|
Entre
la selva y el mar, la Subregión del Pacífico
La Serranía del
Baudó delimita buena parte la subregión con su relieve muy quebrado, de afloramientos
rocosos en las partes altas y menos escarpado hacia el norte (Abdón Cortés, en CIDER,
1991).
En general los suelos son
muy pobres, con una vocación de uso exclusivamente forestal. Los bosques son
heterogéneos en especies, lo que hace muy difícil y costoso su aprovechamiento. Pero en
algunos sitios favorables, ya se han establecido aserríos.
Las condiciones de
pluviosidad son extremas en la Serranía, especialmente en la estribación occidental, con
registros de hasta 10.000 mm al año. Estas características dependen del régimen
climático que le impone la cuenca del Pacífico a todo el Andén, pero son más rigurosas
hacia el norte. Hacia el occidente de la Serranía se despliega la franja costera.
Juradó, Bahía Solano,
Alto Baudó y Bajo Baudó, son las unidades municipales de esta region
(5)
.
Para la región costera,
Jacques Aprile distingue tres corrientes históricas en su poblamiento. Una primera
aborigen; una segunda, a comienzos de este siglo, emberá y negra, que aún prosigue y una
tercera impulsada entre los años veinte y cuarenta de este siglo.
Durante la colonia, el
litoral al parecer sirvió de refugio para contrabandistas y cimarrones. Luego, a
comienzos de este siglo, llegaron inmigrantes del alto San Juan, de los ríos Atrato,
Condoto e Iró, que recorrieron las playas y conformaron aldeas playeras. Sembraron
cocales, plátano y arroz. Aprile ha encontrado casos de asociación entre emberás y
negros, con cruce matrimonial y de rasgos culturales.
Una tercera corriente de
colonos mestizos del interior fue impulsada entre 1925 y 1940 por el gobierno de Abadía
Méndez y terminó en el fracaso colonizador (Aprile, J., 1991). Como parte de ella en
1935 se instaló entre Cupica y Utría una colonia agrícola denominada Ciudad Mutis, que
atrajo colonos del interior del país, pero su éxito pronto decayó.
En la segunda mitad de
los años 60 se consolidó Bahía Solano como centro administrativo subregional y Juradó,
Nuquí, Puerto Pizarro (Bajo Baudó), como núcleos urbanos de menor importancia, creando
una demanda local por productos agropecuarios. Aparte de estos centros urbanos, ninguno de
los cuales llegaba a 2.000 habitantes para el censo de 1985, se encuentran pequeñas
aldeas playeras (100 a 200 personas) que siguen el patrón de asentamiento y utilización
territorial de las aldeas lineales ribereñas, características del Chocó.
Según el censo de 1993,
los municipios de esta subregión aumentan su población dentro de las mismas tendencias
anteriores, con dos fenómenos dignos de destacar. El municipio de Alto Baudó duplicó su
población rural entre 1985 y la fecha, en parte tal vez debido a la influencia de la
carretera Panamericana, asociada a procesos de tala de madera y deforestación. En ese
lapso la población de ese municipio pasó de 9.634 en 1985, a 17.019 en el año noventa y
tres.
A su vez el Bajo Baudó
es el único municipio que presentó disminución de su población en el último período
intercensal dentro de un proceso de concentración en la cabecera, pues ésta casi se
quintuplicó, mientras se disminuyó la población rural. En contraste, la tendencia entre
1973 y 1985 era de paulatino y lento crecimiento absoluto, tanto en la cabecera
(6)
como en la zona rural.
Entre 1973 y 1985, Bahía Solano y Nuquí
tuvieron tasas de crecimiento ligeramente superiores al 2%; mientras Juradó (1.2%) y Alto
Baudó (0.4%) las tuvieron inferiores a las vegetativas.
Existe un flujo de emigración permanente
hacia Panamá, Quibdó y Buenaventura y en general, el crecimiento poblacional es lento.
