-V-
Funda la Colonia Tobar -
Gobierna la provincia de
Barinas.
Por una carta de Codazzi a un amigo suyo de Lugo, el señor
Pietro Dalbuono
(1)
, escrita desde Burdeos el 27 de junio
de 1841, parece que su partida de regreso a la Guaira hubiera
tenido lugar dos días después. Schumacher y con él Manrique
incurren en un error al afirmar que durante su permanencia en París
le nació a Codazzi el cuarto hijo, Lorenzo. Si esto hubiera sido
así, como quiera que este hijo nació a fines de octubre de 1841 (el
28 de octubre), tendríamos que retrasar a los últimos días del año
o a los primeros del siguiente su regreso a Venezuela. Y sabemos
-lo sabemos por una de las cartas que posee la biblioteca Trisi de
Lugo- que en marzo de 1841 escribió a su hermana invitándola a
seguirle a América y recomendándole tener en secreto su partida
para que no tuviera dificultades con el marido, del cual vivía
separada. Ahora bien, ¿hubiera podido enviarle el dinero para el
viaje y hacerle las últimas recomendaciones a su "Gianetta" si
todavía lo separaban de la partida tantos meses? Pero hay otro
argumento mucho más fuerte todavía. Apenas regresa a Venezuela se
pone inmediatamente en la tarea de determinar el lugar para la
colonia agrícola cuyo proyecto venía meditando y cuya idea le
surgió cuando, en París, discutiendo si Venezuela fuera susceptible
de un desarrollo rápido y amplio, sostuvo, con un optimismo que
revela la inmensidad de su bondad y la seguridad de su fe, que un
porvenir esperaba á la tierra que él habla dado a conocer a los
hombres y embellecido con su arte y con su ciencia. Apenas regresa
se dedica a hacer diligencias para obtener la concesión de tierras,
para encontrar financiadores de su empresa, para obtener ayuda del
gobierno. Ahora bien, ¿ es posible que todo esto haya podido
realizarlo en tan corto tiempo, en poco más de medio año? No debe
olvidarse además que es de 1842 un escrito suyo que expone su plan
colonizador
(2)
. Por consiguiente coloquemos a fines de
junio de 1841 su partida para la Guaira y en los primeros días de
septiembre de 1842 su regreso a Francia
(3)
.
Ciertamente los honores recibidos en Francia y las alabanzas
tributadas por la Academia de Ciencias al país que le había
encargado el trabajo, habían realzado su prestigio y lo habían
colocado en una condición en la que podía aventurarse a pedir lo
que antes ni siquiera hubiera pensado en solicitar. Era el hombre
que había defendido abiertamente a Venezuela y la había acercado a
Europa. ¿Por qué no podría ahora acercar a las gentes de Europa a
Venezuela? Las sangrientas guerras de la independencia, que habían
segado 200.000 'vidas en Venezuela, el terremoto (1812) y la peste
(1818), habían disminuido en tal forma la población de la república
que la rata de densidad era una de las más escasas de América. Ni
siquiera un millón de habitantes vivía en aquella inmensa tierra,
mientras que la población de la vecina república de Colombia era de
más del triple.
Ya el mismo gobierno venezolano se había preocupado por el
problema; prueba dé esta preocupación es la ley sobre inmigración,
sancionada por el Congreso él 6 de marzo de 1840. Por consiguiente
su propuesta no caía en terreno infecundo. Pero hay no poca
diferencia entre hacer una ley, que no cuesta un centavo, y
persuadir a los hombres de gobierno a otorgar ayuda, en un país en
donde la moneda está devaluada y en donde el presupuesto es
excesivamente flaco. Por consiguiente no debe parecer modesta la
obra de persuasión realizada por Codazzi, ni demasiado simple el
esfuerzo hecho para obtener éxito en su intento.
