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Río San Juan
Foto: Diego Arango
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11. LOS SUELOS
La importancia del recurso
suelo
El suelo es un componente
biótico de los ecosistemas y, por lo tanto, en él se desarrollan procesos fundamentales
para el sostenimiento de la vida en el planeta, para la conservación de la diversidad
biológica y para el bienestar de la humanidad. Este cuerpo natural debe sus
características a la interacción de los denominados factores e formación (clima,
organismos vivos incluyendo el hombre, relieve, material parental y tiempo) los cuales
desencadenan una serie de procesos de pérdidas, ganancias, transformaciones y
translocaciones de sustancias que dejan sus marcas en los perfiles del suelo y reflejan,
mismo tiempo, la inteligencia creadora de los hombres supreocupación por la calidad del
medio ambiente o, por el contrario, su irracionalidad y su inmensa capacidad de
destrucción.
Los suelos del litoral
Pacífico, característicos de las regiones tropicales muy húmedas del país, no escapan
a la aseveración anterior puesto que la tala indiscriminada de los bosques, cuyas maderas
más finas han abandonado en procesión interminable su selvático refugio para enriquecer
a gentes extrañas a la región, unida a la apertura de campos de cultivo en tierras de
vocación forestal y a la minería con su tremendo impacto en el entorno tan degradado la
fase orgánica en la que reposa la mayor parte de los elementos para la nutrición vegetal
da cual juega un papel muy importante en el equilibrio e los ecosistemas del trópico
húmedo.
El desarrollo futuro del
litoral Pacífico debe tener en cuenta el mosaico edáfico que lo caracteriza porque los
suelos, que se distribuyen a todo lo largo y ancho de su geografía, difieren en su grado
de vulnerabilidad y en su capacidad de utilización ya sea forestal que es, a no dudarlo,
su vocación principal, o agropecuaria para la cual existen, tanto en el norte como en el
sur de la región, algunas zonas aptas.
El escenario de la
edafogénesis
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En la región del Pacífico
las condiciones climáticas extremas y las formas del relieve son los dos factores más
importantes en la evolución de los suelos. La alta precipitación pluvial, la humedad
excesiva en el ambiente y las temperaturas propias del trópico cálido superhúmedo
aceleran los procesos de alteración de los minerales primarios y los de pérdida por
lavado de los elementos químicos, muchos de los cuales son indispensables para la
nutrición vegetal, por lo que el componente orgánico del suelo pasa a ejercer una
acción fundamental en este aspecto. El relieve, a su vez, impide el desarrollo genético
normal de los suelos en las áreas muy disectadas, con formas quebradas y escamadas, como
sucede en la cordillera, las serranías y en las laderas más empinadas de las colinas,
paisajes estos que ocupan una gran superficie en la región; los suelos formados en estas
condiciones son muy susceptibles al deterioro y ostentan marcas de procesos erosivos en
los lugares que han sido, de alguna manera, intervenidos por el hombre. La topografía
plana depresional de los valles de los ríos, de la planicie marina y de los sectores
cenagosos ha propiciado la depositación de sedimentos minerales finos y materiales
turbosos, a partir de los cuales se han desarrollado suelos minerales y orgánicos
pobremente drenados, en cuyos perfiles se muestran los efectos del proceso de anegamiento
en forma de colores grises puros o con manchas de tonos rojizos y amarillentos en los
horizontes del suelo. Areas extensas de relieve plano cóncavo están constituidas por
suelos orgánicos con diferentes grados de evolución y, parte de ellos, cubiertos con
vegetación de bosque.
Desde
el punto de vista de los materiales a partir de los cuales se han desarrollado los suelos,
en las formas marinas y en las planicies aluviales, dominan los sedimentos del Cuaternario
reciente (Holoceno) con áreas de tenazas, casi siempre de poca extensión, en las que los
materiales depositados son más antiguos (Pleistocénicos). En el paisaje de colinas los
suelos han evolucionado en arcillas grises abigarradas y areniscas del Terciario Superior
y en algunos sitios más altos en materiales pertenecientes al Terciario Inferior. En las
serranías los materiales parentales son de edad terciaria y cretácica, en Baudó, por
ejemplo, hay rocas basálticas, aglomerados, calizas, limolitas y lutitas, mientras que el
complejo del basamento de la serranía del Darién contiene andesitas, gabros, dioritas,
migmatitas y basaltos. En la parte más alta hay diabasas, basaltos, tobas, rocas
piroclásticas, chert y shales negros. La vertiente de la cordillera que enmarca al
litoral Pacífico presenta litología variada principalmente de naturaleza diabásica,
rocas metamórficas y sedimentarias mesozoicas (Orupo Dagua), materiales geológicos del
Terciario Inferior y del Cretáceo y hacia el sur, en el macizo colombiano, rocas ígneas:
andesitas, basaltos y tobas de edad cenozoica.
