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16. LAS PALMAS
DEL ANDEN PACÍFICO
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Foto: Juan Manuel renjifo
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Origen del Chontaduro
Murió una
indígena Embera y su familia quedó muy triste y llorando mucho. Dos de sus hermanas
subieron a una montaña y, mirado al sol, querían morir ellas también. Deproto se le
apareció Ancastor, una enorme ave blanca que se volvió hombre, y le preguntó que por
que lloraban tanto. ellas le respondieron que por la muerte de su hermana. Ancastor les
dijo que no lloraran que ella estaba en el cielo, en el bajía. Las mujeres exclamaron que
quería ir a verla y Ancastor les ofreció llevarlas. Ellas, incrédulas preguntaron:
"Pero, ¿cómo?". Ancastor le ordenó cerrar los ojos y abrió las alas y las
hizo montar una a cada lado y advirtiédoles que no abrieran los ojos, las llevó por el
aire hasta que llegaron al bajía. estuvieron dos días allí. De regreso vieron cultivos
de maíz y chontaduro, que no conocían en la tierra. Probaron los frutos y les parecieron
muy buenos. Ancastor les indicó que no deberían llevar ninguna fruta por que era muy
peligroso para la bajada. Sin embargo, una de ellas guardó en la boca un grano de maíz y
la otra una fruta de chontaduro. Ancastor las bajó a su casa de la misma manera como las
había subido. Cuando llegaron al mundo, contaron a los otros indígenas que cuando la
gente se muere, se encuentra en el bajía. También les mostraron las semillas, la del
maíz y la del chontaduro, y luego las sembraron. Cuando estuvo la cosecha, sacaron nuevas
semillas y comieron el resto. A todos les parecieron muy buenos los frutos y siguieron
sembrando y cosechando.
Tomado de Luis Fernando Velez (1982). Relatos
Tradicionales de la cultura Katía. Departamento de Antioquia. Secretaría de Desarrollo
de la Comunidad de Medellín.
Una obra general
sobre el Pacífico Colombiano no estaría completa si no incluyera las palmas. Desde las
cimas de la cordillera occidental hasta las playas marinas, los acantilados y los
manglares, el paisaje del Pacífico está caracterizado por sus palmas. En efecto, no
sólo son las palmas uno de los grupos de palmas más abundantes región, sino, también
el más llamativo y el de mayor utilidad para sus habitantes. Con razón ha lamado Gentry
(1990) al Chocó "La Comarca de la Palmas".
En los bosques
siempre nublados de la cordillera Occidental, los palmares de macana (varias especies de Catohlastus y Wettinia)
apenas si se distinguen entre la neblina, formando un paisaje sobrecogedor; más abajo
de los bosques de niebla, en climas templados, las corpulentas barrigonas (Dictyocaryum Lamarckianum) forman imponentes
manchones entre el bosque, destacándose por sus robustos estipes blanquecinos, y
constituyendo la especie arbórea dominante en enormes extensiones; en los bosques
lluviosos de las tierras bajas, las coronas de decenas de especies sobresalen por entre el
dosel, mientras que otras varias decenas habitan en la eterna penumbra del sotobosque. Lo
anterior no es más que una visión fugaz de este reino de las palmas que es el Pacífico
colombiano. La diversidad de especies de cada región particular merece atención
especial.
Se han encontrado hasta ahora
en el Andén Pacífico de Colombia, 106 especies de palmas, es decir, el 44% de todas las
palmas continentales conocidas en Colombia. Esta cifra resulta sorprendente, si se tiene
en cuenta que el área de esta región sólo cubre un 10% del territorio del país. De
hecho, hasta las ponderadas selvas amazónicas resultan pobres en palmas si se las compara
con el Pacífico. Así es: todo el territorio colombiano al este de los Andes, incluyendo
la vertiente oriental de la Cordillera y la extensa Orinoquia, alberga un número de
especies (113) apenas superior al de las que crecen en el Pacífico, aunque cubre un área
cinco veces mayor. Pero, a pesar de su enorme riqueza, lo que resulta más impresionante
de la flora de palmas del Andén Pacífico, es su alto grado de endemismo. En efecto, 30
de las palmas de la región están restringidas al Pacífico colomboecuatoriano, o se
extienden apenas hasta el centro de Panamá, pero no se encuentran en ningún otro lugar
del mundo. De ellas, dieciséis son exclusivas del Pacífico colombiano.
