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CARIBE COLOMBIA
FEN COLOMBIA
FAUNA MARINA
Arturo Acero P.
LA FAUNA marina del
Caribe colombiano incluye representantes de prácticamente todos los grupos conocidos de
los mares tropicales; por ello un intento como este de presentar una visión general y
esquemática de tales riquezas siempre será insuficiente.
Los microorganismos del
phylum Protozoa más importantes de los océanos pertenecen al orden Foraminiferida;
estos animales son parientes de las amebas que se encierran en una conchilla de
carbonato de calcio con numerosos poros pequenísimos. Dichos caparazones permanecen luego
de la muerte del animal, dándole un enorme valor al grupo, pues sus esqueletos indican
las condiciones prevalecientes al vivir los foraminíferos y son usados en exploraciones
de yacimientos. Han sido intensamente estudiados en nuestras aguas por Parada y Londoño
(1983) y Parada y Pinto (1985); ellos hallaron al norte de Cartagena 189 especies muertas
y 80 vivas, mientras que en la isla de Barú detectaron 442 especies de foraminíferos
bentónicos, 270 de las cuales estaban vivas.
Los animales
multicelulares más primitivos que existen son las esponjas, agrupadas en el phylum
Porífera; viven fijas al substrato, usualmente duro, y son muy importantes por su
papel estructurador del fondo marino, sobre todo en ambientes como los arrecifes
tropicales. En los últimos decenios las esponjas han perdido su antiguo valor para el
hombre como objetos de tocador, mas han adquirido méritos nuevos en el campo de la
investigación farmacológica, dado que se ha podido aislar de ellas principios activos de
gran interés médico. Zea (1987) ha realizado una labor básica, identificando y
catalogando la hasta entonces desconocida fauna porífera de nuestras aguas caribeñas,
situándose como uno de los especialistas a nivel mundial en el conocimiento de estos
animales. lea registró 89 especies pertenecientes a nueve órdenes; quedan aún por
analizar unos cinco órdenes.
El siguiente grupo es
de capital importancia en la ecología de los mares, pues se trata del phylum Cnidaria,
que involucra diferentes organismos emparentados por su simetría radial y la
presencia de células urticantes llamadas nematocistos, utilizadas en la captura de
alimento y en la defensa; los cnidarios se agrupan en tres clases, todas presentes en
nuestras aguas caribes. Dentro de la clase Hydrozoa se incluyen animales
básicamente coloniales, tales como los hidroides y los corales de fuego. Los primeros son
principalmente de cuerpo blando, pudiendo parecer al observador no experimentado, plantas
como algas; Flórez-González (1983) estudió los hidroides presentes en la bahía de
Cartagena, encontrando un total de 51 especies. Los corales de fuego, por su parte,
pertenecen al género Millepora y son bien conocidos de los aficionados al buceo en
arrecifes someros como los únicos corales capaces de provocar fuertes quemaduras; por lo
general se considera que hay tres especies de estos animales en el Caribe, pero es dudoso
ya que existe una elevada variabilidad ecológica. La clase Scyphozoa comprende a
muchos de los organismos conocidos como aguamalas, los cuales son típicamente
planctónicos, pues se hallan libres en el agua, a merced por completo de las corrientes.
Son temidos por los bañistas y demás usuarios de las aguas marinas porque tienen muy
desarrolladas las baterías de nematocistos; debido a la carencia de estudios extensos en
nuestro Caribe, sólo se puede decir que probablemente varias decenas de formas se hallan
en él.
[1]
El Caribe es un cuerpo de agua marina apropiado
para el desarrollo coralino, pues se dan las condiciones necesarias de temperatura,
salinidad y transparencia. (Foro: Aldo Brando).
