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LOS
TRES
MUNDOS
RELATO
EMBERA.
Relatado por
Delia Casama.
Recopilado
por Diego Arango.
Los indígenas consideramos que hay tres mundos.
Debajo de este mundo donde existimos:
hay otro mundo; el mundo de abajo habitado por los
Yháberas, que tienen el rabo tapado y se alimentan con el olor de la comida;
las Madre de Agua, los Antomiá; y los puerco-manaos; luego viene la parte que
habitamos, que los Yháberas llaman Anteatuna; y arriba otro mundo llamado
bajia
.
Del mundo de abajo salió el primer jaibaná. De allá
salió y enseñó canto de jai, en su chile (mochila) traía distintas clases de plantas,
hojas y raíces: pa mordida de culebra, pa retatismo, pa dolor de
cabeza, pa lepra, pa maleficio... traía de toda la medicina tradici
onal.
Así como un botánico, llegó con su chile cargadito
de plantas, entonces decía:
¿quieren de esta planta? es planta pa
curar... el que crea en esta planta va a hacer mucho, va a tener más poder que Akore...
con esta planta se van a cambiar, van a hacer de tal van a volver curanderos.
Así
varios aprendieron de plantas, agarraron medicina tradicional hasta el sol de hoy. E. daba así, desaparecía y en otro pueblo aparecía,
iba de pueblo en pueblo enseñando jai medicina botánica. La gente acudía donde ese
jaibaná y les decía:
esta planta es buena, esta es mala; mi gente, el
que quiera aprender aquí estoy a la orden vean esa planta que hay en el monte... esta es
para curar culebra..- Cogía un mordido de culebra y raz...raz... y al rato listo, estaba curado. Así aprendieron
jai, plantas...
El
salió de ahí mismo,
del suelo, con su chile, pues decía que venía del mundo de abajo y venía a
enseñar
a ver....
Así
aprendimos de plantas; pa volverse jaibaná, diablo-blanco, diablo-negro,
diabla-mankua que atrae jaís bañandose con ella;
Gueke (Guiban) que es hoja de mohán y el que de esa hoja cuando muere no bota
la carne si no que se le vuelve dura y se vuelve mohán que es un animal más grande que
una vaca.
En el mundo de arriba, que se llama bajia,
habitan los que se van, los que mueren. Mundo en la antiguedad Akore lo llevaba a uno en
vida, así en cuerpo. Akore decía:
lábrense
un botecito de balso y su canaletico... en esa chalupita caben cien... quinientos...
Y
la gente le decía al compañero Akore:
- ¿y nosotros, este poco de pueblo, si cabemos ahí?
-
en esa chalupita caben cientos les decía
Akore, los que puedan pisar el mundo de arriba que es tan delicado pueden caber en una
chalupita. De aquí tienen que viajar a donde llega la última fuente de agua (al Do
karrá) , el viaje es de tres meses, cada uno va
a llevar un capacho de sosiega (harina de maíz tostado)
La gente labró sus chalupitas y cada uno envolvió su
sosieguita y su panal de miel y verdad decían:
- ¡como mil hormigas caben en esta chalupita y no se
hunde!, vamos a bregar... Con su canal ético
iban viajando agua abajo... cuando llegaron al final (al Do karrá) de allá
en adelante no habrá agua, sólo un chorro de agua que se
llama, ongapaito (se refiere a áwandor donde se cambia de piel), como
de agua mágica; allí se lavaban e iban destilando la maldad hasta que quedaban
delgaditos. Cuando ya quedaban bien delgaditos con el baño,
así
les decían:
va a cruzar este río, ya llegó a la
raíz (Do karrá), ya estuvo un mes aquí en el ongapaito; (le aquí usted va
a salir.., va a ir a la escalera que Akore le va a mostrar para que usted pise con cuidado, sin coger nada; cuando llegue al segundo piso,
en donde está Akore, no va a entrar run... run... así no más, se va a quedar en la
entrada, sentadito.
