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LA VOCACION DE LOS SUELOS DE PÁRAMO
Factores limitantes de
orden físico
Tanto las
condiciones del suelo (alta susceptibilidad al deterioro, bajos niveles de fertilidad,
fuerte acidez, temperatura edáfica baja, pedregosidad, muy alta retención de humedad,
escaso desarrollo genético, evolución muy lenta), como las del ambiente exterior
(relieve muy quebrado a escarpado en amplios sectores, procesos erosivos, vientos fuertes,
temperaturas inferiores a 10ºC, días muy fríos, heladas frecuentes, lloviznas
periódicas, alta nubosidad, niebla densa y poca luminosidad) indican que la mayor parte
de las tierras de la región paramuna no tienen vocación agropecuaria.
El papel
estratégico de las cuencas de alta montaña
Si a las
consideraciones anteriores se suma el papel estratégico que desempeñan las cuencas de
alta montaña en la regulación del recurso hídrico y en el nacimiento de las fuentes de
agua que, convertidas vertiente abajo en caudalosos ríos y quebradas, irrigan los campos
y llevan el precioso líquido hasta las grandes ciudades y otras áreas urbanas, entonces
no queda duda de que los suelos de páramo son, junto con la cobertura vegetal que
sustenta, reguladores importantes e insustituibles del agua, elemento fundamental para el
desarrollo de la vida en el planeta.
Consecuencias del
deterioro progresivo de los páramos
Además, la
experiencia vivida en el país ha demostrado que la destrucción o el simple deterioro de
los páramos que se ha producido, cada vez en mayor extensión y con más intensidad, en
la última mitad del siglo, ha tenido como consecuencia la disminución de las fuentes de
agua en varias regiones del territorio nacional.
El prolongado
"apagón" o racionamiento sin antecedentes de la energía eléctrica que tuvo
lugar en 1992 y los problemas de abastecimiento de agua que sufren muchos municipios de la
Zona Andina colombiana son campanazos de alerta sobre situaciones futuras que pueden
llegar a ser aún más críticas.
El problema del agua
en Boyacá
En Boyacá hay
problemas graves de agua que parecen estar relacionados con síntomas inequívocos de
desertificación, con evidencias contundentes de destrucción de los páramos y con el
deterioro severo de las cuencas hidrográficas de alta montaña que se caracterizan por su
sistema de economía campesina, con sus secuelas de pobreza absoluta y de marginamiento
social.
La desaparición de las
fuentes de agua o la severa disminución de las mismas, así como la pérdida de calidad
del precioso líquido son fenómenos progresivos en el territorio boyacense. Durante el
período seco que comenzó en 1989 y terminó con las primeras lluvias de 1994, varios
ríos y quebradas se secaron al igual que los aljibes y los pequeños lagos que se han
empezado a construir por doquier en el Altiplano Cundiboyacense y sus alrededores. Para
dar un ejemplo, en el sector noroccidental del Altiplano, en los municipios de
Chiquinquirá y Caldas se secó, por primera vez y durante casi un semestre, el río
Chiquinquirá, el cual está formado por las quebradas La Playa, Palmar y Mercadillo, esta
última originada en el páramo del mismo nombre, sometido, actualmente, a pastoreo y al
cultivo de la papa. El río mencionado es el principal tributario del Suárez que nace en
la laguna de Fúquene, cuerno de agua que, dicho sea de paso, ha perdido en tres décadas
unas mil hectáreas de extensión. Esta situación dificultó enormemente el
abastecimiento de agua de varias poblaciones ubicadas en la cuenca alta del río Suárez,
perjudicó la ganadería y causó gran penuria a los campesinos de la región.
Tunja es una ciudad
cuyo principal problema es el abastecimiento de agua; las cuencas que están a su
alrededor incluyendo la del río Teatinos presentan conflictos severos de uso del suelo y
una gran devastación de la vegetación nativa. Chiquinquirá depende del agua que el río
Suárez trae de Fúquene y ésta es escasa y de pésima calidad, particularmente durante
las épocas secas. A Sogamoso y a otras poblaciones vecinas los acueductos transportan
agua desde la laguna de Tota cuya salida del líquido es superior al volumen que recibe.
Hay municipios como Caldas en los que durante las sequías prolongadas se queda sin agua
para el consumo humano y animal. Los acueductos rurales, en este municipio, cuya fuente de
abastecimiento está ubicada en la parte más alta de la vertiente, prestan un servicio
esporádico y carecen de plantas de tratamiento, cuando los análisis de laboratorio
indican que el agua no es totalmente potable.
Gran parte de la
región paramuna en el departamento, especialmente en la zona del subpáramo, ha sido
alterada para establecer cultivos de papa y potreros para ganadería extensiva; el uso de
plaguicidas en la agricultura contamina las aguas y mata insectos y aves benéficas. La
vegetación, esencial para la conservación del agua, se tala y se quema periódicamente;
actualmente hay evidencias de que se está cultivando amapola en los páramos, lo que
traerá consecuencias desastrosas tanto para la naturaleza, como para el hombre que habita
estas regiones.
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