CUADRO N° 16
POBLACION SUBREGION DEL PACIFICO, 1993
|
Municipios
|
Total
|
Cabecera
|
Resto
|
Area mpal.
Km2
|
|
Juradó
|
4.038
|
1.753
|
2.285
|
992
|
|
Bahía Solano
|
6.894
|
2.665
|
4.229
|
1.150
|
|
Nuquí
|
5.252
|
2.842
|
2.610
|
956
|
|
Alto Baudó
|
17.019
|
1.569
|
15.450
|
2.195
|
|
Bajo Baudó
|
15.930
|
5.229
|
10.701
|
4.840
|
|
TOTAL
|
49.133
|
14.058
|
35.275
|
10.133
|
FUENTE: DANE,
Censo
1993.
El hábitat, dice Aprile,
sigue las pautas tradicionales que los colonos conocían en las regiones fluviales de
origen: el trazado lineal sobre la playa, arteria de relaciones y comunicaciones. En la
parte posterior de las viviendas un huerto limita con la selva. Se practica una
agricultura itinerante, con rotación continua de cultivos de plátano, batata, yuca,
ñame. En el caserío se ignora la propiedad amojonada, basta con la tradición oral
(April, J., 1991: 256).
La mayoría de la
población en la Subregión Pacífico es de habitantes negros y se estiman en 15%
los
emberá y 5% blancos. Estos últimos se concentran en las cabeceras municipales y tuvieron
como origen los colonos de Boyacá, Cundinamarca, Huila, Valle, Caldas y Antioquia de los
años 30 y 40. Según el censo de 1985, en la región se encontraban 1.500 emberaes.
La economía primaria
predomina en la región; son importantes la pesca, el cultivo de arroz, el plátano y la
explotación de maderas. La población local no indígena realiza la pesca en forma
artesanal, básicamente de peces de carne blanca, camarones, jaibas, piangua y
langostinos. En los municipios de Juradó, Nuquí, Bahía Solano y Bajo Baudó ésta es la
actividad económica principal, asociada a cultivos de reducida comercialización. En Alto
Baudó sobresalen la explotación de maderas, la agricultura de pequeña escala y en menor
grado la pesca. Como en otras subregiones, las unidades domésticas se basan en una
asociación de prácticas productivas: pesca, agricultura, ingresos adicionales por
explotación ocasional de madera. Salen de este patrón los empresarios madereros y de
pesca.
La producción agrícola
genera algunos limitados excedentes comerciales, especialmente de plátano en el Bajo
Baudó. El mercado de la subregión está ligado al municipio de Buenaventura (Valle del
Cauca), al puerto de Jaqué (Panamá) y algunas zonas del interior. La tecnología de
cavas de frío ha incentivado la pesca artesanal y su comercio hacia Medellín y
Buenaventura (ver aparte sobre los Procesos Económicos Principales y la Pesca Artesanal).
La Subregión hace parte
de la reserva forestal del Pacífico, de manera que los derechos territoriales se
transmiten por reglas de posesión familiar tradicionales. Sin embargo, el decreto de
creación de la colonia agrícola en 1935 dio algunos títulos a colonos del interior,
pese a las protestas de los nativos, indígenas y negros, pues tomaron como baldíos
tierras de uso tradicional. La creación de la reserva forestal detuvo la titulación,
pero en los últimos años se han sustraído miles de hectáreas, de las cuales la
población negra e indígena ha sido desplazada. Por lo general, empresarios, comerciantes
o individuos en busca de fincas de recreo, compran las mejoras cercanas a las playas por
poco precio e inician luego el proceso de titulación, sin mayores trabas jurídicas.
En la misma medida en que
crece la afluencia externa, el nativo ha perdido la tierra. Es fácil observar en las
playas y en toda la zona costera en tierras de vocación agrícola, a nuevos propietarios,
sobre todo antioqueños y caldenses. La presión colonizadora de este tipo ha aumentado
desde la apertura de la carretera Puerto Rico-Santa Cecilia-Tadó-Las Animas-Nuquí.
