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INDICE
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8. Mitos, leyendas y creencias
populares en Boyacá.
a. Los mitos folclóricos.
Un estudio sobre los
Mitos folclóricos nos presenta un
conjunto de creencias brotadas del fondo emocional, las cuales se
expresan en un juego de imágenes y de símbolos y se manifiestan
como una fuerza operante en la sociedad. El conocimiento de los
mitos equivale en algunos pueblos a llegar al secreto de origen de
las cosas y a la adquisición de un poder mágico sobre ellas,
gracias al cual se logra dominarlas, multiplicarlas o reproducirlas
a voluntad. El mito se presenta como una realidad viviente de la
que se cree, acaeció en los tiempos originarios, e influye
continuamente en el mundo y el destino de los hombres.
Los mitos boyacenses han sido transmitidos por tradición y
aparecen en nuestro presente como supervivencias del pasado.
Algunos son chibchas, con raíces milenarias muy profundas en
pueblos asiáticos y oceánicos. Otros son españoles, con profundas
raigambres europeas, traídos a estas tierras en los siglos del
coloniaje.
Uno de los aspectos que relaciona los mitos boyacenses con los
colombianos y latinoamericanos, es el sentido general en la
relación de
los dioses tutelares o personificaciones de las
fuerzas naturales que gobiernan la vida de los pueblos y los
campos. Todo objeto extraordinario en la naturaleza es supuesto
como poseedor de un núcleo o una esencia espiritual, la cual
desempeña un papel activo en la existencia de lo que rodea y
comprende a los hombres. Los dioses tutelares o mitos populares se
pueden presentar como enemigos temibles o grandes amigos de las
gentes.
Los campesinos boyacenses respetan profundamente los lagos, las
montañas y las rocas; ninguno habla de nadar en dichos lagos, y ni
siquiera de lavar allí sus ropas. Consideran que los
"espíritus" o los
"encantos" están vinculados a los
fenómenos físicos, los ríos, las montañas y las lagunas; inclusive
cuando pasan cerca de ésta, hacen la señal de la cruz. Algunos
campesinos boyacenses creen que los espíritus del agua no solo
viajan bajo la tierra, sino también toman fuerza humana y caminan
de un lugar a otro; piensan que los espíritus de la montaña son más
feroces en las horas nocturnas y mucho más los viernes de semana
santa.
Según los campesinos mestizos de las cercanías de la laguna de
Fúquene, el dios tutelar Fú se opuso a la construcción del
ferrocarril que el gobierno hizo entre Zipaquirá y Chiquinquirá.
Cuentan los campesinos que cuando la obra llegó a bordear la
laguna, los trabajadores tuvieron muchos problemas, pues de un día
para otro la obra aparecía destruída sistemáticamente. Pero como la
constancia de los trabajadores era Infatigable, cuentan los
campesinos, que un día con su paciencia ya agotada, el mito del
agua apareció ante los hombres en forma humana y. les dijo:
"Ustedes están invadiendo mi palacio", y en forma
amenazante desapareció: No sobra decir que los aterrados
trabajadores decidieron prudentemente trasladar el terraplén del
ferrocarril a otro lugar.
(43)
Cuando en abril de 1972 se desbordó la "Laguna
Negra" o del Carrizal, en el río Arcabuco cerca de Tunja,
y fué la causa de una gran inundación en toda la región, muchos
campesinos boyacenses creyeron en la ira de los espíritus de la
Laguna negra. Los campesinos creen que la laguna es un ser
sobrenatural cuyas dormidas pasiones suelen estallar súbitamente
con fuerza incontrastable: la laguna se lamenta, se encoleriza, se
envenena y toma venganza agitando con violencia sus aguas y
suscitando tremendas tempestades, o bien dejando salir de su seno
monstruos o "espíritus" malignos. Esta
supervivencia mítica tiene profundas raíces chibchas y está
relacionada con el
"Mito de Bachué", madre
del linaje humano, quien emergió de la laguna de Iguaque, se casó
con su hijo, pobló la tierra y volvió a la laguna. Por ello, los
chibchas fueron adoradores del agua, en un mito que se transmitió a
los campesinos boyacenses.
