INDICE





CAPÍTULO I
Los primeros años — Sus estudios en Lugo — Voluntario del ejército italiano — Hechos de armas — Deja la vida militar.

CAPÍTULO II
En Constantinopla: de aquí va por varios países al báltico y después a Ho­landa — Va a América del Norte — A sueldo, combate a favor de los in­surgentes en el mar de las Antillas — (Sus Memorias) — Precioso conte­nido de estas — Regresa a Italia — En soci

CAPÍTULO III
Regresa a América — 24 de mayo de 1826 — Comandante de artillería — Jefe de Estado Mayor — Se ocupa en la geografía estadística y en el Atlas de Venezuela — A París.

CAPÍTULO IV
La obra geográfica y cartográfica sobre la República de Venezuela.

CAPÍTULO V
Funda la Colonia Tobar — Gobierna la provincia de Barinas.

CAPÍTULO VI
De la República de Venezuela a la de Colombia — Comandante de la Escuela Militar — Iniciación de sus actividades en Colombia —La cuestión del Canal — Su muerte.

CAPÍTULO VII
Memorias Póstumas de Constante Ferrari y de Agustín Codazzi.

CAPÍTULO VIII
Juicio sobre Agustín Codazzi.

CAPÍTULO IX
Llegada a San Blas — datos sobre aquellos indígenas — Partida para el Golfo del Darién y entrada al río Atrato — Descripción del clima, producciones, animales e insectos que se encuentran en el río Atrato — Llegada a la capital del Chocó, noticias sobre l

CAPÍTULO X
Llegada a Santafé de Bogotá y acogida que tuve — Continuación de la campaña de Bolívar después de la toma de Angostura — Expedición de Morillo a Margarita y sorpresa de Calabozo — Bolívar derrotado cerca de Valencia y refugiado en los llanos — Su atrevida

CAPÍTULO XI
Estado de Providencia a mi regreso y de las fuerzas listas para partir, expedición de Ferrari al desaguadero del río San Juan en Nicaragua. Partida de la división para el Chocó. Rendición en Candelaria de una flotilla española. marcha por el Atrato y derr

CAPÍTULO XII
Viaje del general Aury a Santafé por el Magdalena — Descripción del cli­ma, usos y costumbres de estos habitantes, producciones, animales, etc., de estos lugares — Promulgación del armisticio y estado de las fuerzas armadas — Llegada de Bolívar a Santafé

CAPÍTULO XIII
Climas, usos y costumbres de los indios mosquitos y nuestra permanencia entre ellos —Llegada a Providencia y a Cartagena — Capitulación de aquella plaza — Se me confía una expedición para apoderarnos de Omoa y del castillo de San Felipe — Partida en un pe

CAPÍTULO XIV
Llegada a Santo Tomás y su descripción — Partida para la Valija — Comercio en Comayagua y Jamaica — Partida para el Chocó y riesgo corrido — Arribo a la Valija y expedición de mercancías a Trujillo — Pérdida de las mismas — Nuevo comercio en cl golfo Dulc

APÉNDICE
-III -

 
 
Regresa a América - 24 de mayo de 1826 - Comandante de artillería - Jefe de Estado Mayor - Se ocupa en la geografía estadística y en el Atlas de Venezuela - A París .
 

1826-1841

Hacia cuatro años que estaba ausente de Venezuela, y estos años, como los anteriores, no habían sido escasos de aconteci­mientos notables para la ahora constituida República.

Al General Morillo, mandado de España en 1815, había sucedido Latorre y a éste Morales, el cual, mientras Bolívar actuaba en el Ecuador y el Perú, tuvo algún pequeño éxito, rápidamente anulado por la habilidad de Páez en tierra y de Padilla por mar. La caída de Puerto Cabello (8 de noviembre de 1823), último puerto ocupado por España, dejó libre a todo Venezuela. Colombia o la Nueva Granada, desde 1821 tenía una Constitu­ción unitaria y desde noviembre del mismo año tenía como Pre­sidente a Bolívar, quien en 1822, había librado por medio de Sucre al Ecuador, inducía a este a unirse a Venezuela y a la Nue­va Granada: estos tres países por algún tiempo tomaron el nombre de Colombia.

En 1823 y 1824 Bolívar, dominadas las discordias internas y vencidos los españoles en Junín, entra a Quito.

La batalla de Ayacucho ganada por Sucre -batalla llamada el Waterloo de España- el 9 de diciembre de 1824, agregaba también el Alto Perú -la actual Bolivia-; de modo que Bolívar podía también proclamarse Presidente de ella. En 1826 caía el Puerto de Callao y terminaba completamente la guerra de inde­pendencia.

 

Tres grandes naciones, Colombia, que más tarde se dividirá en las tres Repúblicas del Ecuador, Nueva Granada o Colombia y Venezuela, el Perú y Bolivia estaban bajo el mando del mis­mo hombre, de Bolívar, a quien se le había dado el título de Libertador, a quien se dirigían todas las alabanzas, comparán­dolo con Jorge Washington y con los mayores libertadores de los pueblos.

