- VII -
Memorias Póstumas de Constante Ferrari y de Agustín
Codazzi.
No faltan documentos para describir la vida de Codazzi después
de 1826, o sea después de su retorno a la América del Sur; antes
hay demasiados. Su único defecto están en que se hallan esparcidos
en lugares lejanos y en publicaciones diversas, de manera que
buscarlos resulta largo y muchas veces sin éxito
(1)
. Por otra parte están sus obras, las
cuales con las noticias que casi todas contienen en los prefacios,
sirven no poco para reconstruir la actividad de Codazzi durante
largos años y para fijar casi con precisión matemática los lugares
en donde tal actividad se desenvolvió. Pero los años que preceden a
la fecha de su regreso a América, los años que vivió errante y
combatiendo, los años entre el licenciamiento de aquellas tropas
italo-británicas a las cuales perteneció por un tiempo Codazzi y su
venida a la pequeña ciudad natal, aquellos años densos de sucesos
complicados, hasta ahora sólo fueron conocidos por una publicación
debida a un hombre de armas de valor no común, Constante Ferrari,
publicación aparecida en 1855
(2)
. Dicha obra -son
"Memorias" ordenadas por años- fue impresa después de la muerte del
autor, ocurrida el 30 de abril de 1851, y quizá si el autor hubiera
estado vivo, había acortado o suprimido algunas partes de sus
anales y habría completado otras, porque hay notable desproporción
entre la primera parte, que comprende los primeros 30 años de su
vida, 1785-1815, (casi 405 páginas) y la otra, no menos importante,
que comprende los otros 36 (apenas 135 páginas); muchos sucesos
notables están relatados con demasiada rapidez y por consiguiente,
puesto que el autor' había tomado parte en ellos, con evidentes
omisiones; además hay una extensa narración hacia el fin, 'en parte
incompleta, con no poca chismografía, que Ferrari seguramente
habría suprimido. Por esto consideramos que no fue el mejor
homenaje a la memoria del autor el haberlas publicado.
¿ Quién fue Constante Ferrari? Sin duda un hombre de armas no
común; arrojado, despreocupado de si mismo, como sí hubiera sido
hecho para hallarse en los peligros, apto precisamente para vivir
en aquel primer quinquenio del siglo pasado, en el cual la primera
condición para tener éxito en la vida era la de saber manejar la
espada y saber despreciar los riesgos y las dificultades.
Nacido en Reggio Emilia en 1785, soldado del ejército
napoleónico, elevado al grado de Capitán sólo por sus virtudes de
soldado, se ve en medio de dificultades económicas cuando cae el
Reino de Italia y la empresa de Murat se aproxima a un triste
final.
Exilado voluntariamente, por casualidad se encuentra al lado de
Codazzi, y juntos recorren el viejo y el nuevo mundo. Tampoco
entonces su espada conoce obstáculos sino que golpea segura, por lo
que de Capitán es ascendido a Teniente Coronel. La amistad con
Codazzi dura algunos años y después se desvanece; y mientras el uno
vuelve a atravesar el Océano y conquista la gloria, el otro se
queda en Italia, cultivando una granja que había adquirido en
compañía con el amigo, en medio de no pocas dificultades económicas
y de los deberes de la familia que ha formado. Sin embargo en el
viejo luchador quedan todavía algunas fuerzas; va a Grecia, hace un
viaje hasta Venezuela para encontrar al amigo, es jefe de un
batallón de voluntarios en 1831 y en 1848 se halla en el sitio de
Vicenza con el General Durando.
Como conjunto de actividades no hay nada que observar: Ferrari
fue, como hombre de armas, bien superior a muchos otros. Pero sus
méritos de escritor sí son bien inferiores; tiene un estilo
pedestre y descolorido; parece como si hubiera incapacitado su
brazo para manejar la pluma. No parece que lo que mirra haya sido
realizado por él, tan poca es la vida que le da; la lejanía, ya que
pensamos que las "Memorias" fueron redactadas más tarde, cuando
Ferrari ya estaba cansado y distante 'de los hechos narrados, ha
esparcido sobre sus páginas el gris de una niebla igual, que
uniforma cosas y personas.
