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CIÉNAGA GRANDE
Carlos Angulo Valdés
UN ESTUDIO de las
condiciones físicas y humanas de la Ciénaga Grande de Santa Marta requiere una visión
integrada de varios factores geográficos que, unidos, constituyen una región natural.
Estos son: la isla de Salamanca, el complejo lacustre de Pajaral y la Ciénaga Grande
propiamente dicha.
Como tales serán
tratados, sin omitir la unidad geográfica que éstos representan y la influencia que, en
esa forma, han ejercido sobre los modos de vida de la población asentada allí desde hace
varias centurias.
Isla de Salamanca: la
flecha litoral, llamada impropiamente isla de Salamanca, se extiende de este a oeste entre
los últimos 17 kilómetros de la banda oriental del río Magdalena y la boca de la Barra,
lugar donde ligeramente sobrepasa el kilómetro de anchura. En sus 45 kilómetros de
longitud, la isla describe un arco suave y cóncavo que remata frente a Pueblo Viejo.
Según Rasveldt (1957: 178-192), la flecha litoral de Salamanca se formó a partir de un
banco de arena que se extendía a lo largo de la porción norte de una antigua bahía que
ocupaba el área actual de la Ciénaga Grande de Santa Marta. Sobre este banco, las arenas
a la deriva, impulsadas por las corrientes y las olas, terminaron por aislar la antigua
bahía y originaron la inmensa albufera que hoy conocemos como Ciénaga Grande. Encima de
esta flecha litoral existían hasta hace pocos años, varios canales naturales a través
de los cuales se producía un intercambio de agua entre la ciénaga y el mar; éstos
fueron eliminados a raíz de la construcción de la carretera troncal del Caribe, a
excepción del que se conoce con el nombre de boca de la Barra, entre las poblaciones de
isla del Rosario y Pueblo Viejo. En los últimos años este canal ha sido insuficiente
para mantener el equilibrio natural de la vida acuática en la Ciénaga Grande de Santa
Marta en condiciones óptimas.
La isla de Salamanca
Participa del
régimen climático que caracteriza a las tierras bajas del litoral caribe colombiano.
Entre los factores condicionadores de su clima, los vientos, las temperaturas y las
lluvias son los más destacados. Durante los meses de abril a noviembre se precipitan
sobre la isla 685 mm de lluvia en promedio interrumpida por una inflexión acentuada en el
mes de junio, que la gente llama veranillo de San Juan. Esta determina dos etapas para el
régimen de las precipitaciones: abril-junio y julio-noviembre. De acuerdo con registros
de once años, en la primera etapa caen 200 mm en promedio; es decir, el 34%
aproximadamente (IGAC. 1973: 49). La alternación entre baja lluviosidad y períodos
secos, combinada con una temperatura promedio de 29º, influyen en la distribución del
paisaje: mientras el mangle crece como un cinturón verde a lo largo de las orillas de la
Ciénaga Grande y a manera de enclaves en ciertos trechos de la playa, un matorral
achaparrado, en el que abundan plantas espinosas y cactáceas, se extiende en el resto de
la isla.
[1]
La Ciénaga Grande fue
una antigua bahía que quedó aislada del mar Caribe,
al formarse la flecha litoral
de Salamanca. No obstante la albufera mantuvo, hasta hace poco, contacto con el mar a
través de varios canales naturales que cruzaban la isla de Salamanca de norte a sur. (Foto:
Andrés Hurtado)
Durante el período
seco, al cual se suma la acción de los vientos alisios, el matorral se agota y la isla
adquiere un aspecto semidesértico.
A estos aspectos
meteorológicos hay que agregar la acción del hombre. La isla fue intensa e
inadecuadamente explotada en el pasado reciente. En ésta se asentaron colonos que
trabajaban la tierra con el sistema de roza y quema; algunas haciendas ganaderas
descuajaron el monte para convertirlo en potreros o talaron el mangle para transformarlo
en carbón. Posteriormente, los canales naturales que conectaban la Ciénaga Grande con el
mar, fueron eliminados al construir la carretera que atraviesa la isla de occidente a
oriente. Como resultado de esa destrucción quedan hoy vastas extensiones cubiertas por
troncos secos, testimonio de la ruptura del equilibrio ecológico.
