Tallas Ceremoniales de ritual del Jaibana, 
comunidades Embera y Waunana
Foto: Oscar Monsalve

31. LA REBELIÓN DE LOS CITARES EN EL CHOCO, 1684-1685

El 15 de enero de 1684 comenzó en el pueblo Neguá una rebelión indígena, la cual c oncluyo en la masacre de casi todos los mineros y todos los misioneros españoles que se encontraban en la provincia. (1) Murieron también, como resultado directo de la violencia, un número considerable de mestizos, mulatos, indios cargueros y tratantes. (2) La rebelión se extendió rápidamente a toda la provincia, (3) y en ella participaron cientos de indios, aunque algunos citaraes, como por ejemplo Don Rodrigo Pivi y Don Juan Mitiguirre, permanecieron leales a los españoles (4) , mientras que otros no participaron de manera alguna en los sucesos. Además de ocasionar la muerte de todos los españoles quienes no lograron escapar, los rebeldes también incendiaron sus pueblos e iglesias, de las cuales se llevaron todos los ornamentos. (5)

Por ejemplo, en el pueblo de Neguá, centro de la rebelión, los indios mataron a todos los habitantes españoles y mestizos (de los once cuerpos recuperados, cuatro habían sido decapitados, mientras que el cuerpo del Padre Comisario había sido quemado), además de llevarse todas las alhajas pertenecientes a los españoles. (6)  

Sólo seis españoles sobrevivieron a la violencia porque habían sido informados del suceso, por lo cual les fue posible refugiarse -junto con unos setenta esclavos y “libres” -en una de las minas de la provincia. (7) A pesar de que unos trescientos indígenas intentaron atacar la mina de Naurita unos doce días después, los españoles lograron protegerse, gracias al auxilio y a los alimentos proporcionados por los indios leales, hasta el 24 de julio de 1684. En esta fecha Jacinto de Belalcázar llegó a la mina de Naurita, con los armamentos y las municiones que Juan Bueso de Valdés había enviado desde Antioquia. Esa fecha también marcó la llegada desde Popayán de Juan de Caicedo Salazar. Este, quien venía acompañado por seis soldados, traía las canoas con las cuales los sobrevivientes se trasladaron al pueblo de Lloró. (8) El que dos expediciones distintas fueran a rescatar a los sobrevivientes, a pacificar a la población indígena y a “castigar” a los líderes de la rebelión reflejaba el conflicto jurisdiccional que existía entre las gobernaciones de Antioquia y Popayán. Juan Bueso de Valdés encabezaba el grupo antioqueño, compuesto por cuarenta soldados, ocho “aventureros” y más de cuarenta indígenas. (9) El ejército enviado desde Popayán, bajo el comando de Juan de Caicedo Salazar, estaba compuesto por más de cien hombres armados, ciento treinta indios noanamás y treinta indios del pueblo de Tadó. (10)

Después de la masacre los indígenas huyeron en varias direcciones. Mientras algunos se dirigieron a los montes cercanos al pueblo de Lloró, otros -como por ejemplo Don Pedro de Bolívar, Don Juan Chigre y Don Fernando Tajina- se retiraron al río Bojayá, en la provincia de Burgumia, la cual estaba situada al otro lado del río Atrato, o hacia el norte, a las riberas del río Murrí. (11) Durante los meses de julio, agosto, septiembre y octubre de 1684, Bueso de Valdés organizó “correrías”, con el fin de capturar a los rebeldes que se encontraban en las cercanías de los ríos Murrí y Bojayá. (12) Mientras tanto, Caicedo Salazar y los miembros de su expedición se dedicaron a construir un fuerte en el pueblo de Lloró y a organizar correrías en los alrededores del mismo. Los indios capturados por los expedicionarios eran sometidos a interrogatorio, cuyo propósito era el de definir hasta qué punto habían participado en la rebelión. Como veremos más adelante, Juan Bueso de Valdés decidía qué castigo se le impondría a cada indio con base en las declaraciones de los mismos indios. (13) Sin embargo, cabe señalar que aunque decenas de indios fueron capturados, durante los primeros meses del proceso de pacificación, algunos indios -no sabemos cuántos- lograron resistir a los españoles hasta 1687. En ese año fue enviada al rey la cabeza del indio Quirubira era considerado uno de los líderes principales de la rebelión, como prueba de que los rebeldes finalmente habían sido derrotados, después de una guerra que se había prolongado desde el 17 de enero de 1684 hasta el 31 de agosto de 1687. (14)

