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LAS FAMILIAS
En la medida en que los grupos de trabajo minero en la costa pacífica crecen y adquieren algunos niveles importantes de balancear las proporciones entre la composición de hombres y mujeres, se observan tendencias a la constitución de familias ampliadas de varias uniones conyugales en espacios comunes. La documentación de la época muestra registros de familias que aparentemente serían de estructura nuclear (padre, madre e hijos). Sin embargo al observar detenidamente los registros de minas a las cuales se les contaban sus trabajadores en grupos familiares nos damos cuenta que estamos ante familias extendidas de diversas uniones o ramajes laborando en uno o varios Reales de Minas, o varios grupos de familias compartiendo trabajos en un mismo Real de Minas, en donde las futuras uniones tienden a identificar, como ocurre en la actualidad en los poblados de ríos de la costa Pacífica, a todo el poblado como parientes.
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Gente en río.
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En el río Raposo, (Buenaventura) en el Real de Minas de Nuestra Señora de la Soledad en 1716, un registro de la cuadrilla da cuenta de la familia extendida que se habría conformado con las sucesivas uniones de esclavos y esclavas y la urdimbre de parentescos que se fueron constituyendo. Un anciano, Juan Francisco Arará, de edad 50 años constituía el mayor referente de autoridad de la familia extendida. A su alrededor otros individuos, sus hijos, nietos, yernos y «asociados» agregados o compadres, completaban la familia. Diego de 30 años y Nicolás de 25 eran los hijos de Juan Francisco. Simultáneamente hacían parte de la familia Cristóbal Serrano, de 40 años, su hermano Andrés Serrano de igual edad con su mujer Manuela, de 22 años y el hijo de ésta pareja Francisco Javier con un año de edad. Sumado a ellos, la unión de Juan, negro criollo de 30 años, con María, de color pardo de 20 años, conformaban entre todos una gran familia con tres parejas, un anciano viudo y otros integrantes, parientes de las parejas, quienes eran Antonio Criollo de 14 años, Roque de 20 años y Lázaro Mina de 22 años.
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Un gráfico puede ilustrar esta familia ampliada, de la siguiente forma: (anexo 1).
En Buenaventura, la unión de Ambrosio y Florentina, de 30 y 24 años respectivamente habían constituido una familia con sus hijos María Isidra de 8 años, José Agapito de 6, María Dolores de 5, Candelaria de 3, y María Mercedes de 12 años
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(anexo 2)
En el río Telembí, en la mina de Nuestra Señora del Rosario se constituyó una gran familia ampliada, con 27 esclavos y alrededor de cinco uniones: Manuel, de 24 años y Paola, de 45 años, tuvieron a Gregorio quien en 1717 tenía ocho años. Juan Pablo, de 28 años mantenía unión con Gabriela, de 40 años, con quien tuvo una hija de 16 años. José, de 21 años mantenía unión con Marta, de 24 años «tienen por su hijo a Lucas de 10 años». Alonso, de 23 años mantiene unión con María, de 26 años con sus hijos Martín, Andrés y Raphael de 8, 3 y 1 años respectivamente. Otros individuos del grupo, con vínculo como asociados con relaciones de compadrazgo, o agregados, serían potenciales parientes, prestos a conformar uniones y establecer lazos de parentesco y co-parentesco con el resto de individuos; son ellos, el capitán de la Cuadrilla Bernardo, de 24 años; Lorenzo, de 24 años; Juan, de 22 años; Antonio Luango, de 22 años; Pedro Criollo, de 26 años; Miguel Mina, de 24 años; Juan Criollo, de 17 años; José Congo, de 50 años, Josefa, de 17 años; Magdalena, de 15 años; Juana, de doce años, y Manuela de 10 años. Se agrega una niña sin reconocimiento de sus padres, de 5 años. Por lo visto, la extensión de los parentescos tiene diversas posibilidades: Cualquiera de los hombres adultos solteros pueden configurar uniones con cualquiera de las cuatro mujeres solteras agregadas o con Petronila, de 16 años, una hija de la pareja Juan Pablo y Gabriela.
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El siguiente cuadro es ilustrativo de esta gran familia extendida. (anexo 3)
En el río Guelmambí, en la mina de San Miguel, una familia de esclavos constituida con 25 individuos, de los cuales habían dos parejas conviviendo, tres madres sin compañero definido y solo dos agregados sin vínculo consanguíneo, es una interesante muestra de varios ramajes de familia que se van constituyendo en una gran familia extendida.
