Ficha bibliográfica
Titulo: Adios Bella Colombia
Autores: Yuri Vóronov
Edición original: Abril de 2001
Edición en la biblioteca virtual: Marzo 2006
Notas: Relato de una expedición científica.
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| Adios Bella Colombia

II


BOGOTÁ Y SUS ALREDEDORES



Para superar la distancia entre los 1000 kilómetros entre Barranquilla y Bogotá necesitamos más de 40 días. Puede parecer sorprendente que la única artería que unía la costa atlántica colombiana con la capital estuviera en tan deplorable estado y que este rico país no emprendiera medida alguna para mejorar la situación. El estado del río Magdalena durante nuestro viaje era realmente catastrófico. La apertura del periodo primaveral de la navegación se demoraba debido a la insólita sequía en el país. Gran cantidad de mercancía se acumulaba en los depósitos portuarios de Barranquilla y los periódicos anunciaban que para su descarga se necesitaban hasta diez meses. El suministro de productos a Bogotá se suspendió y hubo un tiempo que era imposible encontrar una hoja de papel de carta en las tiendas. Los precios de todos los víveres se incrementaron increíblemente. La sociedad y la prensa empezaron a alarmarse.



Proyecto Discutido, Proyecto Archivado


Una firma alemana procuraba obtener una concesión para regular la corriente del río, pero le era imposible conseguirla. La causa consistía en que algunos departamentos no podían ponerse de acuerdo en este asunto, pues sus intereses eran diferentes. Aquéllos que estaban situados en el curso inferior del río y se abastecían desde la costa pacífica, especialmente los ricos departamentos de Antioquía y del Cauca, se oponían al proyecto. Ellos dependían relativamente poco de las condiciones de la navegación en el río Magdalena. Decían que los antioqueños calculaban aprovechar la desgracia del departamento donde estaba situada la capital para el desarrollo y el fortalecimiento de su hegemonía en el país. El mismo carácter de los colombianos que parte considerable heredaron el fanatismo de los moros y la resignación de los indígenas contribuyó a este estado de las cosas. Cuando la situación en el país empeoraba, se decía y se escribía mucho en la prensa. El proyecto se discutía acaloradamente, se pronunciaban discursos acusatorios contra los incapaces gobernantes. Pero cuando las aguas en el río Magdalena se elevaban en un pie, todo caía en el olvido la gente se tranquilizaba, los periódicos empezaban a escribir que la desgracia quedaba atrás, y que todo iba bien. Los proyectos se archivaban y se olvidaban.

Sin embargo este año la situación era demasiado peligrosa y la firma alemana obtuvo la ratificación de la concesión. Se suponía que dentro de unos años el río estaría en buenas condiciones.



"La Atenas Sur Americana" de los Contrastes


La línea férrea cuya extensión era de 122 kilómetros nos llevó desde Girardot, que está situada a una altura de apenas 340 metros, hasta la capital que se extendía al pie de la cordillera a una altura de 2645 metros. El viaje que duraba ocho horas empezaba en una candente y seca sabana con un promedio de 28°. Paulatinamente nos elevamos hasta los cafetales de la esperanza y después pasábamos por la zona de la palma de cera y de los helechos arborescentes. La estación del ferrocarril de la esperanza estaba llena de gran cantidad de flores y frutas tropicales de un modo pintoresco, como bananos, pina, anones, papayas, etc. Aquí a la altura de 1800 metros comenzaba a sentirse una agradable frescura y los pasajeros poco a poco se ponían primero sacos y luego abrigos o impermeables. Pronto nosotros entramos en la zona de la neblina y las lluvias. La atravesamos rápido y pasamos velozmente por la llanura. El sol brillaba de vez en cuando y hacía bastante fresco.

Bogotá, la capital de Colombia hasta el presente, tenía fama de llamarse la Atenas suramericana. Aquí estaban concentrados la aristocracia local, los intelectuales y las riquezas del país. En ninguna parte de Colombia se observan tan profundas y bien marcadas diferencias como aquí. De un lado había una muchedumbre educada a la europea y vestida a la última moda. Del otro lado se veían unos miserables indígenas y mestizos, descalzos o en el mejor de los casos en sandalias de cuero sostenidas por correas, vistiendo camisas cubiertas de sucias ruanas. Todos estaban medio hambrientos y con frecuencia medio borrachos a causa de la "chicha", una bebida alcohólica de maíz de la que ellos sacaban fuerzas y en la que encontraban la alegría del olvido.