El propósito de este artículo es el de presentar la historia de la rebelión y examinar los antecedentes que la causaron. Nuestra información proviene de varias fuentes, como por ejemplo, los testimonios de los españoles de la mína de Naurita -principalmente don Juan Joseph Azcárate de Castillo y Esteban Fernández de Rivera- y de las declaraciones de otros testigos, tales como Francisco Onofre y Mateo, un mulato esclavo. Los indios capturados por los españoles también nos proporcionan una valiosísima fuente de información.

Las declaraciones de los indios capturados demuestran que esta rebelión no fue un acto espontáneo, nacido de algún evento particular, sino más bien un suceso organizado, el cual logró atraer la participación de cientos de indios, debido a lo cual acabó rápida y exitosamente. El 15 de enero de 1684, día que marcó el comienzo de la rebelión, los indios de Neguá rodearon las casas de los españoles del pueblo y dieron muerte a todos ellos y al Padre Comisario. (15) Los indios también dieron muerte a los mineros y misioneros de los pueblos de Lloró y San Francisco de Atrato. La violencia se extendió rápidamente a otras regiones de la provincia: a las minas de Joseph Díaz y Domingo de Veitia, a las de Naurita e Ingipurdú, al arrastradero de Quito, la quebrada de Tabusidó, la playa de Guacogo, las bocas de los ríos Quito, Cavi y Bebará, los ríos Andagueda y Atrato y el puerto de Doduhar, entre otras partes. Según los testimonios de los sobrevivientes, los indios dieron muerte a cincuenta y nueve personas. (16) Sin embargo, esta cifra no incluye a doce esclavos pertenecientes a Juan Bueso de Valdés y a Domingo de Veitia, ni a los indios y “pajes” que servían a los españoles, ni a los indios cargueros, ni a las esclavas, a los mozos y a los niños que también murieron a manos de los indígenas. La cifra de muertos se acerca más bien a unas ciento doce personas. Está claro que el haber sido este un ataque sorpresa, impidió que los españoles escaparan; sólo seis de ellos, y unos setenta esclavos, mulatos y mestizos, lograron refugiarse a tiempo. No hay indicios de que haya habido muertos entre los citaraes. (17)

Por otra parte, el testimonio del indio Baquera indica que la rebelión había sido organizada con bastante anticipación por un pequeño grupo de indígenas, a muchos de los cuales se les da, en los documentos, el título de “capitán”. Según Miguel Baquera, varios días antes de ocurrir la rebelión, Don Fernando Tajina se reunio con don Pedro Bolívar en el pueblo de Neguá y le informó que él, el Capitán Chuagra, el Capitán Aucavira y Chaguera habían tomado la decisión de dar muerte a los españoles y le recordó a Bolívar que él mismo había tomado igual decisión varios meses atrás. En esta ocasión, Tajina fue acompañado por el Capitán Chevi, quien informó a Juan Chigre y a Cecego del plan. Según el indio Nicolás Yapeda (este había sido criado por españoles y por lo tanto intentó advertirles del peligro), varios indios -entre ellos el Capitán Chuagra, Biva y el Capitán Aucavira- viajaron a San Francisco de Atrato, con el fin de solicitar la participación en la rebelión de los indios que habitaban las riberas del río Atrato. Mateo, un mulato esclavo de Domingo de Veitia, quien murió a manos de los indios, declaró que, al estallar la rebelión, él se encontraba en la mina de Ingípurdú con sus compañeros (parte de su cuadrilla) y con Ambrosio Mateo y Pedro Carrasco. Cuatro indios “capitanes” - Manzano, Gongera, Tevasa y Chuagra- llegaron a la mina, capturaron a algunos de los esclavos y mataron a otros doce, junto con Pedro, Mateo y Antonio Carrasco. (18)