Otros mitos chibchas del Altiplano cundiboyacense son dignos de
mencionar: el mito sobre la creación del sol y la luna; los mitos
de Nemqueteba y Bochica; el mito del origen del Salto de
Tequendama, el mito de Chiminigagua o creador y otros.
En Boyacá encontramos gran diversidad en los mitos folclóricos,
la mayoría de los cuales son comunes en Colombia y en otras áreas
de Hispanoamérica. Entre ellos destacamos los siguientes:
La
Llorona, es un mito de los pueblos y los campos boyacenses que
se distingue por sus macabros plañidos, y según los campesinos
aparece como una mujer con largas vestiduras y rostro de calavera,
llevando en sus brazos un niño muerto.
El Cucacuy, es un mito del Valle de Tenza que se presenta
como un hombre fabuloso que sale desnudo por las noches a
calentarse en las parrillas. Lleva siempre en la mano un largo
bordón en cuya extremidad pende un calabazo que encierra varios
demonios. Silba de un modo especial en la uña del pulgar, para que
tal efecto se deje crecer; las gentes creen que se trata de un
varón no bautizado y que tiene pacto con el diablo.
Otros mitos campesinos se han registrado en Boyacá, como en
otras regiones de Colombia: El Jigura o patas, La Mancarita, el
gritón, el sombrerón, el patetarro, la patasola, el hojarasquín del
monte, la madremonte y otros seres míticos que recorren los campos
boyacenses, caminos, poblados y veredas. Algunos son el temor de
los caminantes en noches de oscuridad; vengativos, chanceros y
madrugadores; sobresaltan las doncellas, despistan los cazadores,
asustan a los campesinos que regresan a sus casas después de los
velorios y de los alumbrados. Los campesinos boyacenses creen en
sus mitos y en los lugares de los encantos; las gentes creen en
ellos "porque los hay, los hay".
Los mitos, en las ciudades están relacionados con los ESPANTOS.
Tunja ciudad colonial presenta diversos espantos mitológicos que
han llenado el terror de los tunjanos en muchos años. Señalamos
entre ellos: el farol de las Nieves, el espanto del Panóptico, el
perro de San Francisco, el espanto de la Fuente, el toque de las
ánimas y los espantos de dominicos y franciscanos en diversas casas
coloniales de la ciudad.
(44)
EL FAROL DE LAS NIEVES. Se trata de un espanto legendario
que aparece como un "farol" o bomba luminosa que
sale de la iglesia de las Nieves, a una altura de unos diez metros,
suspendido en el aire, con rumbo caprichoso, pero en dirección de
la plaza principal. Se detenía en algunas casas cercanas a la
catedral. Este espanto tiene relación con la famosa
"emparedada", una joven que recibió el castigo de
su padre por buscar un matrimonio a disgusto y a escondidas.
Conocedor el padre de este problema, salió con un farol en busca de
su hija por la calle que va a la catedral, y al no poder
convencerla, determinó emparedarla en una alacena que existía en
una de las piezas de la habitación. Con el tiempo surgió el farol
de luz amarillenta que recorría la ciudad y sus contornos.
EL ESPANTO DEL PANOPTICO es un espanto de la antigua
Penitenciaría de Tunja, en el antiguo convento de los Agustinos,
hoy en ruinas. Aparecía en los viernes santos y el 2 de noviembre
de los difuntos; las gentes veían salir de la antigua sacristía de
la iglesia, la extraña figura de un monje que se dirigía a lo largo
del corredor. Si alguien se interponía al monje, éste se le
avalanzaba y lo arrojaba al patio con violencia. Veían un fraile
vestido de negro con capucha y mangas anchas, con un cordón o cinto
al lado; al verlo encontraban una calavera bajo la capucha.
