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IV
LOS PROCESOS ECONOMICOS PRINCIPALES
EN LA ECONOMIA chocoana
predominan los procesos productivos primarios, la minería de oro y platino, la
agricultura, la pesca, la explotación de madera y en algunas zonas la ganadería.El
comercio es ahora una actividad concentrada en agentes de origen no chocoano, quienes
remplazaron a los comerciantes que vivieron el auge minero con el establecimiento de la
Chocó Pacífico en 1920.
Ciertas características
del departamento, tales como la precariedad de las vías de acceso y la inexistencia de un
mercado interno regional, inciden en los procesos económicos. Los mercados se fragmentan
en una serie de circuitos relativamente aislados, orientados alrededor de las cabeceras
urbanas, tanto por la ineficiente integración física intrarregional, como por la mayor
influencia de otras regiones sobre ciertos sectores del departamento. El Chocó asume así
la forma de subregiones articuladas a otros polos de desarrollo, alrededor de algunos
productos con destino extradepartamental y débiles lazos entre sí.
Así por ejemplo, el Bajo
Baudó y Nuquí tienen mayor interrelación con Buenaventura; San José del Palmar con el
Valle del Cauca; El Carmen de Atrato con Medellín; Acandí, Riosucio y Unguía con el
Urabá antioqueño. En resumen, puede ser más importante el vínculo económico hacia
fuera que hacia dentro del departamento.
Las actividades
relacionadas con la explotación de recursos naturales renovables y no renovables, carecen
de una estructura de transformación de bienes que permita canalizar los excedentes
generados de las actividades de explotación minera o maderera para reinvertirlos en la
región. El Chocó es entonces un generador de riquezas hacia otras zonas del país y aún
del exterior, pues los recursos que se explotan se transforman y se convierten en
mercancías fuera. Esto ha convertido al departamento en importador de la mayoría de los
bienes de consumo y aún de bienes procesados que de allí se extraen, como cierto tipo de
maderas.
Los altos costos de
inversión, la carencia de servicios básicos, sobre todo viales, son algunas de las
trabas que impiden la creación de industrias capaces de ofrecer empleo y beneficio a la
población departamental y servir como punto de expansión de las actividades
tradicionales.
Debido a la debilidad de
"la economía departamental, se vuelve más notable la dependencia que tiene la
población del sector público, como fuente de empleo más estable" (CIDER-SW
1991: 29).
Esta característica
refuerza la debilidad de infraestructura económica, pues buena parte de los recursos
departamentales los absorbe la nómina oficial. No es tampoco un secreto la existencia de
corrupción en el manejo de los dineros públicos y la ardua y constante lucha por el
control institucional por parte de los distintos sectores políticos locales.
La producción
agrícola y pecuaria
Si bien existe poca
información actualizada, la información disponible plantea que el área total dedicada a
las actividades agropecuarias es reducida, ya que se estima que casi el 60% del territorio
en explotación se dedica a las actividades de minería y explotación forestal.
El Departamento Nacional
de Planeación calculaba que hace diez años cerca del 42% de la tierra se dedicaba a la
agricultura. Desde entonces la frontera agrícola se ha expandido especialmente al norte y
nororiente, pero aún predominan la minería y la explotación forestal.
Los productos agrícolas
principales son el plátano, el arroz, la caña, el maíz y el banano. Otros productos
menores son frutales como el borojó y el chontaduro. Desde el punto de vista del volumen
de la produccción, el plátano ocupa el primer lugar. Le siguen la yuca, el arroz secano
y la caña panelera. Por superficie sembrada el maíz tradicional es el producto más
importante.
Quibdó sirve como centro
de acopio y exportación de productos agrícolas hacia fuera del departamento y hacia
otros municipios de la región. Este papel está dado tanto por ser puerto fluvial, como
por su conexión con las principales vías terrestres del departamento: Quibdó-Medellín;
Quibdó-Tadó-Pereira; Quibdó-Istmina-Condoto.
Aunque Quibdó es el
centro comercial más importante del departamento, cabe destacar a los municipios de
Istmina y Tadó como centros subregionales.
Es indudable que el
producto con mayor circulación dentro del departamento es el plátano, alimento básico
en la dieta diaria y a la vez es el que más se exporta; le sigue el arroz que se produce
en el medio Atrato y especialmente en el alto y bajo Baudó, con limitadas condiciones
técnicas.
Los municipios de
Riosucio, Acandí, Unguía y San José del Palmar muestran una tendencia mayor a la
exportación, en vez de abastecer mercados internos. Ello refleja tanto las limitaciones
de la conexión vial, especialmente con San José del Palmar, como la importancia que
tiene la actividad agrícola en la zona del Urabá chocoano. En contraste, los municipios
de Alto Baudó, Istmina y Bojayá tienen mayores niveles de comercio con otros municipios
del Chocó.
En San José del Palmar y
El Carmen de Atrato tienen relativa importancia las hortalizas y el café. Aunque no hay
datos precisos para estos dos municipios, se considera que El Carmen comercia básicamente
con Bolívar (Antioquia) y Quibdó y San José del Palmar con Cartago (Valle). San José
no tiene ninguna vía que lo conecte con el resto del departamento, como ya se ha dicho.
