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INTRODUCCIÓN
LA CRUZADA POR EL PACIFICO
POR CESAR GAVIRIA TRUJILLO
Me pregunto qué habrían dicho el andaluz Pedro Ordóñez de Ceballos, los franceses Gaspard Théodore Mollien y Charles Safftay, y el colombiano Miguel Triana, cuatro de los más importantes viajeros que recorrieron la región en distintas épocas, al conocer estos dos tomos que publica el Fondo FEN sobre el Pacífico colombiano. Quizá verían en estos textos lo que alguna vez ellos mismos intentaron, el esfuerzo por abarcar una región, una tierra, un conjunto de pueblos, de unas cuantas páginas que otros, los aventureros que no salen de casa, leerán después con avidez.
En épocas menos afanadas se entendía que una Enciclopedia era el nombre que daban los griegos al encadenamiento de todas las nociones que habían de entrar en la educación de un hombre libre, es decir, del que nada debe ignorar de lo que le concierne.
Pues bien, estamos frente a una Enciclopedia sobre el Pacífico colombiano. Ahí podrían terminar estas breves palabras sobre el libro que publica el Fondo FEN y serían ya suficiente aplauso.
Pero iré un poco más lejos. Desde el 25 de septiembre de 1513, cuando al atravesar las serranías de Panamá Balboa vio por primera vez el Pacífico, no lo comprendíamos tan claro. Al Pacífico, quiero decir. Y no era tan claro el abismo que enfrentamos. La lenta destrucción -la inexorable destrucción diría (Gustavo Wilches- de nuestra Costa Pacífica, encuentra en este libro un primer llamado de atención. Y también un primer esfuerzo sistemático por desarrollar un estudio sobre la Región Pacífica, no editando para ello un libro que fuese apenas un espectáculo estético, sino un verdadero asunto de Academia, en que las fotografías y el texto integran el mismo relato de conocimiento y social.
Los noventa científicos e intelectuales que hacen parte de este esfuerzo estarían, seguramente, de acuerdo conmigo en que, si lleváramos a cabo esta experiencia con mayor frecuencia, sería más fácil tomar las decisiones correctas sobre el futuro de nuestra patria.
No quiero repetir el lugar común según el cual Colombia debe su pasado al Caribe y ganará su derecho al futuro en el Pacífico. Basta con afirmar que si ello fuera cierto, el interés que demuestra el mundo académico por la región pacífica es una señal de que estamos en la dirección correcta. El Proyecto Biopacífico, en el que están involucrados los esfuerzos de las Naciones Unidas y el Gobierno Nacional, será también un paso hacia el conocimiento de ese mundo al cual le hemos dado la espalda durante tanto tiempo.
De toda esta información debe aparecer un resultado que no por evidente deja de ser imperativo. Se trata de lo que ocurre cuando existe conocimiento serio y maduro: hay respeto. Ojalá dentro de unos años el Pacífico colombiano haya resultado de veras beneficiado de este Segundo Descubrimiento.
Si este esfuerzo sirve para avanzar hacia ese derrotero, el Fondo FEN ha hecho lo suyo y quienes han participado en esta empresa -Sara Ordóñez, Angel Guarnizo, Pablo Leyva, y tantos otros- se han ganado un puesto de privilegio en esta Cruzada por el Pacífico que debe reunirnos a todos en los años por venir.
EL EDITOR AL LECTOR
UN CONGRESO IMAGINARIO
Una escalera de cristal une los mundos del Pacífico colombiano, mundos de una cosmogonía en la que hombres, dioses, espíritus, astros, plantas, animales y seres reales y mitológicos viven simultáneamente. Las transformaciones de unos en otros, hacen de éste un universo complejo en el que transcurre la vida cotidiana de los hombres.
La fragilidad simbólica de la escalera de cristal por la que se comunican hombres y espíritus, materia y energía, tiene la fuerza del mito que interpreta los equilibrios precarios que deben mantenerse para asegurar la estabilidad de los mundos.
