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CARIBE COLOMBIA
FEN COLOMBIA
ECOSISTEMAS MARINOS
Germán Márquez C.
ES FACIL concebir
al mar como un vasto cuerpo homogéneo; no obstante, en los medios marinos al igual que en
los terrestres las condiciones ecológicas determinan diversos "paisajes". En el
mar la fertilidad y la estabilidad del medio constituyen factores decisivos: la primera se
asocia con la productividad biológica mientras la estabilidad determina la biodiversidad
y complejidad de los ecosistemas.
La fertilidad depende
de los nutrientes, en especial de aquéllos que, como el fósforo o el nitrógeno, pueden
agotarse limitando la productividad de los ecosistemas y cuya disponibilidad depende de
los aportes provenientes de tierra, de aguas profundas y de la circulación de las aguas
que los lleva al alcance de organismos productores. La estabilidad en las condiciones
ambientales se debe a influencias climáticas y oceanográficas cuya fluctuación a lo
largo de los siglos limita o hace posible el largo proceso evolutivo que origina
ecosistemas complejos. Sólo en las condiciones de relativa estabilidad tropical ha sido
posible el desarrollo de los arrecifes coralinos, la muestra más elaborada del potencial
evolutivo de los ecosistemas marinos en el mundo.
El mar Caribe
colombiano presenta diversos ecosistemas y regiones: desde áreas fértiles sometidas a
ciclos estacionales hasta húmedos y estables desiertos azules con exuberantes oasis
arrecifales.
Regionalización
ecológica
Con base en las
diferencias climáticas y oceanográficas (ver artículo "Oceanografía") se
delimitan cuatro grandes ecorregiones marinas en el Caribe colombiano:
Región I. Desde La
Guajira hasta Santa Marta (Punta Gloria); es afectada directamente por la corriente Caribe
y por surgencia estacional fertilizante de aguas profundas.
Región II. Desde Punta
Gloria hasta Punta Galeras (Atlántico) aproximadamente; está influida por las descargas
fértiles y sedimentos del río Magdalena y de la Ciénaga Grande de Santa Marta.
Región III. Desde
Punta Galeras hasta los límites con Panamá; sus características están determinadas por
la contracorriente de Colombia. Las aguas oceánicas superficiales, infértiles, influyen
sobre la costa.
Región IV. Comprende
el área insular y oceánica del Caribe incluyendo el mar abierto alrededor del
archipiélago de San Andrés y Providencia. Esta región no tiene influencias terrestres,
ni de surgencias importantes; son aguas característicamente cálidas, estratificadas,
pobres en nutrientes con
poca variación estacional, sólo puntual y levemente
fertilizadas por remolinos y por efecto de masa de isla.
En cada región se
pueden establecer diferencias entre la franja costera y las aguas abiertas, debido a que
las influencias terrestres alcanzan a fertilizar a la primera e introducen otros cambios
ecológicos a través de los aportes de aguas dulces y sedimentos.
[1]
Esponjas recubriendo
esqueleto de coral muerto ramificado. (Foto: Aldo Brando)
La forma como se
expresan en los seres y en los ecosistemas las diferencias regionales no ha sido
suficientemente estudiada en nuestro país. Sin embargo, podría explicar muchas de las
características biológicas del Caribe colombiano como son: el mayor desarrollo de
arrecifes coralinos en la Región IV, la buena pesca en las Regiones I y II, la fragilidad
de los ecosistemas insulares y aspectos biogeográficos como la escasez de algas
calcáreas en la Región I con respecto a las III y IV.
Ecosistemas marinos:
ecología y recursos
La soberanía que
ejerce Colombia en las áreas marinas alcanza los 988.000 km2;
esta
vasta extensión aumenta el territorio colombiano en un 87% y constituye para los
colombianos un patrimonio poco conocido, conformado por un hermoso complejo de ecosistemas
y recursos naturales. El Caribe, del cual nos corresponden 658.000 km2 es por
antonomasia un mar tropical; desde el punto de vista ecológico esto significa que es un
mar cálido, con arrecifes coralinos y manglares como ecosistemas característicos;
implica también, en términos muy generales, que es un mar poco productivo
biológicamente y frágil frente a la acción destructiva del hombre.
