LA CREACION DE LOS ANIMALES RELATO EMBERA.
Relatado por Delia Casama.
Recopilado por Diego Arango.

“Antiguamente  todos los animales de la selva fueron gente; cada quien tenía sus funciones. La conga maneaba el agua, el lagarto la candela, el zorro el plátano, las loras el maíz... y así todos. Pero les dio por mezquinar y no compartir el agua, las semillas, todo lo que administraban y Akore los convirtió en animales.

Akore le dio semilla de plátano al “Cumbarra” para que la repartiera a todo el pueblo pero este la negó; y a los hijitos y al pueblo  les daba, engañándolos, las semillas negras que trae por dentro en plátano y le decía a la gente:
- esta es la semilla, siémbrela así.

Y la gente como no sabía sembrar, sembraba... sembraban y no retoñaban, pues no sabían que era con colino que retoñaba. Volvían donde Cumbarra y este decía:

Akore dijo que sembraran así...voy a darles más semillitas
Y ahí mismo ta...ta...sembraban más semillas pero ¡uh! Nada.
Regresaban a pedirle más semillas y el Cumbarra bravo les gritaba.

-yo les doy y les semillas y seguro que no las saben administrar, yo ya estoy cansado de darles semillas y ustedes no ponen cuidado.
La gente se iba con las semillas pero nada, no retoñaban
Con el maíz era lo mismo. Akore cogió al jefe de las semillas y le dijo:
- usted va a ser administrador del maíz, yo le voy a dar las semillas pero usted me le va a regalar semilla a mi pueblo, va a decirles como sembrar, por eso yo le estoy enseñando a usted para que le enseñe a mi pueblo...reparta el maíz a todos...
- El que ahora es logra cogía el maíz y lo escondía dentro de un palo, el pueblo que se jodía y el enriquecido maíz. Un día o descubrieron y llamaron a Akore, y este le fue diciendo:
-usted tenía la semilla, usted la mezquinó, fue mal administrador y se va a convertir en lora y para que no se muera de hambre va a comer maíz crudo... como no lo supo manejar ahora va a ser pájaro y va a ser plaga...

Así sucedió con todos los animales, con la conga, el loro, el mico, el guatín, el venado, el zorro, el sapo... el guatín fue bien mentiroso, engañó a todos los compañeros.

Caso todo fue gente o es gente. El arco iris es una culebra de colores que come animales del río; huracán es como gente con el pelo largo y una cola bien larga que anda volando haciendo tumbazón y quebrando palos. El “suri”  era trueno...” 

13. JOSE CUATRECASAS Y LA FLORA Y LA VEGETACION  

Foto: Juan Manuel Renjifo

D urante lo que va transcurrido del siglo veinte, el Profesor José Cuatrecasas, resulta quizá el botánico más prolífico y sin duda el que más aportes ha hecho al conocimiento de la flora colombiana y a su vegetación.

“En Josep Cuatrecasas i Arumi, catalá universal. Home lliure i mestre”, nace el 19 de marzo de 1903 en la población de Campodrón, Provincia de Gerona. En su casa y ayudado por su padre, quien le enseñó todas las asignaturas, preparó los exámenes que le permitieron obtener el título de bachiller en el Instituto General de Barcelona en agosto de 1918. Sus estudios universitarios los desarrolló en la facultad de Farmacia de la Universidad de Barcelona donde, en junio de 1923, se licencia como farmacéutico y le adjudican el premio extraordinario de licenciatura. En 1928 obtiene el título de doctor en farmacia de la Universidad de Madrid, con una tesis sobre “La flora y la vegetación del Macizo de Mágina”; ya están claras sus aficiones por la botánica. De 1924 a 1931 ocupa el cargo de auxiliar de botánica en la Universidad de Barcelona y en 1931 gana las oposiciones para la “Cátedra de Botánica Descriptiva”, de la facultad de Farmacia de la Universidad Central de Madrid, cargo que desempeña hasta 1939 cuando, derrotada la República por los “fascistas”, tiene que exiliarse.

Su formación como investigador se inicia en la sección de botánica del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, bajo la dirección de “En Pius Font i Quer (1888-1964) patriota i exiliat de la ciencia oficial el qui amb el seu “Diccionario” va unificar el llenguatge botánic de les persones que escriven en castellá”; amplía sus estudios de fitogeografía y ecología en la Universidad de Ginebra, con el profesor Chodat en 1927, y los de botánica tropical, en el Instituto y Jardín Botánico de Berlín-Dahlem, durante su permanencia en 1930 y luego en 1931.

