CHOCÓ DIVERSIDAD CULTURAL Y MEDIO AMBIENTE
Myriam Jimeno
María Lucía Sotomayor 
Luz María Valderrama 
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Entre la selva y el mar, la Subregión del Pacífico

La Serranía del Baudó delimita buena parte la subregión con su relieve muy quebrado, de afloramientos rocosos en las partes altas y menos escarpado hacia el norte (Abdón Cortés, en CIDER, 1991).

En general los suelos son muy pobres, con una vocación de uso exclusivamente forestal. Los bosques son heterogéneos en especies, lo que hace muy difícil y costoso su aprovechamiento. Pero en algunos sitios favorables, ya se han establecido aserríos.

Las condiciones de pluviosidad son extremas en la Serranía, especialmente en la estribación occidental, con registros de hasta 10.000 mm al año. Estas características dependen del régimen climático que le impone la cuenca del Pacífico a todo el Andén, pero son más rigurosas hacia el norte. Hacia el occidente de la Serranía se despliega la franja costera.

Juradó, Bahía Solano, Alto Baudó y Bajo Baudó, son las unidades municipales de esta region (5) .

Para la región costera, Jacques Aprile distingue tres corrientes históricas en su poblamiento. Una primera aborigen; una segunda, a comienzos de este siglo, emberá y negra, que aún prosigue y una tercera impulsada entre los años veinte y cuarenta de este siglo.

Durante la colonia, el litoral al parecer sirvió de refugio para contrabandistas y cimarrones. Luego, a comienzos de este siglo, llegaron inmigrantes del alto San Juan, de los ríos Atrato, Condoto e Iró, que recorrieron las playas y conformaron aldeas playeras. Sembraron cocales, plátano y arroz. Aprile ha encontrado casos de asociación entre emberás y negros, con cruce matrimonial y de rasgos culturales.

Una tercera corriente de colonos mestizos del interior fue impulsada entre 1925 y 1940 por el gobierno de Abadía Méndez y terminó en el fracaso colonizador (Aprile, J., 1991). Como parte de ella en 1935 se instaló entre Cupica y Utría una colonia agrícola denominada Ciudad Mutis, que atrajo colonos del interior del país, pero su éxito pronto decayó.

En la segunda mitad de los años 60 se consolidó Bahía Solano como centro administrativo subregional y Juradó, Nuquí, Puerto Pizarro (Bajo Baudó), como núcleos urbanos de menor importancia, creando una demanda local por productos agropecuarios. Aparte de estos centros urbanos, ninguno de los cuales llegaba a 2.000 habitantes para el censo de 1985, se encuentran pequeñas aldeas playeras (100 a 200 personas) que siguen el patrón de asentamiento y utilización territorial de las aldeas lineales ribereñas, características del Chocó.

Según el censo de 1993, los municipios de esta subregión aumentan su población dentro de las mismas tendencias anteriores, con dos fenómenos dignos de destacar. El municipio de Alto Baudó duplicó su población rural entre 1985 y la fecha, en parte tal vez debido a la influencia de la carretera Panamericana, asociada a procesos de tala de madera y deforestación. En ese lapso la población de ese municipio pasó de 9.634 en 1985, a 17.019 en el año noventa y tres.

A su vez el Bajo Baudó es el único municipio que presentó disminución de su población en el último período intercensal dentro de un proceso de concentración en la cabecera, pues ésta casi se quintuplicó, mientras se disminuyó la población rural. En contraste, la tendencia entre 1973 y 1985 era de paulatino y lento crecimiento absoluto, tanto en la cabecera (6) como en la zona rural.

Entre 1973 y 1985, Bahía Solano y Nuquí tuvieron tasas de crecimiento ligeramente superiores al 2%; mientras Juradó (1.2%) y Alto Baudó (0.4%) las tuvieron inferiores a las vegetativas.

Existe un flujo de emigración permanente hacia Panamá, Quibdó y Buenaventura y en general, el crecimiento poblacional es lento.

CUADRO N° 16
POBLACION SUBREGION DEL PACIFICO, 1993

Municipios

Total Cabecera Resto Area mpal. Km2
Juradó 4.038 1.753 2.285 992
Bahía Solano 6.894 2.665 4.229 1.150
Nuquí 5.252 2.842 2.610 956
Alto Baudó 17.019 1.569 15.450 2.195
Bajo Baudó 15.930 5.229 10.701 4.840

TOTAL

49.133 14.058 35.275 10.133

FUENTE: DANE, Censo 1993.