Culturas milenarias, americanas y africanas, perviven en el Pacífico colombiano, obligadas por la historia a interactuar desde hace quinientos años con la cultura europea. La fuerza del mito y de ascendradas tradiciones permiten a las comunidades del Pacífico mantener tina identidad cultural capaz de asegurar su permanencia, más allá de las naturales dificultades del medio y de las relaciones de dominación que les han sido impuestas. La legendaria riqueza del territorio, los minerales, plantas y animales, que se muestran con el tiempo con mayor esplendor en la medida en que los conocemos, han servido más como fuente para grandes empresas que como fundamento para el bienestar de la región. Hoy no ha concluido para las culturas americanas el proceso de ocupación y desplazamiento iniciado con la llegada de los españoles, y para las culturas negras no ha terminado la liberación de la esclavitud por sus secuelas de marginalidad y pobreza. Su ejemplo de dignidad, valor y fuerza frente a la adversidad merece reflexión y aliento en el camino de la construcción de una nación cuya mayor riqueza está en su diversidad étnica y cultural.
La articulación del Pacífico colombiano en la economía mundial data de hace quinientos años. En el transcurrir de la historia de este proceso ha sido cíclico pero se ha mantenido. Desde un comienzo la región fue fuente de abastecimiento de metales preciosos; en tiempos más recientes han surgido otros productos como la madera, los frutos del bosque y la pesca, y algunos sectores del territorio han sido convertidos en grandes plantaciones. En la actualidad su geografía se requiere para la construcción de vías de comunicación y transporte, hacia los mercados de la cuenca del océano Pacífico. Este nuevo auge de integración de los mercados y la economía mundial, coloca a la región frente a una situación de consecuencias imprevisibles para la conservación de la naturaleza y la supervivencia de sus valores culturales. Este desafío debe afrontarse con propuestas que nazcan de las comunidades para lograr un desarrollo acorde con las culturas y armónico con la naturaleza. A ello se espera que contribuya esta obra que a manera de memorias de un Congreso Imaginario entrega múltiples aportes. Un Congreso permanente de todas las corrientes del pensamiento, real e imaginario, permitirá como en Jorge Luis Borges un diálogo de saberes para que el mito sea realidad.
Este trabajo presenta, de manera continua, una serie de documentos. En él prima una concepción de circularidad de tiempo y espacio, a la que sugestivamente nos ha conducido Carlos Fuentes. El libro, en consecuencia, queda abierto para que otros se sumen a esta propuesta que tiene, desde luego, antecedentes y antecesores. Responde al respaldo de la Financiera Energética Nacional, de sus directivos y presidente Sara Ordóñez. Así mismo, a políticas editoriales del Fondo FEN - Colombia y al interés por explorar caminos que ayuden a la expresión de nuestros valores. Es en parte la retribución a una deuda que algunos intelectuales sentimos, a la manera de Jean Paul Sartre, de ceder la palabra a la comunidad, dar vía a la expresión de todos. Es, también, la respuesta a una tradición cultural colombiana que lleva ligado el estudio de las ciencias naturales a la construcción de reconocer, en el arte y en la calidad visual de la fotografía, lenguajes definitivos para comprender una región. Es el rescate de la geografía como ciencia social capaz de contribuir a la interpretación del mundo actual, en su imperiosa urgencia de responder al logro de un desarrollo en armonía con los sistemas naturales. Para que los mapas sean, como en Gabriel García Márquez, más permanentes; vale decir, los de la cultura en donde las coordenadas son las del realismo fantástico.
Estos dos tomos, como memorias de un Congreso Imaginario, pueden ser semejantes a los dos que se extraviaron en el camino de su publicación y que fueron el producto de un Congreso real sobre el Pacífico organizado en Quibdó por Enrique Pérez Arbeláez en 1958, al que asistieron Ernesto Guhl, José Cuatrecasas y Robert West, entre otros. También pueden surgir de mi propia memoria que me conduce gratamente al pasado con el amor por la naturaleza que me inculcó Lucía Franco, mi madre, y el arrollador empuje de mi padre José Pablo Leyva Urdaneta, quien impulsó las ciencias naturales y me llevó a las primeras lecciones de historia natural que recibí, en plena selva, de Jorge Hernández, Federico Medem, Jesús Idrobo, George Dahl, Leopoldo Richter, el padre Olivares, Polidoro Pinto y Hernando García Barriga. Igualmente, recogen recuerdos de infancia surgidos de la lectura del Papel Periódico Ilustrado, de manos de mi abuela, quien lo heredó de Alberto Urdaneta.
