CARIBE COLOMBIA
FEN COLOMBIA
POTENCIALES Y
LIMITACIONES DEL CARIBE
Antonio Hernández Gamarra
EL FUTURO
desempeño de la economía del Caribe colombiano, y los logros que puedan alcanzarse para
elevar el nivel de bienestar de sus habitantes, está signado por las posibilidades que a
la región le brindan sus recursos naturales, por las decisiones que la organización
social adopte para su utilización, por el adecuado reparto de los bienes con ellos
producidos y por la consideración que se le dé a la conservación de los recursos
naturales.
Sobre la abundancia y
calidad de los recursos que la región tiene en materia de climas; extensión de tierras
aptas para la agricultura, la ganadería y los bosques; aguas fluviales; riqueza
marítima; diversidad de minerales; privilegiada posición geográfica e incluso el
potencial uso de su abundante luminosidad, existe unánime consenso entre los expertos y
analistas (Rodado, 1988; Urdinola, 1988; Galán, 1988; Pastrana, 1985).
No obstante los signos
de progreso que se advierten en algunas áreas, también son ampliamente coincidentes las
opiniones de diversos autores en torno al menor desarrollo relativo que, con respecto a la
nación colombiana, tiene la Costa Atlántica y acerca de sus principales carencias.
Situación que Luis Carlos Galán sintetizara, alguna vez, así: "El Caribe
colombiano está atrasado y tiene problemas y frustraciones que contrastan con su
magnífico potencial económico y social. Ha perdido terreno en el conjunto de la
economía nacional; tiene una modesta demanda regional; registra indicadores sociales muy
mediocres en cuanto a su nivel de servicio de educación y salud; padece las consecuencias
de la baja cobertura de sus servicios públicos; no cuenta con viviendas adecuadas; ha
bajado su nivel de industrialización respecto del resto del país; su ingreso por
habitante es inferior al promedio nacional; en algunas zonas existe peligro de un
empobrecimiento mayor y los desequilibrios crecientes entre las capitales y su periferia,
así como entre los departamentos más avanzados y los más pobres se empiezan a traducir
en episodios de violencia y conflictos de clases que pueden adquirir proporciones más
graves" (Galán, 1988, p. 14). A ello debe añadirse que la región presenta, en
muchas zonas, un deterioro ambiental bastante acentuado, producto de una desordenada y, a
la larga, antieconómica explotación de los recursos naturales, con sus secuelas de
erosión, sedimentación de ríos, tala indiscriminada de bosques, inundaciones
periódicas que afectan la vida de muchos de los moradores de la región y el
aniquilamiento de valiosas riquezas forestales, faunísticas y piscícolas.
El consenso es menor
cuando se indaga sobre las causas que llevaron a conformar una situación tan poco
halagadora. Mientras algunos tratadistas ponen el énfasis en el alto grado de
desfavorabilidad con que la política económica nacional, y en especial la política de
industrialización iniciada a partir de los años 30, ha tratado a la región (García,
1981; Urdinola, 1988), otros ven en las razones de carácter histórico y en factores
atinentes a la organización social regional los orígenes del atraso (Galán, 1988;
Rodado, 1988).
[1]
Las posibilidades que
le brindan a la región sus recursos naturales, la consideración que se le dé a su
conservación. las decisiones que la organización social adopte para su utilización, el
adecuado reparto de los bienes con ellos producidos, marcan el futuro desempeño de la
economía del Caribe
y el nivel de bienestar de sus habitantes.(Foto: Rudolf)
No es propósito final
de este trabajo terciar en este debate, puesto que a lo que aquí se apunta es a
identificar aquellos factores que acelerarían el crecimiento económico, distribuirían
de manera equitativa sus beneficios y harían posible un desarrollo sostenible, que
satisfaga las demandas básicas de los habitantes de la región, les posibilite una vida
mejor y logre un grado de explotación de los recursos naturales que dé la debida
consideración a las necesidades de las futuras generaciones.
