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VEGETACIÓN CARIBEÑA

Sierra Nevada de Santa Marta

La Sierra Nevada de Santa Marta es una inmensa mole de enigmas científicos; sigue siendo una de las zonas más interesantes y menos conocidas de las alturas americanas, con lugares sagrados sólo conocidos por los indígenas kogui, quienes, según sus normas tribales, solamente pueden utilizar para leña los árboles secos o caídos por eventos de la naturaleza (Indio Jacinto, com. pers.).

En términos de su composición, los relictos boscosos del sector nororiental de la Sierra Nevada de Santa Manta no presentan diferencias fundamentales con las comunidades descritas por Cleef y Rangel (Cleef, A. & O. Rangel, 1984 a), para el noroccidente, pero sí con aquéllas del sur del macizo, que reciben menor precipitación, sufren la acción desecante de los alisios y ocupan una franja más estrecha a mayor altitud. La disposición de los ejes este-oeste de la Sierra Nevada contribuye para que el lado sur reciba anualmente mayor energía solar que el costado norte (Cleef, A. & O. Rangel, 1984b).

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Para el porque Tayrona, Lozano comunica 685 especies pertenecientes a 108 familias, siendo las leguminosas, eufórbiáceas, rubiáceas y asteráceas las familias mejor representadas.

De acuerdo con Pérez Preciado (en: Vander Hammen, T. & P.M. Ruiz, 1984), la vegetación natural en la Sierra Nevada de Santa Manta se escalona en cuatro pisos altitudinales así:

1. Piso bajo, seco y tropical, caracterizado por baja precipitación, estacionalidad marcada y altas temperaturas, que favorecen el desarrollo de dos fajas de vegetación:

a) Faja de bosque seco deciduo tropical y de los matorrales espinosos y suculentos abajo de 180 m en los alrededores de Santa Manta y de 500 m en los alrededores de Valledupar y

b) Faja del bosque semideciduo tropical abajo de 600 m en las vecindades de Santa Manta y de 1.000 m en las proximidades de Valledupar;

2. Piso medio o subandino, caracterizado por alta precipitación y marcada estacionalidad, se encuentra hasta los 1.800 m del lado de Santa Marta y hasta 2.200 m del lado de Valledupar;

3. Piso alto o andino, se reconoce por "abundante precipitación y la presencia de un cinturón de niebla"; llega, según el autor, hasta 2.800 m del lado de Santa Marta y hasta 3.000 m del lado de Valledupar;

4. Piso de los páramos y nieves permanentes que Pérez Preciado (loc. cit.) subdivide en cuatro fajas:

a) Subpáramo, hasta 3.200 m del lado de Santa Marta y hasta 3.500 m del lado de Valledupar, cubierto por "vegetación arbustiva, en gran parte delgada".

b) Páramo, hasta 4.400 m en ambos sectores.

c) Superpáramo, por encima del anterior y hasta 4.800 m.

d) Nieves permanentes, que superan al anterior.

Las familias de monocotiledóneas más notables son: Araceae, Arecaceae, Bromeliaceae, Orchidaceae y Poaceae. En las altitudes superiores son conspicuos componentes del paisaje las palmas de cera (Ceroxylum schultzei), la tagua (Dictiocaryum schultzei) y el tabaco de la sierra (Libanothamnus phyllus). La estructura y composición de los bosques de la Sierra Nevada a bajas altitudes parece peculiar. En la faja subandina la presencia de gran cantidad de especies leñosas es normal para la formación del bosque húmedo tropical, pero el predominio de lauráceas y moráceas y la baja densidad de especies en el sotobosque permite suponer que en la zona está involucrado al menos un estadio maduro de segundo crecimiento asociado con géneros típicos como Schefflera, Didymopanax, Pourouma, Persea, Poulsenia, Pterygota y Cecropia e íntimamente relacionado con rápida transformación de biomasa que ha enriquecido los suelos con los aportes de aclareos efectuados por los indígenas para levantar sus viviendas o antiguas terrazas de cultivo, cuyos restos son evidentes en algunas regiones de San Francisco y Buritaca (Cuadros, H. & A.H. Gentry, loc. cit.).

Para el parque Tayrona, Lozano (en: Van der Hammen, T. & P.M. Ruiz, loc. cit.) comunica 685 especies pertenecientes a 108 familias de ptenidófitos y espermatófitos, siendo las leguminosas, euforbiáceas, rubiáceas y asteráceas las familias mejor representadas.

