CHOCÓ DIVERSIDAD CULTURAL Y MEDIO AMBIENTE
Myriam Jimeno
María Lucía Sotomayor 
Luz María Valderrama 
© Derechos Reservados de Autor

IV
LOS PROCESOS ECONOMICOS PRINCIPALES

EN LA ECONOMIA chocoana predominan los procesos productivos primarios, la minería de oro y platino, la agricultura, la pesca, la explotación de madera y en algunas zonas la ganadería.El comercio es ahora una actividad concentrada en agentes de origen no chocoano, quienes remplazaron a los comerciantes que vivieron el auge minero con el establecimiento de la Chocó Pacífico en 1920.

Ciertas características del departamento, tales como la precariedad de las vías de acceso y la inexistencia de un mercado interno regional, inciden en los procesos económicos. Los mercados se fragmentan en una serie de circuitos relativamente aislados, orientados alrededor de las cabeceras urbanas, tanto por la ineficiente integración física intrarregional, como por la mayor influencia de otras regiones sobre ciertos sectores del departamento. El Chocó asume así la forma de subregiones articuladas a otros polos de desarrollo, alrededor de algunos productos con destino extradepartamental y débiles lazos entre sí.

Así por ejemplo, el Bajo Baudó y Nuquí tienen mayor interrelación con Buenaventura; San José del Palmar con el Valle del Cauca; El Carmen de Atrato con Medellín; Acandí, Riosucio y Unguía con el Urabá antioqueño. En resumen, puede ser más importante el vínculo económico hacia fuera que hacia dentro del departamento.

Las actividades relacionadas con la explotación de recursos naturales renovables y no renovables, carecen de una estructura de transformación de bienes que permita canalizar los excedentes generados de las actividades de explotación minera o maderera para reinvertirlos en la región. El Chocó es entonces un generador de riquezas hacia otras zonas del país y aún del exterior, pues los recursos que se explotan se transforman y se convierten en mercancías fuera. Esto ha convertido al departamento en importador de la mayoría de los bienes de consumo y aún de bienes procesados que de allí se extraen, como cierto tipo de maderas.

Los altos costos de inversión, la carencia de servicios básicos, sobre todo viales, son algunas de las trabas que impiden la creación de industrias capaces de ofrecer empleo y beneficio a la población departamental y servir como punto de expansión de las actividades tradicionales.

Debido a la debilidad de "la economía departamental, se vuelve más notable la dependencia que tiene la población del sector público, como fuente de empleo más estable" (CIDER-SW 1991: 29).

Esta característica refuerza la debilidad de infraestructura económica, pues buena parte de los recursos departamentales los absorbe la nómina oficial. No es tampoco un secreto la existencia de corrupción en el manejo de los dineros públicos y la ardua y constante lucha por el control institucional por parte de los distintos sectores políticos locales.

La producción agrícola y pecuaria

Si bien existe poca información actualizada, la información disponible plantea que el área total dedicada a las actividades agropecuarias es reducida, ya que se estima que casi el 60% del territorio en explotación se dedica a las actividades de minería y explotación forestal.

El Departamento Nacional de Planeación calculaba que hace diez años cerca del 42% de la tierra se dedicaba a la agricultura. Desde entonces la frontera agrícola se ha expandido especialmente al norte y nororiente, pero aún predominan la minería y la explotación forestal.

Los productos agrícolas principales son el plátano, el arroz, la caña, el maíz y el banano. Otros productos menores son frutales como el borojó y el chontaduro. Desde el punto de vista del volumen de la produccción, el plátano ocupa el primer lugar. Le siguen la yuca, el arroz secano y la caña panelera. Por superficie sembrada el maíz tradicional es el producto más importante.

Quibdó sirve como centro de acopio y exportación de productos agrícolas hacia fuera del departamento y hacia otros municipios de la región. Este papel está dado tanto por ser puerto fluvial, como por su conexión con las principales vías terrestres del departamento: Quibdó-Medellín; Quibdó-Tadó-Pereira; Quibdó-Istmina-Condoto.

Aunque Quibdó es el centro comercial más importante del departamento, cabe destacar a los municipios de Istmina y Tadó como centros subregionales.

Es indudable que el producto con mayor circulación dentro del departamento es el plátano, alimento básico en la dieta diaria y a la vez es el que más se exporta; le sigue el arroz que se produce en el medio Atrato y especialmente en el alto y bajo Baudó, con limitadas condiciones técnicas.

Los municipios de Riosucio, Acandí, Unguía y San José del Palmar muestran una tendencia mayor a la exportación, en vez de abastecer mercados internos. Ello refleja tanto las limitaciones de la conexión vial, especialmente con San José del Palmar, como la importancia que tiene la actividad agrícola en la zona del Urabá chocoano. En contraste, los municipios de Alto Baudó, Istmina y Bojayá tienen mayores niveles de comercio con otros municipios del Chocó.