EL PERRO DE SAN FRANCISCO, se trata del espanto del perro
de piedra que existía en el antiguo convento de San Francisco, el
cual pasó posteriormente al Batallón Bolívar. Este perro era de
gran tamaño y se presenta sentado mirando hacia el muro oriental.
Los tunjanos creían que en horas avanzadas de la noche, se sentía
un extraordinario terror cerca del perro: escuchaban sus aullidos,
el arrastre de cadenas, ladridos terribles y ojos con fuertes
luces.
EL ESPANTO DE LA FUENTE, se trata de los quejidos y
cantos de lavanderas que los tunjanos escuchan en la Fuente
Grande.
EL TOQUE DE LAS ANIMAS en la iglesia de San Francisco,
aparece en la segunda mitad del siglo XIX después de regresar los
religiosos a sus conventos abandonados en los años de la
Radicalización. En dicho templo, cuando uno de los monjes iba a
hacer el "Toque de las Animas"al pasar por la
iglesia encontraba iluminado el altar y un sacerdote con casulla
roja dirigiéndose al altar y llevando en sus manos un vaso sagrado;
daba la sensación que esperaba un ayudante. Durante muchos años los
legos no iban al Toque de las Animas por miedo al espanto, hasta
cuando uno de ellos se atrevió a ir al altar y ayudarle al padre,
quien era un alma en pena y solicitaba de la comunidad franciscana
comulgara una vez por mes por su redención. Desde entonces se
volvió a escuchar el repicar de las campanas en el toque de las
Animas en San Francisco.
LOS ESPANTOS DE DOMINICOS Y FRANCISCANOS. En algunas
casonas coloniales de Tunja existen las consejas sobre las
apariciones de monjes. Ven monjes corriendo las piezas y
corredores; se detienen en determinados sitios y dan golpes, con
gran terror para quienes los escuchan. En algunos casos los
tunjanos veían monjes asomados en las ventanas; en otras
insistiendo para que los sacaran de penas y descubrieran los
tesoros ocultos.
LOS DUENDES. Un mito muy generalizado en Boyacá como en
muchos lugares de Latinoamérica es el de los Duendes. Son seres
míticos traviesos que aparecen en los campos, en los pueblos y
hasta en las ciudades, y son considerados como seres míticos
traviesos. En las minas los duendes aparecen entre los trabajadores
en formas de enanos con vistosos y llamativos trajes; arrojan
lluvias de piedras sobre los techos de las casas en donde quieren
cebarse; en los campos persiguen las mozas casaderas; se roban las
provisiones; abren las corralejas de los terneros, se ríen en los
cielos rasos y esconden las escobas. Los duendes gustan de las
casas viejas, correr baúles para asustar a los habitantes, etc.
Otros mitos que han sido estudiados son: la dama peluda, el
currucucú, el jinete negro, el ánima sola, la cabellona, la
viudita, la mula de tres patas, etc.
Como hemos podido apreciar, en los campos y poblados de Boyacá
existen infinidad de
"Mitos", que
conforman una mentalidad mítica colombiana. La imaginación
primitiva, desde hace milenios de años, creó una serie de deidades
y les dió forma corpórea visible y viviente, para explicarse así el
origen de las cosas y de los hombres. Así el hombre se siente parte
de la naturaleza y afirma su fraternidad con las especies animales
y sus relaciones con los astros, las plantas, etc.
Un aspecto que está relacionado con la mentalidad mítica del
boyacense es la importancia que da a la
manifestación de la
fuerza en los fenómenos naturales, humanos y animales. Las
gentes piensan que cualquier cosa que manifieste fuerza o relación
con lo trascendente es sacro y por consiguiente puede ser venerado.
Los astros, los mares, los ríos, los lagos, las montañas, animales,
plantas y fenómenos naturales, y aún los mismos hombres, pueden ser
mitificados, en cuanto revelan la fuerza o el espíritu que los
anima.
b. Las leyendas populares en
Boyacá.
Las leyendas populares se presentan como narraciones que tienen
un recuerdo histórico básico, complementado con la fantasía y
misterio de las gentes.
