INDICE





CAPÍTULO I
Los primeros años — Sus estudios en Lugo — Voluntario del ejército italiano — Hechos de armas — Deja la vida militar.

CAPÍTULO II
En Constantinopla: de aquí va por varios países al báltico y después a Ho­landa — Va a América del Norte — A sueldo, combate a favor de los in­surgentes en el mar de las Antillas — (Sus Memorias) — Precioso conte­nido de estas — Regresa a Italia — En soci

CAPÍTULO III
Regresa a América — 24 de mayo de 1826 — Comandante de artillería — Jefe de Estado Mayor — Se ocupa en la geografía estadística y en el Atlas de Venezuela — A París.

CAPÍTULO IV
La obra geográfica y cartográfica sobre la República de Venezuela.

CAPÍTULO V
Funda la Colonia Tobar — Gobierna la provincia de Barinas.

CAPÍTULO VI
De la República de Venezuela a la de Colombia — Comandante de la Escuela Militar — Iniciación de sus actividades en Colombia —La cuestión del Canal — Su muerte.

CAPÍTULO VII
Memorias Póstumas de Constante Ferrari y de Agustín Codazzi.

CAPÍTULO VIII
Juicio sobre Agustín Codazzi.

CAPÍTULO IX
Llegada a San Blas — datos sobre aquellos indígenas — Partida para el Golfo del Darién y entrada al río Atrato — Descripción del clima, producciones, animales e insectos que se encuentran en el río Atrato — Llegada a la capital del Chocó, noticias sobre l

CAPÍTULO X
Llegada a Santafé de Bogotá y acogida que tuve — Continuación de la campaña de Bolívar después de la toma de Angostura — Expedición de Morillo a Margarita y sorpresa de Calabozo — Bolívar derrotado cerca de Valencia y refugiado en los llanos — Su atrevida

CAPÍTULO XI
Estado de Providencia a mi regreso y de las fuerzas listas para partir, expedición de Ferrari al desaguadero del río San Juan en Nicaragua. Partida de la división para el Chocó. Rendición en Candelaria de una flotilla española. marcha por el Atrato y derr

CAPÍTULO XII
Viaje del general Aury a Santafé por el Magdalena — Descripción del cli­ma, usos y costumbres de estos habitantes, producciones, animales, etc., de estos lugares — Promulgación del armisticio y estado de las fuerzas armadas — Llegada de Bolívar a Santafé

CAPÍTULO XIII
Climas, usos y costumbres de los indios mosquitos y nuestra permanencia entre ellos —Llegada a Providencia y a Cartagena — Capitulación de aquella plaza — Se me confía una expedición para apoderarnos de Omoa y del castillo de San Felipe — Partida en un pe

CAPÍTULO XIV
Llegada a Santo Tomás y su descripción — Partida para la Valija — Comercio en Comayagua y Jamaica — Partida para el Chocó y riesgo corrido — Arribo a la Valija y expedición de mercancías a Trujillo — Pérdida de las mismas — Nuevo comercio en cl golfo Dulc

APÉNDICE
-V-
 
 

Funda la Colonia Tobar
- Gobierna la provincia de Barinas.

Por una carta de Codazzi a un amigo suyo de Lugo, el señor Pietro Dalbuono (1) , escrita desde Burdeos el 27 de junio de 1841, parece que su partida de regreso a la Guaira hubiera tenido lugar dos días después. Schumacher y con él Manrique incurren en un error al afirmar que durante su permanencia en París le nació a Codazzi el cuarto hijo, Lorenzo. Si esto hubiera sido así, como quiera que este hijo nació a fines de octubre de 1841 (el 28 de octubre), tendríamos que retrasar a los últimos días del año o a los primeros del siguiente su regreso a Venezuela. Y sabemos -lo sabemos por una de las cartas que posee la biblioteca Trisi de Lugo- que en marzo de 1841 escribió a su hermana invitándola a seguirle a América y recomendándole tener en secreto su partida para que no tuviera dificultades con el marido, del cual vivía separada. Ahora bien, ¿hubiera podido enviarle el dinero para el viaje y hacerle las últimas recomendaciones a su "Gianetta" si todavía lo separaban de la partida tantos meses? Pero hay otro argumento mucho más fuerte todavía. Apenas regresa a Venezuela se pone inmediatamente en la tarea de determinar el lugar para la colonia agrícola cuyo proyecto venía meditando y cuya idea le surgió cuando, en París, discutiendo si Venezuela fuera susceptible de un desarrollo rápido y amplio, sostuvo, con un optimismo que revela la inmensidad de su bondad y la seguridad de su fe, que un porvenir esperaba á la tierra que él habla dado a conocer a los hombres y embellecido con su arte y con su ciencia. Apenas regresa se dedica a hacer diligencias para obtener la concesión de tierras, para encontrar financiadores de su empresa, para obtener ayuda del gobierno. Ahora bien, ¿ es posible que todo esto haya podido realizarlo en tan corto tiempo, en poco más de medio año? No debe olvidarse además que es de 1842 un escrito suyo que expone su plan colonizador (2) . Por consiguiente coloquemos a fines de junio de 1841 su partida para la Guaira y en los primeros días de septiembre de 1842 su regreso a Francia (3) .