En San José del Palmar y El Carmen de Atrato tienen relativa importancia las hortalizas y el café. Aunque no hay datos precisos para estos dos municipios, se considera que El Carmen comercia básicamente con Bolívar (Antioquia) y Quibdó y San José del Palmar con Cartago (Valle). San José no tiene ninguna vía que lo conecte con el resto del departamento, como ya se ha dicho.

La ganadería en el departamento se limita básicamente a satisfacer el consumo local. Las zonas más ganaderas son los municipios de influencia colonizadora, como Acandí, Unguía, Riosucio, El Carmen de Atrato y San José del Palmar. La ganadería se ubica básicamente en la región del Urabá chocoano y en el sur-oriente del departamento. En el Urabá, los colonos iniciales fueron reemplazados por grandes ganaderos, por lo general propietarios ausentistas; los pastos rodean los resguardos indígenas y desplazaron a los campesinos negros.

Durante años los indígenas y la población negra utilizaron la caza tradicional para el consumo familiar; el venado, la guagua, el perico, el saíno, hoy agotados en las selvas chocoanas, proveían de proteína animal a las familias asentadas en el sector rural. La explotación intensiva, la introducción de nuevas tecnologías y la falta de políticas sobre manejo y conservación de estos recursos, llevaron al ecocidio faunístico de especies propias y la dependencia de la ganadería.

Desde el punto de vista jurídico, la mayor parte de las tierras cultivadas están cubiertas por la reserva forestal del Pacífico, lo cual implica limitaciones para su titulación. Este hecho fue manejado mediante canales tradicionales de reconocimiento y legitimación de la apropiación y de la propiedad territorial entre las familias negras y entre los indígenas y no estuvo exento de conflictos y roces, especialmente en áreas colindantes.

Paulatinamente se presentaron presiones para levantar áreas de reserva, bien con destino a nuevas zonas de colonización (Urabá chocoano especialmente y alrededores de poblados costeros), bien para los indígenas, bajo la forma de resguardos o reservas especiales. Los campesinos negros presenciaron la conformación de nuevos derechos, unos individuales, otros colectivos, que modificaron los acuerdos de la tradición y no los tomaban en cuenta.

Algunas organizaciones populares, ACIA (1) y OBAPO (2) , y otros activistas negros, intentaron que la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 considerara la necesidad de reglamentar los derechos territoriales de los campesinos negros y los tomaran como grupo étnico cultural. Después de numerosas discusiones obtuvieron el artículo transitorio 55. El artículo consideró la necesidad de reglamentar dichos derechos para los habitantes rurales ribereños de los ríos de la cuenca del Pacífico; para ello se creó una Comisión Especial, con participación de entidades del gobierno, delegados de las comunidades negras del Pacífico, algunos políticos y expertos en el tema. Esta comisión, después de un arduo trabajo, propuso la ley que reglamentó el artículo transitorio, la ley 70 de 1993. Nuevas comisiones deberán dar forma a los derechos territoriales y a las garantías de respeto étnico cultural y el acceso a mecanismos de fomento social y económico.

Es claro, sin embargo, que el desarrollo agropecuario del Chocó, por su biodiversidad y por la fragilidad del suelo, debe estar supeditado a determinadas áreas. El Chocó no tiene definitivamente una vocación agropecuaria y la expansión de esta frontera va en detrimento del equilibrio ecológico y fundamentalmente de las culturas rurales afro y amerindias.

Está vigente la pregunta sobre cómo puede llegarse a un nuevo balance dados los cambios en las formas de apropiación territorial, en los equilibrios interétnicos de distribución territorial, en los modelos de explotación agrícola y frente al uso no destructivo de la biodiversidad.

La pesca artesanal

El Chocó, por su posición geográfica y su biodiversidad en el ecosistema, tiene tanto en sus ríos como en las costas, un enorme recurso pesquero. El litoral Pacífico chocoano es la zona de gran potencialidad para la captura, comercialización y procesamiento de productos marinos.

La Costa Pacífica chocoana, según Takahisa Mituhasi, tiene una extensión aproximada de 650 kilómetros sobre el mar y se divide en dos partes: la parte sur, desde el límite con el departamento del Valle hasta el Cabo Corrientes y la parte norte, desde éste hasta la frontera con Panamá.

La parte sur se caracteriza por la selva del mangle y los esteros; la plataforma continental es estrecha y los pueblos están asentados en las bocas del río y de los esteros.

En la parte norte, el fondo marino presenta un declive abrupto y la montaña se aproxima a la orilla del mar; las comunidades se asientan principalmente en las playas (Takahisa, 1992).

A lo largo de la zona costera del Pacífico chocoano hay unas sesenta comunidades con aproximadamente 900 pescadores profesionales de pequeña escala, según Takahisa: "la forma de pesca es principalmente individual, existen muy pocos grupos y asociaciones de pescadores. Los aparejos utilizados son también en pequeña escala" (Ibid: 10).