Las declaraciones de los indios capturados por los españoles nos permiten descubrir quiénes fueron los líderes e la rebelión, ya que los indios que mencionaremos a ontinuación aparecen continuamente en los documentos: Quirubira, Juan Chigre, Capitán Pedro de Bolívar, Tajina, Capitán Manzano, Dechegama, Capitán Tavachi, Capitán Chuagra, Capitán Chuaru, Aucavira, Capitán Gongera, Capitán Miarri, Devanado, Panmendo, Tevasa y Pidigara. (19) Los españoles de la mina de Naurita también nombraron a varios indios de esta lista, así como a algunos otros, tales como el Capitán Dequia y Don Pedro Paparra. (20) Aunque no podemos establecer con seguridad de qué pueblo provenía cada indio, el censo de la población indígena preparado por Bueso de Valdés en 1676 demuestra que muchos de ellos provenían de los tres pueblos principales de la provincia de Citará. En 1676, Juan Chigre, Don Pedro de Bolívar, Devanado y Tavachi aparecen como habitantes del pueblo de Neguá, mientras que el Capitán Miarri, Tevasa y Don Pedro Paparra aparecen en el censo del pueblo de San Francisco de Atrato; el Capitán Dequia aparece en el censo del pueblo de Lloró. (21) La distribución demográfica de los líderes sugiere, entonces, que la rebelión no estuvo limitada a los habitantes de un solo pueblo, sino que trajo la participación de la población de toda la provincia.

Asimismo, no fueron solamente los indios capitanes quienes participaron en el suceso, puesto que muchos otros indios se unieron rápidamente a éste. En su declaración, el indio Guaguirri confesó que él estaba en el río Bebará cuando comenzó la rebelión; allí recibió órdenes de Quirubira, por medio de Ubira, para que matara a los españoles que estuvieran en aquel río. Guaguirni, junto con otros indios, fue a la casa de Francisco de la Carrera, donde le hallaron con otro español llamado Antonio. Otros indios fueron a otra mina, en búsqueda de Bejarano, Bernardo y otro español; aparentemente, cada indio se ocupó de dar muerte a un español. Este grupo se dirigió luego a la quebrada de Tabusidó, donde encontraron a Juan de Guzmán junto con sus compañeros. Noquia confesó que él se encontraba en casa de Tomás, en el río Andagueda, cuando llegó Guagone y le informó que los indios estaban matando a los españoles y que ellos debían hacer lo mismo. Noquia formó parte del grupo que mató a un mulato, un mestizo y una mestiza. Según Noquia, el indio Masupi le había dicho que si encontraba españoles “avían de matar cada uno el suio”. Juananui declaró que Yvagone fue al río Andagueda, donde él se encontraba y le informó a él ya sus compañeros que los indios estaban matando a los españoles y que ellos debían ocuparse de matar a los españoles que estaban por llegar al puerto de Dodubar. Varios indios se dirigieron al puerto, donde dieron muerte a los españoles y a cuatro indios cargueros que los acompañaban. (22)

A pesar del alto número de españoles que murieron a manos de los indios, estos últimos contaban con pocas armas. Según Ygaragaida, Quirubira mató al asistente del herrero con un machete; Guaripua confesó haber matado a Francisco de la Carrera con un hacha y al hijo de Juan de Guzmán con un dardo; Chaqueranvido declaró haber ahogado a un indio; Soberano confesó haber matado a palos a dos esclavos. (23) El éxito de lo indios no se explica, entonces, por las armas que tenían a su disposición, sino por la participación activa de un número muy grande de indios en el movimiento en contra de los españoles.

