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INDICE
CAPÍTULO I
Los primeros años Sus estudios en Lugo Voluntario del ejército italiano Hechos de armas Deja la vida militar.
CAPÍTULO II
En Constantinopla: de aquí va por varios países al báltico y después a Holanda Va a América del Norte A sueldo, combate a favor de los insurgentes en el mar de las Antillas (Sus Memorias) Precioso contenido de estas Regresa a Italia En soci
CAPÍTULO III
Regresa a América 24 de mayo de 1826 Comandante de artillería Jefe de Estado Mayor Se ocupa en la geografía estadística y en el Atlas de Venezuela A París.
CAPÍTULO IV
La obra geográfica y cartográfica sobre la República de Venezuela.
CAPÍTULO V
Funda la Colonia Tobar Gobierna la provincia de Barinas.
CAPÍTULO VI
De la República de Venezuela a la de Colombia Comandante de la Escuela Militar Iniciación de sus actividades en Colombia La cuestión del Canal Su muerte.
CAPÍTULO VII
Memorias Póstumas de Constante Ferrari y de Agustín Codazzi.
CAPÍTULO VIII
Juicio sobre Agustín Codazzi.
CAPÍTULO IX
Llegada a San Blas datos sobre aquellos indígenas Partida para el Golfo del Darién y entrada al río Atrato Descripción del clima, producciones, animales e insectos que se encuentran en el río Atrato Llegada a la capital del Chocó, noticias sobre l
CAPÍTULO X
Llegada a Santafé de Bogotá y acogida que tuve Continuación de la campaña de Bolívar después de la toma de Angostura Expedición de Morillo a Margarita y sorpresa de Calabozo Bolívar derrotado cerca de Valencia y refugiado en los llanos Su atrevida
CAPÍTULO XI
Estado de Providencia a mi regreso y de las fuerzas listas para partir, expedición de Ferrari al desaguadero del río San Juan en Nicaragua. Partida de la división para el Chocó. Rendición en Candelaria de una flotilla española. marcha por el Atrato y derr
CAPÍTULO XII
Viaje del general Aury a Santafé por el Magdalena Descripción del clima, usos y costumbres de estos habitantes, producciones, animales, etc., de estos lugares Promulgación del armisticio y estado de las fuerzas armadas Llegada de Bolívar a Santafé
CAPÍTULO XIII
Climas, usos y costumbres de los indios mosquitos y nuestra permanencia entre ellos Llegada a Providencia y a Cartagena Capitulación de aquella plaza Se me confía una expedición para apoderarnos de Omoa y del castillo de San Felipe Partida en un pe
CAPÍTULO XIV
Llegada a Santo Tomás y su descripción Partida para la Valija Comercio en Comayagua y Jamaica Partida para el Chocó y riesgo corrido Arribo a la Valija y expedición de mercancías a Trujillo Pérdida de las mismas Nuevo comercio en cl golfo Dulc
APÉNDICE
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- XI -
Estado de Providencia a mi regreso y de las fuerzas listas para
partir, expedición de Ferrari al desaguadero del río San Juan en
Nicaragua. Partida de la división para el Chocó. Rendición en
Candelaria de una flotilla española. marcha por el Atrato y derrota
de los españoles en el fuerte. Combate de Nóvita. Retirada de
Morales. Ferrari es enviado como comandante del fuerte de
Providencia. Entrada de la división en el Valle del Cauca. Travesía
del Quindío y descenso por el Magdalena hasta Honda. Mi partida a
Santafé y retorno a Providencia por el Chocó. La Flota parte para
Tolú y se concentra en Sabanilla con los colombianos, con los
cuales se toma a Santa Marta.
(De la página 270 a la página 296)
Encontré a providencia muy distinta de lo que la había dejado,
ya que se había formado una pequeña ciudad con el nombre de
Isabela, donde vivían las mujeres que todos los oficiales del mar y
de tierra se habían buscado en Jamaica y santo Domingo, todas
mulatas, jóvenes y bien presentadas
(1). El
cuartel general había sido trasladado a una colina que miraba al
puerto y que daba sobre la ciudad. Se habían hecho una iglesia y un
hospital y todo estaba construido con casas de madera de un solo
piso, mandadas traer expresamente de los Estados Unidos en piezas
que se ensamblan entre sí, de modo que en pocos días quedaba hecha
una habitación hermosa y cómoda donde antes todo era desierto. El
fuerte Libertad estaba terminado y mucho había cooperado a ello el
comandante Ferrari, que estaba allí de guarnición con su batallón.
Un cuerpo de guías con buenos caballos formaba un pequeño escuadrón
al mando del Coronel Marcelin. Otros dos batallones de tropas bien
organizadas se hallaban en los Campos Americanos bajo las órdenes
de Cambassades y Garbons. Una compañía de cañoneros y otra de
obreros y de escolta formaban el cuerpo de artillería, comandado
por el coronel Valy, y todos los habitantes y artesanos, que habían
acudido en gran número a este establecimiento, formaban compañías
nacionales bajo las inmediatas órdenes del comandante de la plaza
coronel Grenier. La marina estaba toda bien armada y equipada y
constaba de la corbeta el Congreso, los bricks Marte, Tribuno,
Espartano, Neptuno, Amazonas y Belona, de la goleta La Guerrera, el
Cazador, la Atrevida, la Falucha, la Serpiente y el bote el
Terrible, divididos en dos escuadras bajo las órdenes de los
comandantes Courtois y Henry
(2)
; el jefe de Estado
Mayor para la marina era Dowater. Todo estaba ,listo para partir,
pero enterados de las dificultades que se encontraban en la
navegación del Atrato, tanto a causa de las continuas lluvias y mal
clima como por la longitud y rapidez del río, se decidió conseguir
las canoas necesarias para no desguarnecer de sus esquifes y
chalupas a los barcos de guerra, y para no exponer a fatigas
insoportables a nuestros marineros y soldados se determinó
conseguir indios sujetos a los españoles y prácticos en semejante
navegación. De hecho se ordenó inmediatamente una expedición sobre
el río San Juan de Nicaragua, dicho el Desaguadero, para tomar allí
lo necesario
(3)
.
