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Abordo se empezaban a sentir los calores ecuatoriales, pero sus ojos no podían apartarse de la costa, sabía que por alguna parte debía estar el Castillo de El Mina, y la ensimismaban los bracitos de agua dulce que salían al mar de la Costa de Oro, de la Costa de los Esclavos y de la zona del Calabar. El litoral era demasiado estrecho para alojar el casco de la embarcación, y sus tripulantes se acomodaron en canoas pequeñas y estrechas que usaban los habitantes del África Centro Occidental. Guiada por estos amos del agua, recorrió los brazos y esteros de las costas
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No bastaron las voces de los comerciantes que intercambiaban textiles y marfil en el río de los esclavos, ni la sensación del agua pasando por debajo de la canoa. Sólo tenía ojos para el arco y las flechas que ceñían las sienes, saliendo por la parte de los ojos y rematando en las orejas de los Popos. Parecía deleitarse con el cuerpo de los Yorubas que llevaban perforada la ventana izquierda de su nariz y tenían tres rayas largas y profundas, una que les ceñía toda la frente a lo largo hasta la nariz, y otras dos por las sienes, y en cada lado del rostro otras cinco, las tres que venían a rematar en la boca y las otras dos en arco desde las sienes hasta la nariz. Sus ojos se complacían al detallar la figura de los YorubasChabas que tenían en medio de la frente un óvalo, acompañado a los lados de dos cuadros, mientras de los lados de la boca les salían dos rayas hacia las orejas, y de cada lado otras seis; tres les cruzaban el cuello y remataban en las orejas, y otras tres les cruzaban las mejillas rematando en las sienes.
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La canoa se detuvo, y al poner pie en tierra se vio rodeada de un grupo de Ardas con sus cráneos deformados. No tardo en descubrir que algunos de ellos tenían cuatro rayas largas, anchas y algo profundas, que les ceñían todo el rostro por ambos lados, que se venían a rematar en la boca y que estaban acompañadas por otras dos rayas en la frente y en cada mejilla una señal redonda y azul. Ocupada en recorrer los cuerpos de sus nuevos acompañantes descubrió que varios lucían en medio de la frente seis pintas levantadas de su misma carne, unas en frente de otras, junto con otras doce que les corrían a lo largo desde los ojos hasta las orejas; y unos pocos parecían escritos con caracteres antiguos, o como los que usaban lo chinos.
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Estaba dispuesta a seguir contemplando a sus nuevos anfitriones, de no ser por una llovizna imprudente que amenazaba con volverse un chubasco torrencial. De mala gana se resguardó del temporal, y entre valijas y barriles tomó su cuaderno para hacer algunas notas sobre la comarca y sus habitantes:
13 deAbril de 1652
Al despuntar el día llegamos a esta tierra de los Ardas, donde se reverenciaban culebras y caimanes, y se adora los ídolos que hay en cada una de las casas. El rey de estas partes tiene un templo muy grande, habitado por ídolos vestidos como europeos. En el palacio real viven muchas mujeres, algunas son las esposas del soberano y otras son las mujeres de los reyes muertos. Ellas, a excepción de la madre del monarca, a la que llaman reina, hacen parte de la herencia que un rey deja a su hijo
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El sol del mediodía le dio en la espalda, mientras permanecía acurrucada para refrescarse con el agua del gran río que atravesaba la ciudad. Sus mansos se confundieron con la multitud de peces que nadaban en la corriente y eran adorados por los Popoes. Además de estos peces, los Popoes reverenciaban las cabezas de perros, de cabras o de otros animales, los colmillos de marfil y una cruz; que tenían en sus casas y a los que acostumbraban a ponerles enfrente todos los alimentos, untándolos con aceite de palma. También le rendían culto a las cabras cuando eran muy galanas y pintadas, y a los gallinazos; le ofrecían sacrificios a sus dioses y les arrojaban en el suelo un poco de los alimentos que comían
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En esta ciudad, los vivos celebraban llantos para los muertos que llevaban una cruz sobre su cuerpo. En estas fiestas de la muerte los vivos hacían tiras de paño y seda, que luego arrojaban en la cuevas donde se hallaban sus antepasados.