En las excavaciones
arqueológicas realizadas por nosotros en la isla de Salamanca, en 1977, fue frecuente
encontrar huesos de especies terrestres, acuáticas y semiacuáticas, que ilustran la
fauna característica del área. Su enumeración y clasificación aparecen en las notas
relativas al inventario de los cortes de dichas excavaciones (Angulo Valdés, 1978).
Poco antes que el
Instituto Nacional de los Recursos Naturales Renovables y del Ambiente (Inderena), bajo
cuyo control y vigilancia se encuentra la isla, prohibiera la caza en esta zona, famosa en
el pasado por su riqueza en aves y fauna arbórea y terrestre, ésta había entrado ya en
una etapa de franca extinción. "La isla de Salamanca se caracteriza por una elevada
concentración de aves migratorias y nativas cuya clasificación está llegando ya a las
250 especies. Uno de los efectos de la declaratoria de Parque Nacional ha sido el de poner
fin o al menos controlar la caza, evitando prácticas contraproducentes que estaban
terminando con esta riqueza" (IGAC, 1973: 16).
Ciénaga Grande de
Santa Marta
Es una albufera de
400 km2 que se extiende por el sur y el oeste hasta la porción NE del delta
del río Magdalena; esta zona aparece cubierta en la actualidad por numerosas ciénagas
menores y playones inundables y se conoce con el nombre de complejo lacustre de Pajaral.
Por el este, y a
través de ríos y caños que se abren paso por entre los pantanos, se pone en contacto
con las tierras planas que se extienden desde el pie de monte occidental de la Sierra
Nevada. Por el norte, bordea el extremo meridional de la isla de Salamanca.
La anchura de la
Ciénaga, tomada en sentido norte-sur, es de 25 kilómetros, mientras que de este a oeste
llega a 20 kilómetros. A pesar del acarreo de sedimentos que transportan los ríos que
bajan de la vertiente occidental de la Sierra Nevada de Santa Marta y de los caños que se
desprenden del río Magdalena, la Ciénaga muestra aún profundidades que oscilan entre
los 0.50 y los 15 metros.
La Ciénaga Grande fue
una antigua bahía que quedó aislada del mar Caribe al formarse la flecha litoral de
Salamanca. No obstante este fenómeno, la albufera mantuvo hasta hace poco contacto con el
mar a través de varios canales naturales que cruzaban la isla de Salamanca de norte a
sur.
"Se discute mucho
entre los moradores de la Ciénaga sobre la Barrita o paso de Angostura
1
; la mayoría cree que la interrupción provocada allí por la
carretera ha sido funesta para la fauna ictiológica de la Ciénaga. En la época de
fuertes inundaciones causadas por el invierno, los pobladores de Tasajeras han abierto el
paso de Angosturas, creyendo con esto aliviar un poco el nivel de las aguas. Se ha
calculado la capacidad de desagüe por la boca de Angostura en una quinta parte de la boca
de la Barra, en Pueblo Viejo; capacidad que se lograría mediante la construcción de un
puente semejante al de la boca de la Barra, pero ésta no es la única dificultad. La
principal reside en el hecho de que la sedimentación de la corriente litoral del mar es
muy importante en este sitio y ha cerrado la salida cada vez que los pescadores la han
abierto para ayudar a descargar la Ciénaga durante las crecientes" (IGAC, 1973: 29).
Aunque el régimen
climático de la Ciénaga Grande participa, en cuanto a la periodicidad de las lluvias y a
la oscilación de las temperaturas, del que hemos descrito para la isla de Salamanca,
conviene señalar que existen otros factores que contribuyen a la fisonomía particular
del paisaje en algunas de sus áreas. Esto se manifiesta a través de la vegetación, la
fauna y de ciertas condiciones que debieron favorecer en el pasado los asentamientos
humanos.