¿ Cuando fueron compuestas estas "Memorias"? Bien
particularizadas en un principio, van haciéndose cada vez más
rápidas, tanto que las últimas 35 páginas abarcan los sucesos
ocurridos de 1823 a 1826, entre los cuales hay un viaje a Grecia,
la travesía del Atlántico hasta Venezuela y los movimientos de
1831, en los cuales tomó parte. No van más allá de 1836 y por
consiguiente dejan por fuera quince años de vida, años que fueron
dolorosos para Ferrari y en los cuales cumplió el último acto noble
de su vida, la participación en la primera guerra de la
Independencia italiana.
La última parte está toda destinada a la narración de sus
relaciones, ya no amistosas, con Codazzi, y al propósito de
demostrar que no era Codazzi su acreedor, sino él, Ferrari, la
víctima de la mala administración del amigo; es una defensa de su
honestidad y una acusación contra éste.
Las últimas páginas son contra la hermana de Codazzi, la señora
Gianetta Dall'Olio, una mujer modesta, que quizá cometió el error
de querer defender con demasiada vehemencia a su hermano, que teme
por él cuando Ferrari amenaza publicar sus "Memorias", y le escribe
que ha tenido la desgracia de encontrar un hombre con el cual no se
podía poner de acuerdo y del cual acaba por separarse, y que,
finalmente, cometió otra grave culpa a los ojos de Ferrari, la de
"reunirse con su hermano en Venezuela"
(3)
.
¿ Y por qué Ferrari habrá mezclado asuntos tan serios, como las
batallas en que participó -y que no fueron pocas-, con las
mezquinas cuentas de sus intereses, con las pequeñas causas de
litigio con el amigo, con las deudas y los créditos, con el dar y
el recibir?
Seguramente la idea de escribir sus "Memorias" debe habérsele
ocurrido bastante tarde a Ferrari, mucho después de la partida del
amigo. Y de ello tenemos una prueba en la narración que Codazzi
hace de sus viajes. Es pues necesario que hablemos primero de
ella.
Mientras las "Memorias" de Ferrari han merecido los honores de
la imprenta, los viajes de Codazzi han permanecido inéditos hasta
1930, cuando vieron la luz en las prensas de la casa Alpes,
resumidos aquí y allí, pero en gran parte reproducidos
in
extenso. El manuscrito, que había pertenecido al conde Giacomo
Manzoni
(4)
, y que hacia parte de su célebre
biblioteca, cuando ésta se dispersé fue adquirido por el doctor
Carlos Piancastelli di Fusignano, quien al morir la dejó, junto con
todas sus colecciones, a la Biblioteca Cívica de Forlí. Todo de
puño y letra de Codazzi, consta de 369 páginas escritas a una
columna, en papel azul pálido; luego hay un índice con el sumario
de cada capítulo, y cierran el volumen 7 mapas dibujados por
Codazzi a pluma, con tinta roja y negra. Todo el manuscrito está
dividido en 14 capítulos.
Es posible establecer con bastante exactitud el tiempo de
composición de esta narración, pues aunque no ofreciera ella misma
un argumento intrínseco para determinarlo, bastaría pensar que la
relación contenida en el manuscrito va de 1816 a 1822, que Codazzi
permaneció tres años en Italia disfrutando de la tranquilidad de su
finca del Serrallo, y que, 'habiendo partido en 1826, no volvió a
ver más ni a su Lugo ni a Italia. Es pues evidente que el
manuscrito fue redactado en Italia y que jamás debe haber salido de
Italia, ya que lo encontramos en posesión del bibliófilo conde G.
Manzoni, y que por otra parte no tenemos ningún motivo para pensar
que haya sido escrito en otra ocasión, ya que la actividad
posterior de Codazzi excluye, sin más, el que hubiera podido
ocuparse en este lejano período de su vida mientras le urgían cosas
más graves. Pero hay una indicación precisa, en la introducción,
que merece ser tenida en cuenta. Codazzi dice que con ocasión del
matrimonio de su amigo Ferrari "dio a luz" una carta en la cual
"rememoraba los peligros corridos y las campañas sostenidas en
América", y que como ésta había gustado, había decidido escribir
detalladamente sus peripecias para agradar a sus amigos.