Igualmente, la explotación de maderas y sus efectos sobre el bosque se han acrecentado,
como se puede observar en el tramo carreteable Cértegui-La Y y en zonas del Alto Baudó,
parte del Bajo Baudó y Juradó.
En la zona del litoral,
la actividad pesquera artesanal se ve afectada por el barrido de los barcos de la empresa
Vikingos y los de otros empresarios de Japón y Estados Unidos. La faena pesquera
artesanal se realiza en sitios cercanos a los poblados (ver Pesca Artesanal), pero las
explotaciones intensivas de la pesca comercial y los costos de combustibles, aparejos y
motores fuera de borda, tienden a dificultar esta actividad. Los pescadores deben salir
cada día más lejos, con mayores riesgos.
En el litoral, los
dueños de cavas, cuartos fríos y máquinas productoras de hielo son los intermediarios
del pescado, quienes imponen precios bajos al pescador artesanal. Los intentos tanto de
CODECHOCO,
como de los mismos pescadores para adelantar programas de apoyo a la
pesca artesanal todavía no se consolidan.
Allí el turismo
constituye una actividad que podría producir excedentes financieros a la población, pero
se encuentra en manos de empresarios de fuera, quienes en épocas de alta temporada atraen
turistas especialmente del Valle del Cauca, Antioquia y el eje cafetero. La afluencia de
turistas ha traído un aumento en los costos de alimentación, servicios y transportes que
crean una compleja situación para la población nativa de Bahía Solano y Nuquí.
La mejor expresión de la
calidad de vida de la población se pone de presente en los índices de necesidades
básicas insatisfechas. Los índices municipales de Juradó, Alto y Bajo Baudó se sitúan
por encima del 70% de NBI, y ligeramente por debajo; Nuquí y Bahía Solano. Estas
últimas concentran la oferta de servicios públicos pero en conjunto, la subregión
presenta precarias condiciones de nivel de servicios básicos.
En términos de la
estructura ocupacional, la situación de Juradó, Bahía Solano y Nuquí es diferente a la
de Alto y Bajo Baudó. La importancia del turismo y de los puertos alternos que se
proyecta construir en Bahía Solano y Nuquí, se manifiesta en un índice más alto de
empleos estables. En Juradó las actividades productivas primarias parecen más
importantes, pues se encuentra una mayor contratación de obreros permanentes.
Sin embargo, hay pocos
obreros estables en los municipios de la subregión y los que se consideran patronos
no representan ni el 0.5% de la población. No es exagerado afirmar que la actividad
económica de la subregión es de pequeños productores.
La situación educativa
en la subregión presenta índices desfavorables; como en las demás, se concentran los
docentes en las zonas urbanas, mientras en las zonas rurales con mayor número de alumnos,
los docentes disminuyen. A esta situación contribuyen las condiciones habitacionales, el
acceso difícil de algunos sitios, los elevados costos de transporte, la falta de
cumplimiento en el pago del personal docente y la infraestructura física inadecuada.
A nivel de educación
secundaria y media vocacional, en la subregión encontramos que de los ocho
establecimientos existentes, seis se ubican en la zona urbana.
En general, la
infraestructura locativa y la dotación de planteles es deficiente en la zona. Otro factor
condicionante de la problemática educativa es la municipalización de la educación, pues
por una parte, los municipios carecen de los recursos financieros suficientes para el pago
del funcionamiento del sector educativo y por otra, intervienen intereses de los
políticos para el nombramiento y manejo de los docentes, independiente de su capacidad.
Así, no es raro que año tras año se cambien los maestros, sin tener en cuenta la
capacitación recibida o la idoneidad en el desempeño docente.