El hábitat, dice Aprile, sigue las pautas tradicionales que los colonos conocían en las regiones fluviales de origen: el trazado lineal sobre la playa, arteria de relaciones y comunicaciones. En la parte posterior de las viviendas un huerto limita con la selva. Se practica una agricultura itinerante, con rotación continua de cultivos de plátano, batata, yuca, ñame. En el caserío se ignora la propiedad amojonada, basta con la tradición oral (April, J., 1991: 256).

La mayoría de la población en la Subregión Pacífico es de habitantes negros y se estiman en 15% los emberá y 5% blancos. Estos últimos se concentran en las cabeceras municipales y tuvieron como origen los colonos de Boyacá, Cundinamarca, Huila, Valle, Caldas y Antioquia de los años 30 y 40. Según el censo de 1985, en la región se encontraban 1.500 emberaes.

La economía primaria predomina en la región; son importantes la pesca, el cultivo de arroz, el plátano y la explotación de maderas. La población local no indígena realiza la pesca en forma artesanal, básicamente de peces de carne blanca, camarones, jaibas, piangua y langostinos. En los municipios de Juradó, Nuquí, Bahía Solano y Bajo Baudó ésta es la actividad económica principal, asociada a cultivos de reducida comercialización. En Alto Baudó sobresalen la explotación de maderas, la agricultura de pequeña escala y en menor grado la pesca. Como en otras subregiones, las unidades domésticas se basan en una asociación de prácticas productivas: pesca, agricultura, ingresos adicionales por explotación ocasional de madera. Salen de este patrón los empresarios madereros y de pesca.

La producción agrícola genera algunos limitados excedentes comerciales, especialmente de plátano en el Bajo Baudó. El mercado de la subregión está ligado al municipio de Buenaventura (Valle del Cauca), al puerto de Jaqué (Panamá) y algunas zonas del interior. La tecnología de cavas de frío ha incentivado la pesca artesanal y su comercio hacia Medellín y Buenaventura (ver aparte sobre los Procesos Económicos Principales y la Pesca Artesanal).

La Subregión hace parte de la reserva forestal del Pacífico, de manera que los derechos territoriales se transmiten por reglas de posesión familiar tradicionales. Sin embargo, el decreto de creación de la colonia agrícola en 1935 dio algunos títulos a colonos del interior, pese a las protestas de los nativos, indígenas y negros, pues tomaron como baldíos tierras de uso tradicional. La creación de la reserva forestal detuvo la titulación, pero en los últimos años se han sustraído miles de hectáreas, de las cuales la población negra e indígena ha sido desplazada. Por lo general, empresarios, comerciantes o individuos en busca de fincas de recreo, compran las mejoras cercanas a las playas por poco precio e inician luego el proceso de titulación, sin mayores trabas jurídicas.

En la misma medida en que crece la afluencia externa, el nativo ha perdido la tierra. Es fácil observar en las playas y en toda la zona costera en tierras de vocación agrícola, a nuevos propietarios, sobre todo antioqueños y caldenses. La presión colonizadora de este tipo ha aumentado desde la apertura de la carretera Puerto Rico-Santa Cecilia-Tadó-Las Animas-Nuquí. Igualmente, la explotación de maderas y sus efectos sobre el bosque se han acrecentado, como se puede observar en el tramo carreteable Cértegui-La Y y en zonas del Alto Baudó, parte del Bajo Baudó y Juradó.

En la zona del litoral, la actividad pesquera artesanal se ve afectada por el barrido de los barcos de la empresa Vikingos y los de otros empresarios de Japón y Estados Unidos. La faena pesquera artesanal se realiza en sitios cercanos a los poblados (ver Pesca Artesanal), pero las explotaciones intensivas de la pesca comercial y los costos de combustibles, aparejos y motores fuera de borda, tienden a dificultar esta actividad. Los pescadores deben salir cada día más lejos, con mayores riesgos.

En el litoral, los dueños de cavas, cuartos fríos y máquinas productoras de hielo son los intermediarios del pescado, quienes imponen precios bajos al pescador artesanal. Los intentos tanto de CODECHOCO, como de los mismos pescadores para adelantar programas de apoyo a la pesca artesanal todavía no se consolidan.