Pero Bolívar ambicionaba más: aspiraba a que también Chile y el Estado de Buenos Aires adhirieran al nuevo Estado; soñaba con una gran federación de Estados que tuviera en Pa­namá su Congreso, el cual debía regular la vida de la misma en los momentos más graves; soñaba en algo que ni siquiera hoy es realidad y que quizá nunca podrá llegar a serlo, porque los intereses de todos estos grandes Estados de la América Meri­dional no concuerdan y por consiguiente su política se manifies­ta diversa y opuesta. Sin embargo él trató de reunir en Panamá una asamblea de los diversos Estados: convocados en 1824 sólo en el 26 pudieron reunirse en Panamá, pero sólo 4 Estados se hicieron presentes allí: el sueño del gran Libertador se demos­traba irrealizable.

En este punto se encontraban las cosas, cuando el 24 de mayo de 1826 arribó Codazzi: esperaba poder emplearse inme­diatamente, pero esto no era fácil. Cartagena se había conver­tido en una ciudad de activo comercio y por consiguiente inade­cuada para proporcionarle una ocupación que correspondiera a sus capacidades.

El Almirante de Clemente, Ministro de Marina, y ya cono­cido suyo, lo persuade que lo acompañe a Bogotá, pero tampoco allí obtienen del Vicepresidente Santander ni seguridad ni alien­to para sus esperanzas: las semanas, -dice Manrique, el tra­ductor de Schumacher- pasaban "entre arreglos, promesas y halagüeñas palabras". Pero una casualidad, un hecho imprevis­to, el regreso de Bolívar y su encuentro con Santander y con de Clemente, en cuyo séquito estaba Codazzi, le hace recobrar la esperanza. Bolívar, a solicitud de Clemente, lo hace colocar entre los oficiales extranjeros. Su buena estrella está para sur­gir: y quizá la estimación que todavía le tenían las personas que algunos años antes lo habían visto en acción, les habían impul­sado a expresarse honrosamente de él con Bolívar.

También en esta ocasión, como en la anterior, Codazzi se ve con Bolívar: en el primer encuentro era un libre combatiente que, en: el séquito de Aury, su Jefe, se acercaba al hombre más famoso de aquella tierra; ahora es aquel que, más rico en ex­periencia, solicita un empleo: pero él es consciente de su valer: sabe que, si es aceptado, llegará a algo, y quizá tiene en mente el plan que las circunstancias favorecerán y que los hombres obstaculizarán acá y allá. Más tarde, veinte años después, recor­dando este encuentro, exclamará: "Nunca podré olvidar la im­presión que me causó aquel espectáculo".

Circunstancias favorables ayudan desde el principio a Co­dazzi; es más, lo conducen a la actividad que quizá él soñaba.

La ausencia de Bolívar por razones de guerra había favore­cido en Venezuela el nacimiento de discordias provocadas, ya por sus subalternos quienes ahora no aceptaban de buen grado su autoridad un poco severa, ya por la persistencia aquí y allá de pequeños focos monárquicos a los que España, constreñida aho­ra a la guerrilla corsaria que algunos años atrás era practica­da por los "Insurgentes", proveía continuamente de auxilios y armas.

Fácilmente pudo Bolívar impedir la guerra civil, pero tuvo que atender a la fortificación de las costas. La Provincia del Zu­lia era la más expuesta a un posible desembarco de tropas espa­ñolas y Maracaibo, donde vivían gentes variadas en mezcolanza de dudosa tranquilidad, era la ciudad que podía ser rápidamente ocupada.

El General José María Carreño fue nombrado Jefe de esta Provincia indefensa; Codazzi fue agregado como Jefe de Arti­llería. En el nombramiento quedó incluido el reconocimiento del servicio prestado precedentemente por Codazzi, y hasta los años de ausencia se le consideraron como licencia. No hubiera podido obtener mejores condiciones: era el 10 de enero de 1827. En aquella ocasión se le dio además una condecoración, la dé la or­den de los Libertadores, que le permitió ser admitido en el es­trecho círculo de personas que quizá disimulaba bajo un manto patriótico "el creciente militarismo".

Habiendo tomado posesión del cargo Codazzi vio, como hom­bre práctico de los lugares y experto de la guerra que se comba­tía en aquellas tierras, que para defender a la capital de Mara­caibo era necesario fortificaría por la parte de tierra, esto es ha­cia la península de la Guajira, por donde más fácilmente podía venir un ataque de parte de los enemigos de la nueva república. La orden para tal labor le fue dada el 15 de febrero de 1828, y en seguida puso manos a la obra, explorando primero la isla de San Carlos que surge en el golfo de Maracaibo toda cubierta de extensos bosques de mangle (1) y después el río Socuy que de­semboca cerca y está formado por otros varios cursos de agua y forma numerosas lagunas cerca de la desembocadura. En una pequeña barca cañonera Codazzi recorrió toda aquella zona, de tierras atravesadas por aguas corrientes u ocupadas 'por aguas estancadas, unas veces pedregosas y desnudas, otras cubiertas de una vegetación maravillosa; y el fruto de sus exploraciones fueron mapas detallados en los que no sólo aparecía la maraña de los ríos y el entrelazamiento de las diversas vías acuáticas, sino que se veían los senderos trazados por los indios y los lugares que podían servir de sitio de ataque (2) .

