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INDICE
CAPÍTULO I
Los primeros años Sus estudios en Lugo Voluntario del ejército italiano Hechos de armas Deja la vida militar.
CAPÍTULO II
En Constantinopla: de aquí va por varios países al báltico y después a Holanda Va a América del Norte A sueldo, combate a favor de los insurgentes en el mar de las Antillas (Sus Memorias) Precioso contenido de estas Regresa a Italia En soci
CAPÍTULO III
Regresa a América 24 de mayo de 1826 Comandante de artillería Jefe de Estado Mayor Se ocupa en la geografía estadística y en el Atlas de Venezuela A París.
CAPÍTULO IV
La obra geográfica y cartográfica sobre la República de Venezuela.
CAPÍTULO V
Funda la Colonia Tobar Gobierna la provincia de Barinas.
CAPÍTULO VI
De la República de Venezuela a la de Colombia Comandante de la Escuela Militar Iniciación de sus actividades en Colombia La cuestión del Canal Su muerte.
CAPÍTULO VII
Memorias Póstumas de Constante Ferrari y de Agustín Codazzi.
CAPÍTULO VIII
Juicio sobre Agustín Codazzi.
CAPÍTULO IX
Llegada a San Blas datos sobre aquellos indígenas Partida para el Golfo del Darién y entrada al río Atrato Descripción del clima, producciones, animales e insectos que se encuentran en el río Atrato Llegada a la capital del Chocó, noticias sobre l
CAPÍTULO X
Llegada a Santafé de Bogotá y acogida que tuve Continuación de la campaña de Bolívar después de la toma de Angostura Expedición de Morillo a Margarita y sorpresa de Calabozo Bolívar derrotado cerca de Valencia y refugiado en los llanos Su atrevida
CAPÍTULO XI
Estado de Providencia a mi regreso y de las fuerzas listas para partir, expedición de Ferrari al desaguadero del río San Juan en Nicaragua. Partida de la división para el Chocó. Rendición en Candelaria de una flotilla española. marcha por el Atrato y derr
CAPÍTULO XII
Viaje del general Aury a Santafé por el Magdalena Descripción del clima, usos y costumbres de estos habitantes, producciones, animales, etc., de estos lugares Promulgación del armisticio y estado de las fuerzas armadas Llegada de Bolívar a Santafé
CAPÍTULO XIII
Climas, usos y costumbres de los indios mosquitos y nuestra permanencia entre ellos Llegada a Providencia y a Cartagena Capitulación de aquella plaza Se me confía una expedición para apoderarnos de Omoa y del castillo de San Felipe Partida en un pe
CAPÍTULO XIV
Llegada a Santo Tomás y su descripción Partida para la Valija Comercio en Comayagua y Jamaica Partida para el Chocó y riesgo corrido Arribo a la Valija y expedición de mercancías a Trujillo Pérdida de las mismas Nuevo comercio en cl golfo Dulc
APÉNDICE
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-XIV-
Llegada a Santo Tomás y su descripción - Partida para la Valija
- Comercio en Comayagua y Jamaica - Partida para el Chocó y riesgo
corrido - Arribo a la Valija y expedición de mercancías a Trujillo
- Pérdida de las mismas - Nuevo comercio en cl golfo Dulce en la
provincia de Guatemala - Partida para Santo Tomás con un cargamento
de añil - Terrible situación en los escollos de Cuba, nuestra
salvación; encuentro con piratas en Jamaica y con un corsario
español en Santo Tomás - Partida de esta isla para Europa, nuestra
navegación y llegada a Amsterdam -Venta de las mercancías y nuestro
regreso a la patria - Unión de las dos familias y nuestro
establecimiento en el campo de Serraglio, cerca de
Massalombarda.