Sin embargo, también es cierto que muchos indios no participaron en la rebelión con el propósito de matar a los españoles, sino con el fin de robar sus bienes. Los indios capturaron a varios esclavos y cogieron los ornamentos de las iglesias y los efectos de los españoles muertos. Según Ygaragaida, el indio Dami se llevó a la cocinera del Padre Comisario y el indio Ybicua se llevó a un esclavo perteneciente al Capitán Domingo de Veitia. Según el Capitán Tajina, los indios también capturaron a cuatro esclavas de la mina de Domingo de Veitia. Asimismo, Biramia declaró que su tío Umia se había llevado a una esclava de la mina de Ingipurdú. Ygaragaida también declaró que Juan Chigre había cogido las “alaxas” y los ornamentos pertenecientes a Fr. Esteban y que Pidigara se había llevado el cáliz de la iglesia de Neguá. Al mismo Ygaragaida se le encontró una patena cuando fue capturado, aunque él declaró que Bidigama se la había dado. Guaguirri confesó que él, junto con otros tres indios, se habían dividido la ropa y las “alaxas” que encontraron en casa de Francisco de la Carrera; al ser capturado, Guaguirri aún tenía su parte. Los indios que mataron a Juan de Guzmán se dividieron la labor: mientras unos se ocupaban de matar a los españoles, otros juntaban la ropa y las “‘alaxas” de las víctimas. Noquia declaró que el cogió “un coton de Baieta”, que su padre Pichorre cogió “unas naguas y una camisa”, y que Natucama se llevó una caja. Guaripua, quien confesó haber matado a Francisco de la Carrera, declaró que el oro robado por el grupo de indios con el cual él estaba era muy poco y que lo habían dividido entre todo el grupo; Guaripua utilizó su parte para comprar hachas. (24)

Comunidad Embera, Río Capac
Foto: Diego Arango

Está claro, entonces, que muchos indios sólo estaban interesados en participar en la rebelión por los artículos que podían llevarse. El indio Beruga declaró que Caguera le había informado que “ya ban a matar a los españoles bamos a cojer trastes”. Manigua también declaró que le habían informado que los indios iban a matar a los españoles del pueblo de Neguá, y que “bamos y cojeremos los trastes”. Umia dijo que cuando él se encontraba en su casa, en el río Samugra, Meachama lo hizo llamar, para que le acompañara a la mina de Ingipurdú, porque si los españoles ya estaban muertos, era posible que los indios les dieran “algunos trastes”. Soberano informó que él había recibido órdenes para que fuese a “juntar los trastes de los españoles”. (25)


 
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1 Véanse los testimonios de Francisco Onofre, Río de Murrí, 11 de agosto de 1684, en AGI Santa Fe 204, Ramo VI, f.2; y Lloró, 17 de octubre dc 1684,
ibid., f.31. (regresar 1)

2 Véase el testimonio de Esteban Fernández de Rivera, Lloró, 16 de octubre de 1684, en ibid., f.28. (regresar 2)

3 Según Francisco Onofre, mas de cien personas murieron como resultado de la rebelión. Véase el testimonio de Francisco Onofre, 17 de octubre de 1684, en ibid., f. 32. Sin embargo, otros testimonios sugieren que la cifra se acerca mas a unas 112 personas. (regresar 3)

4 Ibid., 13 de agosto de 1684, 11.8-9. (regresar 4)
5 Véase la Cabeza de Proceso General. Río de Murrí, 15 de agosto de 1684, en ibid., ff.8-9.
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6 Véanse los testimonios de Juan José Azcárate de Castillo. Lloró, 14 de octubre de 1684, en ibid., fr. 22-23; y Esteban Fernández de Rivera, Lloró, 16 de octubre de 1684, en ibid., f.27.  (regresar 6)

7 Véanse los testimonios de Juan Joseph Azcárate de Castillo, Lloró, 14 de octubre de 1684, en ibid., f.22 y de Francisco Onofre, Lloró, 17 de octubre de 1684, en ibid., f.31. (regresar 7)
8 Testimonio de Juan Joseph Azcárate de Castillo. Lloró, 14 de octubre de 1684, en ibid., f.24.
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9 AGI Santa Fe 204, Ramo V, Auto, Don Diego Radillo de Arce, Antioquia, 9 de mayo de 1684, ff.1-2. Véase también la lista de españoles e indios que acompañaron a Bueso de Valdés, Antioquia, 14 de mayo de 1684, ibid., ff.4-5.
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10 AGI Santa Fe 204, Ramo VII, Auto de Bueso de Valdés, Lloró, 8 de octubre de 1684, f.3;  Auto de Bueso de Valdés, Lloró, 12 de noviembre de 1684, ff. Como resultado del conflicto existente entre las gobernaciones de Popayán y Antioquia, otro conflicto surgió entre los líderes de las dos expediciones. Véase Ramo VII. (regresar 10)