Por ecosistema se hace
referencia a unidades funcionales de la naturaleza, conformadas por grupos de organismos
que ocupan un medio dado e intercambian entre sí, y con dicho medio, materia y energía;
en todo ecosistema hay entradas de energía, aportadas por organismos productores, y
organismos consumidores y descomponedores que aprovechan tal energía a través de las
cadenas alimentarias. La descripción de los ecosistemas caribeños que se hace a
continuación gira alrededor de la organización de la trama alimentaria.
Los principales
ecosistemas del Caribe colombiano son:
-
Ecosistemas bénticos litorales: los que
se desarrollan asociados al fondo, en playas y en aguas poco profundas; son de diversos
tipos:
Playas y fondos
arenosos.
Playas y fondos
rocosos.
Manglares.
Praderas de pastos
marinos.
Formaciones coralinas.
Estuarios y lagunas
costeras: se forman en la desembocadura de los ríos y presentan una fuerte influencia
continental y de aguas dulces.
-
Ecosistemas pelágicos: los que se
organizan en la masa de agua; no tienen contacto ni dependen directamente del fondo; son
básicamente de dos tipos: ecosistemas pulsantes de alta productividad y ecosistemas
estables de baja productividad.
-
Ecosistemas bénticos profundos:
aquéllos ubicados en el fondo, más allá de la zona superficial iluminada del mar.
Ecosistemas de
playas y fondos arenosos
En el Caribe las
costas colombianas son en su mayoría playas arenosas interrumpidas por puntas rocosas o
manglares (ver mapa). En las playas de arena habitan comunidades características, muy
similares en cualquier parte del mundo. El factor más importante que determina las
condiciones de vida en estas playas es la intensidad del oleaje; éste incide en el tipo
de arena, en la pendiente de la playa y en la movilidad del substrato que serán más
gruesas, más pendientes y más móviles, respectivamente, mientras mayor sea el oleaje.
[2]
En el Caribe las costas
colombianas son en su mayoría playas arenosas interrumpidas por puntas rocosas o
manglares. (Foto: Guillermo Molano).
Del oleaje depende la
oferta de alimentos y los cambios que sufre la playa a lo largo del año; estas
influencias determinan la composición y la abundancia de organismos en ella. De acuerdo
con la intensidad del oleaje se clasifican los ecosistemas de playas arenosas en playas de
alta o baja energía; en Colombia y en general en los mares tropicales predomina el primer
tipo, de fuerte oleaje; las playas de baja energía tienden a ser colonizadas por
manglares en sus partes emergidas y por praderas de hierbas marinas en el sublitoral y se
transforman, así, en otros ecosistemas. (Dexter, 1974).
Funcionamiento
ecológico de las playas y fondos arenosos
Como las playas de
arena carecen virtualmente de productores primarios, dependen de aportes energéticos
provenientes de otros sistemas: de los marinos adyacentes cuya producción es transferida
por las corrientes o las olas y de los terrestres costeros. Las playas de arena presentan
plantas tolerantes a la salinidad y a la arena, como las uvas de playa (Coccoloba
uvifera), el icaco (Chrysobalanus icaco) y la batatilla (Ipomoea
pes-caprae), como se observa en el Tayrona. En zonas húmedas la vegetación terrestre
se acerca al mar, como la selva en Urabá.
En la playa los
consumidores son insectos, arañas y lagartos terrestres que compiten con cangrejos
ermitaños (Paguridae) , entre otros y fantasmas (Ocypode quadrata). Cerca
al agua el mar aumenta su influencia llevando fragmentos vegetales, animales, plancton y
partículas orgánicas suspendidas. Entre las arribazones crece una comunidad de pequeños
crustáceos marinos (anfípodos e isópodos) que sirven de alimento a aves y cangrejos.
Enterrados en la arena el chipi-chipi (Donax) y otros pequeños moluscos (ej. Turritella)
filtran el agua; los cangrejos topo Emerita e Hippa e isópodos se
alimentan de cadáveres.