El tercer grupo de
cnidarios es muy importante para el hombre desde cualquier punto de vista; se trata de la
clase Anthozoa, que incluye a todos los tipos de corales verdaderos, así como a
las anémonas y otros animales menos conocidos. Los corales pétreos se agrupan en el
orden Scleractinia, caracterizándose por ser los organismos dominantes de los
arrecifes modernos al modificar enormemente el bentos de los mares cálidos y claros,
hasta un máximo de 100 m de profundidad; con sus esqueletos de carbonato de calcio
transforman los fondos en verdaderos laberintos intrincados. Los corales constructores de
arrecifes (o hermatípicos) realizan esta labor tan eficientemente debido a que viven en
estrecha simbiosis con una especie de alga unicelular; la relación favorece los procesos
bioquímicos que permiten la fijación del carbonato disuelto en el agua. El Caribe es un
cuerpo de agua marina apropiado para el desarrollo coralino, pues se dan las condiciones
necesarias de temperatura, salinidad y transparencia. Es así como nuestro país posee
arrecifes muy desarrollados en todo el Caribe occidental (mar sanandresano), incluyendo la
segunda barrera caribeña en extensión en Providencia y la mayoría de los atolones
antillanos (Roncador, Quitasueño, Serrana, Serranilla, etc.), y al suroccidente de
Cartagena en las islas del Rosario y de San Bernardo; además otras regiones como el
parque Tayrona (Santa Marta), el Urabá chocoano y las bahías del norte de La Guajira
albergan formaciones coralinas de enorme interés. El valor de estos ecosistemas no se
debe exclusivamente a los aspectos económicos como la pesca y el turismo y
estéticos, sino a que protegen las costas del impacto de las olas, garantizando la
estabilidad de la ribera marina. En nuestras aguas existen algo más de 40 especies de
corales formadores de arrecifes (Prahl y Erhardt, 1985), lo que significa la gran mayoría
de las nombradas para el Caribe. Dentro de la lamentable situación actual de los
arrecifes colombianos, es imperioso mencionar el violento ataque al que son sometidos por
el hombre: sedimentación, explosivos, colonización, navegación desordenada, turismo
caótico, sobrepesca y muchos otros. A pesar de que dos de nuestros principales sistemas
coralinos se encuentran en parques nacionales: el Rosario y el Tayrona. El caso de los
arrecifes situados al nororiente de Santa Marta, protegidos desde 1964 por la ley que
creó el Parque Nacional Natural Tayrona, ha sido analizado por Acero (1988); allí la
colonización se ha acelerado en los últimos años, trayendo consigo una pesca irracional
con base en métodos prohibidos en cualquier zona como la dinamita, la sedimentación por
apertura de vías de penetración y tala local y los mecanismos deficientes de control
turístico, que posibilitan el uso indiscriminado de arpones mecánicos, y la pesca de los
organismos marinos a su alcance como recuerdos. La situación de las islas del Rosario es
más dramática, ya que sólo se decretó como Parque Nacional en 1977; cuando ya todos
sus cayos e incluso sus bajos sumergidos habían sido colonizados y la pesca estaba
salvajemente menguada por los artesanos y los buzos deportivos. Ni siquiera la
declaración como área protegida ha servido para preservar el archipiélago de Nuestra
Señora del Rosario; en el último lustro se ha acelerado el dragado del Canal del Dique,
con el consecuente arrastre de toneladas de sedimentos, en buena parte expulsados por la
boca que da a la bahía de Barbacoas. Estos limos continentales han cubierto a los corales
adyacentes del Rosario, de modo que, por ejemplo, de la especie Acropora palmata, muy
importante en la construcción de barreras de arrecifes que protegen las líneas de costa,
sólo persisten sus esqueletos cubiertos de algas; cuando éstos a su vez desaparezcan, es
probable que las olas provenientes del norte den buena cuenta de estos paradisíacos
cayos.
[2]
El valor de estos ecosistemas no se debe
exclusivamente a los aspectos económicos, como la pesca y el turismo, y estéticos,
sino que también protegen la costa del impacto de las olas. (Foto: Aldo Brando).
