LOS CUENTOS DE PASCUAL
Mitos y Leyendas del piedemonte llanero
ALBERTO BAQUERO NARIÑO
© Derechos Reservados de Autor

EL DOMINGUEZ

75.jpg (6942 bytes)


—El Domínguez es un duende juguetón y con piernas de alicate, dijo Pascual riédose mientras servía un aguardiente. Se parece a uno que hay por acá, agregó con picardía, refiriéndose quizá al Doctor Domínguez; vaya casualidad tan grande, pensamos.

— Y como es?

— Es como un humano y se aparece de día, claro está que entre las sombras de la espesura de los árboles, mejor dicho, donde hay hartos árboles grandes, como los hay todavía por acá: Ceibas, Macanos Amarillos, Guacamayos. Palos Piedra, Cedros, Cominos, Flor Amarillos, Granadillos, Arrayanes, le vienen como anillo al dedo. Dicen que permanecía en la ceiba que se cayó hace poco en Hato Chico. Es mión y daña los árboles con su olor ácido. Nadie lo ha visto en estos menesteres.

— Y por qué le dicen así?

— Porque únicamente sale los domingos, a descansar, cuando todos bajamos al pueblo a llevar algunas cosas, comprar el mercadito e ir a la Santa Misa. Alguna gente del pueblo viene por aquí a pasear, pero es muy poca y no se mete en el monte, donde él se acuesta a tomar un poco de luz, que le quita el frío de las tinieblas. Todos los martes y los jueves se esconde, nadie sabe donde. Los otros días lo han visto.

Es un duende juguetón y no es maligno sino con el que se burla de él. Le mama gallo a quienes se las dan de incrédulos. "Cuando hay duendes nuevos, los viejos no hacen milagros". Dicen que toca tiple, cuando hay fiestas y hasta canta bambucos.

— Se aparece dentro del monte en las excursiones y a cada persona le da la impresión de ser su mejor amigo, a pesar de una duda momentánea que el duende con su espléndida carcajada desbarata. Cada quien piensa cuando se aparece que su compadre está como raro, pero no pueden intercambiar impresiones porque esa es su magia, su hechizo. Además es un duende sardinero; se enamora de las doncellas de 16 a 20 años.

— Y Usted Pascual cómo sabe que por acá se aparece?

— Voy a contarles sobre la última vez que se presentó por estos lares. Fué cuando el Doctor Baquero, que en ese tiempo era rector de la Universidad Tecnológica de los Llanos, invitó a unos expertos en ciencias naturales para que revisaran la clasificación de las especies de por acá, porque estaba en marcha la Expedición Botánica en su fase de finales del siglo XX. Por esos días estuvimos en Restrepo arreglando los salones del Instituto de Investigaciones de la Universidad que después abandonaron, dicen que por irse al gueto de Apiay en donde funciona ahora, perdiendo semejante sitio tan bello y tan útil.

La Expedición Botánica llegó a la finca de Angel María Ríos quien es funcionario del Inderena; durante toda su vida se encargó de obtener las mejores semillas de la región, de traer unas del parque natural de el Tuparro y otras de la Sierra de la Macarena, para sembrarlas en su propiedad, observar su nivel de adaptación y propagarlas mediante los viveros.

La Expedición, presidida por el profesor Hidrobo, contaba con la presencia de un gran defensor de la tierra llanera y uno de sus más ilustres investigadores, el Doctor Camilo Castro Chaquea quien se dolía de la extinción de árboles como el Cacay o Tacay, Caiyodendrom Orinocense, capaces de resolver el problema de los aceites comestibles. El Domínguez era un consumidor de las almendras y era dañino en estos casos, porque se parecía al mono maicero que desperdicia el fruto. Los árboles de Caimarón también le servían de lecho y prefería el Caimarón hembra por la enorme sombra que daba y sus deliciosos frutos. Es la uva llanera, muy apetecida y exótica. En el Putumayo, pués también es amazonense, preparan un vino delicioso. El Doctor Camilo le comentaba al profesor Hidrobo sobre la Matupa Protium Guinensis—Marech porque encontró en aquel habitat unos árboles semejantes y le estaba diciendo eso cuando escuchamos la voz de un suspiro repetido y doloroso que decía "me las como a todas". Volvimos a mirar a nuestro amigote pero tampoco comentamos nada. El profesor saboreó una fruta parecida a la de guama e hizo un gesto de agrado.