El comandante Courtois partió con tres barcos y Ferrari con su
batallón. Llevaban en su compañía la pequeña goleta inglesa que me
había conducido al Darién, la que sirvió mucho en esta operación,
ya que Ferrari disfrazado con veinte hombres se metió con ella en
el puerto que forma la desembocadura del Desaguadero, con la
bandera inglesa. Un sargento vino a bordo con tres hombres y al
momento se apoderaron de ellos y Ferrari, con doce hombres bien
decididos y con el sargento, se dirigió a tierra en la lancha de la
goleta, hacia el punto donde estaba el puesto de guardia de la
vigía, la cual, viendo venir a su sargento y no sospechando por
otra parte nada de un pequeño barco mercante inglés, creyó que eran
el capitán y los marineros que venían a tierra, de modo que sin
tomar las armas corrieron todos a la playa, curiosos de saber
noticias, donde, saltando de improviso a tierra con las armas
escondidas, los amenazaron de muerte si se movían. Sorprendidos en
esta forma no pudieron huir y fueron enviados a bordo prisioneros
en número de veinte. Hacia la tarde llegaron al puerto los' dos
barcos de guerra comandados por Courtois y a la mañana siguiente,
con las mismas piraguas de la vigía y las lanchas de los barcos, se
dirigió Ferrari con sus soldados hacia una segunda vigía diez
millas río arriba. Penosa fue la navegación porque debían subir
contra una impetuosa corriente, por lo que se empleó todo el día y
una parte de la noche. Esperaron en un bosque vecino devorados por
los insectos, que aquí abundan como en el Atrato, y al despuntar el
día sorprendieron a los españoles y se apoderaron de todo el
puesto, formado por un oficial, treinta soldados y muchas canoas.
Habiendo obtenido mi compañero las informaciones necesarias y
puesto en seguridad a los prisioneros, a los que envió amarrados a
bordo de los barcos, con los guías de este mismo puesto avanzó más
de quince millas hasta la última vigía, comandada por un capitán
con cincuenta hombres. Navegó diligentemente todo el día y la
noche, llevando siempre a buena distancia por delante una pequeña
piragua para descubrir a los que pudieran descender, y antes de que
amaneciera la encontró, es más, había pasado adelante de la vigía,
de lo que se dio cuenta solo por la mañana al sonido de los
tambores que tocaban la diana. Atravesó al, momento el río y a
favor de la corriente se precipitó sobre ellos en el momento en que
pasaban lista. La sorpresa fue tan grande que no tuvieron tiempo de
hacer fuego y quedaron todos prisioneros. Sorprendidos con tan
'buena fortuna estos puestos avanzados, hubiera podido también
intentar la captura del fuerte de San Carlos, que distaba poco más
de veinte millas, pero allí había altos muros, buena artillería y
mucha guarnición, por lo que le pareció a Ferrari que ya había
ultrapasado las instrucciones y descendió el río con una gran
cantidad de canoas que encontró en todos aquellos puestos y
desviando por un ramal del río entre la segunda y la tercera vigía,
navegó durante medio día y llegó a una población indígena, cuyos
habitantes se dieron a la fuga dejando unos. pocos prisioneros, los
cuales condujo consigo junto con todas las canoas de aquella
población. Regresó cargado con todas estas pequeñas embarcaciones y
con más de cien prisioneros. Las primeras se cargaron sobre los
barcos una sobre otra y algunas se llevaron a remolque, con lo que
los barcos quedaron tan ocupados que nadie se podía mover. También
los prisioneros fueron embarcados y se hizo a la vela para
Providencia, donde fueron acogidos con gran júbilo y alegría.
Mientras se realizaba esta hermosa operación en el río San Juan,
una goleta se dirigía a toda vela a Jamaica para dar cuenta al
ministro de mi misión, de las medidas que habían sido tomadas por
el general para poder ejecutar su encargo y de que solo se esperaba
su aprobación, que no tardó en llegar, ratificando en todas su
partes las acertadas disposiciones del general en jefe, quien por
una orden del día anunció nuestra entrada en campaña y sobre el
continente de la nueva República de Colombia
(3 bis)
. Los
obreros de todos los barcos trabajaban e instalaban pequeños
cañones en las proas de las canoas más grandes, que fueron
distribuidas entre los diferentes barcos, en los cuales se cargaron
provisiones de guerra y de boca. Se distribuyeron también entre
ellos los prisioneros y los soldados de la división, todos menos
una pequeña guarnición que quedó en la isla con el gobernador
Faiquer y el coronel Grenier, dejando también en tierra los
caballos, a los que no había modo de conducir por el río Atrato.
Entre los gritos de júbilo de los soldados y marineros y las salvas
de artillería dé los fuertes y de los barcos, a velas llenas, salió
la hermosa división, que iba con el ansia de batirse con el
enemigo. En pocos días llegamos al golfo del Darién y procuramos
entrar de noche para no ser vistos. La flota ancló entre la isla de
Oro
(4)
y la costa india, deshabitada y
cubierta de espesas selvas, donde la vigía no nos podía divisar.
Apenas amaneció bajé con una piragua al río Titumate, donde
habitaba un indio conocido mío, el cual me informó que hacía dos
días que muchos pequeños barcos españoles habían entrado en la
bahía de Candelaria y que creía se dirigían sobre Citará. A esta
noticia lo conduje conmigo a donde el general, el cual me ordenó
dirigirme con 20 hombres escogidos de buena voluntad para que me
apoderara de la vigía misma y que al alba del día siguiente
atacaría él a los españoles; en efecto partí inmediatamente
costeando siempre la larga isla, porque en e] Atrato no se puede
navegar y entrar sino por el brazo de Barbacoas
(5)
. Después de almuerzo me detuve porque
descubrí la flotilla española anclada en la bahía de la Candelaria
y al oscurecer pasé a lo largo de ella y entré en el brazo de
Barbacoas. El fuego me indicaba el lugar de la vigía, la oscuridad
y la lluvia me ayudaron enormemente, de modo que desembarcando
silenciosamente en la pequeña isla, detuve al centinela y,
colocándome a la puerta del cuerpo de guardia, les declaré que
todos eran mis prisioneros. Los fusiles de los míos prontos a hacer
fuego, la sorpresa y el sueño de la mayor parte, los hicieron
rendirse al momento. Fueron saliendo de dos en dos y a medida que
salían los iban atando con bejucos a los árboles, porque eran
superiores en número a los míos. Por el oficial supe que el general
republicano Valdés se había apoderado de la provincia del Chocó
(6)
y que ahora era gobernada por el
coronel patriota Cancino, por lo cual una expedición enviada de
Cartagena había salido el día antes río arriba para reconquistar el
fuerte y a Citará, y de allí reunirse con Morales, quien desde las
montañas de Popayán debía bajar y expulsar a los republicanos de
toda la provincia y de todo el valle del Cauca
(7)
. Quedé sorprendido con esta noticia y
me di cuenta de lo interesante que era mi posición para que no
pudiese llegar ningún aviso a los españoles, pero temía por el poco
número de los míos; sin embargo me fiaba del pequeño cañón de mi
canoa, del cual, puesto en tierra, esperaba una gran ventaja en
caso necesario. Advertí a los prisioneros que al primero que se
moviese del lugar donde estaba o tratase 'de huir serían todos
pasados a la bayoneta. Al primer resplandor del alba hice sonar la
diana española como de costumbre, la que fue repetida por los
barcos enemigos y por un tiro de cañón, y todo esto anunció a Aury
el lugar en donde estábamos anclados. Este dividió los barcos en
tres columnas y con un viento fresco y favorable rodeó desde lejos
la Candelaria. La sorpresa de los españoles fue pues completa;
querían defenderse y se confundían, de modo que a los primeros
golpes de cañón todos se arrojaron a los botes para salvarse en la
vigía. Pero el general, que había previsto esta fuga, hizo señas a
los barcos más ligeros para que les cortaran la retirada y,
viéndose perdidos, se entraron por un brazo del Atrato donde
quedaron encallados en la arena. Algunos llegaron a la vigía, pero
recibidos con disparos de cañón y con un fuego vivo, izaron
pañuelos blancos y se rindieron a una goleta que los perseguía. Ni
uno siquiera se salvó para dar la noticia de su derrota y de
nuestra llegada, ni a Cartagena ni a los que estaban en el Atrato.