En materia de servicios
de salud, la subregión cuenta con un hospital local en Bahía Solano y centros de salud
en Nuquí, Juradó, Bajo y Alto Baudó. Su precariedad se suple con los agentes
tradicionales. El tonguero, el curandero, la partera y el jaibaná, son los oficiantes del
ritual de vida que invocan a diario los pescadores, agricultores y aserradores del litoral
Pacífico chocoano.
La actividad de
explotación de maderas en gran escala, en la subregión, se realiza mediante permisos que
se encuentran a veces superpuestos a los resguardos indígenas, como en el municipio de
Juradó, con los conflictos consiguientes. Los aserríos de los pequeños y
medianos
madereros tienen también una significativa importancia y se realizan sin permisos o
controles institucionales.
La subregión está
desarticulada geográfica, comercial y administrativamente, de manera que el litoral y el
Baudó, sus grandes zonas, se comunican con dificultad.
La zona costera tiene una
mayor presión de población foránea, en especial en busca de fincas de recreo y
aserríos. Desde el mar los grandes pesqueros compiten desigualmente con la pesca
artesanal y los puertos previstos sobre varias bahías, pueden desplazar aún más la
población nativa. El Parque Natural Utría puede tener un papel de importancia en la
contención del movimiento que se extiende por las playas y las privatiza, en desmedro de
toda norma o consideración social.
El agotamiento del bosque
por la explotación de maderas genera desequilibrios ecológicos y sociales; la
contraposición de intereses, por una parte, entre los grandes, medianos y los pequeños
madereros y entre éstos y los indígenas y negros campesinos, hacen de esta región un
potencial de mayores conflictos.
El oro y la Subregión
del San Juan
"Condoto
es un pueblo de calles retorcidas con enormes casas de madera en las que hace veinte años
se comía en vajillas importadas directamente de China y hoy parecen restos de un
naufragio."
Gabriel García
Márquez
Crónicas y reportajes, 1954
La región del San
Juan, Istmina, Tadó, Condoto, Nóvita, Sipí sintetiza el hilo central de la historia del
Chocó: la extracción aurífera. En Condoto y en el San Juan, no sólo se ven los
"restos de un naufragio", se sienten los efectos de la explotación intensiva de
la minería sobre el ecosistema y sobre las descendencias indígenas y negras, que un día
usaron el metal en los rituales de la vida y la muerte (ver Los Procesos Económicos
Principales, La Minería).
Los recursos mineros del
Chocó fueron mencionados por los primeros cronistas; ya Balboa habló de la riqueza del
río Opogodó (municipio de Condoto) desde la provincia nativa de Abanumaqui, en carta
dirigida al Rey en el año de 1513. Cieza de León escribió:"Son muy riquísimos
los indios del San Juan y los ríos llevan abundancia de oro"
(citado en
Echavarría, J., 1986: 22).
Desde el siglo XVI,
dicen
Arocha y Friedemann, se establecieron "campamentos rústicos, sin mayor
planificación, todos a lo largo de los ríos",
campamentos que sufrieron
numerosos contratiempos por la resistencia indígena al sometimiento. Nóvita y Tadó
sobre el río San Juan, y Citará (Quibdó) y Lloró sobre el Atrato, fueron los
principales centros mineros del Chocó durante la colonia (Friedemann, N., y Arocha, J.,
1982: 191). Pero, "Resultaron vanos los esfuerzos de los españoles para
concentrar a los indios en poblados y forzarlos a trabajar en minería. En 1586 Nóvita
fue arrasado y aunque se reconstruyó, varias veces más sufrió ataques de los indios"
(Ibid).
Desde 1511 los españoles
abundaron en la búsqueda del oro en el Chocó y en 1536 los expedicionarios españoles al
mando de Pascual de Andagoya llegaron al río San Juan, pero la resistencia y el clima
aunados, los llevaron al fracaso (ver Arocha y Friedemann, cit., y Colmenares, 1975).
