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3. El paisaje boyacense y el folclor.

 

En el período nacional surgieron otros pueblos boyacenses como Briceño, Buenavista, Caldas, Chinavita, Guayatá, Paz de Río, Belencito y otros.

La mayoría de los pueblos boyacenses encierran todo el calor de la raza chibcha, el elemento primario en la formación de nuestro pueblo. Los mismos nombres de los pueblos ya mencionados nos indican la influencia indígena, si los comparamos con los nombres de los pueblos de Santander y Antioquia, u otras regiones de Colombia.

La copla popular boyacense ha expresado así algunas tipicidades de los pueblos boyacenses:

Pa´ chirimoyas, Guateque;
pa´ naranjas, Machetá;
para muchachas bonitas
Somondoco y Guayatá.
Cuando el diablo tá algo triste
se va pa Turmequé;
las niñas le sirven chicha
y le dicen sumercé.
Voy de Tenza a Chinavita
y de allí a Chiquinquirá,
pa San Lazaro pasando
y golviendo a Tutasá.
Ese nu es de pu´ estos laos,
es´ es de Ramiriquí
y tieneel pico pelao
de tanto comer ají.
 

 

 

 

 

 

 

 

Paisaje Boyacense.

 

El folclor boyacense se concentra en las VEREDAS y en las ESTANCIAS campesinas. La vereda es una división rural en grupos vecinales, en donde la población se concentra en estancias, fincas o haciendas de tamaño pequeño o regular; es en ellas en donde se concentra lo más típico de los usos regionales, tradiciones y costumbres. Hasta el siglo pasado, se llamaban "partidos" o comunidades; algunas surgieron de las antiguas capitanías indígenas y en los resguardos; otras surgieron alrededor de una gran hacienda española.

Al analizar la vereda dentro del Folclor boyacense, debemos señalar en ellas la idiosincrasia del campesino; en muchos casos cambian las actitudes de una vereda a otra, aun cuando sean vecinas. Son muy típicos en Boyacá los nombres de las veredas: En Tunja, las veredas de Runta, Barón, Chorroblanco, La Colorada, La Lajita, Pirgua, Tras del Alto y otras; en Arcabuco, las veredas de Rupavita, Quirbaquirá y Alcaparros entre otras. En Boavita, las veredas de Chulativa, Melenal, Sacavochay otras. En Soatá las veredas de Molinos, Tipacoque, Ovachía, Llanogrande; en Samacá las veredas de Lomarredonda, Pataguay, el Jacal, el Venedo, etc.; en Sogamoso, las veredas de Sabanetas, San Antonio, Zartal, Covavita y otras; y así en cada uno de los pueblos de Boyacá.

La vereda tiene para el boyacense un sentido especial que lo distingue de otras regiones colombianas; en ella se encuentra su parcela que concentra todo el ámbito de su existencia; la razón de ser del trabajo; el nexo sensible que establece la comunicación del hombre con el cosmos. En la vereda se encuentra "LA ESTANCIA" que es esa pequeña porción de territorio arable que circunda la choza campesina; en ella se encuentra la tradición campesina, la historia misma, y por esencia, el ámbito del Folclor.

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