Algunos habían huido a las pequeñas islas que forma el río, pero
privados de embarcaciones vinieron por si mismos a rendirse. Seis
goletas y un brick formaban la pequeña flotilla española, bien
armada y provista de víveres, pero con pocos marineros. La vigía
parecía un arsenal, ya que se estaban acomodando las canoas con
pequeñas cabañas cubiertas de hojas de ranchera que buscábamos en
la otra orilla; de modo que al día siguiente todo estaba listo con
víveres, pequeños cañones y las necesarias municiones; éramos
seiscientos hombres de desembarco y cien prisioneros de Nicaragua
para conducir las cuarenta canoas, diez de ellas amadas con
pequeñas piezas de artillería. Se dividió todo en tres columnas,
una a órdenes de Ferrari, otra a las de VaIz y la otra a las de
Marcelin; yo con unas canoas pequeñas y ligeras iba de vanguardia y
servía de guía principal. Como práctico del río iba a buena
distancia de la división para descubrir antes que ellos al enemigo.
Los marineros quedaron de guardia en la vigía y, puestos a buen
recaudo los prisioneros españoles y asegurados los barcos con doble
anda, se armaron de paciencia en este lugar de soledad y de lluvia;
mantenían sin embargo un barco de atalaya en la isla del Oro y otro
en la otra orilla del golfo, para no ser sorprendidos en la misma
forma en que ellos habían sorprendido a los españoles. La lluvia,
los truenos, el zumbido de los insectos, los chillidos de los
animales y de las fieras, fueron la música que no cesó un minuto
durante ocho largos días. Me apoderé sin estrépito de la segunda
vigía, porque estaba al tanto del santo y seña, que había
encontrado en la primera. Así al noveno día nos acercamos al
fuerte, donde sentíamos disparos de cañón de una violencia
desacostumbrada. Habiendo llegado finalmente a una vuelta desde
donde se podía observar el fuerte y a los españoles, subimos con el
general a un árbol y observamos con los anteojos de larga vista las
posiciones de los españoles, que estaban sobre la orilla derecha, a
un tiro de cañón del fuerte, con cuatro lanchas cañoneras armadas
con piezas de grueso calibre, con las que trataban de llenar de
pavor a los inexpertos cañoneros republicanos, quienes con un fuego
no muy vivo y mal dirigido respondían al enemigo. Se decidió
esperar hasta el día siguiente al amanecer para atacarlos, porque
la oscuridad de la no, che podía volver fatal para nosotros la
sorpresa que se les debía dar a los españoles por la espalda.
Caminamos en silencio durante la noche y cuando creí que estábamos
cerca del enemigo (que por temor no tenía ningún fuego encendido
que pudiese servir de señal del acampamento) me detuve y fui
alcanzado por el general con toda la división. Aquí esperamos
pacientemente hasta la llegada del alba, que fue anunciada con
cuatro tiros de cañón y con una bellísima diana.
Entonces todas nuestras canoas se movieron a toda marcha, sin
temor de ser vistas por el enemigo, porque una densa niebla, común
en estos lugares, las envolvían en su oscuridad. No habían
alcanzado a terminar su diana cuando nosotros comenzamos la nuestra
al son de cañones y de mosquetería, saltando inmediatamente a
tierra y persiguiendo por todas partes al enemigo, el cual opuso
resistencia, pero no pudo salvar la vida, que le fue negada por
nuestros soldados sedientos de sangre y enardecidos por una
contienda de solo media hora. Pocos fueron los sobrevivientes y
ninguno pudo huir, porque aquellos solitarios e intransitables
bosques no dejaban y los grandes pantanos no lo permitían. Esta
sorpresa fue honrosa para Aury, en cuanto libraba la provincia del
Chocó doblemente invadida por las tropas españolas, ya que el
general Morales
(8)
, que se había refugiado en los Andes e
impedía el paso para Popayán, descendió imprevistamente de los
montes y en la noche sorprendió a los republicanos comandados por
el general Valdés, acuartelado en Cali y en sus cercanías. Su
bajada fue como la de un torrente que se precipita de las montañas
y viene a inundar las llanuras. En la misma forma Morales invadió y
saqueó todo el valle del Cauca y, como no debía ignorar que las
tropas de Cartagena se dirigirían al Chocó, por la vía de Anserma
se apoderó de Nóvita y estaba para caer sobre Citará, cuando el
coronel Cancino, gobernador de esta ciudad, se dirigió con todas
sus fuerzas al istmo de San Juan (9) para disputarle el paso. En
este punto estaban las cosas cuando nosotros libertamos el fuerte y
dejamos encerrados en él a los pocos sobrevivientes españoles, que
pertenecían al regimiento de León comandado por Muñoz, y nos
pusimos prontamente en marcha hacia la capital que nos acogió con
gran fiesta y júbilo. No descansamos sino esa noche y al asomar el
alba seguimos la marcha por el río Quibdó y con nuevos indios
navegamos día y noche para llegar a tiempo de socorrer al coronel
Cancino, que tenía noticia de nuestra marcha y nos espetaba con
impaciencia.
