|
INDICE
|
|
PROLOGO - ORINOQUIA: COLONIZACIÓN, FRONTERA Y ESTRUCTURACIÓN
TERRITORIAL
Por DARÍO FAJARDO MONTAÑA
La economía colombiana ha estado ligada, desde sus orígenes en
la época colonial, al comportamiento de los precios internacionales
de sus exportables. El tamaño de las economías ligadas estos
productos, posiblemente. con la excepción del café, no han generado
estructuras que permitan márgenes significativos de autonomíay, en
consecuencia, las regiones productoras de estos bienes también han
estado condicionadas en su desarrollo, su expansión y contracción,
por estos comportamientos de los mercados internacionales. Este ha
sido el proceso de los ciclos dél oro y la plata, desde las. épocas
de los reales de minas de Cáceres y Zaragoza en
Antioquia, Mariquita en Tolima y Pamplona en Santander, hasta los
trágicos y escandalosos episodios de las empresas mineras del
Chocó; de las quinas, la tagua, el caucho y ahora del petróleo y
los cultivos para fines ilícitos en Orinoquia y Amazonia.
Esta ha sido la historia de prácticamente todas las regiones
colombianas, como lo ha sido en otras latitúdes en donde no se han
consolidado economías nacionales fuertes, con efectos nocivos para
los países y regiones en donde ello ha ocurrido, La Orinoquia,
región a la cual está dedicado este libro, no ha escapado de este
sino, pero su potencialidad, vislumbrada por generaciones de
empresarios, desde los jesuitas en el siglo XVII hasta por quienes
tienen hoy a la región en su mira, posee proyecciones que pueden
modificar buena parte del conjunto económico nacional y de su
ordenamiento espacial.
La Orinoquia colombiana ha sido vista desde los centros de poder
en donde se ha construido el ordenamiento político y económico del
país, como una frontera permanente, desposeída de valor económico,
político y estratégico. Como veremos, esta visión no hace justicia
al significado de sus recursos y solamente se explica dentro de la
lógica del poder encabado en el mundo andino.
Por otra parte, los efectos que la incorporación del conjunto de
estos recursos tiene y tendrá para el país, exceden el significado
coyuntural de un ciclo exportador. Sin embargo, una región como
realidad política supone no solamente la existencia de sus recursos
o la explotación de los mismos, sino la comprensión de su papel
dentro del planteamiento estratégico nacional y la configuración
efectiva de un proyecto político encaminado a hacer real este
papel.
La historia de esta región ha enmarcado distintos episodios de
afirmación y existen manifestaciones de diversos esfuerzos
encaminados a fortalecer su identidad Sin embargo, la ubicación
geográfica de la región con respecto al país no la ha configurado,
dentro de la visión nacional, como región estratégica. En las
circunstancias actuales, cuando la Constitución Nacional ha hecho
de la descentralización un principio político rector y se reconocen
a las regiones y a las comunidades sus espacios de negociación en
el conjunto nacional, en concordancia con las tendencias que se
desarrollan al nivel internacional, la incorporación de la
Orinoquia en el planteamiento estratégico nacional precisa de un
proceso en doble vía, de las comunidades de la región hacia la
nación y de ella y de su estado hacia la región y sus comunidades.
Este proceso, a su vez, demanda el entendimiento de la región y sus
recursos y una comprensión de las dinámicas que rigen las
relaciones entre las sociedades y su espacio. En otras palabras, se
requiere de una teoría de lo regional y de una
teoría sobre la región, para impulsar la comprensión
estratégica de la Orinoquia çolombiana como parte de la
nacionalidad.
Estas son las tareas para las cuales Colombia: Orinoquia
espera realizar su aporte y estas líneas así lo proponen en
esa secuencia: algunas reflexiones teóricas sobre las relaciones
espacio-sociedad y el ordenamiento del espacio,
seguidas por algunas anotaciones básicas sobre las características
de la región, como soportes para delinear una propuesta. Las
reflexiones teóricas han sido expuestas por el autor en otras
oportunidades y en esta ocasión se presenta una síntesis de las
mismas.
