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CARIBE COLOMBIA
FEN COLOMBIA
LA PLATAFORMA CARIBEÑA
Germán Galvis Vergara
LA REGIÓN
territorial
Caribe es un concepto más étnico que geográfico, pues la extensión de ella sobrepasa
al sur 300 km del mar, excluyendo a Urabá ubicado sobre la costa. Limita al oriente con
la serranía de Perijá; al sur con las estribaciones de las cordilleras Central y
Occidental; al occidente con la serranía de Abibe y al norte con el mar Caribe.
Hacia principios del
terciario parte de la región emergía del mar como el extremo norte de un terreno bajo,
de relieve poco accidentado (plataforma continental), sometido a laterización superficial
(formación de corazas ferruginosas) por un clima pluvial (Galvis, 1986).
La Sierra Nevada aún
no se había levantado, estaba separada de la serranía de San Lucas gracias a un
desplazamiento en forma de semicírculo o rotacional; a comienzos del terciario (eoceno)
se encontraba al norte de ésta, aunque muy al sur de su posición actual. La Sierra
debió alcanzar muy poca altura, su levantamiento se iniciaba apenas. La existencia de
lateritas eocenas a 1.500 m de altura en su flanco sur, que debieron formarse a menos de
50 m sobre el nivel del mar constituye un claro indicio de lo anterior.
El límite occidental
de la plataforma era el borde continental; según Duque (1978) coincide con la Falla de
Romeral, que de Calamar a Monte Líbano forma un arco suave; de allí continúa hacia el
sur hasta Guayaquil. Según Galvis (1986), el borde lo define la Falla Calamar-Tierra
Alta; incluye el extremo occidental de las lateritas. Este alineamiento, según los
autores, corresponde a la separación entre la plataforma continental y la corteza
oceánica, que se extiende desde aquí hasta el occidente (Figura 1).
Durante el paleoceno y
el eoceno inferior, a causa de las compresiones de las dos placas, la oceánica se hundió
hasta casi 4.000 m; este fenómeno ocasionó sedimentación abisal y vulcanismo en su
borde por fracturación, lo que dio origen al llamado Cinturón de San Jacinto, del cual
forman parte la serranía del mismo nombre, San Jerónimo y Luruaco. Este vulcanismo al
margen del borde continental emergió, a muy poca profundidad, hacia finales del eoceno a
causa de un levantamiento pronunciado y en su flanco se formaron barreras coralinas que se
encuentran hoy en las partes más altas del costado noroccidental de estas serranías
(Duque, 1978).
Hacia finales del
eoceno, el borde de la plataforma continental sufrió una cierta fracturación y
hundimiento, que permitió la formación de mar somero entre la serranía costera emergida
como una serie de islas y una nueva línea de costa al oriente de la original (Figura 2).
En este mar somero crecieron arrecifes coralinos; la sedimentación formó conglomerados,
areniscas y pizarras al norte; hacia el sur, grandes barras litorales que corresponden a
las areniscas situadas al este de Tierra Alta, Ciénaga de Oro y Sincelejo. Detrás de las
barras hubo extensos manglares que son actualmente los carbones del Alto San Jorge y norte
de Antioquia.
El macizo ígneo y
metamórfico de La Guajira debió encontrarse en el eoceno muchos kilómetros al occidente
de su posición actual (Figura 3).
Oligoceno: Mientras
el sector oriental continuó su movimiento, el occidental se desplazó hundiéndose su
borde, por lo que el mar somero que lo separaba de la serranía costera se hizo profundo y
cubrió la plataforma en su mayor parte (Duque, 1978; Figura 4). En el oligoceno superior
la trasgresión marina avanzó sobre las antiguas barras litorales y llanuras
intermareales depositando arcillas (Galvis, 1986). Mientras tanto, al occidente de la
serranía costera (Cinturón de San Jacinto) en lo que ahora es el valle del Sinú, la
serranía de Las Palomas, San Antero y San Onofre, ocurría una sedimentación pelágica
que se transformaría después en el Cinturón del Sinú (Figura 4).
Mientras
el sector oriental continuó su movimiento, el occidental se desplazó hundiéndose su
borde, por lo que el mar somero que lo separaba de la serranía costera se hizo profundo y
cubrió la plataforma en su mayor parte (Duque, 1978; Figura 4). En el oligoceno superior
la trasgresión marina avanzó sobre las antiguas barras litorales y llanuras
intermareales depositando arcillas (Galvis, 1986). Mientras tanto, al occidente de la
serranía costera (Cinturón de San Jacinto) en lo que ahora es el valle del Sinú, la
serranía de Las Palomas, San Antero y San Onofre, ocurría una sedimentación pelágica
que se transformaría después en el Cinturón del Sinú (Figura 4).
[1]
La
Península Guajira en su borde más externo de la llanura, está constituida por una serie
de mesas de origen marino depositadas en la trasgresión miocena, las cuales siguen la
orilla del mar desde las aproximaciones del Cabo de la Vela hasta las cercanías de
Nazaret.