Infinitas fueron las gracias que le dio a Aury y le aseguró que
sin su venida hubiera estado a punto de perder la provincia que le
había sido confiada. En efecto, el haberse sostenido en el fuerte
de Citará no fue obra de los negros que lo guarnecían, sino de la
resolución de un oficial piamontés llamado Salogal
(9
bis)
, que apuntaba él mismo las piezas e inspiraba
coraje con su sangre fría a los que más temor tenían; seguramente
si nos hubiéramos demorado un día más, probablemente este intrépido
oficial hubiera sido víctima de su coraje, porque no había ninguno
que lo secundara. Inmediatamente Aury y Cancino determinaron correr
sobre Nóvita y atacar a Morales. En efecto, se embarcaron todas las
tropas, descendimos por el San Juan y remontamos día y noche el
Tamaná
(10)
hasta pocas millas antes de Nóvita, en
donde desembarcó Cancino Con los suyos de madrugada y por senderos
y derrumbaderos se dirigió a lo alto de un monte a espaldas de
Nóvita, mientras que todas las piraguas comandadas por Aury
deberían hacerse ver en la orilla opuesta, por el caserío de la
Bodega, pasar adelante y hacer creer al enemigo que se quería
desembarcar por la parte de arriba. En efecto las tropas estaban
parte en la playa, parte sobre la montaña de Nóvita. Sin disparar
un solo tiro, antes recibiendo los del enemigo, pasamos velozmente
por frente a la Bodega amagando atravesar el río. El enemigo, que
creyó que allí iban todas las fuerzas, bajó del monte y vino sobre
la playa y los que la guardaban avanzaron a lo largo del río para
impedir el desembarco. Pero habiéndolos dejado correr en esta forma
más de una milla, de repente se oyó la fusilería que hacía el
coronel Cancino sobre los españoles, con lo que repentinamente nos
lanzamos al descenso, siguiendo la corriente que nos llevó en un
momento a tierra en la orilla opuesta. Terrible hubiera sido el
primer encuentro si los enemigos hubieran estado allí bien
organizados para recibirnos; pero andaban como a la desbandada
corriendo por aquellas ríspidas y boscosas orillas. Apenas
descendían se organizaban los nuestros en columnas y con increíble
disciplina avanzaban sobre el enemigo, él cual llenó de terror al
encontrarse entre dos fuegos, se dirigió inmediatamente a una
colina para no ser sacrificado sobre la playa. Ejecutaron
rápidamente esta maniobra, porque si hubieran tardado un solos
instante, estaban seguros de que una columna de los nuestros la
hubiese ocupado y entonces no hubieran tenido modo de retirarse. La
posición era inatacable, de manera que nosotros, dueños del caserío
y de la ciudad, acampamos a las faldas del montecillo en el que
estaba desplegado el enemigo. En la noche se avanzaron algunas
columnas para ocupar las posiciones que lo dominaban, pero él se
batió en retirada y se dirigió al lugar llamado Juntas. Lo
perseguimos en seguida, pero con aquellas precauciones que
requerían los montes, bosques e intrincados senderos de aquel
camino, así que empleamos varios días y le dimos tiempo de
fortificarse en Juntas. Había dejado descubierto el lugar y se
había atrincherado en la orilla opuesta que queda cerca, entre esta
y un brazo del río, protegida la izquierda por un bosque
impenetrable, de modo que además de las trincheras su línea estaba
protegida por el río. Apenas llegamos al lugar se examinó la
posición del enemigo y al día siguiente al despuntar el alba se
pasó inmediatamente el río por cuatro puntos aunque el agua nos
llegaba hasta el pecho. El fuego del enemigo era vivo y los
nuestros marchaban por entre el agua sin responder, resueltos a
Vencer. Una vez llegados a la playa el fuego se redobló, pero los
nuestros, que soportaban mal la fusilería enemiga, se arrojaron
como tigres sobre las trincheras, que en momento fueron nuestras.
El enemigo se retiró en buen orden y lo favorecía en su retirada un
terreno montañoso, lleno de precipicios, cubierto de horribles
selvas que se vuelven impracticables por la gran cantidad de
bejucos. Los perseguimos hasta la cima de un monte, pero para subir
a otro que lo dominaba no habla otro medio que un camino bordeado
por horrendos precipicios que infunden temor. Colocado militarmente
el enemigo en el acceso superior de este monte podía solo con
piedras impedir a cualquier ejército pasar adelante. Por
consiguiente tuvimos que contentarnos con acampar y fortificamos en
los alrededores para esperar que con el tiempo se retirara. Fue
aquí donde nos llegó la noticia, traída por un chasqui, o sea por
un expreso, de que en La Habana se preparaba una expedición para
apoderarse de la isla de Providencia. Los despachos eran del
ministro, que pedía que se enviasen inmediatamente refuerzos a
aquel establecimiento para no perderlo. Aury creyó que no podía
confiar mejor la defensa de aquel importante lugar que a mi
compañero Ferrari, al cual se le dio orden de retroceder a
Providencia inmediatamente con toda la flota y con su batallón, que
había sufrido más que los otros. por causa del clima, de los
insectos y de las incomodidades. Debía tomar el mando del fuerte
principal llamado Libertad y se le nombró también vice-gobernador
militar. Provisto de las instrucciones necesarias partió hacia
nuestro importante baluarte. No se pensó entre tanto en enviar una
columna por el camino de San Agustín para que atravesase los Andes
y viniese por Roldanillo
(11)
y el Hato de León
sobre Anserma y de allí tomase al enemigo por la espalda, y esto a
causa de que los españoles ocupaban con sus fuerzas todos aquellos
lugares y tenían una buena guarnición en Cartago. Finalmente el
enemigo se retiró y solo en Anserma se tuvo un encuentro de
vanguardia en el que llevó la peor parte el enemigo y que le
arrebato de las manos la ciudad, que fue entregada a las llamas por
los ensañados españoles. El general Morales hizo pasar a una parte
de sus tropas el río Cauca y tomó la orilla derecha, mientras que
en la izquierda retenía el camino para Hato de León. Se detuvieron
allí y en Naranjos
(12)
y Roldanillo,
mientras los españoles que estaban en Cartago por orden de Morales
se retiraron sobre aquellas poblaciones. Nosotros nos establecimos
en Cartago y el coronel Cancino en Anserma
(13)
. No
se podían encontrar caballos para hacer montar a nuestros lanceros
y al estado mayor, porque Morales los había requisado todos y
enviado a Cali. Era necesario pues atenerse a los refuerzos de
Ibagué
(14)
, a donde se había retirado Valdés con
su ejército, porque nosotros éramos un puñado de gentes en
proporción a las fuerzas de Morales, reunidas todas en torno a
Roldanillo, y no teníamos otra esperanza qué arrojarnos sobre la
Balsa [hoy Alcalá], en las montañas, y el coronel Cancino sobre el
mismo lugar abandonado por el enemigo, al lado de acá de Juntas.