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La resolana de la tarde le puso pesados los párpados y perdió la cuenta de las casas de guardia que había a cada legua del camino que llegaba a la ciudad principal del reino. Dos leguas rodeadas con tapias y un foso grande con puertas, que guardaban las numerosas calles habitadas por los edificios hechos de tapia y cubiertos de paja, que rodeaban el palacio real. El edificio era famoso por sus corredores y portales, con pilares de madera labrados y entreverados con hombres y animales de bronce, hechos por los herreros del reino
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Por un instante sintió la respiración de las figuras que habitaban el palacio, los aleteos y rugidos se mezclaron con la algarabía de los hombres. En ese momento, el impulso incontenible de escribir fue más fuerte que el cansancio:
28 de Abril de 1652
El palacio real es lo más imponente de esta ciudad. En su interior dicen que vive un hombre inmortal y de naturaleza divina, cuyas ordenes son seguidas sin importar lo difíciles que estas sean. Cuentan que a este soberano sus súbditos semanalmente le dan cuenta de todo lo que sucede en la comarca, que sólo pueden verle cuando va al mercado, y que sus mercedes son predicadas por los afortunados que cubren sus cuerpos con cal
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. Parece que este rey celebra fiestas de difuntos en las que sacrifica cerca de seis mil hombres y mujeres, junto con varias jóvenes de catorce o quince años, que llevan sartas de cuentas de vidrio y un paño blanco a modo de banda. Estos sacrificios van seguidos de una gran procesion en la que participa todo el reino, incluidos los lisiados, que en estas ocasiones reciben alimentos del rey. Durante estos días de fiesta y sacrificios, no se hace otra cosa que no sea comer y beber
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Cuando los primeros rayos del sol parecieron asomarse, ya tenía los ojos abiertos. Sentía la cabeza hinchada y tenía la piel tensa y reseca. Trató de domar su cabellera hirsuta y de componer su vestido. Se sentía molesta, la noche había sido demasiado corta y distaba mucho de ser un sueño reparador:
5 de Mayo de 1652
Por estos lares uno despierta en medio de la algarabía de los nativos que al levantarse limpian sus dientes con un palo llamado cuaquo, las mujeres suelen conversar a grandes voces, mientras peinan sus cabellos con un aceite que se los deja muy negros y lisos. Luego van al encuentro de los hombres, con quienes se reúnen en corrillos bulliciosos a lavar y bruñir el suelo y las paredes de sus casas, empleando un barro que deja todo de color anaranjado. La mañana era clara, y he podido ver como hacen un puchero con plumas de aves y algunos de sus ídolos que ponen a hervir. Luego, uno de ellos toma en sus manos este hervido y con ceremonias y cantos, junto con todos los de la casa, sale a la calle, donde arrojaba la preparación. Entonces vuelven a la casa y leen la suerte para ver lo que les sucederá en ese día.
