- VI -
De la República de Venezuela a la de Colombia -
Comandante
de la Escuela Militar -
Iniciación de sus actividades en
Colombia -
La cuestión del Canal -
Su muerte.
1848-1859
Elegido Monagas
(1)
Presidente de la
República a principios de 1847, al cabo de un año, con un golpe de
mano, suprimía la Constitución, disolvía a viva fuerza el Congreso
e instauraba un absolutismo fundado sobre todo en la espada.
Codazzi, a quien Monagas era bastante hostil porque no podía
perdonarle el que se hubiera opuesto a sus miras dictatoriales,
después del golpe de Estado no podía prometerse nada agradable,
tanto más cuanto que, a la enemistad del Presidente de la
República, se agregaba la del Ministro de Guerra, Francisco
Mejía.
Páez, quien no podía olvidar sus orígenes constitucionales y su
obra de fidelidad a la Constitución, se vio obligado, lógicamente,
a ponerse contra Monagas, y en esto tuvo la cordial adhesión y la
sincera ayuda de Codazzi, el cual luégo se apresuró a ir a
Maracaibo "aquella ciudad que se mantenía en constante comunicación
con las naciones extranjeras" y que, por consiguiente, estaba en la
posibilidad de oponer al partido de Monagas seria resistencia. Pero
antes de dejar la Provincia de Barinas, lo que ocurrió el 21 de
febrero de 1848, después de un dramático coloquio con el General
Pulido enviado a hacerse cargo del comando militar de la Provincia
precisamente para crearle dificultades a Codazzi, éste había dado
orden a los suyos de ponerse en camino hacia el lago de Maracaibo.
Los sufrimientos padecidos por la esposa, en verdad una "varonil
señora", por los hijos y la hermana, quienes, habiendo dejado todo,
sólo llevaban consigo las cosas más precisas, han sido narradas por
la hija Constanza en una nota al libro de Schumacher, en la
traducción de Manrique
(2)
, y por ella sabemos que
los enemigos de Codazzi recurrieron a medios desleales, aún contra
una mujer y unos niños, y que sólo la energía de esta mujer salvó
la familia y la libró de todo peligro. Codazzi, colocados en
seguridad su mujer y sus hijos en la isla holandesa de Aruba -las
islas holandesas de las Antillas se habían convertido en lugar de
refugio para todas las familias de los perseguidos por el gobierno
de Monagas- no temiendo más por ellos, pudo seguir libremente el
partido de Páez y darle una eficaz ayuda por su actividad y su
experiencia; pero mucho antes de que este, reducido al extremo,
capitulase (15 de agosto de 1848) y, en premio de toda su obra en
favor de la República, fuese desterrado, Codazzi, habiendo perdido
todo contacto con Páez y desesperando de poderse sostener, cruzaba
los límites de Venezuela y se dirigía a Bogotá. No era precisamente
un lugar de exilio voluntario para él la capital de la Nueva
Granada, sino que se dirigía allí después de insistentes
invitaciones y habiendo ya recibido una comisión precisa del
Presidente de la vecina República.
Allí, después de la separación de Venezuela y de la muerte de
Bolívar, se había podido gozar por algunos años de un poco de
tranquilidad bajo la benéfica presidencia de Santander; varios
tratados habían regulado las relaciones con los países vecinos y
hasta se había pensado en abrir el istmo de Panamá. Pero en 1836
había estallado de nuevo la guerra civil, la cual llegó a su
momento más agudo en 1840. Calmados los ánimos, después de un poco
de tregua en la lucha, en 1845 ocupaba la presidencia -como
Presidente constitucional- el General Mosquera
(3)
, el cual "desarrollaba grandes
proyectos en bien de su patria, impracticables pero todos bien
intencionados
Este fue el que llamó a Codazzi. Los historiadores, al juzgar la
obra de Mosquera, reconocen en él un vivo anhelo por el bien del
país que gobernaba y un grande interés por impulsarlo en la vía del
progreso; por tanto no debe parecer extraña la invitación que
dirigió a Codazzi para que viniera a la Nueva Granada a emprender
la medición del país, como lo había hecho en Venezuela. Este deseo
era lógico en una nación mucho más poblada que la vecina República;
una descripción que pudiera circular entre la gente y mostrar sus
rasgos y dejar adivinar sus virtudes, era un óptimo medio de
propaganda. Además, en aquel momento se habían encendido de nuevo
las discusiones en torno al canal de Panamá y Europa y América
habían entrado resueltamente en competencia, y la Nueva Granada no
quería quedarse atrás de los demás. ¿ Pero cómo podía conseguir
este objetivo, que era óptimo, si no había tenido todavía quien
levantara un relieve de las tierras adyacentes al istmo? He aquí,
pues, los motivos de la invitación que se le hizo a Codazzi. Por
otra parte ya hacía tiempo que esta necesidad -esto es la de
proceder a la medición del país- se había hecho sentir en la Nueva
Granada; y es del 15 de mayo de 1839 una ley que se refiere al
levantamiento del relieve del territorio de la República. En la
elaboración de esta ley había tomado parte seguramente Mosquera,
quien entonces hacía parte del Gabinete Presidencial, y como los
sucesos políticos la habían hecho olvidar, era natural que, al
subir al poder, Mosquera la sacase del olvido y tratase de su
inmediata aplicación. Codazzi había terminado su trabajo sobre
Venezuela y, por añadidura, estaba en desacuerdo con el cambio de
gobierno en aquella República; por consiguiente era propicio el
momento para hacerle una invitación, a la que él no opuso ninguna
repulsa, pidiendo sólo un poco de tiempo para considerarla con
ánimo tranquilo. En la prosecución del plan trazado, Mosquera, para
atraer cada vez más a Codazzi e impedirle que dejara caer en el
olvido la invitación, lo nombraba, en julio de 1848, Profesor de la
Escuela Militar Superior de Bogotá.
Sólo en enero de 1849 se ponía Codazzi a órdenes del General
Mosquera y arribaba a Bogotá; ¡ cuán distinta de la ciudad que él
había conocido treinta años antes! Aun cuando ya tenía cincuenta y
seis años, aunque estaban todavía lejos sus seres queridos, aunque
nada le quedaba de sus propiedades y el porvenir se le presentaba
lleno de incertidumbres, experimentó como una sensación de simpatía
por la ciudad y se consideró feliz de haber vuelto a ella.
Hombres de talento, nacionales y extranjeros, habían puesto en
alto el prestigio intelectual de la Nueva Granada, y entre ellos
estaba el historiador Ancízar, a quien Codazzi tendría como
compañero en la nueva tarea que iba a emprender
(4)
; estaba Joaquín Acosta, hombre de una
generosidad no común y protector de las ciencias y de los
científicos, autor de mapas que Codazzi utilizaría después como
experto
(5)
. En este ambiente en el que se le
apreciaba y se le reconocían sus grandes méritos, el prófugo de
Venezuela acabó por no sentirse extranjero, tanto más que su
familia no tardó mucho en reunírsele. Fiel Codazzi al sistema de
vida que lo había hecho triunfar hasta aquel momento, pocos días
después de su llegada a Bogotá presentaba un proyecto de reforma de
la Escuela que había sido confiada a su cuidado y al mismo tiempo
iba proyectando el plan de la obra más importante, la medición del
vasto país -que era también diferente a Venezuela y más difícil por
la diversidad del suelo y de los paisajes y por la menor
navegabilidad de los ríos-, obra en la que estaba muy interesado
Mosquera y que quería fuese encomendada oficialmente a Codazzi
antes de que expirase el término de su Presidencia.