Entre tanto Valdés, después de reunir su división, descendía del
páramo del Quindío para -tomar la ofensiva y se unía a Aury, que a
una con Cancino perseguía al enemigo, y le presentaba batalla en
los hermosos llanos de Naranjos, pero éste lo evitó diestramente y
en plena retirada se dirigió a Popayán
(15)
mientras Valdés se establecía con su cuartel general en Cali
(16). Nosotros quedamos divididos entre
Roldanillo, Naranjos, Cajamarca, Hato de León, Anserma y Cartago.
Cancino se retiró por Nóvita al Citará. Nuevos cuerpos vinieron a
reforzar a Valdés, de modo que el número de sus fuerzas subió a
cinco mil hombres. Nosotros nos reunimos después todos en Cartago y
aguardábamos con impaciencia las nuevas disposiciones que se
esperaban de Santafe para conocer el objetivo de nuestra campaña.
Entonces se recibieron despachos del Vice-Presidente Santander en
que se nos ordenaba marchar sobre Honda para reunirnos allí
con el ejército que debía descender por el río Magdalena a
Cartagena.
Emprendimos la fatigosa marcha por el páramo del Quindío
(17)
y al llegar a Ibagué descansamos un
día, de allí proseguimos por Piedras
(18)
y en
Guataquí
(19)
se empezaron a hacer balsas con
gruesos árboles, sirviéndonos principalmente, de cañas de guadua
(20)
y del árbol de cumacá, muy ligero y
fácil para trabajar. Varios indios expertos iban en las balsas,
cada una con capacidad para tres personas. Provistos de escasas
provisiones descendimos por el Magdalena, y es sorprendente la
manera con que estos indios saben evitar con sus largos palos los
escollos que se encuentran, los árboles derribados sobre las
orillas o los que son arrastrados por la corriente. Estas balsas
están formadas por un piso de cañas gruesas, parecidas a nuestros
álamos, amarradas con fuertes bejucos y aseguradas con otras
atravesadas. Sobre este se forma otro piso del árbol cumacá bien
unido y despojado de todas sus ramas y amarrado con bejucos, que se
aseguran también con otros árboles atravesados; finalmente otro
piso de cañas termina la balsa; en ellas iban todos los soldados
menos el general y su estado mayor que iban en una canoa grande.
Encontramos varias cascadas de más de diez pies de altura
(21)
, en donde los indios procuraban
dirigir la balsa hacia tierra y apenas podían acercarse saltaban a
ella y con cuerdas retenían la balsa para que no cayese en el
precipicio. Una vez que todos los soldados habían desembarcado,
algunos indios pasaban a la parte inferior de la catarata mientras
los otros soltaban las cuerdas y dejaban las balsas a merced de la
corriente, en cuyas aguas se precipitaban, mientras que los otros
indios nadando rápidamente las rescataban y tirando de las cuerdas
las arrastraban a tierra, o bien montaban sobre ellas y procuraban
con sus palos tomar tierra. Esta maniobra se hacia rápidamente de
modo que apenas daban materialmente tiempo a la tropa para pasar,
de piedra en piedra y a través del precipicio, al otro lado de la
cascada. En esta forma navegaban unos cuatrocientos hombres, que
por su coraje valían por cuatro mil, conducidos por el intrépido
Aury. Cuando llegamos a Honda encontró Aury una orden para que
enviara un oficial a Santafé a recibir instrucciones y llevarlas a
Providencia, para que toda la flota de Buenos Aires se dirigiese a
Cartagena. Inmediatamente me fue ordenado que me dirigiera a
Santafé por la vía de Serrezuela
(22)
; esta
montaña tiene un hermoso camino, ya que era la que más frecuentaban
los negociantes que de Cartagena iban a Santafé. Montando a caballo
durante cuatro días seguidos fui subiendo hasta Zipaquirá
(22
bis)
, donde esperaba encontrar una fuerte bajada, pero
se me presentó delante la dilatada sabana de Santafé y por una
lápida colocada en el camino supe que este altiplano tiene 1.400
toesas sobre el nivel del mar, más alto que nuestro paso de Mont
Cenis. Cuando llegué a Santafé recibí orden de tomar la vía de
Ibagué, Anserma, Nóvita y Citará y dirigirme al golfo del Darién,
para pasar de allí a Providencia, tomar a todos los hombres que
hubiera allí disponibles, venir con toda la flota sobre Tolú, tomar
la plaza, destacar una patrulla de reconocimiento hasta el
Magdalena para obtener información sobre las fuerzas que debían
descender desde Honda
(23)
y, en caso de que
aquellas fuerzas no hubieran llegado, sostenerme en Tolú para,
apenas tuviera conocimiento de la liberación del Magdalena, venir
con la flota frente a la entrada del puerto de Sabanilla. Provisto
de las órdenes necesarias partí al instante y al llegar a la bahía
de Candelaria tomé una de las naves correo, de las dos nuestras que
estacionábamos siempre allí para llevar y traer órdenes a la isla
de Providencia. Me dirigí a Mangles y San Andrés para retirar las
guarniciones que había allí y así pude hacer llegar aviso a mi
compañero de mi arribo inminente. En efecto fue un consuelo para
los dos volvernos a abrazar. Aquí supe que efectivamente los
españoles habían hecho circular ciertamente la voz, pero que nunca
se habían preparado para la supuesta expedición, como lo aseguraban
las últimas cartas del ministro.