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Después de mojarse la cara y comer algo se sintió más reconfortada y salió a dar una vuelta por la ciudad, donde revoloteaban los Lucumies
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vestidos con costosas libreas, y que servían al rey. En su ir y venir se cruzaban con otros habitantes de la ciudad que andaban desnudos, a excepción de las mujeres casadas y los hombres que tenían licencia real para vestirse. Ellos llevaban unas mantas a raíz de las carnes y otras de algodón hasta las rodillas, y encima de ambas otras más delgadas, desde los pechos hasta el suelo, fajándolas todas con bandas de algodón. Los servidores del rey atravesaban las calles llevando la leña y el agua al soberano. A su paso, hombres y mujeres se hacían a un lado y se hincaban de rodillas. De cuando en cuando, pasaba un grupo de hombres que llevaba los presentes que el rey solía enviar a los europeos, generalmente se trataba de alimentos que hacían parte de la mesa real, y eran llevados dentro de una petaquilla que iba dentro de otra petaca mayor, cubiertas ambas con una estera vistosa. Todo esto lo llevaba una comitiva compuesta por jóvenes muy aderezados, ancianos vestidos de blanco que llevaban sombreros grandes y muchachos desnudos con manillas de bronce en sus extremidades
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Por las calles vio hombres y mujeres saludándose unos a otros. Observó a los hombres sacando la espada de su cinta y poniéndola tres veces junto al rostro de aquel al que saludaban; o saludando con su espada a los europeos, mientras decían en su lengua "Dios te guarde, hijo de Dios". También pudo notar que las mujeres y las personas sin espada, saludaban con su brazo extendido y el puño cerrado como si fuera una espada
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. Una o dos veces al año, las calles de la ciudad se llenaban de colores. Una o dos veces al año salían los hidalgos con gran acompañamiento, música y fiesta. Llevaban unos paños de muy finas esteras, que les defendían del agua y les cubrían del sol. Salían los hidalgos montados en unos caballos pequeños, en los que iban medio sentados con un pie levantado en el cuello y el otro colgando. Iban acompañados por dos hombres en que estribaban y uno que les llevaba la jáquima. Estos hidalgos marcaban su rango social en no escupir en el suelo, sino en unos calabazuelos que les traían sus criados. Estos hidalgos, cuando hacían parte de las juntas de gobierno llevaban trajes blancos, verdes, amarillos o azules.
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El calor del trópico se hacía insoportable, el sudor mezclado con la humedad empapaba las ropas y penetraba toda la piel. Antes de descender, escondió una manotada de caracolillos o chimbo, que se usaban como moneda en el África Central
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. Aunque fuera de estas tierras los caracolillos no tenían más valor que el adorno, tenía la maña de guardar una suma suficiente para asegurar el regreso.
Enfundada en seis enaguas y un vestido de seda marchito, con el pelo pegado por el sudor, los pies hinchados y la cara abotagada; sintió envidia de los hombres y mujeres que andaban prácticamente desnudos y llevaban su oreja izquierda perforada. Si venían de Loanda y Angola tenían deformados sus cráneos. Si eran Angicos de dientes labrados, entre ceja y ceja lucían una señal algo levantada y pintada, o tenían unos cuadros vistosos en las sienes y el entrecejo cinco rayas delineadas de pintas iguales. Y si se trataba de Malembas sus mejillas llevaban dos órdenes de pintas que se levantaban cuando sonreían mostrando dos filas de dientes labrados
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. La tierra de los Angolas se anunció con la música de las guitarrillas de seis cuerdas, que llamaban banzas y tañían colocando la cabeza de la guitarra en su pecho y tocándola a modo de arpa
60.
Con estas melodías se dibujó la silueta del palacio real construido en madera. Al acercarse se veían las figuras de las casas de paja adornadas con esterillas labradas. En estas casas aún dormían algunos hombres, sus cuerpos reposaban sobre barbacoas de caña
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. Mientras, paseaban por la ciudad hombres y mujeres que llevaban lienzos de la India Oriental.
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El rey del Congo pág. 282 Objets Interdist, Fundation Dapper, Editions Dapper, 50 avenue Víctor Hugo 75116 París. Dépot légal: november 1989. ISBN: 2-906067-09-1. Publication Nș 9.
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Ellos iban vestidos como europeos. Ellas llevaban naguas con muchos pliegues, similares a los vestidos flamencos. Ellas y ellos se vestían diferente a los habitantes de los lugares apartados. En donde los hombres si mujeres se vestían tradicionalmente. cubriendose con la corteza dc un árbol que llamaban alicondo.