Los aparejos y métodos de pesca se clasifican en tres categorías: pesca con anzuelo, pesca con red y pesca con otros instrumentos. Cada uno tiene sus técnicas y objetivos propios. La introducción de materiales pesqueros como el nylon o el paño de red, si bien están difundidos, son caros para los pescadores artesanales.

Dice Takahisa que "La mayoría de los pescadores se dedican a sus actividades de pesca en lugares cercanos al pueblo. Una parte de ellos salen a pescar lejos, en grupo, y realizan su actividad mientras se encuentran hospedados en pueblos cercanos al sitio de pesca. El esfuerzo pesquero está concentrado en los peces bentónicos de carne blanca. La capacidad de las embarcaciones utilizadas está haciendo muy limitados los sitios para las faenas destinadas a la captura de los peces bentónicos" (Takahisa, 1992: 15-17). Dicha tendencia hace que los pescadores en la actualidad se alejen más y más de las comunidades para realizar su faena, elevando los costos del transporte y de la actividad.

Los buques arrastraderos de la pesca comercial hacen su faena en alta mar y a veces cerca de la costa; botan al mar los peces no aprovechados y causan el agotamiento de recursos pesqueros en la zona. Por ello y por la falta de recursos tecnológicos para la conservación y manejo del pescado y demás productos marinos, la actividad pesquera es de consumo familiar y los excedentes son para la comercialización local y eventualmente se llevan a Buenaventura y Quibdó.

Para la conservación del producto utilizan la técnica del secado al sol y el ahumado; en unos pocos sitios existen cuartos fríos y cavas de hielo donde se almacena el pescado para comercializar. En general, el proceso de conservación es un cuello de botella para el pescador artesanal que no puede utilizar la técnica de congelación del producto fresco, pues carece de los recursos financieros y tecnológicos que se lo permitan.

La comercialización se realiza por vía aérea hacia Bahía Solano y Nuquí o por el mar hacia Buenaventura.

En general, tanto para el norte como para el sur, los intermediarios son quienes se encargan de la comercialización del pescado, sobre todo el de carne blanca, y el de los camarones. Los precios de compra son muy bajos. Los intermediarios suelen hacer el negocio al fiado con los pescadores artesanales y les proporcionan facilidad para los aparejos de pesca, combustible, hielo y medios de subsistencia.

En varias comunidades se produce pescado seco salado y ahumado para autoconsumo o la venta en los mercados locales. Los pescados salados y ahumados son parte de las comidas típicas, con variedad de preparaciones locales.

Desde hace algunos años se intenta, aún débilmente, la producción de enlatados (Nuquí) y precocidos con destino al interior.

Las comunidades asentadas en los ríos Atrato y Baudó y en el San Juan, utilizan las viejas técnicas de salado, ahumado y secado al sol y buena parte de la producción se consume localmente. La hoya del río Atrato en la parte media y baja es la más rica y abundante en especies tales como bocachico, sabaletas, bagre, dentón, sábalo, barbudo. El río Baudó también tiene recursos pesqueros considerables.

Para el río San Juan es interesante resaltar los estudios que indican que el río no tiene los nutrientes necesarios para albergar una abundante fauna acuática que sirva de alimento a los peces del sistema hídrico. Es probable que la alta concentración de sólidos en suspensión, como consecuencia de la actividad minera, sea un factor que aleje los peces de la zona. Otro factor que puede afectar la abundancia de la ictiofauna, es la introducción del tucunare (cichla ocellaris), pez carnívoro de la cuenca amazónica traído hace aproximadamente 20 años; este pez pudo depredar a las especies del río San Juan, muchas de ellas endémicas (SER, 1991).

El estudio del Instituto SER sobre impacto de la minería plantea que "las acciones desarrolladas por la minería industrial que producen impactos adversos de magnitud alta y de alta importancia en la actividad pesquera en el San Juan son las disposiciones de lodos, el dragado y la separación de mercurios. Los vertimientos y la disposición de aceites de la minería semiindustrial afectan la fauna acuática" (Ibid: 113).

El SER resalta el impacto sobre la ictiofauna pues en "las comunidades de organismos acuáticos se destruyen los nichos donde estas comunidades se asientan. Los peces, por el incremento de los niveles de sólidos en el agua, así como por la escasez de alimentos, son alejados de las zonas de actividad de esta minería, ocasionando una disminución de la oferta alimentaria a los pobladores del lugar" (Ibid).

El uso del mercurio en la actividad minera constituye otro efecto negativo para la fauna acuática. Según el estudio ya mencionado, las concentraciones de mercurio en los peces son altamente preocupantes; por ejemplo, a dos ejemplares de sábalo se les realizó un análisis y se encontraron concentraciones alarmantes de mercurio en el tejido muscular y en el visceral (entre 1.4 y 2.4 Mg/kg).

