-III -
Regresa a América - 24 de mayo de 1826 - Comandante de artillería -
Jefe de Estado Mayor - Se ocupa en la geografía estadística y en el
Atlas de Venezuela - A París
.
1826-1841
Hacia cuatro años que estaba ausente de Venezuela, y estos años,
como los anteriores, no habían sido escasos de acontecimientos
notables para la ahora constituida República.
Al General Morillo, mandado de España en 1815, había sucedido
Latorre y a éste Morales, el cual, mientras Bolívar actuaba en el
Ecuador y el Perú, tuvo algún pequeño éxito, rápidamente anulado
por la habilidad de Páez en tierra y de Padilla por mar. La caída
de Puerto Cabello (8 de noviembre de 1823), último puerto ocupado
por España, dejó libre a todo Venezuela. Colombia o la Nueva
Granada, desde 1821 tenía una Constitución unitaria y desde
noviembre del mismo año tenía como Presidente a Bolívar, quien en
1822, había librado por medio de Sucre al Ecuador, inducía a este a
unirse a Venezuela y a la Nueva Granada: estos tres países por
algún tiempo tomaron el nombre de Colombia.
En 1823 y 1824 Bolívar, dominadas las discordias internas y
vencidos los españoles en Junín, entra a Quito.
La batalla de Ayacucho ganada por Sucre -batalla llamada el
Waterloo de España- el 9 de diciembre de 1824, agregaba también el
Alto Perú -la actual Bolivia-; de modo que Bolívar podía también
proclamarse Presidente de ella. En 1826 caía el Puerto de Callao y
terminaba completamente la guerra de independencia.
Tres grandes naciones, Colombia, que más tarde se dividirá en
las tres Repúblicas del Ecuador, Nueva Granada o Colombia y
Venezuela, el Perú y Bolivia estaban bajo el mando del mismo
hombre, de Bolívar, a quien se le había dado el título de
Libertador, a quien se dirigían todas las alabanzas, comparándolo
con Jorge Washington y con los mayores libertadores de los
pueblos.
Pero Bolívar ambicionaba más: aspiraba a que también Chile y el
Estado de Buenos Aires adhirieran al nuevo Estado; soñaba con una
gran federación de Estados que tuviera en Panamá su Congreso, el
cual debía regular la vida de la misma en los momentos más graves;
soñaba en algo que ni siquiera hoy es realidad y que quizá nunca
podrá llegar a serlo, porque los intereses de todos estos grandes
Estados de la América Meridional no concuerdan y por consiguiente
su política se manifiesta diversa y opuesta. Sin embargo él trató
de reunir en Panamá una asamblea de los diversos Estados:
convocados en 1824 sólo en el 26 pudieron reunirse en Panamá, pero
sólo 4 Estados se hicieron presentes allí: el sueño del gran
Libertador se demostraba irrealizable.
En este punto se encontraban las cosas, cuando el 24 de mayo de
1826 arribó Codazzi: esperaba poder emplearse inmediatamente, pero
esto no era fácil. Cartagena se había convertido en una ciudad de
activo comercio y por consiguiente inadecuada para proporcionarle
una ocupación que correspondiera a sus capacidades.
El Almirante de Clemente, Ministro de Marina, y ya conocido
suyo, lo persuade que lo acompañe a Bogotá, pero tampoco allí
obtienen del Vicepresidente Santander ni seguridad ni aliento para
sus esperanzas: las semanas, -dice Manrique, el traductor de
Schumacher- pasaban "entre arreglos, promesas y halagüeñas
palabras". Pero una casualidad, un hecho imprevisto, el regreso de
Bolívar y su encuentro con Santander y con de Clemente, en cuyo
séquito estaba Codazzi, le hace recobrar la esperanza. Bolívar, a
solicitud de Clemente, lo hace colocar entre los oficiales
extranjeros. Su buena estrella está para surgir: y quizá la
estimación que todavía le tenían las personas que algunos años
antes lo habían visto en acción, les habían impulsado a expresarse
honrosamente de él con Bolívar.
También en esta ocasión, como en la anterior, Codazzi se ve con
Bolívar: en el primer encuentro era un libre combatiente que, en:
el séquito de Aury, su Jefe, se acercaba al hombre más famoso de
aquella tierra; ahora es aquel que, más rico en experiencia,
solicita un empleo: pero él es consciente de su valer: sabe que, si
es aceptado, llegará a algo, y quizá tiene en mente el plan que las
circunstancias favorecerán y que los hombres obstaculizarán acá y
allá. Más tarde, veinte años después, recordando este encuentro,
exclamará: "Nunca podré olvidar la impresión que me causó aquel
espectáculo".
Circunstancias favorables ayudan desde el principio a Codazzi;
es más, lo conducen a la actividad que quizá él soñaba.