(Foto: Santiago Harker)
Figura 1 Paleografía
del Noroccidente Colombiano entre el Cretáceo tardío y el Paleoceno Censoniense
temprano). Tomado de Duque 1978.
Mioceno: El
Cinturón de San Jacinto continuó su levantamiento y el borde de la plataforma se
hundió, por lo que la invasión marina sobre ésta se extendió más al oriente llegando
al El Difícil (Magdalena) y, al sur, hasta las estribaciones de las cordilleras Central y
Occidental (Figura 4).
El
Cinturón de San Jacinto continuó su levantamiento y el borde de la plataforma se
hundió, por lo que la invasión marina sobre ésta se extendió más al oriente llegando
al El Difícil (Magdalena) y, al sur, hasta las estribaciones de las cordilleras Central y
Occidental (Figura 4).
Hacia el mioceno
superior el hundimiento de dos grandes bloques formó las depresiones tectónicas de Sucre
y Plato, Depresión Momposina; al ocurrir esto el río Magdalena, que probablemente
desembocaba en la cuenca de Maracaibo pues la serranía de Perijá aún no se había
levantado, vertió sus aguas en la Depresión Momposina. Es probable que la formación de
esta depresión se relacione con el desplazamiento de la Sierra Nevada.
Figura 2 Paleografía
del Noroccidente Colombiano durante el Eoceno tardío - Oligoceno (Carmeniense temprano).
Tomado de Duque 1978.
El Sinú, al oriente
del Cinturón de San Jacinto, seguía siendo un fondo marino, con aporte de sedimentos
terrígenos a través de los cañones de Plato y Sucre. Los conglomerados de Luruaco son
parte de este aporte.
Plioceno: El
cinturón del Sinú, que hasta entonces había sido una zona abisal con sedimentación
turbidítica, debido al movimiento de las placas continental y oceánica se plegó y
formó numerosas fallas y volcanes de lodo; esto sucedió al tiempo que un levantamiento
transformó a la región en un ambiente nerítico de menos de 200 m de profundidad. Lo que
permitió, en el costado occidental, la aparición de una serie de barreras coralinas
separadas por lagunas y paralelas a la línea de costa de las serranías de Luruaco y San
Jacinto, las que a partir del eoceno superior emergieron como islas sujetas a un
levantamiento paulatino.
El
cinturón del Sinú, que hasta entonces había sido una zona abisal con sedimentación
turbidítica, debido al movimiento de las placas continental y oceánica se plegó y
formó numerosas fallas y volcanes de lodo; esto sucedió al tiempo que un levantamiento
transformó a la región en un ambiente nerítico de menos de 200 m de profundidad. Lo que
permitió, en el costado occidental, la aparición de una serie de barreras coralinas
separadas por lagunas y paralelas a la línea de costa de las serranías de Luruaco y San
Jacinto, las que a partir del eoceno superior emergieron como islas sujetas a un
levantamiento paulatino.
Posteriormente se
formaron numerosas fallas perpendiculares a la línea de costa y los bloques entre éstas
se movieron inclinando las formaciones coralinas en distintas direcciones. Por lo mismo,
todas las elevaciones que se observan en la periferia de Cartagena adoptan el aspecto de
crestas monoclinales, como en el caso de La Popa. Los primeros en mencionar este
fallamiento fueron Royo y Gómez (1950) y Burgl, quien, en 1957, hizo la datación de los
estratos.
Figura 3 Posición
hipotética de la placa del Caribe, hace 38 millones de años, según Sykes et. al.
(1982).
Mientras tanto la
Depresión Momposina, con el aporte de los ríos San Jorge, Cauca y Magdalena, dejó de
ser una especie de golfo de agua salada y se transformó en algo similar al actual lago de
Maracaibo, con sedimentación fluvial y lacustre, que cubrió igualmente parte del valle
del Cesar.
Hay que tener en cuenta
que los valles del Cesar y Ranchería, por lo menos en el sector de este último, a
diferencia de la parte occidental de la plataforma, no sufrieron trasgresiones marinas
durante el terciario. La región de El Difícil, al occidente del río Ariguaní, sí fue
cubierta por el mar en la trasgresión oligoceno-plioceno.
El valle del Sinú, al
levantarse, pasó de ambiente nerítico a muy somero con sedimentación fluvial y lacustre
similar a la de la Depresión Momposina. El fallamiento perpendicular a la costa, ya
mencionado, produjo a lo largo de las serranías, en su costado occidental, que
corresponde al cinturón de turbiditas del Sinú, una serie de depresiones en forma de
cubetas, que son, de sur a norte, los valles del Alto Sinú y río Manso (Urrá II), las
ciénagas de San Jacinto y Lorica, el golfo de Morrosquillo y la llanura aledaña, la zona
del Dique y María la Baja (Figura 5, I-V).
Con respecto a La
Guajira, aparte de su desplazamiento hacia el oriente, hubo una trasgresión que rodeó
las serranías ígneo-metamórficas
de depósitos marinos; el mar se retiró en
el mioceno debido a un levantamiento. A pesar de éste, que aún continúa, han ocurrido
varias trasgresiones menores por fluctuaciones del nivel del mar, como registran los
sedimentos depositados en torno a las serranías. El desplazamiento final de la península
hacia el oriente se originó a lo largo de la Falla de Oca, que corta el flanco norte de
la Sierra Nevada y lo hace rectilíneo y que luego cruza el istmo de la Baja Guajira.