En legislaciones de "países como E. U. y Suecia, el límite permitido de mercurio en tejido de peces es de 0.5 Mg/kg., lo que revela la enorme magnitud de este impacto adverso en la fauna acuática del río San Juan" (Ibid: 12).

El mercurio analizado se encuentra acumulado en los tejidos, lo que indica que los peces vienen recibiendo este contaminante en dosis pequeñas, pero en un tiempo largo, dado el tamaño de los ejemplares analizados.

En los ríos Atrato, Baudó y afluentes como el Capá, Andágueda y Tumutumbudó, el uso del taco de dinamita tiene un impacto adverso sobre la fauna acuática. Igualmente, el barbasco y los fungicidas utilizados para el tratamiento de las maderas, inciden enormente en el deterioro de la fauna acuática.

Deforestación y otras actividades forestales

Ya se destacó cómo el territorio chocoano contiene la proporción más elevada de endemismo específico de todo el continente (Gentry, 1990: 41). Sin embargo, sufre hoy día, la tala intensiva e indiscriminada de los bosques. En un proceso que se refuerza internamente, las escasas oportunidades de ingresos adicionales a la agricultura inducen a los campesinos a participar en las talas para las grandes compañías madereras, o a formar sus pequeños aserríos. Pero el empobrecimiento del bosque y del ecosistema, aumentan el empobrecimiento de las comunidades rurales
(ver DIAR, 1987:40 y DNP, 1988).

La sobre-explotación de los bosques trae consigo el desequilibrio del ecosistema: erosión, pérdida de nacimientos de agua y desaparición de fauna y flora.

Pero, por otra parte, estos mismos bosques han sido subutilizados por cuanto se explotan sólo las especies que tienen interés como madera, pero no se aprovecha la diversidad existente.

La explotación de maderas se concentra en el Urabá (Riosucio, Acandí y Unguía), en la zona del Atrato medio (Bojayá y Quibdó), en el bajo San Juan (Istmina) y en el litoral Pacífico.

Sobresalen como especies de madera, típicas del norte chocoano, la asociación pancanal (3) , la asociación catival, la que comprende las especies de cedro, quino, tanjeras, caoba, roble y ceiba toluá; la asociación entre sande, guasco, caimo, nuánamo y la del abarco. En el centro, el pino, abarco, anime, sande, aserrín, carrá, cedro, la asociación manglar y nato.

Numerosas discusiones han surgido en los últimos años sobre los permisos de aprovechamiento forestal, discusiones que han recorrido las instituciones regionales y nacionales y dividen en ocasiones a las propias comunidades en bloques antagónicos. Si bien se ha ampliado la conciencia general sobre la importancia de modificar las formas rapaces de aprovechamiento, los intereses que giran sobre la explotación maderera son fuertes y numerosos y se enraizan localmente.

Los problemas se inician con el otorgamiento y continúan con el control y la vigilancia sobre volúmenes, áreas, especies y sitios de explotación. Las deficiencias son ampliamente conocidas, especialmente en la delimitación de áreas y especies. En estos años se han presentado conflictos, por la sobreposición de permisos de explotación con los resguardos indígenas y territorios de otros pobladores locales. Ciertas zonas de Juradó, alto Andágueda y Tanela o Riosucio, son ejemplos de lo anterior. Los mayores volúmenes de madera movilizados en 1990 y 1991, provinieron de Riosucio. En los Anexos Nos. 1, 2, 3 y 4 se describen los permisos otorgados en esos años.

A raíz de las discusiones promovidas en 1992 y 1993 por los delegados comunitarios de la Comisión Especial de Comunidades Negras sobre el permiso de explotación denominado Balsa II (Atrato medio), se evidenció una vez más la precariedad en la toma de decisiones para el otorgamiento de los permisos. Los permisos adolecen de una delimitación precisa y se otorgan principalmente a grandes compañías madereras. Por ello es de la mayor importancia incorporar las comunidades en la toma de decisiones y en la vigilancia del cumplimiento de las condiciones de extracción para evitar que se exploten especies no autorizadas y mayores volúmenes de los permitidos.

Si analizamos los volúmenes por especie movilizados en 1990-91 encontramos que el cativo (204.488.78 m3 para 1990 y 110.303.62 m3 en 1991) representa el 74.57% de las especies movilizadas. Como ya se dijo, el catival es importante para mantener estable el cauce de los ríos y regular los nutrientes y frutos de las aguas que contribuyen al soporte de comunidades animales acuáticas (Durán y otros, 1989; ver Cuadro Nș 12).

CUADRO Nș 12
VOLUMEN DE MADERA MOVILIZADO POR ESPECIES, 1992

Especies

Volumen ( m3 ) Porcentaje ( % )
cativo 204.488,73 74,57
cedro 15.343,74 5,59
chanú 12.573,81 4,56
abarco 10.327,60 3,76
güino 11.940,20 4,35
otras 10.578,88 7,14

TOTAL

274.293,01 100,00

FUENTE: CODECHOCO, División de Recursos Naturales, 1992.