La ausencia de Bolívar por razones de guerra había favorecido
en Venezuela el nacimiento de discordias provocadas, ya por sus
subalternos quienes ahora no aceptaban de buen grado su autoridad
un poco severa, ya por la persistencia aquí y allá de pequeños
focos monárquicos a los que España, constreñida ahora a la
guerrilla corsaria que algunos años atrás era practicada por los
"Insurgentes", proveía continuamente de auxilios y armas.
Fácilmente pudo Bolívar impedir la guerra civil, pero tuvo que
atender a la fortificación de las costas. La Provincia del Zulia
era la más expuesta a un posible desembarco de tropas españolas y
Maracaibo, donde vivían gentes variadas en mezcolanza de dudosa
tranquilidad, era la ciudad que podía ser rápidamente ocupada.
El General José María Carreño fue nombrado Jefe de esta
Provincia indefensa; Codazzi fue agregado como Jefe de Artillería.
En el nombramiento quedó incluido el reconocimiento del servicio
prestado precedentemente por Codazzi, y hasta los años de ausencia
se le consideraron como licencia. No hubiera podido obtener mejores
condiciones: era el 10 de enero de 1827. En aquella ocasión se le
dio además una condecoración, la dé la orden de los Libertadores,
que le permitió ser admitido en el estrecho círculo de personas
que quizá disimulaba bajo un manto patriótico "el creciente
militarismo".
Habiendo tomado posesión del cargo Codazzi vio, como hombre
práctico de los lugares y experto de la guerra que se combatía en
aquellas tierras, que para defender a la capital de Maracaibo era
necesario fortificaría por la parte de tierra, esto es hacia la
península de la Guajira, por donde más fácilmente podía venir un
ataque de parte de los enemigos de la nueva república. La orden
para tal labor le fue dada el 15 de febrero de 1828, y en seguida
puso manos a la obra, explorando primero la isla de San Carlos que
surge en el golfo de Maracaibo toda cubierta de extensos bosques de
mangle
(1)
y después el río Socuy que desemboca
cerca y está formado por otros varios cursos de agua y forma
numerosas lagunas cerca de la desembocadura. En una pequeña barca
cañonera Codazzi recorrió toda aquella zona, de tierras atravesadas
por aguas corrientes u ocupadas 'por aguas estancadas, unas veces
pedregosas y desnudas, otras cubiertas de una vegetación
maravillosa; y el fruto de sus exploraciones fueron mapas
detallados en los que no sólo aparecía la maraña de los ríos y el
entrelazamiento de las diversas vías acuáticas, sino que se veían
los senderos trazados por los indios y los lugares que podían
servir de sitio de ataque
(2)
.
Desde este momento se puede decir que toma forma precisa una
actividad que ya varias veces se había manifestado en él, pero que
no había todavía determinado la dirección de su vida. Aquí, en la
exploración de la pequeña zona y en su representación simbólica,
se afirma la inclinación de Codazzi a ser geógrafo y cartógrafo.
Una segunda ocasión, que le proporciona el modo de darse a conocer
como hábil para explorar tierras ignotas y para representarlas, se
le ofreció en seguida, en cuanto regresa a la vida monótona de
Maracaibo, porque a principios de 1829 el General Justo Briceño,
sucesor de Carreño, le confía el encargo de trazar un mapa del
departamento o "cantón" del Zulia. Esta región comprendía entonces
las tierras ribereñas de la laguna de Maracaibo, cruzadas por el
río Zulia, hasta los lejanos confines de la Nueva Granada y las
nevadas crestas de las montañas de Mérida. Y Codazzi empezó por
levantar el plano del estrecho que unía el golfo con las aguas
dulces de la laguna; después pasó a medir cuidadosamente los ríos
que desembocan en ella y las tierras que ellos separan hasta las
montañas nevadas de las cuales descienden.
Las regiones de Trujillo y de Mérida, en su parte montañosa,
fueron visitadas por Codazzi, y dos lugares casi olvidados por el
hombre, San Carlos, en el Escalante y la Sierra de Perijá, en la
Guajira, fueron exactamente descritos por él. Del pequeño trazado
de una región pasaba a una vasta tierra más rica en variedades
físicas, y del pequeño mapa a la carta geográfica; y ponía igual
exactitud y el mismo cuidado en ambas representaciones
cartográficas.
Mientras Codazzi se dedicaba a estos trabajos el mundo político
cambiaba en torno suyo. Bolívar, a quien él, al salir de Maracaibo,
habla dejado dominando en la ciudad, al regresar, se hallaba
rodeado de tanta hostilidad que se consideraba próxima su caída.