Las fronteras como construcción social
Las fronteras constituyen un tema de interés para distintos
campos de las ciencias, desde la geografía humana, la antropología
y la arqueología hasta la politología. Tal como lo plantean los
geógrafos humanos, como Carl Sauer, tanto en el caso de este
concepto como en el de límite hay una participación de
la intervención humana: en las fronteras, según se ha clarificado
cada vez más, se trata de espacios de influencia de sociedades
diversas; los límites, que pueden tener correspondencia con
aspectos físico-geográficos, guardan relación igualmente con el
propio desarrollo de las sociedades.
En efecto, como lo señala Ernesto Guhl, al tratar las relaciones
entre fronteras políticas y límites naturales, estos últimos, como
en el caso de cotas altimétricas o de tipos de suelos, etc., pueden
demarcar niveles restrictivos para la ocupación humana, pero ello
depende del desarrollo tecnológico con el que cuente una sociedad
determinada. Un límite natural de ocupación del espacio
para una sociedad puede no ser válido para otra que disponga de los
medios técnicos y tecnológicos requeridos para superar las
restricciones impuestas por dicho límite.
A continuación se presenta una reflexión teórica en torno a la
temática de las relaciones entre las sociedades y sus
especialidades (siguiendo la propuesta de J. L.
Coraggio, 1988). Esta exposición se centra en los temas básicos de
la reflexión teórica, a saber: las dinámicas de las articulaciones
espaciales y los desequilibrios regionales; los impactos de los
conflictos generados en el interior de la frontera sobre las
regiones en proceso de articulación con el sistema espacial
nacional y las relaciones entre las formas de ocupación de las
fronteras con las políticas nacionales.
El espacio, producción social
A finales de los años setenta, se abrió paso el tema de lo
regional como parte de los debates académicos en torno al
Estado y sus relaciones con los distintos sectores sociales, dentro
y fuera de las formaciones nacionales y plurinacionales. Lo
regional pareció reemplazar a la cuestión
campesina, tema que había captado previamente el interés de
las ciencias sociales, en particular de la sociología y la
antropología.
La sucesión de estas dos problemáticas, campesinos y
región, no obedeció al azar. El estudio de las
economías y sociedades agrarias necesariamente desbordó, desde sus
comienzos, las particularidades internas de las mismas, para
indagar sobre sus relaciones económicas, sociales, políticas y
culturales con el entorno nacional e internacional. Alain Lipietz
(1977) pionero de la temática regional, planteó, precisamente, el
asunto de las relaciones entre campesinos y desarrollos regionales,
considerando las alternativas de disolución o articulación .de
estas unidades de producción al desarrollo económico, de acuerdo
con las peculiaridades deunas y otro. Este ángulo fue
destacado posteriormente por Eduardo Archetti (1989), quien señala
la estrecha articulación que existe en América Latina entre
cuestión -campesina y cuestión regional.
Sin dejar de lado la temática campesina, la exploración
sobre la cuestión regional debió remontarse al nivel más general de
la constitución del
espacio y sus implicaciones
epistemológicas. Lipietz y Horacio Sormani (1977) enfatizan la
concepción de la construcción histórica, y por tanto social, del
espacio, señalando la indisolubilidad de las relaciones entre las
agrupaciones humanas y la elaboración física e intelectual de sus
hábitats.
Esta reflexión, en términos más amplios, sustenta cómo ninguna
sociedad existe en el vacío, sino que se desarrolla dentro de un
espacio concreto, al cual transforma al apropiarse de sus recursos,
interpreta y valora, estableciéndose una estrecha y continua
relación entre las características de cada sociedad y las de su
entorno.
Esta relación se dinamiza permanentemente, no sólo por el uso
que las sociedades hacen de los recursos disponibles y
significativos dentro de su hábitat, sino, también, por las
transformaciones que ocurren en su haber tecnológico, con el cual
la determinación de los límites naturales se convierte en
condicionamiento: la disponibilidad de medios técnicos para
neutralizar las condiciones climáticas (abrigo, combustible, etc.),
permite ocupar espacios que sin ellos serían inhabitables o
aprovecharlos en períodos en los cuales, de otra forma, sería
imposible hacerlo (inviernos, etc.).
De la concepción del espacio como construcción social, se
desprende un conjunto de derivaciones del cual hacen parte los
componentes espaciales de la formación de los mercados, la
articulación de regiones en sistemas regionales y el papel del
Estado dentro de la operación de estos sistemas.
|
|
Cafetales en los Llanos S. XIX.