En el pleistoceno se
produjo el levantamiento de la serranía de Perijá que se puede considerar como un gran
pliegue anticlinal, por lo que la cuenca del lago de Maracaibo se separó completamente de
la del Magdalena.
La Sierra Nevada
alcanzó su altura y posición actuales; la erosión puso al descubierto los gneises y
granitos que la forman, todos éstos de edad muy anterior al terciario. Durante dicha
época la Falla de Santa Marta cortó su flanco occidental adquiriendo, así, el aspecto
triangular que la caracteriza.
Figura 4 Paleografía
del Noroccidente de Colombia durante el Mioceno tardío Piloceno (Carmeniense tardío).
Tomado de Duque 1978.
La alternación de
períodos glaciares e interglaciares trajo consigo regresiones y trasgresiones marinas que
sucedieron cuando se acumulaba el agua en los enormes casquetes polares o cuando subía el
nivel del mar al derretirse los mismos. En las grandes trasgresiones interglaciares el mar
cubrió la Baja y Media Guajiras y transformó la Depresión Momposina y el valle del
Sinú en inmensos golfos salobres (Figura 5). Con cada período glacial descendió el
nivel del mar hasta los 150 m, por lo que la línea de costa se alejó muchos metros o
kilómetros, según el relieve, dejando extensas regiones secas. Los ríos debieron
excavar y profundizar sus valles buscando un nuevo perfil de equilibrio. La costa
disectada con bahías y ensenadas profundas al oriente de Santa Marta atestigua este
fenómeno (Figura 7).
Figura 5 Serie de
depresiones en forma de cubetas.
Al descender la
temperatura media hubo una gran acumulación de nieve en las cimas de la Sierra Nevada y
por ende formación de morrenas y circos glaciares. En las partes bajas debieron
extremarse las condiciones de aridez, ya que el descenso de la temperatura media implica
una disminución de la humedad absoluta y de la precipitación. Algunos suelos salinos del
valle del Cesar podrían atribuirse a períodos muy áridos, la región emergió desde el
terciario inferior, luego la salinidad no puede ser producto de trasgresiones marinas como
sí ocurrió en otros sectores de la costa.
El litoral, al
occidente del río Magdalena, donde abundan las formaciones coralinas, presenta barreras
costeras pleistocénicas en diferentes niveles, que corresponden a trasgresiones y
regresiones relativamente recientes. Se puede observar algo similar en las ensenadas al
oriente de Santa Marta en donde las líneas de playa alcanzan aproximadamente 2 m por
encima del nivel actual.
Han sido mencionadas
por varios autores terrazas cuaternarias de acumulaciones de conchas y formaciones de
arrecifes. G. Vernette (1982) considera que las terrazas situadas entre los 1 y 3 m de
altura sobre el nivel del mar corresponden a la última trasgresión marina; por datación
con carbono 14 de fragmentos coralinos se les atribuye una edad de 2.700 años a.C.
Figura 6 Trasgresión
interglacial.
Figura 7 Regresión
período glacial.
Condiciones actuales
Clima: El Caribe
está influido directamente por los vientos alisios, que soplan con mayor intensidad entre
los meses de diciembre y abril con una dirección predominante noreste-suroeste: es la
llamada época de brisas al final de la cual los vientos se orientan más al norte-sur
debido al desplazamiento del anticiclón que los genera. Los alisios son secos en su
origen pues se trata de masas de aire descendente; su paso sobre el Atlántico los carga
de humedad, pero, al provenir de una latitud más alta, son más fríos y densos que la
atmósfera local, por lo que se produce una inversión térmica que les imposibilita
ascender y condensar; esto ocurre mientras soplan sobre las llanuras originando un tiempo
seco al inhibir las lluvias cenitales. El choque contra las montañas hace que estos
vientos asciendan por las laderas y formen la niebla cuando alcanzan una latitud igual a
su nivel de condensación, o produzcan lluvia orogénica al sobrepasar este nivel. Lo
primero es característico de la serranía de La Macuira en la Alta Guajira, en donde la
altura máxima alcanza los 850 m, cosa que no es suficiente para las lluvias orogénicas,
pero que permite la condensación y, por tanto, el crecimiento de "bosque
nublado" enano, hacia las cimas, a causa de la intensidad del viento.
