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INDICE
Introducción
PROLOGO
Nota del traductor
I El Río Magdalena de Barranquilla a Bogotá
II Bogotá y sus alrededores
III Desde Bogotá hasta el Amazonas
IV Entre los Indígenas del Amazonas Colombiano
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Adios Bella Colombia
BOGOTÁ Y SUS ALREDEDORES
Para superar la distancia entre los 1000 kilómetros entre
Barranquilla y Bogotá necesitamos más de 40 días. Puede parecer
sorprendente que la única artería que unía la costa atlántica
colombiana con la capital estuviera en tan deplorable estado y que
este rico país no emprendiera medida alguna para mejorar la
situación. El estado del río Magdalena durante nuestro viaje era
realmente catastrófico. La apertura del periodo primaveral de la
navegación se demoraba debido a la insólita sequía en el país. Gran
cantidad de mercancía se acumulaba en los depósitos portuarios de
Barranquilla y los periódicos anunciaban que para su descarga se
necesitaban hasta diez meses. El suministro de productos a Bogotá
se suspendió y hubo un tiempo que era imposible encontrar una hoja
de papel de carta en las tiendas. Los precios de todos los víveres
se incrementaron increíblemente. La sociedad y la prensa empezaron
a alarmarse.
Proyecto Discutido, Proyecto Archivado
Una firma alemana procuraba obtener una concesión para regular la
corriente del río, pero le era imposible conseguirla. La causa
consistía en que algunos departamentos no podían ponerse de acuerdo
en este asunto, pues sus intereses eran diferentes. Aquéllos que
estaban situados en el curso inferior del río y se abastecían desde
la costa pacífica, especialmente los ricos departamentos de
Antioquía y del Cauca, se oponían al proyecto. Ellos dependían
relativamente poco de las condiciones de la navegación en el río
Magdalena. Decían que los antioqueños calculaban aprovechar la
desgracia del departamento donde estaba situada la capital para el
desarrollo y el fortalecimiento de su hegemonía en el país. El
mismo carácter de los colombianos que parte considerable heredaron
el fanatismo de los moros y la resignación de los indígenas
contribuyó a este estado de las cosas. Cuando la situación en el
país empeoraba, se decía y se escribía mucho en la prensa. El
proyecto se discutía acaloradamente, se pronunciaban discursos
acusatorios contra los incapaces gobernantes. Pero cuando las aguas
en el río Magdalena se elevaban en un pie, todo caía en el olvido
la gente se tranquilizaba, los periódicos empezaban a escribir que
la desgracia quedaba atrás, y que todo iba bien. Los proyectos se
archivaban y se olvidaban.
Sin embargo este año la situación era demasiado peligrosa y la
firma alemana obtuvo la ratificación de la concesión. Se suponía
que dentro de unos años el río estaría en buenas condiciones.
"La Atenas Sur Americana" de los Contrastes
La línea férrea cuya extensión era de 122 kilómetros nos llevó
desde Girardot, que está situada a una altura de apenas 340 metros,
hasta la capital que se extendía al pie de la cordillera a una
altura de 2645 metros. El viaje que duraba ocho horas empezaba en
una candente y seca sabana con un promedio de 28°. Paulatinamente
nos elevamos hasta los cafetales de la esperanza y después
pasábamos por la zona de la palma de cera y de los helechos
arborescentes. La estación del ferrocarril de la esperanza estaba
llena de gran cantidad de flores y frutas tropicales de un modo
pintoresco, como bananos, pina, anones, papayas, etc. Aquí a la
altura de 1800 metros comenzaba a sentirse una agradable frescura y
los pasajeros poco a poco se ponían primero sacos y luego abrigos o
impermeables. Pronto nosotros entramos en la zona de la neblina y
las lluvias. La atravesamos rápido y pasamos velozmente por la
llanura. El sol brillaba de vez en cuando y hacía bastante
fresco.
Bogotá, la capital de Colombia hasta el presente, tenía fama de
llamarse la Atenas suramericana. Aquí estaban concentrados la
aristocracia local, los intelectuales y las riquezas del país. En
ninguna parte de Colombia se observan tan profundas y bien marcadas
diferencias como aquí. De un lado había una muchedumbre educada a
la europea y vestida a la última moda. Del otro lado se veían unos
miserables indígenas y mestizos, descalzos o en el mejor de los
casos en sandalias de cuero sostenidas por correas, vistiendo
camisas cubiertas de sucias ruanas. Todos estaban medio hambrientos
y con frecuencia medio borrachos a causa de la
"chicha", una bebida alcohólica de maíz de la que
ellos sacaban fuerzas y en la que encontraban la alegría del
olvido.
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