Desde 1624, se encomendó
a órdenes misioneras la reducción de los indios, denominados chocó. Algunos jesuitas
entraron al río San Juan, y posteriormente lo hicieron los franciscanos, quienes se
establecieron en el río Atrato. Pero sólo décadas más tarde, hacia 1666, se consolidó
en forma estable la extracción del oro con base en mano de obra esclava.
En 1688 se dio ya la
primera rebelión de esclavos. En junio de 1729 se promulgó la Real Cédula, por la cual
se exoneró a los indios del régimen de mita o cuotas para el sector de la minería,
hecho que coincidió con la segunda sublevación de mineros esclavos. Según R.
Velásquez, se estableció así el primer grupo de negros confederados en rebeldía contra
el gobierno de la Corona, quienes se apropiaron de la zona minera más rica del Chocó, el
hoy municipio de Tadó, en el San Juan. Esta aldea fue fundada en marzo de 1583 y allí
vivían los esclavos de la mina de Monte Carmelo. Las minas del conflicto fueron Santa
Lucía, San Francisco, Santa Rosa y Real de Minas de Monte Carmelo. (Echavarría, J.,
1986).
"La
tercera sublevación del denominado Cantón del San Juan",
dice J.
Echavarría, fue ya "durante la nueva República, contra el Decreto Ejecutivo N°
30 de marzo de 1825 promulgado por Francisco de Paula Santander, Vicepresidente de la
Nueva Granada. El movimiento se extendió a Nóvita y a las parroquias de San Agustín,
Noanamá, Baudó, Tadó." (Echavarría, J, cit.: 16).
El derrumbe demográfico
indígena, pues se pasó de 60.000 indígenas a comienzos del siglo XVII, a 15.000 a
finales del siglo XVIII,
fue solucionado con los esclavos. En 1704 el Chocó
contaba con 600 esclavos importados y en 1782 ya representaban casi el 75% de la
población de un total aproximado de 35.000 habitantes. Como se mencionó en el primer
capítulo, los blancos eran dueños o supervisores de las minas, oficiales de la corona,
curas o comerciantes, pero no fueron colonos (ver Arocha y Friedemann, cit.: 191-192 y
Wade, P., 1989).
Desde el punto de vista
físico-natural, el valle del río San Juan se encuentra encerrado por la Serranía del
Baudó, la Cordillera Occidental, el Macizo de los Farallones de Cali y el Océano
Pacífico. Es una zona de transición de alta lluviosidad y quietud; su morfología es
bien distinta a ambos lados del río. Posee una vegetación selvática casi cerrada pero
muy variable en sí, típica de los bosques tropicales lluviosos (Guhl, E., 1974).
La llanura del río San
Juan, cuya longitud es de 190 km, forma suelos aluviales que contienen ricos yacimientos
de minerales muy variados, metálicos y no metálicos. Sin embargo, la minería se ha
dedicado prioritariamente a la explotación del oro y platino y recientemente al cobre,
carbón y calizas.
Los bosques son ricos en
maderas de muy buena calidad, porque su intervención no es tan marcada como en otras
áreas del departamento. Pero en las riberas del río San Juan, donde el objetivo no ha
sido primordialmente la explotación forestal sino la minería, se aprecia en los últimos
años el descuaje del bosque, tanto para uso comercial como doméstico.
La población en esta subregión, en el
censo de 1985, era de 72.494 habitantes, localizados en un área de 12.093 km, que
representa el 26% del territorio y el 26.9% de la poblacion del departamento (ver
Gráficos 1 y 2).
CUADRO N° 17
POBLACION SUBREGION SAN JUAN, 1993
|
Municipio
|
Total
|
Cabecera
|
Resto
|
Area mpal.
