INDICE





CAPÍTULO I
Los primeros años — Sus estudios en Lugo — Voluntario del ejército italiano — Hechos de armas — Deja la vida militar.

CAPÍTULO II
En Constantinopla: de aquí va por varios países al báltico y después a Ho­landa — Va a América del Norte — A sueldo, combate a favor de los in­surgentes en el mar de las Antillas — (Sus Memorias) — Precioso conte­nido de estas — Regresa a Italia — En soci

CAPÍTULO III
Regresa a América — 24 de mayo de 1826 — Comandante de artillería — Jefe de Estado Mayor — Se ocupa en la geografía estadística y en el Atlas de Venezuela — A París.

CAPÍTULO IV
La obra geográfica y cartográfica sobre la República de Venezuela.

CAPÍTULO V
Funda la Colonia Tobar — Gobierna la provincia de Barinas.

CAPÍTULO VI
De la República de Venezuela a la de Colombia — Comandante de la Escuela Militar — Iniciación de sus actividades en Colombia —La cuestión del Canal — Su muerte.

CAPÍTULO VII
Memorias Póstumas de Constante Ferrari y de Agustín Codazzi.

CAPÍTULO VIII
Juicio sobre Agustín Codazzi.

CAPÍTULO IX
Llegada a San Blas — datos sobre aquellos indígenas — Partida para el Golfo del Darién y entrada al río Atrato — Descripción del clima, producciones, animales e insectos que se encuentran en el río Atrato — Llegada a la capital del Chocó, noticias sobre l

CAPÍTULO X
Llegada a Santafé de Bogotá y acogida que tuve — Continuación de la campaña de Bolívar después de la toma de Angostura — Expedición de Morillo a Margarita y sorpresa de Calabozo — Bolívar derrotado cerca de Valencia y refugiado en los llanos — Su atrevida

CAPÍTULO XI
Estado de Providencia a mi regreso y de las fuerzas listas para partir, expedición de Ferrari al desaguadero del río San Juan en Nicaragua. Partida de la división para el Chocó. Rendición en Candelaria de una flotilla española. marcha por el Atrato y derr

CAPÍTULO XII
Viaje del general Aury a Santafé por el Magdalena — Descripción del cli­ma, usos y costumbres de estos habitantes, producciones, animales, etc., de estos lugares — Promulgación del armisticio y estado de las fuerzas armadas — Llegada de Bolívar a Santafé

CAPÍTULO XIII
Climas, usos y costumbres de los indios mosquitos y nuestra permanencia entre ellos —Llegada a Providencia y a Cartagena — Capitulación de aquella plaza — Se me confía una expedición para apoderarnos de Omoa y del castillo de San Felipe — Partida en un pe

CAPÍTULO XIV
Llegada a Santo Tomás y su descripción — Partida para la Valija — Comercio en Comayagua y Jamaica — Partida para el Chocó y riesgo corrido — Arribo a la Valija y expedición de mercancías a Trujillo — Pérdida de las mismas — Nuevo comercio en cl golfo Dulc

APÉNDICE
- VII -
 
 

Memorias Póstumas de Constante Ferrari y de Agustín Codazzi.