No sólo había rodado por tierra el sueño mayor del Libertador, sino
que la realidad, mucho menor por cierto, que él había construido,
el Estado Andino, estaba disolviéndose. Bolivia había destituido
desde mayo de 1828 a Bolívar y a Sucre del poder que tenían; y
ahora le tocaba a Venezuela, la cual, bajo José Antonio Páez, se
sublevaba (1829) y declaraba que quería separarse de Colombia.
Más tarde -mayo de 1830- también las provincias del sur se
reunirán en la república del Ecuador; de modo que Bolívar, ya
enfermo y cansado, asistía, impotente para frenar el movimiento de
disolución, al derrumbarse de su obra.
¿ Cuál fue la conducta de Codazzi frente a los nuevos
acontecimientos? Sus biógrafos dicen que seguía estas convulsiones
de la vida pública americana "sin apasionamiento, pero con
atención" porque, en el fondo, de ellas dependía todo su porvenir.
Ahora bien, sin duda esta interpretación que los biógrafos dan del
modo de comportarse Codazzi frente a los hechos no indiferentes que
desfilaban ante su mente atenta, no es muy honrosa para él, porque
nos lo representa como un hombre preocupado sólo de si mismo y que
no juzga los hechos sino en relación con la utilidad o el daño que
le puedan acarrear. Ciertamente Codazzi tuvo admiración por Bolívar
(nos lo dice en sus "Memorias"), pero no quiso ocultarse a sí
mismo los graves defectos que pudo sorprender en él desde el
primer contacto. Quizá su admiración creció durante la permanencia
en Italia, pero al regresar a América -comenzaba entonces la
decadencia de Bolívar- Codazzi pudo ver los errores cometidos,
pudo escuchar las criticas, pudo comprobar las consecuencias
funestas de su política dictatorial y centralizadora. Además, en su
alma habituada a las luchas por la libertad, no podía durar mucho
el sentimiento de admiración hacia quien, después de haber ayudado
a los pueblos a sacudir el yugo, los tenía bajo un yugo igual y,
después de haber convocado los pueblos a la libertad, les negaba
la libertad alcanzada.
Entre los varios Estados que, habiendo formado parte de la
República de Colombia y cansados de la dictadura de Bolívar,
querían darse un régimen normal, y Bolívar, que creía que los
países que había juntado en uno y a los cuales había prometido una
vida libre todavía no estaban maduros para un autogobierno,
Codazzi no dudó, escogió a los primeros y, puesto que estaba en un
departamento que pertenecía por tradición histórica a Venezuela,
apenas se reunieron los representantes de las diversas provincias,
entre ellos los de Maracaibo, en Valencia, para establecer el
gobierno, se trasladó a la capital de Venezuela y presentó su obra
cartográfica del departamento del Zulia, a la que acompañaba, dice
Schumacher, una viva descripción de aquella tierra y de sus
riquezas.
Naturalmente el "cuento atractivo" de Codazzi agradó al
individuo a quien estaban confiados los destinos de Venezuela, a
Páez, naturaleza inculta y fuerte, tenaz y sensible a todo lo que
fuese ciencia y pericia; los mapas fueron presentados por Páez al
Congreso y, con los mapas, la propuesta de levantar de la misma
manera el mapa de toda la superficie de la nueva república. El 29
de septiembre de 1830 Codazzi fue nombrado Jefe de Estado Mayor de
Venezuela y poco después el Congreso, al declarar que "el
levantamiento de planos, formación de itinerarios y cuadros
estadísticos del Estado es una empresa de la primera importancia
para Venezuela, cuyos útiles efectos serian trascendentales a la
mejor dirección de las operaciones militares, al conocimiento de
los límites de las provincias, a la exactitud en el
establecimiento de las contribuciones y el fomento de la
agricultura, porque facilita la apertura y mejora de los caminos,
el desagüe de los lagos y pantanos, y la limpieza y navegación de
los ríos", encarga a Codazzi de realizar tal obra.
No fueron generosas las condiciones ofrecidas por el gobierno
venezolano a Codazzi, pero este, ante la posibilidad de emprender
una serie de estudios de gran interés, lo olvidó todo y aceptó la
modesta retribución; en el término de tres años debía terminar todo
el trabajo de medición.
Pero aun antes de su nombramiento como Jefe de Estado Mayor
había ya recorrido y medido una de las cuatro provincias del norte,
llamada Coro, y había diseñado el mapa de toda la gran región
hidrográfica del golfo de Venezuela, de modo que le faltaban otras
nueve provincias, entre ellas la de la Margarita, donde bien poco
tenía que hacer, ya que era excelente el mapa del golfo de
Venezuela en el cual surgía tal isla, y la de la Guayana,
impenetrable en parte y habitada por pueblos salvajes que impedían
toda exploración. La muerte de Bolívar, ocurrida el 17 de diciembre
de 1830, 1e pareció a Codazzi que habría de marcar el fin de todas
las agitaciones; por el contrario, la política del gobierno de
Páez, empeñada en debilitar la casta militar, constituía un
peligro continuo, tendiente a separar la Iglesia del Estado y a
suprimir la esclavitud, provocando con ello en la vida económica 'y
financiera no pocas perturbaciones y no podía menos de crear
dificultades a Codazzi, quien necesitaba trabajar en tierras
totalmente tranquilas y en medio de poblaciones que no estuvieran
agitadas por ninguna convulsión.