Ciertamente los honores recibidos en Francia y las alabanzas tributadas por la Academia de Ciencias al país que le había encargado el trabajo, habían realzado su prestigio y lo habían colocado en una condición en la que podía aventurarse a pedir lo que antes ni siquiera hubiera pensado en solicitar. Era el hombre que había defendido abiertamente a Venezuela y la había acercado a Europa. ¿Por qué no podría ahora acercar a las gentes de Europa a Venezuela? Las sangrientas guerras de la independencia, que habían segado 200.000 'vidas en Venezuela, el terremoto (1812) y la peste (1818), habían disminuido en tal forma la población de la república que la rata de densidad era una de las más escasas de América. Ni siquiera un millón de habitantes vivía en aquella inmensa tierra, mientras que la población de la vecina república de Colombia era de más del triple.

Ya el mismo gobierno venezolano se había preocupado por el problema; prueba dé esta preocupación es la ley sobre inmigración, sancionada por el Congreso él 6 de marzo de 1840. Por consiguiente su propuesta no caía en terreno infecundo. Pero hay no poca diferencia entre hacer una ley, que no cuesta un centavo, y persuadir a los hombres de gobierno a otorgar ayuda, en un país en donde la moneda está devaluada y en donde el presupuesto es excesivamente flaco. Por consiguiente no debe parecer modesta la obra de persuasión realizada por Codazzi, ni demasiado simple el esfuerzo hecho para obtener éxito en su intento.

Creemos que Codazzi tiene algo qué ver con un artículo publicado en un periódico francés -no nos ha sido posible precisar el titulo de este periódico porque sólo se ha conservado el recorte -intitulado "De la Republique de Venezuela et de la loi sur l'émigration sanctionnée par le Congrés nationale" (4) .

En dicho artículo se trata de disipar cualquier juicio desfavorable a la República por parte de las gentes de Europa y se ponen en evidencia los esfuerzos realizados por varios gobiernos -y especialmente por el de Páez- para volver a llevar a Venezuela a un estado de normalidad; en él se exponen las riquezas del suelo, los progresos hasta entonces realizados, los méritos de los hombres que habían conducido aquella tierra a la conquista de la independencia y de la libertad. Es una hoja llena de elogios discretos, de comprobaciones serias, de esperanzas fundadas, que no puede haber sido escrita sino por quien tuviera un completo conocimiento de la joven República. Un periodista francés no hubiera podido escribir sobre Venezuela porque hubiera hablado de ella como un erudito y, por consiguiente como de un tema de estudio, no como de cosa propia, como de algo a que se está ligado por un vivo sentimiento. Se perciben el cariño y el deseo de pintar aquella tierra con los colores más rosados para hacer que también los demás la amen. No se calla nada, pero los defectos se cubren prudentemente con un velo y aparecen menos duros y desagradables; se habla de la revolución de 1835 y se dice que fue obra de algunos hombres que se habían hecho célebres en la guerra de la independencia, pero cuyas exageradas pretensiones "repoussaient les bienfaits d'une liberté sage". Se trata de justificar el nombramiento de Páez para Presidente de la República y se quiere demostrar que, a pesar del nombramiento de un hombre de armas, Venezuela es un país tranquilo: se dice que Páez, además de ser uno de los más fervorosos promotores de la independencia, tiene también virtudes cívicas iguales a sus méritos de soldado; se dice que más que en él, émulo de Bolívar y "ciudadano esclarecido", el pueblo venezolano confía en sí mismo, en su amor a la libertad, en su prontitud para sofocar cualquier movimiento que trate de privarlo de la libertad; se dice que Páez tiene una "connaissance intime des affaires du pays", que sus precedentes permiten tener confianza en él, que es un hombre de carácter f irme, y que su lealtad durante los sucesos de 1835 fue admirable.