No faltan documentos para describir la vida de Codazzi después de 1826, o sea después de su retorno a la América del Sur; antes hay demasiados. Su único defecto están en que se hallan esparcidos en lugares lejanos y en publicaciones diversas, de manera que buscarlos resulta largo y muchas veces sin éxito (1) . Por otra parte están sus obras, las cuales con las noticias que casi todas contienen en los prefacios, sirven no poco para reconstruir la actividad de Codazzi durante largos años y para fijar casi con precisión matemática los lugares en donde tal actividad se desenvolvió. Pero los años que preceden a la fecha de su regreso a América, los años que vivió errante y combatiendo, los años entre el licenciamiento de aquellas tropas italo-británicas a las cuales perteneció por un tiempo Codazzi y su venida a la pequeña ciudad natal, aquellos años densos de sucesos complicados, hasta ahora sólo fueron conocidos por una publicación debida a un hombre de armas de valor no común, Constante Ferrari, publicación aparecida en 1855 (2) . Dicha obra -son "Memorias" ordenadas por años- fue impresa después de la muerte del autor, ocurrida el 30 de abril de 1851, y quizá si el autor hubiera estado vivo, había acortado o suprimido algunas partes de sus anales y habría completado otras, porque hay notable desproporción entre la primera parte, que comprende los primeros 30 años de su vida, 1785-1815, (casi 405 páginas) y la otra, no menos importante, que comprende los otros 36 (apenas 135 páginas); muchos sucesos notables están relatados con demasiada rapidez y por consiguiente, puesto que el autor' había tomado parte en ellos, con evidentes omisiones; además hay una extensa narración hacia el fin, 'en parte incompleta, con no poca chismografía, que Ferrari seguramente habría suprimido. Por esto consideramos que no fue el mejor homenaje a la memoria del autor el haberlas publicado.

¿ Quién fue Constante Ferrari? Sin duda un hombre de armas no común; arrojado, despreocupado de si mismo, como sí hubiera sido hecho para hallarse en los peligros, apto precisamente para vivir en aquel primer quinquenio del siglo pasado, en el cual la primera condición para tener éxito en la vida era la de saber manejar la espada y saber despreciar los riesgos y las dificultades.

Nacido en Reggio Emilia en 1785, soldado del ejército napoleónico, elevado al grado de Capitán sólo por sus virtudes de soldado, se ve en medio de dificultades económicas cuando cae el Reino de Italia y la empresa de Murat se aproxima a un triste final.

Exilado voluntariamente, por casualidad se encuentra al lado de Codazzi, y juntos recorren el viejo y el nuevo mundo. Tampoco entonces su espada conoce obstáculos sino que golpea segura, por lo que de Capitán es ascendido a Teniente Coronel. La amistad con Codazzi dura algunos años y después se desvanece; y mientras el uno vuelve a atravesar el Océano y conquista la gloria, el otro se queda en Italia, cultivando una granja que había adquirido en compañía con el amigo, en medio de no pocas dificultades económicas y de los deberes de la familia que ha formado. Sin embargo en el viejo luchador quedan todavía algunas fuerzas; va a Grecia, hace un viaje hasta Venezuela para encontrar al amigo, es jefe de un batallón de voluntarios en 1831 y en 1848 se halla en el sitio de Vicenza con el General Durando.

Como conjunto de actividades no hay nada que observar: Ferrari fue, como hombre de armas, bien superior a muchos otros. Pero sus méritos de escritor sí son bien inferiores; tiene un estilo pedestre y descolorido; parece como si hubiera incapacitado su brazo para manejar la pluma. No parece que lo que mirra haya sido realizado por él, tan poca es la vida que le da; la lejanía, ya que pensamos que las "Memorias" fueron redactadas más tarde, cuando Ferrari ya estaba cansado y distante 'de los hechos narrados, ha esparcido sobre sus páginas el gris de una niebla igual, que uniforma cosas y personas.

¿ Cuando fueron compuestas estas "Memorias"? Bien particularizadas en un principio, van haciéndose cada vez más rápidas, tanto que las últimas 35 páginas abarcan los sucesos ocurridos de 1823 a 1826, entre los cuales hay un viaje a Grecia, la travesía del Atlántico hasta Venezuela y los movimientos de 1831, en los cuales tomó parte. No van más allá de 1836 y por consiguiente dejan por fuera quince años de vida, años que fueron dolorosos para Ferrari y en los cuales cumplió el último acto noble de su vida, la participación en la primera guerra de la Independencia italiana.