(Páginas 356 a 370)
Inmediatamente nos hicimos a la vela para Santo Tomás
(1)
en las Antillas. Esta isla es una de
las Vírgenes, situada cerca de Puerto Rico y perteneciente a los
dinamarqueses, quienes tienen allí un gobernador y una pequeña
guarnición. La isla no es muy grande y produce todo lo que se
encuentra en las Antillas. La ciudad está colocada en la falda de
una colina y al entrar al puerto se presenta como en anfiteatro. El
puerto es hermoso y protegido por dos baterías y un fuerte sobre
una pequeña altura a la izquierda de la entrada. Las casas son en
general de madera y bien tenidas, pocas son las de piedra y todas
de negociantes: ingleses, franceses, dinamarqueses, suecos e
italianos están allí establecidos y hacen un comercio muy activo,
porque este lugar ha sido siempre puerto libre, por lo cual en
tiempo de guerra, por su neutralidad, era el refugio de todas las
naciones y la primera escala para poder dirigirse a la Costa Firme
en la dirección que mejor conviniera a los comerciantes. Allí la
aduana no hace ninguna visita y sólo se paga un tanto por cada
tonelada que lleva el barco. Nos dirigimos inmediatamente a un
cierto Piccioni, amigo del difunto Aury, y él nos animó a seguir en
el comercio. Hicimos un cargamento de diversas mercancías y
partimos para el establecimiento de la Valija
(2)
en la
costa de Yucatán, perteneciente a los ingleses, para negociar con
la nueva república de las Provincias Unidas del Centro
(3)
. Yo me dirigí inmediatamente por el
río
(4)
que conduce a Comayagua
(5)
, con diversos indios, navegando en
busca de aquella ciudad por un río más estrecho que el Atrato, pero
ciertamente con las mismas fatigas y los mismos tormentos, menos el
de la continua lluvia. Una sola vigía se encuentra poco distante de
la desembocadura, cerca de un caserío de indios con quienes obtuve
bogas para subir el río. Después de tres días de penosa navegación
se encuentra una segunda vigía compuesta de pocos hombres y en el
lugar donde el río ya no es más navegable hay construido una
especie de reducto con seis piezas de artillería, hecho sin arte y
vigilado por gente que no conoce qué cosa es el arte militar. Hay
una población llamada la Bodega, compuesta de pequeñas cabañas
cubiertas de palma y amarradas con bejucos. Por allí se encuentran
pequeños prados de hierba alta en medio de grupos de colinas entre
las cuales va serpenteando un camino bastante malo que conduce a
Comayagua. Se pasa por en medio de montañas escarpadas cubiertas de
horribles selvas, en las cuales sólo se encuentran simios, macacos,
jaguares y tigres.
Había que acampar y encontramos una especie de piojo de Aguté
que es como un chinche: este piojo es grande como un chinche y del
mismo color, pero con patas y tan pegajoso como las cucarachas
entre nosotros. A las mulas les cuesta gran trabajo traspasar estos
montes y bien pronto se llega a un altiplano donde el aire es más
fresco, pero que siempre está cubierto de espesa niebla. Al pie de
una agradable colina está situada Comayagua, cerca de la cual corre
un límpido arroyuelo.
Esta ciudad es en parte de madera y en parte de piedra y la
mayor parte cubierta de palmas y hecha con bejucos. Allí se
cultivan el añil y el cacao lo mismo que el tabaco y se recoge la
cochinilla. Las patatas, las calabazas, el banano, el maíz, son los
productos nutritivos de estos lugares y una gran cantidad de
bestias y rebaños hacen su riqueza. En esta ciudad que fue la
primera en dar el grito de libertad en las provincias de Honduras,
fui muy bien recibido por el gobernador, como viejo militante de
las armas republicanas.
Cambié mis mercancías, que eran muselinas, batistas, pañuelos,
lienzo de Cambrai, indiana, medias de seda, vestidos, sedas y
adornos para mujeres, por añil, que transporté en zurrones a lomo
de mula, y en seis días volví a la Bodega, donde nos embarcamos en
las piraguas y volvimos rápidamente a la desembocadura, donde
esperaba una goleta que recibió inmediatamente la carga y en la que
me hice a la vela para la Valija.
Allí vendí una parte del añil, otra la cambié por mercancías, le
dejé otra parte a Ferrari para que la realizara y volví de nuevo al
mismo lugar, donde fui más afortunado que antes, ya que al llegar a
la Bodega me ahorré el trayecto por tierra vendiendo a los
negociantes mis mercancías a cambio de añil que ellos pensaban
llevar a la Valija. Vuelto al mar me hice a la vela para Jamaica,
para venderlo con más ventaja y comprar allá nuevas mercancías,
pero apenas llegué tuve noticia de que en el golfo del Darién había
una flotilla española que bloqueaba el río para impedir el comercio
de Cartagena con la provincia del Chocó, a la cual se llevaban
víveres y géneros.