Algunas
leyendas son chibchas, a través de las cuales se
han tejido muchas consejas que superviven. Mencionamos entre ellas:
la leyenda de Hunzahúa, el fundador de Tunja indígena; la leyenda
de Goranchacha, los Cojínes del Zaque, la leyenda de Aquimín, y
otras.
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La Leyenda de Hunzahúa, está alrededor del fundador de la
legendaria Hunza. El Zaque Hunzahúa se enamoró de su hermana
Noncetá, y según las leyendas chibchas el incesto era prohibido. Al
tener conocimiento la cacica madre Faravita, quiso castigar a su
hija con la misma pala para revolver la chicha, pero la niña daba
vueltas en torno a la vasija con gran agilidad. En un arranque de
ira, Faravita lanzó la pala y rompió la olla; la chicha empezó a
regarse y de la misma tierra brotó agua aumentando así el líquido
amarillento, conformándose un gran pozo, que es el que hoy se llama
en Tunja
Pozo de Donato. Cuando Hunzahúa bajó de los cojínes
del zaque de la ceremonia al sol, encontró en su cercado la triste
realidad de su pecado y en los alrededores una muchedumbre que
protestaba contra el incestuoso. Esto decidió la fuga de los dos
hermanos y la "maldición" que desde el alto
conocido hoy como "San Lázaro", hiciera Hunzahúa
a su ciudad: "Serás estéril; nunca más flores ni árboles
verán tu suelo; tu tierra será desnuda y barrancos ay no tendrás
más compañero que el viento y el frío". Los hermanos
siguieron su viaje; tuvieron una cueva en Susa en donde nació
Bochica en el Salto del Tequendama; allí fueron convertidos en las
piedras al borde del abismo.
La Leyenda de Goranchacha el profeta. Goranchacha era
hijo del sol y de una doncella de Guachetá; al cumplir 24 años pasó
a Ramiriquí y Sogamoso en donde fué recibido como hijo del sol.
Recorrió las tierras chibchas recordando las enseñanzas de Bochica,
la obligación de adorar a los dioses, venerar a los caciques,
guardar la paz, etc. Cuando tuvo conocimiento del castigo brutal
que hizo el cacique de Ramiriquí a uno de sus súbditos, le dió
muerte, se apoderó del cacicazgo y se radicó en Hunza en donde
ejerció el primer gobierno dictatorial. Hizo edificar un templo al
sol con grandes piedras traídas de diversas regiones; este templo
se hizo en el lugar que hoy ocupa la Universidad en Tunja. Según la
tradición, Goranchacha profetizó la venida de una raza extraña, la
cual esclavizaría al pueblo chibcha por haber olvidado las
enseñanzas de Bochica.
Otras leyendas indígenas encontramos en Boyacá:
La leyenda de
Furatena en el territorio de los Muzos y las esmeraldas,
alrededor de los cerros que fueron adoratorio de los chibchas.
La leyenda de Huán en el templo de Iraca; la leyenda de
Azay, la leyenda de la princesa
Anachué, la leyenda
de
Tomaghata o el cacique Rabón, la leyenda de
Idacansás en Sogamoso; las leyendas de los
Laches y
de los
Boches hacia el norte de Boyacá y otras.
Otras leyendas populares de Boyacá surgieron en los siglos de
la Colonia alrededor de narraciones extraordinarias e
históricas en la antigua provincia de Tunja. Unas se presentan como
proyección de leyendas universales como es el caso del
Judío
Errante; otras surgieron de acontecimientos históricos que
hicieron impacto en el Nuevo Reino, como fué el caso de la famosa
Calle del Arbol alrededor de los crímenes de
Doña Inés de
Hinojosa.