El modelo sería desde luégo el que había realizado en Venezuela,
pero el nuevo proyecto para la Nueva Granada sería más amplio.
El Atlas debería contener más mapas -52- porque Mosquera quería
que cada una de las 36 provincias tuviese su mapa; además debería
haber mapas geológicos para los tres períodos. Dos cartas
hidrográficas, una para las aguas como eran en las épocas
geológicas remotas y otra de la actualidad, mapas históricos, mapas
agrológicos.
No deberían faltar tampoco datos "relativos a temperaturas,
clima y corrientes de aire, regiones de lluvia, labores referentes
a industrias nacionales y comercio extranjero; las variedades de
maderas y otros productos naturales importantes en las
manufacturas, el mundo animal dividido según los climas, así como
el material". Finalmente debían agregarse cuadros históricos y
mapas de los países limítrofes, un mapa con las rutas de los
descubridores y pobladores de Colombia, un mapa con las líneas de
las costas y de las probables poblaciones de los indios al tiempo
del descubrimiento. Pero esta vasta obra, que comprendía el pasado
y el presente y que casi anunciaba el futuro, y que estaba
destinada a ofrecer a la posteridad una imagen fiel de la
república, preocupaba a Codazzi, quien conocía que ya no era tan
joven y veía las dificultades de la empresa.
El cambio de presidencia no modificó la posición de Codazzi; el
nuevo Presidente, José Hilario López, acogió el proyecto, que tuvo
una solemne confirmación en un instrumento firmado el 1° de enero
de 1850
(6)
. Por tal contrato Codazzi prometía
levantar el relieve del país y trasladarlo a mapas dentro de un
sexenio a partir de la fecha, y en la misma escritura se le
asociaban Ancízar como historiador y experto en estadística y
Carmelo Fernández como dibujante, ya que la obra debía también
llevar ilustraciones de los lugares y de la vida que en ellos se
manifestaba.
El 3 de enero de 1850 inicia Codazzi el levantamiento de
relieves; el punto de partida es Bogotá. El relator del viaje,
Ancízar, tiene una hermosa página sobre esta iniciación de los
trabajos; su prosa es casi poesía y al mismo tiempo pintura fiel
del ambiente. "Los primeros rayos del sol esparcían rica luz sobre
Bogotá y las llanuras... tenues vapores se levantaban del pie de la
vecina cadena de montañas, elevándose lentamente hasta las
majestuosas cumbres de Monserrate y Guadalupe, que arrojaban sus
sombras sobre el terreno a sus pies, cuya opacidad contrastaba con
la brillante luz que doraba las crestas de la parte alta; el aire
puro y fresco despertaba en todo mi ser, en mi espíritu y mi cuerpo
un indescriptible sentimiento de bienestar; estaba perfumado con la
fragancia de los arbustos que cubren las pendientes de los
cerros…, suave brisa mecía los delgados sauces a lo largo del
camino, por entre los cuales se veían las praderas de esmeralda
adornadas de flores, y los magníficos rebaños de ganados que
mordían el espléndido pasto... Hallábame absorto en esta
contemplación... Mi compañero de viaje, Teniente Coronel Codazzi,
cabalgaba detrás de mí. Al emparejar conmigo cerró su memorandum en
el cual, sin disminuir la marcha, había escrito sus notas"
(7)
.
No eran lugares desconocidos para Codazzi los que recorría con
su compañero; los había atravesado en su juventud y los había visto
más recientemente al huir de Venezuela y de Monagas.
De Bogotá, se dirigen hacia el norte, dejando al este el páramo
de Cruz Verde y recorriendo la elevada meseta que se extiende entre
numerosos páramos hasta Ubaté y la laguna de Fúquene, gran
extensión de agua en forma de corazón, de la cual nace el río
Suárez. El 13 de enero el pequeño grupo está en Chiquinquirá, a la
orilla izquierda del Suárez "lugar de romerías, famoso por su giran
Madre de Dios" y desciende a lo largo del río por una región rica
en antigüedades -la más rica de todo Colombia- donde algunos años
antes habían sido descubiertas tumbas con momias, armas y
utensilios.
Naturalmente el viaje no lo hacen en línea recta, sino que van
visitando las tierras situadas a derecha e izquierda y
especialmente las del occidente hacia la hoya del río Magdalena.
Arriban, un mes después de haber salido, al Socorro, que entonces
pertenecía al Estado de Santander, situado también sobre el
altiplano, y de allí emprenden expediciones al occidente, hacia
Simacota y Zapatoca, hasta donde el Sogamoso desemboca en el
Magdalena, y hacia Bucaramanga, cerca del río Lebrija. En este
primer viaje son exploradas las provincias de Ocaña, Santander y
Pamplona, y el sistema hidrográfico -y por consiguiente las
montañas- entre el Magdalena y el lago de Maracaibo se determina
con precisión. Codazzi dirige su atención en primer lugar a las
aguas corrientes, como quiera que se podían seguir más de cerca, y
de su dirección deduce la dirección y la forma de los montes,
cubiertos de bosques y no siempre transitables.
Entre todos los lugares que atraviesa, el páramo de Guerrero, en
la provincia de Ocaña, -"la más reciente de las 36 provincias - es
el que despierta en él más viva impresión. "En ninguna otra parte
habían visto sus ojos semejante devastación de la corteza
terrestre; parecía ser la obra de repetidos y potentes terremotos;
en épocas remotas ciertamente se habían desmoronado, se habían
consumido profundamente imponentes arcos de montañas...".
De Ocaña, Codazzi se dirige hacia la orilla derecha del
Magdalena, a Tamalameque, y de aquí, atravesando diagonalmente las
montañas -y en esa travesía emplea tres semanas- torna a los
limites de Venezuela, a San José, "el naciente próspero centro del
mercado del café, donde residía una interesante colonia extranjera"
-de alemanes y de italianos-, después pasa al Rosario y por último
a Pamplona, ciudad que Codazzi había visitado ya en dos ocasiones
anteriores y que se convierte en cuartel general de la expedición.
Desde Pamplona, Codazzi examina la cadena que separa la ciudad del
valle del Apure y busca un camino -el mejor- que lleve a Venezuela,
y el resultado de este período de actividad exploradora es la
clarificación de la red hidrográfica del Orinoco dentro de los
confines de la Nueva Granada.