Por esto tuvo Codazzi que tomar parte en tres campañas, una
contra Julián Infante y Vicente Parejo, dos "inquietos Jefes de
guerrillas" habitantes de las "llanuras" del Apure y del Arauca,
dos "libertadores" que despreciaban toda forma de libertad; una
segunda en la provincia de Mérida, para proteger a la República de
Venezuela de las molestias de la república hermana de la Nueva
Granada o Colombia; y una tercera contra uno de los generales más
famosos del tiempo de Bolívar, José Tadeo Monagas, quien trató,
inclusive, de arrastrar a Codazzi a un acto de traición y encontró
en el general italiano una oposición sincera y enérgica. Pero
durante la segunda campaña, aprovechándose del hecho de que era
italiano y de que por consiguiente, como tal, no podía suscitar
entre la población ninguna sospecha, pudo explorar tierras del
interior y llegar hasta la hoya del Apure, más allá de la cadena
andina.
Fue el 2 de enero de 1832 cuando volvió Codazzi a empezar a
tomar medidas sistemáticamente, y fue primero la ciudad de Caracas,
declarada capital de la república desde el 30 de mayo de 1830, y
después las provincias, las que fueron objeto de sus mediciones y
de sus atentas exploraciones. Durante su permanencia en Caracas,
además de Páez y de José María Vargas, además de varios alemanes
que constituían una colonia rica y próspera, contrajo buena
amistad con un hombre que, como él, se ocupaba en dar lustre con
sus escritos a la nueva república y había recogido, en una
biblioteca por él fundada, material estadístico e histórico que
Codazzi utilizó ampliamente: Feliciano Montenegro de Colón
(3)
.
Durante todo el año de 1832 trabajó en esta provincia y a
principios del año siguiente, habiéndose trasladado a Valencia, se
dedicó a medir la provincia de Coro, donde ya había trabajado no
poco, y la de Barquisimeto, y esto para relacionar mejor lo que
había hecho con lo que le quedaba por hacer; y habiendo terminado
el trabajo en ellas, sin siquiera cambiar el lugar a donde iba a
reposar y a recrearse después de las fatigas, inicia la exploración
de las provincias de Barinas y de Cumaná.
El año de 1833 estaba por terminar, y el trabajo no estaba
todavía concluido, y no por culpa de Codazzi que no se había dado
un minuto de reposo, sino por las circunstancias desfavorables de
aquellos años, así que la prórroga solicitada fue fácilmente
concedida; y Codazzi como para dar una prueba de su agradecimiento
por esa concesión, comenzó la exploración del delta del Orinoco, lo
que ocurría a principios de 1834, poco después de su matrimonio
(24 de abril) con una señorita de la provincia de Cumaná, Araceli
Fernández de la Hoz, de noble familia española.
No fue fácil para Codazzi la empresa del Orinoco; debía
determinar bien las numerosas ramificaciones del río y establecer
las comunicaciones entre unas y otras y, para hacer esto, debía
remontarías una a una en barcas pequeñas y en piraguas que no
siempre eran capaces de resistir a la violencia de las aguas. De
modo que en esta empresa de exploración y en disponer sobre un
mapa todo el material recogido transcurrió todo el año de 1834, por
lo que se vio obligado a dirigirse a Caracas para conseguir una
nueva prórroga.
Pero el año de 1835 acarreó a la desgraciada república, que no
había podido disfrutar de paz, un nuevo golpe que, al mismo tiempo
que renovaba las convulsiones del pasado, obligaba a Codazzi a una
nueva tregua en su trabajo y le constreñía a volver a asumir su
puesto de Jefe de Estado Mayor.
Páez, cansado y deseoso de regresar a la tranquilidad de la Vida
privada, dejaba su puesto de Presidente de la República, y hacia
todo lo posible para que le sucediera Vargas, un hombre que tenía
cualidades diametralmente opuestas a las de Páez. De indiscutible
competencia, sin los lauros guerreros que circundaban la frente de
Páez, residente siempre en el exterior, dedicado a los estudios
mientras en su país se combatía por la independencia, era el tipo
clásico del Presidente civil de uña república, el más indicado para
subir al poder en el momento en que, hallándose esta en estado de
tranquilidad, era necesario que a la espada invicta la reemplazara
la sabia competencia y la habilidad pacífica. Vargas aceptó, no
muy de su agrado, quizá porque veía que estaba todavía lejano el
surgir de un alba serena: y sus presagios no eran infundados: poco
después de su elección estallaron en más de un lugar, como reacción
del elemento militar que no quería oír hablar de su desaparición
del campo político de la República, desórdenes públicos que
durante casi un trienio hicieron difícil la vida de Venezuela.