Los trabajos de Henry von Prahl y Luis Fernando Vélez, cuyas vidas se truncaron en la violencia que desgatra la patria, así como la lectura del importante trabajo de Robert West sobre el Pacífico colombiano, han nutrido esta obra. Muchos elementos son producto del diálogo permanente que hemos sostenido con las gentes del Pacífico. En el transcurso de dos años de trabajo ha sido fecundo el aporte que han hecho al Congreso Imaginario muchos de los participantes: María Victoria Gómez (Mavé), mi esposa, con su agudeza de criterio y expresión poética; Diego Arango con sus periplos, imágenes y argumentos; Alexander Cifuentes con su proyecto que generosamente integró al nuestro; Alwyn Gentry con quien departimos intensas sesiones y para quien ante todo la naturaleza era ética y estética de vida y Alberto Estrada quien con los manuscritos en la mano cruzó el umbral de la escalera de cristal.
Como a toda obra que torna tiempo de los hombres, a este Congreso Imaginario han asistido muchos. Algunos con su legado, otros con su trabajo directo. Unos nos acompañan en este mundo, otros viajan por el éter en el barco mítico de los espíritus. A todos, presentes o ausentes, que de una u otra forma, han contribuido a lograr la culminación de este esfuerzo y especialmente a las comunidades negras e indígenas del Pacífico, dedico este libro.
PABLO LEYVA
CONSERVACION, CONOCIMIENTO Y VALORACION DE LA BIODIVERSIDAD: CUESTION DE DESARROLLO
La
conservación de la vida biológica y cultural no se puede desligar de la defensa de los
derechos y valores étnico-territoriales de las poblaciones indígenas, negras y
campesinas del Chocó Biogeográfico. El Proyecto Bio pacífico recoge el sentimiento de
aquellos que señalan la persistencia de políticas que perpetúan las diferencias
económicas, aumentan la pobreza, el hambre, la enfermedad y el analfabetismo, y causan el
deterioro continuo de los ecosistemas.
Un
reto impostergable se impone: salvar lo complejo, lo diverso, lo cambiante, lo
heterogéneo y lo singular. Y hacerlo posible mediante la construcción de un método que
redescubra la diferencia cultural creadora y el embrujo biológico del Chocó
Biogeográfico. Una tarea que no fructificará jamás como responsabilidad solitaria de un
proyecto ni de un gobierno, pues se trata, finalmente, de un quehacer -léase deber-
colectivo.
EL PROYECTO
Por iniciativa del Inderena y el Departamento Nacional de Planeación, el Proyecto Biopacífico centra su atención en la región del Chocó Biogeográfico con el objetivo general de aportar elementos que permitan consolidar una nueva estrategia de desarrollo, basada en la aplicación del conocimiento científico y en la identificación de opciones de manejo de la biodiversidad que garanticen su protección y uso sostenible, en forma concertada con las comunidades locales.
El Proyecto Biopacífico cuenta con una donación de 9 millones de dólares de los países socios del GEF (Fondo Mundial del Medio Ambiente) -entre los cuales se encuentra Colombia- representado en el país por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. De estos fondos, una tercera parte son aportados por el gobierno de Suiza. El gobierno nacional, a través del Gerente General del Inderena, ejerce la dirección del Proyecto.
En términos específicos, el Proyecto se encamina hacia el logro de los siguientes resultados:
* Síntesis y ampliación del conocimiento sobre el estado de la biodiversidad en la región y de las prácticas existentes que inciden en su uso y conservación.
* Estudios evaluativos sobre la dinámica y la incidencia de los sistemas agroecológicos viables, estables y productivos.
* Proyectos didáctico-demostrativos de experiencias de conservación y aprovechamiento de la biodiversidad.
* Desarrollos conceptuales y metodológicos sobre la valoración de la biodiversidad y de los servicios ambientales.
* Fortalecimiento de procesos de comunicación, educación y organización social en torno a la conservación y aprovechamiento de la biodiversidad.
*
Capacitación de funcionarios públicos en política, planeación y gestión descentralizada de la conservación de la biodiversidad.
* Entrenamiento de recursos humanos especializados y de miembros de la comunidad local activos en la conservación y uso sostenible de la biodiversidad.
* Coordinación interinstitucional con otros planes, programas y proyectos del gobierno nacional en la región.