—La Vereda del Carmen —agregó Pascual— tiene muchachas muy bonitas. Ahora vamos a pasar por varias casas y ya pueden hechar un ojito, si es que la ciencia los deja. Pascual era el guía, el baquiano. Iba adelante con su sombrero verde, un poncho terciao y su rula abriendo la trocha. El profesor Arias, un biólogo tameño nos acompañaba mientras acechaba por doquier los sitios posibles donde los murciélagos pudieran esconderse. Era un experto en el tema que combinaba con la piscicultura. Era, cuentan, más enamorao que el Domínguez. Naturalmente llevaba una asistente, estudiante de Veterinaria en Unillanos, con una tetas tan grandes que tocaba tenerla entre dos cada que saltaba una piedra o un bache. Se puede ir de cara doctora —decía Pascual— dándole la mano para mirarle sus bellos promontorios que se movían berracamente. Todos llevábamos el consabido equipo botas, sombrero, navaja, guantes, camisa manga larga, sombrero. El sudor nos mataba. Llegamos por fin a una casa con jardín bonito, Dalias, Orquídeas, Bugambiles, Caracuchos, Brilla a las Once, Rosas. En la entrada había un Flor Morado en plena efervecencia.

El verde combinaba todo; nos recibieron bien y a todos nos ofrecieron guarapo. Esa finca tenía trapiche pero una enfermedad había diezmado sus cañaduzales.

Las muchachas competían con las flores y los encantos de la asistente del loco Arias, allí no lucían. Se repitió la voz dolorosa del suspiro eterno reclamando "me las como a todas". Alcanzamos a ver que el Domínguez se les resbalaban dos lágrimas y nadie pensó que era por su angustia total, porque así se llamaba ese sufrimiento perenne. Cuando dijo eso del Doctor Camilo sacó una bolsa de Macadamia y repartió el sabroso manjar, diciendo que muchos productos agrícolas llegaron de otros continentes como el Mangostán, la Palma Africana, el Café y encontraron el hábitat propicio en el Piedemonte llanero. Cuando el querido profesor Bernardo García otro miembro de la expedición y un ilustre economista, dijo que en Choachí y Cáqueza había Mangontín, el Doctor Camilo hizo uso de toda su vehemencia científica y dijo: "Eso es tan parecido como un pez a una vaca". Repitió un sartal de términos científicos que la muchacha copiaba muy juiciosa. Entre tanto el tigrillo Alfredo Ojeda Awad comía de todos los frutos de aquel paraíso y era quien seguía a Pascual en calidad de conocedor del monte. Al verlo pensamos... el hombre se la jugó en la cordillera, con Camilo Torres, y en 10 años se famiiariza uno con el campo. Allá abajo tiene ahora su bella finca, guarida dice él, que se llama Barbatuscas; él afirma con sonrisa amplia, con su voz de cimitarra y sus ojos de visir de Constantinopla: soy canaguaro, el tigre llanero. Conservaba en su billetera dos poemas que le recordaban sus ilusiones en tiempos diferentes de la vida. Uno, se refería a sus vivencias al calor de la lucha y el otro, contaba las angustias de los intelectuales contemporáneos frente a la barbarie.

Subimos por el caño Buque y de cuando en cuando al volver las miradas, contemplábamos la inmensa llanura que subía a confundirse con el cielo azul y que seguramente inspiró a muchos poetas y compositores. Mirábamos como el río Guatiquía se regaba semejando una enorme carretera partiendo del llano. Cuando el doctor Camilo observó las embelezadas miradas solté una sentencia de su padre: "Los ríos y los hombres cuando llegan al llano viran a la izquierda". Es cierto. Alcanzábamos a ver el Guayuriba y recordamos el Upía, el Cravo y otros ríos que bajaban de la cordillera.

— Bueno dijo Pascual, ya llegamos a la finca de Don Hernández quien nos ofrece un sancochito con pura gallina de campo. Miren allá están las ollas cocinando esas gallinas que dan vueltas; en pura leña, arrímense a ver.