La Ciénaga Grande se
enmarca dentro de un cinturón de mangle que le sirve de límite natural. Sin embargo,
esta vegetación, característica solamente de las orillas occidental y norte, se combina
con otras especies vegetales en sus tramos sur y oriental, como consecuencia de las
numerosas corrientes de agua "dulce" y la proximidad de la tierra firme. La
vegetación típica de la Ciénaga Grande ha sido clasificada en cuatro grandes grupo:
-
Vegetación de pantano, en la que abunda
el buchesábalo (Renealmia occidentalis); el bijao (Heliconia bihai L.) y la
enea (Typha latifolia L.).
-
Vegetación arbórea y herbácea, en
aquellos sitios de menos exposición a las aguas detenidas; está representada por
guarumos (Cecropia spp.), bledo (Amarantus dubius), etc.
[2]
La Ciénaga soporta hoy
una fauna empobrecida como consecuencia de los procedimientos inadecuados que se utilizan
para su explotación. En el siglo XVll fray Pedro Sierra señalaba no sólo la abundancia
de peces, tortugas, caimanes, manatíes, etc., sino, además, la forma inadecuada como se
explotaba esta riqueza. (Foto: AIdo Brando)
[3]
La única base de la
estabilidad de los habitantes de los palofitos, que parece conservarse desde hace varias
centurias, es la pesca, que hoy distribuyen directa o indirectamente a los grandes centros
de consumo como Barranquilla Santa Marta y poblaciones de la antigua zona bananera.
(Foto:
Aldo Brando)
-
Vegetación arbórea
que crece en las riberas de los ríos Sevilla, Frío, Orihueca, Aracataca, Fundación y a
lo largo de numerosos caños. Son característicos: el mamón de tigre (Syderoxylon
colombianum Stand), el guanábano de monte (Guarea trichiloides L.), etc. y,
-
Vegetación
halófila, propia de la desembocadura de los ríos y caños y del frente que da hacia la
Ciénaga, caracterizada principalmente por el mangle colorado (Rizophora mangle L.). Al
lado de la especie anterior se pueden citar el mangle prieto o salado (Avicenia
germinans) y el mangle amarillo (Laguncularia racemosa). En las ciénagas
interiores con baja salinidad o carentes de ésta, así como en los caños y ríos, es
frecuente la taruya o bata de agua (Reichornia azurea Kunth) que, en muchas
ocasiones, forma tapones que impiden el fácil desplazamiento de las canoas.
Dentro de las
condiciones físicas descritas, la Ciénaga Grande soporta hoy una fauna empobrecida como
consecuencia de los procedimientos inadecuados que se utilizan para su explotación. Desde
el siglo XVII, fray Pedro Simón señalaba no sólo la abundancia de peces, tortugas,
caimanes, manatíes, etc., sino, además, la forma inmoderada como se explotaba esta
riqueza (Simón, 1982: 294).
Aquellas condiciones
siguen vigentes pese al control que el Inderena ejerce sobre el área. Los caimanes (Crocodilus
sp.) por ejemplo, también han desaparecido de la Ciénaga Grande y las babillas (Caimán
fuscus), están a punto de correr la misma suerte.
Hacia la porción
oriental y sur de la albufera aún viven en los pastizales inundables algunas manadas de
ponches (Hydrachoerus hydrochoerus). Los escasos tigres que se aventuran a través
de los manglares para pescar desde las raíces que sobresalen del agua también están
expuestos a la extinción. Ocasionalmente es posible ver grupos de monos colorados (Cebus
capucinus) e iguanas (Iguana iguana) que son víctimas de los cazadores
igualmente.