Allí el turismo constituye una actividad que podría producir excedentes financieros a la población, pero se encuentra en manos de empresarios de fuera, quienes en épocas de alta temporada atraen turistas especialmente del Valle del Cauca, Antioquia y el eje cafetero. La afluencia de turistas ha traído un aumento en los costos de alimentación, servicios y transportes que crean una compleja situación para la población nativa de Bahía Solano y Nuquí.

La mejor expresión de la calidad de vida de la población se pone de presente en los índices de necesidades básicas insatisfechas. Los índices municipales de Juradó, Alto y Bajo Baudó se sitúan por encima del 70% de NBI, y ligeramente por debajo; Nuquí y Bahía Solano. Estas últimas concentran la oferta de servicios públicos pero en conjunto, la subregión presenta precarias condiciones de nivel de servicios básicos.

En términos de la estructura ocupacional, la situación de Juradó, Bahía Solano y Nuquí es diferente a la de Alto y Bajo Baudó. La importancia del turismo y de los puertos alternos que se proyecta construir en Bahía Solano y Nuquí, se manifiesta en un índice más alto de empleos estables. En Juradó las actividades productivas primarias parecen más importantes, pues se encuentra una mayor contratación de obreros permanentes.

Sin embargo, hay pocos obreros estables en los municipios de la subregión y los que se consideran patronos no representan ni el 0.5% de la población. No es exagerado afirmar que la actividad económica de la subregión es de pequeños productores.

La situación educativa en la subregión presenta índices desfavorables; como en las demás, se concentran los docentes en las zonas urbanas, mientras en las zonas rurales con mayor número de alumnos, los docentes disminuyen. A esta situación contribuyen las condiciones habitacionales, el acceso difícil de algunos sitios, los elevados costos de transporte, la falta de cumplimiento en el pago del personal docente y la infraestructura física inadecuada.

A nivel de educación secundaria y media vocacional, en la subregión encontramos que de los ocho establecimientos existentes, seis se ubican en la zona urbana.

En general, la infraestructura locativa y la dotación de planteles es deficiente en la zona. Otro factor condicionante de la problemática educativa es la municipalización de la educación, pues por una parte, los municipios carecen de los recursos financieros suficientes para el pago del funcionamiento del sector educativo y por otra, intervienen intereses de los políticos para el nombramiento y manejo de los docentes, independiente de su capacidad. Así, no es raro que año tras año se cambien los maestros, sin tener en cuenta la capacitación recibida o la idoneidad en el desempeño docente.

En materia de servicios de salud, la subregión cuenta con un hospital local en Bahía Solano y centros de salud en Nuquí, Juradó, Bajo y Alto Baudó. Su precariedad se suple con los agentes tradicionales. El tonguero, el curandero, la partera y el jaibaná, son los oficiantes del ritual de vida que invocan a diario los pescadores, agricultores y aserradores del litoral Pacífico chocoano.

La actividad de explotación de maderas en gran escala, en la subregión, se realiza mediante permisos que se encuentran a veces superpuestos a los resguardos indígenas, como en el municipio de Juradó, con los conflictos consiguientes. Los aserríos de los pequeños y medianos madereros tienen también una significativa importancia y se realizan sin permisos o controles institucionales.

La subregión está desarticulada geográfica, comercial y administrativamente, de manera que el litoral y el Baudó, sus grandes zonas, se comunican con dificultad.

La zona costera tiene una mayor presión de población foránea, en especial en busca de fincas de recreo y aserríos. Desde el mar los grandes pesqueros compiten desigualmente con la pesca artesanal y los puertos previstos sobre varias bahías, pueden desplazar aún más la población nativa. El Parque Natural Utría puede tener un papel de importancia en la contención del movimiento que se extiende por las playas y las privatiza, en desmedro de toda norma o consideración social.

El agotamiento del bosque por la explotación de maderas genera desequilibrios ecológicos y sociales; la contraposición de intereses, por una parte, entre los grandes, medianos y los pequeños madereros y entre éstos y los indígenas y negros campesinos, hacen de esta región un potencial de mayores conflictos.

El oro y la Subregión del San Juan

"Condoto es un pueblo de calles retorcidas con enormes casas de madera en las que hace veinte años se comía en vajillas importadas directamente de China y hoy parecen restos de un naufragio."