En agosto suspende todos los viajes y regresa a Bogotá para
comenzar el curso en la Escuela Militar; entre tanto, en la
tranquilidad de su casa, pone en mapas todo el material recogido y
elabora la descripción de las provincias visitadas. No poca
dificultad -anota Schumacher- le costó este trabajo, ya que le
hacían falta todavía los trazados completos de las cadenas de
montañas y del curso de los ríos y porque carecía de vocablos para
indicar con uniformidad los varios fenómenos, y por consiguiente
debía introducir nuevos nombres generales para las variaciones y
conservar los nombres locales.
Al año siguiente, a principios de enero -dedica a los viajes la
primera parte del año y los últimos meses a la elaboración de los
materiales y emprende de nuevo el camino por la región que, elevada
y variada, se alza entre el Magdalena y sus tributarios, al
occidente, y los afluentes del Orinoco al Oriente, las Provincias
de Tunja y Tundama, provincias que conservaban en la imaginación de
los habitantes como un lugar particular por las numerosas leyendas
que corrían en torno a ellas y por las fructuosas excavaciones de
objetos antiguos e interesantes.
Ascensiones a los montes, mediciones de los lagos que se dilatan
en aquellas alturas, glaciares y regiones desiertas, lugares altos
y arrasados por el frío, lugares históricamente famosos, valles mal
definidos y tierras mineralmente fértiles, fueron recorridos en los
primeros cinco meses de 1851, e inmediatamente, a su regreso a
Bogotá, Codazzi se puso a estudiar los materiales recogidos, bien
abundantes -relaciones, dibujos, estadísticas y hasta pinturas-, Hé
aquí lo que dice un documento oficial, la memoria del Secretario de
Estado al Congreso, el 5 de septiembre del mismo año:
"Ocho provincias han sido estudiadas y descritas en mapas, con
sus capitales, cabezas de distrito y de cantón y lugares de
importancia, con sus límites y con los caminos que las
atraviesan.
"Ha sido determinado el curso de 187 ríos así como el de otros
300 cursos de agua, que, aunque pequeños, son dignos de atención;
las grandes cadenas de montañas así como sus genuinas
ramificaciones y contrafuertes han sido descritas; las tierras
altas, las mesetas, los valles, las selvas primitivas y los llanos
de pastoreo, los lagos, las lagunas y los pantanos, las estepas,
todo ha sido claramente representado con signos convencionales. Las
provincias comprendidas en estos trabajos son las de Ocaña,
Pamplona, Socorro, Santander, Soto, Tundama, Tunja y Vélez".
Esta enumeración de provincias hace ver por sí sola el trabajo
de la primera y la segunda expedición; a cada una se debe asignar
el mismo número de provincias visitadas. Y no sólo fueron
presentados por Codazzi los mapas, sino cuatro volúmenes con la
descripción de las provincias, 14 diarios de viaje y 11
descripciones de cantones, trabajo verdaderamente grandioso y que
apenas se puede concebir que haya sido organizado por una comisión
y no realizado por un solo hombre.
El Congreso le hizo expresar su gratitud por medio del
Secretario José María Plata y, premio a la puntualidad y actividad
de Codazzi, fue su promoción a Coronel. La motivación de este
ascenso quedó consignada en estas palabras "para dar al digno
oficial una prueba de la alta estimación con que han sido recibidas
las primeras labores geográficas practicadas en las provincias del
norte".
En enero de 1852 comenzaron a ser exploradas las provincias de
Antioquía, Cauca, Córdoba, Mariquita y Medellín, esto es, el
corazón de la Nueva Granada. Era esta la parte más importante de la
exploración porque tanto el gobierno como los habitantes tenían
mucho interés en el conocimiento de las zonas internas, mientras
que las regiones del litoral tenían menor valor para ellos y aun
para los extranjeros, ya que estas provincias eran habitadas por
los más encarnizados adversarios del partido que entonces
dominaba.
Codazzi comenzó por la provincia de Mariquita, esto es por
aquella en cuyos confines se ve elevarse el cono más alto de la
cadena montañosa, el nevado pico del Tolima, en torno al cual están
los nevados "páramos" del Ruiz y de la Mesa de Herveo y no pocas
cimas cubiertas de nieve.
Un mes empleó en la medición de toda esta región montañosa, la
más alta hasta entonces visitada y explorada, y la descripción que
de ella nos ha dejado merecería ser reproducida íntegramente; en
ella todo se ha tenido en cuenta; el suelo, el cielo, la
vegetación, los fenómenos volcánicos y las dificultades, y es quizá
una de las primeras descripciones de una difícil escalada y de la
permanencia en un país de temperatura polar y con los más
interesantes fenómenos de nevadas y heladas.
Rionegro y Medellín, aquella capital de la provincia de Córdoba,
está al centro desde donde se podían adquirir conocimientos más
prolijos de las regiones vecinas, el Cauca y sus afluentes de la
derecha, entre ellos el río Nechí, ocupan la actividad de Codazzi
durante todo el mes de abril, y en este tiempo atiende también a la
solución de pequeños problemas que interesaban a este o a aquel
centro, problemas de caminos y de mejores relaciones entre una y
otra población y entre estas y los ríos vecinos.
En mayo está en la ciudad de Antioquia, en donde se pone a su
disposición una comisión de ciudadanos para ayudarle en los
trabajos. Pero en realidad lo que mueve a aquellos ciudadanos es
sólo un propósito, el de encontrar una solución al problema de unas
vías de comunicación fáciles y poco costosas. Vecino a la ciudad
corre espumeante entre riberas escarpadas, como por estrecha
garganta, el Cauca, y los antioqueños esperan que Codazzi les de su
parecer sobre el proyecto que tienen de hacer navegable el río y
convertirlo en medio de comunicación con los lugares del bajo
Cauca. La respuesta dada por Codazzi, quien considera atentamente
todas las posibilidades, es de las más desconsoladoras: "el
proyecto es posible, como son posibles todas las correcciones a la
geografía, pero es tremendamente costoso, y las posibilidades
económicas de las riberas circunstantes no son suficientes para
justificar tamaño gasto. Sin embargo, agrega Codazzi, puede suceder
que en el futuro cambien las circunstancias, lo que ocurriría si
los países más ricos se decidieran a construir el canal que se
soñaba entre un océano y otro; entonces el río Atrato adquiriría
gran importancia y la provincia de Antioquia podría tener una
salida de sus productos hacia aquel río que ofrecía seguridades de
navegabilidad".
La última parte de la campaña de aquel año (1852) se desarrolla
a lo largo del río Cauca, por el que se sube hasta Supía, centro de
una rica región aurífera, y a Cartago, capital de la provincia del
Cauca, bien pobre y de poca importancia; de Cartago, por el paso
del Quindío, arriba a Ibagué, donde establece la base de
operaciones para hacer la medición de la provincia de
Mariquita.
Mientras se dedicaba a estos trabajos -estamos hacia la mitad de
1852- en Bogotá una compañía constituida en Londres desde 1850
obtiene la concesión para construir un canal interoceánico; y
parece que los miembros más pudientes de la colonia inglesa en
Bogotá formaban parte también de la empresa. Codazzi tiene noticia
de la concesión cuando regresa de su tercera expedición, en
septiembre, y no manifiesta ninguna satisfacción por este acto del
gobierno que priva a la Nueva Granada de la posibilidad de
construir ella misma este importante lazo de unión entre los dos
océanos; antes bien, como el proyecto ofrece reparos, lo combate
vivamente y sus criticas hacen perder no poco terreno a una idea
que ya en Bogotá contaba con denodados defensores.