La ganadería en el
departamento se limita básicamente a satisfacer el consumo local. Las zonas más
ganaderas son los municipios de influencia colonizadora, como Acandí, Unguía, Riosucio,
El Carmen de Atrato y San José del Palmar. La ganadería se ubica básicamente en la
región del Urabá chocoano y en el sur-oriente del departamento. En el Urabá, los
colonos iniciales fueron reemplazados por grandes ganaderos, por lo general propietarios
ausentistas; los pastos rodean los resguardos indígenas y desplazaron a los campesinos
negros.
Durante años los
indígenas y la población negra utilizaron la caza tradicional para el consumo familiar;
el venado, la guagua, el perico, el saíno, hoy agotados en las selvas chocoanas,
proveían de proteína animal a las familias asentadas en el sector rural. La explotación
intensiva, la introducción de nuevas tecnologías y la falta de políticas sobre manejo y
conservación de estos recursos, llevaron al ecocidio faunístico de especies propias y la
dependencia de la ganadería.
Desde el punto de vista
jurídico, la mayor parte de las tierras cultivadas están cubiertas por la reserva
forestal del Pacífico, lo cual implica limitaciones para su titulación. Este hecho fue
manejado mediante canales tradicionales de reconocimiento y legitimación de la
apropiación y de la propiedad territorial entre las familias negras y entre los
indígenas y no estuvo exento de conflictos y roces, especialmente en áreas colindantes.
Paulatinamente se
presentaron presiones para levantar áreas de reserva, bien con destino a nuevas zonas de
colonización (Urabá chocoano especialmente y alrededores de poblados costeros), bien
para los indígenas, bajo la forma de resguardos o reservas especiales. Los campesinos
negros presenciaron la conformación de nuevos derechos, unos individuales, otros
colectivos, que modificaron los acuerdos de la tradición y no los tomaban en cuenta.
Algunas organizaciones
populares, ACIA
(1)
y OBAPO
(2)
, y otros
activistas negros, intentaron que la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 considerara
la necesidad de reglamentar los derechos territoriales de los campesinos negros y los
tomaran como grupo étnico cultural. Después de numerosas discusiones obtuvieron el
artículo transitorio 55.
El artículo consideró la necesidad de reglamentar
dichos derechos para los habitantes rurales ribereños de los ríos de la cuenca del
Pacífico; para ello se creó una Comisión Especial, con participación de entidades del
gobierno, delegados de las comunidades negras del Pacífico, algunos políticos y expertos
en el tema. Esta comisión, después de un arduo trabajo, propuso la ley que reglamentó
el artículo transitorio, la ley 70 de 1993. Nuevas comisiones deberán dar forma a los
derechos territoriales y a las garantías de respeto étnico cultural y el acceso a
mecanismos de fomento social y económico.
Es claro, sin embargo,
que el desarrollo agropecuario del Chocó, por su biodiversidad y por la fragilidad del
suelo, debe estar supeditado a determinadas áreas. El Chocó no tiene definitivamente una
vocación agropecuaria y la expansión de esta frontera va en detrimento del equilibrio
ecológico y fundamentalmente de las culturas rurales afro y amerindias.
Está vigente la pregunta
sobre cómo puede llegarse a un nuevo balance dados los cambios en las formas de
apropiación territorial, en los equilibrios interétnicos de distribución territorial,
en los modelos de explotación agrícola y frente al uso no destructivo de la
biodiversidad.
La pesca artesanal
El Chocó, por su
posición geográfica y su biodiversidad en el ecosistema, tiene tanto en sus ríos como
en las costas, un enorme recurso pesquero. El litoral Pacífico chocoano es la zona de
gran potencialidad para la captura, comercialización y procesamiento de productos
marinos.
La Costa Pacífica
chocoana, según Takahisa Mituhasi, tiene una extensión aproximada de 650 kilómetros
sobre el mar y se divide en dos partes: la parte sur, desde el límite con el departamento
del Valle hasta el Cabo Corrientes y la parte norte, desde éste hasta la frontera con
Panamá.
La parte sur se
caracteriza por la selva del mangle y los esteros; la plataforma continental es estrecha y
los pueblos están asentados en las bocas del río y de los esteros.
En la parte norte, el
fondo marino presenta un declive abrupto y la montaña se aproxima a la orilla del mar;
las comunidades se asientan principalmente en las playas (Takahisa, 1992).
A lo largo de la zona
costera del Pacífico chocoano hay unas sesenta comunidades con aproximadamente 900
pescadores profesionales de pequeña escala, según Takahisa: "la forma de pesca
es principalmente individual, existen muy pocos grupos y asociaciones de pescadores. Los
aparejos utilizados son también en pequeña escala" (Ibid: 10).
Los aparejos y métodos
de pesca se clasifican en tres categorías: pesca con anzuelo, pesca con red y pesca con
otros instrumentos. Cada uno tiene sus técnicas y objetivos propios. La introducción de
materiales pesqueros como el nylon o el paño de red, si bien están difundidos, son caros
para los pescadores artesanales.