[3]
Los corales pétreos son los organismos
dominantes de los arrecifes modernos al modificar enormemente los bentos de los mares
cálidos y claros hasta un máximo de 100 m de profundidad. (Foto: Bernardo Ortiz)
Otros animales, como
los corales blandos u octocorales y los corales negros, están relacionados evolutivamente
con los corales pétreos. Los corales blandos se desarrollan muy bien en el Caribe y han
sido estudiados en la región de Santa Marta por Botero (1987), quien halló un total de
39 formas; dentro de este grupo son muy conocidas las gorgonias o abanicos de mar. Los
antipatharios o corales negros habitan aguas relativamente profundas (por debajo de los 20
m), por lo que han resistido la sobrepesca a la que están sometidos, con el fin de
utilizarlos en joyería; en el mar de las Antillas no existen corales rojos o rosados.
Los gusanos marinos se
incluyen dentro de la clase Polychaeta del phylum Annelida y han sido
estudiados por Laverde-Castillo y Rodríguez (1987). En el Caribe colombiano se han
registrado 133 especies que generalmente no sobrepasan los 20 cm de longitud. En este
grupo de organismos existen formas errantes y sedentarias; ejemplos típicos de los
primeros son los denominados gusanos de fuego, conspicuos depredadores y carroñeros en
zonas de arrecifes, capaces de ocasionar lastimaduras dolorosas con sus numerosas saetas,
largas, duras y venenosas. Las formas sedentarias viven como ejemplares desarrollados casi
permanentemente en tubos calcáreos o quitinosos; aquéllos suelen hallarse en contacto
con la estructura del arrecife y sus penachos branquiales expuestos constituyen un hermoso
espectáculo.
El phylum Mollusca es
sin duda uno de los más importantes de los mares, tanto desde el punto de vista
ecológico como pesquero y recreativo. Se reconocen usualmente por la presencia de una
concha externa que permanece después de la muerte del animal; en vida la mayoría posee
un pie musculoso y un manto, que es la estructura encargada de secretar la concha. Han
sido estudiados por autores como Rodríguez (1983) a nivel de micromoluscos, hallando 184
especies entre Bocas de Ceniza e isla Fuerte; Cosel (1986), en la Ciénaga Grande de Santa
Marta, quien encontró 468 formas; Díaz y Götting (1988), en la bahía de Neguange
(parque Tayrona), quienes registraron 491 especies, y Velásquez (1987), quien halló 550
especies en la bahía de Chengue y también en el Tayrona. De los seis grupos de moluscos
sólo se mencionarán aquí cuatro: los miembros de la clase Polyplacophora o
quitones, que son aquellos animales sedentarios presentes en el intermareal rocoso,
mezclados con las algas, de las que se alimentan. Los bivalvos (clase Bivalvia), conocidos
probablemente por todas las personas debido a su gran importancia económica; presentan
dos valvas unidas mediante una bisagra y por lo general no se trasladan en sus etapas
adultas.
En nuestra costa norte
la especie más importante es la ostra del manglar u ostión, conocida científicamente
como Crassostrea rhizophorae, aunque su nombre está en discusión. Este animal
habita los sistemas de manglar y estuarinos en general; se agrupa sobre las raíces
sumergidas de estos árboles o en bancos en el fondo; por tratarse de uno de los mariscos
de mayor consumo en las poblaciones costeras y en el interior del país, ha sido objeto de
numerosos estudios para cuantificar sus poblaciones, evaluar su estado sanitario y su
mantenimiento en cultivos. Se puede identificar la Ciénaga Grande de Santa Marta como una
de las áreas donde la especie sufre mayor cantidad de situaciones adversas. Las ostras
son capaces de soportar amplias variaciones de salinidad, pudiendo vivir algunos días en
agua dulce o completamente salada; sin embargo, prefieren las aguas salobres; de ese modo,
al disminuir drásticamente el contenido de sales en el agua por las inundaciones
periódicas del río Magdalena, sus poblaciones se ven muy reducidas. Esto es natural y la
especie está acostumbrada a dicha tensión; el problema surge si las alteraciones se
hacen permanentes o aperiódicas como puede suceder si el régimen hídrico de la ciénaga
sigue siendo alterado por el hombre. La recolección de la ostra es también causa de la
disminución de sus poblaciones, ya que los pescadores no devuelven las valvas vacías al
cuerpo de agua; los ostiones son gregarios; sus larvas son fuertemente atraídas por la
presencia de sus semejantes o por conchas frescas, de modo que su extracción continuada
atenta contra la estabilidad del recurso. Los núcleos humanos que viven en las orillas de
la ciénaga carecen de servicios de alcantarillado, lo que ocasiona problemas sanitarios y
contamina peligrosamente a las ostras en razón a que dichos moluscos se alimentan
filtrando el agua, convirtiéndose así en depósitos de todos los microorganismos
presentes en el medio. A esto se agrega las deficientes condiciones higiénicas con que se
manipulan los animales recolectados, que determinan graves riesgos para los consumidores
si las ostras no se depuran con antelación; esta situación requiere un manejo adecuado
que favorezca la permanencia indefinida de este valioso alimento.
