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2.1.1 Período Paleoindio
(18.000-8.000 años A.P.)
Período en el que se
presentaron drásticos cambios climáticos, que implicaron la desaparición especialmente
de la megafauna. La ocupación humana se basa en grupos de cazadores-recolectores que se
asientan especialmente en abrigos rocosos (Correal & Van der Hammen, 1971; Correal,
1981; Rivera, 1992; Lleras, 1989).
En los estudios de Van
der Hammen se ha demostrado que hace unos 21.000 años, con el advenimiento del llamado
Pleniglacial, el clima se volvió muy frío o seco, condiciones que duraron hasta hace
unos 13.000 años. Bray (1984: 310-311) y Van der Hammen (1986: 28) sugieren que durante
las épocas extremadamente frías, las zonas de páramo de las altas montañas andinas
probablemente estuvieron conectadas con la vegetación seca y abierta del valle del
Magdalena; de esa forma la región cundiboyacense mantuvo un corredor abierto de
vegetación conectando las tierras bajas del Caribe y posibilitando el desplazamiento de
bandas de cazadores.
A lo largo del
Pleniglacial, los cinturones vegetacionales bajaron hasta 1.200 y 1.500 metros, la
precipitación fue menos de la mitad de la actual, y los glaciales andinos bajaron hasta
los 3.000 metros. Parece ser que entre los 14.000 y 11.000 A.P., el clima se modificó
nuevamente y mejoraron las condiciones. El anterior período glacial duró hasta hace unos
10.000 años, presentando fluctuaciones climáticas menos radicales; el húmedo
interestadial Guantiva entre 13.000 y 11.000 A.P. con clima similar al actual
y el estadial El Abra entre 11.000 y 9.500 A.P. En este momento el clima fue
más frío y seco, con las glaciaciones localizadas a unos 3.900 metros de altura; lo que
indica que el retroceso glaciar no fue debido a un calentamiento del clima sino a una
disminución de la precipitación (Van der Hammen y González, 1960, 1964; Van der Hammen,
1974, citados por Gnecco, 1990).
No se han encontrado
yacimientos arqueológicos de este período en la región del norte de Boyacá debido
principalmente a que las condiciones geomorfológicas no permiten que los vestigios se
mantengan, ya que los derrumbes y frecuentes desplazamientos de tierra imposibilitan la
conservación de sitios incluso, de períodos cerámicos.
Correal y Van der
Hammen (1971), y Correal (1981), establecen que durante la primera mitad del período
lítico la supervivencia de los grupos se basaba en la caza de grandes herbívoros como
mastodonte (Cuvieronius hyodon y Haplomastodon) y caballo americano (Equus
Amerhippus spp), y a más baja escala especies menores como venados (Odocoileus
virgianus), roedores como ratón, curí (Cavia porcellus),
conejo y armadillos, zorros y perros de monte.
La presencia de
mastodonte en la región ha sido reportada por Ancízar (1853), en tres municipios y a
diferentes zonas altitudinales: Güicán, en la zona de páramo correspondiente a la
laguna Verde (3.650 m.s.n.m.); Covarachía, sobre terrazas coluviales del río Chicamocha
(950 m.s.n.m.); y Soatá en depósitos de carácter coluvio-aluvial (1.325 m.n.s.m.). A
éstos se suman los hallazgos del campesino Fortunato Vargas (com. pers.) en el municipio
de Chita, vereda La Playa. En esta misma vereda, en las márgenes del río Chitano, se
encuentran dos abrigos rocosos que se presentan pictografías sin asocios precerámicos.
El primer abrigo está localizado a 2.000 m.s.n.m. y el segundo se encuentra a 1.600
m.s.n.m. Cabe la posibilidad de que los abrigos y las pictografías puedan haberse
ejecutado en períodos posteriores al lítico.
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