Más allá de la
influencia directa de las olas, en el sublitoral, los dólares o galletas de mar (Leodia
spp.), familiares de los erizos, comen y filtran el sedimento; abundan donde hay
aportes importantes de materia orgánica, como en las extensas playas del Viento en
Córdoba, influidas por el Sinú. Se encuentran en este mismo hábitat organismos
enterrados en la arena: innumerables gusanos y anélidos arenícolas; pequeños y hermosos
caracoles de porcelana (Oliva y Olivella) , las extrañas Renilla que
parecen plantas, los erizos (Meoma) y los pepinos de mar, todos detritívoros, y
algunos grandes predadores como las estrellas Luidia senegalensis, los caracoles Casis,
Caronia, Murex, los cangrejos Calappa y las jaibas (Portunidae).
Los peces que
habitan y dependen directamente de fondos arenosos litorales no son abundantes; sólo
algunos lenguados (Bottus), barbados comedores de fondo (Pseudopeneus), el
pez lagarto (Synodus) y, ocasionalmente, grandes cardúmenes de pequeñas lisas (Mugilidae),
anchovetas y machuelos (Engraulidae) que recorren las playas en sus migraciones
a lo largo de la costa. Este fenómeno es espectacular en las cercanías de lagunas
costeras como la Ciénaga Grande de Santa Marta y atrae a peces carnívoros grandes como
jureles, sierras, tiburones y barracudas que visitan así, ocasionalmente, a las playas
arenosas.
Recursos de las
playas y fondos arenosos
Indudablemente el
mayor valor de las playas de arena para el hombre es su atractivo turístico y como
lugares de habitación y acceso al mar. Colombia cuenta con extensas y hermosas playas en
todo el Caribe; sobresalen por su belleza las del Cabo de la Vela, las del parque Tayrona
en el sector de Cañaverales y Arrecifes, las coralinas de San Andrés y Providencia, las
extensas playas del Viento en Córdoba, las del Urabá chocoano rodeadas por la selva,
así como las menos espectaculares pero hermosas y concurridas de Santa Marta y Cartagena.
Problemas
ambientales en playas y fondos arenosos
Los ecosistemas de
playa de arena, sometidos naturalmente a fuertes cambios periódicos, son muy tolerantes
al deterioro producido por el hombre. No obstante, algunas actividades practicadas en
Colombia causan daño al medio físico y los organismos. Es así como se informa:
-
Desaparición casi total de organismos
en playas muy concurridas por los turistas; ej: Cartagena, Santa Marta y Tolú.
-
Contaminación causada por el petróleo
y el carbón en puertos y áreas de intenso tráfico naviero: Cartagena y golfo de
Morrosquillo.
-
Daños causados por la extracción de
arena para la construcción: Providencia y San Andrés.
Ecosistemas de
playas y fondos rocosos
En las playas
rocosas habita una hermosa comunidad que incluye organismos de gran importancia
económica. Las playas rocosas son más bien escasas en el Caribe colombiano (ver mapa),
lo mismo que los estudios sobre ellas; al respecto ver Brattstrom (1982) y Márquez
(1987).
Funcionamiento
ecológico de las playas y fondos rocosos
Las playas y los
fondos rocosos litorales constituyen el principal hábitat de las macroalgas: verdes,
pardas, rojas, verdeazules, que son también las productoras primarias del ecosistema. De
su abundante producción de materia orgánica sólo una pequeña parte es consumida
directamente en el litoral rocoso; allí, los principales herbívoros son caracoles,
erizos, quitones y algunos cangrejos que se desplazan adheridos firmemente a las rocas,
sobre los campos de algas, a las que raspan con sus finos dientes. En el sublitoral
habitan peces herbívoros y, sobre todo, erizos (Diadema, Tripneustes) que consumen
algas.
La mayor parte de la
producción de las algas sigue dos rutas: una parte importante se excreta y pasa disuelta
al agua de mar a los sistemas pelágicos planctónicos en donde la utilizan las bacterias
y se integra, a través de ellas, a la estructura alimentaria de dichos sistemas; la otra
parte que se convierte en fragmentos y partículas, es arrastrada por las corrientes y
olas y servirá de alimento en diferentes ecosistemas.