Desde este momento se puede decir que toma forma preci­sa una actividad que ya varias veces se había manifestado en él, pero que no había todavía determinado la dirección de su vida. Aquí, en la exploración de la pequeña zona y en su repre­sentación simbólica, se afirma la inclinación de Codazzi a ser geógrafo y cartógrafo. Una segunda ocasión, que le proporciona el modo de darse a conocer como hábil para explorar tierras ignotas y para representarlas, se le ofreció en seguida, en cuanto regresa a la vida monótona de Maracaibo, porque a principios de 1829 el General Justo Briceño, sucesor de Carreño, le confía el encargo de trazar un mapa del departamento o "cantón" del Zulia. Esta región comprendía entonces las tierras ribereñas de la laguna de Maracaibo, cruzadas por el río Zulia, hasta los le­janos confines de la Nueva Granada y las nevadas crestas de las montañas de Mérida. Y Codazzi empezó por levantar el plano del estrecho que unía el golfo con las aguas dulces de la laguna; después pasó a medir cuidadosamente los ríos que desembocan en ella y las tierras que ellos separan hasta las montañas neva­das de las cuales descienden.

Las regiones de Trujillo y de Mérida, en su parte monta­ñosa, fueron visitadas por Codazzi, y dos lugares casi olvidados por el hombre, San Carlos, en el Escalante y la Sierra de Perijá, en la Guajira, fueron exactamente descritos por él. Del pequeño trazado de una región pasaba a una vasta tierra más rica en variedades físicas, y del pequeño mapa a la carta geográfica; y ponía igual exactitud y el mismo cuidado en ambas represen­taciones cartográficas.

Mientras Codazzi se dedicaba a estos trabajos el mundo po­lítico cambiaba en torno suyo. Bolívar, a quien él, al salir de Maracaibo, habla dejado dominando en la ciudad, al regresar, se hallaba rodeado de tanta hostilidad que se consideraba próxi­ma su caída. No sólo había rodado por tierra el sueño mayor del Libertador, sino que la realidad, mucho menor por cierto, que él había construido, el Estado Andino, estaba disolviéndose. Bo­livia había destituido desde mayo de 1828 a Bolívar y a Sucre del poder que tenían; y ahora le tocaba a Venezuela, la cual, bajo José Antonio Páez, se sublevaba (1829) y declaraba que quería separarse de Colombia.

Más tarde -mayo de 1830- también las provincias del sur se reunirán en la república del Ecuador; de modo que Bo­lívar, ya enfermo y cansado, asistía, impotente para frenar el movimiento de disolución, al derrumbarse de su obra.

¿ Cuál fue la conducta de Codazzi frente a los nuevos acon­tecimientos? Sus biógrafos dicen que seguía estas convulsiones de la vida pública americana "sin apasionamiento, pero con atención" porque, en el fondo, de ellas dependía todo su porve­nir. Ahora bien, sin duda esta interpretación que los biógrafos dan del modo de comportarse Codazzi frente a los hechos no indiferentes que desfilaban ante su mente atenta, no es muy hon­rosa para él, porque nos lo representa como un hombre preocu­pado sólo de si mismo y que no juzga los hechos sino en relación con la utilidad o el daño que le puedan acarrear. Ciertamente Codazzi tuvo admiración por Bolívar (nos lo dice en sus "Me­morias"), pero no quiso ocultarse a sí mismo los graves defec­tos que pudo sorprender en él desde el primer contacto. Quizá su admiración creció durante la permanencia en Italia, pero al regresar a América -comenzaba entonces la decadencia de Bo­lívar- Codazzi pudo ver los errores cometidos, pudo escuchar las criticas, pudo comprobar las consecuencias funestas de su política dictatorial y centralizadora. Además, en su alma habi­tuada a las luchas por la libertad, no podía durar mucho el sen­timiento de admiración hacia quien, después de haber ayudado a los pueblos a sacudir el yugo, los tenía bajo un yugo igual y, después de haber convocado los pueblos a la libertad, les nega­ba la libertad alcanzada.

Entre los varios Estados que, habiendo formado parte de la República de Colombia y cansados de la dictadura de Bolívar, querían darse un régimen normal, y Bolívar, que creía que los países que había juntado en uno y a los cuales había prometido una vida libre todavía no estaban maduros para un autogobier­no, Codazzi no dudó, escogió a los primeros y, puesto que estaba en un departamento que pertenecía por tradición histórica a Ve­nezuela, apenas se reunieron los representantes de las diversas provincias, entre ellos los de Maracaibo, en Valencia, para esta­blecer el gobierno, se trasladó a la capital de Venezuela y pre­sentó su obra cartográfica del departamento del Zulia, a la que acompañaba, dice Schumacher, una viva descripción de aquella tierra y de sus riquezas.