Para el fin propuesto
el trabajo debe escapar a dos extremos igualmente perniciosos. De un lado, es necesario
desechar el camino propuesto por el cuantitativismo extremo que, a partir de la
composición actual de la producción, simula los patrones de crecimiento futuro y
predice, con más o menos detalles, cuál será el ritmo y las modalidades cuantitativas
del crecimiento; a tal esquema se le escapan los efectos que el rompimiento de la
estructura productiva tiene sobre la aceleración del desarrollo y, lo que es peor, deja
de lado los aspectos no económicos de los cambios en la base productiva; aparte de que,
como bien se ha dicho, "las predicciones no son dignas de confianza, particularmente
cuando tratan del futuro" (Schumacher, 1983, p. 28). Tampoco es posible que resulte
en un extenso listado de proyectos e ideas que expresen los anhelos regionales; listado
que, con fines más o menos interesados, suelen ventilar periódicamente algunos sectores
de la dirigencia costeña, en especial los vinculados a las actividades electorales, y que
crece con especial exuberancia en las épocas en que los aspirantes interioranos a la
primera magistratura de la nación necesitan cautivar al electorado de la Costa
Atlántica; algunas de dichas ideas y aspiraciones son útiles, necesarias y sobre todo
legítimas, pero será sólo a partir de diagnósticos cada vez más refinados, y de
acciones guiadas por el buen sentido, la coherencia, la determinación, la tenacidad y el
esfuerzo continuado, que se logren el progreso y el bienestar en una región que tiene
marcadas ventajas naturales para alcanzar un desarrollo acelerado y equitativo.
Para que ello sea
posible es necesario identificar las potencialidades del crecimiento, los obstáculos al
desarrollo y las condiciones necesarias para su remoción; sin embargo, ese análisis
supone una síntesis sobre la disponibilidad y limitaciones de los recursos y sobre las
características de la actual conformación económica regional.
Recursos para el
desarrollo: potencialidades y limitaciones
La región de la Costa
Atlántica colombiana da cabida a 159 municipios y administrativamente se halla dividida
en los departamentos de Atlántico, Bolívar, Magdalena, Cesar, Córdoba, Sucre, Guajira y
la Intendencia de San Andrés y Providencia, cuyas capitales (Barranquilla, Cartagena,
Santa Marta, Valledupar, Montería, Sincelejo, Riohacha y San Andrés) albergan el 44% de
la población de la región, que el censo de 1985 estimó en 5.7 millones de habitantes.
Como se ha señalado,
amplio es el consenso sobre la abundancia de recursos naturales con que cuenta la región,
así delimitada y conformada, para su desarrollo económico y social. Para empezar, pese a
constituir sólo un poco más de la décima parte del territorio nacional y de contar con,
aproximadamente, la quinta parte de la población, la llanura Caribe posee casi la mitad
de las tierras de mejor calidad existentes en el país (Rodado, 1988; Cárdenas, et
al., 1988). Sin embargo, la utilización que se da a este recurso no es la más
apropiada desde el punto de vista tecnológico puesto que de los casi cinco millones de
hectáreas disponibles para uso potencialmente agrícola sólo alrededor de una octava
parte (665.000 hectáreas) se emplea en dichos menesteres, en tanto que la ganadería
utiliza un área varias veces superior a la potencialmente apta para tales labores. A su
vez, debido a factores edafológicos y a razones de carácter económico y social, los
bosques son un recurso relativamente escaso.
Al examinar la extensa
ocupación que la ganadería hace de los suelos de la región debe tomarse en
consideración que el aprovechamiento de la tierra está limitado por la presencia del
factor agua; amplias extensiones de la zona sufren por el déficit de agua para cultivos
durante las épocas secas, en tanto que gran parte del territorio localizado en las
planicies de los ríos Magdalena, Cauca, Sinú, San Jorge, Cesar y la Depresión
Momposina, presentan inundaciones de periodicidad variable. (Cárdenas, et al., 1988).
Es, en buena parte, el factor agua y la concentración de la propiedad de la tierra, lo
que explica el infortunado uso de este recurso en la región.
La Costa norte
colombiana posee igualmente abundantes aguas superficiales pues además de las cuencas del
Magdalena y el Sinú, a la vertiente del Caribe concurre el río Ranchería y existen
infinidad de ciénagas, destacándose por su tamaño e importancia las de la Ciénaga
Grande de Santa Marta, Guájaro, Totumo, Betancí, Zapatosa y Ayapel; por su carácter
multipropósito la dotación de aguas es considerada como uno de los recursos naturales
más valiosos de la región. Asimismo, se cuenta con 1.200 kilómetros de costa sobre el
océano Atlántico, que constituyen, igualmente, recurso de gran valía por los
desarrollos pesqueros, turísticos y portuarios a que su adecuada explotación podría dar
lugar.
