de Puyrredón (1776-1850) fue uno de los campeo­nes de la independencia argentina. De 1810 a 1812 y luego más tarde con­sagró su actividad, su ingenio y su patriotismo a la república bonaerense en tal forma que en 1816 fue nombrado Director Supremo de las Provin­cias Unidas. En 1819 se retiró de la vida política.
En 1911 se le erigió en Buenos Aires un monumento.
(10) Las fajas de azul turquí que encierran la faja horizontal blanca, han permanecido; ha desaparecido el sol radiante.
(11) José Cortés de Madariaga (no Modriaga o Madriaga, como es­cribe algunas veces Codazzi) vivió entre 1770, aproximadamente, y 1828, fue un sacerdote chileno que, después de haber ejercitado su ministerio primero en la catedral de Santiago y luego en la de Caracas, tomó parte en la revolución de 1810. Hecho después prisionero y llevado a Ceuta, logró huir.
En 1816 estaba nuevamente en Venezuela, como miembro suplente de la Junta de Gobierno.
Sus biógrafos no hacen ninguna referencia a esta misión que mencio­na Codazzi, pero no hay razón para rechazarla, antes bien se debe admitir que Codazzi agrega un detalle desconocido a la vida del cura patriota. Este escribió un relato bastante interesante de sus viajes.
(12)  Localidad cerca del puerto de La Plata.
(13)  Es la mayor de las islas de Sotavento y pertenece a Venezuela. En otro tiempo formaba una provincia (y. el Resumen de Codazzi, p. 591-604); ahora hace parte del Estado de Sucre [sic. Está equivocado Longhena, la isla de Margarita y otras adyacentes forman hoy el Estado de Nueva Esparta].
(14)  José Loreto Arismendi, uno de los más distinguidos generales de la guerra de independencia en Venezuela. Lo que principalmente se re­cuerda de él es la defensa que hizo de la isla de Margarita, con solo 500 hombres, contra los 5.000 soldados de Morillo. No se pudo evitar la capitu­lación, pero inmediatamente después conquistó la fortaleza de Juan Griego.
Participó en todos los hechos de armas de aquella campaña. Hecho prisionero fue fusilado por las tropas españolas en Irapa [sic].
(15)  La isla de St. Barthelemy queda al NO. de Barbados, en las pe­queñas Antillas y perteneció después a Francia. Al N. de ella hay cuatro islotes que forman un semicírculo; quizá a alguno de ellos se refiera Co­dazzi.
(16) Los Cayos es sin duda ninguna Cayes o Aux Cayes, ciudad de unos 15.000 habitantes en la costa sudoccidental.
 (17) La parte francesa de la isla de Haití había quedado totalmente independiente desde 1803 y en ella se constituyeron dos Estados. Al norte se formé un Estado bajo el negro Dessalines, cuyo sucesor, Cristóbal, tomó el título de rey (Enrique I); al SO. florecía una república cuyo presi­dente, Petión, un mulato, desde 1814 se había hecho nombrar presidente vitalicio. Estos dos Estados, largo tiempo rivales, después de la muerte de Petión (1818) y del suicidio de Cristóbal (1820), se fundieron en uno solo bajo la dictadura de Boyer.
(18)  La anona reticulata es la llamada coeur de boeuf, mientras que la anona municata es la que se denomina corosol; todas plantas de las Indias Occidentales.
(19) Es el fruto de la canoa Papaya, planta original del Brasil y di­fundida en todos los países tropicales. El fruto es una baya oblonga que contiene una pulpa dulce y perfu­mada. Se come crudo o cocido y sirve para preparar conservas; también puede ser destilado.
(20)  Es el nombre inglés del cangrejo.
(21)  Es como una lagartija grande. La iguana tuberculosa, que vive en gran parte de la América Meridional; mide unos 75 cm. de largo, es de naturaleza sumamente mansa y tiene una carne excelente.
(22)  Del francés requin, tiburón, perro marino.
(23)  Muchos y diversos son los peces voladores, llamados también pe­ces golondrinas.
(24) Pertenece a la familia de las caprifoliáceas y es la rhizopkora mangle, que crece junto a las playas del Mar de las Antillas o del océano y también en los deltas pantanosos de los ríos.
(25)  Así lo describe Codazzi en su Resumen: "Dorado: nombre que se le da por sus colores; es de un sabor exquisito; vive en el mar".
(26) No son pocas las variedades de rayas; a la que se refiere Co­dazzi es quizá a la Arzilla citiodata.