Con estos resultados, el Plan de Acción Forestal para Colombia (PAFC), el Plan Pacífico, el Proyecto de Zonificación Ecológica y el Plan Nacional de Rehabilitación se enriquecen con elementos descriptivos, analíticos y evaluativos de carácter biótico, biogeográfico y bioecológico.
A nivel nacional, con la participación de las comunidades locales, la academia, los organismos no gubernamentales y las instituciones públicas, el proyecto aporta elementos regionales a la estrategia nacional de la biodiversidad y una experiencia útil para la definición de políticas de ciencia y tecnología, así como la definición de escenarios de investigación futura en etnología y biodiversidad.
Finalmente, en el marco del convenio sobre Diversidad Biológica, la experiencia colombiana y el aporte que la comunidad internacional realiza, contribuyen al beneficio global de la conservación de la biodiversidad en una de las regiones prioritarias del planeta, a este respecto.
LA IMPORTANCIA GLOBAL DE LA BIODIVERSIDAD
Hace 3.500 millones de años se evidenciaron las primeras formas de vida y, poco a poco, surgieron y se diversificaron millones de especies de flora, fauna y microorganismos.
Contrasta tan abrumadora perseverancia con la ignorancia e indiferencia con la que -en los albores del siglo XXI- la única especie que se auto proclama inteligente, el Hommo Sapiens, destruye en forma acelerada su hábitat natural, y con él los recursos bióticos, el agua y demás elementos que le sirven de sustento.
Los ecosistemas del mundo industrializado han sido seriamente alterados como resultado del así llamado progreso. Pero las repercusiones de la cultura occidental han provocado además una crisis de doble naturaleza, la que en su aspecto ecológico conlleva el agotamiento de recursos vitales y, la que desde el ángulo ambiental limita irreversiblemente la capacidad de los ecosistemas de recuperarse. Semejante despropósito se justifica en nombre del beneficio de unos pocos, en defensa de un crecimiento económico sin miramientos y de logros comerciales que degradan y deprecian el capital natural.
La estabilidad y la productividad biológica neta de los ecosistemas diversos etnobiológicamente, está siendo minada por la inoculación del virus de la homogeneidad, a través, en buena parte, de los modelos de cooperación técnica internacional en su afán por generar condiciones para la transferencia de tecnologías, servicios y productos asociados a los renglones más rentables de la economía industrializada. Las causas socioeconómicas y políticas de la pérdida de diversidad biológica están en la raíz misma de otras explicaciones derivadas de la fragmentación de hábitats naturales, la sobreexplotación de especies animales y vegetales, el impacto de especies exóticas, la contaminación, los efectos del cambio climático, los megaproyectos y una multiplicidad de muchas otras causas de carácter local.
Al ritmo actual de deforestación, 10 hectáreas de bosques tropicales por minuto, en 20 años es posible que de la selva tropical húmeda sólo queden recuerdos, fotografías, videos e informes que de forma nostálgica nos recuerden la exuberancia de las formas de vida que estos ecosistemas aún hoy día albergan.
LA BIODIVERSIDAD COLOMBIANA
Se repite hasta la saciedad
en los medios impresos y en reuniones de expertos que Colombia es en el mundo el segundo
país, después de Brasil, más rico en número de especies animales y vegetales, y en los
recursos genéticos que estas especies representan.
Se reiteran cifras según las cuales, con una superficie por debajo del uno por ciento de las tierras emergidas, Colombia ocupa el primer lugar en aves, el segundo en anfibios y plantas superiores, el sexto en reptiles y el séptimo en mamíferos y mariposas. Se asegura, que en promedio, el país contiene entre 10 y 15 de cada 100 especies conocidas en todo el planeta, y por lo menos una tercera parte de esa riqueza es endémica, esto es, exclusiva.
Diríamos que esta oferta
ambiental promete, para Colombia, un protagonismo probable y deseable en el futuro
geopolítico de los próximos años. Sin embargo, la opción de ejercer una especie de
biopoder en el concierto de las relaciones internacionales se neutraliza dada la
desconcertante velocidad a la que se destruyen los recursos bióticos y genéticos del
país. La responsabilidad de conservar y valorizar el patrimonio biológico nacional para
beneficio local y global será un dolor de cabeza permanente durante los próximos
decenios.
EL CHOCO BIOGEOGRAFICO
Una porción considerable de los recursos de la biodiversidad se concentra en la región natural del Pacífico, denominada Chocó Biogeográfico, la segunda reserva natural más grande del planeta, después de la Amazonía, con ocho millones de hectáreas, de las cuales cerca de seis millones están aún cubiertas de bosques.