Gabriel García Márquez
Crónicas y reportajes, 1954

La región del San Juan, Istmina, Tadó, Condoto, Nóvita, Sipí sintetiza el hilo central de la historia del Chocó: la extracción aurífera. En Condoto y en el San Juan, no sólo se ven los "restos de un naufragio", se sienten los efectos de la explotación intensiva de la minería sobre el ecosistema y sobre las descendencias indígenas y negras, que un día usaron el metal en los rituales de la vida y la muerte (ver Los Procesos Económicos Principales, La Minería).

Los recursos mineros del Chocó fueron mencionados por los primeros cronistas; ya Balboa habló de la riqueza del río Opogodó (municipio de Condoto) desde la provincia nativa de Abanumaqui, en carta dirigida al Rey en el año de 1513. Cieza de León escribió:"Son muy riquísimos los indios del San Juan y los ríos llevan abundancia de oro" (citado en Echavarría, J., 1986: 22).

Desde el siglo XVI, dicen Arocha y Friedemann, se establecieron "campamentos rústicos, sin mayor planificación, todos a lo largo de los ríos", campamentos que sufrieron numerosos contratiempos por la resistencia indígena al sometimiento. Nóvita y Tadó sobre el río San Juan, y Citará (Quibdó) y Lloró sobre el Atrato, fueron los principales centros mineros del Chocó durante la colonia (Friedemann, N., y Arocha, J., 1982: 191). Pero, "Resultaron vanos los esfuerzos de los españoles para concentrar a los indios en poblados y forzarlos a trabajar en minería. En 1586 Nóvita fue arrasado y aunque se reconstruyó, varias veces más sufrió ataques de los indios" (Ibid).

Desde 1511 los españoles abundaron en la búsqueda del oro en el Chocó y en 1536 los expedicionarios españoles al mando de Pascual de Andagoya llegaron al río San Juan, pero la resistencia y el clima aunados, los llevaron al fracaso (ver Arocha y Friedemann, cit., y Colmenares, 1975).

Desde 1624, se encomendó a órdenes misioneras la reducción de los indios, denominados chocó. Algunos jesuitas entraron al río San Juan, y posteriormente lo hicieron los franciscanos, quienes se establecieron en el río Atrato. Pero sólo décadas más tarde, hacia 1666, se consolidó en forma estable la extracción del oro con base en mano de obra esclava.

En 1688 se dio ya la primera rebelión de esclavos. En junio de 1729 se promulgó la Real Cédula, por la cual se exoneró a los indios del régimen de mita o cuotas para el sector de la minería, hecho que coincidió con la segunda sublevación de mineros esclavos. Según R. Velásquez, se estableció así el primer grupo de negros confederados en rebeldía contra el gobierno de la Corona, quienes se apropiaron de la zona minera más rica del Chocó, el hoy municipio de Tadó, en el San Juan. Esta aldea fue fundada en marzo de 1583 y allí vivían los esclavos de la mina de Monte Carmelo. Las minas del conflicto fueron Santa Lucía, San Francisco, Santa Rosa y Real de Minas de Monte Carmelo. (Echavarría, J., 1986).

"La tercera sublevación del denominado Cantón del San Juan", dice J. Echavarría, fue ya "durante la nueva República, contra el Decreto Ejecutivo N° 30 de marzo de 1825 promulgado por Francisco de Paula Santander, Vicepresidente de la Nueva Granada. El movimiento se extendió a Nóvita y a las parroquias de San Agustín, Noanamá, Baudó, Tadó." (Echavarría, J, cit.: 16).

El derrumbe demográfico indígena, pues se pasó de 60.000 indígenas a comienzos del siglo XVII, a 15.000 a finales del siglo XVIII, fue solucionado con los esclavos. En 1704 el Chocó contaba con 600 esclavos importados y en 1782 ya representaban casi el 75% de la población de un total aproximado de 35.000 habitantes. Como se mencionó en el primer capítulo, los blancos eran dueños o supervisores de las minas, oficiales de la corona, curas o comerciantes, pero no fueron colonos (ver Arocha y Friedemann, cit.: 191-192 y Wade, P., 1989).