La Leyenda del Judío Errante en Tunja aparece desde
finales del siglo XVI. Se trata de la visita que hizo
Ahseverús el judío de los tiempos de Jesucristo, quién según
la leyenda universal que se ha ubicado en muchos lugares del mundo,
gritó a Jesús en el camino del Calvario "anda",
cuando el nazareno quiso sentarse en una piedra. El Maestro le dijo
"Anda tú, anda hasta cuando yo vuelva, hasta el fin de los
tiempos". Y desde entonces anda por todo el mundo,
representando en su imagen la figura andante del pueblo judío.
En Tunja la leyenda del judío errante está en relación con la
escultura del judío de la Iglesia de Santo Domingo que sale en las
procesiones de Semana Santa; una escultura esculpida con la del
Nazareno en los mediados del siglo XVI en Tunja. Creían los
novicios del convento que el judío salía en las noches a
hurtadillas de su celda y recorría los claustros del convento y
robaba alimentos; creían asimismo que la estatua volvía
repentinamente la cabeza y clavaba miradas tenebrosas e infernales;
asimismo que lo encontraban sentado y llorando escondiendo la
frente entre los brazos. Cuenta la leyenda colonial que un viernes
santo el Padre Luis recibió la visita de un viajero, quien le
preguntó por la estatua del judío de Santo Domingo. El viajero y la
estatua vestían de la misma manera y entablaron un diálogo de
reconocimiento en el cual el viajero resultó ser
Ahseverús
el judío errante, quién siguió su camino con paso lento y cansado
hasta la consumación de los siglos.
(46)
La Leyenda de Doña Inés de Hinojosa (O Manrique), aparece
desde 1571 en la presidencia del Nuevo Reino realizada por Andrés
Díaz Venero de Leiva. Doña Inés de Hinojosa era una venezolana
ardiente y apasionada que está envuelta en el uxoricidio de sus dos
esposos. El primero don Pedro de Avila fué asesinado en Carora
(Venezuela) en confabulación con su amante Jorge Voto, profesor de
música y baile. Los amantes se localizaron definitivamente en
Tunja, en donde de nuevo la apasionada Doña Inés se prendó de don
Pedro Bravo de Rivera, con quien planeó el asesinato de su segundo
esposo.
El asesinato de Jorge Voto fué un escándalo general en el Nuevo
Reino, el cual hizo trasladar a Tunja al Presidente Venero de
Leiva. Los autores del asesinato surgieron en la investigación: uno
intelectual, Doña Inés y tres de hecho, Pedro Bravo de Rivera,
Hernán Bravo y Pedro de Hungría. Doña Inés fué ahorcada pendiente
de un frondoso arrayán, en la que desde entonces se llamó en Tunja
la "Calle del Arbol"; Pedro de Rivera y Hernán
Bravo fueron, degollado el primero, y ahorcado en la picota él
segundo. Esta narración fue relacionada por el cronista Juan
Rodríguez Freyle en su obra "El Carnero", y
aparece como leyenda en Tunja en la famosa
"Calle del
Arbol".
(47)
c. Las Creencias y supersticiones
populares en Boyacá.
Las creencias populares nos indican las actitudes de compromiso
de las gentes ante determinados hechos concretos que se consideran
dignos de una aceptación verdadera. Las creencias crean una actitud
mental que sirven de base a la acción voluntaria y lleva a los
individuos a una actuación enérgica. No importa tanto la imagen
externa que se percibe, sino la convicción en la veracidad de
determinados hechos concretos, los cuales son alimentados por
mediquillos, curanderos, parteras, brujos y gentes en general que
colaboran en hacer supervivientes aquellas expresiones del pasado
que se presentan como "creencias populares"
legadas de los antepasados.
Los Chibchas de Boyacá eran sumamente
supersticiosos; en
la misma forma que los españoles. El Oidor Juan de Valcárcel en un
informe que envió al Rey de España Felipe IV expresó sus conceptos
sobre las gentes de la provincia de Tunja:
-
- "Si por la mañana oyen cantar la guacamaya o
papagayo,
- se pronostican adversidades aquel día. Si arrulla la
- tórtola encima de alguna casa, toman indicio de muerte
- de alguna de ella. Si de noche ven u oyen alguna zorra,
- anuncian mortalidad de muchos. Si canta el pájaro
- valdivia donde hay enfermo, los indios tunjanos tienen por
- infalible su muerte. Si entra culebra en alguna casa,
- da por muerte al dueño de ella".