El Caribe
está influido directamente por los vientos alisios, que soplan con mayor intensidad entre
los meses de diciembre y abril con una dirección predominante noreste-suroeste: es la
llamada época de brisas al final de la cual los vientos se orientan más al norte-sur
debido al desplazamiento del anticiclón que los genera. Los alisios son secos en su
origen pues se trata de masas de aire descendente; su paso sobre el Atlántico los carga
de humedad, pero, al provenir de una latitud más alta, son más fríos y densos que la
atmósfera local, por lo que se produce una inversión térmica que les imposibilita
ascender y condensar; esto ocurre mientras soplan sobre las llanuras originando un tiempo
seco al inhibir las lluvias cenitales. El choque contra las montañas hace que estos
vientos asciendan por las laderas y formen la niebla cuando alcanzan una latitud igual a
su nivel de condensación, o produzcan lluvia orogénica al sobrepasar este nivel. Lo
primero es característico de la serranía de La Macuira en la Alta Guajira, en donde la
altura máxima alcanza los 850 m, cosa que no es suficiente para las lluvias orogénicas,
pero que permite la condensación y, por tanto, el crecimiento de "bosque
nublado" enano, hacia las cimas, a causa de la intensidad del viento.
El efecto de lluvia
orogénica debido a los alisios convierte al flanco norte de la Sierra Nevada en un
enclave húmedo cubierto de selvas que bordean el mar.
Durante el período de
verano del hemisferio norte, los vientos alisios pierden intensidad y cesan cuando se
aleja del norte de Suramérica el anticiclón que los genera; la atmósfera recupera su
estratificación normal y comienza la época de lluvias caracterizada por sus aguaceros
cenitales propios de la llanura Caribe. Las precipitaciones suelen presentar un pequeño
pico entre mayo y junio y un máximo de lluvia entre octubre y noviembre.
La intensidad y
duración de los vientos son mayores; la sequía más prolongada se da en el noreste.
Estos valores decrecen gradualmente hacia el suroeste al tiempo que la precipitación
aumenta (Alta Guajira: 400 mm de precipitación, 8 meses de sequía; Ayapel: 3.000 mm de
precipitación, 1 mes de sequía; Figura 8). La Sierra Nevada rompe esta secuencia y
presenta gran variedad de microclimas de acuerdo con la topografía. En términos
generales, si tenemos en cuenta su forma de pirámide con base triangular, la cara que
apunta al norte es la más húmeda con precipitaciones de más de 3.000 mm en las cuencas
bajas de los ríos Don Diego y Palomino. Las caras oriental y occidental, a la misma
altura, apenas sobrepasan los 1.200 mm; sin embargo, el sector de menor precipitación,
comparable con la Alta Guajira, es el de Santa Marta-Ciénaga ubicado en la sombra de
lluvia del cerro de Las Bóvedas, una de las estribaciones de la Sierra Nevada. La
precipitación disminuye hacia las cumbres; los páramos de la Sierra están entre los
más secos del país.
La precipitación
incide en los suelos; éstos cambian gradualmente de salinos, con un pH superior a 7, a un
clima excesivamente árido, y a neutros que tienen un buen contenido de nutrientes en la
zona de bosque seco con menos de 2.000 mm de precipitación. Los ácidos y desaturados
(poco fértiles) se presentan en regiones cuya precipitación excede los 2.000 mm. La
serranía de Perijá, paralela a la dirección de los vientos predominantes, es de poca
precipitación; su sector más húmedo es el extremo norte o Montes de Oca; allí la
lluvia orogénica producida por los vientos al chocar contra éstos permite el crecimiento
de la selva por encima de los 800 m de altitud.
Figura 8 Distribución
de la precipitación anual media Isohyetas
El valle del Cesar, por
donde penetran los alisios, es un corredor seco que casi se prolonga hasta el río
Magdalena: a partir de éste la precipitación aumenta rápidamente y alcanza su máximo
en la serranía de San Lucas.
Al occidente del
Magdalena, la zona costera es de baja precipitación (menos de 1.000 mm) hasta una
distancia aproximada de 200 km del mar; esta franja se angosta hacia el occidente y en
Arboletes el cinturón que corresponde al bosque húmedo tropical llega al mar. Y
constituye el límite a lo largo de la costa Caribe, propiamente dicha.
Las serranías
costeras, a pesar de estar situadas en la zona de baja precipitación, suelen ser más
húmedas en sus flancos a barlovento que en los de sotavento gracias a la condensación
nocturna llamada allí "sereno".
Fisiografía y
vegetación
La península
Guajira en sus sectores medio y alto es una extensa llanura formada por sedimentos marinos
terciarios y recientes, sobre la cual se alzan serranías y cerros aislados compuestos por
material ígneo y metamórfico, a veces recubiertos por rocas sedimentarias jurásicas y
cretáceas de origen continental. En las numerosas trasgresiones marinas estos morros y
serranías debieron emerger como islas en un mar somero.
Las serranías, en
general, tienen suelos superficiales en extremo o carecen de éstos; la vegetación
caducifolia es muy escasa y crece en los intersticios de las rocas rellenas con sedimentos
(Córdova y Cortés, 1979). A excepción del flanco oriental de La Macuira, en donde,
gracias al efecto de condensación mencionado para alturas entre los 550 y los 850 m,
crece un bosque nublado rico en epífitas. Por debajo de los 500 m la cobertura es de
bosque muy seco tropical; la humedad local permite la formación de algunos arroyos
permanentes que son absorbidos, luego, por la arena de la planicie eólica y que sólo
llegan al mar en el corto período de lluvias (Sugden, 1976). Los morros aislados del Cabo
de la Vela y El Carpintero, situados en la zona de máxima aridez, carecen por completo de
vegetación.
