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INDICE
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4. El folclor cotidiano
boyacense.
a. El Traje típico del
boyacense
La indumentaria popular es uno de los elementos folclóricos en
donde podemos analizar las supervivencias de larga duración en el
pueblo boyacense, y las diversas influencias sociales, históricas,
económicas y geográficas.
El origen del traje típico del Altiplano boyacense lo remontamos
a la época inicial de la transculturación hispano-chibcha, con las
innovaciones que posteriormente se le hicieron.
El español encontró en el Altiplano boyacense un habitante que
acostumbraba un vestido adaptado al frío de la meseta
cundiboyacense, y con caracteres que reflejaban posición social y
diferenciación de sexo.
Los Chibchas cubrían el cuerpo con
faldas de telas de algodón listado y de muchos colores, las cuales
ajustaban a la cintura con el "chumbe o cinturón tejido en
lanas y algodón de vistosos colores; esta especie de aruaco lo
usaban los hombres hasta la rodilla y las mujeres hasta el
tobillo.
Las mujeres chibchas usaban una manta cuadrada llamada
"chircate", ceñida a la cintura con la
faja "chumbe" y sobre los hombros una pequeña
manta llamada
"líquira" prendida en los
pechos con un alfiler grande de oro o plata, que tenía en la cabeza
un cascabel que llamaban
"topo". En la
cabeza llevaban las mujeres la
Llilla o mantilla rectangular
que replegaban sobre la nuca y ajustaban con el
"topo" o largo alfiler. Los hombres chibchas
llevaban un largo poncho de lana que les llegaba hasta las corvas,
para protegerse del frío.
La mayoría de la población chibcha del Altiplano lucía los pies
descalzos; sin embargo los caciques y gentes de mayor rango social
calzaban la
"hushuta" o suela de cuero
fijada al calcañar por cordones también de cuero, los cuales
pasaban por entre los dedos.
Los conquistadores españoles que penetraron a Boyacá en el siglo
XVI trajeron cotas de malla y corazas. Los soldados de la hueste
indiana vestían las llamadas
"normandas" o
túnicas de cuero o gamuza, acolchonadas y reforzadas con grandes
cabezas de clavos. En el siglo XVII los tunjanos usaban juboncillo
ajustado, pantalón corto de seda o terciopelo oscuro con
acuchillados blancos, y medias de seda o lana, capucha con borla y
gorra, hecha de la misma tela que el vestido. Las mujeres españolas
utilizaban amplias sayas, faldas de vuelo completo, a menudo con
pliegues, enaguas y refajos; usaban los delantales, jubón o corpiño
de encajes y los chales; se cubrían la cabeza con mantones de lana
para protegerse del frío, o también las mantillas de encaje.
Los vestidos españoles y chibchas de los siglos del coloniaje,
con las influencias de las modas francesas introducidas en la época
de los Borbones (Siglo XVIII) y otras influencias europeas en el
siglo XIX, fueron conformando un traje típico boyacense que se
popularizó, y es el que hoy conocemos generalmente en el campesino
boyacense.
¿Qué viste el hombre campesino boyacense?. Pantalón de dril,
camisa de tela de algodón, alpargates, sombrero de tapia pisada y
ruana de lana; en algunos casos la montera de lana.
El pantalón fué adaptado a los descendientes chibchas
desde el siglo XVII, pues hasta dicho siglo parece que usaron los
chircates. En el siglo XIX los campesinos boyacenses aparecen con
pantalones anchos y sueltos, con un largo variable de la rodilla al
tobillo; fué solo a mediados del siglo XIX cuando los pantalones de
nuestro campesino se volvieron largos y estrechos, casi pegados a
la piel. A finales del siglo XIX aparecen los pantalones masculinos
en forma de campana, con la boca del pantalón más ancha que la
manga. En la primera mitad del siglo XX, el pantalón del boyacense
de
"manta Samacá" era angosto y ajustado a
la pierna, e iba generalmente un poco arriba del tobillo. Los
campesinos de mayor recurso, utilizaban el
"pañete" con un tejido más fino de algodón
delgado y con dibujos parecidos a los del paño extranjero. Para las
fiestas los campesinos ricos usaban saco o chaqueta de pañete o de
manta "samacá".
La camisa del campesino boyacense es generalmente de tela
de algodón. En la primera mitad del siglo XX era generalmente de
género, al cual llamaban
"diagonal",
producido también en Samacá. Acostumbraban una camisa sin cuello, o
lo que hoy podría llamarse "estilo Mao"; algunos
utilizaban un pañuelo en el cuello, el cual llevaba las puntas en
equis, tomado de los extremos generalmente con un resorte que
pasaba por la espalda; este pañuelo era de mediana distinción, y
asimismo una especie de adorno.