Creemos que Codazzi tiene algo qué ver con un artículo publicado
en un periódico francés -no nos ha sido posible precisar el titulo
de este periódico porque sólo se ha conservado el recorte
-intitulado "De la Republique de Venezuela et de la loi sur
l'émigration sanctionnée par le Congrés nationale"
(4)
.
En dicho artículo se trata de disipar cualquier juicio
desfavorable a la República por parte de las gentes de Europa y se
ponen en evidencia los esfuerzos realizados por varios gobiernos -y
especialmente por el de Páez- para volver a llevar a Venezuela a un
estado de normalidad; en él se exponen las riquezas del suelo, los
progresos hasta entonces realizados, los méritos de los hombres que
habían conducido aquella tierra a la conquista de la independencia
y de la libertad. Es una hoja llena de elogios discretos, de
comprobaciones serias, de esperanzas fundadas, que no puede haber
sido escrita sino por quien tuviera un completo conocimiento de la
joven República. Un periodista francés no hubiera podido escribir
sobre Venezuela porque hubiera hablado de ella como un erudito y,
por consiguiente como de un tema de estudio, no como de cosa
propia, como de algo a que se está ligado por un vivo sentimiento.
Se perciben el cariño y el deseo de pintar aquella tierra con los
colores más rosados para hacer que también los demás la amen. No se
calla nada, pero los defectos se cubren prudentemente con un velo y
aparecen menos duros y desagradables; se habla de la revolución de
1835 y se dice que fue obra de algunos hombres que se habían hecho
célebres en la guerra de la independencia, pero cuyas exageradas
pretensiones "repoussaient les bienfaits d'une liberté sage". Se
trata de justificar el nombramiento de Páez para Presidente de la
República y se quiere demostrar que, a pesar del nombramiento de un
hombre de armas, Venezuela es un país tranquilo: se dice que Páez,
además de ser uno de los más fervorosos promotores de la
independencia, tiene también virtudes cívicas iguales a sus méritos
de soldado; se dice que más que en él, émulo de Bolívar y
"ciudadano esclarecido", el pueblo venezolano confía en sí mismo,
en su amor a la libertad, en su prontitud para sofocar cualquier
movimiento que trate de privarlo de la libertad; se dice que Páez
tiene una "connaissance intime des affaires du pays", que sus
precedentes permiten tener confianza en él, que es un hombre de
carácter f irme, y que su lealtad durante los sucesos de 1835 fue
admirable.
Si Codazzi no fue el autor material del escrito, ciertamente a
él debe atribuirse la inspiración. El artículo apareció poco antes
de su regreso a América, y por consiguiente puede ser considerado
como preparación para la campaña que estaba por iniciar.
Hacia la mitad de septiembre de 1841 se presentó al gobierno
venezolano un plan bien particularizado de colonización: su autor
era Codazzi. El proyecto tuvo una gran resonancia en Caracas, hasta
el punto de que, a fines del año, Codazzi se dirigió a dicha ciudad
para exponer extensamente su proyecto y obtener, además del
consentimiento del gobierno, su ayuda y el apoyo de cuantos no sólo
con palabras amaban a su tierra.
El lugar escogido pertenecía a la provincia de Caracas ~y al
cantón de la Victoria, a corta distancia del puerto de la Guaira.
Situado a cerca de 1.700 metros, tenía un clima suave y estaba
cubierto de bosques formados por plantas europeas y americanas.