11 Véase  Auto de Bueso de Valdés, Río Bebara, 30 de julio de 1684, en AGI Santa Fe 204, Ramo V f.30. (regresar 11)
12 Véase el Auto de Bueso de Valdés, Lloró, 8 de octubre de 1684, en AGI Santa Fe 204, Ramo VII, ff.2-3.
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13 Auto de Juan de Caicedo Salazar, Lloró, 7 de octubre de 1684, ibid., 1.1. 
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14 AGI Quito 75: Certificación, Don Carlos de Alcedo Lemus de Sotomayor, 21 de septiembre de 1687, y Carta del Gobernador de Popayán, Don Gerónimo de Berrío, al rey, Popayán, 11 de marzo de 1689. (regresar 14)

15 Véase la declaración de Udrapagui, Río de Murrí, 15 de agosto de 1684, AGI Santa Fe 204, Ramo VI, f.9. (regresar 15)

16 Debemos tener en cuenta que esta cifra puede ser incorrecta, ya que depende de La buena memoria de los sobrevivientes. (regresar 16)

17 AGI Santa Fe 204, Ramo VI, Véanse las siguientes declaraciones: Ygaragaida, ff.3-4; Udrapagui, f.9; Capitán Francisco Ygnacio Betu, f.10; Capitán Tajina, ff.1 1-12; Guaguirri, ff.14-16; Don Juan Joseph Azcárate de Castillo, ff.24-25; Esteban Fernández de Rivera, ff.30-31; Francisco Onofre, f.32; Soberano, f.43.  (regresar 17)

18 Véanse los testimonios de Miguel Baquera, ibid., f.33; Nicolas Yapeda, ibid., ff.34-35; y Mateo, ibid., f.26. Los esclavos muertos por los indios pertenecían a Bueso de Valdés y a Domingo de Veitia. (reg resar 18)

19 Véanse las siguientes declaraciones: Ygaragaida, ibid., ff.3,5-6; Udrapagui, ibid., f.9; Francisco Ygnacio Betu, ibid., f.10; Capitán Tajina, ibid., ff.11-12; Miguel Baquera, ibid., f.33; Don Pedro Paparra, ibid., f.41; Soberano, ibid., ff.42-43.  (regresar 19)

20 Los españoles de la mina de Naurita también mencionan a los siguientes indios: Guebara, Aycerama, Yciguma, Tahugara, Capitán Anugama, Sadragama, Dami, Jerupueda, Guasarapi, Cecego, Legarda, Capitán Sanjua, Oangua, Baragoia, Chaqueta, Ysapa. Véanse los testimonios de Don Juan Joseph Azcárate de Castillo, op. cit., f.24; Esteban Fernández de Rivera, op. cit., f.27; y Francisco Onofre. 17 de octubre 1684, f.32.  (regresar 20)

21 Dami, Cecego, Baragoia, e Ysapa también aparecen como habitantes del pueblo de Negua, mientras que Legarda aparece en el censo de San Francisco de Atrato. Véase AOL Santa Fe 204, Ramo 1, ff.75, 76, 79, 85, 87, 90, 131, 132, 134, 141, 143.  (regresar 21)

22 AGI Santa Fe 204. Ramo VI. Véanse las siguientes declaraciones: Guaguirri, ff.14-16; Noquia, f.44; Juananui, f.47. (regresar 22)

23 Véanse los testimonios de Ygaragaida, ibid., f.5; Guaripua, ibid., f.19; Chaqueranvido, ibid., f.38 y Soberano, ibid., f.43. (regresar 23)

24 Véanse las siguientes declaraciones: Ygaragaida, ibid., ff.3-5; Capitán Tajina, ibid., f.12; Guaguirri, ibid., ff.14-16; Cuaripua, ibid., f.19; Birarnia, ibid., f.41; y Noquia, ibid., f.44.
(regresar 24)

25 Véanse las declaraciones de Soberano, ibid., f.43; Manigua, ibid., f.45; Beruga, ibid., f.46; Umia, ibid., f.48. (regresar 25)