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CODAZZI, LA PRESENCIA DE EUROPA EN EL SUR Y EL CENTRO DE
AMÉRICA EN EL SIGLO XIX
Con la presente biografía de Codazzi termina la traducción de los
Cuadros culturales de la América del Sur de Hermann A. Schumacher,
que éste presentó al trasluz de tres protagonistas, uno solo de los
cuales era nativo de esta tierra colombiana: Francisco fosé de
Caldas, criollo de extraordinarias dotes intelectuales y vocación
hacia las ciencias exactas, físicas y naturales. El primero, en
orden cronológico, de estos personajes de la historia cultural del
país entre los años 1760-1860, era español de pura cepa y, además,
como si fuera poco, realista, partidario incondicional de su
majestad católica y, por añadidura, sacerdote. De esa manera tenía
todo que ganar y nada que perder. El tercero era italiano,
ingeniero militar, soldado de profesión en su juventud, con un
incierto porvenir en su tierra natal.
A principios del siglo XIX, en tanto sobrevenía en Europa un receso
político-militar, en la América española, por el contrario, a causa
de las luchas de independencia, resurgían y tomaban auge las
actividades en que se hermanaban la política y la guerra. Por ese
entonces la bolsa de empleo para los oficiales europeos desocupados
funcionaba en los puertos marítimos de la costa sud-oriental de los
Estados Unidos, especialmente en el de Baltimore. Este era el punto
de partida para lanzarse a otra aventura como combatiente
mercenario, esta vez en el mar Caribe, aquel ámbito geográfico que
antaño dominaran los filibusteros y en donde ahora surgía una nueva
actividad político-militar basada en las flotas corsarias que
trataban de participar en la guerra de independencia que se libraba
en el continente, y las cuales no pocos puntos de semejanza
presentaban con el pasado filibustero.
Cabe preguntarse: ¿por qué escogió Schumacher a estos tres
personajes? ¿Por qué no pensó, por ejemplo, en Sebastián López
Ruiz, el médico criollo nacido en Panamá, acérrimo contrincante de
Mutis, que llevaba todas las de perder bajo el régimen que imperaba
en aquel entonces, y que, claro está, lo perdió todo y hasta él
mismo desapareció en el anonimato? ¿O en Joaquín Acosta, nacido en
Guaduas, intelectual de intachable valía como profesor de educación
superior y como autor de varias obras de historia y cartografía, y
quien durante toda su vida, que abarcaba la primera mitad del siglo
XIX, había mantenido una respetable posición?
Pues bien: a semejanza del puerto de Baltimore, que funcionara como
bolsa de transacciones económicas y de enganche de oficiales
europeos para las guerras de la independencia americana, entre
ellos Codazzi, también actuó la representación diplomática
colombiana en París bajo la dirección de Francisco Antonio Zea,
quien contrataba científicos europeos para realizar su viejo sueño
de crear en Bogotá una Academia de Ciencias Naturales. Uno de los
contratados fue Jean-Baptiste Boussingault, cuyos escritos sobre
los trabajos que realizó en tierras de Nueva Granada, Ecuador y
Venezuela fueron traducidos por Joaquín Acosta y publicados en el
año 1849 en París (1). Aparte de
sus obras científicas, las Memorias (2) del científico francés constituyen una verdadera
fuente de información sobre costumbres y formas de vida de todas
las clases sociales del país, fundada en las experiencias de un
hombre joven, valiente y en todo sentido bien formado.
Los dirigentes de la república tenían conciencia de que el
desarrollo de la misma y el bienestar de todas sus clases sociales,
pero especialmente de la clase alta, no sería posible sin un
conocimiento científico del territorio nacional con base en su
levantamiento geocartográfico. Geografía, mapa, desarrollo y
prosperidad eran sinónimos. Ya en el año 1839 el general Mosquera
impulsó una ley que ordenaba el levantamiento geocartográfico del
país. Se precisaba conocer las condiciones naturales de éste, su
estructura geológica y topográfica, sus climas, su mundo vegetal y
animal, sus suelos, sus posibilidades económicas bajo las
concepciones que regían el comercio internacional de entonces,
basado en lo que hoy denominamos actitud de saqueo y destrucción de
las riquezas naturales, pero que en aquella época no se consideraba
como tal, ya que el país era vasto y poco poblado.
"Los conocimientos acerca de la propia tierra constituyen
la escala con que se mide la educación, el comercio, la agricultura
y el bienestar de un pueblo; la estupidez y la barbarie van en
proporción directa al desconocimiento de ella". Así
opinaba Caldas (3).