[4]
En nuestra costa norte la especie más
importante, de los moluscos, es la ostra del manglar u ostión que habita los sistemas de
manglar y estuarios en general; se agrupa sobre las raíces sumergidas de estos árboles o
en bancos de fondo. Es uno de los mariscos de mayor consumo. (Foto: Aldo Brando).
[5]
Los corales blandos se desarrollan muy bien en
el Caribe. En la región de Santa Marta, Botero (1987) encontró 39 formas, algunas de
ellas de vistosos colores. (Foto: Aldo Brando).
Otros bivalvos muy
importantes para el hombre son los chipi-chipis, nombre común utilizado para distintas
especies de las familias Cardiidae, Veneridae y Donacidae, abundantes en
aguas someras y capturadas con fines de subsistencia o comercialización en escalas
relativamente bajas. Los miembros de la familia Pectinidae, vieiras, alcanzan
altísimos precios en el mercado internacional, ya que son considerados como delicadezas;
parece que existen buenas reservas en ciertas regiones al sur de Cartagena. Existen
también bivalvos relativamente perjudiciales para el hombre, como los taladradores de
madera de la familia Teredinidae, que son culpables en buena parte de los daños en
embarcaciones y muelles.
Otro grupo muy
importante de moluscos son los gasterópodos o caracoles, caracterizados por una concha
simple, usualmente espiralada, un pie musculoso, un sello córneo, llamado opérculo, y
una elevada movilidad. Numerosas especies de caracoles son muy importantes para el consumo
y todos constituyen un regalo para los ojos, por lo que millones de personas en el mundo
los coleccionan. El caracol de pala, Strombus gigas, es el primero que estudiaremos
de esta especie; alcanza grandes tallas, cercanas a los 30 cm; por esta razón, muchos
colombianos lo utilizan como sujetador de puertas. Habita fondos someros vegetados; esto,
sumado a su calidad alimentaria, ha acarreado su virtual extinción en muchas regiones;
como prefiere las aguas claras, se encontraron originalmente enormes poblaciones pastando
en las praderas de Thalassia del parque Tayrona, en las islas del Rosario y San
Bernardo y en el archipiélago del mar sanandresano. Actualmente, por ejemplo, el poblado
de pescadores de San Bernardo se encuentra ubicado en un sitio llamado El Islote, que no
es más que un bajo coralino totalmente relleno con las conchas de incontables caracoles
de pala; los lechos de fanerógamas de estas islas ya no cuentan con la presencia de este
hermoso molusco. Hoy se conocen con claridad metodologías para su desarrollo masivo, de
modo que es urgente ponerlas en práctica con el fin de repoblar las áreas; a esto debe
agregarse una veda total de su captura comercial por varios años, incluyendo las regiones
en donde aún subsiste, como algunas islas del Caribe occidental. Una especie más
pequeña, pero también azotada por el hombre, es el burgao, Cittarium pica; este
gasterópodo prefiere las costas rocosas, en donde se alimenta de algas que se encuentran
a pocos metros de profundidad. Su excelencia como alimento, que permite su consumo incluso
crudo, lo ha convertido en una rareza en nuestras regiones de aguas claras. También hay
caracoles importantes en aguas turbias, como Melongena melongena, que alcanza
tallas de 16 cm y abunda en la Ciénaga Grande de Santa Marta y en los otros estuarios
colombianos. Los cefalópodos constituyen el grupo más evolucionado de moluscos y son
asimismo valiosos para el hombre; en el Caribe se agrupan básicamente en dos tipos: los
calamares y los pulpos. Los primeros incluyen los invertebrados más grandes que existen:
calamares gigantes o kraken, que sobrepasan los 10 m; sin embargo, estos animales habitan
a enormes profundidades y carecen de importancia práctica para nosotros. En cambio los de