Las aves, en cambio,
todavía abundan en la Ciénaga Grande. Pueden citarse algunas como el pato yuyo (Anhinga
anhinga), el pato careto (Oxyura dominica), la garza real (Casmerodius alba
egretta), el longuillo o pato cuervo (Phalacrocarax olivaceus olivaceus), el
pato cucharo (Ajaia ajaja), la garza gris o morena (Andrea cocoi), la garza
blanca (Casmeradius albus agretta). En las ciénagas interiores formadas por los
ríos y en los caños, son frecuentes el pato pisingo (Dendrocygna autumnalias
discolor) y el pato real (Cairina moschata), (Dugand, 1947: 524-542). Existen
aves migratorias como el pato barraquete (Anas discors) que se desplaza desde
Canadá (Tabares, 1953: 136), hasta la Ciénaga Grande. Una de las aves más bellas de la
región, que ha desaparecido o migrado a otras zonas, es el flamenco rosado (Phoenicopterus
ruber). En 1963, Krogzemis tuvo ocasión de ver a más de un millar de éstos en la
ciénaga de Alfandoque, ubicada en el complejo lacustre de Pajaral (Krogsemis 1967: 94).
A pesar de los sistemas
rudimentarios utilizados en la pesca y del uso que se hacía hasta hace poco de la
dinamita, la Ciénaga Grande constituye la base económica de siete poblaciones asentadas
en sus alrededores; cuatro en la isla de Salamanca: Tasajeras, Palmira, Isla del Rosario y
Pueblo Viejo. Las tres restantes son establecimientos palafíticos; el primero, Trojas de
Cataca, ubicado en las cercanías de la desembocadura del río Aracataca; Buenavista y el
Morro, en la ciénaga de Pajaral, tributaria de la Ciénaga Grande. A esto habría que
agregar los cambios que se vienen produciendo en la salinidad de sus aguas con motivo del
cierre de los canales naturales que la conectaban con el mar antes de la construcción de
la carretera, así como también por los aportes permanentes de los ríos que bajan de la
vertiente occidental de la Sierra Nevada de Santa Marta y de los caños alimentados por el
río Magdalena. "La Ciénaga Grande de Santa Marta presentaba comunicaciones
especiales como zona de alimentación de peces y quizás a esta circunstancia se debía la
inmensa y variada riqueza ictiológica que en ella se encontraba. La mayoría de las
especies entraban a la Ciénaga en busca de alimento durante el invierno, teniendo para
ello muchas rutas de acceso tanto marítimas como fluviales aunque actualmente se hallan
obstaculizadas y reducidas por el caño del Clarín y la Boca de la Barra" (IGAC,
1973: 29). Este fenómeno se manifiesta también en la desaparición paulatina de los
criaderos de ostras, tan abundantes en otro tiempo, a lo largo de la orilla meridional de
la isla de Salamanca y en los manglares. No obstante estos factores negativos, la Ciénaga
Grande continúa siendo el centro pesquero continental más importante de Colombia.
Complejo lacustre de
Pajaral
Desde la línea de
mangles que bordea las orillas occidental y sur de la Ciénaga Grande, hasta la banda
oriental del río Magdalena, se extiende una llanura inundable considerada por algunos
geógrafos como parte del delta de dicho río (IGAC, 1973: 26). Esta zona está cubierta
por numerosas ciénagas de escaso fondo, algunas de las cuales se convierten en playones
durante las bajas más acentuadas del Magdalena.