¿A qué se debe la extraordinaria diversidad de
las palmas del Pacífico y su elevado endemismo? El principal
factor que debe ser
considerado es la posición geográfica de la región y su relativo aislamiento. Esto hace
que la flora de palmas del Andén Pacífico sea un mosaico de especies con afinidades
geográficas diferentes: un numero considerable de especies de amplia distribución en el neotrópico; un buen número de especies
endémicas de la región, y una mayoría de especies que han migrado desde Centroamérica
(Galeano, en imprenta).
Con el
elevamiento
del norte de los Andes, hace seis millones de años, las tierras bajas del Pacífico
quedaron aisladas de las tierras bajas amazónicas y el intercambio de especies entre
ambas regiones encontró barreras que, hasta entonces, no habían sido significativas. Las
poblaciones de plantas que quedaron aisladas en el Pacífico evolucionaron hasta
diferenciarse, a nivel de especie, de sus ancestros. El resultado de este aislamiento es
un número considerable de especies endémicas, algunas de las cuales tienen sus parientes
más cercanos en la Amazonia. Quizás el mejor ejemplo de esto es la palma quitasol (Mauritiella macroclada), la única especie de la
tribu Lepidocaryeae que crece al oeste de los Andes; todas las demás especies que
conforman los tres géneros de esta tribu están distribuidas en el norte de Suramérica,
principalmente en la cuenca amazónica. Así pues, la afinidad a nivel de especie entre
las palmas del Pacífico y la Amazonia es mínima (sólo el 12% de las especies son
comunes a ambas regiones), en tanto que, la afinidad a nivel genérico es muy alta (73% de
los géneros son comunes).
Entre las trece especies de
la flora de palmas del Pacífico que son comunes a la Amazonia están algunas de las
palmas más abundantes y familiares del Pacífico, como e milpesos (Oenocarpus bataua), el don pedrito (Oenocarpus
mapora),la
zancona (Socratea exorrhiza) y la barrigona
(Iriartea deltoidea) , que son también
abundantes en dos los bosques húmedos de Colombia. La presencia estas especies en el
Pacífico probablemente tiene misma explicación que ha sugerido Gentry (1982) por otras
especies de plantas: migración a lo largo de corredores húmedos en el extremo norte de
los Andes. presencia de todas estas especies en otras zonas de bosques húmedos, como el
valle medio del río Magdalena parece apoyar esta hipótesis.
Las relaciones geográficas
de las palmas del Pacífico la flora Centroamericana son más obvias. Desde que el istmo
de Panamá estableció una conexión terrestre permanente entre el continente Suramericano
y lo hoy es Centroamérica, hace tres millones de años, la migración de las especies
entre ambas regiones ha sido continua. Así, la flora de palmas del Pacífico incluye un
gran número de especies cuya principal área de distribución se encuentra en
Centroamérica, y alcanzan su límite meridional de distribución en el occidente de
Colombia y Ecuador. De las ciento seis especies de palmas del Pacífico, veinte tienen
relaciones obvias con la flora centroamericana. El género Chamaedorea es un buen ejemplo de esta migración:
las noventa especies de este género de pequeñas palmas del sotobosque se encuentran
distribuidas principalmente desde México hasta Costa Rica y Panamá, y sólo once
especies crecen en Colombia, diez de ellas en el Pacífico. Los géneros Calyptrogyne, Asterogyne, Pholidostachys Welfia,
Cryosophila, y Reinhardtia son también
típicos elementos Centroamericanos que han migrado a través del Istmo de Panamá.
Algunas especies de estos géneros, como la panga (Asterogyne martiana) y la carmaná (Pholidostachys synanthera) se han extendido, a
través del extremo norte de la cordillera Occidental, hasta el norte de la cordillera
Central y el valle medio del río Magdalena; otras, como el rabo de zorro (Calyptrogyne ghiesbreghtiana) o las especies de Reinhardtia, sólo alcanzan el extremo noroccidental
de Colombia.
Composición de la flora
Los géneros de palmas mejor
representados en el Pacífico son Geonoma y Bactris, con 18 y 14 especies respectivamente.