La última parte está toda destinada a la narración de sus relaciones, ya no amistosas, con Codazzi, y al propósito de demostrar que no era Codazzi su acreedor, sino él, Ferrari, la víctima de la mala administración del amigo; es una defensa de su honestidad y una acusación contra éste.

Las últimas páginas son contra la hermana de Codazzi, la señora Gianetta Dall'Olio, una mujer modesta, que quizá cometió el error de querer defender con demasiada vehemencia a su hermano, que teme por él cuando Ferrari amenaza publicar sus "Memorias", y le escribe que ha tenido la desgracia de encontrar un hombre con el cual no se podía poner de acuerdo y del cual acaba por separarse, y que, finalmente, cometió otra grave culpa a los ojos de Ferrari, la de "reunirse con su hermano en Venezuela" (3) .

¿ Y por qué Ferrari habrá mezclado asuntos tan serios, como las batallas en que participó -y que no fueron pocas-, con las mezquinas cuentas de sus intereses, con las pequeñas causas de litigio con el amigo, con las deudas y los créditos, con el dar y el recibir?

Seguramente la idea de escribir sus "Memorias" debe habérsele ocurrido bastante tarde a Ferrari, mucho después de la partida del amigo. Y de ello tenemos una prueba en la narración que Codazzi hace de sus viajes. Es pues necesario que hablemos primero de ella.

Mientras las "Memorias" de Ferrari han merecido los honores de la imprenta, los viajes de Codazzi han permanecido inéditos hasta 1930, cuando vieron la luz en las prensas de la casa Alpes, resumidos aquí y allí, pero en gran parte reproducidos in extenso. El manuscrito, que había pertenecido al conde Giacomo Manzoni (4) , y que hacia parte de su célebre biblioteca, cuando ésta se dispersé fue adquirido por el doctor Carlos Piancastelli di Fusignano, quien al morir la dejó, junto con todas sus colecciones, a la Biblioteca Cívica de Forlí. Todo de puño y letra de Codazzi, consta de 369 páginas escritas a una columna, en papel azul pálido; luego hay un índice con el sumario de cada capítulo, y cierran el volumen 7 mapas dibujados por Codazzi a pluma, con tinta roja y negra. Todo el manuscrito está dividido en 14 capítulos.

Es posible establecer con bastante exactitud el tiempo de composición de esta narración, pues aunque no ofreciera ella misma un argumento intrínseco para determinarlo, bastaría pensar que la relación contenida en el manuscrito va de 1816 a 1822, que Codazzi permaneció tres años en Italia disfrutando de la tranquilidad de su finca del Serrallo, y que, 'habiendo partido en 1826, no volvió a ver más ni a su Lugo ni a Italia. Es pues evidente que el manuscrito fue redactado en Italia y que jamás debe haber salido de Italia, ya que lo encontramos en posesión del bibliófilo conde G. Manzoni, y que por otra parte no tenemos ningún motivo para pensar que haya sido escrito en otra ocasión, ya que la actividad posterior de Codazzi excluye, sin más, el que hubiera podido ocuparse en este lejano período de su vida mientras le urgían cosas más graves. Pero hay una indicación precisa, en la introducción, que merece ser tenida en cuenta. Codazzi dice que con ocasión del matrimonio de su amigo Ferrari "dio a luz" una carta en la cual "rememoraba los peligros corridos y las campañas sostenidas en América", y que como ésta había gustado, había decidido escribir detalladamente sus peripecias para agradar a sus amigos.

Ahora bien, según declaración del mismo Ferrari (5) , su matrimonio con la señorita Testa se celebró el 25 de julio de 1825; por consiguiente la redacción del manuscrito de los viajes debe ponerse entre esta fecha y abril de 1826. Estos viajes -lo decimos teniendo en cuenta las frecuentes indicaciones hechas por Codazzi- están narrados detalladamente, también para acabar con las dudas que sus amigos no ocultaban, acerca de su extensión y de lo que en ellos había hecho. "Hay gente que cree que América es el país en donde el oro corre por las calles -así dice Codazzi-, y que piensa que con el oficio de las armas no se puede uno procurar los medios de vivir honradamente, por lo que he pensado en alargarme en algunos pequeños hechos parciales que se refieren a mí y en dar una justa idea de cuanto he encontrado y de cuanto he sufrido".