Codazzi pensaba dirigir personalmente dicha colonia, que estaría
constituida por campesinos alemanes, recogidos en la Alemania
meridional, y dirigirla desde la ciudad capital del cantón, La
Victoria, que distaba apenas siete leguas. No pretendía constituir
una sociedad, sino obtener ayuda del gobierno, y conseguir fondos,
para lo cual esperaba que alguno le hiciera de fiador -quizá
pensaba en quien ya en otra ocasión lo había hecho, Martín Tobar y
Ponte-. Y en efecto Tobar estaba dispuesto a prestar la fianza y
todavía más, junto con su sobrino Manuel Felipe Tobar, cedió a
Codazzi sus propiedades que quedaban vecinas a las tierras
escogidas para la colonia. Así esta -lo que fue acto de sincera
gratitud hacia el hombre generoso- tuvo el nombre de aquel que
había contribuido más que los demás. Las obras indispensables
empezaron inmediatamente; primero se construyeron caminos y después
se abatieron los bosques en las partes más elevadas. En seguida
Codazzi envió a París una comunicación en la que exponía sus
esperanzas en la futura colonia y todo lo que se había hecho. "Ya
-escribía- la presencia del hombre ha animado con nueva vida estos
bosques solitarios tan silenciosos hasta ahora; ya se oyen los
golpes de hacha de los hombres ocupados en talar árboles seculares;
estos bosques de vegetación primitiva que la planta humana no había
hollado, son ahora atravesados por robustos labradores que conducen
caballos, mulas, bueyes, cargados de todo lo que es necesario para
la construcción; ya empiezan a verse cabañas en el desierto, en los
mismos lugares que más tarde serán ocupados por cómodas
habitaciones. Plantas útiles substituirán dentro de poco la
exuberante vegetación inútil. Un camino de siete horas, construido
bajo la dirección del Coronel Codazzi por doscientos trabajadores
proporcionados por el gobierno para tal fin, conduce la futura
colonia a la ciudad de La Victoria y abrirá fácil y rápida
comunicación con el floreciente valle de Aragua, la parte más
densamente poblada de la provincia de Caracas. Una segunda vía de
comunicación deberá abrirse hacia la costa hasta puerto Maya, y una
tercera conducirá más tarde a través de las colinas del altiplano
hasta la capital de Venezuela. A lo largo de esta vía hay la
intención de construir un ferrocarril que, naturalmente, será la
vía de comunicación más importante, ya que por ella se podrán
transportar en breve tiempo y con poco gasto los productos
principales de la colonia. Si este proyecto llega a ejecutarse y si
es posible construir rápidamente vías secundarias al valle de
Aragua y al distrito de Turmero, los productos de esta zona,
admirablemente fértil, duplicarán su valor, y los campos cultivados
se extenderán más allá de los montes que han sido considerados
hasta ahora como un muro insuperable para la civilización y la
agricultura".
(5)
. Así describía Codazzi la colonia que
era creación de su espíritu deseoso de hacer el bien; y en París
patrocinaba con igual entusiasmo esta idea Alejandro Benitz, de
Edingen (Baden), quien había sido el dibujante y grabador de los
mapas del Atlas de Venezuela
(6)
y a quien Codazzi había
conquistado para su propósito de colonización. En seguida se
publicaron los planos de la colonia Tobar y con ellos los proyectos
para otras colonias en San Carlos, Anancos, Maya y Cagua, Oricaro y
Chichirivichi, Caipe y Tuy; artículos en español, en francés y en
alemán ponderaban hasta las estrellas la belleza de estos
lugares.
El 11 de junio de 1842 Codazzi estaba de nuevo en París; en la
colonia había dejado a Ramón Díaz, como sustituto para la
prosecución de los trabajos.
Inmediatamente comenzó el enganche de familias obreras
dispuestas a partir, trabajo que realizó con grande entusiasmo
Benitz, quien sacó de Alsacia y Baden 358 obreros especializados en
los más diversos menesteres, mientras Codazzi -nombrado entonces
Caballero de la Legión de Honor por el Rey Luis Felipe
(7)
-, se entretenía con hombres de ciencia
y enriquecía y profundizaba sus conocimientos en el trato con
ellos, alternaba con artistas sobre los honores que se tributarían
a las cenizas de Bolívar, que de San Pedro (Alejandrino) iban a ser
trasladadas a Caracas, y sobre el monumento que habría que erigirse
en aquella capital -monumento que fue después modelado por el
romano Pietro Tenerani-.