Concebí inmediatamente el plan de llevar al Chocó harina y,
habiéndola comprado a cambio de añil, partí al instante para allá.
Llegamos de noche a Candelaria, vimos la boca de Barbacoas
(6)
y pasamos en medio de los barcos
españoles que estaban anclados. Nos hicieron un vivo fuego y una
goleta nos siguió de cerca pero cuando vio que habíamos entrado en
la boca del río nos creyó en su poder, y no pudiendo pasar la barra
ancló en medio de ella para esperar el día, perseguirnos y
prendernos junto con las embarcaciones. Después de dos horas de
camino, siempre con viento favorable, nos acercamos a tierra y en
un bosque vecino a un terreno un poco sólido echamos a rodar todos
los barriles, mediante dos árboles de la goleta que hice cortar y
colocar entre el barco y la tierra. Terminada esta operación
pusimos todos los víveres en la canoa, llevamos todos los cordajes
y las velas al bosque y, abriéndole un agujero al barco, lo
hundimos. Hice hacer una señal con el sable sobre un árbol; se
cubrió bien el rastro en el bosque y antes de amanecer bogamos
hacia el fuerte en una barquilla. Diez días empleamos antes de
llegar a la segunda vigía, de donde algunos indios nos condujeron
con sus piraguas al fuerte y de allí a Citará donde fui acogido con
mucha deferencia. Exagerando el rigor del bloqueo de los españoles,
le pinté al gobernador el peligro mayor de lo que efectivamente era
y con él mismo contraté mi harina, que no le dije que la tenía ya
en el río sino en la costa de San Blas fuera del golfo del Darién.
Después de hecho el contrato le pedí hombres para ir a recogerla y
le comuniqué entonces el modo como me había introducido y la
maniobra con la que había engañado al enemigo. En efecto, habiendo
encontrado mis harinas en el sitio en que las había escondido las
llevé a Citará y se me pagó en doblones. Nunca esperé una ganancia
tan grande. Cuando los españoles desistieron de su insensato
bloqueo fuimos con los indios al lugar donde estaba hundido el
barco y, por medio de un mecanismos que le adaptamos a los árboles,
izamos el barco; luégo en dos días, con bombas y baldes, se lo pudo
carenar y hacerle las pequeñas reparaciones que necesitaba.
Cortamos dos nuevos árboles y, con las velas y el cordaje podridos,
nos hicimos a la vela lo mejor que pudimos hacia Porto Belo, desde
donde, comprando unas nuevas, podríamos navegar felizmente hasta la
Valija. De poco me sirvió aquella buena ganancia, pues llegué con
fiebre y me vi obligado a confiar una carga de mercancías a un
capitán para que las vendiera por cuenta nuestra en la plaza de
Trujillo (7) , y se pusiera en contacto con un rico
negociante para consignarle el importe de las mercancías en caso de
que fueran vendidas. Ferrari no pudo acompañarlo porque no se
encontraba muy bien. Pero no pasaron muchos días sin que viéramos
presentarse delante de nosotros al capitán, quien había naufragado
en las cercanías de Rutton por causa de un terrible huracán y
apenas había salvado su vida y la de sus marinos. Esta desgracia,
aunque nos privaba de' la mayor parte de nuestros bienes, sin
embargo no nos desanimó y la amistad nos sirvió de consuelo común
en esta desgraciada pérdida.
Formamos entonces sociedad con un cierto Camein (?),amigo
nuestro, que había sido almacenista general en tiempo del general
Aury y que, retirado después del servicio, se había establecido en
la Valija y, habiendo obtenido de él una suma y vendido nuestros
géneros, me embarqué y entré al río San Felipe, y concretamente al
golfo Dulce, y habiéndome introducido por el río de Verapaz
(8)
, me puse a remontarlo durante diez
días con terrible dificultad a causa de las ramas y troncos de
árboles que en varios sitios obstaculizan la navegación. Un único
caserío de indios encontré a la orilla derecha y el pueblo de
Casatejas habitado por naturales y españoles que cultivan el añil.