Por lo que hace a los
recursos naturales no renovables, la Costa tiene aproximadamente las dos quintas partes de
las reservas probadas de carbón existentes en el país; más del 70% de las de gas
natural y la totalidad del ferroníquel; abundantes son de la misma manera las reservas de
sal en Manaure, Bahiahonda y Galerazamba; sin contar con grandes reservas de petróleo, ya
que las mismas sólo ascienden a 35 millones de barriles, que equivalen a menos del 2% de
las reservas nacionales, la región tiene una importante capacidad de refinación de
petróleo (70.000 barriles diarios) y de transporte de combustibles a través del
oleoducto Caño Limón-Coveñas, del combustoleoducto Barrancabermeja-Cartagena y del
poliducto Pozos Colorados-Barrancabermeja.
[2]
La Costa Atlántica
cuenta con abundantes recursos naturales para su desarrollo económico
y social.
Entre los recursos naturales no renovables la Costa tiene aproximadamente las dos quintas
partes de las reservas probadas de carbón existentes en el país.(Foto: Diego
Samper)
Pasando al turismo
basta mencionar las islas de San Andrés y Providencia, el Cabo de la Vela, las playas de
Tolú y Coveñas, las del departamento del Atlántico, las del parque Tayrona, las islas
de San Bernardo, Ciudad Perdida, Cartagena y Santa Marta, para poner de presente las
potencialidades existentes en este campo.
Pero, sin duda, una de
las ventajas más relevantes de la Costa Atlántica colombiana la constituye su
privilegiada situación geográfica que, por la cercanía a los mercados internacionales,
en especial a los del Caribe, y la abundancia de puertos naturales, le posibilita inmensas
ventajas comparativas para el intercambio de bienes con el exterior.
Vistas esas
indiscutibles ventajas debe igualmente señalarse que la Costa enfrenta, principalmente,
tres limitaciones básicas para su desarrollo. Una, la constituye su sistema de
transporte; la otra, la estructura de su sector eléctrico y la tercera dice relación con
los índices de calidad de la vida de sus habitantes y la incidencia que ello tiene en la
formación de la mano de obra y su grado de especialización.
En cuanto al
transporte, ninguno de sus tres modos principales (carreteras, fluvial y férreo) tiene
las condiciones necesarias para facilitar y acelerar el desarrollo regional. El sistema de
carreteras, cuya longitud es de 1.800 kilómetros (Corelca, 1989), está conformado por
las ramales terminales de las carreteras troncal-occidental, troncal-oriental y por la
troncal del Caribe (Barranquilla, Santa Marta, Maicao), careciéndose de vías
transversales de buenas condiciones y especificaciones que posibiliten la comunicación
entre las troncales, y por tanto permaneciendo aisladas amplias zonas, especialmente en el
sur de Bolívar, en Córdoba, en La Guajira y en el Magdalena Medio; como consecuencia de
ello el índice de densidad vial, medido en kilómetro de vía por kilómetro de
superficie, es igual al promedio nacional, incluidos los amplios territorios no habitados
en el país, y por ende altamente desfavorable cuando se le compara con sus zonas más
desarrolladas, ya que es dos veces inferior a la del Viejo Caldas y la mitad de la del
Valle del Cauca y Cundinamarca (Corelca, 1984).
[3]
La explotación del
carbón no empezó en la Costa hasta finales de 1976, cuando el Estado decidió asociarse
con Intercor, una filial de la Exxon. El yacimiento del Cerrejón, cuya extensión es de
aproximadamente 78.000 hectáreas, está localizado en las últimas estribaciones de la
Sierra Nevada de Santa Marta.
(Foto: Diego Samper)
El sistema férreo
está constituido por el Ferrocarril del Atlántico, que penetra en la región por el sur
del Cesar, corre paralelo al río Magdalena para luego desviarse hacia Santa Marta. El
sistema, contrario a lo que se esperaba cuando se inició su explotación a principios de
los años 60, no ha tenido mayor significación para la Costa dadas las dificultades
administrativas y financieras que, de tiempo atrás, padecen los Ferrocarriles Nacionales,
y es así como se desplazan por carreteras importantes volúmenes de trigo, fertilizantes,
chatarra, etc. (Restrepo, 1990). Se cuenta además con el ferrocarril que moviliza el
carbón del Cerrejón hasta Puerto Bolívar en el Cabo de la Vela, que es de trocha ancha,
de 150 kilómetros de longitud y la más moderna vía férrea para uso industrial en
Colombia. Por razones que se analizarán más adelante esta importante innovación en
materia del transporte férreo se encuentra desarticulada de la economía regional en su
conjunto, sin que pueda desconocerse lo significativa que ella es para abaratar los costos
de transporte y, por tanto, para posibilitar la competitividad del carbón colombiano en
el exterior.