El fallecido investigador estadounidense, Alwyn Gentry, descubrió en algunos sitios de la región hasta 265 especies diferentes de plantas en sólo la décima parte de una hectárea. Ecológicamente hablando, la región del Pacífico colombiano es única y probablemente, la más lluviosa del globo; es igualmente probable, además, que en alguna parte de su geografía se encuentre el punto más húmedo del planeta. Pocas regiones en el mundo y ninguna otra en Colombia como aquella comprendida por el Chocó Biogeográfico presentan una confluencia tan grande de amenazas de origen natural: sismicidad, volcanismo, deslizamientos, inundaciones, tsumanis, marejadas, fenómeno de El Niño, cambios de curso de los ríos (naturales y artificiales), deslizamientos, lluvias torrenciales, erosión y otros fenómenos igualmente dramáticos para sus pobladores y para quienes se proponen proyectos de desarrollo convencionales.
Dentro de las peculiaridades de la biodiversidad del Chocó Biogeográfico se destacan, entre otras, las siguientes:
- La ubicación en la zona de transición entre los continentes sur y norteamericano, comunicados en la región a través del istmo de Panamá.
- La situación del área que se localiza entre el Ecuador geográfico y el Ecuador climático, o sea la faja de las calmas ecuatoriales donde se presenta la mayor precipitación de todo el hemisferio.
- La rápida transición de zonas de vida desde los ecosistemas litorales hasta las formaciones subandinas y andinas en una franja no mayor de 60 km.
- La confluencia de factores climáticos, físicos y biológicos que determinan la presencia de un ciclo hídrico que a su vez define la permanencia de los ecos sistemas y de las especies.
- La presencia de la cordillera Occidental como factor de aislamiento de la región.
El Chocó Biogeográfico es -no obstante su exuberancia- frágil, vulnerable e inestable, y su riqueza biótica es objeto de una acelerada destrucción, debido a la deforestación con fines comerciales y la introducción de prácticas agropecuarias insostenibles.
A la tasa actual del 2% de deforestación, en el año 2020 la región quedaría convertida en un desierto pantanoso; más aún, en términos de la conservación de la biodiversidad in situ, el tiempo límite no excede los 10 años.
El panorama es más inquietante si se tiene en cuenta la avalancha programada de megaproyectos, cuya ejecución fragmentaría ecosistemas, territorios y culturas en aras del desarrollo de infraestructura básica, soporte del modelo de economía abierta.
LA DIVERSIDAD CULTURAL
Habitan en el Chocó Biogeográfico, desde hace un poco más de tres mil años, el grupo Choko que incluye poblaciones indígenas Embera y Waunana, y de la familia Chibcha o Macrochibcha, las poblaciones Kuna, Awa y Eperara-Siapidara. En conjunto representan cerca de 64.000 indígenas, asentados en 241 comunidades y más de 100 asentamientos. Estos grupos resisten culturalmente los embates de la sociedad mayor y conservan su lengua, tradiciones, formas de organización social, mientras se fragmentan inexorablemente sus hábitats.
En el caso de la cultura afroamericana, desde 1512, comunidades negras, dispersas a lo largo de ríos y ensenadas han desarrollado estrategias adaptativas de tradición oral. Hoy día, cerca de un millón de personas sobrevive con base en actividades de minería de aluvión, agricultura, pesca y explotación forestal artesanal y colectiva. Todavía, predominan formas de organización familiar extensa, matrifocal, del tipo poligínico que permite la extensión de la parentela a la manera de troncos familiares.
Unos y otros participan de los procesos ecológicos de reproducción de la biodiversidad. No son consumidores de los recursos naturales y el medio ambiente -en el sentido de explotación destructiva del medio- sino que en esta renovación permanente de la relación hombre-medio, a través de sus culturas y estilos cognitivos de vida, unen prácticas y técnicas de producción y conservación en modelos propios de desarrollo sostenible.
En pocas palabras, el Proyecto Biopacífico considera vital la defensa de la diversidad biológica y cultural del Chocó Biogeográfico corno factor de desarrollo de su región del país.
FERNANDO CASAS CASTAÑEDA
Coordinador Nacional
Proyecto Biopacífico
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