Pero contemporáneamente con este proyecto, para el que se había
hecho un intento de exploración que había resultado un fracaso, de
la provincia del Chocó llegaba, de parte del Gobernador, la noticia
de que una expedición de norteamericanos se había aventurado por el
río Atrato con la intención -y en esto seguían la idea aparecida en
una obra de Humboldt
(8)
- de comprobar la
continuidad de la vía fluvial entre este río y el San Juan.
Ni Schumacher, ni su traductor Manrique, conocían el manuscrito
que publicamos ahora por entero, en el cual la vía entre el Atrato
y el San Juan es recorrida en un rápido viaje por Codazzi, y por
consiguiente no hacen resaltar suficientemente la importancia que
para nuestro biografiado tiene la noticia. De aquella navegación
hecha "bajo órdenes militares" Codazzi había diseñado un mapa, que
más adelante reproducimos, y conservaba un recuerdo tan vivo, que
estaba dispuesto a iniciar inmediatamente la exploración de la
provincia del Chocó. Por otra parte, ya que, como refiere
Schumacher, no había completado sus exploraciones ni había
recorrido íntegro el curso de las aguas, dejando para otra ocasión
el cumplimiento de esta empresa, tenía el vivo deseo de adelantarse
a los demás en completar lo que ya había hecho con medios escasos y
en condiciones de gran peligro. Naturalmente hay que agregar el
hecho de que debía levantar el relieve de aquella provincia y de
las otras más meridionales; por consiguiente satisfacía a dos
necesidades, emprendiendo inmediatamente su cuarta campaña.
Habiendo llegado a la costa de la Nueva Granada -era la primera
vez desde que había llegado a Colombia que se asomaba al mar- y
visitado a Barranquilla, bastante cambiada y mejorada desde 1826,
el primero de febrero de 1853 estaba en el golfo de Urabá, y desde
aquí en canoa iniciaba la subida del Atrato, teniendo cuidado
especial de explorar los tributarios de la banda izquierda. Después
de subir por el Napipí llega a la conclusión de que este río no
podría ser escogido como vía de comunicación, ya que la cadena que
se interponía entre él y el Cupica tenía una anchura de siete
leguas y era alta, sin contar con que la bahía de Cupica era
inadecuada por su insuficiencia para las naves. Terminado el
recorrido, Codazzi llega a conclusiones un poco diversas de las de
treinta años antes, o mejor, modifica un poco lo que había afirmado
la primera vez que había subido el Atrato para ir a salir al San
Juan. Codazzi consideraba que el costo de construcción de un canal,
o mejor la profundización del surco, muchas veces ocupado por agua,
existente entre el Atrato y el San Juan, era más elevado que las
ventajas que pudiera producir, tanto más que los habitantes de las
hoyas de los dos ríos podían servirse de las corrientes de los
mismos y alcanzar así por mar las ciudades situadas sobre el istmo
(9)
, y que las condiciones económicas de la
región no figuraban entre las más florecientes ni de más prometedor
porvenir. Sin embargo, considerando el estado de los habitantes de
aquellas tierras, donde la población negra es bastante numerosa y
escasos los blancos, y donde la más desconsoladora negligencia es
casi ley para ellos, juzga que el único medio para sacarlos del
funesto hábito del ocio, es la excavación de un canal que,
sacándolos de la ignorancia y poniéndolos en contacto con gente más
activa, como por ejemplo la de Antioquia, los obligue a la
actividad y los detenga en el proceso de su decadencia.
De las orillas del Atrato, trasmontando la cordillera litoral,
Codazzi alcanza las bocas del Baudó en el océano Pacifico, después
navega a lo largo de la costa hasta Buenaventura, hasta la rocosa
isla de Gorgona y hasta la desembocadura del río Patía, en la
provincia de Barbacoas, y por ésta, que era la menos digna de
atención de toda la Nueva Granada, se dirige al interior llegando
hasta la capital, Barbacoas. De aquí dirige su marcha hacia el sur,
hacia las fronteras del Ecuador, por la región de Túquerres, el
Tibet de Sur América según Humboldt, donde se eleva entre las nubes
la invisible cresta del Cayambe, y levantan sus cimas los poderosos
volcanes de Azufral, Cumbal, y Chiles, cuyos habitantes dan tantas
muestras de religiosidad, y así llega a Pasto (16 de junio de
1853). De allí, pasando por las fuentes del Cauca, arriba a
Popayán, mide la altura del Puracé, hace una excursión al cerro de
Guabas, en la cordillera occidental, y, bajando a lo largo del
Cauca, el 2 de agosto se encuentra de nuevo en Cartago, bastante
fatigado, pues la última parte de su viaje había sido muy rápida.
Las mayores dificultades de Codazzi provenían de sus no muy amplios
ni seguros conocimientos geológicos; sin embargo él quiso entrar
también en este terreno tan difícil. Es la parte más débil de su
obra, ya que es la que fue superada más rápidamente, mientras que
el resto de sus mapas y descripciones constituye como el fundamento
sobre el cual han construido y deberán construir -a excepción de
algunos detalles- todos los que quieran estudiar la Nueva Granada.
De regreso a Bogotá se pone inmediatamente a redactar sus
observaciones y a indicar sobre los mapas las anotaciones y las
medidas tomadas; pero sobre algunas regiones se encuentra con
muchos puntos oscuros y varias inexactitudes, especialmente sobre
las del sur, respecto a los limites con el Ecuador, sobre el curso
alto del río Magdalena, y estas dificultades resultarán más grandes
por el hecho de que precisamente en aquel momento la cuestión de
limites por la parte del Brasil estaba sujeta a las determinaciones
de una comisión encargada de su estudio. De aquí que este trabajo
de organización fuera más lento y también menos seguro, aunque un
decreto del 20 de mayo de 1853, que reducía a 24 las 36 provincias
y por consiguiente agrupaba en una sola algunas del sur, como las
de Barbacoas, Túquerres y Pasto, hizo que disminuyera el número de
mapas, descripciones y estadísticas.