El pequeño grupo de colonos, guiado por Codazzi y por Benitz,
pues también se había asociado a aquella empresa, llegó a la Guaira
el 6 de abril de 1843, después de un viaje que no había sido ni
breve ni sin contratiempos. Pero mayores fueron las dificultades
cuando, habiendo desembarcado en Puerto Choroní porque en la Guaira
no pudieron hacerlo por haberse declarado una epidemia a bordo,
tuvieron los emigrantes que caminar a pie hasta la colonia, porque
no hubo bestias suficientes para el transporte. Las enfermedades
que se declararon entre el pequeño grupo -males debidos al calor y
a una alimentación imprudente-, la escasez de las cabañas
construidas, ya que Díaz poco se había preocupado por realizar este
trabajo, los caminos sin terminar, con lo que se dificultaba el
abastecimiento de víveres y el transporte de los productos de la
colonia, todo esto y otras cosas, crearon entre los colonos un
cierto descontento que extinguió el entusiasmo y amenazó desde el
principio esta obra de civilización.
La muerte de Martín Tobar -el 26 de noviembre de 1843-
(8)
y los disturbios que comenzaron poco
después a hacer inestable la vida de la República, no pudieron
menos de perjudicar a la pequeña colonia. Se sabe que la vida del
campo prospera rápidamente si hay un ambiente de paz y de seguridad
y si sus necesidades encuentran una respuesta de consentimiento y
de ayuda. Sin embargo los esfuerzos de Codazzi y los no menos
nobles de Benitz, las diligencias de los representantes alemanes en
Venezuela y las visitas de científicos alemanes, que llegaron hasta
aquel lejano rincón de actividad tudesca con fines de estudio y aun
por razones políticas, permitieron a Codazzi hacer en 1845 un
balance de la colonia que auguraba esperanzas y estaba lleno de
buenas promesas. "Los habitantes de Tobar están satisfechos y viven
ya de su trabajo; han tenido cosechas prometedoras, no obstante las
frecuentes calamidades que han azotado a la agricultura. La
carretera que lleva a Caracas está terminada. En la colonia hay
científicos alemanes que han establecido campos de experimentación
botánica que han dado lisonjeros resultados".
Había apenas redactado este documento alentador cuando, por la
confianza que le tenía, el General Soublette, entonces Presidente
de la República, lo llamó a Caracas y le confió el gobierno de la
provincia de Barinas.
Codazzi no rehusó el encargo, y habiendo dejado la dirección de
su empresa, en la que todavía tenía puesto todo su afecto, a
Benitz, se dirigió a la Provincia de Barinas (diciembre de 1845)
con la convicción de que en el nuevo cargo podía prestar a su
patria adoptiva un servicio no menos valioso. Allí se agitaban
fermentos de rebelión contra el gobierno, al que se acusaba de
oligarquía; y pronto Codazzi se dio cuenta de que esta provincia
era como la clave de la paz o de la guerra en Venezuela, ya que la
actitud de los llaneros, habitantes de las llanuras que se
extienden desde las faldas de las montañas hasta las orillas del
Meta y del Orinoco, determinaba o la consolidación de la oposición
al gobierno, o el triunfo de este. Por ello comenzó una obra de
gran habilidad y no menor coraje; viajando de lugar en lugar y
viendo con sus propios ojos las necesidades de la población, trató
de aportar mejoras y beneficios; desenvolviendo proyectos de segura
utilidad, hizo todo lo posible para calmar a los inquietos
habitantes. Era una obra bien difícil, que sólo podía cumplir
quien, como Codazzi, estaba completamente al margen de cualquier
disputa de partido y se resentía muy débilmente de las pasiones que
destrozaban a todo el pueblo venezolano.
En 1846, como se debía proceder a la elección del nuevo
Presidente, los partidos volvieron a la lucha violenta, tanto que
por un momento pareció que había sonado la última hora para
Venezuela. También esta vez fue Páez quien salvó la República de la
ruina; pero también a Codazzi le correspondió no poco mérito. Este
con energía y con sabia habilidad impidió que en su provincia se
difundiese la división y que a ella penetrasen armas y militares.