Naturalmente el "cuento atractivo" de Codazzi agradó al in­dividuo a quien estaban confiados los destinos de Venezuela, a Páez, naturaleza inculta y fuerte, tenaz y sensible a todo lo que fuese ciencia y pericia; los mapas fueron presentados por Páez al Congreso y, con los mapas, la propuesta de levantar de la misma manera el mapa de toda la superficie de la nueva repú­blica. El 29 de septiembre de 1830 Codazzi fue nombrado Jefe de Estado Mayor de Venezuela y poco después el Congreso, al declarar que "el levantamiento de planos, formación de itinera­rios y cuadros estadísticos del Estado es una empresa de la pri­mera importancia para Venezuela, cuyos útiles efectos serian trascendentales a la mejor dirección de las operaciones milita­res, al conocimiento de los límites de las provincias, a la exacti­tud en el establecimiento de las contribuciones y el fomento de la agricultura, porque facilita la apertura y mejora de los ca­minos, el desagüe de los lagos y pantanos, y la limpieza y nave­gación de los ríos", encarga a Codazzi de realizar tal obra.

No fueron generosas las condiciones ofrecidas por el go­bierno venezolano a Codazzi, pero este, ante la posibilidad de emprender una serie de estudios de gran interés, lo olvidó todo y aceptó la modesta retribución; en el término de tres años debía terminar todo el trabajo de medición.

Pero aun antes de su nombramiento como Jefe de Estado Mayor había ya recorrido y medido una de las cuatro provincias del norte, llamada Coro, y había diseñado el mapa de toda la gran región hidrográfica del golfo de Venezuela, de modo que le faltaban otras nueve provincias, entre ellas la de la Margari­ta, donde bien poco tenía que hacer, ya que era excelente el ma­pa del golfo de Venezuela en el cual surgía tal isla, y la de la Guayana, impenetrable en parte y habitada por pueblos salvajes que impedían toda exploración. La muerte de Bolívar, ocurrida el 17 de diciembre de 1830, 1e pareció a Codazzi que habría de marcar el fin de todas las agitaciones; por el contrario, la polí­tica del gobierno de Páez, empeñada en debilitar la casta mili­tar, constituía un peligro continuo, tendiente a separar la Igle­sia del Estado y a suprimir la esclavitud, provocando con ello en la vida económica 'y financiera no pocas perturbaciones y no po­día menos de crear dificultades a Codazzi, quien necesitaba tra­bajar en tierras totalmente tranquilas y en medio de poblaciones que no estuvieran agitadas por ninguna convulsión.

Por esto tuvo Codazzi que tomar parte en tres campañas, una contra Julián Infante y Vicente Parejo, dos "inquietos Je­fes de guerrillas" habitantes de las "llanuras" del Apure y del Arauca, dos "libertadores" que despreciaban toda forma de li­bertad; una segunda en la provincia de Mérida, para proteger a la República de Venezuela de las molestias de la república her­mana de la Nueva Granada o Colombia; y una tercera contra uno de los generales más famosos del tiempo de Bolívar, José Tadeo Monagas, quien trató, inclusive, de arrastrar a Codazzi a un acto de traición y encontró en el general italiano una oposición sincera y enérgica. Pero durante la segunda campaña, aprove­chándose del hecho de que era italiano y de que por consiguien­te, como tal, no podía suscitar entre la población ninguna sospe­cha, pudo explorar tierras del interior y llegar hasta la hoya del Apure, más allá de la cadena andina.

Fue el 2 de enero de 1832 cuando volvió Codazzi a empezar a tomar medidas sistemáticamente, y fue primero la ciudad de Caracas, declarada capital de la república desde el 30 de mayo de 1830, y después las provincias, las que fueron objeto de sus me­diciones y de sus atentas exploraciones. Durante su permanencia en Caracas, además de Páez y de José María Vargas, además de varios alemanes que constituían una colonia rica y próspera, con­trajo buena amistad con un hombre que, como él, se ocupaba en dar lustre con sus escritos a la nueva república y había re­cogido, en una biblioteca por él fundada, material estadístico e histórico que Codazzi utilizó ampliamente: Feliciano Montene­gro de Colón (3) .

Durante todo el año de 1832 trabajó en esta provincia y a principios del año siguiente, habiéndose trasladado a Valencia, se dedicó a medir la provincia de Coro, donde ya había traba­jado no poco, y la de Barquisimeto, y esto para relacionar me­jor lo que había hecho con lo que le quedaba por hacer; y ha­biendo terminado el trabajo en ellas, sin siquiera cambiar el lu­gar a donde iba a reposar y a recrearse después de las fatigas, inicia la exploración de las provincias de Barinas y de Cumaná.

El año de 1833 estaba por terminar, y el trabajo no estaba todavía concluido, y no por culpa de Codazzi que no se había dado un minuto de reposo, sino por las circunstancias desfavo­rables de aquellos años, así que la prórroga solicitada fue fácil­mente concedida; y Codazzi como para dar una prueba de su agradecimiento por esa concesión, comenzó la exploración del delta del Orinoco, lo que ocurría a principios de 1834, poco des­pués de su matrimonio (24 de abril) con una señorita de la provincia de Cumaná, Araceli Fernández de la Hoz, de noble familia española.

