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24. INDIGENAS EMBERA, CHOCO
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Comunidad Embera, Rio Capac
Foto: Diego Arango
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El dios Sol y la
convivencia entre los hombres y los animales
En el Alto Baudó, cerca a la
desembocadura del río Condoto, vive el viejo Ventura Dogiramá, famoso jaibaná de la
región.
Un atardecer, mientras una
adolescente virgen lavaba el centro del tambo con yerbas de agradable y penetrante olor,
como parte de los preparativos para una ceremonia, el viejo, acostado en un extremo de la
casa y cubierto por una raída cobija, soñaba. De vez en cuando, voces que no
salían de su cuerpo, modelaban en la boca incisivas preguntas, conjeturas y acuerdos. Era
una conversación con los espíritus del monte y del río, en la cual aclaraba un suceso
que se había presentado en los últimos días.
En una vivienda abandonada,
al otro lado del río y muy cerca de la suya, permanecía un mico yarré (Ateles sp).
Cuando una familia de indígenas, que vivía río abajo pasaba en su canoa, el mico
manifestaba con alborozo sus ansias y cariño por ellos. ¿Por qué no estaba en la selva
con los otros micos buscando por los altos árboles cogollos y dulces frutos?
Cuando Ankoré (el sol) ya
había caminado unas horas por el río del mundo de abajo, Ventura se sentó en su
pequeño banco de jaibaná. Mirando el horizonte, por donde Ankoré desciende, entonó
cantos y recitativos para que sus espíritus llegaran a la casa. Ya un rato antes, el gran
caracol marino, soplado por un joven pariente, había enviado su sonido profundo y
conmovedor al lugar de los espíritus para convocarlos. En el pequeño altar ubicado
frente a él, estaban la chicha y los tabacos que ellos consumirían durante la noche.
Entre las piernas de Ventura reposaban sus bastones de jaibaná mientras su mano derecha
batía sobre las bebidas una sonora hoja de palma. Entonando el ánimo con ese ritmo
absorbente, continuo y monótono, los espíritus o jais realizarían su trabajo, según lo
convenido con el jaibaná.
Cerca de la media noche, el
chamán pudo dialogar con el yarré. Este mico hembra le contó lo siguiente: ella era una
mujer embera que había muerto hacia unas pocas semanas. Ankoré la convirtió en ese
animal, enviándola del mundo de arriba a esta tierra. Ella permanecía en su casa porque
desde allí podía estar cerca de sus hijos y maridos, de sus padres y de otros
familiares, pues ellos pasaban con frecuencia navegando en sus canoas. Además, tenía
temor de subir a los árboles, dado que nunca lo había hecho.
Ventura terminó su ceremonia
al amanecer. Poco tiempo después, cuando Ankoré ya había caminado un poco por el río
del cielo, la gente fue a observar a la mujer yarré. La vieron saltar del piso de la casa
al suelo y subir al árbol más cercano. Con habilidad llegó a las altas ramas en donde
la esperaba un grupo de yarrés. Cuando todos estuvieron reunidos, con ágiles saltos y
braceos, se internaron en la inmensa selva.
Aunque la familia de la mujer
le había solicitado a Ventura que la retornara nuevamente a su condición humana, ya era
demasiado tarde. Entonces el jaibaná se sirvió de los espíritus de las especies para
que ella completara su transitorio destino uniéndose a su nueva familia, la de los
yarrés.
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Mujer Embera
Foto: Alexander Cifuentes
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Viaje del alma
Esta historia nos permite vislumbrar el
transcurrir de la vida y la muerte en los embera. A medida que un indígena pasa de una
forma a otra realiza un recorrido de vidas por su cosmos, el cual se inicia con la muerte.
(1)
Para entender este proceso, es preciso observar
su sistema de vida. A pesar de que en los últimos tiempos el espacio entre las
residencias familiares se ha estrechado, las pautas tradicionales de poblamiento
establecen tramos hasta de varios kilómetros entre una familia extensa y otra. Cada
unidad residencial puede combinar sin restricciones la patrilocalidad y la matrilocalidad
(2)
,
y estar compuesta hasta por tres o cuatro generaciones. Así, cuando la familia extensa
integrada por padres, hijos, nietos y probablemente bisnietos ha aumentado su población
notablemente tiende a romperse. El nuevo núcleo familiar buscará otro lugar a lo largo
del río principal o en alguno de sus afluentes y dará comienzo a otro ciclo.