La mayoría de los
habitantes de las playas rocosas son filtradores sésiles que aprovechan lo que arrastran
olas y corrientes, como fragmentos de algas, plancton o materia orgánica. En este grupo
se encuentran las esponjas, anémonas, corales y zoantídeos, hermosos gusanos y
anélidos, pequeñas almejas y otros bivalvos; también, ocasionalmente, hermosos
equinodermos (crinoideos) y los balanos, que pertenecen al grupo de los
crustáceos, adaptados a vivir adheridos al substrato. También hay filtradores móviles
como los cangrejos porcelánidos, carnívoros representados en la zona de oleaje por
caracoles, cangrejos y algunos peces; se encuentran más abajo estrellas de mar, pulpos y
peces que viven entre las rocas, como los temibles congrios y morenas.
En el Caribe colombiano
los hábitat rocosos sublitorales están por lo común ocupados por formaciones coralinas,
que dan paso a fondos arenosos y fangosos muchas veces ocupados por praderas de hierbas
marinas.
[3]
El ecosistema de manglar, dominante en vastas
extensiones de la costa colombiana, se encuentra hoy sustancialmente reducido por la
acción del hombre. (Foto: José Vicente Piñeros)
Recursos de las
playas y fondos rocosos
De las playas
rocosas son aprovechables las langostas, los caracoles, los peces y las algas. En el
Caribe colombiano se utiliza un caracol, el burgao (Livona pica) al borde del
agotamiento por sobrepesca. Las langostas (Panilurus argus) corren una suerte
parecida; abundaban antiguamente en La Guajira y Santa Marta; hoy son cada vez más
escasas. Los peces como pargos, meros y chernas también están sometidos a intensa pesca.
Problemas
ambientales de las playas y fondos rocosos
Los ecosistemas de
playas rocosas están sometidos a fuertes presiones naturales; sin embargo, son bastante
tolerantes a los daños inducidos por el hombre. No obstante, la contaminación y la sobre
pesca de especies útiles como los caracoles, langostas y otros peces causan la pérdida
de importantes recursos y originan cambios indeseables en los ecosistemas rocosos.
Ecosistemas de
Manglar
El ecosistema de
manglar, dominante en vastas extensiones de la costa colombiana (ver mapa), se encuentra
hoy sustancialmente reducido por la intervención del hombre; las zonas conservadas están
amenazadas de una y otra forma. Los manglares son bosques anfibios que se desarrollan en
depresiones costeras llenas de sedimentos marinos o fluviales; los árboles que los forman
reciben el nombre común de mangles y se adaptan a aguas salobres, en suelos fangosos,
deficientes en oxígeno. Al manglar confluyen animales y plantas de origen marino y
terrestre que aprovechan su gran productividad biológica. El conjunto formado reviste
gran belleza y complejidad, es exclusivo de los trópicos y está ampliamente representado
en todo el Caribe colombiano.
mapa
Los manglares del
Caribe están formados por cuatro especies de mangles que tienen distribuciones
características en el ecosistema.
-
El mangle rojo, Rhizophora mangle, es
el árbol más típico; tiene raíces de zanco que lo sostienen dentro del agua.
-
El mangle salado, Avicennia
germinans, tiene raíces aéreas para respirar en fangos anóxicos y glándulas que
excretan el exceso de sal. Crece detrás del anterior, en zonas parcialmente inundables.
-
El mangle blanco, Laguncularia
racemosa y el botoncillo, Conocarpus erecta, ocupa zonas emergidas.
Las condiciones que
más favorecen el desarrollo del manglar son:
-
Alta humedad atmosférica, que no es
característica del Caribe colombiano.
-
Mareas fuertes, que tampoco se registran
en el Caribe.
-
Cierto grado de salinidad que elimina la
competencia de otras especies.
Las condiciones poco
favorables para el manglar en el Caribe colombiano explican el poco desarrollo de su
vegetación, más bien baja aun en los mejores casos como Cispatá; en áreas secas como
La Guajira los manglares son achaparrados y dispersos.
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