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25. JAIBANA: BRUJO DE LA NOCHE
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Jibana,
Río San Juan
Foto: Diego Arango
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Cuando
pregunté a Misael, hijo de un conocido jaibaná embera, ¿qué hace un sabio tradicional
-doctor de indios lo llaman algunos de ellos- además de curar a la gente?, él calló
durante un momento, hizo memoria y me contó una experiencia de su niñez:
Los de la
casa hacían colada de chicha fuerte y guarapo
fuerte; el jaibaná anunciaba que reunieran a todos, convidaba, y cerca de las cinco de la
tarde venía mucha gente y adornaba la casa con flores; bastantes flores traían. Todo el
corredor con coronas y hasta adentro colgaban. Bonita cosa. Cuando estaba chiquito me
tocó.
A
las seis de la tarde, anocheciendo, empezaban a tomar la chicha. El jaibaná ponía su
guarapo con tendido de hojas blancas. Entonces el jaibaná empezaba a cantar y también
invitaba a unos señores que tocaban guitarra, tiple y tambor y, si no había, sólo
tambor.
Mientras que el jaibaná comenzaba a cantar, por un
rincón empezaban a bailar; el jaibaná comenzaba a cantar él solo.
Por ahí las doce de
la noche, ellos decían que ya viene el curandero que va a curar la tierra. Anunciaban,
pues. El jaibaná decía:
que
vayan bailando alrededor, como en círculo, e iban bailando alrededor del jaibaná.
Decía en paz, que no bailen más, que ya hizo curación de la tierra. Curaban
la tierra como cantando y veían como en sueños un demonio que venía como en forma de
persona, en espíritu. El demonio decía: que ya está curada, ya le curé toda la
tierra. Y el jaibaná decía: que ya no más, que ya está todo en paz.
Decía: repartan la comitiva de comidas. Y, una vez recogida una abundante cosecha, el jaibaná
daba una gran cena para los espíritus, para todos ellos, en la ceremonia de cantar la
chicha o de la chicha cantada.
Así
me enteré como el jaibaná era mucho más que un curandero que alivia las dolencias
corporales de las personas de su grupo y que su poder se extiende más allá, hacia todo
el entorno, social y natural, que lo rodea.
Poder sobre la tierra, por ejemplo. Antes de
hacer una rocería de maíz, el jaibaná viene para ahuyentar los achaques,
aquellos jais que pueden hacer que caigan las plagas en los sembrados o que
los animales del monte los devoren o que las enfermedades enviadas por otro jaibaná
destruyan las cosechas. También puede curar un río si en este escasea la pesca o el
monte
cuando faltan los animales de cacería o limpiar un nuevo
territorio que se ocupa y que, como lugar hasta entonces deshabitado por los hombres,
está poblado por los numerosos seres que los embera denominan monstruos, peligrosos para
los humanos.
Así conocí también la
existencia de los jais, las energías materiales que constituyen la esencia de
todas las cosas, y que Misael, bajo la influencia de los misioneros, llamaba demonios o
espíritus. Todo tiene jai, a un aquellas cosas que nosotros suponemos
inanimadas y hasta los objetos de los blancos.
Así supe, igualmente, que la
acción del jaibaná tiene lugar exclusivamente después de caer la tarde, por lo cual
algunos embera la denominan canto de la noche, y que se prolonga hasta las
doce, hora en que las potencias obran y el canto del jaibaná produce su efecto.
Así conocí que el poder del
jaibaná está fundado en su capacidad de acceder a los jais y controlarlos y,
con ello, incidir en la causalidad de todo lo que ocurre en el mundo. Es, pues, el dueño
de las esencias y su poder es total. Por eso se narra que puede volar, producir
terremotos, tempestades e inundaciones y moverse a voluntad por los tres mundos que
identifican los embera. Este poder puede ser usado para hacer bien a su grupo social, pero
también puede hacer mal, si cura la tierra y a los hombres, igualmente puede enfermarlos;
si propicia la abundancia, puede traer la escasez. Así, la actitud de los embera frente a
él es ambivalente, es respetado y querido y, a la vez, es temido y puede llegar a ser
odiado, perseguido y muerto.
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Jaibana
Embera
Foto: Diego Arango
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Pero al mismo tiempo me
preguntaba, ¿de dónde salen los jais?, ¿cómo se relaciona con estos el
jaibaná?, Clemente, uno de ellos, de los más respetados en su comunidad, me dijo:
En las
quebradas hay espíritus.
El
brujo anda
en las cañadas arriba y busca al espíritu malo en las cañadas muy feas y en las
chorreras muy altas. Si el espíritu no tiene dueño, el brujo lo hace hermaniar y queda
de cuenta de él y lo tiene que obedecer.
Son
espíritus como de mula, figura de blanco, indígena de antigua, negro chocuano, todos los
animales del mundo, jepá. El brujo de noche se lleva el espíritu. Habla por secreto, en
sueño; el espíritu del brujo habla con el de la quebrada. Le pregunta: usté tiene
dueño?. El espíritu dice: yo vivo aquí desde siempre, nunca me han hablado
ni me ven , sólo usté me conoció, sí me
lleva, me voy con usté. El brujo pregunta: ¿usté qué responsabilidad tiene
de curación?. Dice: yo curo del achaque de ataque. Yo soy el dueño de eso .
O
puede ser de diarreas, según. Cada
espíritu cura una cosa. Y el brujo lo trae a la casa y lo tiene ahí sirvíéndole
comida. El espíritu dice: no me vaya a dejar sin tomar chicha, somos chicheros; si
no me invita a chicha, no me amaño y me voy.