Ahora bien, según declaración del mismo Ferrari
(5)
, su matrimonio con la señorita Testa se
celebró el 25 de julio de 1825; por consiguiente la redacción del
manuscrito de los viajes debe ponerse entre esta fecha y abril de
1826. Estos viajes -lo decimos teniendo en cuenta las frecuentes
indicaciones hechas por Codazzi- están narrados detalladamente,
también para acabar con las dudas que sus amigos no ocultaban,
acerca de su extensión y de lo que en ellos había hecho. "Hay gente
que cree que América es el país en donde el oro corre por las
calles -así dice Codazzi-, y que piensa que con el oficio de las
armas no se puede uno procurar los medios de vivir honradamente,
por lo que he pensado en alargarme en algunos pequeños hechos
parciales que se refieren a mí y en dar una justa idea de cuanto he
encontrado y de cuanto he sufrido".
Probablemente entonces -cuando Codazzi escribía- a Ferrari
todavía no le había venido la idea de escribir sus "Memorias", y
quizá el relato de los viajes hechos por el amigo fue lo que
suscitó en Ferrari el deseo de componer la narración de sus
"Memorias". ¿ A quién habrá confiado Codazzi su manuscrito?
Ciertamente a alguno de los suyos, a la hermana o a cualquiera de
sus amigos íntimos, pues tenía muchos con quienes mantenía
relaciones epistolares, que lo recordaban después de tantos años y
que se sentían tan orgullosos de sus triunfos en América que los
divulgaban en los periódicos
(6)
varios años después de
su partida. ¿ Conoció Ferrari el manuscrito de Codazzi? Creemos que
sí. Pero, ¿ es posible que después de lo bien que Codazzi habla de
Ferrari en su narración, después de las palabras afectuosas y de
los episodios de cariño fraterno, aquel no haya mostrado al amigo,
en lo que legaba al futuro, la prueba de su amistad? En efecto, en
las "Memorias" póstumas de Ferrari relativas a los años en que
creemos haya sido escrita la narración de Codazzi, hay palabras que
dejan suponer un enfriamiento de los vínculos de amistad; por
consiguiente, teniendo en cuenta esta sola fuente, parecería lógico
que excluyésemos el que Ferrari hubiera visto el manuscrito de
Codazzi. Sin embargo precisamente esto nos autoriza a suponer tal
conocimiento.
Admitida la posteridad de las "Memorias" de Ferrari, aun en
aquel periodo de años que se refiere a la vida vagabunda de los dos
después de su salida de Europa, pensamos que hayan sido escritas
todas de seguida y que por consiguiente el inicio de su redacción
debe ponerse después de 1836, y entonces es lógica la pregunta de
si fue un simple deseo de hacer que quedara memoria de sí mismo en
el tiempo, u otra razón la que movió a Ferrari a tomar la pluma.
Examinemos uno y otro trabajos, veamos que características
corresponden a uno y a otro, y juzguemos en consecuencia.
Codazzi, si son válidas nuestras conclusiones, escribió sus
"Memorias" cuando tenía poco más de treinta años; Ferrari estaba
más cerca de los sesenta que de los cincuenta; aquel cuando el
recuerdo de los hechos, a los cuales había asistido y en los cuales
había tenido no pequeña parte, estaba todavía vivo en su mente;
éste cuando ya el recuerdo había palidecido con el tiempo.
Por esto la narración de Codazzi está llena de color, de vida y
de movimiento; se siente, leyendo sus páginas, que estuvo presente
en los sucesos y no con mirada indiferente; que la vida que
describe la ha vivido intensamente. Además de sus dotes de
narrador, que son sin duda superiores a las de Ferrari, Codazzi
sabe, en su relato, evocar el pasado y a los hombres con quienes
tuvo que tratar y vivir, dentro del paisaje que le rodeaba cuando
viajó o combatió, cuando sufrió o estuvo alegre.
