INDICE




Fray Juan de Santa Gertrudis...
Introducción

TOMO I
Prólogo
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Explicación del mapa

TOMO II
Prólogo al lector
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7 (Parte1)
Capítulo 8
Capítulo 9

TOMO III
Prólogo al lector
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10

TOMO IV
Prólogo al lector
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 17
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
Capítulo 24
Capítulo 25
Capítulo 26
Capítulo 27

Voy a explicar todos estos términos. El plátano ya dije lo que es. La yuca es una mata, que sólo cría un vástago de vara y media con hojas del tamaño de la mano, y su figura es como la hoja de la higuerilla, y su color también. Lo que se siembra es un pedazo del vástago, sin más cultivo que clavarlo en la tierra. Da 10 o 12 raíces del tamaño de un rábano. Su cáscara se despega como la del rábano. Dentro la comida es blanca, muy sabrosa, y de mucha manutención. Tarda nueve meses en sazonar. Se come en la olla, se come asada, cocida con sola agua, y de ella, como dije del ñame, se hace pan también. Hay dos especies de yuca; la una es la explicada; la otra para poderse comer es menester remojarla, y prensándola, sacarle el jugo; porque de no, envenena y mata al que la come. El jugo que le sacan en lugar de agua se cocina con él, y hacen un caldo muy sabroso; la masa tostada, harina o amasada y hecha pan en una callana es muy buena comida. Y comida con el jugo mata. Cuando le sacan el jugo, en dejarse reposar, se asienta una masa que es un almidón mejor, y más blanco que el del trigo. La yuca amasada suelta dentro de 15 días las quebraduras de las ingles aplicada allí.

La arracacha es una mata como el ñame, sólo que su hoja es la mitad más rica, y casi tiene la misma figura y color. Sólo cría unas tres cuartas de vástago y se siembra del mismo modo, y a los cuatro meses ya sazonó su raíz. Ella de color medio amarillo, las mayores pesarán 3 o 4 libras. Su sabor extraño como el de la chicoria. Sólo se come en la olla o asada.

El camote es una mata que no cría vástago, sino que campea como la batata y parecida a ella en la hoja, y en el criar de raíces, y aún en el sabor de sus raíces, salvo que no tiene tanto dulce. Hay tres especies: blancas, amarillas y moradas.

El ñame ya antes queda explicado. De cada una de por sí de estas raíces, yuca, arracacha, camote y ñame, hacen una especie de bebida, que llaman masato. Cuecen la raíz, y con su caldo lo ponen a madurar tapado algunos días. Después estrujándolo con las manos le sacan toda la sustancia; y este caldo lo cuelan con un cedazo y lo vuelven a hervir; lo embotijan después y le mezclan miel de caña y se fermenta. Toma punto y así se bebe y no está malo. Y este mismo masato también al empezar a quererse acedar, lo meten en el alambique y sacan aguardiente muy rico con anís.

El zapallo es una calabaza colorada muy dulce. Mucho más sustanciosa que la de España. La más grande tendrá 6 libras. Junto a Mompós un criollo díjole a su mujer: este año tengo que sembrar un zapallar. Vos subiréis a Mompós y venderéis los zapallos, y con lo que se ganase os haré una saya. Pero mujer no la habéis de prestar a la comadre. ¿Cómo no, respondió ella, si ella me presta la suya?

Si la prestarás o no la prestarás, ellos se trabaron, y el marido cogió un palo y le rompió la cabeza, y el zapallar aún no estaba sembrado.

El maní es una mata parecida a la alverja o frisol. Su fruto lo da en la raíz: da unas bolitas ovaladas como vejiguillas, con sus ataditos, cuál con dos y cuál con tres, y dentro de cada uno un piñón como el de la piña, al doble de cuerpo, vestido también de su telita. Su sabor es mixto entre almendra y avellana. Se come crudo, cocido con sólo agua, y, tostado sirve de salsa muy rica. Lo que se siembra es el piñón, y una mata dará una cuartilla de bolsitas. Sólo fecunda en tierra caliente y quiere mucha agua.