El borde más externo
de la llanura, en su sector norte, está constituido por una serie de mesas de origen
marino depositadas en la trasgresión miocena, las cuales siguen la orilla del mar desde
las proximidades del Cabo de la Vela hasta la cercanías de Nazaret. A éstas se debe el
aspecto de costa de acantilados con muy pocas playas e interrumpida únicamente por las
bahías de Portete, Bahiahonda, y Bahía Hondita.
Los suelos de estas
mesas bajas, al igual que los sedimentos marinos del cuaternario, saturados de sales,
tienen una vegetación demasiado pobre; sin embargo, en donde están recubiertos por arena
eólica crecen algunas cactáceas y arbustos espinosos.
La llanura de La
Guajira Media, en cuyo centro está Uribia, corresponde a una planicie marina reciente;
está cubierta en algunos sectores por material eólico. Su vegetación es de matorral
espinoso tropical y se transforma en bosque extremamente seco en algunas vegas de arroyos
temporales; se hace escasa en las zonas bajas con altas concentraciones de sal.
La parte que comprende
el litoral del Cabo de la Vela hacia el sur es muy baja, con playas extensas y talud de
muy poca pendiente; abundan los cordones litorales o restingas detrás de las cuales hay
lagunas hipersalinas. Al sur de Riohacha, en donde la precipitación es mayor, las lagunas
son apenas salobres; en algunas de éstas se encuentran pequeños manglares, que aparecen
al interior de las Bahías de Portete y Bahiahonda.
La carretera
Riohacha-Maicao recorre la transición entre el matorral espinoso y el bosque muy seco
tropical en el que la precipitación sobrepasa los 800 mm. Aun cuando la planicie marina
de La Guajira Media se extiende desde la Baja Guajira hasta la Falla de Oca, en buena
parte, está recubierta por aluviones de origen fluvial del río Ranchería y sus
afluentes. Los suelos presentan una menor saturación de sales y son por tanto más
fértiles, en especial las terrazas fluviales bajas y los suelos del piedemonte de los
Montes de Oca, formados a partir de areniscas y calizas cretáceas.
El matorral espinoso y
el bosque muy seco de La Guajira están bastante bien conservados gracias a su déficit
hídrico; el bosque seco, en cambio, ha sido talado casi en su mayoría, incluso en las
estribaciones de Perijá y en la Sierra Nevada.
Se suele considerar
como llanura Caribe a la región comprendida entre el occidente de Perijá y la Sierra
Nevada; incluye el valle del Cesar, la Depresión Momposina, el valle del Sinú y las
serranías y planicies costeras. El valle del Cesar tiene la forma de un sinclinal muy
abierto que forman los levantamientos de la Sierra Nevada y Perijá. Como ya se mencionó,
emergió antes del terciario, por lo que el antiguo peneplano de superficie laterítica no
fue recubierto por sedimentos marinos, sino más bien erosionado y disectado por el río
Cesar y sus afluentes durante las regresiones marinas. Estos valles se rellenaron
posteriormente con sedimentos fluviales y lacustres al tiempo que coluvios, terrazas y
abanicos recubrieron sus flancos. En su superficie actual predominan los sedimentos
fluviales y lacustres del cuaternario y también grandes mesas bajas ligeramente
inclinadas que corresponden a la superficie disectada del peneplano original.
Se conoce como Ciénaga
de Zapatosa al valle inferior del río Cesar inundado al cubrirse por sedimentos la
depresión de Mompós debido a la actual trasgresión marina y al represamíento del río
Cesar causado por el Magdalena. Este fenómeno es el equivalente al de las lagunas o ríos
internos que forman los ríos Xingú y Tapajós al desembocar en el Amazonas.
La Depresión Momposina
es una zona en hundimiento; los bloques que la subyacen están recubiertos por capas
espesas de sedimentos marinos, lacustres y fluviales que coinciden con las distintas
etapas de su evolución: de golfo profundo a somero, a estuario y finalmente a área
pantanosa. Durante las regresiones marinas de los períodos glaciares los ríos que la
cruzan deben haber disectado sus propios sedimentos para luego, en la trasgresión,
colmatarse de nuevo. Actualmente se encuentra en período de colmatación, acelerado por
la erosión que causa la deforestación de las cordilleras.
Esta depresión
constituye la región pantanosa más grande del país; en su superficie, de pendiente casi
nula, los ríos corren sinuosos y la sedimentación hace que sus cauces se alcen sobre los
terrenos aledaños. Esto facilita que cambien su curso continuamente dejando vegas altas y
meandros abandonados. Actualmente las zonas del Cauca y San Jorge parecen más bajas; tal
vez porque el Magdalena arrastra mayor cantidad de sedimentos o porque el hundimiento es
más acelerado en el costado occidental; en las grandes inundaciones el agua tiende a
fluir en esta dirección.
