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INDICE
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3. El paisaje boyacense y el
folclor.
La Antropogeografía boyacense nos enseña la importancia del
conocimiento del medio geográfico, la acción decisiva del hombre en
la adaptación y modificación del paisaje natural, y la influencia
del "espacio geográfico" en las manifestaciones
de la cultura popular.
El elemento vital en el Paisaje Boyacense es el
Altiplano
andino, formado por 13 ramales semiparalelos que condicionan la
orografía cordillerana. Un paisaje mesetario, seco y frío en las
tierras que circundan a Tunja y Villa de Leyva; con valles de
opulenta belleza y exuberancia como los de Chiquinquirá, Duitama,
Sotaquirá y Sogamoso; cerros de agudos picachos; sabanas circuídas
de colinas de suaves ondulaciones. Al Oriente, se extiende el
Valle de Tenza, sobre las bajas estribaciones en la sucesión
de montañas. Al norte, la agreste montaña que se empina como cordón
magistral desde las gélidas alturas de Pisba y San Ignacio hasta
alcanzar las nieves perpetuas de la gran mole de Güicán.
La región del Occidente boyacense es una llanura selvosa, húmeda
y estéril, casi despoblada alrededor del río Magdalena y el auge de
Puerto Boyacá.
En la psicología de los pueblos, la montaña influye en las
actitudes y comportamientos de las gentes. Un paisaje de montaña y
meseta, con sus recodos y caminos, pequeños valles y hondonadas,
montes y en general multitud de paisajes minúsculos, en donde el
habitat tiene sorpresas a cada vuelta del camino, forma un pueblo
acostumbrado a la profundidad, a los detalles, a la meditación y
egocentrismo con manifestaciones idealistas. En éstos paisajes
montañeros, en donde se concentra la población más densamente, las
inquietudes y pasiones tienden a multiplicarse y a crear un sentido
más empírico de la vida; más minúsculo y más concreto.
El Altiplano Andino es el paisaje que ha dado la esencia
misma al pueblo boyacense, etnoculturalmente
hispano-chibcha. En este paisaje interesa en el Folclor la
presencia de los
pueblos, aldeas y veredas boyacenses. Son
los
pueblitos viejos, concentrados alrededor de la iglesia,
la casa del cura, la alcaldía o inspección y la escuela; aquellos
de sencillas casas y calles solitarias.
Algunos poblados boyacenses se formaron en el cruce de varios
caminos, o en la entrada y salida de los desfiladeros otros en las
concentraciones demográficas de las veredas, alrededor de los
trigales o al calor de las minas. Unos son típicamente del
altiplano y otros son de la montaña, o de los pequeños valles
interandinos; la mayoría nos presenta un tipo de
aldea
perdida y olvidada del poder central. Otros por su situación
agrícola, fabril, política o cultural como Tunja, Sogamoso y
Duitama conforman los centros urbanos de atracción.
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Paisaje Boyacense.
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El origen de los pueblos boyacenses nos remonta a una
estabilidad de núcleos demográficos en las diferentes áreas
geográficas. Algunos surgieron al calor de los poblados indígenas;
otros en los siglos de la colonización española; y los más
recientes, en los siglos XIX y XX.
Entre los pueblos que surgieron de los poblados indígenas,
mencionamos los siguientes:
Tunja, que surgió del cercado de
Quimuinza y era la sede de los Zaques;
Sogamoso, lugar que
surgió de Sugamuxi, el centro religioso de los chibchas y el lugar
sagrado del templo del sol;
Duitama, dominado por el cacique
Tundama;
Ramiriquí la primitiva capital de los zaques y sede
del cacique Baganique;
Soatá, centro del cacicazgo;
Monguí habitado por la tribu de los samoes;
Betéitiva
poblado del célebre cacique Betancín;
Chita, caserío de los
laches, en la misma forma que
El Cocuy;
Pesca,
habitado por los pescas, chávigas y mochagá. Señalamos asimismo los
poblados indígenas en donde surgieron: Chiquinquirá, Moniquirá,
Turmequé, Garagoa, Guateque, Iza, Mongua, Paipa, Nobsa, Somondoco,
Ráquira, Cucaita, Cerinza, Boavita, Chiscas y otros.
Otros pueblos boyacenses surgieron en los siglos del coloniaje
hispánico: Villa de Leyva, Miraflores, Belén, Pueblo Viejo, Santa
Rosa de Viterbo, Ventaquemada, Capilla de Tenza, Corrales, El
Espino, Güicán, La Uvita, Umbita y otros. En las fundaciones,
señalamos la importancia de la
fundación de Tunja el 6 de
agosto de 1539 en el cercado de Quimuinza.
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