Viaje de Edouard André 1875-1876
Lámina de Riou
|
Los procesos de producción y circulación de bienes, como todas
las demás actividades sociales, ocurren en un espacio; así como
todas las demás actividades sociales, la apropiación dé los
recursos y la producción de bienes, como resultado de los
desarrollos técnicos, adquieren niveles crecientes de
especialización, dando cabida a la división social de la
producción, la cual se expresa también en términos espaciales: por
razones del acceso a las materias primas, por otras conveniencias
técnicas, sociales y culturales, como lo puede ser la valoración de
los espacios, su visualización, etc., ocurre una división social
espacial del trabajo.
Dentro de esta misma dinámica tiene lugar el desarrollo del
intercambio y la circulación de la producción dentro de un ámbito
territorial. Los procesos productivos y la circulación (formación y
desarrollo del mercado) en espacios característicos, conducen al
establecimiento de relaciones entre estos mismos espacios y por
ende, a la configuración de sistemas regionales construidos sobre
la base de la especialización productiva y la circulación. Las
leyes económicas (formación del valor) se expresan en la
construcción de estos sistemas a través de las jerarquizaciones
paulatinamente establecidas, cuyos contenidos tienen que ver,
fundamentalmente, con la apropiación social y territorial de
excedentes generados en la producción y en la circulación.
Los estudiosos de las culturas andinas (Troll, Murra, Kauffmann,
Ravines, etc., citados por E. Guhl), han destacado una
característica peculiar referida a su despliegue espacial como es
la integración vertical en la producción y circulación,
resultante de la brusca disposición del relieve, la cual comprende
notables elevaciones dentro de cortos espacios. A diferencia de
otras estructuras geográficas como las dispuestas en Europa
Occidental o Norteamérica, en donde grandes o medianas planicies
ofrecen superficies continuas para la producción agrícola y
facilitan la circulación, en la América andina el desarrollo
agrícola ha debido sustentarse en tecnologías para declives
pronunciados (andenes, etc.) y configurar una oferta cuya
heterogeneidad guarda más relación -con los pisos térmicos en los
cuales se despliega, que con variaciones estacionales a lo largo
del ciclo anual. De esta manera, la satisfacción de las necesidades
de estas sociedades se ha consolidado históricamente a través de la
integración de una oferta producida en un mosaico espacial
dispuesto verticalmente y articulado bajo sistemas operantes
durante siglos.
El desarrollo de la minería colonial en lo que fuera la Nueva
Granada (siglos XVII y XVIII) se sustentó, a su vez, en procesos de
articulación regional, en donde la especialización minera del
occidente (desde Barbacoas, Nariño, hasta Nóvita, Chocó,
adentrándose hasta Cáceres y Zaragoza), tuvo su complementación en
el oriente agrícola (provincia de Tunja y Vélez, etc.) dentro del
aparato colonial, el cual estableció las regulaciones para la
provisi6n .de mano de obra (conducciones y mitas) y alimentos.
Estas regulaciones fueron aplicadas en gran medida, para
garantizar la actividad minera, de importancia vital para el
sistema fiscal español; su cumplimiento fue rigurosamente vigilado
y constituyó el punto de referencia para las reclamaciones de
encomenderos, mineros y comerciantes. (Colmenares, G.; González,
M., Fajardo, D. 1968).
Desarrollos económicos más recientes, como lo son la producción
azucarera o la bananera afianzada en el Urabá antioqueño en la
década de 1960, escenificaron, igualmente, procesos de integración
entre las áreas especializadas en cultivos y las de economía
campesina, proveedoras de los bienes salario requeridos
para sustentar la mano de obra aplicada a la producción
agroindustrial. Esta misma lógica de articulación
sustentó la formulación y aplicación de distintos proyectos de
desarrollo regional en varios países del Tercer Mundo,
en particular dentro de América Latina, con los cuales se mejoraron
las condiciones de la producción y la productividad para
estabilizar el desarrollo de elementos más competitivos de las
economías nacionales.
En el caso del régimen colonial y ya dentro del ordenamiento
republicano en el caso de los sucesivos programas de colonización,
en si los de colonización dirigida, en los proyectos de
ciudades intermedias, etc., se advierte, con todos los
matices de cada caso, el papel asumido por el Estado en la
organización del territorio como espacios de producción económica y
reproducción social.