Inicia su narración desde el día en que, licenciado del
ejército, sintió que debía hacer algo, y relata paso a paso todo lo
que le ocurrió hasta su retorno a Italia. . . Joven y lleno de
esperanza, no se abate a los primeros golpes de una fortuna
adversa; si la nave ha naufragado con todos sus haberes, todavía
tiene dos brazos que pueden hacer cualquier cosa y trabaja como
pintor de brocha gorda, pero ello no le impide, puesto que se halla
en la pedregosa Itaca, evocar la ciudad que había sido capital del
pequeño reino de Ulises. Es un hombre que ha estudiado, que sabe, y
por consiguiente cualquier cosa puede despertar en su ánimo
recuerdos, asociaciones de ideas, remembranzas de impresiones
lejanas. Y de hecho, vaga por Constantinopla, casi sin un centavo y
sin la esperanza de poderlo ganar, pero observando todas las
bellezas de la soberbia ciudad y tratando de saber y de conocer.
Hay en él el hombre de armas que espera la ocasión propicia de ser
conducido a nuevas batallas y a nuevas victorias, pero hay también
el hombre que no olvida que el oficio de soldado lo desempeña para
vivir y que la vida no se reduce a esto. Observa, curiosea en torno
suyo, anota; lo atraen las ciudades pequeñas o poco pobladas por
donde pasa, fortificadas o abiertas, y la diversidad de cultivos de
los campos; llaman su atención las costumbres de los hombres, sus
modos de ser, su vida; y como aquellos hombres viven los hace vivir
en su relato. Y si lo que dice necesita alguna aclaración, lo hace
con garbo, y si a lo que sucede es necesario buscarle una causa, es
un seguro indagador, que no se deja engañar por las causas
aparentemente suficientes porque en realidad son sólo especiosas y:
superficiales.
Mientras vagabundea por Europa su relato puede parecer más bien
el de un cazador de impresiones y no el de un estudioso, ya que
sabe que Europa -aun los Balcanes- es conocida en su totalidad y
que repetir cosas dichas por otros no agregaría ningún lustre a su
narración; además por Europa gira como desafortunado perseguidor de
una fortuna que espera siempre y que jamás alcanza, la recorre
pidiendo frecuentemente a los amigos y a los compañeros de armas
ayuda para llegar a sujetar a la fugitiva diosa. Pero cuando pone
el pie sobre el continente americano, cuando vaga por tierras que
son menos conocidas y que suscitan en él el mayor interés, cuando,
habiéndose enrolado, puede finalmente mirar al mañana seguro de sí
mismo y obtener el pan de cada día por sí mismo, con su actividad,
con los riesgos que corre, entonces su narración es más completa;
no es ya un impresionista, no se contenta con esbozar el motivo de
un cuadro, sino que hace el cuadro y lo hace completo. Sabe colocar
delante de los ojos y de la mente del lector, en toda su
integridad, con sus defectos y sus virtudes, aquel mundo tan
variado, de hombres tan diversos, que combaten por el pan porque no
saben sino combatir, o que están animados por un idealismo, mundo
hecho de aventureros y de héroes, nacido de la disolución de otro
mundo -el napoleónico-. Sin embargo ¡ cuánta bondad y optimismo
aporta a él su naturaleza recta y sana! En América se combate a
favor de pueblos a quienes Europa oprime, y por ello es hermoso
combatir, y los que ofrecen su brazo a tal causa aparecen
circundados de una aureola de belleza. No es la historia que indaga
curiosa y severa, sino la vida que perdona y compadece.
¿ Se combate en Méjico entre los que quieren la autonomía del
país y España que quiere mantenerlo sujeto? Pues hé aquí que salta
fuera, en medio de esta lucha, la política de los Estados Unidos,
que aprovecha de la discordia para sacar ventaja, que favorece las
empresas que para ellos resultan indiferentes, pero truncan
hábilmente las que perturban sus planes. La política de esta gran
república se adivina y manifiesta, se hace patente y se ilustra.
Hubiera sido posible en aquel enorme crisol de intereses y de
pasiones, de virtudes y de grandes vilezas, pactar, dar para
recibir, cambiar frecuentemente de opinión; y en cambio Codazzi,
quien desde el principio se coloca a órdenes del Almirante Aury, le
permanece fiel mientras vive, y sólo después de que éste ha
desaparecido se licencia y regresa a Europa.