De la Depresión
Momposina en adelante, la planicie de inundación del Magdalena se estrecha y forma
ciénagas en su costado oriental hasta Calamar, en donde empieza la zona deltaica, que no
corresponde exclusivamente a la boca actual y a la Ciénaga Grande; el Dique es una
antigua boca y hubo otra entre las serranías de Luruaco y Tubará y las ciénagas de
Pajaral, Luruaco y El Totumo, que marcan el antiguo cauce. Es posible que estas bocas se
hubieran abierto en forma simultánea o sucesiva y que el levantamiento de las serranías
costeras haya cegado dos de éstas, desviando todo el canal hacia la actual desembocadura.
El triángulo que se
forma entre Barranquilla, Ciénaga y Pivijay debió ser al principio un golfo somero o
estuario, el cual, una vez cubierto por los sedimentos del río y cerrado por una barra
litoral, se transformó en la ciénaga Grande. Al sur de ésta, entre Plato y la cuenca
del río Cesar, existe un terciario marino levantado que forma un paisaje de colinas
separadas de la Sierra Nevada por el río Ariguaní; es esta la región de El Difícil o
Tapón Chimila.
Las serranías costeras
se extienden en forma discontinua desde las últimas estribaciones de la cordillera
Occidental, que son, en cierta forma, una continuación hacia el norte. Reciben diferentes
nombres locales: San Jerónimo, Ayapel, San Jacinto, Luruaco y Tubará, porque se trata de
unidades alargadas en sentido noreste, suroeste y separadas unas de otras por terrenos
más bajos. Estas depresiones, lo mismo que las cuencas que se forman hacia el occidente,
son el resultado de fallas perpendiculares a los ejes de plegamiento de los sinclinales y
anticlinales que forman las serranías.
La franja oriental de
las serranías corresponde al Cinturón de San Jacinto y presenta las mayores elevaciones
del sector norte, las que no llegan a los 1.000 m de altura. Su núcleo está compuesto
por rocas pelágicas del cretáceo, turbiditas, limolitas e intrusivas del evento
volcánico antes mencionado, las cuales afloran en Planeta Rica y Chalán, todas
recubiertas en el sector norte por conglomerados, areniscas y calizas arrecifales. Las
calizas configuran relieves más arrugados que las areniscas y en éstas se forman
cavernas y corrientes subterráneas; abundan en San Jacinto, Luruaco y Tubará; al sur, en
San Jerónimo y Ayapel, predominan las areniscas.
En la parte oriental de
las serranías hacia el río Magdalena y la Depresión Momposina se encuentra un área
bastante extensa de colinas de relieve suave llamadas "sabanas", pese a que
sólo en algunos sectores lo son realmente. Una característica común de todo este flanco
es la ausencia de corrientes permanentes. El material de estas colinas proviene de las
serranías, es decir, de terciarios marinos y se acumuló en coluvios y terrazas que
después fueron modelados por la erosión, que en algunos sectores puso al descubierto
antiguas corazas ferruginosas del peneplano eoceno subyacente (San Benito Abad). Las
colinas, en general, presentan buena saturación de bases (fértiles) en Atlántico,
Bolívar y Sucre en clima seco; de Ayapel hacia el sur aumentan la humedad y el lavado; se
vuelven ácidas y poco fértiles.
[2]
Al sur de
Riohacha, en donde la precipitación es mayor, las lagunas son apenas salobres; en algunas
de éstas se encuentran pequeños manglares que aparecen al interior de las bahías de
Portete y Bahiahonda.
(Foto: Diego Samper)
Entre las colinas y la
planicie de inundación propiamente aparecen áreas planas extensas, bien drenadas,
formadas por aluviones recientes y arrastradas a estos valles bajos de las serranías por
arroyos temporales. Son más abundantes en el costado oriental de la Depresión Momposina,
en los valles del Cesar y Ariguaní y en los contornos de las colinas de El Difícil. El
costado occidental de las serranías corresponde al Cinturón del Sinú, cuyo núcleo
está constituido por rocas formadas en el fondo del mar (turbiditas), recubiertas hacia
el norte por calcáreas de arrecifes y hacia el sur por areniscas que alcanzan 1.000 m de
altura, en el cerro de Murrucucu al sur de Córdoba.
Las serranías tienen
varias partes salientes occidentales que forman planicies marítimas al norte; al sur, las
cuencas alta, media y baja del Sinú están bordeadas al occidente por la serranía de
Abibe, de origen turbidítico igualmente y recubierta por areniscas; su extremo norte, o
serranía de Las Palomas, presenta algunas calizas.
El valle del Alto Sinú
es una depresión cubierta por sedimentos que provienen de las rocas ígneas y
metamórficas de Paramillo; se encuentra, en su totalidad, tapado por la selva que crece
incluso sobre terrenos pantanosos en la cuenca del río Manso. Su único desagüe es a
través de la estrechura de Urrá, por donde el Sinú corre hacia la cuenca media, a donde
se ubica la ciénaga de Tansí separada de la cuenca baja o de Lorica por colinas arenosas
de poca elevación. Al norte de la ciénaga de Lorica, las serranías de San Antero, por
el oriente, y Las Palomas, por el occidente, cierran el valle y el río presenta una
angostura frente a San Nicolás de Bari.