Así pude tomar conmigo con más tranquilidad todos los hombres
disponibles, junto con el mismo Ferrari, y habiéndonos embarcado
con la división nos hicimos a la vela para nuestro destino. Nos
acercábamos a Tolú cuando supimos, por un barco inglés, que los
republicanos habían tomado a Sabanilla desde hacia algún tiempo; de
modo que nos dirigimos inmediatamente hacia aquella parte pasando
por delante de Cartagena. De hecho nos encontramos en Galerazamba
(24)
toda la flota de Brión y allí se nos
notificó que según las órdenes de Bolívar el coronel Montilla
esperaba en la Margarita a la división del general Devreux, que
debía venir de Londres para actuar sobre las costas de la Nueva
Granada. En efecto, apenas llegado allá tuvo que partir, aunque no
estaba el general porque se había quedado en Jamaica. Desembarcó
pues con Brión y después de tomar a Riohacha en la provincia de
Santa Marta, siguiendo las instrucciones marchó inmediatamente por
el valle de Upar para unirse con una columna que debía venir de
Ocaña. Pero habiendo llegado Montilla cerca de la ciudad de los
Reyes sin encontrar ninguna columna de republicanos y habiendo
sabido en cambio que las tropas de Cartagena y Santa Marta se
habían unido para cortarle la retirada sobre Riohacha, tuvo que
replegarse inmediatamente sobre esta plaza, a donde llegó al mismo
tiempo que el enemigo, el cual se dispuso inmediatamente a
bloquearía. Era necesario hacer una salida al día siguiente para
batirlo y expulsarlo, pero los ingleses se negaron exigiendo que
antes se les pagara no solo por todo el tiempo que habían servido
sino también los veinte escudos por cabeza que se les habían
prometido en Londres como gratificación, pagadera en el momento en
que pusieran el pie en el continente americano. A causa de este
incidente el coronel Montilla salió de la plaza con trescientos
margariteños y otros tantos marineros y batió al enemigo, que a
pesar de todo no quería abandonar la posición. Al día siguiente se
resolvió pagarles, pero como no había dinero, se usó de una
estratagema que en aquel momento era el mal menor. Se reunió a los
ochocientos ingleses desarmados en la plaza del Castillo, los
margariteños se apoderaron inmediatamente de sus armas e
incontinenti Montilla ordenó que se embarcaran en algunos barcos
mercantes ingleses y americanos que estaban en el puerto, quienes
tuvieron que transportarlos inmediatamente a Jamaica. Hacía pocos
días que estos fascinerosos habían partido, cuando llegó el general
Devreux y, donde esperaba encontrar un comando, se halló privado
hasta de los hombres que él había conducido desde Londres, de modo
que de jefe vino a quedar simplemente agregado a la columna de
Montilla para poder subsistir, ya que Montilla, no pudiendo
conservar más tiempo la plaza, se embarcó y con la división de
Brión se hizo a la vela hacia el. río Magdalena. Habiendo llegado
al puerto de Sabanilla, este hizo desembarcar a sus trescientos
soldados y con ellos se acercó a un reducto que protegía la rada
y
los españoles que debían defenderlo se dieron a la
fuga. Marchó sobre Barranquilla, ciudad distante cinco leguas,
donde fue recibido con grandes aclamaciones y todos los hombres
empuñaron las mismas armas que se habían tomado a los soldados
ingleses. La población de los pueblos vecinos se sublevó en masa,
de modo que los españoles no se atrevían a salir de Cartagena,
cuando en Tenerife
(25)
, sobre el Magdalena,
tuvo lugar una batalla decisiva, que hizo perder a los españoles
todas sus flecheras, o sea las embarcaciones armadas del río
Magdalena, y las tropas que estaban sobre la playa fueron
destrozadas. La victoria se debió más al valor de todos que a las
buenas disposiciones del general Ulanetta
(26)
, a
cuyas órdenes comandaba Aury su pequeña división. Con este hecho
quedó libre la navegación del Magdalena en el mismo momento en que
nosotros comparecíamos delante de Sabanilla. Habiendo bajado yo a
tierra y dirigídome a Barranquilla, encontré al general, quien me
dio orden de embarcar nuestras tropas y tener la división lista
para darse a la vela. En efecto él mismo vino a bordo y nos
dirigimos todos delante de Cartagena para impedir que pudiese
entrar algún barco llevando víveres. Lo mismo hizo la flota de
Brión, y así sosteníamos por mar un cerco estrechísimo mientras que
Bolívar, que había venido de Santafé por el Magdalena, bloqueaba
por tierra, estableciendo el cuartel general del coronel Montilla,
quien debía comandar el sitio, en la ciudad de Turbaco
(27)
. Hecho esto volvió a partir hacia
Ocaña y de allí se dirigió a Mérida, conquistada desde hacía mucho
tiempo por el ejército de Cúcuta comandado por el general Urdaneta,
que había tomado también a Trujillo y Gibraltar. En esta última
ciudad se formaba una división para atravesar el lago y dirigirse a
Maracaibo. Habiendo llegado Bolívar allí encontró que la división
ya habla partido para la orilla opuesta, y en consecuencia,
encontrándose dueño de Venezuela, entró en la provincia de Caracas,
la única que le quedaba a Morillo, porque las de Cumaná y Barcelona
(28)
habían sido invadidas por los
generales Soublette y Bermúdez y sostenidas por la flota comandada
por el general Arismendi que conservaba a Angostura, y los llanos
estaban todos en poder de Páez que se hallaba en la ciudad de' San
Carlos. El interior estaba completamente libre y solo quedaba
Morales en 'las montañas de Popayán impidiendo el paso para Pasto y
la provincia de Quito. Todas las plazas fuertes y los puertos
principales estaban en poder de los españoles, como Puerto Cabello,
Cartagena
(29)
, Santa Marta, Maracaibo, Portobelo,
Chagres y Panamá; pero había quien estrechaba para la pronta
rendición de todas ellas. Entre tanto nosotros habíamos recibido
orden de desembarcar cerca del fuerte de Bocachica en la bahía de
Cartagena y de establecernos allí para cortar la comunicación por
tierra con la ciudad, mientras que el bravo coronel Padilla
(30)
con numerosas flecheras se introducía
de noche por un estrecho canal a la gran bahía cartagenera y se
unía a nosotros para poder tener comunicación con las tropas de
Montilla situadas al otro lado. Las dos escuadras de Colombia y
Buenos Aires bloqueaban estrechamente el puerto cuando un día llegó
la orden de tomar inmediatamente a Santa Marta, por lo cual se
envió una columna comandada por el coronel Carrero para que diera
un rodeo a través de la laguna llamada la ciénaga, mientras el
coronel Padilla debía forzar la misma laguna, al mismo tiempo que
nosotros estaríamos desembarcando con Brión sobre la playa y así
atacar por tres puntos la plaza de Ciénaga, muy fortificada por su
posición en medio del agua y por un fuerte de tierra con foso y
palizada situado en medio de una llanura arenosa. Nos reembarcamos
y muy temprano llegamos delante de Ciénaga, mientras Padilla rompía
los palos que habían sido colocados a la entrada del lago y
arrojándose con los suyos en un pantano corría sobre los cañones
enemigos y los tomaba a viva fuerza; nosotros desembarcamos después
de haber cañoneado la playa, entre repetidos gritos y redobles de
tambor, y no obstante la fusilería enemiga poníamos pie a tierra en
el mismo momento en que el coronel Carrero irrumpía del bosque y
desembarazándose del enemigo que tenía delante, ocupaba la llanura.