Si Codazzi no fue el autor material del escrito, ciertamente a él debe atribuirse la inspiración. El artículo apareció poco antes de su regreso a América, y por consiguiente puede ser considerado como preparación para la campaña que estaba por iniciar.

Hacia la mitad de septiembre de 1841 se presentó al gobierno venezolano un plan bien particularizado de colonización: su autor era Codazzi. El proyecto tuvo una gran resonancia en Caracas, hasta el punto de que, a fines del año, Codazzi se dirigió a dicha ciudad para exponer extensamente su proyecto y obtener, además del consentimiento del gobierno, su ayuda y el apoyo de cuantos no sólo con palabras amaban a su tierra.

El lugar escogido pertenecía a la provincia de Caracas ~y al cantón de la Victoria, a corta distancia del puerto de la Guaira. Situado a cerca de 1.700 metros, tenía un clima suave y estaba cubierto de bosques formados por plantas europeas y americanas.

Codazzi pensaba dirigir personalmente dicha colonia, que estaría constituida por campesinos alemanes, recogidos en la Alemania meridional, y dirigirla desde la ciudad capital del cantón, La Victoria, que distaba apenas siete leguas. No pretendía constituir una sociedad, sino obtener ayuda del gobierno, y conseguir fondos, para lo cual esperaba que alguno le hiciera de fiador -quizá pensaba en quien ya en otra ocasión lo había hecho, Martín Tobar y Ponte-. Y en efecto Tobar estaba dispuesto a prestar la fianza y todavía más, junto con su sobrino Manuel Felipe Tobar, cedió a Codazzi sus propiedades que quedaban vecinas a las tierras escogidas para la colonia. Así esta -lo que fue acto de sincera gratitud hacia el hombre generoso- tuvo el nombre de aquel que había contribuido más que los demás. Las obras indispensables empezaron inmediatamente; primero se construyeron caminos y después se abatieron los bosques en las partes más elevadas. En seguida Codazzi envió a París una comunicación en la que exponía sus esperanzas en la futura colonia y todo lo que se había hecho. "Ya -escribía- la presencia del hombre ha animado con nueva vida estos bosques solitarios tan silenciosos hasta ahora; ya se oyen los golpes de hacha de los hombres ocupados en talar árboles seculares; estos bosques de vegetación primitiva que la planta humana no había hollado, son ahora atravesados por robustos labradores que conducen caballos, mulas, bueyes, cargados de todo lo que es necesario para la construcción; ya empiezan a verse cabañas en el desierto, en los mismos lugares que más tarde serán ocupados por cómodas habitaciones. Plantas útiles substituirán dentro de poco la exuberante vegetación inútil. Un camino de siete horas, construido bajo la dirección del Coronel Codazzi por doscientos trabajadores proporcionados por el gobierno para tal fin, conduce la futura colonia a la ciudad de La Victoria y abrirá fácil y rápida comunicación con el floreciente valle de Aragua, la parte más densamente poblada de la provincia de Caracas. Una segunda vía de comunicación deberá abrirse hacia la costa hasta puerto Maya, y una tercera conducirá más tarde a través de las colinas del altiplano hasta la capital de Venezuela. A lo largo de esta vía hay la intención de construir un ferrocarril que, naturalmente, será la vía de comunicación más importante, ya que por ella se podrán transportar en breve tiempo y con poco gasto los productos principales de la colonia. Si este proyecto llega a ejecutarse y si es posible construir rápidamente vías secundarias al valle de Aragua y al distrito de Turmero, los productos de esta zona, admirablemente fértil, duplicarán su valor, y los campos cultivados se extenderán más allá de los montes que han sido considerados hasta ahora como un muro insuperable para la civilización y la agricultura". (5) . Así describía Codazzi la colonia que era creación de su espíritu deseoso de hacer el bien; y en París patrocinaba con igual entusiasmo esta idea Alejandro Benitz, de Edingen (Baden), quien había sido el dibujante y grabador de los mapas del Atlas de Venezuela (6) y a quien Codazzi había conquistado para su propósito de colonización. En seguida se publicaron los planos de la colonia Tobar y con ellos los proyectos para otras colonias en San Carlos, Anancos, Maya y Cagua, Oricaro y Chichirivichi, Caipe y Tuy; artículos en español, en francés y en alemán ponderaban hasta las estrellas la belleza de estos lugares.