El Domínguez se movía como un pez en el agua y en ese momento departía con el profesor Hidrobo. No entró a la casa y todos los perros gimiendo y aullando se retiraron a tres cuadras de distancia. Siempre permanecía en la sombra del más frondoso árbol diciendo que el sol le dañaba la piel que en ese momento se empezaba a amarillar.

Había una monita como de 16 años que se paseaba por allí, sonriendo con una coquetería natural y un cuerpo de reina de belleza. Una vez más la tetona quedó al margen de todas las miradas. Ya comíamos las deliciosas viandas que Doña Cecilia había preparado y nos ofrecía con especial amabilidad como si fuera la Navidad o la Semana Santa.

Fué cuando atónitos escuchamos una vez mas la voz cavernosa y casi llorosa implorando... "me las como a todas"; nadie pensó en el más allá porque apenas eran las dos de la tarde. Pero Pascual se animó y pasito me dijo: esto me huele mal. De golpe es el ...no alcanzó a decir nada porque en seguida lo abrazó su compadre, que también era el mío y el de todos. Le pidió una mazorca. Automáticamente el halo del Domínguez eliminó cualquier sospecha y Pascual siguió en su labor de servicio y atención. Concluímos que nuestro común amigo era adicto a la mazorca, pués había desaparecido como treinta y a su alrededor estaban los restos mordidos de las tusas, unas todavía con maices.

Pascual en ese momento comenzó a pensar en la desdicha del duende que deambulaba hambriento de una cojidita de teta. Cuando fué humano le cortaron las manos un día que se le abalanzó a una muchacha y se prendió de los senos con tal fuerza que la hizo sangrar y para desprenderlo, tocó con dos hachazos. Sin manos caminaba mirando con insana fijación. Nadie sabe como se dió mañas para prenderse del pezón de una muchacha en una cefetería de Villavo e ir llenándose la boca de carne hasta ahogarse. La mujer gritaba con angustia infinita. Los llevaron al hospital Monfort y allí los separaron. Ella perdió el seno y él murió. El diagnóstico: murió de teta!

Bueno, pensó Pascual, dejemos esa vaina así!.

Entonces nos despedimos de la gentil familia y de Don Hernández quien nos anunció:

— Cuando vuelvan les tenemos mamona, una torta como de matrimonio y harto guarapo. Gracias por venir. Los esperamos.

Sabíamos que no era un cumplido, sino un expreso deseo porque algún día volviéramos para regarse en atenciones.

— Pascual sentenció: ya jartaron, ya tragaron, ahora, "a lo que vinimos, vamos"!

Y arrancó la marcha.

— Tomemos ahora los nacederos del caño Maizaro y bajemos por su sendero. Por acá hay micos, lapa, ardillas, zorros, culebras; abran bién los ojos y cuidado donde ponen las patas.Solo hay un tigre y ese viene con nosotros; así que tranquilos. Pero, andando que, "el hombre macho caga de madrugada".

— Doctor Camilo, Profesor Hidrobo, Doctor Baquero, Don Tigre, compadre Pascual, señorita y demás doctores, dijo Angel María Ríos quién poco había conversado. Era quizá el único que no se había deleitado en las guanábanas de la novia del catire Arias. Yo los he escuchado todo el tiempo. Ya me ha pasado otras veces cuando vienen de arriba los doctores que no distinguen un Cámbulo de un Siete Cueros. Pero por qué cometen tantos errores como en la reforestacién de estos lugares con árboles que poco se dan por acá y que carecen de posibilidades económicas?. Lo que afirma el doctor Camilo a cada paso y que Ustedes debieran acoger es su sentido regional. Porqué no reforestan con Cacay, con Caimarón, con Cacao Pajarito, véalo usted produciendo unas mazorcas muy sanas, a pesar de algunas ramas secas que causa la enfermedad llamada Escoba de Bruja, que si coje el Cacao Híbrido lo mata por completo. Y miren esos palos de Aguacate y miren los Mangos, observen las Plataneras, los Papayos, las Piñas y aquél es un Guanábano. Todos sirven para comer y agarrar la tierra. Vean esos Naranjos y los Mandarinos. Miren no más cipotes Guayabos. Casi son silvestres. El doctor Camilo dice que las Manitas, Iryanthera Laevis, son solo Sanmartineras. Pero véalas Usted mismo Doctor, este tambien es su medio. Acá las preparamos también como dulce, pero como los papayos las podemos utilizar de diferentes maneras muy deliciosas. A lo mejor ustedes no saben.

