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CARIBE COLOMBIA
FEN COLOMBIA
ENTRE LAS OLAS DEL
CARIBE:
LOS RECURSOS NATURALES DURANTE EL SIGLO XIX
Eduardo Posada Carbó
Fotografías de
Santiago Harker
"HOLA bergantín,
¿de dónde viene el velero?", preguntó el práctico cartagenero a los tripulantes
del Cristóbal Colón, la embarcación sueca que había tomado Carl August
Gosselman en 1825 con destino a Colombia. Un día antes de divisar La Popa, el velero
había bordeado la costa al frente de Santa Marta, desde donde Gosselman pudo apreciar las
montañas nevadas, "esos espantosos gigantes con el pie en el agua que levantan sus
cabezas cubiertas de nieve por encima de las nubes". A la mañana siguiente, el Cristóbal
Colón se vio rodeado "de un espeso color grisamarillo": una prolongación
de las aguas del río Magdalena. Pasada la boca del río, donde se asomaba ya el puerto de
Sabanilla, Carl August Gosselman llegó finalmente a la bahía de Cartagena. Como casi
todos los viajeros de la época, Gosselman entró a Colombia por las costas del Atlántico
1
. "Aquéllas que más nos interesan para la
comunicación con la metrópoli y con los demás pueblos marítimos y comerciantes",
había advertido Francisco José de Caldas
2
.
Un estudio de los
recursos naturales de la Costa Atlántica colombiana durante el siglo XIX
tiene que
comenzar, pues, por la apreciación de sus bahías. La vida portuaria definió
originalmente el sentido de la región. No sólo la de sus puertos marítimos. Después de
todo, la existencia de éstos dependía de su articulación con los puertos ribereños, en
especial los del Magdalena, en su búsqueda de los mercados del interior andino. Aunque la
región no cumplía sólo funciones de tránsito. Costa adentro, las selvas vírgenes
observadas en 1882 por Ernest Rothlisberger
3
se
abrían para darle paso a los hatos ganaderos y a las incipientes plantaciones, mientras
comenzaban a explotarse ya sus recursos madereros. Era, sin embargo, un movimiento
gradual. A mediados de siglo, Felipe Pérez señalaba esos bosques de tierra caliente que
"no se conocen todavía, pues la naturaleza se ha esmerado en ocultarlos en medio de
selvas que nadie visita impunemente"
4
. La baja
densidad de la población costeña contrastaba con la extensión del territorio. Pero los
recursos naturales de la región alimentaban el optimismo de sus gobernantes, como lo
manifestaba el gobernador Juan José Nieto a la Cámara Provincial en 1852:
" ...(Las)
inagotables riquezas naturales, en los reinos animal i vegetal, principalmente, i su
avanzada posición hacia el mar, posición que la habilita i predispone para las
importaciones i esportaciones, son elementos de prosperidad tan lójicamente seguros, que
podemos descansar, desde ahora en la confianza del porvernir"
5
.
¿A qué riquezas se
refería en particular el general Nieto? ¿Tenía razones para tan marcado optimismo?
Entre el mar Caribe y las estribaciones de la cordillera de los Andes, con la excepción
de la Sierra Nevada de Santa Marta, la Costa Atlántica se distinguía en general, como se
distingue aún, por su carácter llano y anegado, su clima cálido y la humedad invernal
6
. Lejos de constituir un área homogénea, sin
embargo, sus 132.279 kilómetros cuadrados muestran una diversidad física, desde, por
ejemplo, La Guajira hasta Sahagún. Guiados por las observaciones de los viajeros, y
apoyados en otras fuentes de la época, intentaremos, pues, explorar la región para
identificar sus recursos naturales más destacados, sin dejar de señalar las adversidades
de esta geografía tropical. Como los viajeros, entraremos a la Costa por sus puertos y
seguiremos el curso de sus ríos para penetrar en el interior de sus bosques y recorrer
también sus playones y sabanas.