No fue fácil para Codazzi la empresa del Orinoco; debía determinar bien las numerosas ramificaciones del río y estable­cer las comunicaciones entre unas y otras y, para hacer esto, de­bía remontarías una a una en barcas pequeñas y en piraguas que no siempre eran capaces de resistir a la violencia de las aguas. De modo que en esta empresa de exploración y en dispo­ner sobre un mapa todo el material recogido transcurrió todo el año de 1834, por lo que se vio obligado a dirigirse a Caracas para conseguir una nueva prórroga.

Pero el año de 1835 acarreó a la desgraciada república, que no había podido disfrutar de paz, un nuevo golpe que, al mismo tiempo que renovaba las convulsiones del pasado, obligaba a Co­dazzi a una nueva tregua en su trabajo y le constreñía a volver a asumir su puesto de Jefe de Estado Mayor.

Páez, cansado y deseoso de regresar a la tranquilidad de la Vida privada, dejaba su puesto de Presidente de la República, y hacia todo lo posible para que le sucediera Vargas, un hombre que tenía cualidades diametralmente opuestas a las de Páez. De indiscutible competencia, sin los lauros guerreros que circunda­ban la frente de Páez, residente siempre en el exterior, dedicado a los estudios mientras en su país se combatía por la indepen­dencia, era el tipo clásico del Presidente civil de uña república, el más indicado para subir al poder en el momento en que, ha­llándose esta en estado de tranquilidad, era necesario que a la espada invicta la reemplazara la sabia competencia y la habili­dad pacífica. Vargas aceptó, no muy de su agrado, quizá porque veía que estaba todavía lejano el surgir de un alba serena: y sus presagios no eran infundados: poco después de su elección estallaron en más de un lugar, como reacción del elemento mili­tar que no quería oír hablar de su desaparición del campo polí­tico de la República, desórdenes públicos que durante casi un trienio hicieron difícil la vida de Venezuela.

 Vargas concedió naturalmente a Codazzi cuanto pedía, de manera que este pudo ponerse a trabajar y comenzar a reunir en un gran mapa todo lo que había recogido en sus Varias ex­ploraciones, y que tenía dibujado en mapas parciales. Era una labor de conjunto la que iniciaba y que podía dar la sensación completa de la cantidad de viajes, exploraciones y dificultades superadas.

Pero hé aquí que de improviso surgen nuevos desórdenes provocados en Caracas por el partido militar, que se había puesto de acuerdo con los descontentos de otras provincias, especialmente de las de Maracaibo y Cumaná; en Caracas todas las au­toridades fueron destituidas y a Vargas se le reemplazó por un jefe militar. Para salvar a Venezuela un grupo de hombres de los más influyentes de la República -y entre ellos estaba tam­bién Codazzi-, persuadidos de que cualquier otra forma de. or­ganización política sería fatal, se presentaron a Páez y le' indu­jeron a defender la constitución. Páez consintió en poner su es­pada al servicio de esta. Pero no fue larga su permanencia bajo las armas; nombrado Comandante en Jefe el 14 de julio de 1885, se retiró del mando el 21 de marzo del año siguiente. Durante este tiempo Codazzi estuvo siempre al lado de Páez en calidad de Jefe, de Estado Mayor, y tomó parte en la batalla de Guaparo, recuperó a Maracaibo y dirigió, hasta la capitulación, el sitio de Puerto Cabello. Inmediatamente después se dirigió rá­pidamente hacia los llanos del Apure para someter allí a los re­beldes capitaneados por Francisco Farfán y, al terminar la cam­paña, recibió de Vargas, que había retornado al poder, el título de "Coronel de Ingenieros" (22 de marzo de 1836).

Pero la revuelta militar que parecía extinguida tuvo nuevos chispazos de reanudación: Farfán, seguido por el partido militar, intentó un nuevo desquite, de manera que Codazzi se vio obligado a hacer de consejero del General Muñoz, escogido como jefe con­tra el rebelde, y también en esta campaña participó en el hecho de armas de García, en el cual Farfán fue derrotado; un indul­to clausuró esta renovación de las hostilidades.

Pero no pudo volver inmediatamente al trabajo: primero el encargo que le confió el Gobierno de la demolición de los fuer­tes que, más que defensas, eran peligro continuo para la Repú­blica; después una nueva campaña contra el mismo Farfán, no ya sobre las riberas del Apure, sino más lejos, a lo largo de los llanos del Orinoco.

Sobre el primero tenemos el testimonio del mismo Codazzi, que justifica la destrucción de los fuertes esbozando en rápida síntesis la situación de aquel momento en Venezuela; "en 1835 nuestros fuertes abrigaban tropas que ofrecían resistencia al Gobierno de la República; sin embargo el pueblo triunfó. Todos los puntos fortificados se hallaban en manos del enemigo; el ejército y la marina estaban a su servicio; poseía recursos y fon­dos públicos, depósitos y armamento; al principio tuvo en sus manos todo el poder; pero finalmente fracasó. Ciertamente co­rrió sangre; pero contra el sentimiento público, contra la volun­tad del pueblo, ninguno podía valer. Entonces Páez, oportunamente nombrado Comandante en Jefe, restableció el estado de cosas, de acuerdo con la Constitución, salvó el país de la anar­quía, y demostró que el gobierno no necesita de fortalezas para sostenerse en caso necesario".