Dice Takahisa que "La
mayoría de los pescadores se dedican a sus actividades de pesca en lugares cercanos al
pueblo. Una parte de ellos salen a pescar lejos, en grupo, y realizan su actividad
mientras se encuentran hospedados en pueblos cercanos al sitio de pesca. El esfuerzo
pesquero está concentrado en los peces bentónicos de carne blanca. La capacidad de las
embarcaciones utilizadas está haciendo muy limitados los sitios para las faenas
destinadas a la captura de los peces bentónicos"
(Takahisa, 1992:
15-17).
Dicha tendencia hace que los pescadores en la actualidad se alejen más y
más de las comunidades para realizar su faena, elevando los costos del transporte y de la
actividad.
Los buques arrastraderos
de la pesca comercial hacen su faena en alta mar y a veces cerca de la costa; botan al mar
los peces no aprovechados y causan el agotamiento de recursos pesqueros en la zona. Por
ello y por la falta de recursos tecnológicos para la conservación y manejo del pescado y
demás productos marinos, la actividad pesquera es de consumo familiar y los excedentes
son para la comercialización local y eventualmente se llevan a Buenaventura y Quibdó.
Para la conservación del
producto utilizan la técnica del secado al sol y el ahumado; en unos pocos sitios existen
cuartos fríos y cavas de hielo donde se almacena el pescado para comercializar. En
general, el proceso de conservación es un cuello de botella para el pescador artesanal
que no puede utilizar la técnica de congelación del producto fresco, pues carece de los
recursos financieros y tecnológicos que se lo permitan.
La comercialización se
realiza por vía aérea hacia Bahía Solano y Nuquí o por el mar hacia Buenaventura.
En general, tanto para el
norte como para el sur, los intermediarios son quienes se encargan de la comercialización
del pescado, sobre todo el de carne blanca, y el de los camarones. Los precios de compra
son muy bajos. Los intermediarios suelen hacer el negocio al fiado con los pescadores
artesanales y les proporcionan facilidad para los aparejos de pesca, combustible, hielo y
medios de subsistencia.
En varias comunidades se
produce pescado seco salado y ahumado para autoconsumo o la venta en los mercados locales.
Los pescados salados y ahumados son parte de las comidas típicas, con variedad de
preparaciones locales.
Desde hace algunos años
se intenta, aún débilmente, la producción de enlatados (Nuquí) y precocidos con
destino al interior.
Las comunidades asentadas
en los ríos Atrato y Baudó y en el San Juan, utilizan las viejas técnicas de salado,
ahumado y secado al sol y buena parte de la producción se consume localmente. La hoya del
río Atrato en la parte media y baja es la más rica y abundante en especies tales como
bocachico, sabaletas, bagre, dentón, sábalo, barbudo. El río Baudó también tiene
recursos pesqueros considerables.
Para el río San Juan es
interesante resaltar los estudios que indican que el río no tiene los nutrientes
necesarios para albergar una abundante fauna acuática que sirva de alimento a los peces
del sistema hídrico. Es probable que la alta concentración de sólidos en suspensión,
como consecuencia de la actividad minera, sea un factor que aleje los peces de la zona.
Otro factor que puede afectar la abundancia de la ictiofauna, es la introducción del
tucunare (cichla ocellaris),
pez carnívoro de la cuenca amazónica
traído hace aproximadamente 20 años; este pez pudo depredar a las especies del río San
Juan, muchas de ellas endémicas (SER, 1991).
El estudio del Instituto
SER sobre impacto de la minería plantea que "las acciones desarrolladas por la
minería industrial que producen impactos adversos de magnitud alta y de alta importancia
en la actividad pesquera en el San Juan son las disposiciones de lodos, el dragado y la
separación de mercurios. Los vertimientos y la disposición de aceites de la minería
semiindustrial afectan la fauna acuática" (Ibid:
113).
El SER resalta el impacto
sobre la ictiofauna pues en "las comunidades de organismos acuáticos se
destruyen los nichos donde estas comunidades se asientan. Los peces, por el incremento de
los niveles de sólidos en el agua, así como por la escasez de alimentos, son alejados de
las zonas de actividad de esta minería, ocasionando una disminución de la oferta
alimentaria a los pobladores del lugar" (Ibid).
El uso del mercurio en la
actividad minera constituye otro efecto negativo para la fauna acuática. Según el
estudio ya mencionado, las concentraciones de mercurio en los peces son altamente
preocupantes; por ejemplo, a dos ejemplares de sábalo se les realizó un análisis y se
encontraron concentraciones alarmantes de mercurio en el tejido muscular y en el visceral
(entre 1.4 y 2.4 Mg/kg).
En legislaciones de
"países como E. U. y Suecia, el límite permitido de mercurio en tejido de peces
es de 0.5 Mg/kg., lo que revela la enorme magnitud de este impacto adverso en la fauna
acuática del río San Juan" (Ibid:
12).