Las observaciones anteriores destacan los temas de interés para
las problemáticas referidas a las dinámicas de los asentamientos
humanos en la Orinoquia; ellas son: el espacio como construcción
social; la relación entre la diferenciación del espacio y la
diferenciación en el desarrollo social y, por último, la función
del Estado en la organización del territorio.
La diferenciación socio-espacial y las fronteras
Héctor Capraro (1988), uno de los analistas que recientemente se
han ocupado de las relaciones sociedades-espacio
propone de manera escueta: la región es una consecuencia de
la división? social del trabajo. Detrás de esta afirmación se
encuentran una serie de reflexiones que bien merecen ser
consideradas in
extenso por sus
implicaciones.
En primer lugar, los dos términos de la proposición, el espacial
y la actividad social y productiva aparecen entrelazados en una
relación de causalidad; la región (el espacio o una porción
específica del mismo) es un resultado de la actividad de la
sociedad. No se niegan las características físicas
de este
fragmento espacial, pero su constitución, su delimitación hacia el
exterior y en su interior, es el resultado de la intervención
humana, según lo expuesto inicialmente.
|
|
Salinas de Upín cerca de
villavicencio, S. XIX
Viaje de Edouard Ancré, 1875-76
Lámiva de Riou
|
Este razonamiento se proyecta en un sentido dinámico, histórico,
al considerar que las sociedades humanas no son estáticas; por su
esencia se transforman, se expanden en sus tamaños y en sus
necesidades, amplían sus demandas y presiones sobre los recursos a
partir de los cuales logran su supervivencia. La expansión de una
sociedad, de su actividad productiva conduce a la ampliación de su
espacio de influencia; internamente conduce también a la
diversificación de sus actividades, al desarrollo de la división
del trabajo dentro de sus propios miembros, según líneas de sexo y
edad inicialmente. A su vez, en procesos suficientemente conocidos,
a la ampliación productiva y a la búsqueda de intercambios de
excedentes por bienes deficitarios.
Teniendo en cuenta que los procesos productivos, como cualquiera
otra actividad social, ocurren en un espacio específico, la
especialización de las labores también tiende a ocurrir en espacios
diferenciados, según la disponibilidad de los recursos y los
desarrollos tecnológicos de la sociedad. Obviamente, la
recolección, la pesca y la cacería, para hablar de etapas tempranas
de la historia de las sociedades, ocurrían en espacios
diferenciados de aquellos de la vivienda, de la horticultura o la
elaboración de instrumentos. Igualmente, dadas las particularidades
del desarrollo de las sociedades y de la oferta de los recursos se
generaron procesos de especialización n productiva de las
comunidades, los cuales a su vez dieron pie al establecimiento de
relaciones de complementación y, de paso, a la articulación de los
espacios y el paulatino establecimiento de sistemas jerarquizados
de relaciones espaciales. Múltiples son los casos señalados y
estudiados, siendo el de la complementación de regiones mineras con
regiones agrarias durante los siglos XVI-XVIII en la América
colonial, tal vez, uno de los más conocidos en nuestra
historia.
La expansión de una sociedad sobre un espacio como resultado de
su crecimiento demográfico y de la ampliación de sus demandas de
recursos, puede implicar procesos de conflicto con otras sociedades
ya establecidas en tal espacio y, consecuentemente, el desarrollo
de procesos militares o políticas que expresan las nuevas
relaciones territoriales. Esta dinámica es una de las múltiples
posibilidades de desarrollo de las sociedades; en efecto, una vía
evolutiva de una determinada sociedad puede ser su propia
diversificación productiva, pero otra, su especialización o
también, lo más común, una combinación de distintos grados de
especialización y diversificación, con las peculiaridades que ello
puede implicar en su organización interna, en sus instituciones
políticas y en sus representaciones culturales.
De acuerdo con esa propia dinámica interna y con las
características físicas, ecológicas, culturales, etc. de su
entorno, la proyección en el tiempo de una determinada sociedad
lleva, necesariamente, a su expansión sobre el espacio y al
establecimiento de variados tipos de relaciones con las sociedades
circundantes. Este proceso conduce, entonces, a la definición de
las fronteras,
las cuales resultan de la propia
configuración de los asentamientos humanos, de los límites de su
capacidad de control de un territorio en términos técnicos,
culturales y militares y de las capacidades de las sociedades
vecinas para controlar sus propios territorios.