Los ríos Magdalena,
Cauca y el Canal del Dique son utilizados por embarcaciones de tamaño relativamente mayor
para el transporte de carga pesada (especialmente fertilizantes, cemento y derivados del
petróleo), en tanto que el Sinú, San Jorge y el Cesar se utilizan para movilizar, a
través de embarcaciones menores, especialmente alimentos. Los problemas de la navegación
fluvial están asociados con el deterioro del cauce de los ríos; la carencia de vías
transversales, que de existir incrementarían la demanda por este medio de transporte y la
inexistencia de sistemas apropiados para movilizar la carga en los puertos fluviales, por
la obsolescencia de los equipos.
Los principales puertos
son los de Cartagena, que tiene 38 pies de calado y seis muelles; el de Barranquilla con
27 pies de calado y también seis muelles; el de Santa Marta con 35 pies de calado y
cuatro muelles; el de Puerto Bolívar utilizado para exportar el carbón de El Cerrejón;
el de Tolú por el cual se exporta el clínker; el de Coveñas utilizado para enviar crudo
al exterior; el de Pozos Colorados destinado a la importación de combustibles líquidos,
el de Zúñiga para exportación de carbón y el de Mamonal para despachar y recibir
combustibles (Corelca, 1989). Algunos de estos puertos carecen de equipos modernos para la
operación, de espacios adecuados para las labores de cargue y descargue, de facilidades
para el almacenamiento de las mercancías y en el caso de los operados estatalmente se
presentan dificultades administrativas, laborales y financieras que repercuten en la
eficiencia y en los costos de operación.
En cuanto a las
comunicaciones es opinión generalmente aceptada que la región se encuentra relativamente
bien dotada en lo que hace al transporte aereo, aun cuando es necesario superar
deficiencias cualitativas en algunos terminales y en concepto de algunos expertos se hace
necesario reubicar el aeropuerto de Cartagena; adecuada es asimismo la dotación de otros
medios de comunicación y es así como los dos canales nacionales de televisión cubren el
90% de la región, se opera un canal regional, circulan diez diarios y existen 103
emisoras (Corelca, 1989); en este campo quizá la limitación se da en la baja cobertura
de la telefonía rural.
Dos acuerdos básicos
existen sobre la infraestructura descrita; según el primero, el sistema de transporte y
comunicaciones de la Costa Atlántica es el producto de un largo proceso histórico que ha
estado gobernado por el grado de apertura de la economía colombiana hacia el exterior; en
general los períodos de auge en el intercambio internacional han conducido al
fortalecimiento del sistema de transporte y comunicaciones con la Costa Atlántica, en
tanto que durante la fase de sustitución de importaciones y del crecimiento hacia adentro
fue cuando la región constituyó su precaria red de carreteras transversales (Casas, et
al., 1985). De igual modo, existe consenso en relación a que la red vial determina
altos costos de transporte; ello unido a las largas distancias que es preciso recorrer
para llegar hasta los mercados del interior del país, le resta capacidad de competencia a
la producción regional, máxime cuando en los bienes que la región exporta el costo del
transporte es significativo respecto al valor final de los productos.
[4]
Las reservas de sal en
Manaure, Bahiahonda y Galerazamba, eran hasta 1970 la explotación minera básica de la
Costa Atlántica.
(Foto: Diego Samper)
El sistema de
transporte ha tenido impactos ambientales de consideración y es así como se señala que
en el caso del río Magdalena "la tala del bosque tropical ha enloquecido el cauce de
la corriente que, descontrolada, es la peor amenaza para sembrados, ganaderías y aldeas;
ejemplo: Barrancabermeja..., se encuentra con muelle pero sin río, pues la sedimentación
ha dejado en tal grado las aguas, que en el antiguo cauce y zona de embarcadero los
barqueros juegan fútbol" (Galvis, 1986, p. 125). De igual manera produjo impacto
adverso la construcción de la carretera que une a Barranquilla con Santa Marta, pues en
la Ciénaga Grande "se taponaron los desparramaderos de agua provenientes de los
ríos que desembocan en la ciénaga, y que a su vez servían de entrada y salida a las
aguas marinas, empujadas por el flujo y reflujo." (Galvis, 1986, p. 131); con el
resultado de que la pesca de camarones ha ido en descenso al igual que los bancos de
ostiones, al tiempo que se ha producido una devastación del manglar, con todo lo que ello
significa para su equilibrio ecológico.