El 11 de junio de 1842 Codazzi estaba de nuevo en París; en la colonia había dejado a Ramón Díaz, como sustituto para la prosecución de los trabajos.

Inmediatamente comenzó el enganche de familias obreras dispuestas a partir, trabajo que realizó con grande entusiasmo Benitz, quien sacó de Alsacia y Baden 358 obreros especializados en los más diversos menesteres, mientras Codazzi -nombrado entonces Caballero de la Legión de Honor por el Rey Luis Felipe (7) -, se entretenía con hombres de ciencia y enriquecía y profundizaba sus conocimientos en el trato con ellos, alternaba con artistas sobre los honores que se tributarían a las cenizas de Bolívar, que de San Pedro (Alejandrino) iban a ser trasladadas a Caracas, y sobre el monumento que habría que erigirse en aquella capital -monumento que fue después modelado por el romano Pietro Tenerani-.

El pequeño grupo de colonos, guiado por Codazzi y por Benitz, pues también se había asociado a aquella empresa, llegó a la Guaira el 6 de abril de 1843, después de un viaje que no había sido ni breve ni sin contratiempos. Pero mayores fueron las dificultades cuando, habiendo desembarcado en Puerto Choroní porque en la Guaira no pudieron hacerlo por haberse declarado una epidemia a bordo, tuvieron los emigrantes que caminar a pie hasta la colonia, porque no hubo bestias suficientes para el transporte. Las enfermedades que se declararon entre el pequeño grupo -males debidos al calor y a una alimentación imprudente-, la escasez de las cabañas construidas, ya que Díaz poco se había preocupado por realizar este trabajo, los caminos sin terminar, con lo que se dificultaba el abastecimiento de víveres y el transporte de los productos de la colonia, todo esto y otras cosas, crearon entre los colonos un cierto descontento que extinguió el entusiasmo y amenazó desde el principio esta obra de civilización.

La muerte de Martín Tobar -el 26 de noviembre de 1843- (8) y los disturbios que comenzaron poco después a hacer inestable la vida de la República, no pudieron menos de perjudicar a la pequeña colonia. Se sabe que la vida del campo prospera rápidamente si hay un ambiente de paz y de seguridad y si sus necesidades encuentran una respuesta de consentimiento y de ayuda. Sin embargo los esfuerzos de Codazzi y los no menos nobles de Benitz, las diligencias de los representantes alemanes en Venezuela y las visitas de científicos alemanes, que llegaron hasta aquel lejano rincón de actividad tudesca con fines de estudio y aun por razones políticas, permitieron a Codazzi hacer en 1845 un balance de la colonia que auguraba esperanzas y estaba lleno de buenas promesas. "Los habitantes de Tobar están satisfechos y viven ya de su trabajo; han tenido cosechas prometedoras, no obstante las frecuentes calamidades que han azotado a la agricultura. La carretera que lleva a Caracas está terminada. En la colonia hay científicos alemanes que han establecido campos de experimentación botánica que han dado lisonjeros resultados".

Había apenas redactado este documento alentador cuando, por la confianza que le tenía, el General Soublette, entonces Presidente de la República, lo llamó a Caracas y le confió el gobierno de la provincia de Barinas.