La geografía de entonces era, en primer lugar, cartografía, puntos
astronómicos, alturas barométricas, caminos, ríos, distancias. Y, a
la vez, la geocartografía resultaba indispensable a los militares,
a las guerras, a la política, en fin: constituía fundamento
indispensable del poder.
Con la lucha por la independencia, en el país y en todo el
continente se inició una nueva fase de la conquista: el
descubrimiento científico de América. Bolívar consideraba a
Humboldt el verdadero descubridor de estos territorios, y el mismo
Libertador se rodeó de un séquito de oficiales extranjeros; su
estado mayor representaba una verdadera liga de naciones europeas.
Había que modificar ahora la antigua imagen basada en la
tridimensionalidad de la religión, del oro y del indio como
instrumento de trabajo, por el mercantilismo y el capitalismo
internacional del siglo XIX.
De ese modo se presenta una secuencia en el desenvolvimiento de la
geografía en el país a partir del descubrimiento y a lo largo de la
conquista, la colonia y la república, que marca las diversas formas
de las relaciones entre el hombre y la tierra, desde la inicial
concepción del determinismo geográfico y cultural pasando por el
posibilismo y después por el probabilismo, para llegar al
funcionalismo y, por ende, a la geografía social del presente, si
bien el país todavía hoy se halla cobijado por un categórico y casi
absoluto determinismo de sus clases dirigentes y políticas.
Al principio de esta secuencia, cabe importante papel a los pilotos
e ingenieros españoles, especialmente con referencia a la
elaboración de la cartografía costanera, que, si en la actualidad
sólo conserva su valor histórico, fue esencial todavía durante el
siglo XIX. Y dentro de este desenvolvimiento de la geografía y la
cartografía, al producirse la independencia, numerosos extranjeros
señalan pautas y rumbos hacia concepciones nuevas. Uno de ellos fue
Codazzi.
Pero el tiempo sigue en marcha. Hoy la geografía social y económica
analiza las causas y efectos de la intervención del hombre, a fin
de comprender - y esto no es posible sin un dominio de la geografía
física y biótica - la interrelación y los efectos recíprocos de
todos los geofactores y factores humanos. Sólo así es posible
llegar a una prospección, como condición previa de un ordenamiento
espacial y de una regionalización acertada para el desarrollo de
las distintas comarcas, meta ésta que se propusieron, cada cual en
su tiempo - dentro de las limitaciones científicas y las
posibilidades prácticas del momento - tanto Caldas como
Codazzi.
Tal evolución de la ciencia geográfica la impulsaron
significativamente muchos extranjeros que visitaron el país durante
el siglo XIX, afluencia ésta de hombres formados en las geociencias
que prosiguió hasta la inmigración de europeos en vísperas de la
segunda guerra mundial. Entre estos inmigrantes, que abandonaron su
tierra nativa por razones políticas, sobresalieron principalmente
aquellos que trabajaron en el campo de la educación (ya antes
habían venido varias misiones educativas), tal como aquellos
profesores de la Escuela Normal Superior de Colombia entre quienes
se contaba el famoso geógrafo catalán Pablo Vila.
Ahora sí tenemos una respuesta del por qué el autor de la presente
obra escogió a Codazzi como uno de los hombres representativos de
la cultura suramericana del siglo XIX: quiso destacar el aporte
europeo en aquella época, que fue decisivo para el desarrollo
cultural de Latinoamérica.
Schumacher cita en sus notas explicativas, que se llevan casi la
mitad del libro, muchos de esos hombres que dieron brillo a las
ciencias naturales y a la geografía, como E. J. J. Reclus, H.
Karsten, A. Stübel, W. Reiss, J. - B. Boussingault, A. Bonpland, C.
de Greiff, C. A. Gosselmann y, desde luego, A. von Humboldt,
algunos de los cuales se quedaron aquí para siempre, como T. Haenke
en Bolivia, A. Raimondi en el Perú, T. Wolf en el Ecuador, A.
Codazzi en Venezuela y Colombia (4).
A todos ellos - hasta el día de hoy - les tocó en suerte, como
forasteros, vivir el destino de los criollos durante la época
colonial, al aparecer el chauvinismo como fenómeno social de las
clases media y alta - con honrosas excepciones, claro está.
Tal fue el interés de Schumacher: analizar el papel de estos
hombres en el desenvolvimiento de los países americanos durante la
época comprendida entre 1760 y 1860. Por su parte, Hettner, otro
geógrafo, en excelente estudio sobre la cordillera de Bogotá
durante los años 1882 a 1884, destaca así la labor de Codazzi:
"Ahora, cuando el interés del mundo entero se concentraba
más y más en el istmo de Panamá y en la construcción de un
ferrocarril interoceánico, también la idea del levantamiento del
mapa del país recibió un nuevo impulso (... ). En el año 1848
recibió (Codazzi) de Mosquera el ofrecimiento de elaborar un mapa
con descripción geográfica (como lo hizo en Venezuela) también para
la Nueva Granada, y regentar una cátedra en la Escuela
Militar..." (5).