El mercurio analizado se
encuentra acumulado en los tejidos, lo que indica que los peces vienen recibiendo este
contaminante en dosis pequeñas, pero en un tiempo largo, dado el tamaño de los
ejemplares analizados.
En los ríos Atrato,
Baudó y afluentes como el Capá, Andágueda y Tumutumbudó, el uso del taco de dinamita
tiene un impacto adverso sobre la fauna acuática. Igualmente, el barbasco y los
fungicidas utilizados para el tratamiento de las maderas, inciden enormente en el
deterioro de la fauna acuática.
Deforestación y otras
actividades forestales
Ya se destacó cómo
el territorio chocoano contiene la proporción más elevada de endemismo específico de
todo el continente (Gentry, 1990: 41). Sin embargo, sufre hoy día, la tala intensiva e
indiscriminada de los bosques. En un proceso que se refuerza internamente, las escasas
oportunidades de ingresos adicionales a la agricultura inducen a los campesinos a
participar en las talas para las grandes compañías madereras, o a formar sus pequeños
aserríos. Pero el empobrecimiento del bosque y del ecosistema, aumentan el
empobrecimiento de las comunidades rurales
(ver DIAR, 1987:40 y DNP, 1988).
La sobre-explotación de
los bosques trae consigo el desequilibrio del ecosistema: erosión, pérdida de
nacimientos de agua y desaparición de fauna y flora.
Pero, por otra parte,
estos mismos bosques han sido subutilizados por cuanto se explotan sólo las especies que
tienen interés como madera, pero no se aprovecha la diversidad existente.
La explotación de
maderas se concentra en el Urabá (Riosucio, Acandí y Unguía), en la zona del Atrato
medio (Bojayá y Quibdó), en el bajo San Juan (Istmina) y en el litoral Pacífico.
Sobresalen como especies
de madera, típicas del norte chocoano, la asociación pancanal
(3)
, la asociación catival, la que comprende las
especies de cedro, quino, tanjeras, caoba, roble y ceiba toluá; la asociación entre
sande, guasco, caimo, nuánamo y la del abarco. En el centro, el pino, abarco, anime,
sande, aserrín, carrá, cedro, la asociación manglar y nato.
Numerosas discusiones han
surgido en los últimos años sobre los permisos de aprovechamiento forestal, discusiones
que han recorrido las instituciones regionales y nacionales y dividen en ocasiones a las
propias comunidades en bloques antagónicos. Si bien se ha ampliado la conciencia general
sobre la importancia de modificar las formas rapaces de aprovechamiento, los intereses que
giran sobre la explotación maderera son fuertes y numerosos y se enraizan localmente.
Los problemas se inician
con el otorgamiento y continúan con el control y la vigilancia sobre volúmenes, áreas,
especies y sitios de explotación. Las deficiencias son ampliamente conocidas,
especialmente en la delimitación de áreas y especies. En estos años se han presentado
conflictos, por la sobreposición de permisos de explotación con los resguardos
indígenas y territorios de otros pobladores locales. Ciertas zonas de Juradó, alto
Andágueda y Tanela o Riosucio, son ejemplos de lo anterior. Los mayores volúmenes de
madera movilizados en 1990 y 1991, provinieron de Riosucio. En los Anexos Nos. 1, 2, 3 y 4
se describen los permisos otorgados en esos años.
A raíz de las
discusiones promovidas en 1992 y 1993 por los delegados comunitarios de la Comisión
Especial de Comunidades Negras sobre el permiso de explotación denominado Balsa II
(Atrato medio), se evidenció una vez más la precariedad en la toma de decisiones para el
otorgamiento de los permisos. Los permisos adolecen de una delimitación precisa y se
otorgan principalmente a grandes compañías madereras. Por ello es de la mayor
importancia incorporar las comunidades en la toma de decisiones y en la vigilancia del
cumplimiento de las condiciones de extracción para evitar que se exploten especies no
autorizadas y mayores volúmenes de los permitidos.
Si analizamos los
volúmenes por especie movilizados en 1990-91 encontramos que el cativo (204.488.78 m3
para 1990 y 110.303.62 m3 en 1991) representa el 74.57% de las especies movilizadas. Como
ya se dijo, el catival es importante para mantener estable el cauce de los ríos y regular
los nutrientes y frutos de las aguas que contribuyen al soporte de comunidades animales
acuáticas (Durán y otros, 1989; ver Cuadro Nș 12).
CUADRO Nș 12
VOLUMEN DE MADERA MOVILIZADO POR
ESPECIES, 1992
|
Especies
|
Volumen ( m3
)
|
Porcentaje (
% )
|
|
cativo
|
204.488,73
|
74,57
|
|
cedro
|
15.343,74
|
5,59
|
|
chanú
|
12.573,81
|
4,56
|
|
abarco
|
10.327,60
|
3,76
|
|
güino
|
11.940,20
|
4,35
|
|
otras
|
10.578,88
|
7,14
|
|
TOTAL
|
274.293,01
|
100,00
|
FUENTE: CODECHOCO,
División de Recursos Naturales, 1992.