Así
iban subiendo por la escalera, llegando arriba..,
cuando llegaban allá:
- ¡buenos días...
buenos días...! ¿de dónde viene usted? le preguntaban vengo del otro planeta
bueno, no puede dentrar hasta que no vengan sus
familiares o el que te va a clasificar. uno se quedaba allá sentadito, en la
esquina del abismo, mirando con mucho cuidadito para abajo. Si llegaba uno que no estaba
limpio, y sabían que no tenían remedio, de allá arriba lo traban al fondo; cuando caía
acá, llegaba su cuidandero con un bastón y le decía:
se va a volver mohán, se va a
volver tigre .... los seres que viven acá te
comen... a usted, te vemos como mico, ven pa ca te comemos. Así con el bastón lo
convertían en animal de comer
.
21.
TRES MILENIOS DE
HISTORIA
CON BASE EN LA ARQUEOLOGIA
DEL PACIFICO
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Personaje cultura Tumaco
Colección Fondo de Promoción de la Cultura del Banco popular
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La historia importa:
proporciona los hechos que permiten probar las teorías de las ciencias naturales y
sociales (Gould 1986-1992); los datos nuevos se vuelven pertinentes en la medida en que
apoyan o refutan un teórico. La historia genera la materia prima (datos sirve para
examinar la vigencia de las herramientas analíticas (conceptos dispersos y algunos ya en desuso como adaptación, aculturación, arcaico,
difusión y tribu) que han de reconstruir el pasado prehispánico y colonial. Ahora bien,
una historia escrita con base. arqueología tiene un significado adicional porque permite
construir y reivindicar la identidad de la gente de una región (Fals Borda 1988189;
Lleras 1985, Vasco Uribe 1992). En este sentido, la historia doble costa ayuda
a impulsar un descubrimientol del Pacífico y del Nuevo Mundo
tanto a la luz de la ciencias como de la identidad regional en lugar de la invención y
conquista que se han hecho desde 1492 (Taussig 1992:37-52).
Se destaca en este ensayo la
importancia histórica de más de 3.000 años de uso humano del litoral Pacífico,
mediante la exposición de seis temas a lo largo de cuatro períodos: agricultura,
interacción a larga distancia, religión, complejidad e igualdad/desigualdad en el poder,
cambios medioambientales, y conceptualizaciones sobre la relación entre ei medio ambiente
y la gente dentro de un marco temporal que va desde 1.000 AC hasta 1850-1900 DC (períodos
prehispánico temprano, transicional y tardío y período histórico) y que
geográficamente se extiende desde el golfo de Urabá hasta Esmeraldas (Ecuador),
incluyendo la vertiente occidental de la cordillera Occidental. Recientemente se han
publicado varios artículos sobre el tema, los cuales los lectores interesados pueden
consultar para más detalles (Bouchard 1982/83, 1984; Bray 1984, 1987; Groot 1989; Herrera
1989; Labbé: 21-41; Patiño 1990; Santos 1989).
Una de las primeras
enseñanzas de esta historia es comprender que las conceptualizaciones sobre la relación
entre la gente prehispánica y colonial y su entorno están repletas de malentendidos y
mitos (Alzate 1900; Putz y Holbrook 1988). Estos son similares a los que se han
entretejido sobre la Amazonia (Caufield 1984:4 1; Palacios 1987) y la Sierra Nevada de
Santa Marta (Uribe 1988). En 1524 Francisco Pizarro y sus huestes casi morían de hambre
en isla del Gallo durante un invierno típico del Pacífico.
Las lluvias
constantes eran el telón de fondo para uno de los primeros dramas de los europeos en las
Américas: Francisco Pizarro trazó con su espada una línea en las arenas negras de isla
del Gallo, desafiando a su tropa; los Trece de la Gloria cruzaron la línea,
inspirados por el discurso del conquistador sobre la riqueza en el sur y la oportunidad de
probar su coraje en las selvas y desiertos desconocidos (Torres 1986; Hemming 1992).