En las regiones donde predomina el fenómeno de colonización (Urabá chocoano y zona de influencia de la carretera al océano Pacífico), la tala del bosque ha ocasionado ya irreparables daños ecológicos. Esto contribuye a la progresiva pauperización de las culturas chocoanas y hace urgente establecer proyectos alternativos de reposición natural. Es necesario estudiar la gama de posibilidades económicas de los productos menores (resinas, gomas, aceites, látex, etc.). Apenas se inicia el conocimiento del papel del bosque en las comunidades rurales y su formas de uso, el empleo de tecnologías tradicionales eficientes en su explotación y el papel de la familia como unidad básica de producción, manejo y conservación del ambiente.

Los permisos pequeños, denominados persistentes de explotación forestal, corresponden a la clase D (200 m3 de madera en bruto), inciden también de manera adversa en la degradación del ambiente por su concentración en los ríos y quebradas.

Los precarios recaudos por aprovechamiento forestal reflejan la falta de eficiencia estatal (ver Anexo Nș 5). La ausencia de proyectos de uso, manejo y conservación ambiental que aprovechen de manera no destructiva los recursos es también evidente.

La presión hacia la explotación rápida de maderas y la falta de una estructura institucional eficiente que permita enfrentar la destrucción de los bosques, hacen temer que en corto tiempo el Chocó habrá perdido buena parte de su cubierta vegetal. Todavía no prosperan los proyectos de conservación y manejo sostenido del recurso bosque en interacción con los modelos culturales existentes.

La minería, presencia renovada

La minería ha sido el hilo histórico de unión del Chocó con el país y el exterior, su marca como zona de frontera, como al comienzo se señaló. Impregna la vida social regional, plena de múltiples significados culturales.

En el Chocó la actividad minera se puede clasificar, según la técnica de explotación, en minería artesanal, semiindustrial y minería industrial (ver Anexos Nos. 6, 7, 8 y 9).

Las principales zonas mineras se encuentran en la cuenca del río San Juan, en especial en Istmina, Condoto y Tadó.

La explotación del oro aluvial se realizaba y aún se practica marginalmente, a través del llamado barequeo. Las técnicas del barequeo, según el tipo de mina, son el hoyadero, la manga y el zambullidero, en la denominación local. La población afrochocoana ha utilizado como instrumentos tradicionales bateas, almocafres, barretones, mates, canaletes.

La minería artesanal se practica por grupos de 10 a 12 personas denominados cuadrillas. Cada cuadrilla tiene un jefe y básicamente están conformadas por familiares, aunque incorporan también, ocasionalmente, compadres o amigos.

La actividad minera varía según las condiciones estacionales y las de la mina misma. Se trabaja cada yacimiento a lo largo de ríos y quebradas con técnicas apropiadas a sus características. En el curso del año, la explotación se ajusta al caudal de las fuentes; en las épocas con mayor caudal (mayo, noviembre) se buscan nuevas minas o se detiene la actividad; en el verano, (diciembre, enero, febrero) se modifica el acceso a las minas, lo que obliga a la suspensión de actividades. La técnica de zambulleo, por ejemplo, se utiliza más en esta época. Cuando no se puede practicar la minería, los hombres aprovechan para trabajar en las distintas parcelas (ver Torres, T., 1989).

Las redes de los troncos familiares determinan los derechos sobre los terrenos y cauces mineros y sobre el reparto de las utilidades. Quienes tienen un derecho sobre una mina pueden ceder a otros su usufructo y reciben por ello utilidades preestablecidas. También pueden conformar una compañía con tres tipos de participantes: el dueño de la mina, los asociados por utilidades y los obreros, quienes trabajan por jornal.

En la mayoría de los casos, la minería artesanal se complementa con la agricultura, la pesca y la caza, pero la minería es el eje social y cultural de la mayoría de la población negra. "La minería y su producto final, el oro, nos dictan qué hacer y qué no hacer todo momento", dice Tomás Torres (Ibid: 30), refiriéndose a Neguá.

Como innovaciones tecnológicas de la minería artesanal, se introdujeron hace unos años los motores estacionarios de gasolina (entre 9 y 15 H.P.), las motobombas y las draguetas. Su utilización fue aprendida de las zonas mineras de Antioquia, en especial en Nechí, Zaragoza, El Bagre y Machuca, donde emigraron mineros negros por algunos años; de allí muchos volvieron con ahorros, que dedicaron a la maquinaria.

Los pequeños motores impulsan la succión de agua, que se aplica a una pena (4) ; el material pasa a un canalón, donde se clasifica. Las motobombas pueden emplearse también dentro del río donde se trabaja con buzos, hasta 5 y 6 mts. de profundidad.