Las condiciones
climáticas del área ocupada por este sistema lacustre son similares a las de la Ciénaga
Grande; sin embargo, es importante señalar otros factores que inciden en su ecología;
como por ejemplo, el descenso paulatino de la salinidad de sus aguas a medida que nos
desplazamos hacia el sur, hasta el punto de que es nula a la altura de la Ciénaga de la
Aguja. En estas condiciones es fácil observar que ciertas especies de mangle van
retrocediendo, dejando paso a un tipo de vegetación de agua "dulce". Sólo la Rhizophora
o mangle colorado, que alcanza una considerable altura, logra predominar en el pantano
y en las orillas de las ciénagas. Lo que hemos llamado vegetación de agua
"dulce" está representada particularmente por el hobo o jobo (Spandias
mambier), el totumo (Cresencia cujeta), el yarumo (Cecropia, spp.), la caña
brava o lata (Arundo donax L.), la palma amarga (Copernicia), la majagua (Hiscus,
spp.) etc., a lo cual se suman zonas de vegetación herbácea. En estas ciénagas,
así como en los caños que separan los islotes, son frecuentes los tapones de taruya (Eichornia
azurea).
Algo semejante
ocurre con los peces. La lisa (Mugil spp.) por ejemplo, ya no es tan abundante
aquí, como en la Ciénaga Grande; a cambio de esto, surgen especies típicas del río
Magdalena que encuentran en estas ciénagas condiciones favorables para su desarrollo;
como el caso del bocachico (Prochilodus) y el bagre (Psendoplaystoma fasciatum
L.)
Los palafitos
Los concheros
2
de la Ciénaga Grande y del complejo lacustre de Pajaral
parecen estar vinculados, en su origen, a las mismas necesidades que motivaron los
establecimientos lacustres actuales. Algunos de los concheros, por ejemplo, son de
extensión limitada y de escasa profundidad; otros, en cambio, son superiores a las dos
hectáreas y sobrepasan los tres metros de profundidad, como ocurre en la loma de López,
en el caño San Joaquín. Algo semejante observamos en Mina de Oro y en la loma del
Chuchal, próximos a la desembocadura del río Fundación, donde los sondeos realizados
produjeron casi dos metros de material cultural. Por lo que hace al complejo lacustre de
Pajaral, las excavaciones en las islas de tía María y Cecilio, sobrepasaron los 1.50
metros.
Estos datos nos
permiten suponer que algunos concheros fueron sólo establecimientos temporales de pesca,
mientras que otros debieron ser lugares habitados durante largos períodos, lo que ha sido
confirmado con fechas de radiocarbono (Angulo Valdés, 1978).
Con base en
informaciones que tenemos de los palafitos actuales de los que existen descripciones
completas (Tovar Ariza, 1947: 16 y Krogzemis, 1967: 96-99) sabemos por ejemplo, que
El Morro, llamado también Nueva Venecia, data de 1847 y que fue resultado del traslado de
un campo de pescadores que habitaban las Trojas de Gálvez, lugar situado cerca de
Sitionuevo, no muy lejos del río Magdalena. La profundidad de la ciénaga en que estaban
ubicadas las Trojas de Gálvez había disminuido como consecuencia de una activa
sedimentación; además, era una zona infectada de mosquitos. El Morro cuenta hoy con unos
8.000 habitantes, aproximadamente. Es muy probable que, en el futuro, la sedimentación
provocada por las corrientes, la acumulación de basuras y detritos produzca condiciones
desfavorables que obliguen a otro cambio de lugar.
Otro palafito es
Buenavista, situado a ocho kilómetros al oriente de El Morro. Como en el caso anterior,
éste carece de comunicación directa con la tierra firme. Su población, de unos 1.500
habitantes, procede también de pueblos ribereños del Magdalena. El tercer palafito,
Trojas de Cataca, se asienta en el extremo SE de la Ciénaga Grande. Muestra diferencias
con los anteriores, en cuanto a las pautas de poblamiento y en las posibilidades de
desarrollo de una economía mixta. Una tercera parte de las viviendas de dicho palafito
han sido construidas recientemente en tierra firme mientras que el resto conserva las
características de un pueblo levantado sobre estacas. Ubicado como se halla en la
desembocadura del río Aracataca, tiene acceso ilimitado al agua potable, recurso del cual
carecen Buenavista y El Morro. Estos últimos se ven obligados a recorrer 25 y 35
kilómetros, respectivamente, en el mismo río, para satisfacer esta necesidad.