Habiendo llegado a Verapaz fui muy bien recibido por aquel
gobernador, pues me di a conocer como el oficial que había tomado a
San Felipe
(9)
en el momento en que las provincias de
Guatemala dudaban en seguir el movimiento iniciado en Comayagua
para la libertad de aquellos países. Las casas parecen más bien
cabañas y las' calles están mal arregladas. A aquella gente le
parecía mentira que hubiera una persona que viniera hasta su casa a
traerles dinero y a comprales su añil, que habían cortado por no
saber a donde enviarlo, ya que en tiempo de los españoles iba todo
a Guatemala, o venía a San Felipe donde pequeños barcos lo llevaban
a Omoa, puerto a donde venían los barcos para transportarlo a
Europa, pero al presente no podían usar más aquella vía y lo único
que les quedaba era mandarlo a Omoa y venderlo allí a los ingleses.
Sin embargo había el peligro de que las cargas fueran robadas por
el camino por alguno de los dos partidos que entonces luchaban
entre sí para determinar si la capital de la nueva república de las
Provincias Unidas del Centro habría de ser Guatemala o Comayagua.
La primera alegaba sus derechos como antigua residencia de una
capitanía general a la cual estaba sujeta Comayagua. Esta hacía
valer sus razones de estar en el centro y de haber sido la primera
que había revolucionado a los pueblos, corrido a las armas y
proclamado la libertad
(10)
. La ciudad de Omoa
era favorable a Comayagua y la de La Paz a Guatemala, de modo que
el comercio entre las dos se había interrumpido, lo que para mi fue
una favorable casualidad pues compré el añil por la mitad de lo que
costaba. Me devolví al instante y, habiendo cargado la goleta que
me esperaba en la desembocadura del río, regresé a San Felipe y de
allí me vine a la Valija, donde, después de venderlo todo, con el
dinero en la mano volví a hacer una segunda compra, que no fue
menos ventajosa que la primera.
Habiendo regresado a la Valija con el barco cargado de añil, se
acordó con los amigos Ferrari y Camein (o Camera) ir a Santo Tomás
(11)
para de allí tratar de pasar a Europa
con nuestro rico cargamento.
Tomada la resolución y cargada una fea pero veloz goleta,
partimos, manteniéndonos alejados de las costas de la isla de Cuba,
por donde continuamente cruza una cantidad de piratas. Pero por la
continua embriaguez del capitán, inglés de nación, nuestro barco
encalló en los Jardines de La Reina
(12)
,
lugar peligroso por los piratas y lleno de escollos, cuando
nosotros creíamos estar en la isla de Santo Domingo
(13)
, en los escollos Las Platas, situados
en la misma latitud pero con una diferencia de diez grados de
longitud.
Cuatro días estuvimos perdidos y encallamos más de seis veces.