Foto: Juan Manuel Renjifo

En 1932, como representante del Gobierno de la República Española, viaja a Bogotá para participar en la celebración del bicentenario del nacimiento de José Celestino Mutis, quien llenó, en el siglo XVIII, el espacio de los estudios de botánica del virreinato de la Nueva Granada al dirigir a la generación que de la Ilustración saltó a la Independencia. En este viaje, Cuatrecasas entra en contacto con la maravillosa flora colombiana cuyo estudio ya no interrumpirá y allí comienza entonces, la interpretación del paisaje colombiano con sus “Observaciones geobotánicas en Colombia” (1934).

En 1933 ocupa la jefatura de la Sección de Flora Tropical del Jardín Botánico de Madrid, y en 1937 la dirección del mismo, en la cual permanece hasta 1939, felizmente para la botánica colombiana, pues el profesor Cuatrecasas se asila en nuestro país donde reanuda su labor docente como Profesor del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia (1939-1943) y, posteriormente, como profesor de la Escuela de Agricultura Tropical, fundada en 1935, la jue más tarde será nacionalizada, trasladada a Palmira Valle) y convertida en Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional. Entre 1943-1947, dirige además la Comisión Botánica del Valle.

En 1947 se radíca en los Estados Unidos de Norte América como “Curator of Colombian Botany” del Museo de Historia Natural de Chicago, hasta 1950, y como investigador de la “National Science Foundation” para el estudio de la Flora Colombiana, de 1953 hasta 1955.

Posteriormente, pasa a ser investigador asociado a la “Smithsonian Institution Natural History Museum”, de 1955 hasta 1977, fecha de su jubilación, la que no interrumpe su incansable labor investigativa.

En la primera etapa de su vida hasta 1939, el doctor Cuatrecasas desarrolla su actividad investigativa en España y son sus primeros trabajos relativos a la flora micológica y, en su tesis doctoral, realiza una descripción del paisaje giennense utilizando la metodología de Huguet del Villar, que volverá a emplear al analizar el paisaje malagueño en su trabajo con Laza sobre Torremolinos (1936) y la fitosociología de las costas de Garraf, trabajo premiado por la Academia de Ciencias de Barcelona cuyo texto desapareció durante la guerra civil.

En esta etapa, Cuatrecasas fue secretario de redacción de la revista Cavanillesia; participó en la redacción del Butlleti de la Institucíón Catalana d’Historia Natural y publicó numerosos trabajos en el Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural. Fue importante su participación en la cátedra de botánica en las universidades de Barcelona y Madrid.

A partir de 1939, y una vez instalado en Colombia, su interés se centra en nuestra flora y su serie acerca de No tas a la Flora de Colombia y Estudios sobre plantas andinas junto con la enorme bibliografía por él publicada, lo acreditan como el botánico que más ha contribuido, en este siglo, al conocimiento de nuestra flora.

En 1957 inicia la publicación de Prima Flora Colombia la cual definió así: “esta obra trata de reunir por primera vez en forma sinóptica las especies que crece espontáneamente entre los límites geográficos de la república de Colombia. Su principal objeto es el establecer en el plazo más breve un inventario de las especies botánicas de Colombia, facilitar con claves descriptivas identificación de las plantas e indicar su distribución ecología, usos y nombres populares”. En esta empresa enorme importancia para el conocimiento de nuestra naturaleza, se hizo la revisión de tres grupos: la familia Burceraceae, en la que registró ocho géneros; la familia Malpighiaceae, publicada en 1958 con la revisión veintiún géneros; y la tribu Astereae, de la familia Compositae, con dieciséis géneros, tercer volumen publicado en 1960.

Estos trabajos del profesor Cuatrecasas fueron hecho con el máximo rigor científico, pero infortunadamente no tuvieron continuidad. En primer lugar porque  una persona tal empeño supera cualquier posibilidad, en segundo lugar porque el doctor Cuatrecasas dirigió sus esfuerzos a la realización del enorme proyecto de la publicación de la Flora Neotrópica, obra también de gran interés para nosotros, pues en las numerosas familias allí estudiadas se incluyen las plantas presentes en Colombia y, finalmente, porque quizá el desarrollo de la botánica, en ese momento en nuestro país, tampoco lo permitía.

Tuvieron que pasar veintitrés años para que el Instituto de Ciencias Naturales reiniciara la publicación de la Flora de Colombia en 1983, y prosiguiese con esta iniciativa del doctor Cuatrecasas, empresa fundamental para el conocimiento de nuestro país, que hoy en 1992, nueve años después, se corta por la falta de continuidad en los propósitos en que nos comprometemos los colombianos, la carencia de recursos e interés por parte de los organismos estatales encargados de las políticas investigativas y científicas y por la indiferencia de las instancias universitarias. En “Flora Neotrópica”, obra auspiciada por la Unesco, fue nombrado Director Científico, desde 1964 hasta 1971, fecha en que pasó a ser presidente de la “Organización Flora Neotrópica”, hasta 1975 .