Del partido que entonces amenazaba la tranquilidad de Venezuela era
jefe el General Monagas "uno de los más decididos representantes
del militarismo", el más encarnizado enemigo de Codazzi, de quien
se acordará cuando algunos años más tarde llegue a ser Presidente
de Venezuela, y le hará la vida insoportable en aquella tierra a la
que con tanta sabiduría había dado lustre. Contra él Codazzi fue
inexorable, no permitió que su obra de disgregación penetrase en la
provincia que administraba, lo excluyó, lo combatió. Cabalgando de
pueblo en pueblo, de factoría en factoría, trató de reconciliar
entre sí a los jefes por todos los medios posibles y especialmente
con la persuasión. Inclusive en una ocasión recurrió a una alegoría
y se valió de sus hijos, todavía niños, para representarla, y
consiguió lo que se proponía, ya que los jefes de las dos facciones
volvieron a la paz. Nos la refiere su hija Constanza en una nota a
la traducción del libro de Schumacher, y vale la pena que
reproduzcamos aquí sus mismas palabras
(9)
.
Tampoco estuvo, durante este su gobierno, totalmente alejado de
los estudios; antes bien, no pocos escritos de Codazzi pertenecen
precisamente a este tiempo; escritos sobre agricultura tropical,
sobre trabajos relacionados con los caminos que atravesaban la
provincia o que deberían trazarse, estudios históricos y
geográficos, y hasta una obra que ha permanecido inédita
(10)
, intitulada "El arte de la
guerra".
A principios de 1847 parecía que la paz volvía de nuevo a la
República; por deseos de Páez y contra el parecer de Codazzi, la
Presidencia se le dio a Monagas, el cual en un principio mostró que
no quería aprovecharse del poder para sus venganzas de partido y
juiciosamente llamó al gobierno a hombres que eran firme garantía
de que quería mantener la paz.
Las tristes condiciones de la colonia Tobar obligaron a Codazzi
a volver por un momento a visitarla para darle una vez más su
consejo y su apoyo. El malestar que serpenteaba por toda Venezuela
no había dejado intacto ni siquiera este pequeño oasis de
tranquilidad, en donde el año anterior se habían presentado fugas
de colonos y donde los que quedaban demostraban con frecuencia
descontento y poco espíritu de sacrificio. Bastó la presencia del
fundador para que la colonia se renovase, los fugitivos volviesen y
se asentase la tranquilidad sobre aquella pequeña tierra de
trabajadores. Así que en marzo de 1847 pudo Codazzi publicar la
noticia de que la paz había retornado, y con la paz se iniciaban
los nuevos trabajos y los corazones se reabrían a la esperanza
(11)
. Pero las esperanzas se esfumaron bien
pronto, ya que la paz se rompió y la confusión tomó a Venezuela, y
Codazzi, como ocurría siempre en los momentos difíciles, fue
llamado a las armas.
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(1)
|
De las cartas que posee la Biblioteca de Lugo (12 en total),
siete están dirigidas al señor Pietro Dalbuono, o Delbuono, o
Delbono, pues de las tres maneras aparece escrito en las
cartas.
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(2)
|
A. Codazzi - Proyecto de poblar con las razas teutónicas los
terrenos altos y hasta ahora incultos de Venezuela. Caracas,
1842.
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(3)
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"alla mia venuta la Europa l'hanno venturo" - Carta a su
hermana, de 27 de marzo de 1841; y más adelante, en la posdata:
"l'hanno che viene senza dubbio debbo passare in Italia a prendere
dei contadini piemontese. -
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(4)
|
El artículo es del 2 de junio de 1841.
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(5)
|
Biografía del general Agustín Codazzi, escrita por H.