Finalmente quedamos en una posición en la que, estando el barco
medio volcado, no podía moverse más. Me decidí entonces a bajar a
tierra en una pequeña piragua con dos de nuestros negros, con los
cuales, después de haber hecho quince millas de mar, llegamos a una
playa y costeándola encontré un río ancho, lleno de caimanes, que
remontamos durante varias horas con mucha fatiga sin descubrir
ninguna habitación. No habíamos comido todavía y las ostras pegadas
a los mangles nos sirvieron de excelente alimento. Ya estábamos
para retroceder y seguir más bien la costa, cuando el negro
Francisco descubrió a un hombre que descendía por el río en una
canoa. Nos escondimos entre unas hierbas muy altas y cuando nos
pasó delante le caímos encima. Llevaba atado a un cinturón rojo un
largo y ancho cuchillo, por lo que lo interrogamos con todo
respeto. Por él supimos que estábamos en la isla de Cuba, que aquel
era el río Santiago
(14)
y que los Jardines de
La Reina eran los escollos donde estaba encallado el barco. Este
hombre me ofreció conducirme a una población vecina, sobre la
costa, donde podría encontrar buenos pilotos que nos pusieran fuera
del peligro en que estábamos, pero comprendí muy bien cual era
nuestra situación porque en estos lugares son todos acaparadores o
piratas, que hubieran venido con lanchas armadas y nos hubieran
asesinado a todos arrojándonos al mar, para llevarse nuestras
mercancías a sus casas. Por consiguiente me resolví a apoderarme de
él a viva fuerza y saltando de improviso a su canoa le quité el
cuchillo y lo hice mi prisionero. Lo conduje a bordo por la noche,
que fue terrible por un temporal con lluvia, truenos y relámpagos,
que me impedían ver las señales de fuego que Ferrari me hacía a
bordo, según habíamos convenido para poder tener una guía precisa
en aquel peligroso mar. Pero el negro Francisco
(15)
alcanzó a divisar el barco al fulgor
de los relámpagos y dirigidos por él pudimos llegar después de
media noche. A la mañana siguiente se trabajó con anclas y remos y
después de muchas maniobras conseguimos a medio día quedar fuera de
peligro, gracias a aquel hombre que decía que no era piloto y que
no conocía aquellos escollos. Fue bien recompensado por el capitán
y por nosotros y nos hicimos a la vela para Jamaica, donde tomamos
provisiones. Habiendo salido de aquella isla nos encontramos por la
mañana, en una calma completa, dos bricks a un tiro de cañón de
nosotros, cuyas canoas iban continuamente de un barco a otro.
Pensamos que fueran barcos ingleses que por no poder navegar a
causa de la calma se hubieran invitado recíprocamente a bordo, pero
habiéndose alzado un pequeño vientecillo se separaron y uno de
ellos se dirigió hacia nosotros. Entonces se conoció que era un
barco armado, por lo cual todos se escondieron en la cabina para
que no se vieran tantas personas sobre el puente. Quedé yo solo con
el capitán y dos marineros, pero me coloqué de manera de ser visto.
Cual no fue mi sorpresa al ver a un jefe pirata de nombre Laffitte
(16)
que había sido aprisionado por un
barco de guerra, conducido a Providencia y condenado por un consejo
de guerra a ser ahorcado, pero que gracias al dinero logró huir con
el centinela que lo guardaba de vista en el barco y salvarse en una
canoa en la que se dirigió a la costa indígena. Cualquiera que haya
sido su suerte después, el hecho es que al presente comandaba un
hermoso brick de diez piezas de cañón. La chusma pirata gritaba a
bordo, unos que nos dejaran seguir, otros que nos detuvieran. El
peligro en que nos encontrábamos era enorme ya que no podíamos
defendernos y estábamos seguros de que perderíamos todo y
sufriríamos los más atroces tormentos si ellos vinieran a bordo de
nuestro barco. Pero el ver que se trataba de un feo y pequeño
barco, que les hicimos creer que iba cargado de carbón, nos
permitió pasar adelante sin molestia. Finalmente llegamos a Santo
Tomás en el momento en que, a vista del puerto, un corsario español
requisaba una gran polacra francesa
(17)
,
motivo por el cual no nos prestó atención a nosotros que parecíamos
mezquinos y de ningún valor, pero que hubiéramos sido una buena
presa, porque llevábamos géneros de provincias rebeladas contra
España. Así que también aquí la buena fortuna nos asistió. Habiendo
arribado al puerto e informados de los precios que nuestras
mercancías tenían en Europa, nos decidimos a dirigirnos allá para
volver después y proseguir este comercio. Esta vez quisimos cuidar
muy bien nuestros capitales y después de consignarlos a un rico
negociante de Amsterdam partimos para aquella ciudad, sufriendo una
sola borrasca, pero terrible, al extremo de que quedamos reducidos
casi a un pontón y lo perdimos todo. Nos defendimos lo mejor
posible con las reparaciones que hicimos durante el viaje hasta que
la suerte quiso que volviéramos a ver las mismas playas que cinco
años antes habíamos abandonado.