Las especies de Geonoma son palmas pequeñas,
típicas del sotobosque, y están especialmente adaptadas a los bajos niveles de
iluminación de este hábitat. Las especies de Bactris
son palmas espinosas, en su mayoría pequeñas y de sotobosque, aunque algunas
especies, como el chontaduro (Bactris gasipaes), son
palmas de tamaño medio, y otras pocas son propias de hábitats abiertos, como el
chacarrá (Bactris maraja), típica de los
bancos de los ríos.
Pero a pesar de la gran
abundancia de las especies de Geonoma y Bactris, el grupo más característico de palmas
del Andén Pacífico colombiano, lo constituyen los géneros Wettinia y Catoblastus.
En efecto, este interesante grupo de palmas no sólo está representado en el
Pacífico por un número considerable de especies, diez en total, sino que además la gran
mayoría de ellas (ocho especies) son endémicas del Pacífico colombo-ecuatoriano, dos de
estas extendiéndose hasta el centro de Panamá. Pero además de todo, algunas de las
especies de estos géneros son extraordinariamente abundantes, y una de ellas, la memé (Wettinia quinaria), bien puede contarse entre las
palmas más comunes del Pacífico. Por otra parte, las especies de estos géneros tienen
rasgos morfológicos que son muy poco comunes en la familia, como el cono de raíces
zancos que sostienen el tallo, o los densos racimos de frutos a modo de mazorcas, típicos
de Wettinia. Además de esto, los dos géneros
están distribuidos en toda la región pacífica, desde el nivel del mar hasta los 2.600
metros de altitud.
Las tierras bajas
Las tierras bajas, desde el
nivel del mar hasta unos quinientos metros de elevación, albergan la mayor diversidad de
especies de la región. Sesenta y nueve especies de palmas se han encontrado hasta ahora
en las tierras bajas del Pacífico, y es poco probable que esta cifra aumente mucho, dada
las exhaustivas exploraciones que los autores han realizado en el área. Entre las
especies más comunes en los bosques de todo el Pacífico se encuentran palmas
arborescentes como la zancona, la barrigona, el milpesos, el don pedrito, la memé, el
amargo (Welfia regia) y el güérregue (Astrocaryum stanclleyanum). Entre las palmas del
sotobosque, las más comunes y ampliamente extendidas en el área son el táparo (Attalea allenii), la palma sapa (Catoblastus radiatus), diversas especies de Bactris , conocidas genéricamente con el nombre de
chacarrá, entre las cuales se destacan Bactris
monticola, Bactris barronis y Bactris coloradonis,
y varias especies de Geonoma, especialmente Geonoma cuneata, Gconoma calyptrogynoidea, Geonoma
deversa y Geonoma oxycarpa.
Otras especies de las tierras bajas están restringidas
a condiciones ecológicas más específicas, y forman asociaciones densas, que en algunos
casos llegan a ser casi homogéneas, y constituyen el elemento dominante de la vegetación
local. La especie más característica es quizás el naidí o murrapo (Euterpe oleracea), que forma extensas
asociaciones en las vegas inundables de los ríos, en elevaciones menores de 100 metros.
Estas asociaciones, llamadas naidizales, cubren más de 100.000 hectáreas y son la base
de las industrias enlatadoras de palmito. Los naidizales juegan también un papel
importante en la sucesión, apareciendo como bosque de transición entre el manglar y la
selva húmeda tropical; se adaptan fácilmente sobre suelos inestables y pobres en
oxígeno, pero son intolerantes al agua salada (Prahl, 1989). En áreas permanentemente
inundadas, a menudo detrás del manglar o del naidizal, se encuentra otra asociación
menos abundante, dominada por la quitasol, una hermosa palma con hojas circulares y tallos
espinosos, emparentada con los moriches o canatiguchas de la Amazonia. Otra asociación
característica es el tagual, constituido por especies del género Phytelephas. Esta asociación, típica también de
los bosques inundables de las partes bajas de los ríos, aparentemente tolera períodos de
inundación más breves que el naidí, por lo se encuentra sólo en los ríos pequeños, o
en áreas con inundaciones menos severas. La especie más abundante de tagua en la región
es Phytelephas seemannii, que crece únicamente
al norte del río Baudó. Esta palma tiene tallos robustos y postrados, que serpentean
sobre él suelo, con las partes basales muriendo a medida que envejecen. Creciendo por el
ápice y muriendo por la base, los tejidos de esta palma nunca son demasiado viejos, por
lo que es potencialmente inmortal. La tagua de Tumaco (Phytelephas tumacana) , que antiguamente fue muy
abundante y constituyó la base de la economía local, ha sido arrasada para establecer
plantaciones de palma africana, y se encuentra al borde de la extinción (Bernal, 1989).