Km2
|
|
Istmina
|
32.667
|
11.344
|
21.323
|
6.814
|
|
Tadó
|
19.056
|
6.932
|
12.124
|
878
|
|
Condoto
|
13.952
|
8.307
|
5.645
|
890
|
|
Nóvita
|
6.486
|
1.466
|
5.020
|
1.184
|
|
Sipí
|
2.831
|
229
|
2.602
|
1.561
|
|
San José del Palmar
|
6.258
|
2.009
|
4.249
|
776
|
|
TOTAL
|
80.251
|
30.287
|
63.087
|
12.093
|
FUENTE: DANE, Censo 1993.
Los municipios de
Istmina, Tadó y Condoto representan más de las tres cuartas partes de la población de
la subregión. En 1985 la mayoría de la población se localizó en las áreas rurales.
Condoto decrecía en 1985 a tasas elevadas de -1.2%, mientras que Istmina, Tadó y San
José del Palmar no crecían en absoluto o decrecían a tasas moderadas (CIDER,
1991:
37). Para 1993, Nóvita acentuó su decrecimiento de población y perdió más de la mitad
de su población en la cabecera. Condoto, en cambio, aumentó mucho en su cabecera e
Istmina lo hizo en forma moderada. De seguir esta tendencia, Condoto puede reemplazar a
Istmina como centro regional.
La comparación de los
censos de 1973 y 1985 revela los bajos índices de crecimiento, incluso decrecimiento de
todos los municipios de la subregión, y la expulsión de población. Pero en la década
del ochenta al noventa afluye población en torno a la minería, desde el viejo Caldas,
Antioquia y otras zonas, manteniendo una nueva población, alguna flotante. Esta es más
significativa por su actividad económica, que por su valor numérico. El crecimiento de
las cabeceras según censo de 1993, excepto Nóvita, y el decrecimiento de las áreas
rurales es otra constante para todos los municipios de la subregión.
La población de esta
subregión en su mayoría es de origen afroamericano, pero se encuentra población wanana
y de inmigrantes blancos dedicados a la explotación minera semi-industrial.
En la subregión, el
único municipio donde prevalecen los blanco-mestizos es en San José del Palmar, cuya
actividad económica principal es la agropecuaria: café, cacao, maíz y frutales, son
cultivos que generan excedentes para el campesino de la zona. San José del Palmar tiene
acceso vial a los departamentos del Valle del Cauca y Risaralda; de allí la marcada
influencia económica, política y cultural de éstos en la vida de dicho municipio.
De conformidad con el
Mapa de Pobreza del DANE, el porcentaje de necesidades básicas insatisfechas en la
subregión oscila entre 93% de NBI
en Nóvita y 70% en Condoto; en San José del
Palmar desciende al 65%.
Como quedó ya dicho, la
minería es la principal actividad económica de la subregión: artesanal, industrial y
semi-industrial, descritas en lo referente a minería.
La organización del
trabajo minero tradicional en el Chocó está determinada por el sistema amplio de
parentesco denominado de troncos o ramaje,
ya descrito.
Es de importancia
insistir en los impactos causados por la actividad minera en el San Juan, con base en
estudio realizado por SER Consultores, para CODECHOCO.
La minería artesanal
afecta adversamente la categoría biótica, en particular la fauna acuática y la flora
terrestre, y en menor grado la fauna terrestre, por la disposición de lodos, el lavado de
costales, la disposición de materiales estériles y el desmonte del terreno (SER
Consultores,
1991: 112). Aún así, la minería artesanal no tiene un efecto sobre el medio tan grave
como las otras, dada su magnitud limitada.
Sin embargo, el auge del
trabajo con motobomba modifica sustancialmente las condiciones técnicas y la
organización del trabajo, y aumenta la capacidad de impacto de la pequeña minería, que
deja de ser artesanal para seguir un patrón de miniempresa. La tecnificación de este
tipo de minería ha beneficiado marginalmente la estructura del ingreso familiar.
En la minería
semiindustrial e industrial, los efectos ambientales y sociales son más profundos y
duraderos.
