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INDICE
Introducción
PROLOGO
Nota del traductor
I El Río Magdalena de Barranquilla a Bogotá
II Bogotá y sus alrededores
III Desde Bogotá hasta el Amazonas
IV Entre los Indígenas del Amazonas Colombiano
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Adios Bella Colombia
DESDE BOGOTÁ HASTA EL AMAZONAS
El 25 de junio abandonamos la fresca Bogotá y después de seis horas
en un tren repleto de gente, llegamos a Girardot. De allí debíamos
subir hasta casi el curso superior del río Magdalena y atravesar la
cordillera oriental para bajar la cuenca del río Amazonas.
Realizamos una parte del viaje por vía férrea hasta el río Saldaña
donde terminaba la circulación de trenes del Tolima. Según el
proyecto de los constructores, la vía férrea uniría el río
Magdalena con la cuenca del río Amazonas.
Pasamos la noche en un sucio e incomodo hospedaje que llevaba el
pretencioso nombre de hotel. En la madrugada del día siguiente nos
dirigimos en bus hasta la localidad de Natagaima. La carretera
dejaba mucho que desear; en realidad en algunas partes sólo existía
en el mapa. Pasamos rápidamente por la llanura en dirección
conocida sólo por el conductor. El bus se recalentaba por la
velocidad y teníamos que detenernos en cada río a fin de
aprovisionarnos de agua para enfriar el motor.
La llanura carecía de árboles y estaba quemada por el sol. Llegamos
a Natagaima completamente agotados por el calor y muertos por el
ajetreo. Por eso, el hotel donde nos quedamos me pareció
extraordinario aunque no se diferenciaba mucho del de Saldaña,
carecía de un confort elemental y ni siquiera tenía un baño.
Una de las cartas de recomendación dirigida a un rico comerciante
sirio nos permitió a la mañana siguiente unos mulos para nosotros y
nuestro equipaje. La hora de la partida se fijó para las siete de
la mañana pero por múltiples contratiempos sólo salimos tres horas
más tarde. Nos esperaba todavía la acomodación del equipaje en las
así llamadas mochilas y la carga de éstas.
Primero se ensillaba el mulo, para esto se le cubría la cabeza con
una ruana porque ningún mulo ni siquiera el más tranquilo
permitiría hacerlo con la cabeza descubierta. La albarda era
bastante primitiva y consistía de dos costales rellenos de paja.
Con la ayuda de unas cuerdas, ambas partes de la carga se sujetaban
al animal. Una de estas pasaba por debajo del vientre del mulo. Si
las dos cargas tenían el mismo peso, estas se equilibraban. Pero
con la nuestra hubo muchos contratiempos durante la carga, y
posteriormente tuvimos que parar con frecuencia para cargar los
animales de nuevo.
El Policía Poeta de la Sabana
Además del arriero contratamos dos peones y en total éramos cinco
personas pero el destino nos envío un inesperado acompañante en la
persona de un policía. Aproximadamente dos horas antes de nuestra
partida en el balcón del hotel apareció un hombre joven con
sombrero y alpargatas nuevas. El joven se me acercó y se me
presentó como un corresponsal de un periódico en Neiva, la ciudad
de nuestro destino. Nos pidió permiso para unirse a nuestro grupo y
le contesté que yo no tenía nada en contra pero le advertí que
teníamos prisa y que nos moveríamos rápido. Como él no tenía
caballo, el viaje le resultaría agotador. A esto él respondió
animadamente que estaba acostumbrado a caminar. Para despejar
posibles sospechas me obsequió un ejemplar de su libro de
poesías.
Solamente al medio día, cuando el sol estaba en su apogeo y quemaba
implacablemente, pudimos arrancar. Después de Natagaima atravesamos
el río Magdalena por un portón y entramos en una calurosa sabana en
la orilla derecha del río.
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