 

Sabanas

Las sabanas constituyen la segunda formación vegetal más grande de los trópicos. A pesar de la gran dificultad que existe para cuantificarlas y establecer sus límites debido a las labores antropogénicas, se estima que cubren tres millones de kilómetros cuadrados (Huber, O., 1987). En la Región Caribe las sabanas forman un continuo de complejas interrelaciones ecológicas donde se desarrolla la mayor actividad económica de los departamentos costeños.

Por definición, las simorfias dominantes en la sabana están constituidas por herbáceas. Los árboles y arbustos existentes no forman una copa cerrada. Además de las consocietas de gramíneas, en las sabanas del Caribe están representadas las leguminosas (Mimosaceae y Fabaceae), caparidáceas (Capparis, Belencita, Crataeva, Morisonia), bignoniáceas (Arrabidaea, Anemopaegma, Crescentia, Tabebuia), burseráceas (Bursera), euforbiáceas (Croton, Euforbia, Jatropha), cactáceas (Opuntia, Cereus, Subpilocereus, Peneskia), Cochlospermaceae (cochlopermum) y zigofiláceas (Bulnesia, Guaiacum, Tribulus).

Las asociaciones presentes en las sabanas costeras determinan las siguientes formaciones sabaneras:

1. Sabana arbolada, en los alrededores de Magangué, Montería, Cuestecitas, Valledupar y la zona de influencia del río Magdalena. La correlación de humedad, nutrientes y características geomorfológicas del suelo condicionan su vegetación; estas sabanas guardan el mayor vestigio de vegetación natural. Además de las hierbas y gramíneas se encuentran árboles de los géneros Acacia, Bulnesia, Bursera, Capparis, Cavanillesia y Tabebuia y palmas de los géneros Scheelea, Sabal y Elaeis.

2. Sabana de pajonal, observable en los departamentos de Córdoba, Sucre, Bolívar, Cesar y Magdalena. Las gramíneas (Andropogon, Paspalum, Panicum) y ciperáceas (Fimbristylis) son dominantes y se mezclan con hierbas como Borreria, Indigofera, Hyptis y Zornia. Ocasionalmente se encuentra un ejemplar de Curatella americana en la soledad del pajonal.

3. Sabana de matorrales, representada por grandes extensiones de terrenos ondulados, cubiertos con plantas subxerófilas-higrotropofíticas. A diferencia de las sabanas llaneras, en el Caribe las matas de monte no se desarrollan merced a caños, sino en los bajos inundables del terreno, que son usufructuadas por plantas, animales y humanos. En los matorrales abundan principalmente leguminosas (Acacia, Caesalpinia, Geoffroea —con frutos comestibles—, Diphysa, Prosopis), caparidáceas (Capparis, Cleome), euforbiáceas (Cnidosculus), anacardiáceas (Astronium), bignoniáceas (Tabebuia, Ceratophytum), asclepiadáceas (Sarcostema), orquidáceas (Brassavola, Oncidium), anonáceas (Anonna). En las matas también se encuentran bromeliáceas (Bromelia, Tillandsia), lorantáceas (Phtirusa) y palma de lata (Bactris guineensis). Algunos matorrales de sabanas están formados por palma sará (Copernicia tectorum), corozo de puerco (Scheelea) y a veces por tamaco (Acrocomia).

4. Sabana subdesértica, se reconoce en los corredores costeños localizados entre la desembocadura de los ríos Sinú y Ranchería, varios kilómetros a lado y lado de las corrientes de agua que bañan la región. El suelo es arenoso-arcilloso, en él prosperan macollas de gramíneas y hierbas oportunistas acompañadas de cactáceas (Opuntia, Subpilocereus, Cereus), euforbiáceas (Euphorbia, Cnidosculus) y leguminosas (Acacia).