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. Las notas de los banzas la acompañaron mientras navegó por los sembrados de maíz que llamaban mazamamputo, de millo que llamaban mazafori y mazamambala, y de fríjoles. A su paso salieron vacas si cabras que llamaban encombos. Al regresar al poblado, tomó sus alimentos en el suelo al igual que los demas habitantes de estas tierras. Cuando termino de comer, tomo su cuaderno y rodeada de perros si gatos, que a raíz del contacto con los europeos tenían los Angolas en sus casas
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, escribió:
2 de Junio de 1652
En esta comarca vive un rey tan poderoso que controlo innumerables súbditos reyes y señores de tierras. Sobre todos sus dominios, la gente dice que hay un cielo donde vive un dios llamado Zambiampungo. De esta tierra invadida por melodías, parten los muertos hacia el otro mundo, a donde al morir quieren llevar todas sus pertenencias, por lo que en vida tiene construidos grandes sepulcros
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Al dejar la tierra de los Angolas, su admiración se repartió entre la habilidad de los músicos y la destreza de los guerreros, capaces de disparar veinte flechas seguidas antes de que cayera la primera en tierra, que empleaban para defenderse adargas hechas de piel de dante.
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No habla pasado el medio día cuando llegaron a la ciudad de San Salvador, donde estaba el rey del Congo o Magnicongo, que vivía en un palacio decorado con ricas colgaduras, junto con piezas de seda, plata y oro que habían sido obsequiadas por europeos
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Las crónicas contaban que el Magnicongo había recIbído a los primeros europeos sentado en una silla de marfil. Llevaba en su cabeza un bonete, como una diadema, tejido con hojas de palma, tenía su torso descubierto y de la cintura para abajo le cubría un manto de seda. Tenía una manilla de metal en su brazo derecho y como insignia de su condición real portaba una cola de caballo pendiente de su hombro que le caía hacia adelante.
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Pero al llegar a la ciudad, vio extrañada que los habitantes vestían a la europea, llevaban capas largas hechas de paño londinense o terciopelo negro, y de la cintura para abajo se cubrían con paños que ellos elaboraban con seda, oro y paja. El Magnicongo llevaba además un birrete de oro y seda, que por ley no le podían quitar de la cabeza. Las mujeres de su corte tenían la cabeza rapada y traían sus pies muy cubiertos por chinelas de terciopelo, que usaban conso signo de prestigio
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. Jamás espero oír que en el Reino del Congo, el leer y el oír misa diariamente eran motivo de prestigio entre las mujeres de los grandes hombres. Quedó sorprendida al enterarse que el antiguo título de zoba había sido cambiado por títulos de nobleza europeos. Sus oídos quedaron perplejos al oír que el Magnicongo se había convertido al cristianismo y había ordenado que sus
súbditos también se convirtieran, aunque en esto no le obedecieron todos
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La sorpresa de Doña Inés desapareció al enterarse que el Magnicongo había establecido relaciones cordiales con la iglesia católica, con el Papa si con los reyes de Europa, sobretodo los de Portugal. Entonces, empezó a comprender que era un artista de la diplomacia, si que gracias a este arte sus relaciones con los europeos sc enmarcaban en las mutuas atenciones, expresadas en cartas de los reyes portugueses y en reliquias e indulgencias del Papa
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. Antes de emprender el largo camino de regreso, pasaron por el puerto de Loango. Allí permanecieron el tiempo suficiente para aprovisionarse de agua y para embarcar algunas mercancías Los marineros revoloteaban por el puerto llevando y trayendo barriles, géneros y objetos curiosos. Sin perder la ocasión, tomó su cuaderno de notas para registrar las últimas impresiones:
Julio 5 de 1652
Pasado el inedia día nos detuvimos en Loango, una tierra cundida de ídolos de palo; que adoran los hombres y
mujeres que se ciñen la cabeza y la cintura con cerdas de elefante, llamadas gingas; llevan paños tejidos de paja que llamados infulas y ensacas,y lucen plumas vistosas de papagayo que llaman ensalas. Estos naturales comercian con portugueses y holandeses que llegan a su puerto para intercambiar marfil, infulas, ensacas, ensalas y gingas.