Con su vinculación al Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia, en 1939, contribuyó eficientemente a la organización y desarrollo del Herbario Nacional Colombiano (COL) y más tarde fundó el Herbario de la Facultad de Ciencias Agropecuarias, Universidad Nacional, Seccional Palmira (VALLE) y que junto con los herbarios de Madrid (MA), Barcelona (BA), Chicago (F) y Washington (US) guardan las colecciones realizadas por don José Cuatrecasas.

Ha querido el editor de la presente obra subrayar la indudable importancia que para el conocimiento de la vegetación de la Costa Pacífica y del Chocó ha tenido la actividad investigativa del profesor Cuatrecasas, pero evidentemente, su aporte al conocimiento de la flora y vegetación Pacífica, no se puede separar del aporte global que hizo al conocimiento, en general, de todo el país. Sin embargo, dentro de los itinerarios de colección, debemos hacer hincapié en los recorridos por la cordillera Occidental, entre 1942 y 1947, los Farallones de Cali y numerosas localidades de los bosques altos húmedos de la costa Pacífica a lo largo de los ríos Micay, Yurumanguí, Cajambre, Anchicayá, Dagua, Calima, San Juan y Togotomá; y el estudio de los manglares de la costa Pacífica. La numeración de Cuatrecasas en dichas zonas va del número 13.000 al número 24.000 y la de las colecciones de las mismas áreas, en compañía de E.S. Killip, del número 38.000 al número 39.000, es decir, cerca de 12.000 números de colecciones. Otras importantes colecciones son las realizadas en abril de 1958 en el Chocó, cerca de Quibdó, a lo largo del Atrato y sus tributarios, y durante agosto a noviembre de 1961, en Villa Arteaga y sus alrededores.

El profundo conocimiento adquirido por el Doctor Cuatrecasas de la vegetación colombiana, en sus numerosos viajes y extensas colecciones, le permitió publicar su obra Aspectos de la vegetación natural de Colombia (1958). Al hablar del Chocó lo definimos más como una región biogeográfica que como una región política. El Chocó, sensu lato, incluye áreas de Antioquia, Valle, Cauca y Nariño, o sea, toda la costa Pacífica. La zona que nos ocupa debemos localizarla biogeográficamente. De acuerdo con Cabrera y Willink (1973) “las áreas geográficas de muchos organismos son aproximadamente iguales por tener tales seres exigencias ecológicas y una evolución sobre la superficie del globo similares. Este hecho determina que las distintas zonas climáticas o altitudinales del planeta posean flora y fauna características. El clima que determina la latitud, la altura sobre el nivel del mar y la mayor o menor proximidad del océano es el principal seleccionador de los seres que habitan un territorio. También son muy importantes la naturaleza del suelo e incluso la influencia mutua de los mismos seres”.

Utilizaremos para las grandes unidades el término Región, las que a su vez se dividen en Dominios y estos en Provincias. En el caso de nuestra costa Pacífica podemos hablar de dos grandes territorios florales: la región Neotropical y la región Oceánica, situación que es la misma para todo el territorio colombiano. Colombia se encuentra en la región Neotropical y sus costas están bañadas por la región Oceánica. La costa Pacífica indudablemente se sitúa en el Dominio Amazónico y en el Dominio Oceánico Tropical. El Dominio Amazónico cubre la mayor parte de América del Sur y América Central. Se trata de un territorio biogeográfico de clima cálido y húmedo, con vegetación densa y una flora muy abundante. Por su extensión constituye uno de los mayores volúmenes de biomasa de la tierra.

Desde el punto de vista de la flora, el Dominio Amazónico se caracteriza por la riqueza de endemismos de familias. Entre las exclusivas del Dominio, al menos en América, se hallan: Ciateáceas, Pontederiáceas, Burmaniáceas, Commelináceas, Mayacáceas, Rapateáceas, Eriocauláceas, Zingiberáceas, Cannáceas, Podostemáceas, Vochysiáceas, Humiriáceas, Hipocratáceas, Icacináceas, Esterculiáceas, Begoniáceas, Lecitidáceas, Melastomatáceas, Rhizoforáceas, Mircináceas, Ebenáceas, Estiracáceas, Simplocáceas, Dialipetaláceas, etc. Otras familias muy importantes son: Leguminosas, Lauráceas, Mirtáceas y Palmas.