Estuvo tan bien combinado el movimiento de los dos coroneles
Carrero y Padilla, que entre los dos tomaron el fuerte y nosotros
llegamos detrás de ellos
(31)
. Inmediatamente todas
las tropas marcharon sobre Santa Marta y Brión con las dos
escuadras se presentó delante del puerto y lo forzó a capitular.
Nosotros llegamos al día siguiente y encontramos a Brión dueño ya
de la ciudad sin haber probado el fuego enemigo. Aury estaba con
las tropas de tierra y recibimos los honores debidos a los
vencedores. Al día siguiente llegó el coronel Montilla y estableció
en esta ciudad su cuartel general. La flota de Brión fue enviada a
continuar el bloqueo y nosotros nos quedamos en Santa Marta y una
parte en Sabanilla.
No tardó mucho en llegar la noticia por el Magdalena a Santafé y
pronto se recibió la promoción de generales para los coroneles
Montilla, Carrero y Padilla, concedida por Santander. El primero
como jefe del bloqueo y de la provincia de Cartagena, el segundo
con el mando de la provincia de Santa Marta y el tercero con el
comando en jefe de la flotilla del río Magdalena. De nuestra
división y de Aury no se hablaba) por lo que resentido éste se
resolvió a marchar a Santafé para hablar con Santander, pues
consideraba que por los servicios prestados hasta entonces se le
debía conceder al menos la Orden de los Libertadores de
Cundinamarca
(32)
, y que, por cuanto hasta entonces sus
soldados y su flota habían actuado en favor de la república, debían
tener algún derecho al reconocimiento público y ser mencionados en
los boletines oficiales y en las órdenes del día, que nunca
hablaban de nosotros como si no existiéramos.
N. B. Todo esto se deduce de la hoja de servicios y del
pasaporte recibido del mismo Santander para dirigirme a
Providencia, visado en todas las plazas por donde he pasado.
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(1)
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Ya en otra parte había hecho alusión a la costumbre de tener
mujeres provisionales, la cual, más que una costumbre es una señal
de la poca rigidez de costumbres de una población mixta.
Sobre los edificios construidos en Vieja Providencia durante
los cuatro meses de ausencia de Codazzi, véase el mapa trazado por
el mismo.
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(2)
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De Courtois se hace mención en otra parte y es quien queda con
el mando de la flota después de la muerte de Aury; de Henry solo se
hace mención aquí.
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(3)
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El río San Juan es el desaguadero del lago de Nicaragua. Con
una longitud de 224 km., incluyendo la parte en que es afluente del
lago, es interesante desde el punto de vista de sus vicisitudes
como curso de agua. En su desembocadura, en delta, surgía un
puerto, el antiguo San Juan del Norte -hoy Greytown- al fondo de
una laguna bien protegida contra los vientos del lago. Y hasta
mediados del siglo pasado buena era la rada y bueno el ingreso.
Pero la sedimentación del San Juan ha cerrado el ingreso y el
puerto en parte. El actual puerto -Greytown- está un poco al N. de
San Juan del Norte.
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|
(3
bis)
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[Todo lo que aquí relata Codazzi sobre una expedición al mando
personal de Aury por el Chocó y posterior descenso, por el
Magdalena en 1820, carece de comprobación documental que lo
confirme. Nota del traductor].
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(4)
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Es una isla pequeña que surge cerca de la costa occidental del
golfo de Urabá, antes de las bocas del Atrato (y. el mapa de
Codazzi).
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(5)
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Varias islas surgen en la desembocadura del Atrato, formando
varios brazos; Codazzi menciona dos, el de la Candelaria y el de
Barbacoas; este es más oriental y sobre un islote estaba la
vigía.
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(6)
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Son completamente nuevas las noticias que da aquí Codazzi sobre
los diversos movimientos de los ejércitos republicano y español. No
hemos podido confrontarlas con datos oficiales y los libros que
hemos consultado se desentienden de esta empresa del Chocó.
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(7)
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Esta palabra [baje], se refiere aquí al declive que hay desde
las montañas de Popayán hasta las orillas del río Cauca.
[La nota es redundante, pues el profesor Longhena no cayó en la
cuenta de que la palabra italiana baje, que aparece en el
manuscrito de Codazzi, no puede significar otra cosa que una
extraña grafía para nuestra castellanísima palabra valle. Nota del
traductor].
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(8)
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Sobre Morales, de humilde origen, sostenedor de la causa
española (1781-1844) ya se ha hablado. Las noticias que ofrece aquí
Codazzi confirman la interpretación que hemos dado a las palabras
"il baje del Cauca".
[No está por demás repetir que el general realista Francisco Tomás
Morales no actuó por estas fechas en territorio granadino, sino en
Venezuela. En este punto la información de Codazzi está equivocada.
El jefe de las tropas realistas en el Valle del Cauca a fines de
1819 y en 1820 fue el coronel Sebastián de la Calzada. Nota del
traductor].
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(9)
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Se trata del istmo entre el río Quibdó y el San Juan, entre la
Bodega de San Pablo y la de San Juan, que en el viaje precedente,
que había a realizado solo, fue recorrido por Codazzi en un par de
horas. Véase el capítulo 9.
|
|
(9
bis)
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[No hemos podido identificar a este oficial, cuyo apellido sin
duda ha sido mal transcrito por Longhena. Nota del traductor].
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(10)
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El río Tamaná (Codazzi escribe también Timaná) es un afluente
del San Juan por la banda izquierda [Longhena, por una mala
lecturas transcribe siempre Jamaná o Jimaná]. La Bodega a la que se
refiere aquí está un poco más abajo de Nóvita. El pueblo de Juntas
[Longhena, no sabemos por qué, escribe Tres Puntas, nombre que no
aparece en el relato de Codazzi], quedaba ciertamente sobre la
orilla derecha del río, si nos atenemos a la descripción del hecho
de armas. Probablemente es uno de tantos caseríos que no se señalan
en los mapas.