Los costos de una motobomba (alrededor de un millón de pesos) y el capital de trabajo necesario para comestibles, campamento y combustible, llevan a la búsqueda de apoyo financiero. Algunos comerciantes financian entonces las compañías, compuestas al menos por tres mineros y un maquinista.

Desde mediados de los años 80 se han extendido las motobombas y draguetas; su número es difícil de precisar, pues no operan con licencia, pero se encuentran en toda el área minera del San Juan, con mayor concentración en Lloró, Bebará, Bebaramá, Condoto, Andágueda y los ríos Zuruco e Iró.

Para el trabajo con motobombas se realiza un acuerdo con quien tiene el derecho sobre el terreno; este recibe un puesto dentro del negocio, que equivale a un porcentaje de las ganancias. El dueño de la motobomba quien suele ser el jefe del grupo, recibe otro porcentaje y los otros socios, uno menor. Los comerciantes que fían los equipos o los víveres, suelen comprar parte del producto formando una cadena de dependencias característica de las zonas mineras, pero que al parecer no es tan importante en el Chocó como en otras regiones.

El empleo de motobombas y draguetas eleva los ingresos de los asociados y modifica la organización minera artesanal en varios sentidos. Las compañías son casi exclusivamente masculinas, se tienden a convertir en actividad permanente y toman características de pequeña empresa.

También se presentan disputas y enfrentamientos sobre los derechos de explotación de ciertas minas. Algunos dirigentes plantearon que "en los núcleos familiares que pertenecen a un tronco compuesto por cinco, siete o hasta quince familias, una vez que la mina entra en producción comienzan los problemas, pues ya no se tiene la misma estructura organizativa para la explotación. Ya no están ligadas a la posesión familiar sobre una determinada extensión de tierra para los diferentes ramajes".

La explotación con motobombas y draguetas causa impactos adversos en quebradas, ríos y zona selvática; contribuye al deterioro de la fauna acuática por el efecto de desechos y el uso del mercurio y deja hoyos en las áreas intervenidas, que se convierten en zoocriaderos de mosquitos y zancudos (ver Anexo Nș 6).

Numerosas creencias sobre el oro alimentan prácticas rituales, algunas secretas. El minero recela y desconfía. Debe protegerse continuamente de otros. El oro, dicen, está vivo, camina, corre. Si la persona "es ambiciosa y tiene ansia, se vuelve agua". Si no reparte las ganancias de la mina con sus parientes, el oro huye. Es preciso dar ganancias a los familiares que tienen derechos sobre el terreno y en general, es necesario compartir las bonanzas con la parentela (5) .

Por su parte, el barequeo, principalmente llevado a cabo por mujeres, se ha reubicado alrededor del trabajo minero semiindustrial. Los pozos abiertos por las retroexcavadoras son trabajados por enjambres de barequeros, mujeres, niños y algunos hombres, que siguen paso a paso el trabajo de las máquinas.

Se entiende por minería semiindustrial la realizada por empresarios con equipos de retroexcavadoras y motores estacionarios de 80 H.P. de potencia. Como equipo de apoyo usan clasificadoras del material, volquetas, canalones. Cada retroexcavadora tiene un costo entre 150 y 200 millones de pesos y el motor alrededor de 20 millones de pesos, lo que implica inversiones altas.

Genera excedentes apreciables para los propietarios, en su gran mayoría paisas y cambios importantes en las estructuras socioculturales de la población nativa y en el ambiente natural.

Esta minería inició su auge alrededor de 1985, con la afluencia de empresarios de la zona minera antioqueña, atraídos por el precio del oro y la tranquilidad de la región.

El número de retroexcavadoras en el San Juan, típicas de la minería semiindustrial, para 1992 era aproximadamente la siguiente:

Condoto: 45 retroexcavadoras.

Istmina: 10 retroexcavadoras.

Tadó: 13 retroexcavadoras.

Los impuestos que se han logrado recaudar en los diferentes municipios no se compadecen con el deterioro ambiental que producen. Adicionalmente, el oro extraído se vende y registra fundamentalmente en Antioquia y Risaralda, pues allí lo declaran los comerciantes, de manera que se evaden las regalías locales.

Efectos inmediatos son la afluencia de inmigrantes como trabajadores de la minería o comerciantes, con un aumento del costo de vida en la región. La demanda por vivienda, por ejemplo, elevó notablemente el valor de los arrendamientos. Los cascos urbanos de la región han recibido un flujo de población foránea, alrededor de la cual se intensifican la prostitución y el consumo de alcohol.

Otra de las modificaciones es la generalización del arrendamiento de terrenos, que rompen los derechos de la red familiar más amplia y generan tensiones dentro de ella.

La extracción del mineral por las retroexcavadoras ocasiona un impacto de gran magnitud sobre la vegetación de vega. Se destruye no sólo la capa vegetal sino las geoformas, hecho que hace difícil y muy lenta la recuperación de la cobertura vegetal (SER CONSULTORES, 1991). Hasta el presente no se ha logrado el relleno de los pozos que dejan, que implican una inversión adicional para los empresarios.