Vargas concedió naturalmente a Codazzi cuanto pedía, de manera
que este pudo ponerse a trabajar y comenzar a reunir en un gran
mapa todo lo que había recogido en sus Varias exploraciones, y que
tenía dibujado en mapas parciales. Era una labor de conjunto la que
iniciaba y que podía dar la sensación completa de la cantidad de
viajes, exploraciones y dificultades superadas.
Pero hé aquí que de improviso surgen nuevos desórdenes
provocados en Caracas por el partido militar, que se había puesto
de acuerdo con los descontentos de otras provincias, especialmente
de las de Maracaibo y Cumaná; en Caracas todas las autoridades
fueron destituidas y a Vargas se le reemplazó por un jefe militar.
Para salvar a Venezuela un grupo de hombres de los más influyentes
de la República -y entre ellos estaba también Codazzi-,
persuadidos de que cualquier otra forma de. organización política
sería fatal, se presentaron a Páez y le' indujeron a defender la
constitución. Páez consintió en poner su espada al servicio de
esta. Pero no fue larga su permanencia bajo las armas; nombrado
Comandante en Jefe el 14 de julio de 1885, se retiró del mando el
21 de marzo del año siguiente. Durante este tiempo Codazzi estuvo
siempre al lado de Páez en calidad de Jefe, de Estado Mayor, y tomó
parte en la batalla de Guaparo, recuperó a Maracaibo y dirigió,
hasta la capitulación, el sitio de Puerto Cabello. Inmediatamente
después se dirigió rápidamente hacia los llanos del Apure para
someter allí a los rebeldes capitaneados por Francisco Farfán y,
al terminar la campaña, recibió de Vargas, que había retornado al
poder, el título de "Coronel de Ingenieros" (22 de marzo de
1836).
Pero la revuelta militar que parecía extinguida tuvo nuevos
chispazos de reanudación: Farfán, seguido por el partido militar,
intentó un nuevo desquite, de manera que Codazzi se vio obligado a
hacer de consejero del General Muñoz, escogido como jefe contra el
rebelde, y también en esta campaña participó en el hecho de armas
de García, en el cual Farfán fue derrotado; un indulto clausuró
esta renovación de las hostilidades.
Pero no pudo volver inmediatamente al trabajo: primero el
encargo que le confió el Gobierno de la demolición de los fuertes
que, más que defensas, eran peligro continuo para la República;
después una nueva campaña contra el mismo Farfán, no ya sobre las
riberas del Apure, sino más lejos, a lo largo de los llanos del
Orinoco.
Sobre el primero tenemos el testimonio del mismo Codazzi, que
justifica la destrucción de los fuertes esbozando en rápida
síntesis la situación de aquel momento en Venezuela; "en 1835
nuestros fuertes abrigaban tropas que ofrecían resistencia al
Gobierno de la República; sin embargo el pueblo triunfó. Todos los
puntos fortificados se hallaban en manos del enemigo; el ejército y
la marina estaban a su servicio; poseía recursos y fondos
públicos, depósitos y armamento; al principio tuvo en sus manos
todo el poder; pero finalmente fracasó. Ciertamente corrió sangre;
pero contra el sentimiento público, contra la voluntad del pueblo,
ninguno podía valer. Entonces Páez, oportunamente nombrado
Comandante en Jefe, restableció el estado de cosas, de acuerdo con
la Constitución, salvó el país de la anarquía, y demostró que el
gobierno no necesita de fortalezas para sostenerse en caso
necesario".
Así que Codazzi dirigió en persona la demolición de dos fuertes
que él mismo había hecho levantar algunos años antes, el de Puerto
Cabello y el de Maracaibo.
No se había terminado todavía la demolición de los fuertes
cuando la guerra reclamó nuevamente a Codazzi: una nueva rebelión
de Farfán, en los llanos del Orinoco, obligó a una campaña aún más
áspera y difícil que las precedentes. Se ha hecho célebre, en esta
campaña, una marcha realizada por Codazzi en tres días desde
Valencia a San Fernando de Apure -lugar que si hubiese ocupado el
enemigo le habría protegido enormemente- y tal marcha permitió a
Codazzi llegar a la población antes de este, poderse defender hasta
la llegada de las tropas de Páez y hacer de la batalla de San Juan
de Payara una óptima victoria. "León de Payara" fue llamado en
adelante, junto con Páez, pero tal denominación -dice Manrique-
(4)
nunca quiso que le fuera aplicada,
porque las victorias en las guerras civiles no hacen jamás grandes
a los que las obtienen.