Precisamente en el mismo año -el de 1853- la cuestión de un
canal interoceánico había asumido tales características que el
gobierno de la Nueva Granada se vio obligado a ocuparse activamente
en el asunto; había pasado la etapa de los proyectos de individuos
o de sociedades que pedían y obtenían la concesión de ver
in
loco si lo que planeaban tenía alguna posibilidad de realización, y
comenzaba una nueva etapa, la de la intervención de las naciones
-intervención que no iba acompañada de la previa solicitud de
permiso alguno a la Nueva Granada-. Inglaterra, Francia y los
Estados Unidos, en diciembre de 1853, daban órdenes a sus naves de
dirigirse al mar de las Antillas e iniciar estudios, hacer sondeos,
desembarcar hombres y explorar el interior de la región más
estrecha de la América Central, con el fin de ver si el proyecto
Gisborne, que había sido ampliamente difundido y que había
suscitado por ello las más vivas esperanzas, podía ser ejecutado, o
si había otras vías que ofrecieran mejores probabilidades. Ya las
naves de las tres potencias que se interesaban en esta obra de
importancia internacional habían anclado en el istmo de Panamá o en
sus proximidades, cuando la Nueva Granada, que ni siquiera había
sido informada de las intenciones de las tres expediciones, como si
estas fueran a actuar en tierra
nullius, decidió enviar a
Codazzi, el cual, habiendo ya estudiado sobre los mapas el
problema, pudo inmediatamente aclarar a su gobierno que el proyecto
de Gisborne estaba equivocado y que los mapas que lo acompañaban
eran mapas imaginarios, no trazados sobre el terreno. El 24 de
enero de 1854 Codazzi, que había viajado desde Cartagena a la bahía
de Caledonia en una nave inglesa, desciende a tierra con sus
compañeros y con marinos franceses e ingleses; los americanos ya
habían desembarcado y habían empezado, sin esperar, a explorar el
interior; pero esta empresa no logra su objetivo y todos, incluso
Codazzi, se ven obligados a regresar a la costa sin haber llegado a
ninguna conclusión, es más, después de perder hombres y tiempo; la
vía de Caledonia, según opinión de Codazzi, era totalmente
inaceptable, la cordillera era alta y el río Chucunaque corría por
entre una garganta
(10)
.
También se explora otra vía, la de la bahía de San Blas y el río
Chepo, pero también allí las esperanzas se derrumban; las montañas
son bastante altas y descienden casi a pico hacia el Pacífico
(11)
. La tercera posibilidad, patrocinada
por una Compañía colonizadora de los Estados Unidos, partía de la
bahía de Chiriquí, pero también presentaba dificultades no
despreciables; en primer lugar había que trasmontar una cadena de
montañas de una altura de 1.000 a 2.000 mts.; y por otra parte
estaba tan en los límites de la Nueva Granada, que más que a ésta,
hubiera favorecido a Costa Rica
(12)
.
Quedaba por examinar otra posibilidad, la que seguía de cerca al
ferrocarril, que todavía no había sido terminado, de Colón, o
Chagres, a Panamá. Sobre ella se expresaba así Codazzi: "Un canal
que uniese estos dos extremos respondería mejor a las necesidades
del comercio, porque esta parte es la más estrecha del istmo, y
porque además su altura máxima no presenta obstáculos insuperables.
En contra de esta vía se puede alegar que no tiene un buen puerto
del lado del Pacífico y que resultaría muy costoso construir uno
artificial. En cuanto al puerto de Colón, sobre el Atlántico, se
pueden anotar dos cosas: que no tiene al frente islas que puedan
evitar la formación de una barra a la entrada del canal y que el
suelo sobre el cual se asienta la ciudad actualmente es tan bajo
que se inunda cada seis horas, ya que la marea sube 9 o 10 pies en
el puerto de Colón. Pero a ambas fallas se podría poner remedio,
tanto dragando el mar hasta una notable profundidad como
trasladando la ciudad al pie de los montes. Es posible que un día
se haga aquí un canal, pero no creo que ni la presente generación
ni la que le siga abran este canal, porque, aun cuando se
establezca una línea de vapores de Panamá a las Indias Orientales,
el ferrocarril bastaría para satisfacer a las necesidades del
comercio. Sólo cuando las colonias americanas se hayan poblado,
habrá llegado, según mi entender, el tiempo de unir los dos océanos
por medio de un canal".
Y Codazzi recorrió la distancia entre las dos ciudades, parte en
ferrocarril y parte en caravana, y con este viaje y con sus
declaraciones señaló a la posteridad la obra que le tocaría
realizar; no sólo supo indicar precisamente el sitio, sino también
el momento propicio; 61 años después -cerca de tres generaciones
más tarde- se inauguraba el Canal de Panamá
(13)
.
Pero en aquel país sin paz, la guerra civil estalla precisamente
mientras Codazzi se encuentra dedicado a la exploración de las
tierras del istmo; el Presidente Obando es reducido a prisión con
sus Secretarios de Estado; el Vice-Presidente se refugia en la
Embajada de los Estados Unidos. Mosquera, que, al dejar el poder se
había dedicado al comercio, apenas resuena en su patria el
estrépito de las armas, corre a ponerse a la cabeza de las tropas
fieles a la constitución y en defensa del Presidente Tomás Herrera
elegido para suceder a Obando. Codazzi es escogido inmediatamente
por Mosquera como jefe de Estado Mayor, y de julio a diciembre de
1854 se dedica a sus deberes de oficial; fortifica a Honda, se
distingue en la batalla de Petaquero y participa en la toma de
Bogotá (4 de diciembre), recibiendo en recompensa de sus servicios
el grado de General.
Hechas las paces Codazzi aprovecha para trabajar en la
tranquilidad de su casa en Bogotá, donde se ocupa, hasta mayo de
1855, en redactar una relación de la campaña del año precedente
para el Congreso Nacional
(14)
y en atender a la
impresión de la "Geografía Provincial Cantonal de las Provincias de
Socorro, Tundama, Tunja y Vélez", que debía dar un ejemplo de la
manera como habría de desarrollarse la parte especial de su obra. A
cada Provincia se dedicaban tres partes: en la primera, además de
la geografía física, se incluían nociones de geografía política y
de geografía económica de las diversas subdivisiones provinciales;
cuadros estadísticos y gráficas con la altura de las montañas,
completaban esta primera parte. La segunda contenía los itinerarios
y las distancias de un lugar a otro según estos itinerarios, además
de informaciones relativas a la temperatura y descripciones
minuciosas de cada una de las jornadas empleadas en recorrer los
diversos lugares. Finalmente la tercera parte comprendía la
geografía de cada uno de los cantones. Además en aquel tiempo
Codazzi se dedicó a trazar un mapa del istmo de Panamá, acompañado
de sus observaciones, al cual agregó los mapas del Chocó, que para
él -y muy exactamente- hacia parte integrante de la zona que debía
ser estudiada por quien soñara en construir una vía entre el
Atlántico y el Pacifico; y lo mandó a Humboldt, quien no había
perdido su interés por los problemas suramericanos, para que se
interesase en publicarlo
(15)
.
Habiéndose afirmado el nuevo gobierno, constituido con la
participación de los dos partidos en lucha, al ser elegido
Presidente Manuel María Mallarino, Codazzi, después de haber
asegurado para sus trabajos la protección de los hombres que
estaban en el poder y haber obtenido mejores condiciones respecto
al contrato precedente, emprendió nuevos viajes a principios de
enero de 1856. La cordillera que está al oriente de Bogotá, y las
cabeceras de todos los cursos de agua que descienden de ella y van,
como de la periferia al centro, hacia el Orinoco, las inmensas
llanuras pastadas que se extienden entre el Meta, el Vichada
y el Guaviare, fueron su campo de exploración hasta el 12 de marzo,
día en el cual Codazzi se hallaba de nuevo en las
mesetas de
Cundinamarca.