Probablemente entonces -cuando Codazzi escribía- a Ferrari todavía no le había venido la idea de escribir sus "Memorias", y quizá el relato de los viajes hechos por el amigo fue lo que suscitó en Ferrari el deseo de componer la narración de sus "Memorias". ¿ A quién habrá confiado Codazzi su manuscrito? Ciertamente a alguno de los suyos, a la hermana o a cualquiera de sus amigos íntimos, pues tenía muchos con quienes mantenía relaciones epistolares, que lo recordaban después de tantos años y que se sentían tan orgullosos de sus triunfos en América que los divulgaban en los periódicos (6) varios años después de su partida. ¿ Conoció Ferrari el manuscrito de Codazzi? Creemos que sí. Pero, ¿ es posible que después de lo bien que Codazzi habla de Ferrari en su narración, después de las palabras afectuosas y de los episodios de cariño fraterno, aquel no haya mostrado al amigo, en lo que legaba al futuro, la prueba de su amistad? En efecto, en las "Memorias" póstumas de Ferrari relativas a los años en que creemos haya sido escrita la narración de Codazzi, hay palabras que dejan suponer un enfriamiento de los vínculos de amistad; por consiguiente, teniendo en cuenta esta sola fuente, parecería lógico que excluyésemos el que Ferrari hubiera visto el manuscrito de Codazzi. Sin embargo precisamente esto nos autoriza a suponer tal conocimiento.

Admitida la posteridad de las "Memorias" de Ferrari, aun en aquel periodo de años que se refiere a la vida vagabunda de los dos después de su salida de Europa, pensamos que hayan sido escritas todas de seguida y que por consiguiente el inicio de su redacción debe ponerse después de 1836, y entonces es lógica la pregunta de si fue un simple deseo de hacer que quedara memoria de sí mismo en el tiempo, u otra razón la que movió a Ferrari a tomar la pluma. Examinemos uno y otro trabajos, veamos que características corresponden a uno y a otro, y juzguemos en consecuencia.

Codazzi, si son válidas nuestras conclusiones, escribió sus "Memorias" cuando tenía poco más de treinta años; Ferrari estaba más cerca de los sesenta que de los cincuenta; aquel cuando el recuerdo de los hechos, a los cuales había asistido y en los cuales había tenido no pequeña parte, estaba todavía vivo en su mente; éste cuando ya el recuerdo había palidecido con el tiempo.

Por esto la narración de Codazzi está llena de color, de vida y de movimiento; se siente, leyendo sus páginas, que estuvo presente en los sucesos y no con mirada indiferente; que la vida que describe la ha vivido intensamente. Además de sus dotes de narrador, que son sin duda superiores a las de Ferrari, Codazzi sabe, en su relato, evocar el pasado y a los hombres con quienes tuvo que tratar y vivir, dentro del paisaje que le rodeaba cuando viajó o combatió, cuando sufrió o estuvo alegre.