En las regiones donde
predomina el fenómeno de colonización (Urabá chocoano y zona de influencia de la
carretera al océano Pacífico), la tala del bosque ha ocasionado ya irreparables daños
ecológicos. Esto contribuye a la progresiva pauperización de las culturas chocoanas y
hace urgente establecer proyectos alternativos de reposición natural. Es necesario
estudiar la gama de posibilidades económicas de los productos menores (resinas, gomas,
aceites, látex, etc.). Apenas se inicia el conocimiento del papel del bosque en las
comunidades rurales y su formas de uso, el empleo de tecnologías tradicionales eficientes
en su explotación y el papel de la familia como unidad básica de producción, manejo y
conservación del ambiente.
Los permisos pequeños,
denominados persistentes de explotación forestal, corresponden a la clase D (200
m3 de madera en bruto), inciden también de manera adversa en la degradación del ambiente
por su concentración en los ríos y quebradas.
Los precarios recaudos
por aprovechamiento forestal reflejan la falta de eficiencia estatal (ver Anexo Nș 5). La
ausencia de proyectos de uso, manejo y conservación ambiental que aprovechen de manera no
destructiva los recursos es también evidente.
La presión hacia la
explotación rápida de maderas y la falta de una estructura institucional eficiente que
permita enfrentar la destrucción de los bosques, hacen temer que en corto tiempo el
Chocó habrá perdido buena parte de su cubierta vegetal. Todavía no prosperan los
proyectos de conservación y manejo sostenido del recurso bosque en interacción con los
modelos culturales existentes.
La minería, presencia
renovada
La minería ha sido
el hilo histórico de unión del Chocó con el país y el exterior, su marca como zona de
frontera, como al comienzo se señaló. Impregna la vida social regional, plena de
múltiples significados culturales.
En el Chocó la actividad
minera se puede clasificar, según la técnica de explotación, en minería artesanal,
semiindustrial y minería industrial (ver Anexos Nos. 6, 7, 8 y 9).
Las principales zonas
mineras se encuentran en la cuenca del río San Juan, en especial en Istmina, Condoto y
Tadó.
La explotación del oro
aluvial se realizaba y aún se practica marginalmente, a través del llamado barequeo. Las
técnicas del barequeo, según el tipo de mina, son el hoyadero, la manga y el
zambullidero, en la denominación local. La población afrochocoana ha utilizado como
instrumentos tradicionales bateas, almocafres, barretones, mates, canaletes.
La minería artesanal se
practica por grupos de 10 a 12 personas denominados cuadrillas.
Cada
cuadrilla tiene un jefe y básicamente están conformadas por familiares, aunque
incorporan también, ocasionalmente, compadres o amigos.
La actividad minera
varía según las condiciones estacionales y las de la mina misma. Se trabaja cada
yacimiento a lo largo de ríos y quebradas con técnicas apropiadas a sus
características. En el curso del año, la explotación se ajusta al caudal de las
fuentes; en las épocas con mayor caudal (mayo, noviembre) se buscan nuevas minas o se
detiene la actividad; en el verano, (diciembre, enero, febrero) se modifica el acceso a
las minas, lo que obliga a la suspensión de actividades. La técnica de zambulleo, por
ejemplo, se utiliza más en esta época. Cuando no se puede practicar la minería, los
hombres aprovechan para trabajar en las distintas parcelas (ver Torres, T., 1989).
Las redes de los troncos
familiares determinan los derechos sobre los terrenos y cauces mineros y sobre el reparto
de las utilidades. Quienes tienen un derecho sobre una mina pueden ceder a otros su
usufructo y reciben por ello utilidades preestablecidas. También pueden conformar una compañía
con tres tipos de participantes: el dueño de la mina, los asociados por utilidades y
los obreros, quienes trabajan por jornal.
En la mayoría de los
casos, la minería artesanal se complementa con la agricultura, la pesca y la caza, pero
la minería es el eje social y cultural de la mayoría de la población negra. "La
minería y su producto final, el oro, nos dictan qué hacer y qué no hacer todo momento",
dice Tomás Torres (Ibid: 30), refiriéndose a Neguá.
Como innovaciones
tecnológicas de la minería artesanal, se introdujeron hace unos años los motores
estacionarios de gasolina (entre 9 y 15 H.P.), las motobombas y las draguetas. Su
utilización fue aprendida de las zonas mineras de Antioquia, en especial en Nechí,
Zaragoza, El Bagre y Machuca, donde emigraron mineros negros por algunos años; de allí
muchos volvieron con ahorros, que dedicaron a la maquinaria.
Los pequeños motores
impulsan la succión de agua, que se aplica a una
pena
(4)
;
el material pasa a un canalón, donde se
clasifica. Las motobombas pueden emplearse también dentro del río donde se trabaja con
buzos, hasta 5 y 6 mts. de profundidad.
Los costos de una
motobomba (alrededor de un millón de pesos) y el capital de trabajo necesario para
comestibles, campamento y combustible, llevan a la búsqueda de apoyo financiero. Algunos
comerciantes financian entonces las compañías,
compuestas al menos por
tres mineros y un maquinista.