[4]
Las aves todavía
abundan en la Cienaga Grande. Pueden citarse algunas como el pato yuyo, el pato cuervo, el
careto, la garza real, el pato cucharo, la garza gris y la garza blanca. (Foto: Diego
Sarnper).
Por otra parte, las
tierras próximas a la desembocadura del río Aracataca se inundan rara vez y constituyen
por su fertilidad un incentivo para las labores agrícolas. De este modo, una buena parte
de los habitantes de Trojas de Cataca combinan la pesca con la agricultura y con una
reducida ganadería que se halla en manos de unos pocos. Estas condiciones no se dan en
los palafitos de la ciénaga de Pajaral, donde sus habitantes tienen que adquirir el resto
de sus alimentos en Sitionuevo
3
o en la ciudad de
Barranquilla, principal centro consumidor del pescado que se produce en la Ciénaga
Grande.
La única base de la
estabilidad de los habitantes de estos palafitos, la que parece conservarse desde hace
varias centurias, es la pesca, que hoy distribuyen directa o indirectamente a los grandes
centros de consumo como Barranquilla, Santa Marta y poblaciones de la antigua zona
bananera. El producto llega a los mercados en estado fresco, salado o secado al sol. Para
esto último, se utilizan pequeñas barbacoas hechas con varas de manglar.
Los ingredientes
básicos de la subsistencia de estas poblaciones, sobre estacas, han cambiado muy poco. La
dieta continúa siendo el maíz, la yuca dulce (Manihot utilissima) y el pescado;
por otra parte, el sistema primitivo de apropiación de los recursos alimentarios de la
Ciénaga, particularmente peces y moluscos, sigue siendo el mismo desde hace varios
siglos. Estos factores, que imprimen cierta monotonía a los modos de vida de los
palafitos, parecen no estar determinados del todo por el aislamiento geográfico o por
razones limitantes en la vida social de los miembros de cada comunidad (las casas se
encuentran separadas entre sí por el agua), sino también, como debió ocurrir en el
pasado, por efectos de un excedente en cada familia, que permite, independientemente, el
intercambio con los centros de consumo.
Un ejemplo de
intercambio temprano entre la Ciénaga Grande y el Bajo Magdalena lo encontramos en una
cita de Oviedo, que se refiere a la expedición de Pedro de Heredia al río Magdalena
antes de la fundación de Cartagena:
"De allí partió
el gobernador el mismo día, é llegó a dormir en la costa del río grande; no halló
pueblo sino un varandero de canoas, y estaban allí unos indios mercaderes de la
gobernación de Santa Marta, que traían dos canoas llenas de camarones secos que traían
por mercadería, e con sal e otras cosas" (Oviedo y Valdés, T. VI: 289).
Simón, con respecto a
la abundancia de tortugas en las ciénagas adyacentes y el Bajo Magdalena, anota:
"Es tan grande el
número de huevos que les quitan, que el año pasado subiendo yo el río por el mes de
julio, que es el verano, una flotilla de diez canoas, haciendo por curioso entretenimiento
número por mayor de los huevos.., pareció serían de doscientos y cincuenta mil"
(Simón, V. IV: 294-295).
No obstante la crisis
ecológica actual de la Ciénaga, ésta sigue siendo el centro productor más importante
de pescados y mariscos del norte colombiano. Las tres poblaciones importantes asentadas en
la isla de Salamanca: Tasajeras, Palmira y Pueblo Viejo, continúan derivando su
subsistencia de la pesca. Es más, pese a que desde hace unas tres décadas entraron en
rápido contacto con los centros tradicionales de consumo, Barranquilla y Santa Marta, a
través de una carretera muy activa, aún no han llegado allí algunos servicios de la
vida moderna como el teléfono y el acueducto.