Sin embargo no fueron inútiles, con relación a la obra que
estaba cumpliendo, las expediciones que hizo a los llanos de Apure
y del Orinoco, pues adquirió no poco conocimiento de tales
regiones, de manera que cuando le fue posible recorrer el Orinoco
para completar su mensura, tenía ya una idea bastante cercana a la
realidad de aquella grandiosa llanura, por lo que le fue más fácil
levantar el plano y pudo hacerlo con más precisión.
Schumacher dice que el libro de Humboldt, con sus descripciones
del grandioso río, le sirvió de compañero a Codazzi en esa
exploración y le ayudó mucho para interpretar mejor la vida
tropical. Del 3 de noviembre de 1837 a marzo de 1838, tomando como
centro esta o aquella población, recorrió el río principal y sus
afluentes, anotando, midiendo y sobre todo gozando de aquella vida
grandiosa llena de silencio y de misteriosa belleza.
Si los llanos del Orinoco y de sus afluentes impresionaron su
ánimo con su solemnidad y lo atrajeron, conquistando toda 'su
admiración, no menor atención le merecieron las condiciones de los
indígenas. En ellos se ocupó con no menos fervor que en la
geografía del Orinoco. Y no podía ser de otra manera. Su alma,
elevada y noble, no alcanzaba a concebir que estos hombres, (¿no
había él mismo combatido en los años juveniles también por estos
pobres habitantes del amplio valle?) estuvieran a merced del
capricho y de la perfidia de los gobernadores y de sus empleados.
Del 14 de marzo de 1838 es un memorial suyo -escrito durante su
segunda permanencia en Caicara- en el que narra los abusos de las
autoridades venezolanas en la provincia de Río Negro.
Y este memorial es una violenta requisitoria contra aquellas
autoridades, tan olvidadas de todo sentido humano. Bastan unas
pocas frases para dar una idea de la defensa que Codazzi hace de
aquellas pobres gentes: "la opresión que reina aquí no tiene igual
en el más remoto rincón de la república. Los indios son realmente
esclavos, sin hallarse seguros en sus campos ni en sus
habitaciones... Actos de tiranía son ejecutados por todas las
autoridades.., cerca de dos mil personas tienen que trabajar sin
paga, sin descanso y sin fin, para unos quince egoístas".
Y también la esclavitud tiene en él -como ya lo había tenido en
Humboldt- un tenaz opositor: no podía aceptar que la diferencia de
raza llevase consigo para unos un dominio innatural, para otros
una sujeción contra la cual elevaban su 'protesta todos los
hombres de bien.
"En el tono de tales quejas se muestra un carácter que, aunque
asociado a los nuevos movimientos políticos de Venezuela, se ha
conservado puro y libre de la corrupción de los numerosos
dirigentes políticos".
Así concluye Schumacher
(5)
después de la alusión
antiesclavista de Codazzi y no podía hacerse mayor alabanza de
quien, aun en medio del desencadenarse de todas las pasiones, supo
conservar aquella moderación de sentimientos que por naturaleza
poseía y que las primeras luchas habían sabido desarrollar.
A fines de 1838 la tarea de exploración, qué había sido
bastante penosa, podía considerarse terminada. Entonces pudo, en
el sosiego de su casa de Valencia, en medio de las alegrías
familiares (en 1835 y 1837 le habían nacidos dos hijos, un varón y
una hembra) dedicarse a trazar el mapa de las trece provincias
venezolanas: el geógrafo, con la misma facilidad con que el hombre
de armas había cedido el puesto al explorador, se cambió en
cartógrafo, y supo manejar con maestría el pincel y la pluma como
había manejado la espada: el único ayudante que tuvo en este
delicado trabajo fue un calígrafo, Lino Aliaga.
No era la primera vez que Codazzi se ponía a diseñar mapas:
siete mapas acompañan al manuscrito de las "Memorias", todos los
cuales el lector puede ver reproducidos en este volumen; pero no
todos ellos se deben a su actividad exploradora; en gran parte
fueron tomados de fuentes españolas y Codazzi sólo los había
modificado en algunos detalles.
En cambio los mapas que ahora presentaba eran todos resultado
de sus viajes, de sus mediciones, de sus levantamientos
topográficos; eran, en una palabra, una obra nueva y completamente
suya.