A este respecto dice Lattimore (1968): Una frontera se
crea cuando una comunidad ocupa un territorio. A partir de allí, la
frontera se conforma y modifica de acuerdo con la actividad y el
crecimiento de la comunidad o por el impacto causado sobre ella por
otra comunidad. De esta propuesta sintética se destacan los
elementos para ser desarrollados en tomo al tema de las fronteras
como núcleo de este ensayo y de la problemática que enlaza a los
demás trabajos de este libro: la connotación de construcción
histórico-social y las relaciones que se establecen entre las
comunidades que eventualmente compren por un espacio. Este mismo
autor destaca, en consonancia con la primera observación, el
carácter móvil
de las fronteras, su modificabilidad a través
del tiempo y como resultado de las transformaciones ocurridas en
las propias sociedades.
A este respecto, Lattimore señala cómo un determinado accidente
geográfico puede ser calificado como frontera por una comunidad: un
borde montañoso, apreciado como inexpugnable. Sin embargo, esta
percepción posiblemente se modifica con el paso del tiempo y el
desarrollo tecnológico, con lo cual el significado de dicho
accidente se altera totalmente; igual puede ocurrir con cualquiera
otra frontera natural (un río, un lago, una extensión
desértica) la cual es apreciada como insuperable en
virtud de los alcances tecnológicos de esa sociedad en un momento
determinado de su desarrollo. histórico; sin embargo,
transformaciones posteriores de su acervo técnico (medios de
transporte, etc.)
modifican esta
percepción y por
tanto su significado como barrera.
El carácter histórico-social de las fronteras, el estar
supeditadas a los procesos de desarrollo de las sociedades que se
encuadran dentro de ellas, imprime otro rasgo digno de tenerse en
cuenta: las fronteras, más que un corte tajante entre espacios
propios de determinadas comunidades, constituyen
ámbitos de transición en los cuales se hacen sentir las
influencias de las comunidades distribuidas auno y otro lado
de tales fronteras. Patricia Vargas (1993) en su estudio sobre las
comunidades Embera y Cuna enfrenta la temática de la
territorialidad como eje de sus análisis y privilegia el
tratamiento de las fronteras, para las cuales pronope una
definición
en el sentido planteado anteriormente: la
frontera la entiendo como la transición entre dos o más
territorialidades. Esto es, territorios donde predominan formas
culturales de una sociedad específica, se dan avanzadas de otra
sociedad en formas tales como la militar, la misional, la economía
extractiva, la comercial, la minera, la agrícola, etc.
De esta manera se afianza la apreciación de las fronteras, no
como un simple límite físico, sino como una
construcción
social. En términos más amplios, la frontera
forma parte del proceso de apropiación de un territorio por una
sociedad dada, dentro del cual establece su identidad frente a sí
mismo y a las sociedades vecinas y sus límites expresan la
capacidad de apropiación de ese espacio. En virtud de la, propia
dinámica de cada sociedad, las fronteras pueden tener un carácter
móvil; una sociedad en proceso expansivo tiende a ampliar su
dominio sobre los territorios .de otras sociedades con miras al
control de recursos estratégicos, a través de medios militares,
culturales, políticos, comerciales, etc.
La ocupación de las fronteras es, entonces, el proceso a través
del cual una sociedad en expansión toma territorios de otras
sociedades absorbiéndolas, destruyéndolas o desplazándolas, para
entrar posteriormente a articular estos nuevos espacios a su
engranaje económico, político y social.
La expansión territorial implica, para las sociedades que la
asumen, la capacidad de acumular y dirigir recursos de distinta
índole sobre los espacios disputados para afianzar su dominación en
ellos; implica también, la capacidad de afianzar por distintos
medios su control, suma que subraya, a su vez, la disponibilidad
del aparato político, económico, y militar representado por el
Estado. Este aparato resume, entonces, la visión
estratégico-espacial de los sectores de la sociedad interesados en
su expansión, así. como su capacidad de intervención sobre el
territorio objeto de la misma. De esta manera, en procesos de
expansión territorial, se afirma la función del Estado como
integrador del territorio; a dicha función se hará una
referencia más detallada posteriormente.
Las consideraciones anteriores conducen a precisar el
tratamiento de las relaciones entre la sociedad, el territorio y
los recursos naturales con las funciones políticas del Estado en lo
referente al ordenamiento espacial.
|