El ají son los pimientos. De estos hay unos del tamaño de un huevo, y los llaman rocotos. Los regulares son del tamaño de una bellota grande, puntiagudos. Otros hay largos como los de España. Los rocotos no se comen, porque indigestan el estómago. Las otras dos especies sí, y pican mucho. Hay otra especie que por sí se cría silvestre, y son del tamaño de un grano de pimienta. Pican tanto como diré adelante cuando llegue al pueblo de Cajas.

Sancocho llaman (al) tasajo con plátanos o yucas cocido. Hay dos especies de sancocho. La una es: ponen en una olla tres dedos de agua. Sobre ella ponen unos palitos, que haga parrilla. Porque después el tasajo, y sobre él los plátanos o yucas o uno y otro. Tapan la olla con un pedazo de hoja de plátano o achira, y a fuego lento con el vapor del agua se cuece. La otra es: destrozan a mano los plátanos verdes, olas yucas, tajadas con cuchillo no, porque se ponen colchosas las tajadas; métenlo en la olla con trozos de tasajo, meten agua y algunos ajíes, y así con caldo, tapada de la misma suerte la olla lo cuecen.

El bollo es maíz molido y hecho masa, hacen unos trozos y los envuelven con hojas de plátano o achira que en tamaño y hechura parece una libra de tabaco en polvo envuelta con su papel. Esto lo cuecen al vapor del agua como el sancocho.

La arepa es la misma masa de maíz hecha tortilla y asada en la callana.

El tamal es la misma masa de maíz y de ella hacen pasteles, metiendo adentro pedazos de tocino y jamón con mucho ají molido. Este se muele fresco y se hace masas, y la gente culta suele freírlo con manteca. Frito y no frito siempre se saca de ello un plato a la mesa, y sobre lo sobrado que allí meten en sus guisos y potajes, cada uno toma su cuchara del plato, y yo decía; esto es comer rabiando.

El champuz es maíz cocido. Al cabo de 406 días que ya por sí embebió casi todo el caldo, le mixturan un poco de miel de caña, le ponen hojas de naranjo o limón, y algunos ponen también romero, y lo vuelven a hervir, y así lo guardan y así se come. En el colegio a medio día siempre daban una tasa de champuz. Yo lo probé y no me supo.

La achira es una mata que da un vástago como de lirio, y arriba cría una algarrobita del tamaño del dedo mínimo, está llena con sus divisiones de unos granitos como la semilla del rábano, pero perfectamente lustrosa y redonda. El vástago cría una hojitas chicas como el lirio. Y del pie salen como una vara de tronco las hojas de una vara en largo y 3 cuartas de ancho. Su color es verde muy ameno. La hoja se dobla como papel, sirve para cobijar casas, cargas y las canoas que trafican por el río lo que traen, para que no se moje lo envuelven con hojas de achira a platanillo, que es otra mata cuya hoja es sólo un poco menor que la del plátano. Y de una y otra abunda mucho el monte.

Noté en Cartagena que por las plazas, y aún por las calles, iban unos pájaros del tamaño de un cuervo, con la pluma desgreñada y el pico como el palomo, y en la punta sus dientecitos. Él todo negro e inmundo. Lo llaman gallinazo; come toda basura y mortecino como el cuervo. Este pájaro es general en todo el Perú. Nos contaron que ellos tienen su rey y se conoce porque tiene la pluma de la cabeza colorada. Y que en habiendo algún mortecino o inmundicia que comer, a la que llega el rey, todos se apartan y lo dejan que Él solo coma hasta que se va; y entonces acuden ellos de tropel como los cuervos a comer. Nosotros lo teníamos por fábula, y no lo creí hasta que lo vi, como diré cuando llegue al pueblo de San Juan.

Vi también en Cartagena 6 tortugas que habían cogido en el mar sobremanera grandes. Cada pierna suya era del tamaño del muslo de un hombre, y dentro la concha me pareció que cabrían 10 o 12 fanegas de trigo. Los Padres quedaron admirados de ver aquellos monstruos marinos, y entonces creyeron lo que yo les había contado, que en el temporal del año 1755 en el Golfo de León, vi una que nos pasó junta a la b(a)arca en que yo iba 3 veces mayor. Vi también en la playa del puerto una partida de caracoles marinos muy más grandes que los que yo había visto en la Europa. Dentro la concha de cada uno cabrían 6 cuartillos de agua, con la singularidad que, a más de tener la concha poco menos que el nácar, los unos eran concha azul celeste, y los otros carmesí muy fino.