Entre marzo y diciembre de 1856 le encontramos nuevamente en
Bogotá dedicado a completar lo que había preparado y en espera de
la estación apta para explorar la región del Amazonas. Sabía, por
otra parte, que en la Nueva Granada se iba abriendo camino la idea
federal, nacida desde cuando habían estallado los primeros
movimientos de independencia, y que la necesidad de descentralizar
los poderes, demasiado distantes de las provincias y por
consiguiente inadecuados para satisfacer a sus necesidades y no
suficientemente rápidos, era la que fomentaba dicha idea; y Codazzi
veía la necesidad de terminar su trabajo antes de que el
movimiento, convertido en realidad, trastornara el orden de todas
las divisiones administrativas.
Y hélo aquí el 1° de enero de 1857, "con ánimo alegre y su
acostumbrado vigor" iniciar el gran viaje a través de las
"ilimitadas florestas" donde "la naturaleza ofrece tenaz
resistencia en reconocer al hombre como rey de la creación".
Por la vía fluvial el viaje se hace rápidamente; desciende los
ríos en canoa, las corrientes son rápidas y frecuentes las
cascadas; guían las frágiles barcas indios desnudos, de lenguaje
incomprensible, con habilidad no común. Primero navega por el
Bodoqueragrande, después por el Caquetá, luégo otros ríos más hacía
el S. 0., también ellos tributarios del río Amazonas, y el 19 de
enero está en Mocoa, residencia del
Prefecto, lugar
miserable, en el cual habitaban pocos criollos, y de Mocoa emprende
un viaje de quince días a la región del alto Putumayo, al lugar
donde los antiguos mapas mostraban "toda clase de comunicaciones
por agua, confluencias y bifurcaciones de ríos". Habiendo regresado
a Mocoa, después de haber visto las más antiguas tribus de indios
de la Nueva Granada, y después de haberse demorado algunos días
-son de aquel tiempo sus consideraciones sobre las antiguas tribus,
sobre la invariabilidad de sus costumbres y de su civilización y
sobre las razones de esta estabilidad- se dispone a subir al
páramo de las Papas, la grandiosa región montañosa de donde
descienden 4 ríos de abundantes aguas, el Guachicono, el Caquetá,
el Cauca y el Magdalena; teniendo siempre delante de los ojos los
deslumbradores glaciares del Puracé, Codazzi arriba a Timaná, casi
en la confluencia del Suaza y el Magdalena (4 de abril de 1857) y
allí permanece cerca de un mes, ya para medir la región, ya para
visitar las antigüedades descubiertas por Caldas y examinadas
después por Rivero -templos, imágenes de dioses, objetos
misteriosos-. Es verdad que por diversas vicisitudes y también por
la acción de terremotos, muchos de estos recuerdos del pasado
habían desaparecido, pero quedaban todavía muchos, porque este es
uno de los lugares sagrados para la arqueología americana; y quizá
la mayor parte está todavía oculta dentro de la tierra, celosa de
sus tesoros.
Codazzi observó todo lo que era visible, lo examinó y estudió
con la mayor diligencia posible, y agrego. pueda esta mi
investigación, puramente superficial, inducir a nuestros
arqueólogos a explorar los rincones de este valle misterioso,
practicando excavaciones y haciendo todo lo que sea necesario para
sacar el pasado a la luz del presente".
El 2 de mayo inicia el viaje de regreso y el 18 de junio está en
Bogotá, después de haber atravesado una región muy interesante por
la grandiosidad de sus manifestaciones naturales, la Cordillera
Central, que eleva al cielo las cumbres heladas del Huila y del
Tolima.
Bogotá significaba para Codazzi el comienzo del trabajo de
escritorio, y a este trabajo se entregó de nuevo. Cada día se
hacían más rápidos progresos, disminuía más la parte todavía
desconocida y eran más escasos los lugares todavía inciertos para
los que fueran necesarias nuevas exploraciones. Pero nuevas
dificultades surgieron para Codazzi con la difusión de la idea
federal y con su realización de una provincia en otra.
Después de la Ley de 27 de febrero de 1855, que había declarado
unidas en un solo Estado las antiguas provincias de Chiriquí,
Veraguas, Panamá y Darién, habían sido creados los Estados de
Antioquia (11 de junio de 1856), Santander (13 de mayo de 1857),
Cauca, Cundinamarca, Boyacá, Bolívar y Magdalena (15 de junio de
1857); faltaba sólo un acto -ya que la República había ido
perdiendo todo su territorio- esto es la declaración de la
Federación, y esta se hizo el 27 de mayo de 1858. La nueva
organización política del Estado traía para Codazzi nuevas fatigas,
ya que debía trazar nuevos diseños, hacer nuevos cálculos, extender
nuevas estadísticas; pero todo esto en realidad era poca cosa, y se
puso a rehacer lo ya hecho con ánimo sereno y confiado; además
había otras dificultades, constituidas por los desacuerdos que
habían estallado entre Estado y Estado acerca de sus limites,
desacuerdos que no era fácil que se resolvieran a breve plazo y que
retardaban necesariamente la terminación de la obra.
El trabajo no asustaba a Codazzi, quien duplicaba su esfuerzo
cada vez que veía aumentar las dificultades; en cambio sí abatía su
fuerte ánimo la ingratitud de los demás. Hasta entonces en la Nueva
Granada había encontrado sólo amigos y aplausos para su obra, pero,
constituida la Confederación Granadina, hé aquí que surgen voces
discordantes y juicios desfavorables sobre sus trabajos, diligentes
y óptimos. El Presidente Mariano Ospina Rodríguez, del partido
conservador, por lo tanto del partido opuesto a aquel que había
confiado el trabajo a Codazzi, manifestaba estar de acuerdo con el
juicio que sus amigos hacían de la obra de éste, es decir que se
trataba de "mapas sin valor"; por otra parte surgían dificultades
acerca del dinero que había de pagarse a Codazzi y del tiempo
dentro del cual debía entregar todo el trabajo. Entonces Codazzi
respondió francamente y con nobles expresiones; su obra estaba por
terminar y faltaban sólo dos Estados de la costa, los de Bolívar y
Magdalena. A continuación sus palabras expresaban la protesta de
quien, habiendo trabajado para hacer conocer al mundo un país
desconocido, se veía tratado como un contratista de obras
materiales a quien se le reclamaba duramente el cumplimiento del
contrato. "Yo estaba, -dice Codazzi- en la creencia de que la obra
emprendida por mí tenía un carácter más elevado que el de un
contrato vulgar, y merecía cierta distinción en el modo de
tratarla; la nota a que me refiero me ha hecho comprender que
estaba equivocado; que no estoy dotando al país con una obra de
ciencia, en cuya ejecución, si interviene un poco el dinero, no es
como precio de ella, sino como auxilio material para llevarla a
cabo; que no se está levantando un monumento de honor y utilidad
para la Nueva Granada, sino ejecutando una cosa común y ordinaria,
de las que se compran y se venden todos los días. Semejante
desengaño es bastante cruel para quien creía trabajaba para la
gloria de dar a conocer al mundo ilustrado estas ignoradas
regiones…"
Se ha dicho que sólo dos Estados faltaban por explorar, el de
Bolívar y el del Magdalena, ambos en la costa del mar Caribe; y
Codazzi, sin tener en cuenta el poco interés de los hombres del
gobierno por sus viajes, como si lo que hacia fuera obra suya
personal y no encomendada a él por los poderes del Estado
Granadino, después de haber leído un libro que le había enviado un
comerciante de Santa Marta, Joaquín de Mier, un libro de Eliseo
Reclus sobre la Sierra Nevada de Santa Marta, que este último había
explorado, partió inmediatamente para aquella tierra, cuya
descripción había suscitado en su ánimo grande entusiasmo.