Codazzi ya había sufrido las penurias de un perseguido y desterrado
político en Venezuela, su patria adoptiva, después de realizar el
Atlas y la Geografía de ese país. Y ahora, aceptando el
ofrecimiento del presidente de la Nueva Granada, inició una tarea
semejante en esta nación.
Schumacher, el mejor de los biógrafos de Codazzi, supo situarlo e
interpretarlo en el espacio y en el tiempo de entonces. Por ello
entiende los afanes de Codazzi, cuando éste dice: "Aunque
me halle en los días de mi vejez, debo viajar a París a fin de
poder concluir mis trabajos, ya que aquí no cuento con la ayuda
crítica de nadie. He de hablar con hombres como Boussingault,
Schomburgk y Humboldt. Tengo que visitar asociaciones científicas y
académicas. Tengo que empezar desde el principio. Si así no lo
hago, todas mis fatigas y dedicación habrán sido en vano. En
nuestros días, quien trabaje aislado y solitario no podrá ser útil
al mundo. Aquí he perdido a mis últimos colaboradores. Acaso, en mi
ancianidad, una vez más tenga la suerte de poder discutir con mis
semejantes".
Al mismo Codazzi, dice Schumacher, "no le gustaron sus
últimos trabajos. Al examinar sus manuscritos, encontró en ellos
capítulos importantes apenas bosquejados, detalles a veces
ampliamente comentados, pero nunca una relación continuada [...].
Infortunadamente, carecía de la oportunidad de confrontar sus
trabajos con los avances recientes de otras naciones. Poco sabía de
lo que se publicaba en Europa, relacionado con su profesión, y nada
entendía del amplio espíritu de los tiempos modernos, que se
manifestaba de manera tan pujante en los Estados
Unidos".
Hettner, en el capítulo "La historia del descubrimiento y
exploración como fuente de información geográfica" de su
obra mencionada (6), después de
criticar severamente la actitud de los miembros de la comisión
editora del Atlas de Colombia, creada después de la muerte de
Codazzi (7), dice en el año 1884
lo siguiente: "El mapa y la descripción del país de
Codazzi constituyen aún hoy en día la base de nuestros
conocimientos sobre Colombia, y por lo mismo deben mirarse
detenidamente.
"Desgraciadamente, tenemos poca información sobre su
metodología de trabajo y, al parecer, él mismo no dejó apuntes al
respecto. Los editores no pudieron apreciar el valor de estas
informaciones con base en su método de trabajo, y su biógrafo,
Schumacher, tampoco nos informa al respecto. En la construcción de
los mapas utilizó las observaciones astronómicas de Humboldt para
la determinación de las coordenadas geográficas de ciertos lugares,
y por lo demás, parecen basadas en levantamientos de rutas de
viajes, y por lo mismo tienen considerables errores en la ubicación
de los pueblos. Pero dejando a un lado este aspecto, la
presentación topográfica es tan detallada y en su conjunto tan
correcta, que parece admirable si se considera el corto tiempo
disponible y las grandes dificultades que le impuso la naturaleza.
Codazzi ha debido tener un gran talento para poder presentar una
región desde un solo punto de observación tan correctamente y hasta
en sus detalles, y usar acertadamente la información de la gente
común de la comarca; únicamente en regiones totalmente despobladas,
el dibujo se vuelve esquemático y hasta fantástico. La
representación de la estructura de la cordillera está interferida
por la vieja confusión entre la divisoria de aguas y las cadenas
montañosas; así es como aparecen altas cuchillas donde en realidad
sólo hay bajas depresiones, y el paralelismo de las cadenas de
montañas no aparece lo suficientemente claro. Muchas otras
diferencias en el dibujo de las montañas no son fallas en el
levantamiento de Codazzi, sino que se deben al deficiente grabado,
como lo comprueba una comparación con el texto escrito. Éste, en
muchos capítulos, se agota en listas de nombres y en una seca
descripción del mapa; pero aquellos apartes con el título 'Aspectos
del pays' es tan excelente en su caracterización del mismo, y
muestra una tan profunda concepción geográfica, que es raro
encontrarla en esta clase de obras. A Codazzi siempre se debe
nombrar entre los más valiosos exploradores de la geografía de
Suramérica". F. J. Vergara y Velasco rinde en el año 1901,
en su obra Nueva geografía de Colombia, el siguiente reconocimiento
y homenaje a Codazzi: "Codazzi trabaja como un Hércules de
1849 a 1855, recorre unos veinte mil kilómetros de vías fluviales y
terrestres; toma muchos centenares de cotas y calcula varias
decenas de coordenadas. La muerte le impide terminar su trabajo,
puesto que los nuevos actuales departamentos, Bolívar y Magdalena,
no alcanzó a visitarlos; pero su obra resulta inmortal, porque aun
cuando encierra numerosos errores, excusables por razones obvias,
la labor del eminente ingeniero - cartas y memorias geográficas- es
la base de todo lo que en Colombia se ha hecho después en estas
materias, y presenta el primer cuadro aceptable de la tierra
colombiana".