Inicia su narración desde el día en que, licenciado del ejército, sintió que debía hacer algo, y relata paso a paso todo lo que le ocurrió hasta su retorno a Italia. . . Joven y lleno de esperanza, no se abate a los primeros golpes de una fortuna adversa; si la nave ha naufragado con todos sus haberes, todavía tiene dos brazos que pueden hacer cualquier cosa y trabaja como pintor de brocha gorda, pero ello no le impide, puesto que se halla en la pedregosa Itaca, evocar la ciudad que había sido capital del pequeño reino de Ulises. Es un hombre que ha estudiado, que sabe, y por consiguiente cualquier cosa puede despertar en su ánimo recuerdos, asociaciones de ideas, remembranzas de impresiones lejanas. Y de hecho, vaga por Constantinopla, casi sin un centavo y sin la esperanza de poderlo ganar, pero observando todas las bellezas de la soberbia ciudad y tratando de saber y de conocer. Hay en él el hombre de armas que espera la ocasión propicia de ser conducido a nuevas batallas y a nuevas victorias, pero hay también el hombre que no olvida que el oficio de soldado lo desempeña para vivir y que la vida no se reduce a esto. Observa, curiosea en torno suyo, anota; lo atraen las ciudades pequeñas o poco pobladas por donde pasa, fortificadas o abiertas, y la diversidad de cultivos de los campos; llaman su atención las costumbres de los hombres, sus modos de ser, su vida; y como aquellos hombres viven los hace vivir en su relato. Y si lo que dice necesita alguna aclaración, lo hace con garbo, y si a lo que sucede es necesario buscarle una causa, es un seguro indagador, que no se deja engañar por las causas aparentemente suficientes porque en realidad son sólo especiosas y: superficiales.

Mientras vagabundea por Europa su relato puede parecer más bien el de un cazador de impresiones y no el de un estudioso, ya que sabe que Europa -aun los Balcanes- es conocida en su totalidad y que repetir cosas dichas por otros no agregaría ningún lustre a su narración; además por Europa gira como desafortunado perseguidor de una fortuna que espera siempre y que jamás alcanza, la recorre pidiendo frecuentemente a los amigos y a los compañeros de armas ayuda para llegar a sujetar a la fugitiva diosa. Pero cuando pone el pie sobre el continente americano, cuando vaga por tierras que son menos conocidas y que suscitan en él el mayor interés, cuando, habiéndose enrolado, puede finalmente mirar al mañana seguro de sí mismo y obtener el pan de cada día por sí mismo, con su actividad, con los riesgos que corre, entonces su narración es más completa; no es ya un impresionista, no se contenta con esbozar el motivo de un cuadro, sino que hace el cuadro y lo hace completo. Sabe colocar delante de los ojos y de la mente del lector, en toda su integridad, con sus defectos y sus virtudes, aquel mundo tan variado, de hombres tan diversos, que combaten por el pan porque no saben sino combatir, o que están animados por un idealismo, mundo hecho de aventureros y de héroes, nacido de la disolución de otro mundo -el napoleónico-. Sin embargo ¡ cuánta bondad y optimismo aporta a él su naturaleza recta y sana! En América se combate a favor de pueblos a quienes Europa oprime, y por ello es hermoso combatir, y los que ofrecen su brazo a tal causa aparecen circundados de una aureola de belleza. No es la historia que indaga curiosa y severa, sino la vida que perdona y compadece.

¿ Se combate en Méjico entre los que quieren la autonomía del país y España que quiere mantenerlo sujeto? Pues hé aquí que salta fuera, en medio de esta lucha, la política de los Estados Unidos, que aprovecha de la discordia para sacar ventaja, que favorece las empresas que para ellos resultan indiferentes, pero truncan hábilmente las que perturban sus planes. La política de esta gran república se adivina y manifiesta, se hace patente y se ilustra. Hubiera sido posible en aquel enorme crisol de intereses y de pasiones, de virtudes y de grandes vilezas, pactar, dar para recibir, cambiar frecuentemente de opinión; y en cambio Codazzi, quien desde el principio se coloca a órdenes del Almirante Aury, le permanece fiel mientras vive, y sólo después de que éste ha desaparecido se licencia y regresa a Europa.

Como en el norte no hay lugar para él y las condiciones de las regiones que se esfuerzan por convertirse en República Mexicana son tan difíciles que sus débiles fuerzas acabarán por ser sacrificadas, acepta dirigirse al sur. Está la República de Buenos Aires, que tiene su existencia asegurada, y allí espera encontrar un campo a su actividad. ¿ Pero qué es esta América meridional, que aparece tan diversas de aquella que había quedado al expirar el siglo XVIII?