Si tenemos en cuenta el
sistema tradicional, cada unidad familiar tiene su propio jaibaná. Ahora bien, el
jaibaná es quien posee el dominio de los espíritus de los animales y demás entidades
que pueblan el cosmos. Esos espíritus o jais, enviados por él, son los que raptan el
alma del indígena, causándole la muerte como ser humano. Este es uno de los motivos, por
el cual cada unidad residencial procura interponer entre sus vecinos largos espacios de
río y monte
subsistir de acuerdo con sus requerimientos de
carne de monte.
(3)
Entonces cuando un indígena
muere su alma viaja desde el río donde habitaba hasta un lugar denominado Ungá-Baito,
que bien se puede traducir como el final de la aguas:
Ungá-Baito es el río de la purificación ubicado en los confines del océano. Después
de muchos baños, el alma asciende por la escalera de "cristal de perlas", la
cuál une el mundo de Akoré con el de los hombres. Si fue posible una total
purificación, y además encontro familiares en el mundo de arriba, ingresa a ese nivel;
de lo contrario es, lanzada al mundo de los hombres; en tal caso Pankoré decide en que
especie de animal se ha de convertir esa persona. Para cumplir con su designio,
"angeles-chamanes" descienden tras el alma y con pituras vegetales y golpecitos
de sus bastones, van realizando la metamorfosis.
Ahora bien, si tenemos en
cuenta el ciclo del hombre animal, seguramente el transito de indio-alma por los
terriotorios celestiales, es solo con el propósito de retornar a la tierra embera,
predestinado a ser un animal después de los ritos pertinentes.
El hecho de que un indio-alma
sea transformado en uno u otro animal depende del temperamento de esa persona o de sus
características vitales sobresalientes. Si fue un individuo agresivo, será un felino o
cualquier iracunda hormiga; si se destacó por su tranquilidad quedaría convertido en un
venado, una danta u otro animal que no sea abiertamente hostil.
De acuerdo con un suceso
acaecido aun familiar de Ventura, a finales del siglo pasado se puede presentar la
siguiente situación: cuando el indio-alma llega a la tierra de los embera para cumplir su
metamorfosis, se dio una especie de enfrentamiento entre los "angeles-chamanes"
que bajaron del mundo de Akoré y el chamán embera. Este, ya avisado y apoyado por el
chamán dueño de los animales, el cual habita en uno de los mundos de abajo fue al lugar
donde esa persona iba a ser transformada.
El antepasado de Ventura, cargado de bija,
jagua, y pikive, se acercó rápido al cauteloso sitio.
(4)
Trató de anticiparse a los
"angeles-chamanes" con el fin de lanzarle al indio-alma tintura extraida de la
palmas que llevaban; así, lo convertía nuevamente en un embera. Sin embargo el hombre ya
estaba convertido en un venado, aunque aún conservaba las manos de gente y el cuerpo no
tenía pelaje. Los "angeles-chamanes" le recriminaron a jaibaná su acción y
terminaron de pintarle el cuerpo al indio-venado con los colores característicos de ese
animal.
Este acontecimiento nos
muenstra como al indígena muerto se le puede variar su destino segun convenga a los
intereses de los hombres o de los animales.
A través del relato mítico
del puerco de monte se observa cómo un quedaron establecidos los intercambios y las
uniones entre las especies con el propósito de garantizar la superviencia de todos. Los
puercos de monte son gente que vive a lo largo de u río, en un mundo ubicado abajo de
éste. Cuando suben a la tierra de los embera, pasando a través de una cueva que une los
dos mundos, se colocan el traje de animales. De aquí llevan los frutos de la palma
barrigona que para ellos es como el maiz.
Uno de los episodios del mito refiere como un
indígena siempre fracasó en la cacería; a pesar de los muchos intentos y esfuerzos que
hizo con su lanza nunca logró matar a un puerco salvaje. Debido a que ésta era la presa
favorita de los cazadores, el hombre perdió estimación entre sus cuñados y su mujer;
entonces decidió perderse en a selva para morir, pero antes intentaría seguir a la
manada de puercos hasta donde le fuera posible. De esta manera legó al mundo de esos
animales; allí lo estaba esperando "la dueña" de los puercos con el propósito
de que se uniéra conyugalmente con una de las hembras y fuera desde ese momento, el guía
y protector de la especie
(5)
.
Entonces, si tenemos en cuenta en contexto del
jaibaná embera en el ciclo vital de los indigenas, podemos observar lo siguiente:
practicamente toda muerte es atribuida a uno de ellos el cual, obviamente, no es del grupo
familiar que está siendo afectado ya que una de las principales funciones es la de curar
y proteger a sus parientes.