La caminata había avanzado y llegamos a los predios del vecino Betancur, que tenía una familia numerosa y unas hijas muy bonitas, doncellas todavía. Ibamos de paso y las miramos de lejos. Entonces nuestro común amigote se recostó en un Arrayán, cogió un poco de Ruda, otro poco de Yerbabuena y algo de Albahaca e hizo un solo manojo que empezó a tragar porque el ardor de su úlcera gástrica lo iba a matar ahí mismo. Entró en un delirio espantoso y gritaba, "me las como a todas", "me las como a todas", a todas, a toditas, me las como y mordía a dentelladas las hierbas y daba tarascazos al Arrayán.

Nos alejamos corriéndo, pero la curiosidad del científico pudo más y entonces el profesor Hidrobo le dijo al espectro que parecía desvanecerse...

— Es usted vegetariano compadrito?

— Qué vegetariano ni que carajo!

— Entonces por qué grita que se las come a todas mientras muerde esas matas?

— Es...es mi locura ver esas muchachitas y yo hoy solo he dicho que me las quiero comer a todas, si a toditas. Repitió con lágrimas. Y a Usted también mijita linda dijo dirigiéndo una mano interminable y verdosa hacia la asistente del Dr. Arias que hechó a correr desesperadamente con tan buena fortuna que se rodó por el potrero de Hato Chico y cogió tal velocidad que rápidamente llegó a la casa y allí la atendieron. El brazo que la perseguía se desvaneció y con él, su figura. El viento continuaba susurrando... "me las como a todas, mi muchacha se escapó, me las como a todas, mi muchacha se escapó.."

Ya en Hato Chico, luego de descansar del carrerón Pascual dijo —con semejante miedo y casi me reviento de un ataque nervioso, al ver a semejante rodada. Pobrecita.

Quedó toda aporreada, pero para fortuna de nosotros y por supuesto del catire, las tetas quedaron intactas y sin un rasguño.

— No venga solo Doctor y menos de día. El Domínguez lo acechará para presentarse como un gran amigo suyo y preguntarle por la novia del Doctor Arias. Si le dice que no la trajo es capaz de degollarlo. Usted debe decirle que cuando van a ver a las muchachas de allí, o de allá, por donde Don Páez hay una que lo necesita, en fin darle esperanzas. La vaina es que se acuerde bien y no crea que el que ve es su compadre. Le tiene que ilusionar al punto que se le llorocien los ojos. Es la clave.

— Pascual y como lo hago ir para otro lado?

— Le toca taer otra expedición y hacer de nuevo el recorrido, pero al finalizar la jornada en una finca distante, propiciar que otra muchacha se ruede, pero advertir a los de abajo para que la cojan rápido. Si la llega a capturar la descuartiza a mordizcos, empezando por los melocotones. Ya sabe Usted como es la vaina. Cuando exclame por primera vez "me las como a todas", arranque las matas que estén a su alcance y déselas para que se las trague. Tenga siempre bastante Ruda que cura los males del estómago. Désela que eso le calma la angustia. Por ahí encuentra Borrachero de donde sacan la burundanga o escopolaniina. Hágale tragar las hojas que a él le fascina. Llévele curare del que venden los guahibos en Orocué. La Ortiga sirve como antialérgico y como diurético. Con disimulo rócelo con hojas recién cortadas. No olvide que es mión. Estará tranquilo. Y si consigue tantico Yopo, acá hay, regálselo que él agradecerá. En esas condiciones al final de la jornada estará débil y tranquilo. Así se salvará la viejita que traiga; no debe ser gorda, sino bien dotada como si fuera una reina en la parte superior. Ya sabe.

— Pascual y Usted me acompaña?

— Doctor. Usted sabe que "pa’ meterse a brujo, hay que conocer de hierbas", pero "al perro no lo capan dos veces." Tranquilo Doctor que "solo pa’ la muerte no hay remedio!"