En este Dominio Amazónico, la Provincia que nos interesa, es la Provincia Pacífica. Esta se extiende por las laderas occidentales bajas de los Andes ecuatorianos y colombianos, los valles interandinos y se prolonga por las regiones bajas y las costas de América Central. Es una de las regiones más húmedas del mundo, alcanzando en algunos sitios una precipitación anual que excede a los 10.000 mm, con una temperatura media entre 22º y 27ºC.

La vegetación dominante es muy similar a la de la provincia Amazónica. Las familias más importantes son las Leguminosas, en particular, los géneros lnga, Macrolo bium, Swartzia; las Moráceas, con Cecropia, Cvussapoa, Ficus y Pourouma, Anonáceas, Bombacáceas, Burceráceas, Rubiáceas, Piperáceas, Melastomatáceas y Miristicáceas. En las costas son frecuentes los manglares inundados por la marca y el complejo de bosques pantanosos adyacentes. El clima de Colombia, debido a su situación geográfica, es tropical y se caracteriza por la uniformidad de temperaturas en cada sitio durante el transcurso del año, o sea, el clima es isotérmico.

Las diferencias de temperatura atmosférica son originadas por la altitud y esta determina diferenciaciones en zonas de vida vegetales, según los pisos o niveles altitudinales. La posición de Colombia dentro de la zona latitudinal ecuatorial y el hecho de que su territorio sea atravesado, hacia los 5º de latitud N, por el ecuador térmico, determina elevadas temperaturas del aire en sectores de baja altura sobre el nivel del mar, así como, la ausencia de pronunciadas variaciones cíclicas o estaciones en el régimen anual. La clasificación de Caldas (1803) constituye un modelo muy claro por su simplicidad y sigue siendo, con las variaciones que haya que introducirle, lo más preciso y descriptivo en el caso de Colombia. Para la región del Chocó tenemos un piso térmico cálido o “tierra caliente” de 0-1.000 m, temperatura media anual de 24ºC y un piso térmico templado o “tierra templada” de 1.000 a 2.000 m con temperatura media anual de 17,5º-24ºC. La precipitación pluvial media anual en Colombia varía desde unos 150-200 mm en el norte de la Guajira hasta más de 10.000 mm en la región sur-central del departamento del Chocó, en las cuencas alta y media del río San Juan y alta del río Atrato. El promedio anual más alto se registra en Tutunendó con 11.700 mm, lo que la convierte en una de las regiones más lluviosas del mundo.

De las diez regiones hidrográficas, establecidas de acuerdo con los diez grandes ríos, a nuestra zona corresponde la región del Patía, la del San Juan y la del Atrato; y la región costanera del Pacífico.

Nuestro Chocó, sensu lato pertenece a la región natura del Pacífico, que es la continuacion de la faja costero que viene desde el sur del continente: comprende una faja estrecha e irregular que va desde NO del Ecuador hasta el oriente de Panamá, denominada también Andén Pacífico) y que alcanza en algunos lugares hasta cien kilómetros de anchura. Esta zona es interrumpida por las estribaciones de la cordillera Occidental y por cordillera de la costa, incluyendo las islas Gorgona Gorgonilla y, también, el área del Darién o Urabá.

Esta región posee una selva higrófita, excepto en Urabá y en el sur donde hay un pequeño período de “verano” anualmente, lo que determina condiciones sub-higrofíticas. La región comprende la esquina noroccidental Suramérica con una precipitación pluvial local de las más altas del mundo. Entre las formaciones vegetales figuran, además, comunidades de psammophytas de playa, haloholophyta (manglares), el Natal, bosque pantanoso con ligera fluencia salina que abarca un conjunto de comunidades: Cuangaral, Sajal, etc. En el valle inferior del Atrato y Urabá aparecen las comunidades de playa, manglares y comunidades limnofíticas herbáceas, diversas comunidades de selva pantanosa que comprenden el Panganal (Rhaphia taedigera) y el Catival (Prioria copaifera).

Durante las fases secas del Pleistoceno existió un gran refugio de selvas húmedas, lo que permitió un proceso de especiación vegetal. Hay una gran cantidad de géneros comunes con la Amazonia, cuya dispersión puede remontarse a un período anterior al levantamiento final de los Andes.

Una vez constituido el istmo del Darién, un número grande de elementos centro y norteamericanos penetraron a América del Sur a través de esta región.
La región que nos ocupa puede dividirse así:

1. Serranía del Darién;
2. Serranía de Paudó y de los Saltos, que se prolongan en las islas Gorgona y Gorgonilla;
3. El Darién o Urabá;
4. Las selvas húmedas de los valles altos del Sinú y el San Jorge;
5. El área costera de los departamentos del Valle, Cauca y Nariño.

 


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