(6)
En este sentido, existe una
permanente competencia entre los jaibanás, dado que la enfermedad y la muerte siempre
están presentes.
De manera general se puede establecer que el jaibaná posee jais de
defensa y agresión. Se considera que los jais de agresión, es decir los que causan la
muerte, son principalmente los jais de los animales que persiguen los cazadores para
alimentar a su parentela.
La muerte de un individuo de
cualquier especie no sólo significa el hecho físico de tener que servir de alimento a
los individuos de otra especie, sino que implica el rapto del alma de ese ser, el cual
desaparece para convertirse en miembro de otra especie.
Por lo tanto, en el devenir de la
vida por los diferentes niveles cósmicos, se puede ver que la muerte debida al rapto del
alma es la manera como cada especie procura conservarse, tratando de mantener una
determinada cantidad de individuos. Si los hombres sacrifican animales, los animales
sacrifican hombres, lo cual conduce
a una serie de intercambios conyugales
entre las diferentes especies que habitan en el mundo.
El hecho de que en un momento
dado o en determinados lugares, haya o no animales de presa, depende del jaibaná. A
través de una ceremonia, él se encuentra con el dueño de la especie con el
propósito de negociar los animales que requiere su grupo para alimentarse. Aunque
socialmente no posee una jerarquía superior ni tiene privilegios económicos, es una
persona necesaria y temida. El propicia la enfermedad y la salud, la vida y la muerte.
Por último, se debe aclarar
que este cosmos se está desintegrando, ya que los procesos socio-económicos que de
tiempo atrás vienen afectando la región, han conducido a la drástica disminución de
las especies animales, como es el caso del Tapirus
bairdii y el Tayassu pecan. Entre las causas
generales podemos enumerar las industrias extractivas del oro, el platino y las maderas,
el gran aumento de la población negra y en parte la indígena, la falta de otras
alternativas de alimentación que no sean las especies silvestres y el crecimiento urbano
que demanda todo tipo de recursos naturales.
JAIBANAES
QUE VOLABAN
Picario
fue el jaibaná más sabio que ha existido.
El y sus discípulos volaban, ayudados de sus estatuillas
de madera, de sus muñecos, de sus jai are,
pero ocultaron para siempre el secreto para volar.
Tomado de Luis Fernando
Vélez.
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Bancos y
platos ceremoniales del Jaibana. Comunidad Embera y Waunana
Foto: Oscar Monsalve
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BIBLIOGRAFIA
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Pardo, Mauricio. 1984. Literatura oral embera. Centro Gaitán. Bogota
Pineda, O. Roberto, Virginia Gutiérrez de P.
1984-1985. Ciclo vital y chamanismo entre los indios chocó. Revista Colombiana de
Antropología. Volumen XXV. Bogota.
Vasco, Luis Guillermo. 1985. Jaibanas los verdaderos
hombres, Biblioteca Banco Popular. Textos
Universitarios. Bogotá
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CAPÍTULO
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ÍNDICE
1.Decir que
comienza con la muerte de una persona, sólo sirve para tener un punto de referencia, ya
que en este ciclo no existe exactamente un estado de partida y otro de llegada.
(regresar 1)
2.Patrilocal
implica que los hombres siempre residen en el territorio que han heredado por línea
masculina. El mismo sentido es para la matrilocalidad.
(regresar
2)
3.La distancia que media entre
una unidad residencial y otra, bien se puede interpretar como el territorio que requiere
este grupo familiar para poder. (regresar 3)
4. La bija y
la jagua son pituras de origen vegetal, las cuales son utilizadas por los embera para la
pictografía corporal. En el caso referido, seguramente ellos las consideran un distintivo
de los hombres de éste territorio. Así, si el chamán logra untar a su pariente difunto
con esos estractos, es posible recuperarlo para su familia humana. De lo contrario no lo
logrará. El pikive o "diente-negro", es una yerba que se mastica con el fin de
prevenir las caries; esto también es un distintivo de los embera. (regresar
4)
5. Además de
lo puercos de monte, en el mundo de abajo, habitan las dantas (Tapirus bairdii), los
venados (Mazama americana), las guaguas (Agouti paca), los paujiles (Crax rubra), los
primates y otros animales de presa. En el mismo territorio están los depredadores de
algunos de ellos como el tigre (Felis Onca) y el perro de monte (Speothos venaticus). (regresar 5)
6.El hecho de que un jaibaná
sea el protector de su familia, no excluye que preste sus servicios a otros indígenas que
lo requieran. (regresar 6)
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