Fueron compañeros de nuestro viaje el socio Camein (o Caenein) y
los dos negros Francisco y Mameluk
(18)
,
nativos de la costa de África, que habíamos comprado en Providencia
y puesto en libertad, pero que por su libre voluntad quisieron
seguirnos y permanecen todavía con nosotros, habiéndonos sido
fieles compañeros en varias difíciles situaciones, quienes pueden
decir que desde 1819 hasta ahora han estado siempre a nuestro lado.
La alegría de nuestro regreso fue inmensa porque, después de tantos
peligros y sufrimientos, estábamos en posibilidad de volver a ver
la patria, los amigos, los parientes y de ayudar a los ancianos
progenitores.
Después de vender las mercancías en Amsterdam, pasé a París a
entregar a la hermana del difunto general Aury todos los papeles
necesarios para poder conseguir lo que el gobierno de Buenos Aires
debía al extinto, y en seguida me dirigí a Italia en busca de Lugo,
mi patria, donde mi familia y la del amigo Ferrari, que se trasladó
de Reggio, se unieron en una sola y la campiña de Serraglio, en el
común de Massa Lombarda, fue después el lugar de nuestro retiro,
donde entregados al cultivo de la tierra vivimos juntos una vida
menos peligrosa que la que se llevaba en los campos de la gloria o
sobre frágiles barcos en el inestable elemento
(19)
.
N. B. Todo esto se deduce del pasaporte de Providencia y del
obtenido en Santo Tomás, visado después por varios ministros de
naciones extranjeras en París, como los de Dinamarca, Estados
Unidos, Piamonte, Austria, Holanda. Las pólizas de cargamento de la
Valija y de Santo Tomás atestiguan lo mismo.
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(1)
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Saint Thomas queda al este de Puerto Rico, a unas 60 millas,
entre el Océano Atlántico y el Mar Caribe. Con una extensión de 72
km
2, tiene más de 10.000 habitantes. Hay en ella una
población, Carlota Amalia.
En 1917, después de cincuenta años de negociaciones, todo este
grupo de islas fue adquirido por los Estados Unidos.
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(2)
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Es, como ya se ha dicho, Bélice en Honduras, que hoy es
posesión británica y que en realidad hace parte de la península de
Yucatán.
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(3)
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La revolución mejicana de 1821 había traído consigo la de
Guatemala, que ocurrió sin mayor violencia. Iturbide, el dictador
de México que después se proclamó emperador, había enviado allí
tropas y uno de sus seguidores, Filisola, desde enero de 1822 había
declarado la unión de Guatemala y México. Pero la población
guatemalteca, sin esperar a la caída del ridículo emperador, se
sublevó y recuperó su libertad. Pero estos acontecimientos son un
poco posteriores al tiempo en que ocurren los hechos narrados por
Codazzi; por consiguiente hay en ellos un eco de los cambios
posteriores, pues fue en 1824 cuando se adoptó la constitución
federal. Por ella la antigua Capitanía General de Guatemala tomó el
nombre de Provincias Unidas de la América Central y quedó
constituida por 5 repúblicas: Guatemala, Honduras, Salvador,
Nicaragua y Costa Rica.
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(4)
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Es el río Ulúa, que desemboca en el golfo de Honduras.
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(5)
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Comayagua está sobre el río Humuya, hoy la toca el ferrocarril
transoceánico y pertenece a la República de Honduras.
En otro tiempo tuvo mayor importancia de la que tiene hoy;
llegó a contar con 80.0ó0 habitantes, pero se incendió en 1827 y
hoy no conserva sino el recuerdo de su glorioso pasado. Pero desde
el punto de vista de la producción es importante el valle de
Comayagua (véase la nota 15 del capitulo 13).
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(6)
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Uno de los brazos del Atrato, como el de la Candelaria, solo
que este, ateniéndonos a la representación de Codazzi, tiene como
una pequeña ensenada en la isla Larga.
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(7)
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Capital del Estado del mismo nombre, en Venezuela, a 818 metros
de altura; mira hacia la laguna de Maracaibo.
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(8)
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Vera Paz no es una ciudad, como parece, sino una región en el
interior de Guatemala, que se divide en Alta y Baja, la atraviesan
dos ríos que, unidos, desembocan en el golfo Dulce, el
PaninaPolochich, para las tierras de la Baja, y el Coban, para las
de la Alta Vera Paz. Como las condiciones de navegabilidad del
PaninaPalochich son mejores, es probable que sea este el río que
remontó Codazzi. En el mapa anexo a la obra de Humboldt se señala,
cerca de la Laguna Dulce, una localidad con este nombre.