Unos años más tarde se le
comentó al milanés Girolamo Benzoni ([1565] 1985: 107) que la isla de Gorgona era la
tierra del Diablo. Posiblemente Benzoní describió esta parte del viaje
porque su evaluación moral de la topografía confirmaba lo que los europeos pensaban de
las tierras tropicales del Pacífico: paisajes de salvajismo donde las gentes de estos
bosques eran bárbaros, que vivían en árboles, en el desorden y en la anarquía (Taussig
1987 capítulo 11). Que el mito del Infierno Verde sigue ejerciendo su
embriaguez sobre la imaginación e interpretación contemporánea del siglo XVI sobresale
en lo siguiente: Sólo quienes desconozcan las selvas del Darién con su follaje
impenetrable, su deletérea humedad, sus ríos caudalosos plagados de caimanes, sus
ciénagas traicioneras, sus venenosas alimañas, sus lluvias torrenciales y su ambiente
insalubre, pueden extrañarse
de que Balboa
hubiera tardado tres años para decidirse a atravesar el istmo y descubrir el mar del
Sur (Castillo 1990: 127). Además del juicio moral sobre el paisaje, esta
interpretación carece de precisión puesto que el establecimiento de Santa María de la
Antigua del Darién (Arcila 1986), en bosques igual de traicioneros a los del
Chocó, resalta el que los españoles conquistaban en cualquier clase de medio ambiente.
Los escritos de Isaccson (1976), Mejía (1989), Safford (1991)y Vargas (1990: Capítulo
4), entre otros, sintetizan cómo se han percibido las relaciones gente-entorno entre 1500
y 1900. Por medio de una evaluación más pragmática podemos entender mejor la influencia
del medio ambiente en los cambios culturales prehispánicos.
Además de Infierno
Verde, El Dorado del Paraíso Tropical es otro de los mitos sobre el
Pacífico, bosques despoblados, prístinos, vírgenes, sin intervención
humana. Sin embargo, hace más de 35 años el geógrafo cultural Robert West (1957: 46)
desmitificó esta evaluación luego de, viajar en canoa y por trochas interfluviales entre
Panamá y Esmeraldas. La comunidad científica ha reaccionado con lentitud a las ideas de
geógrafos, como Carl Sauer (1964,1966: 272), Raymond Crist ((1946) 1987), James Parsons
(1970, 1990), Robert Eidt (1984), Ernesto Guhl (1991) y William Denevan (1992a) en el
sentido que, los paisajes de los ríos San Jorge y Calima representan un producto
histórico, intervenido y hasta manejado a través de los siglos.
Analógicamente a los estudios sobre la Amazonia brasileña y colombiana
(Correa 1990: 30; Gentry 1990: 29; Mora 1990; Posey 1989: 125), el trabajo futuro de
botánicos y antropólogos habrá de documentar que, la transformación de casi la
totalidad de los bosques del Pacífico a manos de las comunidades indígenas
prehispánicas habría aumentado su valor económico y sin alterar, al parecer, el balance
ecológico. (Vea. Reichel-Dolmatoff, 1960: 84, sobre la costumbre indígena de sembrar
chontaduro, tal vez una forma de agricultura antigua en el Pacífico según datos
lingüísticos (Yangüez B. 1976: 414]).
En elaborados ensayos, Jaime
Arocha (1986, 1991) conceptualiza las recientes relaciones entre afro-colombianos y su
entorno con términos como inventiva frente a un medio de cambios constantes a causa
de mareas, terremotos, El Niño y ciclos de auge y desplome de tos precios mundiales de
materias primas del Pacífico. La antropología de Arocha crea un espacio, dentro de un
sutil enfoque materialista, para considerar los aspectos contingentes, sicológicos y
mentales de la experiencia humana en los bosques y manglares. Arocha describe -en lo que
por momentos evoca estilísticamente lo mejor que de literario tienen los textos de Molano
(Melo 1990: 11; Pineda 1987) y lo mejor que de científico pueden tener los de C. Caicedo
y O. Márquez-, cómo los afro-colombianos responden con creatividad a los ritmos
impredecibles del entorno físico y social que afectan a su programación de
tiempo.
