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2. LOS PECES
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Ronco Rayado
acompañado de Pargo Arcoiris
Foto: Alfonso Quintana
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La ictiofauna del
Pacífico colombiano es un magnífico universo, pues combina dos características que
solo, exepcionalmente, van juntas: diversidad y riqueza. En ésta arca de Noé geográfica
coinciden peces de muchos orígenes, tales como endémicos del margen oriental del
Pacífico o panámicos, estrechamente relacionados con aquellos del caribe sur o
amphiamericanos, originarios de los mares templados del sur del Ecuador o peruanos y
provenientes de los exóticos dominios que comienzan en el Mar Rojo, e incluyen a la Gran
Barrera, Hawaii y Tahotí o transpacíficos. Es por esto que los esfuerzos que hemos
empredido los colombianos para entender científicamente nuestra riqueza íctica son aún
insufucientes; no se debe olvidar que la dificultad natural se suma frecuentementa a la
imposibilidad de hallar un apoyo adecuado para realizar una producción académica
importante.
El conocimiento que hoy en día tenemos parte de la labor del profesor Efraín Rubio
(1988a y 1988b), con base en la Universidad del Valle, y de la que se ha adelantado desde
la isla Gorgona, teniendo como marco su estatus de Parque Nacional Natural desde 1983, con
la permanencia en esta de la bióloga Rebeca Franke, dedicada durante siete años al
acopio de datos y a la conservación de ejemplares de su fascinante fauna íctica (Acero y
Franke, 1992; Franke y Acero, 1991-1993c). Con el fin de presentar este análisis
divulgador de la ictiofauna, de interés comercial de las costas occidentales de Colombia,
se utilizará un orden tradicional, es decir, se tratarán primero los peces
cartilaginosos (tiburones y rayas) que los óseos. Es obvio advertir que de ninguna manera
este es un estudio exhaustivo, sino un recuento que pretende ser útil para aquellos con
interés general en las riquezas de nuestro mar del Sur.
No es posible tocar a los escualos sin mencionar al tiburón ballena de la familia
Rhincodontidae; este grupo sólo incluye una especie, circuntropical y de hábitos
pelágicos, Rhincodon typus. El tiburón ballena es el pez más grande que existe, pues se
han comprobado tallas de casi 14m, aunque se menciona anecdóticamente que puede crecer
mucho más; de todos modos, este es un pacífico coloso que se alimenta de pequeños
crustáceos, peces y calamares y que vive sólo en la capa superior del océano. En
nuestro Pacífico su presencia está corroborada en las islas de Gorgona y de Malpelo
donde ha alcanzado el estatus de atracción turística, ya que por su mansedumbre puede
ser aproximado e incluso tocado y cabalgado impunemente; por fortuna no está sujeto a
pesquería intencional, pero algunos ejemplares caen de modo accidental en los trasmallos.
Tiburones, sometidos a intensa explotación pesquera y al mismo tiempo de gran interés
para el hombre por su legendaria y muchas veces trágica relación con él, son los de la
familia Carcharhinidae. Este grupo incluye en el mundo unas cincuenta especies, la
mayoría habitantes de la plataforma continental; debido a que gran parte de estos peces
varíar entre 1 y 3 m de longitud y a su alta capacidad depredadora, se constituyen
frecuentemente en una plaga para los usuarios de la franja costera, causando heridas y
muertes, en algunos casos. Sin embargo, es un hecho que el hombre constituye un mayor
peligro para los tiburones por la, en muchas ocasiones, desaforada presión pesquera sobre
sus poblaciones, que a la inversa. Entre las especies importantes presentes en el
Pacífico colombiano está el madrecazón, Carcharhinus leucas, que alcanza más de tres
metros y que es capturado normalmente con tallas de 1.5 y 2.8 m; este tiburón es una de
las especies más peligrosas porque frecuenta aguas someras corno playas y cercanías a
las bocas de los ríos, penetrando en numerosos casos muchos kilómetros por las vías
fluviales. El aletinegro, Carcharbinus limbatus, es probablemente el tiburón de mayor
interés comercial del Pacífico colombiano, pues se capturan con frecuencia individuos
entre 1.3 y 2.4 m y de 12-55 kg; abunda en la mayoría de los ambientes relativamente
someros (hasta unos 30 m) y no constituye realmente un peligro para el hombre, por ser
más tímido. En cambio, una especie muy peligrosa es la tintorera, Galeocerdo
cuvier, ya que en esta las tallas de cinco metros no son raras y su máximo sobrepasa los
siete metros; además, en las noches estos gigantes se acercan mucho a la costa, entrando
a todo tipo de aguas someras y estuarios, donde se dedican a devorar principalmente
carroña de grandes animales terrestres y basura, y pueden atacar indiscriminadamente a
pescadores o bañistas. Las viejas del género Mustelus incluyen al menos dos o tres
especies de difícil taxonomía y de cierto valor comercial; se caracterizan por tener
dientes diminutos y alcanzar tallas pequeñas, no más de 1 m por lo general. Una especie
también chica e inofensiva es el tollo llamado pan blanco por los pescadores,
Rhizoprionodon longurio; sus pequeños tamaños promedios, hasta 1.1 m, y su abundancia lo
hacen presa fácil de los espineles colocados a bajas profundidades.