Y entonces Codazzi se detiene a hablar de la revolución qué ha estallado en Venezuela y en otras partes; de los hombres que se habían puesto a la cabeza de los varios movimientos, de los triunfos de los primeros años y de las derrotas sufridas después del Congreso de Viena, cuando, restaurada, España empieza a reaccionar contra la separación de sus viejas provincias. También la República de Buenos Aires es descrita en sus aspectos principales y los hombres que allí se agitan son presentados con las palabras necesarias para hacerlos comprender y para explicar sus actividades.

La suerte lo lleva, ya que la República del sur manda las tropas que se le han ofrecido en defensa de la hermana que lucha desesperadamente al norte, al más áspero campo de lucha, a Venezuela, casi bajo la dependencia inmediata de aquel Bolívar que no muestra mayores simpatías por los extranjeros que abrazan la causa que lo hará grande; y durante cuatro años combatirá allí por todas partes, en mar o en tierra, en el interior o a lo largo de los ríos; de comandante o a órdenes de otros, jefe de expedición o Embajador y portador de órdenes y explorador osado. Y Venezuela y Colombia aparecerán en sus descripciones, íntegras, con sus habitantes, con su flora y con su fauna, con sus montes nevados y sus llanuras ilímites, con las costumbres de sus habitantes, con su odio contra los españoles, con sus discordias. Bastaría recoger en capítulos las noticias geográficas y despojarlas de la forma viva del relato, para hacer con ellas dos monografías sobre estos dos vastos países.

¿ Y qué decir de los retratos que hace Codazzi de los hombres que encuentra, hombres dignos de recuerdo por sus hechos ilustres y por sus grandes ideales? Cobran vida en sus páginas, analizados con profundo arte y con palabras sencillas, y son auténticos; ni su simpatía los exagera ni su pasión los empequeñece. A Aury tributará sus lágrimas aunque no era grande; de Bolívar juzga con severidad humana, aunque era un hombre que estaba muy por encima de la medianía; pero no oculta los defectos de Aury y exalta en Bolívar la fuerza que arrebata a las gentes y las mueve hacia la libertad (7) .

En cambio Ferrari -no tomamos en cuenta la parte que se refiere a las guerras napoleónicas, y solo examinamos la narración de su encuentro con Codazzi en Constantinopla-, es un narrador menos brillante, más esquemático. En él los hechos se suceden unos a otros como en un film, sin interrupción, sin un momento de respiro, siempre iguales; falta la pintura del ambiente; falta un pequeño pincelazo sobre los personajes; faltan el calor y la vida. Ferrari es un soldado; pero también los soldados cuando quieren saben describir, saben narrar. Frecuentemente el detalle ahoga o elimina el hecho principal. Los diversos lugares se suceden, pero al lector le hace falta una palabra que los vaya distinguiendo, de manera que resulta difícil orientarse en el embrollo de nombres poco conocido? y de hechos demasiado particulares. Además la narración es demasiado sucinta, casi telegráfica.

Errores de escritura en los nombres propios, errores geográficos en los lugares, errores de fechas en los hechos, hacen casi inútil la narración, la cual recibe solo alguna luz si se leen después las "Memorias" de Codazzi. Además flota una difusa sensación como de poca moralidad en el autor, ya que, si es lícito aceptar la oferta generosa del amigo, no es correcto que continuamente se esté golpeando a la puerta de los amigos generosos para solicitar ayuda. Y Ferrari no se da cuenta de lo lamentable que es andar pidiendo, especialmente cuando se está en todo el vigor y lozanía.