Desde mediados de los
años 80 se han extendido las motobombas y draguetas; su número es difícil de precisar,
pues no operan con licencia, pero se encuentran en toda el área minera del San Juan, con
mayor concentración en Lloró, Bebará, Bebaramá, Condoto, Andágueda y los ríos Zuruco
e Iró.
Para el trabajo con
motobombas se realiza un acuerdo con quien tiene el derecho sobre el terreno; este recibe
un puesto
dentro del negocio, que equivale a un porcentaje de las
ganancias. El dueño de la motobomba quien suele ser el jefe del grupo, recibe otro
porcentaje y los otros socios, uno menor. Los comerciantes que fían los equipos o los
víveres, suelen comprar parte del producto formando una cadena de dependencias
característica de las zonas mineras, pero que al parecer no es tan importante en el
Chocó como en otras regiones.
El empleo de motobombas y
draguetas eleva los ingresos de los asociados y modifica la organización minera artesanal
en varios sentidos. Las compañías son casi exclusivamente masculinas, se tienden a
convertir en actividad permanente y toman características de pequeña empresa.
También se presentan
disputas y enfrentamientos sobre los derechos de explotación de ciertas minas. Algunos
dirigentes plantearon que "en los núcleos familiares que pertenecen a un tronco
compuesto por cinco, siete o hasta quince familias, una vez que la mina entra en
producción comienzan los problemas, pues ya no se tiene la misma estructura organizativa
para la explotación. Ya no están ligadas a la posesión familiar sobre una determinada
extensión de tierra para los diferentes ramajes".
La explotación con
motobombas y draguetas causa impactos adversos en quebradas, ríos y zona selvática;
contribuye al deterioro de la fauna acuática por el efecto de desechos y el uso del
mercurio y deja hoyos en las áreas intervenidas, que se convierten en zoocriaderos de
mosquitos y zancudos (ver Anexo Nș 6).
Numerosas creencias sobre
el oro alimentan prácticas rituales, algunas secretas. El minero recela y desconfía.
Debe protegerse continuamente de otros. El oro, dicen, está vivo, camina, corre. Si la
persona "es ambiciosa y tiene ansia, se vuelve agua".
Si no
reparte las ganancias de la mina con sus parientes, el oro huye. Es preciso dar ganancias
a los familiares que tienen derechos sobre el terreno y en general, es necesario compartir
las bonanzas con la parentela
(5)
.
Por su parte, el
barequeo, principalmente llevado a cabo por mujeres, se ha reubicado alrededor del trabajo
minero semiindustrial. Los pozos abiertos por las retroexcavadoras son trabajados por
enjambres de barequeros, mujeres, niños y algunos hombres, que siguen paso a paso el
trabajo de las máquinas.
Se entiende por minería
semiindustrial la realizada por empresarios con equipos de retroexcavadoras y motores
estacionarios de 80 H.P. de potencia. Como equipo de apoyo usan clasificadoras del
material, volquetas, canalones. Cada retroexcavadora tiene un costo entre 150 y 200
millones de pesos y el motor alrededor de 20 millones de pesos, lo que implica inversiones
altas.
Genera excedentes
apreciables para los propietarios, en su gran mayoría paisas
y cambios
importantes en las estructuras socioculturales de la población nativa y en el ambiente
natural.
Esta minería inició su
auge alrededor de 1985, con la afluencia de empresarios de la zona minera antioqueña,
atraídos por el precio del oro y la tranquilidad de la región.
El número de
retroexcavadoras en el San Juan, típicas de la minería semiindustrial, para 1992 era
aproximadamente la siguiente:
Condoto: 45
retroexcavadoras.
Istmina: 10
retroexcavadoras.
Tadó: 13
retroexcavadoras.
Los impuestos que se han
logrado recaudar en los diferentes municipios no se compadecen con el deterioro ambiental
que producen. Adicionalmente, el oro extraído se vende y registra fundamentalmente en
Antioquia y Risaralda, pues allí lo declaran los comerciantes, de manera que se evaden
las regalías locales.
Efectos inmediatos son la
afluencia de inmigrantes como trabajadores de la minería o comerciantes, con un aumento
del costo de vida en la región. La demanda por vivienda, por ejemplo, elevó notablemente
el valor de los arrendamientos. Los cascos urbanos de la región han recibido un flujo de
población foránea, alrededor de la cual se intensifican la prostitución y el consumo de
alcohol.
Otra de las
modificaciones es la generalización del arrendamiento de terrenos, que rompen los
derechos de la red familiar más amplia y generan tensiones dentro de ella.
La extracción del
mineral por las retroexcavadoras ocasiona un impacto de gran magnitud sobre la vegetación
de vega. Se destruye no sólo la capa vegetal sino las geoformas, hecho que hace difícil
y muy lenta la recuperación de la cobertura vegetal (SER CONSULTORES, 1991). Hasta el
presente no se ha logrado el relleno de los pozos que dejan, que implican una inversión
adicional para los empresarios.
