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7. Las romerías y el folclor religioso en Boyacá.

 

d. El folclor Funerario: la muerte y el entierro entre los campesinos boyacenses.

 

Muy ligado al folclor religioso se encuentran las costumbres funerarias, en una región que presenta caracteres esencialmente religiosos en sus actitudes, como es Boyacá. En esencia, los patrones socio-religiosos para enfrentar la muerte se derivan de los dogmas católicos, y en las costumbres encontramos supervivencias hispánicas y chibchas.

Por las costumbres funerarias aún sobrevivientes entre los campesinos TUATES, localizados cerca de Tutasá y al Norte de Belén de Cerinza, podemos reconocer supervivencias chibchas y españolas en sincretismo. Los tuatés acostumbraban las plañilleras en los entierros; son éstas, tres o cuatro lloronas que generalmente son ancianas dedicadas al oficio de llorar y pregonar en alta voz y en forma continua las cualidades y virtudes de los difuntos. Es muy curioso que a muchos cadáveres antes de llevarlos a la iglesia de Belén, acostumbraban participarles sus bebetas de las tiendas, abriéndoles con un palo las rígidas mandíbulas y echándoles chicha en la boca. Después de la ceremonia en la iglesia de Belén de Cerinza conducen el cadáver entre lloros y lamentos formando un vocerío espantoso. Al llegar a la tumba, por orden del parentesco van chorreando sobre el féretro las velas y espermas que llevan encendidas hasta cubrirlo completamente con una capa blanca; luego lo descienden al hoyo y el pariente más próximo y quienes le siguen, le echan encima puñadas de tierra, y a cada una que lanzan, van recomendando el alma del muerto a los parientes difuntos y enviando saludos a los ya desaparecidos, hasta cubrir de tierra el cajón; luego lo tapan rápidamente lanzandole con las palas de tierra y piedra hasta formar un túmulo sobre el sepulcro. Al cementerio llevan también vasijas con chicha que reparten entre los concurrentes. Terminado el entierro, entre sollozos y buenas ausencias del difunto, vuelven a las tiendas en donde se embriagan. (39)

Existen algunas supersticiones sobre la proximidad de la muerte en las familias: el canto del "currucuy" en el tejado de la casa, el zumbido de una mosca sobre el enfermo, mariposa negra y el canto de una lechuza. Muchos creen que la muerte por enfermedades son producto de maleficios o brujerías; aun cuando no piensan lo mismo con las originadas por vejez o golpes mortales.

En algunas veredas de Santa Rosa de Viterbo las gentes compran su cajón para el entierro con mucha anticipación, y generalmente lo colocan en una de las vigas del zarzo; en la misma forma compran los cirios para el velorio.

Existe la costumbre de quitar el cadáver inmediatamente del lecho de muerte para que el alma no pene, y colocarlo en el centro de la habitación Lo colocan en un cajón o ataúd, o en una "Barbacoa" hecha de madera, cañas y cuerda para conducir el cadáver al cementerio. Creen que en la habitación en donde expiró se debe colocar un vaso de agua y una luz durante las nueve noches porque en ese tiempo el alma viene a beber. La luz sirve para que el alma vea en donde está el agua (40) Durante las nueve noches no se debe hablar del muerto porque ésto lo haría penar en la otra vida.

Una de las costumbres funerarias más típicas, es la gran comida para los asistentes al "velorio"; en especial el "mute", la gallina y la carne de cerdo, acompañados de guarapo para retener a los visitantes.

Si el individuo murió asesinado le atan los pies para que el asesino no huya y más bien se devuelva; si llueve el día de muerte, es probable que el finado esté en el purgatorio o en el infierno; si hace buen día es seguro que ella goza de la bienaventuranza. (41) En el velorio rezan las letanías con recuerdos para los difuntos parientes y amigos.

Cuando llevan el cadáver al pueblo van repartiendo guarapo entre los asistentes; asimismo reparten bollos, longanizas, arepas, mazorcas, carnes, etc. Después de la ceremonia religiosa y ya en el cementerio destapan el cadáver y los concurrentes deben acercarse a mirarlo por última vez lanzando los parientes gritos lastimeros. Por último cada uno arroja puñados de tierra sobre el cajón con nuevas lamentaciones.

Consuelan su pena comiendo y bebiendo; si el finado es pobre, la cena se prepara con los obsequios que traen los visitantes. Al regresar a la casa, hacen un mamarracho en figura humana para que imite al cadáver, con cabellera, brazos, piernas; los pies van cubiertos con alpargatas. Este mamarracho se coloca en la estera en donde estaba el cadáver y junto a él el vaso con agua y luz en donde el difunto beberá durante las nueve noches.

Entre los campesinos boyacenses, la muerte de los niños constituye una verdadera fiesta social; hacen el llamado entierro de los "ANGELITOS". El cadáver del niño lo visten de angelito con alas doradas, o plateadas, corona, zapaticos y algunas estrellitas para salpicarle el vestido. Así arreglado lo colocan en una mesa en el centro de la sala y lo rodean de flores. A continuación empieza el baile con música de los conjuntos campesinos con tambores, capadores, tiples, flautas de caña, dulzainas, churruscos, chirimías y otros. Echan pólvora para que venga la gente, cantan y bailan con inusitada alegría. Creen que si hay bastante concurrencia, el niño sonríe, pero que se entristece a medida que haya menos acompañantes. Los padres del niño no deben mostrarse tristes, porque ello quitaría la gloria eterna. Durante las nueve noches nadie debe dejarse tocar de la madre del niño o de quien lo amortajó, porque perdería sus animales o su cosecha aquél quien lo tocare. Si las mujeres se dejan tocar, dañarán su cabellera.

Al tercer o cuarto día de la defunción, "el angelito" es llevado al poblado vecino en medio de una verdadera procesión; él va muy alto en el extremo de un palo rematado en tres divisiones y acompañado por gran concurrencia, música, pólvora y gritos de alegría; al llegar al pueblo es recibido con repique de campanas, y se hace la ceremonia religiosa. (42) Esta costumbre de los "angelitos" es típicamente española y transculturada a Boyacá.

 

Parte 1

 

Chatica Linda

 

(39) Ulises Rojas, "COSTUMBRES DE LOS INDIOS TUATES" En: "Repertorio Boyacense" (Tunja), Nos. 140 - 143 (Marzo - Julio 1963) PP. 1467- 1474.
(40) Rosa María Otálora de Corsi, "DATOS FOLKLORICOS SOBRE LA MUERTE Y EL ENTIERRO ENTRE NUESTROS CAMPESINOS". En: "Repertorio Boyacense" (Tunja), Nos. 161 - 162 (1951), PP. 2399 - 2406.
(41) IBIDEM, pgs. 2403 y 2404.
(42) IBIDEM, pgs. 2405 - 2406.

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