Comentó asimismo Valcárcel que en Tunja en la Noche de San Juan
los campesinos barrían la casa, quemaban la basura y con ceniza
ensuciaban al niño más pequeño; al amanecer lo llevan a lavaren la
fuente o quebrada más cercana.
(48)
Los brujos en Boyacá tenían el nombre de
cucacuyes en la
colonia. Muchos campesinos boyacenses acudían en sus necesidades de
enfermedad, muerte o hambre al jeque o brujo, quien ayunaba
rigurosamente, comiendo únicamente un poco de ají y tomando por las
narices la hoja o fruto de un árbol que llamaban
"yopa", con el cual se desvanecían y
respondían como oráculo a lo que se les preguntaba. En Oicatá los
indios guardaban ídolos de piedra para sus ceremonias religiosas.
En Onzaga cuentan los españoles que los campesinos adoraban un
hueso de un mohán, debajo del cual colocaban en Santo Crucifijo.
Creían los campesinos que adorando el hueso y el Santo Cristo
tendrían salud y buena cosecha.
En el municipio de Chita cuentan que los campesinos,
descendientes de los indios laches acostumbraban un juego llamado
"moma", en el cual los indios salían
desnudos, cubriendo solo el sexo. Antes de ir al juego, los indios
ayunaban y hacían sacrificios a sus ídolos incensándolos con una
fruta de fuerte olor llamada
"moche" y
ofrecían plumas de guacamayos y otros pájaros. En el juego los
indios peleaban sin armas y con la mano solamente hiriéndose
fuertemente procurando rendir uno al otro. Después de este juego
ceremonial, consultaban al jeque, quién en premio al vencedor daba
la mujer del vencido.
Venero inagotable de supersticiones y creencias nos trajeron los
españoles, a pesar de sus quemaderos de la "Santa
Inquisición". Ellos trajeron a Boyacá las creencias en las
"brujas", profesión muy socorrida y muy
frecuente en la colonia; recordamos la célebre bruja Juana García,
que parece ser la antoñona de las brujas colombianas; de ella
tomaron ejemplo las que surgieron en Tunja, Cartagena, Popayán,
Santafé y otras ciudades. Desde un principio las brujas conformaron
su profesión de muy variada forma: Unas se dedicaron a los
maleficios, como el
mal del ojo; otras a los enyerbamientos,
y a dar la "dulce toma" y la
"tonga", aun superviviente en algunas veredas
boyacenses. Otras se dedicaron al negocio del amor, al manipuleo de
las cartas y al "quereme" de las bebidas con
unturas y soplos. Otras se dedicaron a la venta de oraciones para
triunfar sobre el amor y sobre los enemigos;
oraciones para
encontrar tesoros ocultos; contra maleficios, enyerbamientos o
tomas; para quienes salen de viaje; para
"maliar" a los cristianos poniendoles
coto, carate, alimañas en el estómago de sus víctimas, etc.
Estas creencias y supersticiones que trajeron los españoles se
mezclaron con las chibchas y las encontramos entre los actuales
campesinos boyacenses. Las enfermedades son atribuídas por lo
general a brujerías y maleficios; el enflaquecimiento lo atribuyen
los campesinos boyacenses a la bebida que sin duda alguna les
dieron, mezclada con tierra del cementerio o pedazos molidos de un
difunto disecado o parte de huesos de difunto.
Algunos campesinos creen en el maleficio para las personas
rezándole a un muñeco con el nombre de quién deba enfermar.
Utilizan el
credo al revés y numerosas oraciones que se han
transmitido por tradición; toman un puñal y hieren repetidas veces
al muñeco, el cual generalmente está hecho con los tallos de
plátano. En algunas ocasiones, cuando se conoce la bruja que hizo
el maleficio, le pagan fuertes sumas para que deshaga el hechizo.