Al disminuir la
vegetación con sus diferentes estratos se elimina el hábitat de muchas especies de
vertebrados, que aunque no desaparecen, disminuyen su capacidad de adaptación y
supervivencia en el nuevo hábitat invadido (Ibid: 92).
Este tipo de minería no
contempla normas mínimas de manejo ambiental y puede considerarse como depredadora en
cuanto a lo físico-espacial.
La minería industrial en
el Chocó se limita a los trabajos realizados en la subregión del San Juan por la
compañía conocida en la actualidad como Mineros del Chocó. El trabajo se realiza
mediante dragas estacionadas en distintos lechos (ver Anexo Nș 9). Hoy en día sólo se
encuentran en servicio tres dragas ubicadas en la zona de Condoto, con unos 300
trabajadores.
Héctor Melo en su
investigación sobre la inversión foránea en el oro señala que los capitales
británicos estuvieron asociados al inicio de las operaciones mineras mecanizadas en el
Chocó (Melo, H., 1985).
En 1907, el presidente
Rafael Reyes otorgó al general Cicerón Castillo una concesión para realizar operaciones
mineras en el río Condoto. Castillo formó una compañía en Bogotá; realizó trabajos
de prospección e inició luego modestas operaciones hidráulicas. Las dificultades que
enfrentó Castillo, lo llevaron a ofrecer su concesión en venta a la compañía inglesa
Consolidated Gold Fields, que realizó negociaciones con el oferente y formó la
Anglo-Colombian Development Co., para conducir sus operaciones en el río Condoto. Esta
compañía inició la compra de otra serie de propiedades adyacentes pertenecientes a
antiguos adjudicatarios (Ibid).
En 1912 la
Anglo-Colombian estableció un campamento en Andagoya y con una draga de vapor traída de
Inglaterra, inició operaciones en julio de 1915. Operó esta draga en el Chocó algo más
de 40 años, hasta su traslado al departamento del Nariño, río Telembí (Melo, H.,
1985).
En estos años se
produjeron intensas disputas sobre títulos de propiedad y litigios con quienes reclamaban
derechos de posesión sobre los yacimientos del río Condoto. Una de las disputas más
importantes fue interpuesta por Henry Granger, un norteamericano que había estado en
Colombia desde 1889 realizando exploraciones en los lechos de los ríos Atrato y San Juan.
Granger había obtenido adjudicación de títulos sobre extensas áreas que él
consideraba dragables. Una de estas áreas era el río Condoto, desde su desembocadura
hasta la isla llamada Bazan.
Héctor Melo dice que
Henry Granger formó la compañía Pacific Metal Co. y después de varias disputas
legales, logró un acuerdo con la Anglo-Colombian Development Co. Se formó así la
compañía South American Gold and Platinum Company, como compañía holding donde estaban
representadas las dos anteriores. En 1916, como subsidiaria de la nueva compañía, hizo
su aparición la Chocó Pacífico con un capital declarado de cien mil pesos (Melo, 1985:
42).
El holding
anglo-norteamericano importó dragas y grúas, ampliando la infraestructura existente en
Andagoya convertido en centro administrativo minero. Se elevaron allí dos pueblos
separados por el río Condoto: el de los obreros negros, Andagoyita y el de los
administradores anglo-norteamericanos, Andagoya. Los del primero no podían deambular por
el segundo, contruido este como campamento de ultramar, segregado del entorno social.
Auspiciada por la South
American Gold and Platinum Company, nació la International Mining Corporation que
controló la Compañía Chocó Pacífico S.A., la Compañía Minera de Nariño S.A., la
Frontino Gold Mines Limited y la Consolidated Gold Dredging Limited.
Entre 1948 y 1972, la
Chocó Pacífico extrajo metales por valor superior a los 196 millones de dólares. El
salario de los obreros, siempre fue el decretado por el gobierno, mientras los técnicos
extranjeros, gerentes, pilotos de dragas (wincheros),
jefes de secciones
(mecánica, electricidad, bodegas, etc.) devengaban altas remuneraciones.
Durante 1964, una sola
draga remitió a New York 90.000 onzas de platino. En ese mismo año, las regalías para
los municipios sanjuaneños de Bagadó, Tadó, Condoto, Istmina y Nóvita sumados,
escasamente sobrepasaron los ciento cuarenta mil pesos (SER CONSULTORES, cit.).
Se dice que la Compañía
Minera Chocó Pacífico con el producto de la explotación de los recursos naturales del
Chocó, aportó el Yankee Stadium a Nueva York.
Posteriormente, después
de casi sesenta años de explotación intensiva, en los años 70, se introdujo el régimen
de empresa mixta con la participación del capital privado y público colombiano en la
Chocó Pacífico, en lo que se conoce como la colombianización.
En 1974, Mineros
Colombianos S.A., en negociación hasta ahora poco clara, adquirió la Chocó Pacífico
por $42OOO.OOO. La nueva razón social de la empresa fue Mineros del Chocó S.A.