Pero había otro motivo que lo impulsaba hacia el mar, la noticia
cada vez más insistente del descubrimiento de una nueva vía fluvial
a través de la región del Istmo, descubrimiento que no sólo había
obtenido la ayuda de los gobiernos europeos, sino el aplauso de
científicos como Mamby y Humboldt. Quería estar cerca del mar para
poder estar listo a dirigirse al lugar, si la necesidad lo hubiera
exigido o el gobierno granadino lo hubiera deseado. Además, ¿no
debía, una vez terminadas sus exploraciones, tomar la vía de Europa
para ocuparse en publicarlas?
Los últimos dos años de la vida de Codazzi -1858 a 1859-
estuvieron llenos de ásperas fatigas, de contratiempos, de luchas
desagradables. Por una parte el gobierno, aunque persistía en su
encubierta hostilidad, aunque manifestaba abiertamente el ningún
interés que tenía por su obra, aunque le escatimaba los medios, le
confiaba trabajos prácticos como el de trazar un camino que uniese
"Los Manzanos, bodega de Facatativá, con Beltrán, cerca del
Magdalena"; haciéndole perder un tiempo precioso e impidiéndole
llevar a cabo su obra; por otra parte, como si fuera presagio de su
no lejano fin, aunque era de una fibra fuerte y resistente a toda
clase de fatigas, se despierta en él un afán inusitado por terminar
un trabajo al cual dedicaba sus esfuerzos desde hacía casi diez
años. Ya el ambiente granadino no era de viva simpatía y de sincera
admiración hacia él; se sentía ya como un poco extraño; resurgían
en él como fantasmas los recuerdos de su patria, que iba
acercándose al día grandioso de la liberación, y soñaba quizá en
regresar con sus hijos, soñaba en platicar con los científicos de
Europa, soñaba también con un poco de vida tranquila, él, que desde
hacía 45 años, puede decirse, trabajaba sólo en hacer el bien
desinteresada y noblemente. A pesar de todo, ni siquiera entonces
-en medio de tan encontrados sentimientos- había dejado de
trabajar; son de aquel tiempo un estudio sobre los indígenas de la
costa del Pacífico y sobre los de la hoya del Orinoco, y un tratado
sobre las antigüedades de San Agustín
(16)
.
Sin que por el gobierno se le anticipara dinero, sin ninguna
ayuda, a los sesenta y seis años, cuando todos los amigos le
desaconsejaban descender a las regiones bajas del río Magdalena,
partió para Honda. Esperaba llegar pronto a las alturas de la
Sierra Nevada y evitar así el peligro de las fiebres palúdicas.
Habiendo llegado al punto donde el río Cesar, después de haber
atravesado la laguna de Zapatosa, desemboca en el Magdalena,
Codazzi remontó la maraña de corrientes que forman aquel río y
subió a las alturas que sirven de límite entre la Nueva Granada y
Venezuela. El 20 de enero está en Espíritu Santo, donde se iniciaba
el camino hacia la Sierra Nevada, tan deseada; el'7 de febrero en
un pequeño caserío cerca de Espíritu Santo; una fiebre maligna ha
consumido ya sus fuerzas; trata de reaccionar pero el mal se
agrava: su único compañero -Manuel María Paz -lo extiende sobre una
estera: "con profundos lamentos se pasaba continuamente la mano
sobre la frente, como si quisiera concentrar el pensamiento, y
murmuraba frases sobre su obra geológica; señaló con la mano los
lejanos montes de la Sierra Nevada, después entró en agonía, que
fue breve". Fue sepultado cerca de donde había muerto, con su
vestido de viaje, y encima se puso un montón de piedras; a lo
lejos, como gigante protector, se alzaba la Gran Sierra Nevada
(17)
.
La Gaceta Oficial de la República Granadina no anunció su
muerte; a muchas otras cosas tenían que atender los hombres que
entonces ocupaba el poder; las luchas eran cada vez más ásperas. El
hombre que había hecho conocer a la Nueva Granada desaparecía, sin
que quienes tenían la obligación de hacerlo le dirigieran siquiera
una palabra de despedida.
Más tarde un desconocido exhumó los restos y los llevó a Bogotá,
a la Iglesia de San Juan de Dios; de allí la viuda los hizo
trasladar a la catedral de Valencia, a donde se había trasladado
-era su ciudad natal-, mientras el Gobierno de Venezuela los pedía
para depositarios en el Panteón de Caracas al lado de los de
Bolívar.
Y si fue triste su muerte, en la soledad de la hoya del
Magdalena, también fue triste el resultado de su trabajo;
incompleto, aunque se hubiera intentado débilmente llevarlo a
término, tuvo el honor de ver la luz, pero no fue publicado con su
nombre; su alumno predilecto, Manuel Ponce de León, a quien Codazzi
había ayudado en muchas ocasiones, puso "su ignorado nombre al pie
de los importantes trabajos de su bondadoso maestro".
Queremos concluir este capitulo con las palabras de un biógrafo
suyo, el historiador Ancízar, palabras que sintetizan las virtudes
y los méritos del individuo, que son de reconocimiento a su alto
valor y noble tributo de gratitud: "La muerte que destruye la vida
de un hombre de inteligencia y actividad, es como un cataclismo; no
sólo desaparece la vida de un individuo, sino que al mismo tiempo
caen en ruina sus mejores obras. Codazzi no murió solo, sino que
con él murieron sus trabajos, los que había comenzado para honor y
progreso de la Nueva Granada; y que solo él hubiera podido
presentar en la grandiosa manera que había proyectado. En su mente
ya tenía proyectado todo hasta los últimos detalles, y a medida que
procedía iba desenvolviendo su plan con tranquilidad y así lo
hubiera hecho hasta el fin. La parte de su obra sometida a examen
mereció los más amplios elogios; evidentemente sólo un gran talento
topográfico pudo asumir tan grave tarea. Su trabajo comprendía
puntos de partida insuficientes, medidas aisladas que debían ser
inteligentemente comprobadas en un país vastísimo; una clara
representación cartográfica de los resultados hábilmente deducidos
de escasas fuentes. Para ello había acumulado materiales sobre
materiales. Ni el patriotismo hacia el país adoptivo, ni la
necesidad de dinero podían desviar la actividad de Codazzi; era
impulsado por su natural inteligencia topográfica; su inclinación
científica no le permitía reposo; su mente no podía dejar de
brillar aun en las condiciones más desfavorables. Codazzi era un
genio en su ramo, sus obras sobre Venezuela lo mismo que aquellas
sobre la Nueva Granada, aun las que quedaron inconclusas, tienen
carácter de monumento".