La
existencia de una gama tan variada de materiales geológicos en la región del Pacífico
determinaría, en condiciones ambientales diferentes a las allí existentes, una
fertilidad natural buena en los suelos, derivada de un contenido alto en minerales
fácilmente alterables y ricos en elementos nutrientes para las plantas; sin embargo, con
excepción de los suelos aluviales y los de las planicies marinas que presentan niveles
relativamente altos de nutrientes, en el resto del área el panorama es similar al de
todas las regiones del trópico cálido y húmedo, es decir, que se caracteriza por una
predominancia de los minerales resistentes a los procesos de alteración, como el cuarzo y
de arcillas, como la caolinita que no contribuyen, ciertamente, al desarrollo de una buena
fertilidad natural.
La
vegetación que cubre la región, con diferentes grados de intervención por acción
antrópica, juega un papel fundamental en la conservación de la fase orgánica de los
suelos del Pacífico lo cual es muy importante si se tiene en cuenta que en los horizontes
orgánicos está almacenada la mayor parte de los elementos necesarios para la nutrición
vegetal; la selva tropical húmeda, con toda la biodiversidad florística y faunística,
es un entorno bajo el cual se desarrollan suelos tan frágiles como indispensables para el
sostenimiento de la vida en la región.
El
Mosaico edáfico
La región del Pacífico, al igual que otras
áreas del trópico húmedo, ostenta una
gran variedad de suelos cuyas características más sobresalientes dependen,
principalmente, de su posición en el paisaje y, en menor extensión, de las diferencias
climáticas que ocurren hacia el norte, en la zona del Darién y hacia el sur en las
cuencas bajas de los ríos Patía y Mira. En el área predominan los suelos minerales pero
hay extensiones importantes de suelos orgánicos; existen suelos poco evolucionados en las
laderas escarpadas de la cordillera, las serranías y las colinas, al igual que en algunos
sectores de la planicie marina y de las formas aluviales que rodean los grandes ríos y
otros cauces menores; aunque la gran mayoría de los suelos son ácidos y han sufrido
lavado intenso de sus nutrientes y de otras sustancias, hay sectores en el Darién
chocoano cuyos suelos son muy ricos en bases y tienen, por lo tanto, niveles altos de
fertilidad; en materia de drenaje hay suelos que pasan gran parte del año bajo agua o en
condiciones de saturación permanente, pero hay otros cuya génesis se desarrolla en
presencia de oxígeno, a pesar de la
excesiva humedad del ambiente; desde el punto de vista de la susceptibilidad de los suelos
al deterioro los hay desde muy vulnerables en los paisaje
más disectados y húmedos,
hasta aquellos cuya estabilidad y riesgo erosivo es ínfimo por estar localizados e
planicies bien drenadas y en climas moderados.
A continuación se presenta una descripción breve de mosaico de los suelos que
conforman la región, agrupándolos de acuerdo con la posición geomorfológica en que se
encuentran.
Suelos
de la planicie marina
El
paisaje de la planicie marina es muy variado desde punto de vista edáfico; en él se
encuentran playones sin formación de suelos, bancos y barras con suelos arenosos
(Tropopsamments) asociados con suelos mal drenados (Tropaquents, Fluvaquents), marismas
con suelo poco evolucionados, como los anteriores, pero con tos contenidos de sales
(Sulfaquents) y suelos orgánicos (Tropofibrits, Tropohemists). Estas tierras presentan
relieve plano-cóncavo, son inundables y están afectadas permanentemente por las mareas;
la vegetación de manglares y de otras especies hidrófilas y halofíticas.
Suelos
de las formas aluviales
En
las planicies aluviales formadas por los ríos hay suelos más o menos bien drenados
(Tropofluvents, Dystropepts, Eutropepts) en los diques naturales y en los niveles altos de
las terrazas, particularmente en las áreas en que la humedad del clima es menor. Sin
embargo, la mayor extensión está ocupada por suelos mal drenados (Tropaquents,
Tropaquepts, Fluvaquents) y en algunos basines o zonas depresionales amplias hay suelos
orgánicos (Tropohemists) puros o asociados con suelos minerales.
Se
incluyen en la unidad algunos suelos de los abanicos del piedemonte de la serranía del
Darién (sector Unguía - Sautatá, Acandí, Titumate) ricos en minerales fácilmente
alterables lo que los hace fértiles (Eutropepts, Pelluderts); hacia la parte sur del
litoral aparecen otros abanicos cuyos suelos, debido a las condiciones de intensa humedad,
son ácidos, de baja fertilidad e imperfecta o pobremente drenados (Dystropepts ácuicos,
Tropaquepts).