Los tiburones martillo de la familia Sphyrnidade (nueve especies), son un grupo altamente
especializado de peces cartilaginosos, con los ojos situados en los extremos de las,
algunas veces, enormes expansiones cefálicas. La cachuda, Sphyrna lewini, es blanco de
una intensa pesquería principalmente cerca a las islas, pues puede formar grandes
cardúmenes; llega a medir hasta unos cuatro metros; sin embargo, los especímenes de más
de tres ya son grandes. Un pequeño martillo, que rara vez sobrepasa 1.3 m es Sphyrna
tiburo, el cual habita principalmente en aguas turbias costeras, cerca de las bocas de los
ríos.
Otro grupo de peces cartilaginosos muy relacionados con el hombre son las rayas, que a
diferencia de los tiburones (por excelencia nadadores y de forma ahusada) son aplastados y
evolucionaron primariamente para llevar una vida sedentaria. La familia Dasyatidae incluye
rayas armadas de una (o más) poderosa espina caudal, que emplean como elemento defensivo;
llegan a ser peligrosas si los humanos no son cuidadosos al caminar en fondos fangosos
donde se encuentre una raya e imprudentemente la pisen. Se destaca la existencia en
Gorgona de la raja bagra, Dasyatis Longus, que alcanza envergaduras de casi 1.9 m y que se
constituye en un importante recurso para la pesca con espinel.
Pero, así mismo, existen rayas que han abandonado la vida sedentaria, convirtiéndose en
grandes nadadoras y creciendo en muchos casos hasta ser verdaderos colosos. Primero vale
la pena mencionar en la familia Myliobatididae al chucho pintado, Aetobatus narinari,
conspicua especie de dorso negro moteado de puntos blancos que alcanza mínimo 2.3 m de
envergadura y más de 200 kg de peso; es un gran nadador de hábitos costeros y
distribución circuntropical que se alimenta de moluscos, los cuales destroza con sus
poderosas mandíbulas; es observado, con frecuencia, dando grandes saltos en el aire. La
manta barrial, Rhinoptera steindachneri, a veces incluida en su propia familia, es un
interesante visitaute de las aguas alrededor de Gorgona, pues sus únicos récords
anteriores proceden de México y Perú; puede medir hasta 84 cm de envergadura y se
reconoce con facilidad por tener la cabeza cóncava en su parte anterior. Las mantas
diablo o mantarrayas de la familia Mobulidae son enormes peces que, en el caso de Manta
birostris, alcanzan casi 7 m de envergadura y más de dos toneladas de peso; son los
únicos vertebrados que tienen tres pares de miembros funcionales, pues las aletas
pectorales están divididas, formando aletas cefálicas anteriores que empujan los
pequeños organismos nectónicos a la boca del animal mientras este nada. Una especie más
pequeña de manta es Mobula thurstoni, de máximo 1.8 m de envergadura; al igual que la
anterior es otro manso gigante. Estas especies frecuentan las aguas oceánicas cerca de
nuestras islas retiradas.
A estas alturas es oportuno anotar que siguen en este análisis los peces óseos,
claramente distintos de los cartilaginosos y mucho más diversificados. El lisón, Elops
affinis, pertenece a la familia Elopidae, un pequeño grupo de peces primitivos con
numerosos huesos intermusculares, vulgarmente espinas, y de hábitos nadadores costeros;
nuestra especie crece hasta poco más de un metro y no tiene mucha importancia comercial,
a diferencia del sábalo, su pariente atlántico. La familia Muraenesocidae comprende
pocas especies en el mundo y sólo una en el Pacífico americano, el zafiro, Cynoponticus
coniceps; estas grandes anguilas miden poco más de dos m, aparecen frecuentemente en las
pescas de arrastre y con espinel y existen dos patrones diferentes de coloración, dorado
y plateado. Otro importante grupo de anguilas, más que todo ligadas a los fondos duros
como los arrecifes de coral, es la familia Muraenidae, que incluye alrededor de 200
especies en todo el mundo; son especies importantes en las formaciones coralinas de
Gorgona Echidna nebulosa, Gymnomuraena zebra, Gymnothorax castaneus , Muraena lentiginosa
y Uropterygius macrocephalus, siendo posible además la existencia de murenas nuevas para
la ciencia.