Codazzi no rehusó el encargo, y habiendo dejado la dirección de su empresa, en la que todavía tenía puesto todo su afecto, a Benitz, se dirigió a la Provincia de Barinas (diciembre de 1845) con la convicción de que en el nuevo cargo podía prestar a su patria adoptiva un servicio no menos valioso. Allí se agitaban fermentos de rebelión contra el gobierno, al que se acusaba de oligarquía; y pronto Codazzi se dio cuenta de que esta provincia era como la clave de la paz o de la guerra en Venezuela, ya que la actitud de los llaneros, habitantes de las llanuras que se extienden desde las faldas de las montañas hasta las orillas del Meta y del Orinoco, determinaba o la consolidación de la oposición al gobierno, o el triunfo de este. Por ello comenzó una obra de gran habilidad y no menor coraje; viajando de lugar en lugar y viendo con sus propios ojos las necesidades de la población, trató de aportar mejoras y beneficios; desenvolviendo proyectos de segura utilidad, hizo todo lo posible para calmar a los inquietos habitantes. Era una obra bien difícil, que sólo podía cumplir quien, como Codazzi, estaba completamente al margen de cualquier disputa de partido y se resentía muy débilmente de las pasiones que destrozaban a todo el pueblo venezolano.

En 1846, como se debía proceder a la elección del nuevo Presidente, los partidos volvieron a la lucha violenta, tanto que por un momento pareció que había sonado la última hora para Venezuela. También esta vez fue Páez quien salvó la República de la ruina; pero también a Codazzi le correspondió no poco mérito. Este con energía y con sabia habilidad impidió que en su provincia se difundiese la división y que a ella penetrasen armas y militares. Del partido que entonces amenazaba la tranquilidad de Venezuela era jefe el General Monagas "uno de los más decididos representantes del militarismo", el más encarnizado enemigo de Codazzi, de quien se acordará cuando algunos años más tarde llegue a ser Presidente de Venezuela, y le hará la vida insoportable en aquella tierra a la que con tanta sabiduría había dado lustre. Contra él Codazzi fue inexorable, no permitió que su obra de disgregación penetrase en la provincia que administraba, lo excluyó, lo combatió. Cabalgando de pueblo en pueblo, de factoría en factoría, trató de reconciliar entre sí a los jefes por todos los medios posibles y especialmente con la persuasión. Inclusive en una ocasión recurrió a una alegoría y se valió de sus hijos, todavía niños, para representarla, y consiguió lo que se proponía, ya que los jefes de las dos facciones volvieron a la paz. Nos la refiere su hija Constanza en una nota a la traducción del libro de Schumacher, y vale la pena que reproduzcamos aquí sus mismas palabras (9) .

Tampoco estuvo, durante este su gobierno, totalmente alejado de los estudios; antes bien, no pocos escritos de Codazzi pertenecen precisamente a este tiempo; escritos sobre agricultura tropical, sobre trabajos relacionados con los caminos que atravesaban la provincia o que deberían trazarse, estudios históricos y geográficos, y hasta una obra que ha permanecido inédita (10) , intitulada "El arte de la guerra".

A principios de 1847 parecía que la paz volvía de nuevo a la República; por deseos de Páez y contra el parecer de Codazzi, la Presidencia se le dio a Monagas, el cual en un principio mostró que no quería aprovecharse del poder para sus venganzas de partido y juiciosamente llamó al gobierno a hombres que eran firme garantía de que quería mantener la paz.

Las tristes condiciones de la colonia Tobar obligaron a Codazzi a volver por un momento a visitarla para darle una vez más su consejo y su apoyo. El malestar que serpenteaba por toda Venezuela no había dejado intacto ni siquiera este pequeño oasis de tranquilidad, en donde el año anterior se habían presentado fugas de colonos y donde los que quedaban demostraban con frecuencia descontento y poco espíritu de sacrificio. Bastó la presencia del fundador para que la colonia se renovase, los fugitivos volviesen y se asentase la tranquilidad sobre aquella pequeña tierra de trabajadores. Así que en marzo de 1847 pudo Codazzi publicar la noticia de que la paz había retornado, y con la paz se iniciaban los nuevos trabajos y los corazones se reabrían a la esperanza (11) . Pero las esperanzas se esfumaron bien pronto, ya que la paz se rompió y la confusión tomó a Venezuela, y Codazzi, como ocurría siempre en los momentos difíciles, fue llamado a las armas.