Con ocasión del centenario de la muerte de Codazzi, publicó Pablo
Vila un sentido y justo homenajes.(8)
En el año 1950, al cumplirse el primer centenario de la iniciación
de los trabajos de la Comisión Corográfica bajo la dirección de
Agustín Codazzi, se le dio al Instituto Geográfico Militar y
Catastral, fundado en 1935 como entidad geodésica y cartográfica
del Estado colombiano, el nombre de Institutos Geográfico Agustín
Codazzi, en reconocimiento y homenaje de la Colombia de hoy a este
europeo que en tierra americana buscó y logró -no obstante
innumerables dificultades- su plenitud.
Al concluir ahora este trabajo de traducción de la obra de
Schumacher, quiero saldar una deuda contraída por mí desde la
publicación de las biografías de Mutis y de Caldas y que se
extiende, desde luego, a la presente de Codazzi. Y es la de dar las
gracias a la señora Clarita Lozano de Giraldo, a quien la
presidencia de Ecopetrol designó coordinadora de esta obra, en la
que colaboró, con alto sentido de responsabilidad, inteligencia y
desinterés, con los demás miembros del grupo de trabajo, en
especial con Juan Fernando Esguerra, encargado de revisar
idiomática y estilísticamente la traducción.
Igualmente cooperó - yo diría que casi como cotraductora - en
verter mis manuscritos - quizás tan difíciles de descifrar como un
paleograma - en excelentes copias mecanográficas. Así que mil
gracias, doña Clarita, por su invaluable aporte.
En cuanto a los demás integrantes del equipo de trabajo, vale lo
dicho en los volúmenes anteriores.
ERNESTO GUHL
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1
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| JEAN-BAPTISTE BOUSSINGAULT, Viajes científicos a los Andes
ecuatoriales o Colección de memorias sobre física, química e
historia natural de la Nueva Granada, Ecuador y Venezuela...,
traducido por J. Acosta, París, Librería Castellana, Lasserve
editor, 1849.
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2
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| J. B. BOUSSINGAULT, Memorias, traducidas por Alexander Koppel
de León, Bogotá, Banco de la República, 1985, cinco tomos.
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3
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| HERMANN A. SCHUMACHER, Caldas, un forjador de la cultura,
Bogotá, Empresa Colombiana de Petróleos, 1986, pág. 79.
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4
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| La larga y más completa lista de los viajeros científicos por
el país, la América del Sur y Centroamérica, aparece en un libro,
en preparación, sobre la historia de la geografía en Colombia y en
el resto del continente.
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5
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| ALFRED HETTNER, La cordillera de Bogotá. Resultados de viajes y
estudios (Gotha, 1892), primera versión al castellano por E. Guhl"
Bogotá, Banco de la República, 1966, pág. 23.
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6
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| A. HETTNER, ob. cit., págs. 24-25.
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7
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| Escribe F. J. VERGARA Y VELASCO, en su libro Nueva geografía de
Colombia, Bogotá, 1901, pág. 40, lo siguiente: "Terminada
la exposición de la altimetría colombiana según Codazzi, posible es
afirmar que no había quien, después de estudiarla, no rindiera
tributo de admiración a la obra del célebre geógrafo: a ella pueden
hacerse las rectificaciones y adiciones que se quiera, pero es
inconmovible en sus grandes líneas y, colocados sus números sobre
la carta geográfica del país, el relieve verdadero de éste se
destacaría con admirable nitidez. Y cosa singular, jamás en los
anales de la literatura científica del globo se hallará caso igual
al acaecido en Colombia al paciente explorador de su suelo, es
decir, de un pillaje y plagio tan censurable como el cometido por
la segunda Comisión Corográfica, que ni una línea añadió a la obra
del conocimiento geográfico del país, y por mal yuxtaponer las
piedras del edificio de Codazzi, borró el nombre de éste para poner
el suyo propio!".
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8
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| PABLO VILA, Codazzi, Humboldt, Caldas, precursores de la
geografía moderna, Caracas, Instituto Pedagógico, 1960.
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