Las sardinas de la familia Clupeidae constituyen un grupo importantísimo, principalmente
para los procesos industriales de enlatados, que incluye casi 200 especies en el globo; en
nuestro Pacífico se destacan la plumita, Harengula thrissina, el machete, Ilisha furthii,
la plumuda, Opisthonenia spp. (un complejo de tres formas de difícil separación), y el
sábalo bobo, Opisthopterus dovii, todas de tallas inferiores a los 30 cm. La familia
Engraulididae, por su parte, involucra a las anchoas, cercanos parientes de las sardinas,
de enorme valor comercial, principalmente en mares templados; en nuestras aguas las
anchoas no sobrepasan los 20 cm, destacándose el tras-tras, Anchoa spinifer, el
cardumán, Anchovia macrolepidota, y la carduma, Cetengrau lismysricetus. Esta última
especie llega a vivir hasta unos 26 meses cuando alcanza tallas de alrededor de 20 cm, las
hembras maduran por primera vez a los siete meses aproximadamente, con pesos entre 30 y 34
gramos; la carduma podría ser utilizable para producir harina de pescado, siempre y
cuando, su explotación fuese dentro de cánones racionales.
Los rollizos, bagres de mar de la familia Ariidae, son peces del grupo de los Siluriformes
de significativa importancia en los fondos fangosos y áreas estuarinas tropicales pero la
taxonomía, de sus más de cien especies, es sumamente difícil; se caracterizan porque
los machos guardan los huevos y pequeños juveniles en la boca durante varias semanas,
ayunando en dicho período. En nuestras aguas merecen mención Ariopsis seemanni, de
tallas por debajo de los 30 cm, Arius troschelii, que sobrepasa el metro de longitud,
Bagre panamensis, un depredador oportunista de amplio espectro tráfico, y Cathorops
fuerthi, de pequeña talla y el cual probablemente pertenezca a otro género.
Dentro de la familia Ophidiidae, que incluye más de 150 especies, usualmente de
profundidad, vale la pena mencionar dos especies de merluza, Brotula clarkae y B. ordwayi,
sólo separables por coloración y por sutiles diferencias morfométricas. La primera es,
sin duda, una de las especies de mayor interés comercial de Gorgona, pues alcanza tallas
de 1 m y pesos de más de 8 kg; caen con frecuencia en los espineles colocados en aguas
relativamente someras en todos los alrededores de la isla. Las agujas de la familia
Belonidae son peces netamente adaptados a la vida pelágica, pues tienen el cuerpo en
extremo elongado y el rostro muy alargado gracias a la prolongación de las mandíbulas,
bien equipadas con dientes aguzados; merece citarse la aguja cañonera, Tylosurus
crocodilus fodiator, que llega a medir metro y medio y a pesar 7 kg, constituyéndose en
un importante recurso pesquero. Otras dos especies interesantes y comunes en Gorgona son
la aguja hacha, Tylosurus acus melanotus, y la aguja de pesca, T. pacificus (anteriormente
T. acus pacificus), pues sólo se han podido separar específicamente gracias a la
prolongación de las mandíbulas, bien equipadas con dientes aguzados; merece citarse la
aguja cañonera, Tylosurus crocodilus fodiator, que llega a medir metro y medio y a pesar
7 kg, constituyéndose en un importante recurso pesquero. Otras dos especies interesantes
y comunes en Gorgona son la aguja hacha, Tylosurus acus melanotus, y la aguja de pesca, T.
pacificus (anteriormente T. acus pacificus), pues sólo se han podido separar
específicamente gracias al análisis de sus hábitos en la isla; esta especie es
endémica del Pacífico americano y cinco días después de la luna llena se congregan en
enorme número en una playa llamada El Agujero, sobre cuyos grandes guijarros, de origen
continental, desovan. La aguja hacha, por su parte, es una especie pelágica oceánica
proveniente del Indo-Pacífico central, que sólo existe en la plataforma continental
americana en Gorgona; esta aguja es relativamente grande (alcanza más de un metro),
mientras que la de pesca no suele sobrepasar los 90 cm.