 

(1) De las cartas que posee la Biblioteca de Lugo (12 en total), siete están dirigidas al señor Pietro Dalbuono, o Delbuono, o Delbono, pues de las tres maneras aparece escrito en las cartas.
(2) A. Codazzi - Proyecto de poblar con las razas teutónicas los terrenos altos y hasta ahora incultos de Venezuela. Caracas, 1842. 
(3) "alla mia venuta la Europa l'hanno venturo" - Carta a su hermana, de 27 de marzo de 1841; y más adelante, en la posdata: "l'hanno che viene senza dubbio debbo passare in Italia a prendere dei contadini piemontese. -
(4)  El artículo es del 2 de junio de 1841.
(5) Biografía del general Agustín Codazzi, escrita por H. Schumacher y traducida por Manrique, "Boletín de Historia y Antigüedades", año 9, p. 165-166.
(6) El grabado que precede al Atlas de Venezuela lleva la firma de A. Benitz, grabador.
(7) El decreto es de fecha 13 de junio de 1842.
(8)  Schumacher da esta fecha en el texto (op. cit., p. 325), pero en las notas (nota 136, p. 527-528) da otra, la de 26 de noviembre de 1846. Manrique se atiene a la primera fecha. Martín Tobar había nacido el 17 de septiembre de 1772.
(9) "Ofreció un banquete a los Jefes de ambos partidos y a las principales familias, también divididas; a los postres se presentaron los niños Araceli, vestida de Libertad; Agustín, goajiro; Domingo, caribe; Lorenzo Orinoco, y se colocaron cada uno al lado de los principales cabecillas. La Libertad se dirigió al anciano General Blanco, con palabras de paz y concordia; cada uno habló en el mismo sentido, y en el sencillo lenguaje del indio, comparaban la conducta de los blancos con la suya, que vivían unidos y en paz; dirigieron palabras de elogio a los señores, invitaron a tomar por la paz y la unión de los barinenses, ofreciendo cada uno su bandera al Jefe a quien se dirigía. El venerable General Blanco fue el primero que con lágrimas en los ojos y voz conmovida, contestó a la Libertad, más que con palabras, con el abrazo fraternal a los demás invitados; allí se olvidaron los rencores y las disensiones; todos se abrazaban conmovidos, y los que entraron enemigos, salieron hermanos. Esto afirmó la unión que Codazzi había preparado fundando un pequeño teatro en donde se presentaban las señoritas y caballeros de ambos partidos. En Barinas no había diversiones, y aquella, gratis y dos veces por semana, fuera de los ensayos dirigidos por Codazzi y su hermana, eran a propósito para que cesaran las desavenencias que fomentaba un joven con sus habladurías; op. cit., num. 99, p. 172.
(10) Lo dice su hija Constanza, op. cit., núm. 99, p. 173, nota.
(11) Su hija Constanza dice que la Colonia sufrió entonces, como todo el país, las consecuencias de la guerra, pero agrega: "Aún existe; en un viaje que hizo la señora viuda de Codazzi, le compraron su casa en aquel lugar, que, si no tan floreciente como hubiera sido sin las guerras, ha prosperado; hay industrias y culturas". Op. cit., núm. 99, p. 174, nota.   En cambio Schumacher, en un artículo dedicado a la memoria de Codazzi, publicado, en traducción italiana, en el Bolletino della Societa Geografica Italiana (1876), p. 614, dice que después de un período de florecimiento la colonia fue decayendo hasta 1870, año en que, invadida por las tropas de Guzmán Blanco, fue destruida casi del todo. Puesto que su testimonio merece la misma credibilidad, es necesario admitir que el viaje al que se refiere Constanza Codazzi fue anterior a 1870; pero entonces no deja de parecer extraña la nota: ella agrega un detalle importante sobre un hecho acaecido antes de 1870, en un trabajo publicado en 1912. Y la nota no deja duda de que se refiere al momento en que fue escrita: "pero aún existe". Sobre la Colonia Tobar, además de lo que escribió Codazzi, véanse: Alexander Benitz - Ueber die Ackerbau-Colonien in Venezuela. París, 1842.
Sabien Berthelot. Sur les nouveaux établissements agricoles fondés en Venezuela. Bulletin de la Société de géograpbie de Paris, 1842, p. 37-45.
Ludwig Glöckner - Die Gründung und die heutige Zustand der Colonie Tovar, in Venezuela - Schneeberg, 1851.
A. Codazzi - Apuntaciones sobre inmigración y colonización. Bogotá,. 1850.

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