Así que Codazzi dirigió en persona la demolición de dos fuertes que él mismo había hecho levantar algunos años antes, el de Puerto Cabello y el de Maracaibo.

No se había terminado todavía la demolición de los fuertes cuando la guerra reclamó nuevamente a Codazzi: una nueva re­belión de Farfán, en los llanos del Orinoco, obligó a una campa­ña aún más áspera y difícil que las precedentes. Se ha hecho cé­lebre, en esta campaña, una marcha realizada por Codazzi en tres días desde Valencia a San Fernando de Apure -lugar que si hubiese ocupado el enemigo le habría protegido enormemen­te- y tal marcha permitió a Codazzi llegar a la población antes de este, poderse defender hasta la llegada de las tropas de Páez y hacer de la batalla de San Juan de Payara una óptima victoria. "León de Payara" fue llamado en adelante, junto con Páez, pero tal denominación -dice Manrique- (4) nunca quiso que le fuera aplicada, porque las victorias en las guerras civiles no hacen jamás grandes a los que las obtienen.

Sin embargo no fueron inútiles, con relación a la obra que estaba cumpliendo, las expediciones que hizo a los llanos de Apu­re y del Orinoco, pues adquirió no poco conocimiento de tales regiones, de manera que cuando le fue posible recorrer el Orino­co para completar su mensura, tenía ya una idea bastante cer­cana a la realidad de aquella grandiosa llanura, por lo que le fue más fácil levantar el plano y pudo hacerlo con más pre­cisión.

Schumacher dice que el libro de Humboldt, con sus descripciones del grandioso río, le sirvió de compañero a Codazzi en esa exploración y le ayudó mucho para interpretar mejor la vida tropical. Del 3 de noviembre de 1837 a marzo de 1838, tomando como centro esta o aquella población, recorrió el río principal y sus afluentes, anotando, midiendo y sobre todo gozando de aque­lla vida grandiosa llena de silencio y de misteriosa belleza.

Si los llanos del Orinoco y de sus afluentes impresionaron su ánimo con su solemnidad y lo atrajeron, conquistando toda 'su admiración, no menor atención le merecieron las condiciones de los indígenas. En ellos se ocupó con no menos fervor que en la geografía del Orinoco. Y no podía ser de otra manera. Su alma, elevada y noble, no alcanzaba a concebir que estos hombres, (¿no había él mismo combatido en los años juveniles también por es­tos pobres habitantes del amplio valle?) estuvieran a merced del capricho y de la perfidia de los gobernadores y de sus emplea­dos. Del 14 de marzo de 1838 es un memorial suyo -escrito durante su segunda permanencia en Caicara- en el que narra los abusos de las autoridades venezolanas en la provincia de Río Negro.

Y este memorial es una violenta requisitoria contra aquellas autoridades, tan olvidadas de todo sentido humano. Bastan unas pocas frases para dar una idea de la defensa que Codazzi hace de aquellas pobres gentes: "la opresión que reina aquí no tiene igual en el más remoto rincón de la república. Los indios son realmente esclavos, sin hallarse seguros en sus campos ni en sus habitaciones... Actos de tiranía son ejecutados por todas las autoridades.., cerca de dos mil personas tienen que trabajar sin paga, sin descanso y sin fin, para unos quince egoístas".

Y también la esclavitud tiene en él -como ya lo había te­nido en Humboldt- un tenaz opositor: no podía aceptar que la diferencia de raza llevase consigo para unos un dominio in­natural, para otros una sujeción contra la cual elevaban su 'pro­testa todos los hombres de bien.

"En el tono de tales quejas se muestra un carácter que, aun­que asociado a los nuevos movimientos políticos de Venezuela, se ha conservado puro y libre de la corrupción de los numero­sos dirigentes políticos".

Así concluye Schumacher (5) después de la alusión antiesclavista de Codazzi y no podía hacerse mayor alabanza de quien, aun en medio del desencadenarse de todas las pasiones, supo con­servar aquella moderación de sentimientos que por naturaleza poseía y que las primeras luchas habían sabido desarrollar.

A fines de 1838 la tarea de exploración, qué había sido bas­tante penosa, podía considerarse terminada. Entonces pudo, en el sosiego de su casa de Valencia, en medio de las alegrías fa­miliares (en 1835 y 1837 le habían nacidos dos hijos, un varón y una hembra) dedicarse a trazar el mapa de las trece provin­cias venezolanas: el geógrafo, con la misma facilidad con que el hombre de armas había cedido el puesto al explorador, se cam­bió en cartógrafo, y supo manejar con maestría el pincel y la pluma como había manejado la espada: el único ayudante que tuvo en este delicado trabajo fue un calígrafo, Lino Aliaga.