Las planicies
marítimas detrás del golfo de Morrosquillo, que bordean el Dique en torno a Cartagena,
muestran todas las características de una costa emergente, en la cual el levantamiento
hizo aflorar sobre la superficie del mar pequeños morros y terrazas de abrasión de
antiguas barreras coralinas, que colmatadas por sedimentación sirven como anclaje para la
formación de tómbolos debido a la acumulación de materiales de deriva, transportados
por la corriente a lo largo de la costa. Estos tómbolos (playones) cuando se forman en la
boca de una bahía, se extienden como cordones litorales hasta cerrarlas, y al emerger
paulatinamente, a raíz de la acumulación de materiales y del levantamiento tectónico,
forman una restinga (barra) y detrás de ella una laguna o albufera, que se comunica con
el mar mediante una boca que se mantiene abierta por la acción de la marea y el agua de
escorrentía de los terrenos situados alrededor.
Con el tiempo el flujo
de sedimentos de las tierras que la circundan, las arenas que el viento arrastra de la
restinga y los residuos que aportan los flujos de marea, terminan cubriéndola. Este
fenómeno puede repetirse muchas veces, mientras la forma de la costa y el grado de
inclinación del talud continental lo permitan. Este ha sido sin duda el origen de las
planicies marítimas mencionadas. Los suelos de estas planicies, aunque fértiles en
general, tienden a presentar acumulaciones salinas en áreas muy bajas.
El litoral del río
Magdalena hacia el occidente, con excepción de algunos puntos en los que hay morros
basculados de origen coralino, y de las estribaciones occidentales de las serranías que
se acercan al mar, es bajo, con playas extensas, barras costeras y numerosas lagunas; la
más extensa es la ciénaga de la Virgen en Cartagena; las hay también en Puerto
Colombia, Galerazamba y Morrosquillo.
Muchas de estas barras
costeras se han depositado sobre antiguas barreras coralinas emergidas como terrazas de
abrasión; las antiguas lagunas semicolmatadas, detrás de ellas, son de arrecifes; ejs.:
la ciénaga de la Caimanera, cerca de Tolú, y la de Soledad, en el viejo estuario del
Sinú.
En esta costa son muy
frecuentes las terrazas de acumulaciones de conchas y las coralinas que emergen a una
altura de 1 a 3 m. Burgl y Vernette (1982) anotan que este tipo de terrazas sólo se
presentan al sur de Cartagena, mientras que las formaciones de conchas se observan tanto
al norte como al sur. Esto tiene su explicación, si se estudia un plano batimétrico de
la costa entre Barranquilla y Cartagena; las curvas de 20 m se alejan de la costa al norte
de Punta Canoas y las de 200 m trazan un arco cuyo centro está casi al frente de
Galerazamba; se podría interpretar como un abanico de sedimentos. Lo que permite
contemplar la posibilidad de que allí desembocó el río Magdalena a través de Luruaco,
como se mencionó anteriormente (Klingebiel, Vernette, 1976).
Al occidente de
Cartagena son muy comunes los corales, especialmente en las islas del Rosario y de San
Bernardo; abundan igualmente en las antiguas barreras coralinas hoy recubiertas por
playas.
El río Sinú antes de
ser desviado a su actual desembocadura en Tinajones, corría dividido en varios brazos
cuyos cauces formaban antiguas lagunas coralinas colmatadas y separadas, unas de otras,
por barreras que afloran en distintos puntos, en especial en el costado sur de la ciénaga
de Soledad y el caño Palermo. Estos brazos desembocaban en la bahía de Cispatá que
cierra el golfo de Morrosquillo por el occidente. En Morrosquillo, al igual que en la
bahía de Cartagena, existen bajos coralinos a poca profundidad que equivalen a viejas
plataformas de abrasión formadas durante regresiones marinas.
[3]
La Sierra
Nevada, a principios de este siglo, estaba cubierta por bosques cuya composición variaba
de acuerdo con las características clímaticas; sin embargo, los multiples hallazgos
arqueológicos hacen pensar que la mayor parte de estos bosques que recubren ruinas y
caminos, crecieron después de la Conquista. (Foto: Diego Samper)
A pesar de que todas
las tierras bajas del Caribe: llanuras aluviales, colinas y serranías están en la
actualidad cubiertas por pastos, solamente una extensión relativamente pequeña
corresponde a sabanas naturales; lo restante fue deforestado por el hombre, en algunos
casos, por las culturas precolombinas zenúes, malibúes, taironas y, en otros, por la
expansión pecuaria de los últimos 100 años (Leroy Gordon, 1957).
Las sabanas naturales
del Caribe tienen un origen edáfico (se deben a limitantes de los suelos), porque en los
mismos rangos de precipitación existían bosques secos dentro de la región. Los
limitantes edáficos son de dos tipos: exceso de acidez y carencia de nutrientes en suelos
lateríticos (con coraza ferruginosa) o de arcillas caolínicas y suelos muy ricos en
sales y pH básico.