Al disminuir la vegetación con sus diferentes estratos se elimina el hábitat de muchas especies de vertebrados, que aunque no desaparecen, disminuyen su capacidad de adaptación y supervivencia en el nuevo hábitat invadido (Ibid: 92).

Este tipo de minería no contempla normas mínimas de manejo ambiental y puede considerarse como depredadora en cuanto a lo físico-espacial.

La minería industrial en el Chocó se limita a los trabajos realizados en la subregión del San Juan por la compañía conocida en la actualidad como Mineros del Chocó. El trabajo se realiza mediante dragas estacionadas en distintos lechos (ver Anexo Nș 9). Hoy en día sólo se encuentran en servicio tres dragas ubicadas en la zona de Condoto, con unos 300 trabajadores.

Héctor Melo en su investigación sobre la inversión foránea en el oro señala que los capitales británicos estuvieron asociados al inicio de las operaciones mineras mecanizadas en el Chocó (Melo, H., 1985).

En 1907, el presidente Rafael Reyes otorgó al general Cicerón Castillo una concesión para realizar operaciones mineras en el río Condoto. Castillo formó una compañía en Bogotá; realizó trabajos de prospección e inició luego modestas operaciones hidráulicas. Las dificultades que enfrentó Castillo, lo llevaron a ofrecer su concesión en venta a la compañía inglesa Consolidated Gold Fields, que realizó negociaciones con el oferente y formó la Anglo-Colombian Development Co., para conducir sus operaciones en el río Condoto. Esta compañía inició la compra de otra serie de propiedades adyacentes pertenecientes a antiguos adjudicatarios (Ibid).

En 1912 la Anglo-Colombian estableció un campamento en Andagoya y con una draga de vapor traída de Inglaterra, inició operaciones en julio de 1915. Operó esta draga en el Chocó algo más de 40 años, hasta su traslado al departamento del Nariño, río Telembí (Melo, H., 1985).

En estos años se produjeron intensas disputas sobre títulos de propiedad y litigios con quienes reclamaban derechos de posesión sobre los yacimientos del río Condoto. Una de las disputas más importantes fue interpuesta por Henry Granger, un norteamericano que había estado en Colombia desde 1889 realizando exploraciones en los lechos de los ríos Atrato y San Juan. Granger había obtenido adjudicación de títulos sobre extensas áreas que él consideraba dragables. Una de estas áreas era el río Condoto, desde su desembocadura hasta la isla llamada Bazan.

Héctor Melo dice que Henry Granger formó la compañía Pacific Metal Co. y después de varias disputas legales, logró un acuerdo con la Anglo-Colombian Development Co. Se formó así la compañía South American Gold and Platinum Company, como compañía holding donde estaban representadas las dos anteriores. En 1916, como subsidiaria de la nueva compañía, hizo su aparición la Chocó Pacífico con un capital declarado de cien mil pesos (Melo, 1985: 42).

El holding anglo-norteamericano importó dragas y grúas, ampliando la infraestructura existente en Andagoya convertido en centro administrativo minero. Se elevaron allí dos pueblos separados por el río Condoto: el de los obreros negros, Andagoyita y el de los administradores anglo-norteamericanos, Andagoya. Los del primero no podían deambular por el segundo, contruido este como campamento de ultramar, segregado del entorno social.

Auspiciada por la South American Gold and Platinum Company, nació la International Mining Corporation que controló la Compañía Chocó Pacífico S.A., la Compañía Minera de Nariño S.A., la Frontino Gold Mines Limited y la Consolidated Gold Dredging Limited.

Entre 1948 y 1972, la Chocó Pacífico extrajo metales por valor superior a los 196 millones de dólares. El salario de los obreros, siempre fue el decretado por el gobierno, mientras los técnicos extranjeros, gerentes, pilotos de dragas (wincheros), jefes de secciones (mecánica, electricidad, bodegas, etc.) devengaban altas remuneraciones.

Durante 1964, una sola draga remitió a New York 90.000 onzas de platino. En ese mismo año, las regalías para los municipios sanjuaneños de Bagadó, Tadó, Condoto, Istmina y Nóvita sumados, escasamente sobrepasaron los ciento cuarenta mil pesos (SER CONSULTORES, cit.).

Se dice que la Compañía Minera Chocó Pacífico con el producto de la explotación de los recursos naturales del Chocó, aportó el Yankee Stadium a Nueva York.

Posteriormente, después de casi sesenta años de explotación intensiva, en los años 70, se introdujo el régimen de empresa mixta con la participación del capital privado y público colombiano en la Chocó Pacífico, en lo que se conoce como la colombianización.

En 1974, Mineros Colombianos S.A., en negociación hasta ahora poco clara, adquirió la Chocó Pacífico por $42’OOO.OOO. La nueva razón social de la empresa fue Mineros del Chocó S.A.