No era la primera vez que Codazzi se ponía a diseñar ma­pas: siete mapas acompañan al manuscrito de las "Memorias", todos los cuales el lector puede ver reproducidos en este volu­men; pero no todos ellos se deben a su actividad exploradora; en gran parte fueron tomados de fuentes españolas y Codazzi sólo los había modificado en algunos detalles.

En cambio los mapas que ahora presentaba eran todos re­sultado de sus viajes, de sus mediciones, de sus levantamientos topográficos; eran, en una palabra, una obra nueva y completa­mente suya.

Cada carta geográfica iba acompañada de cuadros estadísti­cos, que debían completar la visión física ofrecida por los ma­pas: cuadros que incluían numerosas noticias, preciosas para quien quisiera tener una idea precisa de cada provincia: la ubi­cación de cada cantón (subdivisión de la provincia), la altura y la temperatura media de la capital del cantón, así como su dis­tancia de la capital de la provincia y de la capital de la Re­pública; además la comparación entre la parte ocupada por las aguas y la tierra firme, y la división de esta en llanos y sel­vas, en tierras bajas y altas, en terrenos cultivados y desiertos. También estaba indicada la población, total y por milla cuadra­da, la idónea para las armas y la esclava; y por último se seña­laban los productos que se daban en cada cantón y que eran a propósito para la exportación.

"La tarea -así escribía Codazzi a Páez, que también en aquella ocasión ejercía la Presidencia de la República- que me confió el gobierno hace ocho años está ya completa; cada pro­vincia de la república tiene su correspondiente mapa corográfi­co en grande escala; cada cual contiene un diseño claro de todos sus cantones, datos precisos sobre sus vías de agua, y multitud de importantes detalles geográficos, físicos y estadísticos".

Pero esta obra, después de haber obtenido el parecer del Je­fe de ingenieros de Caracas, Juan Miguel [sic] Cajigal -pa­recer que es un elevado elogio para Codazzi- sirvió para empa­pelar las paredes de la oficina del Secretario del Interior, lo que ciertamente no podía halagar mucho a su autor, el cual esperaba mejor utilización de su trabajo. En efecto, éste, que puede pare­cer solamente un trabajo de carácter técnico, tenía un alto valor patriótico y nacional. La primera representación cartográfica de un país que hace poco ha alcanzado su independencia es la más noble afirmación de su individualidad, es su imagen simbó­lica que va por el mundo y es recibida como unidad' espiritual y de voluntad. Y este concepto bastante simple, esta reflexión casi obvia, no se hizo inmediatamente, ni se le ocurrió en seguida a los hombres que estaban al frente del gobierno de Venezuela; pero no mucho después, sin que interviniera Codazzi, espíritu de­masiado elevado para plegarse a un acto que pudiera parecer humillación, el valor real de la obra apareció claro aun para aquellos hombres, quizá asaltados por problemas no menos gra­ves y urgentes, y el 18 de abril de 1839 el Congreso determinó que él -Codazzi- pudiera imprimir los mapas a su costo. Pero una impresión de aquellos mapas, ya coleccionados en un atlas, ya para murales, presuponía una revisión de los que había pin­tado, fruto de viajes y medidas tomadas por él, y debía seguir a una completa reseña de toda la literatura precedente.

Aunque no era fácil recoger este material, sin embargo a Co­dazzi, a quien no faltaban ni la tenacidad, ni la habilidad para seguir todos los caminos con tal de llegar a la meta, le fue posi­ble en poco tiempo proveerse de los mapas que había trazado Humboldt -especialmente de los mapas del Orinoco y de sus afluentes-; además pidió al Gobierno de Colombia, que estaba en manos de viejos amigos suyos, y obtuvo, el mapa de Roulin y el atlas de la antigua Colombia, que había sido publicado en París en 1827 bajo el nombre de Restrepo, y que contenía los ma­pas de los doce antiguos departamentos, obra que no carecía de valor aunque no estaba fundada en bases científicas.

Superada esta dificultad, hé aquí que surge otra mayor y menos fácil de resolver; dificultad que había sido prevista por Codazzi y que superó con aquella habilidad que tienen todos los hombres no comunes ante lo que arredra a los inferiores. ¿ Qué límites debía tener la República venezolana?

Los límites no estaban trazados sobre el terreno, aunque fuese vivo el deseo de llegar a esta determinación de límites: pero había -y era conocida- la línea que separaba las varias regiones cuando sobre todas ellas dominaba España, y dentro de esta línea divisoria habían surgido los diversos Estados, co­mo si la considerasen definitiva. Es verdad que más tarde estos -y los celos y las ambiciones habían surgido desde el princi­pio, aunque no hubiesen tenido la posibilidad de colocarse so­bre un terreno concreto de disensión- discutirán esta línea de limites y aun tomarán las armas, defendiendo cada uno el te­rritorio sobre el cual creía tener derecho seguro; pero por el momento podía Codazzi atenerse a esa línea, modificándola, se­gún lo considerara necesario conforme a razones de naturaleza geográfica. En tal forma Codazzi fue una especie de solucio­nador de cuestiones de límites antes de que el tiempo y la pa­sión las tornasen agudas y peligrosas; y esto debe decirse so­bre todo de los limites entre Venezuela y la Nueva Granada, las cuales habían concluido ya un acuerdo de fijación de limi­tes el 14 de diciembre de 1833, pero la línea determinada por los dos plenipotenciarios -Santos Michelena y Lino de Pombo- ­tenía en cada uno de los dos países partidarios y opositores. Ahora bien, Codazzi, partiendo del Cabo Chichibacoa, en el mar Caribe, y cortando la península de la Guajira, dejaba a Vene­zuela las cadenas montañosas y los cursos de agua más impor­tantes hasta un punto en el cual el 5°paralelo corta el río Arau­ca: por último una línea imaginaria se dirigía hacia el sur has­ta el nacimiento del río Memachi; aquí principiaba el dominio del Brasil.