Por eso el
brujo empieza a cantar como a las siete de la noche y
dice: aquí estoy, me mandó a
invitar, espíritu, anímese pues a tomar.
El
brujo sirve mesa de chicha.
El brujo vigila al espíritu por sueño; otro brujo se lo puede robar. Cada brujo tiene
cincuenta o cien espíritus recogidos.
De labios de Clemente oí
llamar al jaibaná, por primera vez, brujo de la noche. Y entendí con claridad que la
comida preferida de los jais es la chicha de maíz, que sólo pueden preparar
las mujeres solteras. Y que cada uno está relacionado con un poder distinto y por eso un
jaibaná poderoso debe tener muchos de ellos, hasta cien, dijo Clemente.
Pero, hay otras maneras de
apropiarse de más jais. Cuando cura, los jais de un jaibaná
vienen y participan de la fiesta, prueban la comitiva de comidas, beben la
chicha preparada, hacen música y bailan y, al final, se marchan llevando al
jai que provocaba el mal, lo encierran en seguros corrales en lo profundo de
la selva, en donde queda a disposición del jaibaná. Otros jais, los recibe
del maestro que le enseñó a ser jaibaná en la ceremonia que da término a su proceso de
aprendizaje. Darío me lo explicó así:
Cuando
el jaibaná cura, saca del cuerpo del enfermo los espíritus de los animales que causan la
enfermedad. A partir de ese momento, tales
espíritus pasan a ser suyos y, más tarde, él puede usarlos para curar. En la curación,
el jaibaná llama a los espíritus de quienes le vendieron el banco a que le ayuden a
curar, así como a los espíritus de los animales que están en su poder; éstos se llevan
a los espíritus de los animales que causan la enfermedad y los encierran en una cueva.
Allí se quedan hasta cuando el jaibaná los llama para curar. Así a medida que cura más
enfermos, su poder aumenta.
O puede sonsacarlos a otros
jaibanás que no los cuidan bien, que no les ofrecen la chicha suficiente.
De la conversación con
Clemente obtuve la primer pista sobre la relación entre el jaibaná, el ver y el sueño.
Porque si el jabaná es un hombre de conocimiento, lo es en virtud de su capacidad de ver,
pero de ver aquello que los demás embera no pueden ver: las esencias ocultas detrás de
la fachada, de las apariencias que los objetos y los seres revisten en la vida cotidiana y
que aparecen ante los ojos.
Los embera dicen que el
jaibaná ve por medio del sueño, pero no se trata del sueño corriente en el sentido que
nosotros le damos, sino de un estado de conciencia que esta palabra castellana sólo puede
definir de manera deficiente. Si los aborígenes australianos llaman al mito el
tiempo del sueño, los embera consideran el lugar de las esencias, el mundo
invisible al cual el jaibaná es capaz de acceder, aquel donde tiene lugar la causalidad
del universo, como el mundo del sueño, porque este estado es el vehículo que
le permite verlo y, por lo tanto, conocerlo. El jaibaná puede ver y vivir en el mundo del
mito mediante el sueño.
Por eso su aprendizaje es
substancialmente aprender a soñar, conseguir que el sueño deje de ser un fenómeno bajo
el dominio del inconsciente y pueda ser controlado poco a poco por la conciencia, por la
voluntad. Pues lo que llaman sueño no sólo no es una imagen distorsionada de la realidad
sino que constituye otra parte de ella, igualmente real y más importante. Hay quienes,
refiriéndose a otras latitudes, hablan de estados alterados de conciencia o de
ensoñaciones para designar estas experiencias.
Clemente decía:
Uno va donde el maestro y le dice qué quiere comprar
y qué es lo que quiere conocer. El dice: en sueño suyo me va a conocer, me va a
aparecer sentado en medio de la sala con hoja de biao.
Aprendí con mi papá. En el aprendizaje él era
corazón . nalo y casi me mataba en sueños. En
sueño veía era pura candela; después se llevó allí y se apagó; me subía por un palo
y la candela se calmaba. Me daba candela; después se llevó allí y se apagó. Así pasó
muchas veces. Al fin, bajé del palo después que apagó y fui a ver. Había como un
animal. Luché, le arrastré de la cola y traje a papá. Papá, ¿para qué sirve?,
yo lo agarré. El papá dijo: ah, me ganastes; llévalo allá arriba a la
oficina mía (en el monte), enciérrelo ai y queda para siempre. Ya no cae enfermo usté,
ya no cae usté; ahora puede curar
.
Otro relato cuenta acerca del
aprendizaje de jaibaná de una manera que es muy similar a la anterior:
Un
muchacho encontró un viejo que le dió un mero, le daba pescado. Y dijo: le voy a enseñar a usté. Le
enseñó el brujo al muchacho. Era el diablo. Salía el muchacho por la mañana y por la
tarde traía peces. Dijo el viejo: le voy a enseñar, yo soy brujo
.
Pasaron los días en el monte. El muchacho le dijo a
la mamá: es
ta
noche no vengo a
dormir. El viejo le estaba enseñando, cantaba chicha..., le dió un bastón y cinco
matecitos y, entonces, dijo
:
cuando llegue a la casa donde su mamá, le
hace una chicha. Y trajo también un banco ( purkao)
. El que le enseñó le dijo: usté
canta la chicha y yo estoy allá oyendo en su sueño. Ahora sí, hoy, haga chicha, corte
hoja, yo voy a cantar...
En este relato aparecen
algunos elementos de cultura material que intervienen en las actividades jaibanísticas:
los bastones, los bancos y los mates de calabazo o de totumo para guardar y tomar la
chicha y la comida.
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