Suelos
de las colinas
En
la zona pluvial hay suelos de colinas onduladas y muy onduladas a quebradas desarrollados
a partir de materiales sedimentarios, moderada a imperfectamente drenados en las partes
altas (Dystropepts, Troporthents, Tropudults) y muy pobremente drenados (Tropaquepts) en
las áreas cóncavas entre las colinas.
Cuando
la humedad del clima disminuye apreciablemente, como acontece en los extremos norte
(Darién) y sur-oeste (región del Patía y el Mira), hace su aparición un paisaje de
colinas en cuyo relieve ondulado y, en algunos sectores, quebrado, hay suelos ácidos y
pobres en nutrientes (Dystropepts), como los de la mayor parte de la región. En ambos
casos, el de las regiones húmedas y el de las áreas pluviales, la nutrición vegetal
depende principalmente de los nutrientes almacenados en la fase orgánica del suelo.
En
la región del Darién chocoano hay una zona de colinas onduladas con suelos muy fértiles
(Eutropepts, Hapludolls) debido a la riqueza mineralógica de los materiales geológicos
de la cual se derivan y a las condiciones favorables del clima.
Suelos
de las serranías
Están
ubicados estos suelos en las partes más altas, quebradas y escamadas de las serranías de
Baudó y Darién. Estas características, unidas al clima pluvial que domina en la mayor
parte de la región, hacen que los suelos sean muy poco evolucionados (Troporthents),
superficiales y muy susceptibles a la erosión. En las cimas y en las partes altas de las
laderas hay frecuentes afloramientos rocosos.
En la serranía del Darién, en la
vertiente del Caribe, hay suelos ricos en nutrientes (Eutropepts), superficiales a
moderadamente profundos, cuyo material de origen de naturaleza ígnea (diabasas,
andesitas) alterna con lutitas y areniscas.
Suelos
de la cordillera
En
las laderas de la vertiente occidental de la cordillera hay una gran variedad de suelos
cuyo patrón de distribución está determinado, principalmente, por la existencia de
diferentes pisos térmicos y por la presencia, en algunos sectores situados por encima de
los 1.000 m, de cenizas volcánicas. Los suelos, en términos generales, son poco a
moderadamente evolucionados, de fertilidad baja y muy susceptibles al fenómeno erosivo.
En las áreas escarpadas de la montaña son comunes los afloramientos rocosos. Desde el
punto de vista taxonómico en la cordillera hay Entisoles (Troporthents, Criorthents)
Inceptisoles (Dystropepts, Humitropepts), Andisoles (Hapludands), Ultisoles (Tropudults) e
Histosoles.
La
vocación de las tierras
Las
características de los suelos y el factor climático convierten al litoral Pacífico en
una región de vocación principalmente forestal; solamente un área al sur (sector del
Mira y el Patía) y otra al norte (zona del Darién) poseen tierras con aptitud
agropecuaria.
La utilización racional de los bosques del Pacífico requiere, con
urgencia, la delimitación de áreas de reserva forestal (bosques de tipo protector,
protector-productor), Parques Nacionales y distritos de conservación de suelos, de
acuerdo con la legislación vigente y de conformidad con la capacidad de uso y la
susceptibilidad al deterioro de las tierras.
El
aprovechamiento de los bosques con fines diferentes a la extracción de madera, vale
decir, para obtener gomas, látex, taninos, semillas comestibles y productoras de aceite,
frutas, jugos de consumo local, como vino de palma y agua de coco, aceites esenciales,
colorantes, follaje, etc., son una posibilidad extraordinaria para conservar las áreas
boscosas; a este respecto no debe olvidarse que la fertilidad de los suelos del trópico
cálido y húmedo depende básicamente de la fase orgánica
y esta sólo se mantiene
mientras exista una cobertura vegetal permanente de múltiples estratos.
En el Pacífico hay dos
sectores cuyo clima menos lluvioso permite, cuando las tierras son aptas, el uso
agropecuario. El primero está ubicado en el sur del litoral, en las regiones del Mira y
el Patía sobre suelos aluviales bien drenados o susceptibles de ser adecuados y abarca
una extensión aproximada de 1.600 has. El segundo sector corresponde al área del Darién
chocoano en el cual existen unas 143.000 has. con vocación agrícola y 126.000 has. para
el desarrollo ganadero. Estas tierras se reparten entre los valles de los ríos Acandí,
Tolo y Tandela (zona Acandí-Unguía), los valles de los ríos Juradó y Apartadó (zona
de Juradó), la planicie central del río Atrato y parte de los valles del Truandó,
Salaquí y Río Sucio (zona Río Sucio-Atrato) y algunas áreas de topografía suave de
las serranías del Darién y Los Saltos.
* Edafos= suelo; génesis del suelo
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