Otro elemento fundamental en el traje típico boyacense es la
ruana. Tiene ascendencia en los largos ponchos chibchas y en
el capote español. Según el cronista Antonio Herrera, el rasgado de
la manta para colocarla al cuello, era considerada por los chibchas
como gran infamia. Parece que la ruana como la usa el campesino
boyacense es una imitación del "poncho" que
introdujeron los yanaconas durante el coloniaje español en las
tierras de la provincia de Tunja, y muy semejante a los ponchos de
los indígenas mapuche-huilliche de Chile. El historiador colonial
Basilio Vicente de Oviedo nos dice que en siglo XVIII, la
elaboración de ruanas constituyó una fuente industrial muy rica en
la provincia de Tunja; ruanas en general hechas en tonos oscuros y
relativamente pequeñas. El Virrey Espeleta prohibió a los artesanos
del Nuevo Reino, usar las ruanas, por considerarlas concentradoras
de suciedad personal; sin embargo se siguieron utilizando hasta
convertirse en uno de los elementos indispensables en el traje
típico regional boyacense.
El sombrero del campesino boyacense es de
tapia
pisada hecho de trencilla de "palmiche" y
fibras de palma de ramo o fique. También se acostumbra en algunos
lugares del Centro y Valle de Tenza el
sombrero de caña. En
los primeros años del siglo XX, el campesino rico utilizó el
sombrero jipa, traído del occidente y sur del país; era el
que lucía en las romerías y días festivos; el jipa lo cambió
posteriormente por el
sombrero de fieltro, el cual se ha
generalizado mucho en el campesino actual.
Las alpargatas que usaban los campesinos boyacenses
fueron introducidas por los españoles y en sus raigambres
históricas parecen que son de origen árabe, con amplio uso en
Valencia en la época medieval (La voz arábiga
"albargat" dió origen a la palabra albarca y
alpargata); también aparece con los nombres de cotiza, quimba y
ojota. Las primeras mujeres españolas que llegaron al Altiplano
utilizaron las alpargatas, inicialmente hechas de algodón y luego
de fique; el campesino boyacense fué muy lento en adoptar las
alpargatas españolas; los indígenas y en general los campesinos
durante muchos siglos fueron descalzos como sus ascendientes
chibchas. El alpargate que usa el campesino actualmente es de fique
con capellada de algodón; va atado del talón hacia adelante con un
cordón de lana, de preferencia negra.
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El complemento del traje típico del campesino boyacense era el
"bordón" o un
"bolillo" de ayuelo o guayacán, que
generalmente terminaba en "recatón" con una punta
de hierro. Generalmente utilizaba el bordón como arma de defensa,
pues el machete casi nunca se usaba, aun cuando sí lo era el
cuchillo.
¿Y cuál es el traje típico de la mujer boyacense?. La
mujer boyacense de los campos viste
una falda de tela de
algodón, con amplios vuelos y adornada en la parte inferior con
dibujos y aplicaciones de variados colores; blusa de algodón con
bordados, pañolón o mantellina, sombrero de caña o tapia pisada;
alpargates blancos, atados con galón negro. La campesina
Boyacense acomodada acostumbraba una indumentaria con gran calidad
en las telas y finos adornos: paño de Castilla, Cachemira o
frisa.
Las españolas que llegaron en el siglo XVI usaban
faldas
que caían hasta los tobillos; las mujeres chibchas que usaban los
chircates, se fueron acostumbrando al traje de las faldas. Esta
supervivencia española no ha sufrido muchos cambios; así las faldas
de las campesinas boyacenses, recuerdan las españolas del siglo
XVIII. La falda de la campesina es generalmente de frisa o de tela
ordinaria, que hasta hace poco tiempo era fabricado por las mismas
campesinas en telares antiguos caseros, y las teñían con añil. La
falda generalmente es negra y va casi hasta el tobillo; en la
jareta que va en la cintura, hasta hace poco tiempo colocaban un
cordón, hecho generalmente de cabello, el cual iba dentro de la
jareta y con él ataban fuertemente la cintura. En la parte baja de
la falda llevaban cintas con colores vistosos; generalmente eran
extravagantes colores y pliegues gruesos para las campesinas
quinceañeras. Las campesinas elegantes utilizaban paño muy fino o
terciopelo para sus faldas, las cuales son bordadas generalmente a
mano y son sumamente costosas y elegantes; algunas son de seda muy
brillante.
Hasta hace algunos años las campesinas gustaban dejar ver los
bordados que penden de su falda interior, para lo cual la enrollan
en la cintura de tal modo que a trechos desiguales queden unas
partes más largas que la falda exterior y luzcan así, coquetones
los blancos encajes que en partes se ocultan afanosos para luego
volver asomarse tímida y disimuladamente. Una serie de enaguas
blancas y rojas llevaban las campesinas, las cuales mostraban
cuando se agachaban. El número de enaguas daba la posición social
de la campesina boyacense; era un verdadero lujo utilizar hasta
ocho y diez enaguas.