 

El manglár

El manglar forma un cinturón que se extiende en las bahías, ensenadas y ciénagas de la costa. Está constituido por plantas halófilas que anclan en el substrato fangoso bañado por el mar, en la arena o en tierra firme. Las especies arbóreas más conspicuas del manglar son: Rhizophora mangle (mangle rojo), Laguncularia racemosa (mangle bobo) y Avicennia genminans (mangle negro), presentes en todas las formaciones de manglar de la costa. En las zonas de la bahía de Cispatá y la bahía de Cartagena, asociados al manglar se encuentran Pelliciera rhizophorae (mangle piñuelo) y Pterocarpus officinalis. En el interior del manglar son comunes Acrostichum aureum, Rhabdadenia biflora, Marsdenia altissima, Mendoncia sp. y Polygonum sp. Por fuera de la línea de mareas crece Conocarpus erectus (mangle zaragoza), mezclado con Chrysobalanus icaco (icaco), Cordia sebestena (Sanjoaquín), Thespesia populnea (clemón), Coccoloba uvifera (uvita de playa) y Erythroxylum canthagenense. Plantas comunes que se mezclan en el manglar son Suriana maritima, Ipomoea carnea, Cassia bonduck, Cakile edentula, Batis maritima, Sesuvium portulacastrum, Canavalia sp., Hymenocallis littoralis, Cyperus sp. y Paspalum sp. En el límite del manglar se encuentran con frecuencia Hippomane mancinella (manzanillo) y Jacquinia sp. (barbasco). Los manglares aportan continuamente biomasa al substrato y en éstos se desarrolla una gran actividad faunística marina.

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La uvita de playa (Coccoloba uvifera) y la uvita mocoa (Coria dentata)son unas de las especies más comunes que crecen por fuera de la línea de mareas.

 

Bosques áridos y semiáridos

La región se encuentra dentro del área de influencia del Cinturón Seco del Caribe, que entra por La Guajira proveniente de las Antillas y Venezuela y continúa hacia el oeste.

Después de cada temporada lluviosa las formaciones semiáridas se caracterizan por presentar gran actividad. Las plantas reciben el estímulo para cumplir rápidamente su ciclo reproductivo y el dosel se observa como un enorme tapiz verde que ondula entre 3 y 10 metros de altura. A intervalos irregulares los árboles y arbustos se hacen cada vez más pequeños hasta que desaparecen para dar paso a cactos columnares o arbolitos retorcidos casi pegados contra el suelo por acción de los vientos.

Las plantas más comunes en las formaciones áridas y semiáridas son: aromos (Acacia), trupillo (Prosopis juliflora), lechero de palito (Euphorbia tithymaloides), silbadero (Geoffroea spinosa), tapabotija (Ipomoea carnea), palo brasil (Haematoxylum brasileto), ébano (Caesalpinia ebano), dividivi (Caesalpinia coriana), cruceto (Randia sp.), mariangola (Coutarea hexandra), bejuco escalera (Bauhimia sp.), trébol (Platymiscium pinnatum), mamón de mico (Talisia olivaeformis), indio en cuero (Bursera simaruba), olivo (Capparis olivaeformis, Capparis indica), quebracho (Astronium graveolens), parúrua o cabeza de negro (Melocactus caesius), jaruwa (Castela erecta), yagua (Cnidosculus urens), jamche (Opuntia wentiana), yátchua (Jatropha gossypiifolia), kachú (Randia sp.), los cactos para yotojoro (Stenocereus, Cereus, Subpilocereus, Lemairocereus) y Manihot carthagenensis.

 

Las plantas en la vida cotidiana

A pesar de lo muy poco que se ha escrito sobre el tema, muchos elementos de la vegetación natural son importantes en la vida de los costeños. Algunos ejemplos incluyen:

En las sabanas y ciudades de la costa se toma jugo de uvita de lata, también llamado jugo de corozo o de lata sabanera, preparado con el fruto de Bactris guineensis, una palma espinosa pariente del chontaduro. En las alturas de la Sierra Nevada los indígenas consumen los frutos de cantyi (Metteniusa edulis) y de manzano (Lucuma arguacoensis); en las rancherías de la Baja Guajira algunos wayú conocen las delicias del kajuk (Geoffroea spinosa) y del tamaco (Acrocomia lasiospatha). En varias localidades de Córdoba y Bolívar todavía se consumen cocidos en el arroz o guisados los frutos de membrillo (Gustavia superba).

Para envolver se utilizan principalmente las hojas de bihao (Calathea lutea), palmicha (Carludovica palmata), camajón (Sterculia apetala), plátano (Musa spp.), membrillo y tusa de maíz —entiéndase que en la Costa capacho es tusa y tusa es maretira.

Para amarres y catabres se utilizan bejucos catabreros (varios bejucos de la familia Bignoniaceae), bejuco escalera (Bauhinia spp.) o majagua de camajorú (Sterculia apetala).