|
(1)
|
José Tadeo Monagas (nacido en Maturín, en Venezuela, en 1784, y
fallecido en Caracas, en 1868), ingresó al partido revolucionario
desde 1810, estuvo presente en todas las acciones de los primeros
años de la revolución y fue elegido comandante en jefe en 1816. En
1830 era miembro del congreso republicano de Venezuela; en 1847 fue
llevado a la suprema magistratura, la presidencia, y la ejerció
hasta 1850. Habiendo vuelto a ocupar la presidencia en 1858 fue
obligado a dejarla por una nueva revolución y partió para el
exilio, de donde regresó a su patria en 1864, a tiempo para
colaborar en la transformación de la república en federación
republicana.
|
|
(2)
|
Boletín de historia y antigüedades, núm. 99, p. 175.
|
|
(3)
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Tomás Cipriano de Mosquera era de Popayán, donde nació en 1798.
Murió de 80 años, después de haber obtenido en tres diversas
ocasiones los votos de los electores para la presidencia de la
república. Fue general, hombre político, diplomático hábil y
escritor de algún mérito. Entre sus escritos merecen todavía algún
recuerdo tres opúsculos geográficos: una Memoria sobre la
geografía física y política de la Nueva Granada, publicada en 1852,
un Compendio de geografía general, etc., de los Estados Unidos de
Colombia -impreso en Londres en 1866- y un Diccionario geográfico
de los mismos Estados, publicado en Bogotá dos años más tarde.
Entre otras muchas cosas dejó también un mapa geográfico del río
Magdalena. El 12 de mayo de 1879 el Congreso Colombiano ordenó que
se le erigiera un monumento en sitio destacado del Capitolio
Nacional.
Los primeros contactos suyos con Codazzi parece que se remontan -y
lo afirman recuerdos de familia- a 1819.
|
|
(4)
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Manuel Ancízar, quien nació en 1815 y vivió en Bogotá, obtuvo
todos sus conocimientos en sus prolongadas permanencias en Europa.
Más que un historiador, en el verdadero sentido de la palabra, fue
un periodista de pluma bastante ágil y viva. Son conocidos sus
apéndices sobre los dos primeros viajes de la Comisión Corográfica,
de la que hacia parte, notas de las que esperaba sacar una
voluminosa obra ricamente ilustrada. Fue también biógrafo afectuoso
de Codazzi.
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|
(5)
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De Joaquín Acosta (1799-1852), profesor de física y química en
la Universidad de Bogotá, son dignos de memorias varios escritos
sobre cuestiones geográficas: un "Mapa de la República de la Nueva
Granada" dedicado a Humboldt (1847), y un "Compendio histórico del
descubrimiento y colonización de la Nueva Granada en el siglo
169". (París, 1848); numerosos son sus otros escritos de menor
extensión.
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(6)
|
La fecha es confirmada por Constanza Codazzi.
|
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(7)
|
Ancízar, citado por Manrique, op. cit., núm. 100, p.
186-187.
|
|
(8)
|
Ansichten der Natur, edición de 1849.
|
|
(9)
|
Véase el capítulo de las "Memorias", donde se hallará el
relato de este viaje - c. 9º.
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(10)
|
Esta era la solución más meridional, entre la bahía de
Caledonia, en el Atlántico, y el golfo de San Miguel, en el
Pacífico. Para ella se habría utilizado el río Chucunaque, que
desemboca en el golfo de San Miguel y que en parte de su curso
corre de este a oeste.
|
|
(11)
|
Esta vía está más al norte, pero no dista mucho de la
precedente; ea la parte central del istmo se eleva la cordillera de
Chepo.
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|
(12)
|
La más septentrional de las soluciones, entre la laguna de
Chiriquí y el Pacífico, atravesando una cadena montañosa en la que
hay algunos picos de cierta altura.
|
|
(13)
|
La bibliografía en torno a la posibilidad de unir el Atlántico
con el Pacífico -que podría llamarse bibliografía sobre los canales
interoceánicos, y ¡ cuántos proyectos no se hicieron!- es tan
vasta que seria inútil tratar de enumeraría. Citaremos solo unas
pocas obras, advirtiendo que en ninguna se cita a nuestro geógrafo,
mientras que una de ellas, la primera, ha utilizado el material que
Codazzi había enviado a Humboldt -material manuscrito- y un mapa
igualmente trazado por él, pero en tal forma, que resultan
irreconocibles.
Karl Neumann - Uebersicht der Projecte einer intreozeaniseher
Canal -Verbindung durch den mittelamerikanischen Isthmus.
Zeitschrift fiir Augemeine Erdkunde. Nueva Serie, II, Berlín,
1857.
Garella, Napoleón - Projet d'un Canal de jonction de l'Océan
Pacifique à travers l'isthme de Panama - Paris, 1845.
Armando Reclus - L'istmo di Panamá. Milano, Treves, 1881 (con
prefacio de Attilio Brunialti).
Augustin Garcon - Histoire du canal de Panama. Paris, 1886.
Véanse también las notas 151-157 de Südamerikanische Studien de H.
Schumacher (p. 541-547).
Ingenieri P. Guzzi e V. Ravizza - La questione del canale
interoceanico attraverso al grande istmo americano - Milano,
1878.
Carlo Gori - La republica del Panamá, il suo istmo e il suo
territorio - Livorno, 1911.
Emory R. Iohnson - Panama canal - Traffic and Tolls
-
Washington, 1912. - En todas estas publicaciones no hay ni siquiera
una alusión a Codazzi.
|
|
(14)
|
"Resumen del diario histórico del ejército del Atlántico, Istmo
y Mompós, llamado después ejército del Norte" (Bogotá, 1885).
|
|
(15)
|
Como se ha indicado antes, otro utilizó, sin indicar la
fuente, el mapa de Codazzi y los apuntes que éste le envió a
Humboldt.
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|
(16)
|
"Descripción del territorio del Caquetá - aspecto del país"
(Bogotá, 1857). "Ruinas de San Agustín descritas i esplicadas" en
un apéndice a la "Geografía física i política del Estado del
Tolima". Bogotá, 1868. Este último escrito está fechado a 28 de
noviembre de 1857.
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|
(17)
|
El lugar donde murió Codazzi, aparece denominado, unas veces
"Campesucho", otras "Valledupar", otras "Espíritu Santo".
Ludwig Schiffler (Esploración mineral, practicada en el Estado del
Magdalena, Cartagena, 1876), dice que Codazzi murió en el pueblito
de Espíritu Santo, que está situado al pie de la cordillera que
divide a Venezuela del Estado del Magdalena.
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