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CODAZZI, UN FORJADOR DE LA CULTURA


Hoy van corridos diez años desde que troqué las apacibles labores en mi patria por una vida llena de vicisitudes en tierra extranjera. Creo que ha llegado el momento de llevar a término una obra iniciada en América durante este decenio, y cuyo primer bosquejo tracé en 1874. En los años subsiguientes las circunstancias me fueron propicias para corregirla y aumentarla, especialmente durante el ocio de cinco viajes marítimos. Entre 1872 y 1873 surgieron los primeros impulsos a la ejecución de esta obra, cuya forma actual es la definitiva.
En cuanto a las motivaciones iniciales, he de anotar que quehaceres oficiales durante mi permanencia en el norte de Suramérica, como el comercio de quinas, el monopolio de esmeraldas y la extracción de oro, me indujeron al estudio de Mutis, muy poco conocido. Los pormenores que un hombre como Humboldt trataba en influyentes escritos, llamaron mi atención sobre el hecho de que aún no se hubieran publicado útiles manuscritos, tratados, informes y cartas del gran sabio. El observatorio astronómico de Bogotá, mi ciudad de domicilio, me enseñó a apreciar al infatigable Caldas, muerto a temprana edad, cuya vida y obra apenas si se conocen fuera de Suramérica. Para toda cuestión práctica en que se tratara de itinerarios, proyectos de ferrocarril, situación de los lugares, limites de jurisdicción, de comercio, de territorio del Estado, había que recurrir a las obras de Codazzi.
Parientes y amigos de mis tres personajes, especialmente los hijos de Codazzi, me proporcionaron directamente algunos documentos. Reuní entonces todo cuanto se me presentaba: escritos, tanto privados como oficiales, cartas, cálculos, libros, periódicos, polémicas, informes, planos y mapas.
A principios de 1875 una nueva esfera de actividad reclamó todo mi tiempo y esfuerzos. La urgencia de atender permanentemente mis negocios ocasionó que la labor comenzada en el sosiego quedara suspendida hasta el momento en que vinieron a impulsarla nuevos envíos de mis amigos suramericanos y el estímulo de excepcionales conocedores de ese continente, como Adolfo Bastian, Hermann Karsten, Guillermo Reiss y Alfonso Stübel, o también las diversas relaciones personales y el contacto específico que a diario me brindaba la ciudad más grande de América.
Así, pues, el libro terminado hoy ha surgido muy gradualmente. Guíelo buena estrella, si ha llegado el tiempo de su publicación.
Estas páginas estudian, en forma de tres biografías, sucesos acaecidos en el norte de Suramérica, de 1760 a 1860.
Como quiera que se ha tratado, en primer término, de mover el interés general, de asegurar la relación de lo pequeño con lo grande y de caracterizar el curso de un desarrollo político y social, se han tomado esos acontecimientos en su fuente original y se han investigado adoptando un método crítico.
La falta de esa crítica en muchas publicaciones históricas sobre Suramérica, imponía un regreso a las fuentes, acerca de las cuales dan luz las notas, necesariamente bastante extensas, pues de otra suerte las citas habrían quedado sin base de sustentación. Los errores y falsos conceptos en el juicio general de los respectivos relatos, sólo podían allanarse por medio del texto original, por la crítica e interpretación o mediante otros detalles.
Por lo demás, en manera alguna pretendo que mis materiales estén completos. Sin contar los archivos de Madrid, deben de existir algunos otros, inaccesibles aún para mí, en Bucaramanga, Bogotá, Caracas, Cartagena, Quito y Valencia.
En cada una de las notas se ha resumido, en lo posible, lo referente al respectivo tema, siempre que no predominen cuestiones de importancia excepcional, como el estudio de las quinas, el proceso del canal del istmo, los viajes de Humboldt o el curso mismo de la vida de mis tres héroes.
Los pasajes entre comillas, sin adición posterior, son transcripciones acerca del correspondiente biografiado, traducidas del español, del francés o del italiano, lo más literalmente posible, aunque también abreviadas.
Las biografías se refieren a aquellos detalles que en alguna forma sean característicos de las diferentes épocas, la familia, la amistad, los recuerdos de viaje, las controversias de los eruditos, los proyectos fantásticos, etc.
He creído así dar a conocer justamente la vida y esfuerzos en las regiones tropicales, bajo el gobierno colonial, durante las batallas de la independencia y en la época de la república, y al propio tiempo describir la idiosincrasia de un país y de un pueblo tan extraños al modo de ser de los europeos y norteamericanos.
Me parecen merecidas las palabras dedicadas a las personalidades norte y suramericanas, españolas, alemanas, francesas e inglesas, casi todas poco conocidas hasta la fecha, y que secundaron a las figuras principales de mis tres biografías. Pero entre todas ellas sobresale, en dimensiones gigantescas, y durante más de la mitad del siglo que se analiza, Alejandro de Humboldt como el primero en cuanto a consejo y acción.

Grymes Hill, Staten Island, Nueva York,

7 de marzo de 1882.
HERMANN A. SCHUMACHER.

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