Las condiciones
climáticas actuales de la región Caribe no favorecen la formación de lateritas y
arcillas caolínicas que requieren alta precipitación; por tanto, estos suelos son
remanentes (paleosuelos) del terciario inferior; su presencia indica la extensión de la
antigua plataforma continental; pertenecen a este tipo las sabanas de Tamalameque,
Chiriguaná, La Gloria y Los Venados en el Cesar y las de Ayapel y San Benito Abad en
Sucre y Córdoba. Es característica de estas sabanas la presencia de chaparro (Curatella
americana), muy frecuente también en suelos similares de la Orinoquia.
Figura 9 Efecto de
surgencia y sombra de lluvia
Las sabanas de suelos
salinos son productos de acumulaciones salinas en, la planicie marina como el caso de
Sabanagrande en el Atlántico y en Salamina en el Magdalena; éstas se encuentran
parcialmente recubiertas por material eólico. Los suelos salinos del Cesar, en las
sabanas de El Paso y María Angola, en donde no ha habido trasgresiones marinas, se
atribuyen exclusivamente a períodos áridos.
El flanco sur de la
región Caribe es un bosque húmedo tropical que se conservó casi intacto hasta mediados
de este siglo, cubriendo las estribaciones de las cordilleras Central y Occidental; se
está deforestando rápidamente, a pesar de crecer sobre suelos pobres y lavados. Las
tierras propias del bosque seco y muy seco tropical, con algunas obras de adecuación (de
riego principalmente) se convertirían en la mayor reserva agrícola del país.
La Sierra Nevada es un
conjunto igneometamórfico rodeado por terrazas y coluvios producto de su propia erosión;
las rocas metamórficas (gneises y esquistos) son aquí las más antiguas (1.300 millones
de años); fueron intruidas en el jurásico por batolitos graníticos.
En general, los
relieves más abruptos y las crestas más altas corresponden a las rocas metamórficas.
Las crestas suelen ser alargadas en el sentido de los planos de los esquistos y el drenaje
tiende a ser paralelo a los mismos, característico de los ríos que bajan a la zona
bananera.
Las laderas norte y
occidental son muy abruptas: de la cima más alta al mar sólo hay 50 km. La suroriental
presenta una ladera más suave; las pendientes de la Sierra son indicios de su
levantamiento reciente, que aún continúa. En los batolitos de granito tiende a
predominar un drenaje muy superficial y las corrientes de agua forman una red muy densa.
Lo escarpado del
terreno hace que la roca aflore en buena parte de la superficie; debido a su bajo
contenido en nutrientes genera suelos pobres en los escasos valles aluviales.
La Sierra Nevada, a
principios de este siglo, estaba cubierta por bosques cuya composición variaba de acuerdo
con las características climáticas; sin embargo, los múltiples hallazgos arqueológicos
hacen pensar que la mayor parte de estos bosques, que recubren ruinas y caminos, crecieron
después de la Conquista, cuando sus antiguos pobladores fueron casi aniquilados. A partir
de los años 50 ha tenido lugar una deforestación acelerada que ha reducido el área
forestal a la mitad; el sector más afectado es el flanco suroriental en donde apenas se
conservan algunos bosques.
La costa baja de La
Guajira termina en el valle del río Palomino en la parte en que el flanco norte de la
sierra llega hasta el mar; el litoral, desde allí hasta el cabo de San Juan de Guía, es
una alternación de acantilados, de borde casi recto, entre los ríos Palomino y Don Diego
y costa baja con cordones litorales que bordean la pequeña planicie costera de los ríos
Don Diego, Buritaca y Piedras. De San Juan de Guía hacia el oeste las estribaciones de la
Sierra convierten la línea costera en una secuencia de promontorios rocosos y bahías, en
cuyos senos se forman cordones litorales y pequeñas lagunas que, de Cinto al occidente,
permanecen secas la mayor parte del año a causa de la baja precipitación. De las
ensenadas al occidente de Cinto solamente carecen de laguna Gairaca y Taganga por ausencia
de planicie en el fondo de la bahía. Los flancos orientales de las ensenadas, más
protegidos por el viento y el oleaje, tienen normalmente pequeños arrecifes coralinos. La
costa, al oriente del río Magdalena, carece de grandes formaciones coralinas,
probablemente debido a lo angosto de la plataforma marina y a las fluctuaciones de
temperatura producidas por surgencias locales (reemplazo de agua superficial por agua
profunda) causadas por el viento al sobrepasar las partes salientes de la costa, como en
la península Guajira y en las estribaciones de la Sierra en la zona de Santa Marta
(Figura 9).
En cada ensenada, la
corriente marina, cuya dirección es noreste-suroeste, tiende a hacer un giro o remolino
que llega al seno de las bahías en dirección contraria y que hace que los tómbolos de
arena, que forman luego las barras costeras, se extiendan de occidente a oriente. Por esta
razón las bocas de las lagunas en golfos y bahías de la costa, se encuentran en los
costados orientales, ej.: la Ciénaga Grande y la de la Virgen en Cartagena (Figura 10).
Figura 10. Formación
de Barras Costeras con línea de Costa recta y accidentada
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