La blusa de la campesina boyacense generalmente es blanca. Las
señoras utilizan colores serios y pocos adornos; pero las muchachas
utilizan una pechera bordada con "abalorios",
canutillos de vidrio, lentejuelas, pepitas, perlitas y otros,
formando diversas figuras. La quinceañera lleva blusas con muchos
adornos y colores entremezclados con gran diversidad de telas y
tramas que se agolpan sobre hombros, puños y mangas. Sobre la
blusa, llevan los collares, que generalmente son negros de azabache
para las señoras y con abalorios para las muchachas; en el Valle de
Tenza utilizaban collares tejidos con cerda de colores.
El pañolón que usa la campesina boyacense esotra de las
proyecciones del traje español femenino, la mantilla; aun cuando
las mujeres chibchas estaban acostumbradas a la
"líquira", especie de pieza pequeña de
algodón que se echaban alrededor del cuello y sobre los hombros,
asegurándola con un alfiler o topo. En la época colonial, las
mantillas de colores, solamente eran permitidas para las mujeres
españolas o criollas; las mantillas negras se fueron acostumbrando
para los sectores inferiores. Las
"mantellinas" o mantos grandes que daban
hasta más abajo de la cintura, y generalmente negras se usaron
hasta mediados del siglo XX; para andar en la calle, la mantellina
iba desde el cuello, y en la iglesia desde la cabeza; esto era lo
que llamaban, estar
"cobijada". En la
década de los Treinta aparece con generalidad
"el
pañolón" de color negro con bordados característicos y
flecos distribuidos. En el pañolón existen diferencias de acuerdo
con la posición social: el de la campesina pobre es de paño con
flecos largos de seda; las campesinas ricas usan el pañolón negro
de seda y finamente bordados. Son dignos de mención los pañolones
bordados a mano que hacen las campesinas de Guayatá, Jericó y
Sativanorte, muy popularizados en Boyacá.
La campesina boyacense utiliza también el
sombrero de caña,
de tapia pisada, de jipa o de
fieltro últimamente. El
sombrero de caña se ha utilizado con "barbuquejo"
que es una cinta que ata el sombrero desde la parte superior, baja
las mejillas y se ata en el mentón; en las muchachas era de cinta
de color y en las señoras, cinta negra. Utilizan zarcillos muy
vistosos; las muchachas con diversas figuras y las señoras en forma
de candado. Utilizan él cabello trenzado, y en el extremo de las
trenzas, van las cintas rojas generalmente, o de otros colores.
Las mujeres utilizaban también las alpargatas, las cuales eran
muy lujosas para las campesinas ricas. Eran los llamados
"alpargates Soatá" de fique con suela en trenza
muy delgada y con capellada embotada y dibujada en el tejido;
generalmente son muy elegantes. Las campesinas en general utilizan
alpargates blancos, atados con cintas negras de lana tejida que
llaman "galones". Encima se hacen unos nudos a
veces muy grandes de diversas vueltas, imitando una rosa que hace
un adorno sobre el pie.
En algunas zonas de intenso frío, como en la laguna de Tota, los
campesinos acostumbran
"Las monteras",
unos gorros de lana que bajan hasta el cuello. Las campesinas
acostumbran llevar un canasto pequeño bajo del brazo; es un adorno
y un elemento vital para llevar sus compras y elementos
personales.
Con el traje folclórico que hemos descrito, podemos ver grupos
de campesinos en los mercados de los pueblos boyacenses, romerías,
fiestas patronales, fiestas veredales, etc. Es muy típico ver en
los mercados boyacenses las bellas campesinas con el folclórico
pañolón y faldas generalmente de tonos oscuros y sombreros; en la
misma forma, campesinos viejos y jóvenes con sus pantalones largos
de pañete, con saco del mismo material la ruana, el sombrero y las
alpargatas. Es muy general que no se presente distinción en el
traje folclórico entre los campesinos viejos y jóvenes.
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Sobre los trajes típicos merece
complementar la investigación en los siguientes estudios:
Orlando Fals
Borda, "NOTAS SOBRE LA EVOLUCION DEL VESTIDO CAMPESINO EN
LA COLOMBIA CENTRAL" En: "Revista Colombiana de
Folclor" (Bogotá) Segunda época, No. 2 (Junio 1953).
Luis Duque
Gómez, "NOTAS SOBRE LA HISTORIA DEL TRAJE TIPICO
NACIONAL".
En:
"Revista Colombiana de Folclor", No. 6
(1961).
Corporación
Ballet de Colombia, "TRAJES REGIONALES DE
COLOMBIA".
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