Por lo que hace a la
energía eléctrica, la generación regional es producida por plantas térmicas
(turbogases y turbinas de vapor) que hasta 1977 utilizaban fuel oil como
combustible y que desde entonces emplean gas natural. En 1986 la capacidad instalada en la
región alcanzó 983.7 MW que generaron 4.210 GWH, o sea el 15% de la generación total
nacional. El sistema cuenta con 4.433 kilómetros de línea de transmisión y
subtransmisión que interconectan buena parte de los municipios y proporcionan una
cobertura del 75% en lo urbano y el 20% en lo rural (Corelca, 1989). El potencial de
hidroelectricidad es sólo del 2.5% del total nacional y ello unido al mayor costo de la
generación térmica hace que se paguen mayores tarifas que en el resto del país por el
servicio de energía eléctrica, lo que también le disminuye capacidad de competencia a
la economía de la región.
Ciertas son las
cualidades innatas del hombre caribe colombiano, ya que a él son connaturales la bondad,
la generosidad, la alegría, la imaginación creativa, la defensa de su identidad y el
acendrado civismo. Pero no por ello es menos cierto que las condiciones de vida imperantes
en la región se constituyen en una de las mayores limitantes para un crecimiento
económico sostenido y estable. No en vano la región tiene las mayores tasas de
analfabetismo del país; las más bajas tasas de escolaridad; una menor calidad en la
educación, especialmente en la secundaria, pues según los resultados de los exámenes
del Icfes el rendimiento de sus bachilleres es el más bajo del país, inferior inclusive
al de los Territorios Nacionales (Galán, 1988); sólo la mitad de las viviendas cuenta
con el servicio de acueducto y menos de la mitad gozan de los beneficios del
alcantarillado, lo que se traduce en altas tasas de morbilidad y mortalidad, especialmente
dentro de la población infantil; y, los índices de camas hospitalarias por habitante son
igualmente bajos, como lo es la cobertura del servicio de salud pues se estima que las
instituciones privadas y de seguridad social atienden al 27% de la población y del 73%
restante sólo el 30% tiene acceso a los servicios estatales (Corelca, 1989).
[5]
La generación regional
de energía eléctrica es producida por plantas térmicas, que desde 1977 pasaron a
utilizar gas natural como combustible en lugar de fuel oil, permitiendo una reducción en
los costos de la misma. No obstante, el costo de la energía en la Costa Atlántica
continúa siendo más alto que en el resto del país, disminuyendo la capacidad de
competencia a la economía de la región.
(Foto: Santiago Harker)
Al estado de la salud
en la región no es ajeno el manejo ambiental, y en especial la carencia de agua potable y
la inadecuada disposición de excretas y basuras, pues si bien en el país las muertes por
enfermedades infecciosas, gastrointestinales y respiratorias, que se asocian con la
calidad del ambiente, han disminuido para la población total, tales enfermedades siguen
siendo las primeras causas de mortalidad para algunos grupos específicos y de morbilidad
para los menores de un año (Fedesarrollo, 1989).
Conocidos tales
indicadores no es de extrañar que exista un elevado número de hogares con necesidades
básicas insatisfechas, bien porque las viviendas no están construidas con los materiales
apropiados, bien porque se vive en condiciones de hacinamiento, bien por la carencia de
servicios, bien por el bajo nivel de escolaridad o por lo reducido del nivel de ingresos.
Así, con excepción del Atlántico, en el resto de los departamentos más de la mitad de
los hogares no satisfacen todas sus necesidades básicas; para no mencionar los casos de
Córdoba y Sucre en donde tal situación se presenta en siete de cada diez hogares y en
donde más de la mitad de las familias viven en condiciones de miseria, cuando ésta se
define como aquel estado en que no se satisfacen dos o más de las mencionadas necesidades
(Rodado, 1988). En tales circunstancias el índice de morbilidad es necesariamente alto y
se ve agravado con la mala nutrición que impera en muchas zonas, afectándose
adversamente la calidad de la mano de obra, pues ello limita la destreza, disminuye la
eficiencia e impide la especialización.