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Morena Marron
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Una importante
familia de peces comerciales es la Centropomidae, ya que el filete de róbalo se ha
convertido en un plato central de cualquier carta de restaurante; el grupo es básicamente
americano e incluye un sólo género con doce especies en ambas costas, de las cuales se
mencionarán aquí las tres de mayor interés pesquero. EL róbalo mulato, Centropomus
nigrescens, con tallas comprobadas de casi 1.2 m y pesos de poco menos de 24 kg y el
gualajo, Centropomus viridis, cuyo máximo tamaño está en discusión, son muy similares
y muchas veces se hace difícil corroborar los datos de la literatura; ambas especies son
típicas de estuarios y lagunas de manglar, penetran los ríos y tienen gran valor como
peces deportivos. El machetajo, Gentropomus medius, es más pequeño (talla máxima 56 cm)
y por ello su importancia es menor; habita también en lagunas y cerca a las bocas de los
cursos fluviales. La familia Serranidae es otro grupo de inmenso potencial económico ya
que incluye peces como los meros, chernas y cabrillas, muy cotizados por sus grandes
tallas y carne de excelente calidad; se conocen más de 300 especies de serránidos en los
mares mundiales, principalmente en los tropicales y los de aguas templadas, todas ellas
hermafroditas. El ambulú, Epinephelus acanthistius, es sin duda la especie comercial más
importante en la isla Gorgona, pues se le pesca comúnmente con espinel a menos de 80 m de
profundidad; alcanzando tamaños de 75 cm y es un mero que se reconoce con facilidad por
tener más prolongada la tercera espina dorsal, que cualquiera de las otras.
La cabrilla, Epinephelus analogus, llega a medir 90 cm y a pesar 8 kg, capturándosele
frecuentemente con espinel y volantín; se reconoce por su coloración, manchas y barras
oscuras sobre un cuerno marrón-rojizo. El mero, Epinephelus itajara, uno de los peces
óseos de mayor tamaño alcanza a medir más de dos metros con pesos por encima de los 300
kg, vive en ambas costas de América y se caracteriza por su enorme cabeza aplastada y sus
ojos diminutos; este es otro pacífico coloso que mora en aguas relativamente someras, se
alimenta de crustáceos, peces e incluso tortugas y cuya supervivencia está amenazada por
el hombre, pues es fácil presa de los buzos armados con arpones mecánicos. El mero
negro, Mycteroperca xenarcha, es el único miembro de su género de presencia corroborada
en el Pacífico colombiano y habita preferentemente fondos arrecifales; tiene cierto valor
en la pesca deportiva, se le reconoce porque la cola presenta radios prolongados como los
dientes de un serrucho y supuestamente crece hasta al menos 1.2 m y pesa 40 kg, pero en
Gorgona no parece sobrepasar los 91 cm y los 12 kg. El cabezudo, Caulolatilus affinis, de
la familia Branchiostegidae, tiene cierto valor económico, pues aparece con frecuencia en
la pesca con espinel en aguas relativamente someras; estos peces se reconocen por su forma
comprimida y alcanzan hasta poco más de 60 cm.
La familia Carangidae es un grupo de peces nadadores costeros, muy importante para las
pesquerías artesanales e industriales de los trópicos, ya que pueden formar enormes
cardúmenes; alrededor de 140 especies se conocen en todo el mundo dentro de este grupo,
que cubren un amplio rango de formas y tamaños. La palomilla, Alectis ciliaris, es un
carángido circuntropical que puede crecer hasta 1.3 m y pesar casi 19 kg, pero que en
nuestras aguas no parece sobrepasar los 74 cm y los 4 kg; es capturada con casi todas las
artes pesqueras, pero principalmente con espinel. El jurel, Caranx caninus, alcanza al
menos 90 cm y es la especie más importante de su diversificado género en nuestro
Pacífico; la caballa, Caranx caballus, el jurel azul, Caranx melampygus, y el colinegro,
Caranx sexfasciatus, son otros congéneres de alto valor comercial, todos susceptibles de
ser capturados con diversos métodos de pesca. La mina, Selar crumenophthalmus, es una
interesante especie circuntropical que crece hastá unos 30 cm y es muy estimada como
carnada y para consumo directo; realiza relativamente cortas migraciones verticales y
horizontales, de modo que en la franja costera colombiana aparece en gigantescos
cardúmenes entre abril y agosto, pero, en contravía de algunos comentarios anecdóticos,
no es cierto que efectúe viajes transpacíficos. Algunas de las especies más famosas y
apreciadas del Pacífico son los bravos, destacándose Seriola rivoliana, un carángido
circuntropical de gran valor para la pesca deportiva; en Gorgona alcanza tamaños sin duda
excepcionales, casi 1.6 m y 30 kg, lo que lo convierte en un recurso digno de protección
y estudio. Los dorados de la familia Coryphaenidae son cercanos parientes de los
carángidos, de hábitos altamente pelágicos y estimados para la pesca deportiva; se
destaca Coryphaena hippurus, pues crece hasta 2 m y 40 kg, y es capturado con mucha
frecuencia a cierta distancia de la costa o donde entran en contacto las masas de aguas
continental y oceánica.
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Tiburón Arecifal
Foto: Alfonso Quintana
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