aguas someras forman agrupaciones y son capturados con redes, convirtiéndose en un
importante recurso que alcanza elevados precios. Los pulpos provocan en el hombre
imágenes de seres terribles, a pesar de que son animales inofensivos que tienen un gran
desarrollo cerebral y excelentes cualidades alimenticias. En nuestras costas aparecen
ejemplares del género Octopus, que depredan a otros moluscos y son pescados
artesanalmente por el hombre.
La mayoría de los
invertebrados del mundo pertenecen al phylum Arthropoda, ya que éste abarca a los
insectos, dominadores de la tierra firme, que se distinguen por tener un caparazón
endurecido y patas articuladas. En el mar los artrópodos siguen siendo importantes,
principalmente los crustáceos, animales caracterizados por respirar mediante branquias y
por su cuerpo con segmentos, la mayoría de los cuales portan apéndices divididos en una
rama externa y otra interna; tienen dos pares de antenas. Ciertos grupos primitivos de
crustáceos, los percebes o lepas, son sésiles en sus etapas adultas, se adhieren a las
rocas costeras en algunos casos y en otros a los objetos flotantes. Por esta razón
adquieren cierta importancia en el mantenimiento de las embarcaciones; pueden llegar a ser
tan numerosos que perjudican la navegación. Los crustáceos incluyen a varios tipos de
organismos que pertenecen durante toda su vida al plancton, convirtiéndose en miembros
claves de las redes alimentarias del mar, pues depredan a los estados larvales de la
mayoría de los organismos y son, a su vez, devorados por otros; los copépodos y los
eufausiáceos son ejemplos de estos animales. Los dos últimos se conocen con el nombre de
krill y abundan en los mares polares, donde sirven de alimento a los grandes cetáceos.
Quedan muchos crustáceos muy importantes para el hombre, como los camarones, las
langostas y los cangrejos, todos pertenecientes al grupo de los decápodos. Los camarones
agrupan a un número elevado de especies en el Caribe, de las cuales pocas son útiles, en
principio, para el hombre; se les separa por características de la segmentación; en la
práctica, los que se utilizan del mar son peneidos y del agua dulce son carídeos. Dentro
de los camarones marinos que se explotan en el Caribe colombiano podemos mencionar, al
menos, siete especies: el rosado con manchas, el rosado, el blanco, el café, el fijador,
el fijador amarillo y el tití. El camarón blanco, Penaeus schmitti, alcanza
tallas ligeramente mayores a los 20 cm y habita fondos con predominio de fango por encima
de los 50 m; el rosado, P. notialis, no sobrepasa los 20 cm y su mayores
concentraciones se encuentran en áreas arenofangosas no más profundas de los 50 m,
mientras que el café, P. subtilis, llega hasta 20 cm de longitud y habita en
fondos fangosos por encima de los 100 m. Estas tres especies, así como el camarón rosado
con manchas, P. brasiliensis, son capturados principalmente por flotas pesqueras
con redes de arrastre; este sistema es muy perjudicial, ya que extrae una enorme cantidad
de peces o "ranfaña", que son en buena parte desechados por su pequeño
tamaño, pero que a pesar de esto no sobreviven a la experiencia. Las tortugas son
igualmente afectadas, pues se enredan en las artes y se ahogan. Además, los barcos
acostumbran arrimarse en exceso a la costa, penetrando incluso en los estuarios, en donde
capturan animales juveniles y en proceso de desove, lo que atenta de manera grave contra
el recurso. El camarón tití, Xiphopeneus kroyeri, es una especie muy importante
para los pescadores artesanales a pesar de su pequeña talla (máximo 14 cm); abunda en
aguas costeras someras. Las langostas caribeñas, también de gran valor económico,
pertenecen al género Panulirus; se destacan P.