Como en el norte no hay lugar para él y las condiciones de las
regiones que se esfuerzan por convertirse en República Mexicana son
tan difíciles que sus débiles fuerzas acabarán por ser
sacrificadas, acepta dirigirse al sur. Está la República de Buenos
Aires, que tiene su existencia asegurada, y allí espera encontrar
un campo a su actividad. ¿ Pero qué es esta América meridional, que
aparece tan diversas de aquella que había quedado al expirar el
siglo XVIII?
Y entonces Codazzi se detiene a hablar de la revolución qué ha
estallado en Venezuela y en otras partes; de los hombres que se
habían puesto a la cabeza de los varios movimientos, de los
triunfos de los primeros años y de las derrotas sufridas después
del Congreso de Viena, cuando, restaurada, España empieza a
reaccionar contra la separación de sus viejas provincias. También
la República de Buenos Aires es descrita en sus aspectos
principales y los hombres que allí se agitan son presentados con
las palabras necesarias para hacerlos comprender y para explicar
sus actividades.
La suerte lo lleva, ya que la República del sur manda las tropas
que se le han ofrecido en defensa de la hermana que lucha
desesperadamente al norte, al más áspero campo de lucha, a
Venezuela, casi bajo la dependencia inmediata de aquel Bolívar que
no muestra mayores simpatías por los extranjeros que abrazan la
causa que lo hará grande; y durante cuatro años combatirá allí por
todas partes, en mar o en tierra, en el interior o a lo largo de
los ríos; de comandante o a órdenes de otros, jefe de expedición o
Embajador y portador de órdenes y explorador osado. Y Venezuela y
Colombia aparecerán en sus descripciones, íntegras, con sus
habitantes, con su flora y con su fauna, con sus montes nevados y
sus llanuras ilímites, con las costumbres de sus habitantes, con su
odio contra los españoles, con sus discordias. Bastaría recoger en
capítulos las noticias geográficas y despojarlas de la forma viva
del relato, para hacer con ellas dos monografías sobre estos dos
vastos países.
¿ Y qué decir de los retratos que hace Codazzi de los hombres
que encuentra, hombres dignos de recuerdo por sus hechos ilustres y
por sus grandes ideales? Cobran vida en sus páginas, analizados con
profundo arte y con palabras sencillas, y son auténticos; ni su
simpatía los exagera ni su pasión los empequeñece. A Aury tributará
sus lágrimas aunque no era grande; de Bolívar juzga con severidad
humana, aunque era un hombre que estaba muy por encima de la
medianía; pero no oculta los defectos de Aury y exalta en Bolívar
la fuerza que arrebata a las gentes y las mueve hacia la libertad
(7)
.
En cambio Ferrari -no tomamos en cuenta la parte que se refiere
a las guerras napoleónicas, y solo examinamos la narración de su
encuentro con Codazzi en Constantinopla-, es un narrador menos
brillante, más esquemático. En él los hechos se suceden unos a
otros como en un
film, sin interrupción, sin un momento de
respiro, siempre iguales; falta la pintura del ambiente; falta un
pequeño pincelazo sobre los personajes; faltan el calor y la vida.
Ferrari es un soldado; pero también los soldados cuando quieren
saben describir, saben narrar. Frecuentemente el detalle ahoga o
elimina el hecho principal. Los diversos lugares se suceden, pero
al lector le hace falta una palabra que los vaya distinguiendo, de
manera que resulta difícil orientarse en el embrollo de nombres
poco conocido? y de hechos demasiado particulares. Además la
narración es demasiado sucinta, casi telegráfica.
Errores de escritura en los nombres propios, errores geográficos
en los lugares, errores de fechas en los hechos, hacen casi inútil
la narración, la cual recibe solo alguna luz si se leen después las
"Memorias" de Codazzi. Además flota una difusa sensación como de
poca moralidad en el autor, ya que, si es lícito aceptar la oferta
generosa del amigo, no es correcto que continuamente se esté
golpeando a la puerta de los amigos generosos para solicitar ayuda.
Y Ferrari no se da cuenta de lo lamentable que es andar pidiendo,
especialmente cuando se está en todo el vigor y lozanía.