Para el resto, o acogió los límites que atribuían a Venezue­la los mapas de Humboldt, límites no imaginarios, sino basados en investigaciones realizadas en los archivos de Madrid, o aco­modó a sus conclusiones, las que no siempre fueron a favor de Venezuela, los datos de 1810, esto es los límites que dividían a las diversas regiones sujetas a España. Tampoco en las cifras relativas a la población aceptó números sin discutirlos, sin so­meterlos a la crítica: no había cifras que fueran resultado de censos que abarcaran toda la república: en 1836 se había pre­sentado a la Asamblea Legislativa el censo de nueve provincias; y en 1839 se daba como población de Venezuela una cifra que se refería a 1834 (887.168 habitantes): Codazzi la amplió un poco, teniendo en cuenta la rata de aumento y fijó en 945.348 los habitantes de la tierra que describía.

Quedaba por último una cuestión de no desdeñable impor­tancia; la cuestión financiera, y si no se resolvía esta, no hu­biera podido Codazzi ver impresa su obra. Se pensó -y fue Páez quien sugirió este medio- en acumular sobre Codazzi varias co­misiones, y así fue nombrado primer Rector de la sección de matemáticas de la Escuela Militar de Caracas, luégo profesor de táctica de artillería, y por último director de todas las organi­zaciones militares de la Provincia de Caracas. Pero a pesar de tantos cargos no tenía Codazzi la posibilidad de hacer frente a tan elevados gastos, por lo que pidió ayuda al Congreso, el cual la concedió: 10.000.00 pesos fueron decretados para la impre­sión de la Geografía de Venezuela, pero tal suma debería ser garantizada por un fiador, para el caso de que cualquier cir­cunstancia impidiera a Codazzi realizar su obra. Y hasta se en­contró un fiador: Martín Tobar y Ponte, de noble y rica fami­lia, quien habla perdido no pocas propiedades por mantener fi­delidad a la pureza de sus sentimientos y quien en la lucha con­tra España había visto a muchos de su familia caer en los cam­pos de batalla, aseguró el buen éxito de la empresa: generosamen­te hizo de fiador de Codazzi, seguro de que este llevaría a tér­mino su trabajo. Y cuando inmediatamente después el plan de la obra se amplió y Codazzi aceptó agregarle datos históricos -de la historia remota y reciente- referentes a Venezuela, datos que habrían de facilitarle Rafael María Baralt y Ramón Díaz, tam­bién entonces Tobar declaró que respondería por el aumento de los gastos de impresión y en esta garantía tuvo por socio a otro venezolano, Juan Bautista Dallacosta.

Y el Congreso no fue menos generoso que los amigos de Codazzi, porque no tuvo dificultad en conceder una prórroga del tiempo señalado para la impresión.

El 11 de julio de 1840 Codazzi con su esposa dejaba a Ve­nezuela para dirigirse a Europa. En París, donde ya Humboldt había impreso su obra, pensaba Codazzi que encontraría los me­dios más aptos para traducir en realidad tipográfica su trabajo y los mapas que lo acompañaban. No viajaban solos los Codazzi: los acompañaban Baralt y Díaz, a quienes se había confiado el encargo de escribir la historia de la república y quienes debían facilitar al geógrafo los datos históricos que necesitaba. Ellos empezaron inmediatamente a redactar los capítulos de la Histo­ria de Venezuela, mientras Codazzi sometía sus manuscritos al juicio de los hombres más ilustres de la capital francesa.

 

 

(1) En español es "mangle": creo que se trate del árbol llamado mango, que crece también en las Antillas.[El mangle y el mango son dos árboles distintos. Nota del traductor ].
(2) La situación se había invertido: diez años antes eran las naves de la marina libre, que combatía a favor de los insurgentes, las que ame­nazaban las costas venezolanas del mar de las Antillas; ahora son las naves españolas las que hacen de naves corsarias y asaltan y se apoderan, o tratan de apoderarse, de los puertos y de la ciudad. Por esta época se destaca un marinero español, natural de Cádiz, Angel Laborde (1772-1884), como afortunado combatiente en Puerto Cabello después de 1820 y en los años siguientes.
(3) Su historia de la Revolución de Venezuela era un libro que Codazzi consideraba importante y bien escrito.
(4) Op. cit., p. 98, 117.
(5)  Op. cit., p. 301.

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