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(11)
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Roldanillo, al occidente del Cauca sobre el flanco de la
Cordillera Occidental, fue un lugar tranquilo donde encontraron
refugio durante la guerra muchas familias de la región del Cauca;
hoy es un lugar de veraneo muy frecuentado.
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(12)
|
Naranjo, a la derecha del Cauca, sobre un afluente de éste,
casi a mitad de camino entre Roldanillo y Cartago [hay
Obando].
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(13)
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Anserma -ciudad de la sal- la primera se levanta donde el Cauca
desaparece entre profundas gargantas, a la izquierda del río, a 850
m. de altura: es Anserma Viejo; Ansermanuevo está cerca de Cartago,
hacia el N.
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(14)
|
Capital del departamento del Tolima, fundada en 1550 por Andrés
López Galarza. Está situada entré los ríos Chipalo y Combeima,
afluentes del Coello, sobre una llanura ligeramente inclinada (y.
Jeografia física i política del Estado del Tolima, Bogotá,
1863).
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(15)
|
Las montañas entre el Cauca y el Magdalena, o sea la Cordillera
Central, en la que se abre el paso del Quindío y donde se elevan
las grandes cimas, el Tolima, etc. Quizá aquí se haga referencia a
las primeras alturas -le baje- que anteceden a la gran cadena.
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(16)
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Capital del departamento del Valle del Cauca, a la derecha del
río [sic] y sobre las últimas laderas de la Cordillera Occidental,
a 1.040 m. de altura. Fue fundada en el mismo año que Popayán
(1536) y es la ciudad más importante del Valle del Cauca por su
comunicación con el Pacífico. En efecto, en 1914 quedó unida a
Buenaventura por medio de un ferrocarril.
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(17)
|
El paso del Quindío tiene una altura de 3.260 m.; el páramo
(paisaje montañoso caracterizado por un peculiar manto vegetal)
está entre los afluentes del Magdalena y del Cauca.
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(18)
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Piedras, está situada en un llano cerca del río Opía, en la vía
de Ibagué a Guataquí. En 1863 tenía 5.575 habitantes. Está a 340 m.
de altura.
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(19)
|
Guataquí, sobre el Magdalena.
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(20)
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Guadua (bambusa guadua), tiene un tronco alto y liso, pero es
flexible y liviana.
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(21)
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Todo el curso del Magdalena abunda en rápidos. Nace en el
altiplano central y tiene en sus cabeceras una soberbia cascada de
100 m., después a través de rápidos desciende gradualmente hasta el
valle.
[Por esta nota y la siguiente sé ve claramente que el profesor
Longhena considera al río Funza o Bogotá como fuente y origen del
Magdalena. Nota del traductor].
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(22)
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Serrezuela es un afluente del río de Bogotá (Magdalena) sobre
la banda derecha y quizá en sus orillas hay una población (no se ha
podido determinar su posición).
El cauce de este río es seguido por el ferrocarril
Bogotá-Facatativá, desde donde varios caminos conducen al
Magdalena. Por consiguiente por Serrezuela pasa la vía de Bogotá a
Cartagena.
[Es de alabar el interés del profesor Longhena en identificar
los nombres y lugares geográficos citados por Codazzi y no es de
extrañar que, dados los escasos medios de consulta de que pudo
disponer, no hubiera acertado muchas veces. Serrezuela no es ningún
río, sino el nombre antiguo del actual municipio de Madrid, en la
sabana de Bogotá, entre esta ciudad y Facatativá. Nota del
traductor].
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(22 bis)
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[sic, debe ser Facatativá. Nota del traductor].
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(23)
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Honda era el punto terminal del camino de Bogotá y en ella
hacían escala, en tiempos pasados, las mercancías provenientes de
Cartagena y destinadas al S. o al SE. Hoy una vía férrea evita los
saltos de Honda y la navegación comienza más abajo, en La Dorada,
donde está el denominado Puerto Bogotá.
La navegación comercial del Magdalena ha desaparecido hace varios
decenios. Hoy el comercio se hace por carretera y por la recién
construida vía férrea La Dorada-Santa Marta. Nota del
traductor].
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(24)
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Está casi a mitad de camino entre Cartagena y Sabanilla (hoy
Puerto Colombia). La bahía está formada por una punta de tierra en
forma de gancho que defiende la ensenada por el norte. Se denomina
Galerazamba a la isla que continúa el saliente continental.
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(25)
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Es una localidad en el curso del bajo Magdalena, sobre la
orilla derecha, arriba de la ciénaga de Sapayán.
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(26)
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De este oficial solo se hace mención aquí y en alguna otra
parte en otro capítulo. El texto de Codazzi dice claramente
Ulanetta. Es un error de Codazzi ¿o se quiere indicar una persona
distinta del general Urdaneta?
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(27)
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Pequeño centro al SE. de Cartagena, sobre el ferrocarril
Calamar-Cartagena.
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(28)
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Dos provincias del NE. de Venezuela sobre la costa.
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(29)
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Cartagena no es un solo puerto sino una serie de puertos. El
que se abre al 5. de la ciudad tiene dividida la entrada en dos por
la isla de Tierrabomba, que determina dos estrechos. El más
angosto, el de Bocachica, está defendido por dos fuertes, el fuerte
San Bernardo al N. [sic; es el castillo de San Fernando de
Bocachica y el de San José al S.
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(30)
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José Padilla, general colombiano nacido en Riohacha en 1778 y
fusilado en Santa Fe de Bogotá en 1828. Se enroló en la marina
libertadora y se encontró siempre en todas las luchas por la
independencia. Defendió en 1815 a Cartagena durante el famoso
asedio que le mereció a la ciudad el título de "heroica", después
se unió a Bolívar y asistió a la caída de Riohacha (1820), derrotó
a Sánchez Lima en la Laguna Salada y venció también en Pueblo
Viejo, La Barra y Ciénaga de Santa Marta.
[La más gloriosa acción naval dirigida por Padilla fue la toma de
Maracaibo el 24 de julio de 1823. Nota del traductor].
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(31)
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Se trata de la batalla a que nos referimos en la nota
precedente en último lugar. La Ciénaga, o Ciénaga de Santa Marta,
es una laguna formada por un brazo derecho del Magdalena.
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(32)
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Es la orden de caballería instituida por Bolívar; el nombre de
Cundinamarca era el de la región donde se fundó Bogotá, nombre que
ha "sido siempre el corazón de Colombia, cuya historia se
identifica con la de la república".
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