En cambio, si la primera parte de la narración es descolorida,
cuando trata de sus relaciones económicas con Codazzi casi llega a
adquirir energía y trata de persuadir y se eleva -o se rebaja- a
demostraciones. Codazzi que se halla casi ausente en la narración
que hace Ferrari de la gesta americana, -y en cambio ¡ cuán
afectuoso es Codazzi hacia su Ferrari; cómo se alegra de volverlo a
encontrar después de una breve separación y cómo después de un
triunfo propio recuerda el triunfo del amigo!- aparece en escena al
fin, donde todo gira en torno a él, pero no para acrecentar su
gloria sino para disminuirla.
Codazzi es mal administrador; para reparar sus desastres
administrativos, le busca y encuentra una mujer rica al amigo.
Codazzi huye incumpliendo las promesas de otro tiempo; ha olvidado
completamente a su amigo y lo recibe fríamente en la lejana
América; Codazzi se ha dejado convencer por los chismes de la
hermana contra el amigo; en resumen todo se le achaca a él, que se
halla lejos, midiendo tierras y recorriendo
llanos, y que
trabaja honestamente y busca por medios honrados la gloria. La
comparación entre las dos narraciones
rerum gestarum resulta
totalmente desfavorable a Ferrari y de exaltación para Codazzi. Se
trata de dos hombres a quienes separa un abismo, pero a quienes la
suerte ha acercado; a quienes una vida común les ha engañado
haciéndoles creer por un momento que eran hechos el uno para el
otro, pero a quienes la dura realidad divide ¡aleja; son dos
hombres que no pueden entenderse porque los separa una enorme
distancia.
Uno, Ferrari, es sólo un hombre de armas, un aventurero incapaz
de sacar provecho de su valor y de su coraje, porque en el fondo
hay en él una no leve dosis de pereza y falta de iniciativa; el
otro es un soldado que sabe ser valeroso cuando debe serlo, pero
que es algo más: es un hombre de estudio y de saber, y a quien el
saber le ayuda a aprovechar lo que encuentra en la vida.
Documento el uno, casi infalible, de un período histórico no
despreciable; el otro es sólo documento de sí mismo que no sirve
para ninguna reconstrucción: el uno narra por narrar, porque cree
que no es inútil referir a los otros lo que ha ocurrido y lo que ha
visto; el otro relata para demostrar que a pesar de sus méritos ha
padecido sufrimientos no merecidos, dolores injustos, graves
ofensas: el uno se abre, manifiesta su pasado y sus hechos, para
que los demás los vean y juzguen; el otro expone para justificarse
a sí mismo e impedir que los otros lo juzguen duramente y lo
condenen
(8)
.
|
(1)
|
En mi primera edición de las "Memorias" de Codazzi, impresa en
1930, he rendido los más vivos agradecimientos al profesor Eduardo
Posada, de la Academia Nacional de Historia de Bogotá, quien me
había facilitado generosamente sus consejos y sus datos; aquí,
nuevamente, tributo, a él o a su memoria, mis más rendidos
acontecimientos.
|
|
(2)
|
Memorie postume. Rocca S. Casciano. Federico Cappelli,
reimpresas por el Ispi de Milán en 1942.
|
|
(3)
|
Ferrari, Memorie postume (cito la edición de 1942), p.
540-541.
|
|
(4)
|
Annibale Tenneroni, Biblioteca Manzoniana. Catalogo ragionato
dei mss. appartenuti al fu Conte Giacomo Manzoni. Citta di
Castello, 1894. Parte IV, p. 162, núm. 182.
|
|
(5)
|
Memorie postume, p. 515-516.
|
|
(6)
|
Véanse el extenso y bien escrito artículo publicado en una hoja
de Bolonia "La Farfalla", del' 19 de septiembre de 1841, núm. 35,
firmado G. C., y otro más breve de la "Gazzetta privilegiata di
Bologna", del 29 de enero de 1944, núm. 12. Ambos sé reproducen
adelante en su integridad entre los documentos.
|
|
(7)
|
Véase mi artículo "A. Codazzi ed i suoi giudizi su gli uomini
del la Rivoluzione venezuelana", en Revista Italiana, 1959. núm.
414-415, p. 171-182.
|
|
(8)
|
Véase mi artículo "Constante Ferrari ed A. Codazzi", en La Pié,
1959, núm. 7-8 y 9--10.
|