[1]
"A la mañana
siguiente el Cristóbal Colón se vio rodeado de un espeso color gris amarillo, una
prolongación de las aguas del río Magdalena".
Además de
pasajeros, también hay perlas en el Caribe
Lo había observado
ya Alexander von Humboldt: la costa colombiana "posee una incalculable ventaja al
estar bañada por el Caribe, una especie de mar interior con varias salidas y el único
propio del nuevo continente"
7
. Los 1.300
kilómetros del litoral atlántico presentaban una variada sucesión de radas, ensenadas y
bahías, algunas más apropiadas que otras para los veleros y vapores que movieron la
economía durante el siglo pasado. Al noreste, en La Guajira, Portete y Bahía Honda
"solamente (eran) visitados por las goletas de los contrabandistas". En la misma
región, el puerto de Riohacha tenía más movimiento, aunque "el fondeadero es
bastante peligroso i nada propio para embarcaciones de gran calado"
8
. Al suroeste, la bahía de Zapote o Cispatá llamó con
frecuencia la atención de los exploradores y llenó de expectativas a los habitantes del
Sinú. "Al inspeccionar esas localidades escribió Striffler siempre me
ha extrañado de que los conquistadores no cogieran el pacífico puerto de Zapote para
fundar una ciudad importante". Von Humboldt, sin embargo, había considerado que
Zapote ofrecía "un malísimo fondeadero": en un mar bravo, y con unas brisas
violentas, encontramos alguna dificultad en alcanzar la costa en nuestra canoa"
9
. Las condiciones naturales de las bahías de
Cartagena y Santa Marta y de la rada de Sabanilla fueron, en cambio, la base de otra
historia.
Cuando Eliseo Reclus
entró a Cartagena, a mediados del siglo pasado, se sorprendió porque "allí no
había sino miserables canoas", aunque reconoció la capacidad del puerto que
"podía contener flotas enteras"
10
.
Reclus estuvo en Cartagena durante sus años de estancamiento. Si hubiera visitado el
puerto entre 1825 y 1826, hubiera podido comprobar con Gosselman cómo "fueron
excepcionales las ocasiones en que durante la semana no llegara algún barco o salieran
otros"
11
. Para la Colombia de la época,
inmediatamente después de la Independencia, el movimiento era intenso. Durante todo el
siglo XIX, Cartagena no perdió las esperanzas de recuperar esa dinámica que le había
sido tradicional desde la Colonia. Con su serie de ensenadas, defendidas naturalmente por
la isla de Tierrabomba, el puerto de Cartagena podría aventajar a los otros del
Atlántico, como lo había reconocido el ministro británico Robert Bunch en 1874. Ya
entonces se proyectaba la reapertura del Dique, el canal de 135 kilómetros que comunicaba
a Cartagena con el río Magdalena. Y el 1º. de agosto de 1894 el ferrocarril llegaba a
Calamar, sentando así las bases para un nuevo despegue comercial de Cartagena
12
.
Frente a las ventajas
de Cartagena, la profundidad y la localización de la bahía de Santa Marta hacían de
ella un puerto natural quizá sin paralelos en el Caribe colombiano. Favorablemente
ubicada y protegida de todos los vientos, su acceso era fácil "de día o de noche,
sin la necesidad de un práctico"
13
. A pesar
de las ventajas naturales de su bahía, Santa Marta nunca alcanzó a tener la importancia
de Cartagena. Durante el siglo XIX sin embargo, el puerto de Santa Marta experimentó
épocas florecientes, aunque cuando lo visitó Eliseo Reclus, "éste, lejos de
parecer un centro de actividad, presenta más bien el aspecto de un lugar de recreo".