Esto es lo que se llama generalmente
"rezar a una
persona" y
"hacerle
malejicio". Algunos creen que con los maleficios se
introducen gatos en el estómago, u otros animales como el sapo.
Las curanderas hacen el diagnóstico de las enfermedades y
determinan si presentan maleficios. En algunos casos lo fuman con
tabaco arrojando el humo sobre la cabeza del paciente y aplican
tabaco masticado en diversas partes del cuerpo, acompañando todo
esto con sus rezos. Una curandera de Soracá dicen los campesinos,
curó una niña ciega echándole en los ojos tabaco masticado, con
zumo de yerbabuena y tres pepitas de salvia.
Numerosas creencias encontramos entre los campesinos boyacenses
que influyen en muchos aspectos de su vida. La luna tiene para el
campesino grandes poderes sobrenaturales, tanto sobre los seres
humanos, como animales y plantas; la locura y el reumatismo
empeoran en la luna nueva; los bueyes recientemente castrados son
colocados bajo techo de noche, pues de lo contrario los rayos de la
luna infectarán sus heridas.
Para el campesino boyacense el
"canto de la
mirla" es presagio de lluvia inminente; mientras que
el canto y el vuelo del copetón es signo de que la lluvia va a
cesar. Cuando las plantas de papa y arveja tienden a cerrar sus
hojas, y a señalar hacia arriba, también se interpreta como señal
de que la lluvia viene.
Entre los campesinos boyacenses existe la creencia en las
cabañuelas, una costumbre muy europea, según las cuales los doce
primeros días de enero son indicaciones sobre el clima en los doce
meses venideros. Así, si llueve en el segundo día de enero, se
espera que febrero sea un mes de lluvias, y sucesivamente los demás
días representan en orden sus respectivos meses.
Las fases de la luna reciben también especial importancia
para la siembra de ciertas semillas y para la cosecha de otras. En
algunos campos colocan cruces para asegurarse que tendrán buenas
cosechas, en especial en mayo en la fiesta de la Santa Cruz.
Entre los campesinos boyacenses existen las
"contras" o talismanes para el "mal de
ojo". Pueden ser monedas antiguas o perforadas, pulseras
de alambre o cobre, corales, azabaches, ópalos, piedras de río,
etc.
Los campesinos hablan con frecuencia de los
entierros;
muchos creen que las almas que escondieron sus joyas y dinero
aparecen de vez en cuando como luces verdosas encendidas con
esperanza de revelar el lugar del entierro. Se cree que tales
espíritus no descansan en paz mientras sus tesoros no sean
descubiertos. Creen también que cuando encuentran los entierros, el
aire encerrado que se escapa cuando los cofres son desenterrados,
mata a los seres humanos; así dicen
"lo flechó la
plata".
Algunas creencias folclóricas encontramos en la vida familiar de
nuestros campesinos. En el embarazo, los antojos de la mujer deber
ser complacidos si no se quiere que el niño tenga defectos cuando
nazca;
las comadronas o parteras son las que ayudan
generalmente en el parto.
Las creencias sobre la
MEDICINA POPULAR y la
herbología son la base fundamental para las curaciones. Los
campesinos boyacenses creen con fervor en los
yerbateros,
curanderos y mediquillos. Un tipo popular es la
"medicina mágica" con la cual se busca el
origen de la enfermedad y se señalan lugares que transmiten
enfermedades; en Boyacá los nacimientos de agua y las lagunas
pueden llevar graves enfermedades; otras enfermedades surgen de los
hechizos o maleficios; otras como hidropesía, surgen de algunos
animales cuyas secreciones constituyen el agua que se extrae del
individuo enfermo. El asma se atribuye al pelo de los gatos; la
lepra se origina cuando se toma un baño mientras se está sudando;
la fiebre es siempre señal de enfermedad caliente.
(49)
La medicina popular tradicional presenta una gran
difusión en Boyacá; se relaciona con el
curanderismo y el
yerbaterismo que tienen hondas raigambres indígenas y españolas.