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Parecía que el calor de la selva ecuatorial le hacía caldo los huesos. Se pasaba la noche delirando, al despertar estaba bañada en sudor si con la mirada perdida si ausente. Así estuvo toda la semana si así pasó las siguientes. La mañana de un lunes, el "Santa Luiría de la Maricastaña" arribó al puerto de Cádiz. Después de diez meses Don Fernando aguardaba ansioso la llegada de su esposa, que con escalofríos esporádicos y temblores frecuentes descendió lentamente. Había perdido las formas y bajo las telas ajadas del vestido se podían adivinar cada uno de sus huesos. Antes de que terminara la semana, el reposo, los baños de hierbas y el caldo de buey, había hecho milagros si ya tuvo fuerzas para escribir una última nota:
22 de Octubre de 1652.
Reverendo Padre Alonso de Sandoval:
"Cuando el destino pone cadenas a nuestro cuerpo, la imaginacion se desquita liberando nuestra alma"
BIBLIOGRAFÍA
AROCHA JAIME Y NINA S. DE FRIEDEMANN. De Sol a Sol Bogotá. Planeta Colombiana Editorial SA. 1986
COVARRUBIAS SEBASTIAN. Tesoro de la lengua castellana o española Barcelona Editorial Alta Fulla 1987 (1o ed. Martín de Riquer. Real Academia Española de la Lengua 1611)
DE SANDOVAL ALONSO DE Instauranda aethiopum Salute Bogotá Presidencia de la República 1956. (1o ed. Sevilla Francisco de Lyra Ed. 1627)
DEL CASTILLO M, NICOLÁS. Esclavos Negros en Cartagena y sus Aportes Léxicos. Bogotá. Instituto Caro y Cuervo. 1982
MAYA ADRIANA, Historia de América Latina Siglo XIX. Apuntes tomados en Clase. Departamento de Historia. Universidad de los Andes. Primer Semestre de 1994.
_________,Historia del África Precolonial. Apunte tomados en clase. Departamento de Historia. Universidad de los Andes. Segundo semestre 1995
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44. Ibíd.p.76-77 (Regresar a 44)
45 Ibíd. p.96 (Regresar a 45)
46. Ibíd.p.95-96 (Regresar a 46 )
47 Ibíd.p.78 (Regresar a 47 )
48 Ibíd. p.82 (Regresar a 48)
49 Ibíd.p.77. (Regresar a 49)
50 Ibíd.p.78-79 (Regresar a 50)
51 Ibíd. p.80-81 (Regresar a 51)
52 Ibíd. p.81 -82 (Regresar a 52)
53. Ibíd.p.79 (Regresar a 53)
54. Los Yorubas eran denominados Lucumies, por hablar la lengua ulkumí (Maya 1994)
(Regresar a 54)
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Ibíd. p.79-81 (Regresar a 55)
56. Ibíd.p. 79 (Regresar a 56 )
57 Ibíd. p.79-80 (Regresar a 57)
58 Ibíd. p.87 (Regresar a 58)
59.Ibíd. p.95-96 (Regresar a 59)
60 Ibíd. p.89 (Regresar a 60)
61 Ibíd p.88-89 (Regresar a 61)
62. Ibíd.p.89 (Regresar a 62)
63 Ibíd. p.88-89 (Regresar a 63)
64 Ibíd.p.83-84,89 (Regresar a 64)
65 Ibíd.p .89 (Regresar a 65)
66 Ibíd.p .86 (Regresar a 66)
67 Ibíd. p .86 (Regresar a 67)
68 Ibíd p.85-86 (Regresar a 68)
69 Ibíd. p.85-86 (Regresar a 69)
70 Ibíd p.85-86 (Regresar a 70)
71 Ibíd p.83 (Regresar a 71)
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