Pero, dice SER
CONSULTORES, "en 1987, entró en crisis la empresa, no canceló salarios a los
obreros durante dos años. Las condiciones socio-económicas fueron desastrosas para la
población, los niños se desmayaban de hambre en las escuelas, muchos estudiantes
abandonaron las escuelas y las gentes beneficiarias de la empresa comían una vez al día
cuando conseguían" (Ibid:93, Testimonio de Felipe Ibarguen,
Vicepresidente del Sindicato de Trabajadores).
El gobierno, por ley 13
de enero de 1986, constituyó la empresa Metales Preciosos del Chocó S.A. y liquidó la
anterior empresa. A los obreros y pensionados se les entregaron bonos o acciones de la
nueva entidad como pago de dos años sin salario. El congreso autorizó al gobierno para
garantizar una refinanciación hasta el año 2000, norma que luego fue modificada, con
grandes sobresaltos para sus ya ancianos pensionados (600 jubilados, 328 trabajadores en
1991).
La historia de la Chocó
Pacífico es la historia de la debilidad nacional en las negociaciones con empresas
extractivas y de la explotación sin beneficios para el desarrollo regional.
El deterioro ambiental de
la llanura del río San Juan es una muestra fehaciente del impacto humano sobre el
ecosistema. El San Juan sigue bajo el peso de la carencia en servicios y en bienestar. La
época de esplendor de oro y platino pertenece al recuerdo.
En la actualidad, el 95%
de la actividad minera en el departamento del Chocó se realiza en forma ilegal. En
buena parte esto obedece a la excesiva centralización de los trámites para la solicitud
de títulos mineros en las oficinas del Ministerio de Minas en Bogotá y al desinterés de
algunas administraciones municipales para hacer cumplir las normas establecidas en el
Código de Minas.
Es probable que estos
procesos cambien con las nuevas disposiciones sobre tenencia de tierra comunitaria y los
nuevos controles sobre los recursos naturales que implican mayores responsabilidades de
los entes regionales y locales.
La producción de oro en
el departamento fue de 99.416 onzas troy y 41.053 onzas de platino para 1990 (ver Cuadro Nș
13 y Anexo Nș 10). Toda la transformación de este metal se hace por fuera del país.
CUADRO Nș 13
PRODUCCION DE PLATINO POR DEPARTAMENTOS
ONZAS TROY, 1989-1990
|
Departamentos
|
1989
|
1990
|
( % )
Variación 89/90
|
|
Antioquia
|
552.47
|
667.11
|
22.56
|
|
Nariño
|
84.37
|
110.42
|
30.88
|
|
Chocó
|
30.281,20
|
41.053,0
|
35.57
|
|
Cauca
|
316.38
|
279.10
|
-11.78
|
FUENTE: Banco de la
República, 1991.
El departamento del
Chocó fue el segundo productor de oro en Colombia hasta 1989. En 1990 aparece en tercer
lugar, antecedido por Antioquia y Bolívar. Sin embargo, este período ha sido el de mayor
intensificación de la actividad minera, lo que sugiere cambios en el sitio de venta del
metal, mas no descenso en la producción.
La nación, a través del
Banco de la República, da regalías a los municipios productores de metales preciosos.
Sin embargo las cifras de los desembolsos no constituyen un indicativo real de la cantidad
de minerales que se explotan en las localidades, pues con frecuencia no se registran en
éstos.
El Banco de la
República, con sedes en Quibdó y Condoto, recibe el oro y platino limpio,
es
decir, sin impurezas, como los vestigios de mercurio, pues no disponen en estos lugares de
la tecnología apropiada para separar metal precioso e impurezas. Esto hace que buena
parte del oro salga para la sucursal del Banco en Medellín, donde la información sobre
regalías y sobre el sitio donde se explota se modifica, pues los comerciantes lo
registran como procedente de fuera del Chocó.
Por otra parte, los
intermediarios y comerciantes que compran oro de distintas zonas, no llevan un registro
municipal.
La actividad minera ha
sido central en la historia del Chocó, de su poblamiento contemporáneo y sigue siendo
eje socio-económico. Las modificaciones que ha traído la extracción aurífera con la
proliferación de motobombas, draguetas y retroexcavadoras, tienen un efecto creciente
sobre el medio natural, en particular sobre la cubierta vegetal ribereña, el cauce de los
ríos y la sedimentación y contaminación de los mismos. La organización negra, en
especial las formas de dominio territorial y organización social para la producción,
también se ven afectadas y a menudo desprovistas de medios para sobrellevar nuevos
conflictos.
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1
.
Asociación Campesina del Medio Atrato. (Regresar)
2
. Organización de Barrios Populares.
(Regresar)
3
. formación boscosa típica de la región chocoana. (Regresar)
4
. En el habla local se denomina peña a los montículos de
tierra o a la banca de los ríos. (Reresar)
5
. la parentela es una red extensa de familiares, afines y
cosanguíneos, por línea tanto materna como paterna y sus límites cobijan varias
generaciones. A la parentela cosanguínea y afín se asocian los compadres que se
convierten en parientes una vez establecido el vínculo. (Regresar)
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