Cada carta geográfica iba acompañada de cuadros estadísticos,
que debían completar la visión física ofrecida por los mapas:
cuadros que incluían numerosas noticias, preciosas para quien
quisiera tener una idea precisa de cada provincia: la ubicación de
cada cantón (subdivisión de la provincia), la altura y la
temperatura media de la capital del cantón, así como su distancia
de la capital de la provincia y de la capital de la República;
además la comparación entre la parte ocupada por las aguas y la
tierra firme, y la división de esta en llanos y selvas, en tierras
bajas y altas, en terrenos cultivados y desiertos. También estaba
indicada la población, total y por milla cuadrada, la idónea para
las armas y la esclava; y por último se señalaban los productos
que se daban en cada cantón y que eran a propósito para la
exportación.
"La tarea -así escribía Codazzi a Páez, que también en aquella
ocasión ejercía la Presidencia de la República- que me confió el
gobierno hace ocho años está ya completa; cada provincia de la
república tiene su correspondiente mapa corográfico en grande
escala; cada cual contiene un diseño claro de todos sus cantones,
datos precisos sobre sus vías de agua, y multitud de importantes
detalles geográficos, físicos y estadísticos".
Pero esta obra, después de haber obtenido el parecer del Jefe
de ingenieros de Caracas, Juan Miguel [sic] Cajigal -parecer que
es un elevado elogio para Codazzi- sirvió para empapelar las
paredes de la oficina del Secretario del Interior, lo que
ciertamente no podía halagar mucho a su autor, el cual esperaba
mejor utilización de su trabajo. En efecto, éste, que puede
parecer solamente un trabajo de carácter técnico, tenía un alto
valor patriótico y nacional. La primera representación cartográfica
de un país que hace poco ha alcanzado su independencia es la más
noble afirmación de su individualidad, es su imagen simbólica que
va por el mundo y es recibida como unidad' espiritual y de
voluntad. Y este concepto bastante simple, esta reflexión casi
obvia, no se hizo inmediatamente, ni se le ocurrió en seguida a los
hombres que estaban al frente del gobierno de Venezuela; pero no
mucho después, sin que interviniera Codazzi, espíritu demasiado
elevado para plegarse a un acto que pudiera parecer humillación, el
valor real de la obra apareció claro aun para aquellos hombres,
quizá asaltados por problemas no menos graves y urgentes, y el 18
de abril de 1839 el Congreso determinó que él -Codazzi- pudiera
imprimir los mapas a su costo. Pero una impresión de aquellos
mapas, ya coleccionados en un atlas, ya para murales, presuponía
una revisión de los que había pintado, fruto de viajes y medidas
tomadas por él, y debía seguir a una completa reseña de toda la
literatura precedente.
Aunque no era fácil recoger este material, sin embargo a
Codazzi, a quien no faltaban ni la tenacidad, ni la habilidad para
seguir todos los caminos con tal de llegar a la meta, le fue
posible en poco tiempo proveerse de los mapas que había trazado
Humboldt -especialmente de los mapas del Orinoco y de sus
afluentes-; además pidió al Gobierno de Colombia, que estaba en
manos de viejos amigos suyos, y obtuvo, el mapa de Roulin y el
atlas de la antigua Colombia, que había sido publicado en París en
1827 bajo el nombre de Restrepo, y que contenía los mapas de los
doce antiguos departamentos, obra que no carecía de valor aunque no
estaba fundada en bases científicas.
Superada esta dificultad, hé aquí que surge otra mayor y menos
fácil de resolver; dificultad que había sido prevista por Codazzi y
que superó con aquella habilidad que tienen todos los hombres no
comunes ante lo que arredra a los inferiores. ¿ Qué límites debía
tener la República venezolana?
Los límites no estaban trazados sobre el terreno, aunque fuese
vivo el deseo de llegar a esta determinación de límites: pero había
-y era conocida- la línea que separaba las varias regiones cuando
sobre todas ellas dominaba España, y dentro de esta línea divisoria
habían surgido los diversos Estados, como si la considerasen
definitiva. Es verdad que más tarde estos -y los celos y las
ambiciones habían surgido desde el principio, aunque no hubiesen
tenido la posibilidad de colocarse sobre un terreno concreto de
disensión- discutirán esta línea de limites y aun tomarán las
armas, defendiendo cada uno el territorio sobre el cual creía
tener derecho seguro; pero por el momento podía Codazzi atenerse a
esa línea, modificándola, según lo considerara necesario conforme
a razones de naturaleza geográfica. En tal forma Codazzi fue una
especie de solucionador de cuestiones de límites antes de que el
tiempo y la pasión las tornasen agudas y peligrosas; y esto debe
decirse sobre todo de los limites entre Venezuela y la Nueva
Granada, las cuales habían concluido ya un acuerdo de fijación de
limites el 14 de diciembre de 1833, pero la línea determinada por
los dos plenipotenciarios -Santos Michelena y Lino de Pombo- tenía
en cada uno de los dos países partidarios y opositores. Ahora bien,
Codazzi, partiendo del Cabo Chichibacoa, en el mar Caribe, y
cortando la península de la Guajira, dejaba a Venezuela las
cadenas montañosas y los cursos de agua más importantes hasta un
punto en el cual el 5°paralelo corta el río Arauca: por último una
línea imaginaria se dirigía hacia el sur hasta el nacimiento del
río Memachi; aquí principiaba el dominio del Brasil.