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(9)
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Pequeña localidad costera de Honduras, cerca del límite de
Guatemala, sobre el golfo de Honduras. Cerca hay el fondeadero
mejor de Puerto Cortés.
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(10)
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Con esta referencia Codazzi nos revela el estado de ánimo de
los habitantes de Guatemala: todo les sirve de motivo de lucha,
hasta la designación de la capital. Las razones son mínimas, ¿pero
qué importa? ¿ Todas las historias de las repúblicas americanas no
están hechas, en el fondo, del mismo modo? Con frecuencia carecen
de aquella sólida conciencia que gobierna todos los movimientos
revolucionarios serios y los lleva a un buen éxito e impide toda
desviación.
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(11)
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Véase la nota 1 de este capitulo.
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(12)
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Todavía hoy se conoce con el nombre de Jardines de la Reina una
numerosa serie de islas y escollos cerca de la costa sur de Cuba,
entre los meridianos 78° y 88° al occidente de Greenwich. Parece
que el origen del nombre es bien remoto y que Colón fue el que los
denominó Jardines del Rey o Jardincillos de la Reina.
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(13)
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Al rededor de Santo Domingo, o mejor de Haití, no surgen
escollos sino al norte y son los Silver Banks. La traducción hecha
por Codazzi es exacta; pero la posición de estos respecto a Haití
no podría justificar de ningún modo el confundirlos con los
Jardines de la Reina, que surgen al sur de Cuba.
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(14)
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¿Es exacto el nombre? A juzgar por el calificativo de ancho que
da al río, parece que no, pues ninguno de los mayores cursos de
agua de Cuba tiene este nombre. No parece posible que se trate del
Cauto, porque hay mucha diferencia entre los dos nombres, a menos
que se trate de una confusión de nombres. Puede ser, por
consiguiente, que se refiera a un río que tenía realmente tal
nombre y que de él no haya indicio en los mapas modernos. Mejor es
suponer que se trata de un error de Codazzi y que se refiera al río
Cauto, que no está lejos de los Jardines de la Reina.
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(15)
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Francisco y Mameluk son dos esclavos a quienes Codazzi ha dado
la libertad y que lleva consigo a Europa.
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(16)
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Es, entre los corsarios, el que hace de las propias naves
instrumento ordinario de saqueo y devastación. Jamás aparece en él
ninguna clase de idealismo.
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(17)
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Polacra o polaca es un buque de comercio con un arqueo de hasta
500 toneladas. Tiene pocas velas, como las de arboladura a guisa de
álamo.
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(18)
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Véase la nota 15 de este capítulo.
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(19)
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Parece casi un drama de feliz desenlace; todos los riesgos se
olvidan, en ambos hay un deseo de tranquilidad: una calma solemne,
la de la llanura romañola, los acoge, los sujeta.
El relato de Ferrari es más seco, menos entusiasta; este como que
soporta -o parece que soporta- la voluntad más fuerte del amigo y
se somete a ella.
A decir la verdad, duele verlos -a los dos amigos- encerrados en
tan estrecho límite, cuando se habían paseado por los mares
piratescamente y habían corrido por tierras inmensas en busca de
aventuras, siempre vencedores, audaces y generosos, impulsados por
un idealismo amplio como la tierra y grande como el hombre; y se
les quisiera ver unidos en una amistad menos egoísta, que es
hermosa, pero que es demasiado pequeña respecto al ambiente que la
había creado.
Por fortuna la suya es una ilusión que muy pronto se desvanece;
habían creído -o mejor había creído aquel de ellos que imponía su
voluntad- que las dos almas habían sido hechas para vivir siempre
fraternalmente, cuando la fraternidad la habían creado los
peligros; desaparecidos estos la amistad se debilita y desaparece.
Y entonces el que domina vuelve a tomar su curso y torna a sus
tierras ilímites, que sabrá describir y señalar con su arte de
geógrafo y de cartógrafo.
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