Desde el punto de vista físico-natural, el valle del río San Juan se encuentra encerrado por la Serranía del Baudó, la Cordillera Occidental, el Macizo de los Farallones de Cali y el Océano Pacífico. Es una zona de transición de alta lluviosidad y quietud; su morfología es bien distinta a ambos lados del río. Posee una vegetación selvática casi cerrada pero muy variable en sí, típica de los bosques tropicales lluviosos (Guhl, E., 1974).

La llanura del río San Juan, cuya longitud es de 190 km, forma suelos aluviales que contienen ricos yacimientos de minerales muy variados, metálicos y no metálicos. Sin embargo, la minería se ha dedicado prioritariamente a la explotación del oro y platino y recientemente al cobre, carbón y calizas.

Los bosques son ricos en maderas de muy buena calidad, porque su intervención no es tan marcada como en otras áreas del departamento. Pero en las riberas del río San Juan, donde el objetivo no ha sido primordialmente la explotación forestal sino la minería, se aprecia en los últimos años el descuaje del bosque, tanto para uso comercial como doméstico.

La población en esta subregión, en el censo de 1985, era de 72.494 habitantes, localizados en un área de 12.093 km, que representa el 26% del territorio y el 26.9% de la poblacion del departamento (ver Gráficos 1 y 2).

CUADRO N° 17
POBLACION SUBREGION SAN JUAN, 1993

Municipio

Total Cabecera Resto Area mpal. Km2
Istmina 32.667 11.344 21.323 6.814
Tadó 19.056 6.932 12.124 878
Condoto 13.952 8.307 5.645 890
Nóvita 6.486 1.466 5.020 1.184
Sipí 2.831 229 2.602 1.561
San José del Palmar 6.258 2.009 4.249 776

TOTAL

80.251 30.287 63.087 12.093

FUENTE: DANE, Censo 1993.

Los municipios de Istmina, Tadó y Condoto representan más de las tres cuartas partes de la población de la subregión. En 1985 la mayoría de la población se localizó en las áreas rurales. Condoto decrecía en 1985 a tasas elevadas de -1.2%, mientras que Istmina, Tadó y San José del Palmar no crecían en absoluto o decrecían a tasas moderadas (CIDER, 1991: 37). Para 1993, Nóvita acentuó su decrecimiento de población y perdió más de la mitad de su población en la cabecera. Condoto, en cambio, aumentó mucho en su cabecera e Istmina lo hizo en forma moderada. De seguir esta tendencia, Condoto puede reemplazar a Istmina como centro regional.

La comparación de los censos de 1973 y 1985 revela los bajos índices de crecimiento, incluso decrecimiento de todos los municipios de la subregión, y la expulsión de población. Pero en la década del ochenta al noventa afluye población en torno a la minería, desde el viejo Caldas, Antioquia y otras zonas, manteniendo una nueva población, alguna flotante. Esta es más significativa por su actividad económica, que por su valor numérico. El crecimiento de las cabeceras según censo de 1993, excepto Nóvita, y el decrecimiento de las áreas rurales es otra constante para todos los municipios de la subregión.

La población de esta subregión en su mayoría es de origen afroamericano, pero se encuentra población wanana y de inmigrantes blancos dedicados a la explotación minera semi-industrial.

En la subregión, el único municipio donde prevalecen los blanco-mestizos es en San José del Palmar, cuya actividad económica principal es la agropecuaria: café, cacao, maíz y frutales, son cultivos que generan excedentes para el campesino de la zona. San José del Palmar tiene acceso vial a los departamentos del Valle del Cauca y Risaralda; de allí la marcada influencia económica, política y cultural de éstos en la vida de dicho municipio.

De conformidad con el Mapa de Pobreza del DANE, el porcentaje de necesidades básicas insatisfechas en la subregión oscila entre 93% de NBI en Nóvita y 70% en Condoto; en San José del Palmar desciende al 65%.

Como quedó ya dicho, la minería es la principal actividad económica de la subregión: artesanal, industrial y semi-industrial, descritas en lo referente a minería.

La organización del trabajo minero tradicional en el Chocó está determinada por el sistema amplio de parentesco denominado de troncos o ramaje, ya descrito.

Es de importancia insistir en los impactos causados por la actividad minera en el San Juan, con base en estudio realizado por SER Consultores, para CODECHOCO.

La minería artesanal afecta adversamente la categoría biótica, en particular la fauna acuática y la flora terrestre, y en menor grado la fauna terrestre, por la disposición de lodos, el lavado de costales, la disposición de materiales estériles y el desmonte del terreno (SER Consultores, 1991: 112). Aún así, la minería artesanal no tiene un efecto sobre el medio tan grave como las otras, dada su magnitud limitada.