El análisis del
material cultural excavado en la Ciénaga Grande de Santa Marta muestra también claras
evidencias de contacto con la Sierra Nevada en el pasado. Sin embargo, cualquier intento
por interpretar estas relaciones debe influir, pese a las limitadísimas informaciones que
poseemos, las relativas a las comunidades que vivían en la tierra plana que ocupaban
desde el pie de monte occidental de la Sierra Nevada hasta la orilla oriental de la
Ciénaga Grande; territorio que, según identificación de Reichel-Dolmatoff,
correspondería a las provincias del Carbón, Orejones y extremo sur de la provincia de
Betoma (1951).
Se trata de una región
fértil, surcada por ríos y quebradas que bajan de la Sierra Nevada.
De estos indígenas se
sabe que exhibían una cultura diferente a los tairona, que cultivaban el maíz y otros
frutos y que sostenían, con base en estos productos, relaciones con pescadores de la
Ciénaga Grande. El lugar donde hoy se encuentra la ciudad de Ciénaga, por ejemplo, era
una especie de mercado que facilitaba este intercambio. Allí se cambiaban el pescado y la
sal por mantas y otros productos artesanales de la sierra (Krogzemis, en
Reichel-Dolmatoff, 1951: 83-90). La importancia de este comercio, responsable en buena
parte de la provisión de proteínas para muchas de las poblaciones de la sierra, se
aprecia en algunos relatos de los cronistas y en documentos posteriores.
"Los indios de
Betoma vendían mantas de algodón a los de la Provincia del Carbón (32, V. 182). Los
indios de Pocigüeica cambiaban oro y mantas por sal y pescado con los grupos de la costa
(32, II, 18: 18, V. 282) y las poblaciones en la vertiente occidental dependían en tal
grado de su comercio de pescado y sal con los indios de Gaira, Durcino y Ciénaga, que
cuando éstos se fugaron a la Sierra para escapar de sus encomenderos, las tribus serranas
les dieron oro para que regresaran a la costa y continuaran allí para no interrumpir el
comercio de peces y sal (Ms-3 Fol. 568 V). Los indios de la Sierra cambiaban oro y mantas
por sal y pescado con los indios de la Ciénaga ya en la época de García de Lerma"
(Reichel-Dolmatoff, 1961: 118-119).
El cronista Simón,
refiriéndose a los indígenas de Santa Marta, anota:
"Usaban de
cerbatanas curiosísimas con que mataban con flechas sutiles de toda suerte de aves, sólo
para la pluma pues nunca comían carne ni aún de venados, porque fuera de maíz y
raíces, su sustento era pescado y frutas... la abundancia que tenían de pescado los que
vivían cerca del mar y los demás compras y rescates" (Simón, 1892: 356).
En la época de la
llegada de los españoles estas relaciones de intercambio estaban en pleno florecimiento y
coincidían con el alto grado de desarrollo al que había llegado la cultura tairona en su
arquitectura lítica, en la ingeniería, en la explotación agrícola, en el tejido, la
cerámica, la orfebrería y la artesanía; así como en su organización social y
política; en este contexto hicieron su aparición artesanos y comerciantes. Sin embargo,
los intentos de unificación territorial de esta cultura no transcendieron más allá de
los límites de algunas regiones de la Sierra, como ilustra el ensayo de federaciones de
aldeas con centro en Bonda y Pocigüeica. Este hecho, unido a la falta de un complejo
bélico en la Ciénaga Grande, demuestra que las relaciones de intercambio entre las dos
áreas eran pacíficas y que la idea de zona dependiente, propuesta por algunos
arqueólogos para esta última, no se basaba, al parecer, en acciones compulsivas.
[5]
Tasajeras, Palmira y
Pueblo Viejo continúan derivando su subsistencia de la pesca. (Foto: Egar)
_______
1.
No existe nota
2. Depósitos de conchas y otros restos de moluscos y peces, que sirvieron
de alimento a las poblaciones aborígenes que habitaron la Ciénaga Grande.
3.
Población ribereña sobre la margen izquierda del curso bajo del río Magdalena.
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