Para el resto, o acogió los límites que atribuían a Venezuela
los mapas de Humboldt, límites no imaginarios, sino basados en
investigaciones realizadas en los archivos de Madrid, o acomodó a
sus conclusiones, las que no siempre fueron a favor de Venezuela,
los datos de 1810, esto es los límites que dividían a las diversas
regiones sujetas a España. Tampoco en las cifras relativas a la
población aceptó números sin discutirlos, sin someterlos a la
crítica: no había cifras que fueran resultado de censos que
abarcaran toda la república: en 1836 se había presentado a la
Asamblea Legislativa el censo de nueve provincias; y en 1839 se
daba como población de Venezuela una cifra que se refería a 1834
(887.168 habitantes): Codazzi la amplió un poco, teniendo en cuenta
la rata de aumento y fijó en 945.348 los habitantes de la tierra
que describía.
Quedaba por último una cuestión de no desdeñable importancia;
la cuestión financiera, y si no se resolvía esta, no hubiera
podido Codazzi ver impresa su obra. Se pensó -y fue Páez quien
sugirió este medio- en acumular sobre Codazzi varias comisiones, y
así fue nombrado primer Rector de la sección de matemáticas de la
Escuela Militar de Caracas, luégo profesor de táctica de
artillería, y por último director de todas las organizaciones
militares de la Provincia de Caracas. Pero a pesar de tantos cargos
no tenía Codazzi la posibilidad de hacer frente a tan elevados
gastos, por lo que pidió ayuda al Congreso, el cual la concedió:
10.000.00 pesos fueron decretados para la impresión de la
Geografía de Venezuela, pero tal suma debería ser garantizada por
un fiador, para el caso de que cualquier circunstancia impidiera a
Codazzi realizar su obra. Y hasta se encontró un fiador: Martín
Tobar y Ponte, de noble y rica familia, quien habla perdido no
pocas propiedades por mantener fidelidad a la pureza de sus
sentimientos y quien en la lucha contra España había visto a
muchos de su familia caer en los campos de batalla, aseguró el
buen éxito de la empresa: generosamente hizo de fiador de Codazzi,
seguro de que este llevaría a término su trabajo. Y cuando
inmediatamente después el plan de la obra se amplió y Codazzi
aceptó agregarle datos históricos -de la historia remota y
reciente- referentes a Venezuela, datos que habrían de facilitarle
Rafael María Baralt y Ramón Díaz, también entonces Tobar declaró
que respondería por el aumento de los gastos de impresión y en esta
garantía tuvo por socio a otro venezolano, Juan Bautista
Dallacosta.
Y el Congreso no fue menos generoso que los amigos de Codazzi,
porque no tuvo dificultad en conceder una prórroga del tiempo
señalado para la impresión.
El 11 de julio de 1840 Codazzi con su esposa dejaba a Venezuela
para dirigirse a Europa. En París, donde ya Humboldt había impreso
su obra, pensaba Codazzi que encontraría los medios más aptos para
traducir en realidad tipográfica su trabajo y los mapas que lo
acompañaban. No viajaban solos los Codazzi: los acompañaban Baralt
y Díaz, a quienes se había confiado el encargo de escribir la
historia de la república y quienes debían facilitar al geógrafo los
datos históricos que necesitaba. Ellos empezaron inmediatamente a
redactar los capítulos de la Historia de Venezuela, mientras
Codazzi sometía sus manuscritos al juicio de los hombres más
ilustres de la capital francesa.
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(1)
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En español es "mangle": creo que se trate del árbol llamado
mango, que crece también en las Antillas.[El mangle y el mango son
dos árboles distintos. Nota del traductor ].
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(2)
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La situación se había invertido: diez años antes eran las naves
de la marina libre, que combatía a favor de los insurgentes, las
que amenazaban las costas venezolanas del mar de las Antillas;
ahora son las naves españolas las que hacen de naves corsarias y
asaltan y se apoderan, o tratan de apoderarse, de los puertos y de
la ciudad. Por esta época se destaca un marinero español, natural
de Cádiz, Angel Laborde (1772-1884), como afortunado combatiente en
Puerto Cabello después de 1820 y en los años siguientes.
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(3)
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Su historia de la Revolución de Venezuela era un libro que
Codazzi consideraba importante y bien escrito.
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(4)
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Op. cit., p. 98, 117.
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(5)
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Op. cit., p. 301.
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