Los techos de las casas se cubren con hojas de palma de vino (Scheelea spp.), palma amarga (Sabal mauritiaeformis), palma sará (Copernicia tectorum), yotojoro de algunos cardones (Cereus, Stenocereus, Subpilocereus) o paja (Panicum, Calamagrostis). La importancia de estos materiales se denota por el transporte de las hojas a sitios donde la especie no crece naturalmente teniendo que recorrer grandes distancias.

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La mochila tejida, elaborada con fique teñido de vistosos colores, es un ejemplo de vegetación al servicio de la vida cotidiana. (Foto: Juan Camilo Segura)

 

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La cestería es una de las actividades más destacadas en la utilización de la vegetación, generando importantes ingresos a la población costeña campesina que se dedica a la artesanía. (Foto: Juan Camilo Segura)

 En las casas de vara en tierra se utiliza matarratón (Glinicidia sepium), guásima (Guazuma tomentosa y G. ulmifolia), mangle (Rhizophora mangle), cañaguate (Tabebuia chrysantha), roble (Tabebuia rosea) o polvillo (Tabebuia bilbergii), uvita mocosa (Cordia dentata), uvita de playa (Coccoloba uvifera), solera (Cordia alliodora) y carreto (Aspidosperma polyneuron). En los techos interviene la palma de lata. Los patios se cierran con varas de cañabrava (Bambusa), con piñuela (Bromelia), con jasá o yosú (Cereus, Stenocereus) o con guarumos hendidos (Cecropia peltata, Cecropia longipes). Las mariapalitos o las flojeras se hacen de guásima o de matarratón. En las casas de vara en tierra se utiliza matarratón (Glinicidia sepium), guásima (Guazuma tomentosa y G. ulmifolia), mangle (Rhizophora mangle), cañaguate (Tabebuia chrysantha), roble (Tabebuia rosea) o polvillo (Tabebuia bilbergii), uvita mocosa (Cordia dentata), uvita de playa (Coccoloba uvifera), solera (Cordia alliodora) y carreto (Aspidosperma polyneuron). En los techos interviene la palma de lata. Los patios se cierran con varas de cañabrava (Bambusa), con piñuela (Bromelia), con jasá o yosú (Cereus, Stenocereus) o con guarumos hendidos (Cecropia peltata, Cecropia longipes). Las mariapalitos o las flojeras se hacen de guásima o de matarratón.

La batea en que se lava la ropa se hace labrando una troza de campano (Pithecellobium saman) o de ceiba de agua (Hura crepitans). El manduco para "aporrear" la ropa y despercudirla se fabrica de la madera más dura que se tenga a mano: sapote costeño (Pouteria sapota), mamey (Mammea americana), guayacán (Bulnesia arborea) o carreto.

Son famosos los pilones de polvillo y los palotes de roble o de cualquier madera que no amargue. Los dulces propios de Semana Santa se hacen de orejero (Enterolobium cyclocarpum), guandú (Cajanus), ñame (Dioscorea spp.) y el no nativo fruta de pan (Artocarpus). Existen otros muy famosos como el dulce de icacos (Chrysobalanus icaco), el mongo-mongo y la calandraca.

Las plantas más conocidas como medicinales son: balsamina (Momordica charantia) para las amibas; curarina (Aristolochia) para las picaduras y mordeduras; bajagua (Cassia reticulata) para el hígado y la diabetes; guandú y níspero para los cólicos renales; matandrea (Costus) para la fiebre; palo mora (Chlorophora tinctorea) para el dolor de muelas; anamú (Petiveria alliacea) para las úlceras intestinales; manteca negrita (Elaeis olleifera) para el cabello y para las bromas pesadas pica-pica (Mucuna pruriens) o derrotabaile (Cleone spinosa).

 

 

Notas finales

Además de los refugios pleistocénicos, en los países tropicales existe en la actualidad otra categoría de refugios, que han alcanzado dicho estatus como resultado de la acción humana sobre la naturaleza: las franjas de vegetación relictual que se encuentran en lugares de difícil acceso para actividades antropogénicas o protegidas pon entidades oficiales o personas particulares. Este fenómeno es particularmente agudo en el norte de Colombia, donde sobrevive únicamente el 25% de la vegetación natural (Cuadros, H. obs. pers.). A pesar de la importancia evidente de su biología única, de su decidido valor biogeográfico y de la utilidad que muchas de sus especies prestan al hombre, la desaparición del bosque natural en la costa caribe es una verdadera tragedia que no ha sido suficientemente valorada.

Existe una característica común a las formaciones vegetales de la Región Caribe: todas están amenazadas de destrucción.

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