Ficha bibliográfica
Titulo: Adios Bella Colombia
Autores: Yuri Vóronov
Edición original: Abril de 2001
Edición en la biblioteca virtual: Marzo 2006
Notas: Relato de una expedición científica.
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| Adios Bella Colombia

III



DESDE BOGOTÁ HASTA EL AMAZONAS



El 25 de junio abandonamos la fresca Bogotá y después de seis horas en un tren repleto de gente, llegamos a Girardot. De allí debíamos subir hasta casi el curso superior del río Magdalena y atravesar la cordillera oriental para bajar la cuenca del río Amazonas. Realizamos una parte del viaje por vía férrea hasta el río Saldaña donde terminaba la circulación de trenes del Tolima. Según el proyecto de los constructores, la vía férrea uniría el río Magdalena con la cuenca del río Amazonas.

Pasamos la noche en un sucio e incomodo hospedaje que llevaba el pretencioso nombre de hotel. En la madrugada del día siguiente nos dirigimos en bus hasta la localidad de Natagaima. La carretera dejaba mucho que desear; en realidad en algunas partes sólo existía en el mapa. Pasamos rápidamente por la llanura en dirección conocida sólo por el conductor. El bus se recalentaba por la velocidad y teníamos que detenernos en cada río a fin de aprovisionarnos de agua para enfriar el motor.

La llanura carecía de árboles y estaba quemada por el sol. Llegamos a Natagaima completamente agotados por el calor y muertos por el ajetreo. Por eso, el hotel donde nos quedamos me pareció extraordinario aunque no se diferenciaba mucho del de Saldaña, carecía de un confort elemental y ni siquiera tenía un baño.

Una de las cartas de recomendación dirigida a un rico comerciante sirio nos permitió a la mañana siguiente unos mulos para nosotros y nuestro equipaje. La hora de la partida se fijó para las siete de la mañana pero por múltiples contratiempos sólo salimos tres horas más tarde. Nos esperaba todavía la acomodación del equipaje en las así llamadas mochilas y la carga de éstas.

Primero se ensillaba el mulo, para esto se le cubría la cabeza con una ruana porque ningún mulo ni siquiera el más tranquilo permitiría hacerlo con la cabeza descubierta. La albarda era bastante primitiva y consistía de dos costales rellenos de paja. Con la ayuda de unas cuerdas, ambas partes de la carga se sujetaban al animal. Una de estas pasaba por debajo del vientre del mulo. Si las dos cargas tenían el mismo peso, estas se equilibraban. Pero con la nuestra hubo muchos contratiempos durante la carga, y posteriormente tuvimos que parar con frecuencia para cargar los animales de nuevo.


El Policía Poeta de la Sabana



Además del arriero contratamos dos peones y en total éramos cinco personas pero el destino nos envío un inesperado acompañante en la persona de un policía. Aproximadamente dos horas antes de nuestra partida en el balcón del hotel apareció un hombre joven con sombrero y alpargatas nuevas. El joven se me acercó y se me presentó como un corresponsal de un periódico en Neiva, la ciudad de nuestro destino. Nos pidió permiso para unirse a nuestro grupo y le contesté que yo no tenía nada en contra pero le advertí que teníamos prisa y que nos moveríamos rápido. Como él no tenía caballo, el viaje le resultaría agotador. A esto él respondió animadamente que estaba acostumbrado a caminar. Para despejar posibles sospechas me obsequió un ejemplar de su libro de poesías.

Solamente al medio día, cuando el sol estaba en su apogeo y quemaba implacablemente, pudimos arrancar. Después de Natagaima atravesamos el río Magdalena por un portón y entramos en una calurosa sabana en la orilla derecha del río.