(27) La segunda variedad es la cocas Mauritixt, que es como el sím­bolo de la fertilidad de aquella tierra: la parte más tierna de su cogollo sirve de hortaliza al indígena. La tercera variedad es la Chctmearops humilis de Linneo.
(28) El sasafrás (Sassafras of ficinalis), que pertenece a la familia de las luráceas y da una madera tierna, frágil y duradera.
(29)  El guajacum sanctum y el guajacum of ficinale dan una madera compacta y dura. La más apreciada es la madera del u. offioinale, especial­mente la que viene de Santo Domingo.
(30)  Se trata del manzanillo (Hippomane mancinella) que pertenece a la familia de las Euforbiáceas. Su fruto es igual a una manzana y da no poca fragancia, pero es venenosísimo.
(31) El turpial es una de las aves de la familia de los ícteros, quizá el icterus Iamacali, negro y anaranjado, vistoso y con una voz que sabe modular el canto de los otros pájaros.
(32) Toussaint Louverture, antiguo esclavo, fue coronel de las tropas españolas y pasó después, en 1794, al servicio de Francia como general de brigada. Pero tenía la intención de hacerse señor de la isla, por lo tanto se desembarazó de los varios comisarios enviados por la Convención, ocupó la parte que tenían los españoles y se hizo nombrar por una asamblea fantasma gobernador vitalicio con derecho a nombrar su sucesor.
Napoleón, que quería aliviar la suerte de las colonias francesas, man­dó inmediatamente tropas para castigar al dictador; Leclerc, que las co­mandaba, obtuvo fácilmente éxito en la empresa. Toussaint se vio obliga­ do a rendirse y, como había demostrado gran valor, fue tratado con dig­nidad y pudo volver a dedicarse al trabajo en sus plantaciones de Ennery. Pero más tarde fue hecho prisionero y enviado a Francia, donde murió en el castillo de Joux (Alpes) de frío y de miseria.
En la isla estalló en 1808 una insurrección dirigida por los lugarte­nientes de Toussaint; Dessalines, que entre ellos se había atribuido el po­der supremo, proclamó la independencia de Haití -fué él el primero en llamarla así- e inicialmente se contentó con llamarse gobernador, pero en 1804, cuando Napoleón fue coronado emperador, él, que se consideraba el primero de los negros, se hizo proclamar igualmente emperador con el nombre de Jacobo 1. Masacres, rapiñas, crueldad con los blancos y con los negros, llevaron al asesinato de Dessalines (17 de octubre de 1806).
Los mulatos proclamaron como jefe a Petión, quien fundó en el SO. una república independiente, de la cual se proclamó presidente, y confió a Boyer, su lugarteniente, el comando de la guerra y el gobierno de la capital, establecida en Port au Prince. Los negros por su parte eligieron como jefe a Cristóbal, quien constituyó un reino en el norte, asumió el nombre de Enrique 1 y puso la capital en Cap.
Los dos Estados estuvieron frecuentemente en guerra y fue Boyer (Juan Pedro Boyer, 1776-1850) quien, habiendo vencido en más de una batalla a Cristóbal, adquirió tal popularidad que fue aclamado presidente a la muerte de Petión (marzo de 1818). El suicidio de Cristóbal, ocurrido en seguida, y la cesión espontánea de la parte española de la isla, que tu­vo lugar hacia 1821, pusieron en manos de Boyer toda Haití. De 1822 a 1848 la isla estuvo bajo su mando y gozó de años, si no felices, por lo me­nos mejores que los precedentes. Boyer vivió sus últimos años en París.
(33)  Veracruz, que fundada por Cortés, fue trasladada en 1609 unos 40 km. al 5., al lugar donde hoy está. La roca de Ulúa debía servirle de defensa y protección, y en ella fue erigido el fuerte de San Juan, que de­fendió la ciudad contra los corsarios. Pero en tiempo de Codazzi ni la ro­ca ni el fuerte cumplían ya su función defensiva.
(34)  Es hoy puerto de estación de la flota de guerra inglesa, con un importante depósito de carbón. Surge al extremo de la punta arenosa lla­mada Palisadoes, que cierra la bahía en la que está Kingston.
(35)  Hoy todo está en Kingston y Spanish Town, situada sobre el ria­chuelo Cobre que desemboca en la bahía de Kingston, no tiene sino 8.694 habitantes.
(1) Téngase en cuenta que el movimiento de naves en Kingston ha superado en los últimos años los 4 millones de toneladas.

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