En la primera, desde el
desmonte y la limpieza, hasta los vertimientos, la disposición de aceites, la
disposición de materiales gruesos y estériles afectan de manera drástica la flora y la
fauna terrestres y acuáticas. Los carreteables y campamentos son también fuente de
perturbación y destrucción de la flora y fauna terrestres.
La minería industrial
durante un largo período (ver La Minería), funcionó como una economía de enclave, con
las características de baja reinversión local y gran impacto ambiental. Desde la
nacionalización, la empresa Metales Preciosos del Chocó se encuentra en una
semiparálisis, con efectos depresivos especialmente sobre la población de Andagoya. El
dragado, la disposición de lodos y la separación del mercurio han ocasionado ya efectos
devastadores.
Este tipo de explotación
no ha generado cambios en la estructura poblacional ni en las tasas de migración, por
cuanto la mayoría de los trabajadores han sido nativos de la región. En cambio la
minería semiindustrial tiene también repercusiones en la composición de la población.
No sólo atrae inmigrantes temporales y desestabiliza la pirámide poblacional, sino que
también comienza a generar presiones sobre la economía y la estructura social locales, y
expulsa población nativa.
El empleo que genera esta
actividad es limitado y se dirige a las labores menos calificadas, pues los empresarios
acostumbran traer los trabajadores más calificados de su región de origen, por lo
general de la zona minera de Antioquia. En cambio, el aumento general en el costo de vida
afecta a los nativos.
Otro campo de conflictos
gira alrededor de la tierra, en la medida en que es frecuente que los nativos se vean
expropiados por la carencia de títulos de propiedad. Adicionalmente, el daño causado a
las tierras explotadas en arriendo obliga a una dispendiosa adecuación.
En el campo de la salud
han aumentado algunas enfermedades infectocontagiosas; la malaria crece por los focos de
zancudos en las lagunas dejadas por las excavaciones.
La estructura ocupacional
documentada por el censo de 1985, ha cambiado. Hoy día los obreros con más de 9 meses en
Tadó y Condoto son casi el 4% de las categorías, mientras en 1985 no alcanzaban el
0.25%. En 1985 sólo se alcanzaba esa cifra en San José del Palmar, con un 6.4%. Otra
categoría que se ha incrementado, es la de patrono con más de 9 meses en la zona.
En general, en la
subregión del San Juan, de las 14.213 viviendas registradas en 1990, apenas el 5.5%
tenía
todos los servicios (acueducto, alcantarillado y energía). En esta subregión se
encuentra el municipio de Sipí, que tiene uno de los índices más altos del país en
necesidades básicas insatisfechas, 97.8%.
En Istmina funciona la
sede de la universidad a distancia de la Universidad Tecnológica del Chocó,
principalmente ofrece licenciatura en Ciencias de la Educación. A nivel de primaria y por
la concentración de la población escolar en el sector rural, la subregión sufre los
efectos de dispersión, mala calidad y deterioro de la infraestructura física.
Se sienten también en la
región los efectos de la municipalización de la educación, al punto que en el municipio
de Istmina no hubo año escolar durante 1991 para básica primaria, por dificultades en la
contratación y pago de los docentes.
Lo más destacado de la
subregión del San Juan es el vasto impacto de la minería sobre los bosques de las
riberas, sobre los cauces, la flora, la fauna y la vida cultural asociada a ellos. Se
requieren con prioridad proyectos de desarrollo sostenido que no multipliquen más, "los
restos de un naufragio ".
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5
.
La información disponible se concentra en la franja costera, en desmedro de la Serranía
del Baudó. (Regresar)
6
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La cabecera tuvo en el censo de 1973, 639 habitantes; en 1985, 1.382 y en 1993 ascendió a
5.229. En la zona rural, en su orden, fue de 13.777; 15.681 y 10.701 respectivamente. (Regresar)
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