Sin embargo, el auge del trabajo con motobomba modifica sustancialmente las condiciones técnicas y la organización del trabajo, y aumenta la capacidad de impacto de la pequeña minería, que deja de ser artesanal para seguir un patrón de miniempresa. La tecnificación de este tipo de minería ha beneficiado marginalmente la estructura del ingreso familiar.

En la minería semiindustrial e industrial, los efectos ambientales y sociales son más profundos y duraderos.

En la primera, desde el desmonte y la limpieza, hasta los vertimientos, la disposición de aceites, la disposición de materiales gruesos y estériles afectan de manera drástica la flora y la fauna terrestres y acuáticas. Los carreteables y campamentos son también fuente de perturbación y destrucción de la flora y fauna terrestres.

La minería industrial durante un largo período (ver La Minería), funcionó como una economía de enclave, con las características de baja reinversión local y gran impacto ambiental. Desde la nacionalización, la empresa Metales Preciosos del Chocó se encuentra en una semiparálisis, con efectos depresivos especialmente sobre la población de Andagoya. El dragado, la disposición de lodos y la separación del mercurio han ocasionado ya efectos devastadores.

Este tipo de explotación no ha generado cambios en la estructura poblacional ni en las tasas de migración, por cuanto la mayoría de los trabajadores han sido nativos de la región. En cambio la minería semiindustrial tiene también repercusiones en la composición de la población. No sólo atrae inmigrantes temporales y desestabiliza la pirámide poblacional, sino que también comienza a generar presiones sobre la economía y la estructura social locales, y expulsa población nativa.

El empleo que genera esta actividad es limitado y se dirige a las labores menos calificadas, pues los empresarios acostumbran traer los trabajadores más calificados de su región de origen, por lo general de la zona minera de Antioquia. En cambio, el aumento general en el costo de vida afecta a los nativos.

Otro campo de conflictos gira alrededor de la tierra, en la medida en que es frecuente que los nativos se vean expropiados por la carencia de títulos de propiedad. Adicionalmente, el daño causado a las tierras explotadas en arriendo obliga a una dispendiosa adecuación.

En el campo de la salud han aumentado algunas enfermedades infectocontagiosas; la malaria crece por los focos de zancudos en las lagunas dejadas por las excavaciones.

La estructura ocupacional documentada por el censo de 1985, ha cambiado. Hoy día los obreros con más de 9 meses en Tadó y Condoto son casi el 4% de las categorías, mientras en 1985 no alcanzaban el 0.25%. En 1985 sólo se alcanzaba esa cifra en San José del Palmar, con un 6.4%. Otra categoría que se ha incrementado, es la de patrono con más de 9 meses en la zona.

En general, en la subregión del San Juan, de las 14.213 viviendas registradas en 1990, apenas el 5.5% tenía todos los servicios (acueducto, alcantarillado y energía). En esta subregión se encuentra el municipio de Sipí, que tiene uno de los índices más altos del país en necesidades básicas insatisfechas, 97.8%.

En Istmina funciona la sede de la universidad a distancia de la Universidad Tecnológica del Chocó, principalmente ofrece licenciatura en Ciencias de la Educación. A nivel de primaria y por la concentración de la población escolar en el sector rural, la subregión sufre los efectos de dispersión, mala calidad y deterioro de la infraestructura física.

Se sienten también en la región los efectos de la municipalización de la educación, al punto que en el municipio de Istmina no hubo año escolar durante 1991 para básica primaria, por dificultades en la contratación y pago de los docentes.

Lo más destacado de la subregión del San Juan es el vasto impacto de la minería sobre los bosques de las riberas, sobre los cauces, la flora, la fauna y la vida cultural asociada a ellos. Se requieren con prioridad proyectos de desarrollo sostenido que no multipliquen más, "los restos de un naufragio ".

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5 . La información disponible se concentra en la franja costera, en desmedro de la Serranía del Baudó. (Regresar)

6 . La cabecera tuvo en el censo de 1973, 639 habitantes; en 1985, 1.382 y en 1993 ascendió a 5.229. En la zona rural, en su orden, fue de 13.777; 15.681 y 10.701 respectivamente. (Regresar)