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Manuel, de 35 años y Pascuala tenían a sus hijos Ignacio, de once años; María de 10 años, Pablo, de 8 años; Tiburcio, de 6 años y Amaría de 4 años. La otra pareja correspondía a Bartolo con una Mulata libre. Esta mulata había sido recibida en calidad de nuera en el hogar de Sebastiana, una mujer sin compañero permanente y quien era madre de Bartolo. Las otras madres sin compañero permanente eran María Mulata, de 48 años, con sus hijos Mateo, de 25 años; Juliana de 18 años; Juan, de 15 años; Bartolo, de 10 años; Pablo, de 5 años; Joseph, de 4 años y a Petronila, de 1 año. Otro Ramaje se constituyó a partir de Manuela, de 30 años y sin compañero estable; ella tenía a sus hijos Olaria, de 14 años; Fermina, de 12 años; María de 8 años y Lázaro de 1 año. Los únicos individuos sin parentescos consanguíneos eran el Capitán de la Cuadrilla Simón Mulato, de 24 años y Bernardo, de 15 años. Estos dos individuos pronto podían constituir uniones con una hija de Manuel y Pascuala (de 10 años), o con una hija de María Mulata, o con la misma María Mulata (soltera), con dos hijas de Manuela (de 14 y 12 años) o con la misma Manuela, que estaba soltera. También los hijos e hijas mayores de 10 años de parejas y de madres solteras eran potenciales parejas, uniendo así los ramajes y dando lugar a una gran familia extendida. El gráfico siguiente da cuenta de los ramajes y posibilidades de uniones futuras. (anexo 4)
El papel del hombre cuando se legalizan las uniones, resalta por el reconocimiento de troncos de descendencia y las condiciones o facultades sociales que se adquieren cuando se establecen parejas. Se desbordan los sentidos consanguíneos biológicos y estos adquieren dimensiones sociales. La mujer asume condiciones de mando en el hogar, mientras que el hombre lo hace hacia el exterior del grupo doméstico. Ese protagonismo que adquiere el hombre está dado de manera importante por su rol de compañero de la madre de varios niños, durante pequeños períodos de tiempo, teniendo que transitar en una o varias comunidades en hogares diferentes, con esposas diferentes en el curso de su vida.
En Buenaventura, en 1774, la familia constituida por Silvestre, su esposa, Mariano, Francisco, Juan y Petrona da cuenta de una familia ampliada, constituida por dos pares de uniones y varios hijos. Silvestre y su esposa eran dos ancianos de cuya unión resultaron Petrona, Mariano y Juan. A su vez Petrona habría recibido en su hogar a Francisco, de 18 años, con quien había comenzado a ampliar la familia de sus padres.
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(anexo 5)
LA FAMILIA ES LIBERTAD
La familia extendida era más que un proceso de encuentros y realizaciones de parentescos. También a través de ella se pudieron fraguar procesos libertarios que permitieron autonomía a los integrantes de las comunidades, autonomía que se expresaba en la formación de poblados libres, en el manejo relativamente autónomo de los espacios, y en el ejercicio de la cultura, uniones entre hombres esclavos y mujeres libres eran un buen recurso para filtrar la libertad, puesto que los hijos de mujer libre nacían libres.
En el río Telembí, mina del Santísimo Sacramento, fue registrada una cuadrilla en 1717, conformada por una gran familia extendida con nueve uniones, 29 individuos entre esclavos y libres, 15 hombres adultos, 10 mujeres adultas y dos ancianos de 66 y 74 años. De las nueve uniones, seis se habían establecido con mujeres libres. El Capitán de Cuadrilla Domingo Carvajal, negro criollo de 30 años casado con mulata libre; Lázaro, de 25 años e hijo de Bizente Morejon y Thomasa, casado con Mulata libre; Fernando Rocero, mulato de 36 años casado con libre; Domingo Aquilino, negro de 37 años, casado con libre; Eusebio, negro de 24 años, casado con libre y Juan con Mulata Libre.