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Remato de baston de mando con
figura antropomorfa. Cultura Calima
Foto: Rudolf
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Hace falta imbuir la
reconstrucción de las relaciones entre el medio ambiente y las gentes del período
prehispánico-colonial con las nociones de Arocha. Incluso la representación de la
intención humana antigua debería ser igual de creativa a la poesía y ensayos de Alfredo
Vanín (1991), o a un cuadro de los acuarelistas de San Cipriano (que pintaron el mural de
Buenaventura), o a una música de marimba en el Festival de Currulao en Tumaco y en el
alabado novenario (Whitten 1967). Sin embargo, queremos escribir una historia que no caiga
en el relativismo sin esperanzas de algunos de los escritos más extremistas de Jan Hodder
y otros arqueólogos del post-estructuralismo, que ven los hechos arqueológicos no como
hechos sino como textos e interpretaciones de interpretaciones, lo que ciertamente parodia
una historia al estilo de los cuenteros del Pacífico o al de las
arqueo-novelas de Manuel Mejía Vallejo, Los
abuelos de cara blanca, y B. Valderrama Andrade, El
Gran Jaguar.
En contraste, Francois
Bouchard (1988:10) y Gerardo Reichel-Dolmatoff (1986: 90) ya no invocan variables del
medio ambiente (lluvias o suelos infértiles), como una vez lo hicieron, en sus
explicaciones sobre el arte Tumaco-La Tolita (ca. 300
AC-350 DC). Bouchard (1991) conceptualiza la expansión de este estilo de arte como un
probable resultado de la búsqueda de oro aluvial por parte de navegantes-mineros. Tal
hipótesis crea más espacio en la reconstrucción de la conducta humana antigua, para
inferir la voluntad e intención prehispánica; más espacio que el de un materialismo
vulgar e plantea que la gente antigua no pudo con el entorno hostil. El asentamiento
Tumaco-Tolita sobre los fires (bancos de arena), en los manglares cerca al río Patía y
por la bahía de Buenaventura, indica que la gente de hace 2.000 años quería residir en
este medio ambiente. Lo escogieron sin aparentes restricciones
(crecimiento demográfico,
vecinos beligerantes) que los obligaran a residir en los manglares (Patiño 1991).
Reichel-Dolmatoff (1991: 132-137) escribe sobre los grupos actuales del Chocó en una
manera en que, las relaciones gente-entorno están descritas como restricciones que
moldean la conducta humana por medio de la conciencia individual y la capacidad de
calcular; y no como una relación que en sí misma está determinada a priori.
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Mascara ceremonial. Cultura
Calima
Foto: Rudolf
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Cronología
Se
cuenta con cuatro períodos fechados mediante C- 14 y otro, con fechas deducibles a
través del análisis de los diferentes estilos líticos, que corresponde al poblamiento
de las Américas entre el año 8.000 y el 18.000 AC. Este período tiene su evidencia más
sólida en dos puntas de proyectil del golfo de Urabá, estilísticamente similares a
herramientas de cacería de hace cerca de 10.000 años (Correal 1983). Así que faltan en
la periodicidad del Pacífico unos 7.000 años de historia pre-europea. No se sabe si
corresponde a una ausencia de evidencia o evidencia de la ausencia de recogedores y
cazadores o agroalfareros, eventos mejor documentados para San Jacinto, en el Caribe y
para sitios en la provincia del Guayas, Ecuador. Las evidencias precerámicas de Urabá y
posiblemente del Chocó (Reichel 1986:41-47) sugieren que, el poblamiento y el origen de
la agricultura y vida sedentaria deberían haber ocurrido en algunas partes de las
llanuras aluviales del Pacífico. Sin embargo, los vacíos de este período permiten
inferir, automáticamente, a algunos de los seguidores de la tesis sobre la relación
entorno-gente, que los primeros pobladores evitaron el litoral debido a su
insalubridad aparente (Ardila 1992: 102).
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