Algunas plantas fueron utilizadas por los chibchas para sus
enfermedades señalando entre ellas: el yantén para las afecciones
del riñón y el mal de ojo; el limoncillo como vomitivo; el guaco
para las enfermedades femeninas; la albahaca para matar gusanos
producidos por las moscas en cualquier parte del cuerpo; el sen
como sudorífico, etc.
Las coplas populares de Boyacá nos indican las costumbres
medicinales de los campesinos. Para las enfermedades del hígado las
gentes creen en el sen, llantén y la chireta, como así nos lo
expresa esta copla boyacense:
-
- dále "chireta" y
"llantén".
Contra la bronquitis y la tos los boyacenses acostumbran
"el malvisco" en bebidas calientes; asimismo es
importante la flor de cerezo. Dice la copla:
-
- "Malvisco y flor de cerezo
- al pecho se entra el "malvisco"
- y a los pulmones la flor".
Para los enfriamientos los campesinos acostumbran el sudor de
"toronjil", así dice la copla:
-
- "Si tás malita y te mojan
- estas llovisnas de abril,
- que te den entre la cama,
Para los dolores de muelas acostumbran la
"chicoria", leche, linaza y limón, como dice la
copla:
-
- "Cuando te duelan las muelas
- hacé buches de "chicoria"
Para los dolores de estómago acostumbran la raíz de manzanilla y
las hojas de yerbabuena; para la fiebre, usan la verbena; para los
cálculos en el hígado las almendras de níspero.
Las llagas son cubiertas con pedazos de calabazo o
"totuma" que aseguran con fique en la pierna
enferma; aconsejan el zumo del zaúco. Para el corazón recomiendan
la mata de perejil; para los riñones el agua de la cerraja; para la
indigestión el ají chiquito y el tabaco, y así para cada una de las
enfermedades.
Estas muchas creencias, supersticiones y formas diversas de la
medicina popular encontramos entre los campesinos boyacenses; unas
de origen chibcha y otras de origen español, modificadas muchas de
ellas de acuerdo con el tiempo y las circunstancias.
|
(43)
|
Orlando Fals Borda,
"CAMPESINOS DE LOS ANDES", op. cit. P. 234
-
235.
|
|
(44)
|
Ramón C. Correa, "HISTORIA
DE TUNJA", Tomo II, op. cit.
|
|
(45)
|
Sobre las
leyendas en Boyacá, consúltense las siguientes obras:
Julio Roberto
Galindo, "BOYACÁ EN LA LEYENDA INDIGENA "(Tunja),
Impr. Departamental, 1965; Jesús A rango Cano, "MITOS,
LEYENDAS Y DIOSES CHIBCHAS'; Bogotá,
Plaza y Janés,
1976; Max López Guevara, "LEYENDAS INDIGENAS",
Tunja, U.P. T. C.
Elvira
Sarmiento de Quiñones, "LEYENDAS DE LOS BOCHES",
Tunja, Imprenta Dptal, 1939.
|
|
(46)
|
Rosa María Otálora de Corsi,
"AMBIENTE TUNJANO". op. cit.
|
|
(47)
|
Rubio y Briceño "TUNJA
DESDE SU FUNDAClON HASTA NUESTROS DIAS", op. cit., p.
103.
|
|
(48)
|
Ulises Rojas, "COSTUMBRES,
RITOS Y AGUEROS DE LOS INDIOS DE LA PROVINCIA DE TUNJA"
En: "Repertorio Boyacense" (Tunja), Nos. 227 -
228 (1963), P. 227- 228.
|
|
(49)
|
Sobre la medicina
popular en Boyacá, consúltense los estudios:
Octavio
Quiñones Pardo, "BOTIQUIN FOLCLORICO DE BOYACA"
En: "Revista de Folklore" (Bogotá), No. 2 (1947),
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Virginia Gutiérrez
de Pineda, "LA MEDICINA POPULAR EN COLOMBIA"
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