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(anexo 6)
En el sitio de Calabazos, el Real de Minas de Nuestra Señora de los Remedios, Raposo, en 1716, una gran familia extendida con 30 individuos, presentaba seis uniones, de las cuales des eran con mujeres libres. Una viuda era libre, tenía 32 años y tres hijos, libres. Las mujeres libres casadas aún no tenían hijos, pero si nos atenemos a lo informado sobre la viuda, con tres hijos, es seguro que tendrían hijos en el corto tiempo al constituir sus uniones.
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(anexo 7)
LA CONSTRUCCIÓN DEL TERRITORIO
Siendo que un grupo familiar se identificó por líneas de parentesco que comenzó a construirse con los nacimientos y las uniones, surgieron las figuras de gran madre, padres, madrastras, padrastros, asociados o compadres, hermanas de las madres (tías) y hermanos de los padres (tíos), primos; con éstos distribuyó el trabajo en los espacios mineros, agrícolas y de recolección (cacería, pesca, vegetales). Tal como lo hizo en condición de esclavo, los afrocolombianos siguieren en su condición de libres pautas de organización del trabajo en grupo, es decir de manera comunitana. Se asumió entonces el espacio productivo como un espacio de trabajo al cual de manera organizada en pequeños grupos identificados por ramajes de descendencia, que pudiera acceder a sus recursos sobre las bases de reciprocidades. Se estaba entonces ante el acceso de los recursos por reconocimientos de derechos basados en la descendencia y el parentesco. Formada una comunidad, establecidas familias se identificó la pertenencia a un espacio, el cual fue sufriendo modificaciones que hacían de éste un territorio, es decir que se entremezclaban espacios de asentamiento, espacios de ocupación para actividades económicas de agricultura, minería, cacería, y espacios sociales de lubricación de las relaciones de la comunidad. Todo ello daba lugar a un sentido de pertenencia a un territorio en tanto espacio, habitación, ocupación, uso y prácticas culturales que allí se realizaran. Un buen ejemplo de la formación de un territorio de comunidades afrocolombianas podría ser ilustrativo con la formación de Reales de Minas y de poblados libres. En 1819 en el Real de Minas de Santa María de Timbiquí, una comunidad de parientes había constituido ese Real de Minas en su territorio; estableció relaciones con otros territorios y definió su identidad en sí. Allí habían constituido familias y la mayoría de la población eran parientes. Algunos habían salido de su comunidad y establecieron lazos de parentesco con otras comunidades y en otros territorios. Otros llegaron de comunidades vecinas y formaron familias para así extender los vínculos parentales entre varias comunidades y varios territorios, de tal manera que se fue constituyendo una larga cadena de parientes en toda la costa, lo cual identificó el Afrocolombiano como territorio de parientes. La información ilustrativa de la conformación de territorios de afrocolombianos en la costa pacífica proviene de un padrón de esclavos, aunque hay algunos libres conviviendo con los esclavos, en el Real de Minas de Santa María de Timbiquí, organizado por familias, de la testamentaria de Don Francisco José de Arboleda y es presentado aquí en cuadros anexos.
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(anexo 8).
La mayoría de las familias son presentadas con el esquema de familia nuclear, es decir de padre, madre e hijos. Sin embargo al observar bien las relaciones, parientes y extensión de las responsabilidades en tíos, abuelas, hermanos y demás parientes y co-parientes está mostrando familias extendidas con más de una unión conviviendo en espacios comunes, con recibimientos de esposos o esposas de los hijos, es decir recibiendo mas o menos constantemente nueras y yernos a los hogares de los padres o madres o de abuelos y abuelas.
La comunidad estaba constituida por 307 personas, de las cuales dos se habían fugado y otras dos estaban en otras comunidades, aunque una de ellas tenían a sus hijos en Timbiquí. Fueron relacionados 6 ancianos entre 61 y 85 años. 56 uniones fueren relacionadas conviviendo, de las cuales 26 uniones sin especificar sus hijos. Nada se dice de la existencia de los hijos de éstas 26 uniones, sin embargo es muy probable que hubieran sido trasladados a otros Reales de minas o a haciendas del interior.