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Foto: Juan Manuel Renjifo
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Finalmente, entre las
asociaciones homogéneas, la más espectacular y la menos estudiada en Colombia es el
panganal, una formación casi pura de la pángana (Raphia
taedigera)
, que domina los pantanos
del bajo Atrato. Además de sus preferencias ecológicas particulares, esta palma tiene
varias particularidades biológicas interesantes: cada palma florece y fructifica sólo
una vez en su vida, después de lo cual muere; es la única palma en el continente
americano que tiene este tipo de estrategia reproductiva. Por otra parte, la pángana es
la única especie americana de un grupo exclusivo del viejo mundo; sus parientes más
cercanos están en la costa occidental de África, y se ha llegado a especular, aunque
esto parece improbable, que fue introducida en América por los primeros esclavos negros.
Las hojas de la pángana, que alcanzan hasta 18 metros de longitud, son, con las de sus
congéneres africanos, las hojas más grandes de todo el reino vegetal
Las laderas de la
cordillera
A medida que se asciende por la vertiente oeste
de la cordillera Occidental, nuevas especies de palmas aparecen en la flora, al tiempo
que, desaparecen las especies de las tierras bajas. Además de las especies que están
restringidas a los terrenos inundables, hay algunas especies de tierra firme que no crecen
por encima de 100 o 200 metros de elevación. Tal es el caso del güérregue y del antá o
tagua de monte (Ammandra
decasperma) ,
que solo se encuentran en las tierras bajas. Otras especies,
en cambio, tienen una
distribución altitudinal más amplia y ascienden por la cordillera hasta unos 1.000
metros sobre el nivel del mar. Entre estas se cuentan Socratea exorrhiza, lriartea deltoidea, Oenocarpus
bataua, Oenocarpus mapara, Catoblastus radiatus, Wettinia quinaria, y Bactris monticola. Hacia los 600 metros de
elevación comienzan a aparecer los nuevos elementos. Los géneros Aiphanes y Dictyocaryum
son quizás los más típicos entre los nuevos componentes de estas elevaciones
medias. Las especies de Aiphanes, conocidas con
los nombres de chirca o chirquí, son palmas pequeñas, espinosas, con segmentos foliares
de aspecto mordisqueado, y son típicas de los sitios húmedos y sombreados del bosque.
Diez de las veintidós especies de este género crecen en el Andén Pacífico; esta
región alberga el mayor número de especies de este género que cualquiera otra en el
neotrópico. El género Dictyocaryum está
representado en la zona por una sola especie, Dictyocaryum
lamarckianum, llamada barrigona blanca por el color de su tallo. Esta palma corpulenta
es el componente arbóreo más abundante del bosque en extensas áreas de la cordillera,
entre los 800 y 1.200 m de altura, los bosques dominados por Dictyocaryum tienen un aspecto inconfundible por el
color claro de los tallos y el follaje rizado de las palmas. Otro género que ha alcanzado
su mayor diversificación en las elevaciones medias es Wettinia, el género de los gualtes o macanas,
representado por tres especies que llegan a ser muy abundantes en algunos sectores.
Un aspecto importante de la
distribución altitudinal de las especies es la colonización de las tierras bajas por
parte de especies propias de las elevaciones medias. Ejemplos notables de este avance lo
constituyen especies, como Aiphanes hirsuta,
Aiphanes macroloba y Chamaedorea pinnatifrons. Estas
especies, comunes en las elevaciones medias, están virtualmente ausentes de las tierras
bajas pero, aquí y allí, en toda la planicie Pacífica se encuentran individuos aislados
de estas especies sin que, a veces, se vea otro en kilómetros.
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