A este estado de cosas
debe sumarse que, mientras en los últimos años la capacidad empresarial privada se ha
elevado, especialmente en los sectores que han modernizado la agricultura, no se puede
afirmar lo mismo de las empresas estatales regionales; opinión bastante aceptada es que
"la politiquería y el clientelismo, como un cáncer han ido invadiendo todos los
tejidos de la administración pública, corroyendo, corrompiendo y finalmente aniquilando
el patrimonio colectivo" (Rodado, 1988, pp. 55-56). En consecuencia la mayoría de
las empresas públicas de la región generan poco ahorro y atraviesan difíciles
situaciones financieras; carecen de planes a mediano y largo plazo para la expansión de
la cobertura de los servicios que prestan; en ellas impera una altísima rotación de
gerentes y personal directivo, lo cual le resta continuidad a la gestión; y muchas
decisiones se guían por criterios distintos a la minimización de costos. Todo ello
repercute en la cobertura, calidad y precios de servicios que como la energía, el agua
potable y los teléfonos son indispensables para la consolidación y aceleración de un
proceso de desarrollo.
En resumen, puede
decirse que en cuanto atañe a los recursos materiales la Costa Caribe colombiana está
mejor provista que el resto del país para emprender un vigoroso crecimiento económico,
puesto que como muy bien señala Urdinola "si sumamos el carbón, el gas, las
calizas, el níquel y la localización en la Costa de los puertos por los que sale el
petróleo del interior del país, ella está idealmente dotada para la producción de
muchas de las materias primas que el país necesita en las áreas petroquímica,
carboquímica, derivados del cloro, cementos y para procesar aquéllas que deben
importarse dada la insuficiente dotación del país en hierro, aluminio, cobre, fósforo,
potasio, etc."(Urdinola, 1988, p. 84), a lo cual debe añadirse la potencialidad de
su desarrollo agropecuario, turístico y pesquero. Por desgracia no se puede decir lo
mismo de la infraestructura de transporte, ni del costo y disponibilidad de la oferta de
energía eléctrica, ni de la calidad de la vida de la gente de la región con sus
implicaciones para la destreza y especialización de la mano de obra.
La conformación
económica regional
Tradicionalmente la
economía de la Costa Atlántica colombiana se ha sustentado en la producción de bienes
de origen agropecuario. Según se desprende de las cuentas nacionales desagregadas
regionalmente, para el período 1960-1975 más de la tercera parte del producto interno
bruto regional provino de las actividades agropecuarias, siendo el producto industrial
menos de la mitad de este último; hecho que contrasta con lo que acontece en el país en
donde los dos sectores tienen tamaño similar; la condición agropecuaria de la Costa se
releva, aún más, cuando se observa que, en el período mencionado, tres de los siete
departamentos costeños (Córdoba, Magdalena y Cesar) tuvieron un sector agropecuario que
aportaba más de la mitad del producto interno bruto departamental y que en Sucre la
producción agropecuaria era equivalente a casi las tres cuartas partes de su total
(Hernández, 1981). La importancia relativa de las actividades agropecuarias sólo ha
tendido a descender en La Guajira por el impacto cuantitativo que el Cerrejón tiene sobre
el producto departamental, y en Córdoba debido al análogo efecto del níquel. A su vez,
dentro de la producción agropecuaria, la ganadería ocupa lugar destacado, ya que sólo
es superada por la producción agrícola en los departamentos de Bolívar y el Cesar.
En el lapso de 1960 a
1975 la Costa creció más rápidamente que el resto del país; pero, pese a lo
fragmentario de la información cuantitativa, existen indicios que desde entonces la
región se estancó por efecto de la depresión que sufrió el sector agropecuario desde
el inicio de la bonanza cafetera de mediados de los años 70, la correlativa
sobrevaluación del peso y la crisis algodonera que empezó hacia 1977; así, el
estancamiento descrito condujo a que la economía costeña haya perdido, en los últimos
quince años, significación en el concierto nacional.
[6]
Puede decirse que en
cuanto atañe a los recursos materiales la Costa Caribe colombiana está mejor provista
que el resto del país para emprender un vigoroso crecimiento económico.
(Foto: Diego
Samper)
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