Es interesante observar que existe un número amplio de mujeres sin uniones permanentes al momento de realizarse el listado, pero que serían potenciales, o eventuales, compañeras de hombres solteros o de otras uniones con quienes podrían ampliar las familias de donde se procedía. Existían 20 madres sin compañeros permanentes, de las cuales 11 eran viudas; 33 mujeres solteras, y 2 viudas, entre 12 y 60 años, sin hijos. Esas 55 mujeres estarían siendo cortejadas principalmente por 45 hombres solteros entre 12 y 60 años, además de los hombres que tenían compañeras pero que podían disolver dichas uniones para emprender nuevas uniones. A través de esas disoluciones y reconstrucciones de uniones se ampliaban las familias, los hijos de las mujeres eran adoptados por los nueves compañeros de ellas como hijastros y con el surgimiento de nuevos hijos se establecían parentescos en donde se identificaban hermanos de madre, hermanos de padre, hermanos de padre y madre, mujeres distintas a sus madres que eran madres de los hermanos y por consiguiente madrastras, obviamente primos, y hasta lograr identificar en casi toda una comunidad vínculos de parentesco cercanos e lejanos, entre todos.
CONCLUSIÓN
Ha existido siempre una estrecha relación entre los procesos de reconstrucción e invenciones de familias afro-colombianas con la construcción territorial. Por una parte porque han sido precisamente las afinidades y filiaciones de parentescos las que en últimas, simultáneamente con las actividades económicas, han ido definiendo las identificaciónes de los pobladores afrocolombianos con los territorios en el pacífico.
En la medida que un individuo nace en un espacio de la cesta pacífica se asume como perteneciente a un río o poblado y como no extraño, es decir nacido en el seno de una comunidad. A partir de allí su pertenencia al grupo la define su filiación perental, no sólo biológica hacia una madre, sino también social en torno al grupo de pobladores del lugar de nacimiento, quienes asumen responsabilidades de crianza y enseñanza en torno a cada nuevo integrante. Los niños pronto aprenderán a desplazarse en potrillos para hacer "mandados", hacer fluir "razones" o noticias. En ese aprendizaje participan los hombres mayores, hermanos, tíos, primos, amigos. Pronto los jóvenes son involucrados en faenas agrícolas, de pesca y cacería, guiados por sus padres, padrastros o padrinos. A su vez las mujeres jóvenes son involucradas en las actividades agrícolas y domésticas para el aprendizaje de "las cosas de la casa", cosas que no se limitan a la cocina sino que trascienden hacia los espacios públicos de las comunidades como las actividades culturales, religiosas, y obviamente hacia las decisiones políticas.
Así, la relación entre tener parientes y con ellos ejercer actividades (económicas y culturales) que identifican la apropiación del territorio es garante de la construcción de la territorialidad. Se es mica y seño, tumaqueño o baudoseño en la medida en que se identifica como un río o poblado de nacimiento y con unas prácticas que en comunidad se ejercen e identifican como propias y las diferencian de prácticas de otros grupos. Ese proceso de identidad va acompañado de un reconocimiento de territorialidades diversas de indígenas vecinos. La territorialidad desborda las concepciones de espacios naturales, es decir que comprende además las actividades económicas y las prácticas culturales y sociales, con las cuales se identifica un grupo y se diferencia de otros. Entre las comunidades afrocolombianas la diferencia no es factor para la disputa de espacios en tanto iguales espacios pueden ser compartidos con grupos vecinos de indígenas, inclusive para actividades y explotación similar de recursos, aunque con formas diversas de explotacion.
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16. Archivo Central del Cauca. Popayán. Colonia, Civil I-21 Minas. Signatura 2843, año 1716. (Regresar a 16 )
17. Notaría Primera de Buenaventura Libro de escrituras públicas 1845. (Regresar a 17 )
18. Archivo Central del Cauca, Popayán. Colonia Civil I-21 Minas Signatura 8234, año de 1717. (Regresar a 18)
19. Ibid. (Regresar a 19 )
20. Notaría Primera de Buenaventura. Libro de escrituras públicas año de 1774. (Regresar a 20 )
21. Archivo Central del Cauca.Popayán. Colonia Civil I-21 Minas. Signatura 8234. año 1717. (Regresar a 21 )
22. Archivo Central del Cauca. Popayán. Colonia Civil I-21 Minas. Signatura 2843 año 1716. (Regresar a 22 )
23. Archivo Central del Cauca. Popayán, indice de documentos manuscritos. Signatura 451 año de 1819. (Regresar a 23 )
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