Pero, dice SER CONSULTORES, "en 1987, entró en crisis la empresa, no canceló salarios a los obreros durante dos años. Las condiciones socio-económicas fueron desastrosas para la población, los niños se desmayaban de hambre en las escuelas, muchos estudiantes abandonaron las escuelas y las gentes beneficiarias de la empresa comían una vez al día cuando conseguían" (Ibid:93, Testimonio de Felipe Ibarguen, Vicepresidente del Sindicato de Trabajadores).

El gobierno, por ley 13 de enero de 1986, constituyó la empresa Metales Preciosos del Chocó S.A. y liquidó la anterior empresa. A los obreros y pensionados se les entregaron bonos o acciones de la nueva entidad como pago de dos años sin salario. El congreso autorizó al gobierno para garantizar una refinanciación hasta el año 2000, norma que luego fue modificada, con grandes sobresaltos para sus ya ancianos pensionados (600 jubilados, 328 trabajadores en 1991).

La historia de la Chocó Pacífico es la historia de la debilidad nacional en las negociaciones con empresas extractivas y de la explotación sin beneficios para el desarrollo regional.

El deterioro ambiental de la llanura del río San Juan es una muestra fehaciente del impacto humano sobre el ecosistema. El San Juan sigue bajo el peso de la carencia en servicios y en bienestar. La época de esplendor de oro y platino pertenece al recuerdo.

En la actualidad, el 95% de la actividad minera en el departamento del Chocó se realiza en forma ilegal. En buena parte esto obedece a la excesiva centralización de los trámites para la solicitud de títulos mineros en las oficinas del Ministerio de Minas en Bogotá y al desinterés de algunas administraciones municipales para hacer cumplir las normas establecidas en el Código de Minas.

Es probable que estos procesos cambien con las nuevas disposiciones sobre tenencia de tierra comunitaria y los nuevos controles sobre los recursos naturales que implican mayores responsabilidades de los entes regionales y locales.

La producción de oro en el departamento fue de 99.416 onzas troy y 41.053 onzas de platino para 1990 (ver Cuadro Nș 13 y Anexo Nș 10). Toda la transformación de este metal se hace por fuera del país.

CUADRO Nș 13
PRODUCCION DE PLATINO POR DEPARTAMENTOS

ONZAS TROY, 1989-1990

Departamentos

1989 1990 ( % ) Variación 89/90
Antioquia 552.47 667.11 22.56
Nariño 84.37 110.42 30.88
Chocó 30.281,20 41.053,0 35.57
Cauca 316.38 279.10 -11.78

FUENTE: Banco de la República, 1991.

El departamento del Chocó fue el segundo productor de oro en Colombia hasta 1989. En 1990 aparece en tercer lugar, antecedido por Antioquia y Bolívar. Sin embargo, este período ha sido el de mayor intensificación de la actividad minera, lo que sugiere cambios en el sitio de venta del metal, mas no descenso en la producción.

La nación, a través del Banco de la República, da regalías a los municipios productores de metales preciosos. Sin embargo las cifras de los desembolsos no constituyen un indicativo real de la cantidad de minerales que se explotan en las localidades, pues con frecuencia no se registran en éstos.

El Banco de la República, con sedes en Quibdó y Condoto, recibe el oro y platino limpio, es decir, sin impurezas, como los vestigios de mercurio, pues no disponen en estos lugares de la tecnología apropiada para separar metal precioso e impurezas. Esto hace que buena parte del oro salga para la sucursal del Banco en Medellín, donde la información sobre regalías y sobre el sitio donde se explota se modifica, pues los comerciantes lo registran como procedente de fuera del Chocó.

Por otra parte, los intermediarios y comerciantes que compran oro de distintas zonas, no llevan un registro municipal.

La actividad minera ha sido central en la historia del Chocó, de su poblamiento contemporáneo y sigue siendo eje socio-económico. Las modificaciones que ha traído la extracción aurífera con la proliferación de motobombas, draguetas y retroexcavadoras, tienen un efecto creciente sobre el medio natural, en particular sobre la cubierta vegetal ribereña, el cauce de los ríos y la sedimentación y contaminación de los mismos. La organización negra, en especial las formas de dominio territorial y organización social para la producción, también se ven afectadas y a menudo desprovistas de medios para sobrellevar nuevos conflictos.

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INDICE

1 . Asociación Campesina del Medio Atrato. (Regresar)

2 . Organización de Barrios Populares. (Regresar)

3
. formación boscosa típica de la región chocoana. (Regresar)

4
. En el habla local se denomina peña a los montículos de tierra o a la banca de los ríos. (Reresar)

5
. la parentela es una red extensa de familiares, afines y cosanguíneos, por línea tanto materna como paterna y sus límites cobijan varias generaciones. A la parentela cosanguínea  y afín se asocian los compadres que se convierten en parientes una vez establecido el vínculo. (Regresar)