En cambio, si la primera parte de la narración es descolorida, cuando trata de sus relaciones económicas con Codazzi casi llega a adquirir energía y trata de persuadir y se eleva -o se rebaja- a demostraciones. Codazzi que se halla casi ausente en la narración que hace Ferrari de la gesta americana, -y en cambio ¡ cuán afectuoso es Codazzi hacia su Ferrari; cómo se alegra de volverlo a encontrar después de una breve separación y cómo después de un triunfo propio recuerda el triunfo del amigo!- aparece en escena al fin, donde todo gira en torno a él, pero no para acrecentar su gloria sino para disminuirla.

Codazzi es mal administrador; para reparar sus desastres administrativos, le busca y encuentra una mujer rica al amigo. Codazzi huye incumpliendo las promesas de otro tiempo; ha olvidado completamente a su amigo y lo recibe fríamente en la lejana América; Codazzi se ha dejado convencer por los chismes de la hermana contra el amigo; en resumen todo se le achaca a él, que se halla lejos, midiendo tierras y recorriendo llanos, y que trabaja honestamente y busca por medios honrados la gloria. La comparación entre las dos narraciones rerum gestarum resulta totalmente desfavorable a Ferrari y de exaltación para Codazzi. Se trata de dos hombres a quienes separa un abismo, pero a quienes la suerte ha acercado; a quienes una vida común les ha engañado haciéndoles creer por un momento que eran hechos el uno para el otro, pero a quienes la dura realidad divide ¡aleja; son dos hombres que no pueden entenderse porque los separa una enorme distancia.

Uno, Ferrari, es sólo un hombre de armas, un aventurero incapaz de sacar provecho de su valor y de su coraje, porque en el fondo hay en él una no leve dosis de pereza y falta de iniciativa; el otro es un soldado que sabe ser valeroso cuando debe serlo, pero que es algo más: es un hombre de estudio y de saber, y a quien el saber le ayuda a aprovechar lo que encuentra en la vida.

Documento el uno, casi infalible, de un período histórico no despreciable; el otro es sólo documento de sí mismo que no sirve para ninguna reconstrucción: el uno narra por narrar, porque cree que no es inútil referir a los otros lo que ha ocurrido y lo que ha visto; el otro relata para demostrar que a pesar de sus méritos ha padecido sufrimientos no merecidos, dolores injustos, graves ofensas: el uno se abre, manifiesta su pasado y sus hechos, para que los demás los vean y juzguen; el otro expone para justificarse a sí mismo e impedir que los otros lo juzguen duramente y lo condenen (8) .

 

 

(1) En mi primera edición de las "Memorias" de Codazzi, impresa en 1930, he rendido los más vivos agradecimientos al profesor Eduardo Posada, de la Academia Nacional de Historia de Bogotá, quien me había facilitado generosamente sus consejos y sus datos; aquí, nuevamente, tributo, a él o a su memoria, mis más rendidos acontecimientos.
(2) Memorie postume. Rocca S. Casciano. Federico Cappelli, reimpresas por el Ispi de Milán en 1942.
(3) Ferrari, Memorie postume (cito la edición de 1942), p. 540-541.
(4)  Annibale Tenneroni, Biblioteca Manzoniana. Catalogo ragionato dei mss. appartenuti al fu Conte Giacomo Manzoni. Citta di Castello, 1894. Parte IV, p. 162, núm. 182.
(5)  Memorie postume, p. 515-516.
(6) Véanse el extenso y bien escrito artículo publicado en una hoja de Bolonia "La Farfalla", del' 19 de septiembre de 1841, núm. 35, firmado G. C., y otro más breve de la "Gazzetta privilegiata di Bologna", del 29 de enero de 1944, núm. 12. Ambos sé reproducen adelante en su integridad entre los documentos.
(7) Véase mi artículo "A. Codazzi ed i suoi giudizi su gli uomini del la Rivoluzione venezuelana", en Revista Italiana, 1959. núm. 414-415, p. 171-182.
(8) Véase mi artículo "Constante Ferrari ed A. Codazzi", en La Pié, 1959, núm. 7-8 y 9--10.

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