arqus y, en menor
grado, P.
laevicauda. Estos animales constituyen otro ejemplo de la
depredación irracional del hombre, motivada por sus altísimos precios; como su hábitat
preferido son los arrecifes someros, su extracción es relativamente fácil para los buzos
y pescadores. Se llega al extremo de capturar a los juveniles que se refugian en los
manglares y se impide así su ingreso a la población reproductiva; los barcos
arrastradores contribuyen también con su cuota; las atacan en áreas donde solían
abundar, como en La Guajira. Asimismo, las islas y cayos del archipiélago de San Andrés
y Providencia albergaban numerosas langostas, que los nativos explotaban artesanalmente
para su propio beneficio. Actualmente se utilizan barcos con refrigeración y buzos
contratados, lo que incrementa considerablemente su captura. Entre los diversos tipos de
cangrejos, que interesan desde el punto de vista comercial, se destacan las jaibas,
género Callinectes, los terrestres, familia Gecarcinidae, las cangrejas, Carpilius
corallinus y Mithrax spinosissimus; sólo las últimas, que habitan arrecifes
coralinos, han sido sobrepescadas en nuestro país. Las jaibas abundan en áreas
estuarinas y se encuentran subexplotadas; los cangrejos terrestres, importantes para
exportación, podrían ser objeto de cultivo.
[6]
El mundo de los invertebrados marinos presenta
una amplia diversidad como el gusano con plumero. Con éste filtra su principal alimento,
el plancton. (Foto: Aldo Brando).
[7, 8]
Los camarones agrupan a un número elevado de
especies en el Caribe, de las cuales pocas son útiles para el hombre. Dentro de los que
se explotan en el Caribe colombiano se pueden mencionar: el rosado con manchas, el rosado,
el blanco, el café, el fijador, el fijador amarillo y el tití. Quedan muchos otros
crustáceos importantes para el hombre como los cangrejos y las langostas todos
pertenecientes al grupo de los decápodos. (Foto: Aldo Brando).
El phylum
Echinoderrnata incluye organismos completamente marinos, caracterizados por un
exoesqueleto rígido y por su simetría radial; se conocen cinco tipos distintos: los
lirios marinos, las estrellas de mar, las estrellas frágiles, los pepinos de mar y los
erizos. El biólogo marino Iván Enrique Caycedo Lara, sacrificado en 1978 en la
"protegida" bahía de Chengue, por dinamiteros insensatos, era el colombiano que
mejor conocía a los holoturioideos (pepinos) del Caribe; en un trabajo póstumo (Caycedo,
1978) registró 14 especies en la costa norte colombiana. Los peces, los animales marinos
más familiares para el hombre, sólo empezaron a estudiarse seriamente en Colombia a
partir de los años 70, a pesar de su indiscutible valor (Dahl, 1971; Palacio, 1974;
Acero, Garzón y Köster, 1984; Acero y Garzón, 1985b y 1987). Desde el punto de vista
práctico se pueden clasificar en dos tipos: cartilaginosos y óseos. Los peces
cartilaginosos tienen el esqueleto no osificado, al menos cinco aberturas branquiales
externas, fecundación interna y carecen de vejiga gaseosa. Los óseos se caracterizan por
su esqueleto, una sola abertura branquial, fecundación externa y vejiga gaseosa. Dentro
del primer tipo se conocen ampliamente dos grupos distintos: los tiburones y las rayas; se
distinguen los primeros por sus aberturas branquiales a los lados del cuerpo, mientras que
las de las rayas son ventrales. Los tiburones se reconocen, al instante, como las fieras
del mar; sin embargo, menos de treinta de las 350 especies conocidas atacan a los humanos.