No obstante, la visita a Santa Marta no le produjo a Reclus "la misma lúgubre
impresión que Cartagena". Desde la década de 1830, el movimiento del puerto samario
había comenzado a disputarle el liderazgo a Cartagena; la ruta en mula o a caballo hasta
Pueblo Viejo y de allí en embarcaciones a través de Caño Hondo y Caño Clarín hacia el
río Magdalena ofrecía entonces menos dificultades para el comercio que la travesía por
el obsoleto Dique entre Cartagena y Calamar. Entre 1850 y 1870, el puerto de Santa Marta
vivió su momento en el siglo XIX. Pero ya en 1872, los ingresos aduaneros de Santa Marta
se habían menguado notablemente en beneficio de Sabanilla. Durante 1886, por ejemplo,
sólo dos vapores al mes entraron a la bahía de Santa Marta
14
.
Años más tarde, a la vuelta del siglo, el movimiento del puerto de Santa Marta se
reanimaría con el boom bananero.
[2]
La costa colombiana
"posee una incalculable ventaja al estar bañada por el Caribe, una especie de mar
interior con varias salidas y el único propio del continente." Como lo había
observado ya Alexander von Humbolt.
A diferencia de
Cartagena y Santa Marta, las condiciones de Sabanilla, a primera vista, no eran las más
apropiadas para un desarrollo portuario significativo. En 1869 un cónsul británico
había descrito su pésima disposición para la navegación marítima:
"Es en realidad
alguito más que una rada... tan mala..., a consecuencia del clima, y de la falta de
profundidad del agua, lo que obliga a los veleros de cualquier tamaño a anclar a 3.5
millas
de la playa, causando por consiguiente grandes inconveniencias y
pérdidas de
tiempo en el cargo y descargo..."
15
.
La falta de bahía era
compensada por la proximidad con el río Magdalena, una ventaja natural que determino la
consolidación de esta ruta comercial durante el siglo XIX. En realidad, Sabanilla era
apenas un punto de tránsito. "Es el pueblo más insignificante que he visto en la
Nueva Granada, había observado Isaac Holton antes de llegar a Barranquilla, el puerto
fluvial que se beneficiaba del movimiento de Sabanilla
16
.
Ubicada en la orilla del río Magdalena a escasas 10 millas de Sabanilla, Barranquilla
experimento un extraordinario crecimiento comercial, particularmente desde 1871, cuando se
inauguró la línea del Ferrocarril de Bolívar que facilitó las comunicaciones entre
Sabanilla y Barranquilla Las ventajas geográficas estaban, pues, en Barranquilla, en su
condición de puerto localizado en la desembocadura de la arteria fluvial más importante
del país. Por eso, años más tarde, cuando la experiencia de Puerto Colombia una
rada contigua a Sabanilla que la reemplazó como puerto marítimo tras la construcción de
un largo muelle demostró sus limitaciones, la dirigencia local se esforzó por
abrir la barra de arena que impedía a los buques trasatlánticos entrar por el río
Magdalena hasta Barranquilla
17
.
Ya por las condiciones
de sus bahías, como Cartagena o Santa Marta, ya por su ubicación en la desembocadura del
río Magdalena las ventajas naturales de los puertos del Caribe se confundieron con el
movimiento comercial colombiano del siglo XIX:
alrededor del 80% del comercio
exterior del país pasaba por sus aduanas. Habría que sumarle, además, el significativo
volumen de mercancías que lograba burlar la protección oficial. Mucho antes de 1818,
cuando la Memoria de Basadre señalaba las expediciones jamaiquinas con rumbo, entre
otros, a Cartagena, Santa Marta y Riohacha, el contrabando era ya una dinámica actividad
en las diversas bahías y ensenadas del Caribe colombiano
18
.
"Es más fácil reconocer este hecho que encontrarle remedio", escribía con
buen sentido el ministro británico en 1874: para la reducida flotilla costanera, era
imposible vigilar la extensión del litoral.
[3]
Las costas del
Atlántico eran el depósito de enormes cantidades de sal. El producto natural más
importante, fuente básica de empleo y uno de los recursos principales del Estado para
gastos públicos.