Schumacher y traducida por Manrique, "Boletín de Historia y
Antigüedades", año 9, p. 165-166.
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(6)
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El grabado que precede al Atlas de Venezuela lleva la firma de
A. Benitz, grabador.
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(7)
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El decreto es de fecha 13 de junio de 1842.
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(8)
|
Schumacher da esta fecha en el texto (op. cit., p. 325), pero
en las notas (nota 136, p. 527-528) da otra, la de 26 de noviembre
de 1846. Manrique se atiene a la primera fecha. Martín Tobar había
nacido el 17 de septiembre de 1772.
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|
(9)
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"Ofreció un banquete a los Jefes de ambos partidos y a las
principales familias, también divididas; a los postres se
presentaron los niños Araceli, vestida de Libertad; Agustín,
goajiro; Domingo, caribe; Lorenzo Orinoco, y se colocaron cada uno
al lado de los principales cabecillas. La Libertad se dirigió al
anciano General Blanco, con palabras de paz y concordia; cada uno
habló en el mismo sentido, y en el sencillo lenguaje del indio,
comparaban la conducta de los blancos con la suya, que vivían
unidos y en paz; dirigieron palabras de elogio a los señores,
invitaron a tomar por la paz y la unión de los barinenses,
ofreciendo cada uno su bandera al Jefe a quien se dirigía. El
venerable General Blanco fue el primero que con lágrimas en los
ojos y voz conmovida, contestó a la Libertad, más que con palabras,
con el abrazo fraternal a los demás invitados; allí se olvidaron
los rencores y las disensiones; todos se abrazaban conmovidos, y
los que entraron enemigos, salieron hermanos. Esto afirmó la unión
que Codazzi había preparado fundando un pequeño teatro en donde se
presentaban las señoritas y caballeros de ambos partidos. En
Barinas no había diversiones, y aquella, gratis y dos veces por
semana, fuera de los ensayos dirigidos por Codazzi y su hermana,
eran a propósito para que cesaran las desavenencias que fomentaba
un joven con sus habladurías; op. cit., num. 99, p. 172.
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(10)
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Lo dice su hija Constanza, op. cit., núm. 99, p. 173,
nota.
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(11)
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Su hija Constanza dice que la Colonia sufrió entonces, como todo el país, las consecuencias de la guerra, pero agrega: "Aún existe; en un viaje que hizo la señora viuda de Codazzi, le compraron su casa en aquel lugar, que, si no tan floreciente como hubiera sido sin las guerras, ha prosperado; hay industrias y culturas". Op. cit., núm. 99, p. 174, nota. En cambio Schumacher, en un artículo dedicado a la memoria de
Codazzi, publicado, en traducción italiana, en el Bolletino della
Societa Geografica Italiana (1876), p. 614, dice que después de un
período de florecimiento la colonia fue decayendo hasta 1870, año
en que, invadida por las tropas de Guzmán Blanco, fue destruida
casi del todo. Puesto que su testimonio merece la misma
credibilidad, es necesario admitir que el viaje al que se refiere
Constanza Codazzi fue anterior a 1870; pero entonces no deja de
parecer extraña la nota: ella agrega un detalle importante sobre un
hecho acaecido antes de 1870, en un trabajo publicado en 1912. Y la
nota no deja duda de que se refiere al momento en que fue escrita:
"pero aún existe". Sobre la Colonia Tobar, además de lo que escribió Codazzi,
véanse: Alexander Benitz - Ueber die Ackerbau-Colonien in
Venezuela. París, 1842.
Sabien Berthelot. Sur les nouveaux établissements agricoles fondés
en Venezuela. Bulletin de la Société de géograpbie de Paris, 1842,
p. 37-45.
Ludwig Glöckner - Die Gründung und die heutige Zustand der Colonie
Tovar, in Venezuela - Schneeberg, 1851.
A. Codazzi - Apuntaciones sobre inmigración y colonización.
Bogotá,. 1850. |