El hombre, en cambio, ha menguado considerablemente las poblaciones de estos animales con
fines alimentarios. Es muy grave que la pesca se realice sin ningún control pues los
tiburones son importantes depredadores, controlan a las otras especies, mantienen un
equilibrio dinámico y tienen tasas de reproducción bajas. Muchos de estos son
importantes para el colombiano, como el tiburón gato, Ginglymostoma cirratum, miembro
de las comunidades de arrecifes, donde se alimenta de invertebrados. Debido a su
mansedumbre y a que alcanza tallas por encima de los 4 m es hostigado y capturado
indiscriminadamente, de modo que ha dejado de ser observado con frecuencia. El género Carcharhinus
incluye varias formas importantes para el hombre; alcanza hasta 3 m y posee valor
económico se destaca por su abundancia, el tiburón jaquetón, C. falciformis, y
el toyo, C. porosus; además debe mencionarse C. leucas, el tiburón gris,
una de las especies más peligrosas, con una capacidad única de penetrar las aguas
dulces, apareciendo en sitios como Iquitos (Perú) y el lago de Nicaragua. La tintorera, Galeocerdo
cuvieri, es igualmente un tiburón agresivo, que sobrepasa los 5 m; se encuentra en
aguas someras, como bahías y estuarios, y tiene hábitos carroñeros. Son especialmente
importantes los tiburones martillo del género Sphyrna. definidos por poseer los
ojos en el extremo de prolongaciones cefálicas; hay en el Caribe cinco formas, algunas de
las cuales pueden crecer arriba de los 4 m.
Los peces
cartilaginosos del grupo de las rayas incluyen varios tipos, la mayoría de los cuales
está estrechamente relacionada con el medio bentónico. Los peces sierra del género Pristis
se destacan por poseer el rostro alargado, con una hilera de dientes grandes a cada
lado y son típicos habitantes de aguas estuarinas; a pesar de sus grandes tallas, hasta 5
m, son seres pacíficos, utilizan la sierra para matar sus presas y para la defensa; en
ciertas regiones son cazados por los nativos como alimento, pero en nuestro país, debido
a la sobrepesca y a la alteración del hábitat, son cada vez más raros. Merecen
mencionarse las rayas eléctricas de la familia Torpedinidae, que viven sobre los
fondos marinos y son capaces de producir descargas de cierta intensidad al ser molestadas.
Las rayas látigo son animales armados con espinas grandes en la base de la cola, con las
que ocasionan serias heridas al sentirse atacadas; en nuestras aguas caribes existen cinco
especies; cuatro son del género Dasyatis e Himantura schmardae, muy
importantes desde el punto de vista económico, principalmente en La Guajira, por sus
enormes aletas pectorales, que se utilizan en su totalidad. El chucho pintado, Aetobatus
narinari, es una raya nadadora de valor comercial y gran tamaño, que llega a
sobrepasar los 200 kg; penetra en las ciénagas y bahías someras, en donde por lo general
se alimenta de moluscos. Por último mencionaremos las mantas, de la familia Mobulidae,
de gran tamaño y hábitos nadadores y planctófagos; pese a que son inofensivas para
el hombre están sometidas a una fuerte presión pesquera.
[9,10 y 11]
La fauna marina del Caribe colombiano incluye
representantes de prácticamente todos los grupos conocidos de los mares tropicales, de
los cuales podemos admirar una variada muestra de diferentes especies, ricas en forma y
colorido. (Foto: Aldo Brando) (Foto: Bernardo Ortiz).
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