________
1. Carl
August Gosselman: Viajar por Colombia. Bogotá, 1981, pp. 15, 23 y 26.
2.
Francisco José de Caldas: "Estado de la Geografía del Virreinato de Santafé de
Bogotá, con relación a la economía y al comercio". En: Vergara y Velasco, F.J.: Nueva
Geografía de Colombia, Bogotá, 1901, apéndice, p.XLVI.
3. Ernest
Rothlisberger: El Dorado. Bogotá, 1963, p. 30.
4. Felipe
Pérez: "Jeografía física i política del Estado del Magdalena". En: Jeografía
de Colombia, Bogotá, (2 V.), 1863, V. 2, p. 23.
5. Juan
José Nieto: Mensaje del gobernador de Cartajena a la cámara provincial de 1852.
Cartagena, 1852, p. 11.
6. Ver, por
ejemplo, Vergara y Velasco, op.cit., p. 515; Felipe Pérez: "Jeografía
física i política del Estado de Bolívar". En: op. cit., V. 1, p. 14, y
"Jeografía... del Magdalena", op. cit., p. 17. Para una geografía de la
Costa Atlántica, ver Instituto Geográfico "Agustín Codazzi": Atlas
regional del Caribe. Bogotá, 1978.
7.
Alexander von Humboldt: Personal narrative of travels to the equinoctial regions of
America. Londres, (3 Vs.), 1853, V. 3, p. 131.
8. Eliseo
Reclus: Viaje a la Sierra Nevada de Santa Marta, s.f., p. 90. Pérez, Felipe:
"Jeografía... del Magdalena", p. 15. Bahía Honda había sido fortificada en
tiempo de Guirior, "con el doble objeto de celar el contrabando i observar a los
goajiros i cocinas", en Pérez, idem, pp. 16-17.
9. Luis
Striffler: El río Sinú, s.f., p. 89. Von Humboldt, op.cit., p. 207.
10.
Reclus: Viaje a la Sierra, op. cit., p. 25.
11.
Gosselman: Viaje por Colombia, op. Cit., p. 83.
12.
"Report by Mr. Bunch", Accounts and Papers, Commercial Reports. Londres
LXVI, 1874, p. 117. Ver una descripción de la bahía de Cartagena durante el siglo XIX,
en Pérez: op.cit., V. 1, pp. 11-12. Ver también Víctor Huckin: "Report on
the railways of Colombia", Accounts and Papers, Commercial Reports. Londres,
XCV,
1910, pp. 14-17. Ver Theodor Ñichols: Tres puertos de Colombia. Bogotá,
1973.
13.
Spencer Dickson: "Report on the trade of Colombia for the year 1903", Accounts
and Papers, Commercial Reports. Londres, 1904, XCVII, p. 618.
14. Ver
James Krogzemis: "A historical geography of the Santa Marta area, Colombia",
tesis doctoral, Universidad de California. Berkeley, 1967 pp. 21, 26 y 29. Ver también
Reclus: Viaje a la Sierra, op.cit., p. 49, y del mismo autor: Mis exploraciones
en América. Valencia, 1910, p. 80; Bunch: op.cit., p. 117; Nichols: Tres
puertos, op. cit.
15.
"Report by the consul Mallet on the trade at Cartagena for the year 1872." ,
C.R. Londres, 1873, LXV, p. 48.
16. Isaac
Holton: New Granada, twenty months in the Andes. London, 1967, p. 7.
17. Ver
Nichols, op.cit., y su artículo "The rise of Barranquilla", Hispanic
American Historical Review, mayo de 1954. Ver también Eduardo Posada Carbó: Una
invitación a la historia de Barranquilla. Bogotá, 1987, pp. 17-36.
18.
Manuel Lucena "La memoria de Basadre de 1818 sobre comercio y contrabando en el
Caribe". Lateinamerika, 19, 1982, p. 233.
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