En el convento los Padres nos avisaron que por la noche no nos descubriéramos los pies, y que nos tapásemos la cabeza, porque los murciélagos sangran la gente, y los pican o en la punta de la nariz, o en la punta de los dedos de los pies. Y esto con tal sutileza, que sacándole un pedacito de carne y mucha sangre, no lo siente el dormido. Nosotros lo teníamos por chanza. Por otra parte los toldos de las camas todavía no se habían desembarcado, y como hace tanto calor, aún una sábana fastidia. Yo me levantaba de madrugada a decir misa, y un día reparé que un pie me dolía algo. Acabé la misa, y cuando subí a la celda en que todos dormíamos, empezaba a rayar el día. Abrí la ventana, y chanceando: Padres ya me habrá picado el murciélago, que me duele este pie. Fui a registrar y hallé que del dedo de en medio, en la punta de la yema, me había sacado un pedacito de carne, y cabría en la picadura un granito de pimienta. La sandalia estuvo llena de sangre, y en la cama hallamos un cuaquerón que pesaría media libra, y la que se comería el murciélago. Yo no tengo el sueño pesado, y no lo sentí, y hube de creer experimentando, lo que tenía por fábula. Y el comisario se dio toda prisa para que nos sacaran los toldos, y así nos resguardamos.

Vi en la capilla de los hermanos de la Tercera Regla, que está pegada a la iglesia, y aquellos días se estrenó, un santo Cristo encima de una mesa; es de marfil de una pieza, excepto los brazos, y tiene sobre 3 cuartas de largo. Yo no me hadaba de mirarlo y admirarlo. Y habiendo visto otro semejante que hay en mi provincia, viendo éste, me parecía que no había visto ninguna alhaja con perfección, habiendo visto varias en Marsella, Génova, Roma, Nápoles , Venecia y en San Juan de Malta.

Lo que más me admiraba era lo delicado del cabello, y las arrugas que hacía el pellejo en los pies y manos, con el peso del cuerpo y violencia de los clavos. Acercóse un caballero Tercero, que allá toda la gente lucida lo son, y está muy floreciente, y me dijo:

—Padre, ¿qué le parece la alhaja?
    - Yo le respondí:
    —En Italia pensaba yo haber visto alhajas bellas, pero a la que he visto ésta, confieso que no había visto nada.
    -  Él me respondió:
   —Padre, no se engaña V. P. Este Señor fue alhaja del Sor Phelipe V, rey de España. En su muerte hubo quien lo extravió y lo trujo aquí, y la Tercera Regla lo compró en 700 pesos.
   -Yo respondí:
  —Tanto vale 700 como 7.000

 

Dos frutas mas vi singulares en Cartagena: los nísperos. Es el níspero un árbol grande y coposo. Su hoja se parece algo a la del ciruelo. Carga mucha fruta, y es del tamaño de una serva. Tiene dentro 3 pepitas negras. Su carne del color del níspero (1) , pero azucarada como confitura rica. La otra es la guayaba.  

El guayabo es árbol mediano; su hoja es parecida a la del algarrobo, más delgada y mayor. Es árbol que sólo fecunda en tierra caliente. Es también árbol silvestre, y por sí se cría en los despoblados. Su fruto es del tamaño de un huevo de pava, algo más redonda; tiene hollejo como la pera. No cría pepita ninguna, sino unos granitos como los higos chumbos. Su sabor extraño, como la acerola. En algunas haciendas en que hay monte de estos árboles engordan con ello los cochinos. Da fruto todo el año, pero con abundancia por agosto y septiembre. En Vélez hacen de ello conserva, y es muy buena, y algo se parece al membrillo.

Yo no sabía que el algodón fuera árbol, sino mata; y en el convento vi un árbol, que de mata había crecido a árbol, y grande, y da algodón que abasta para el gasto de la sacristía. También he visto árboles que dan el algodón de color musgo. En llegando a Piura tocaré este punto.

También vi en Cartagena el árbol llamado tamarindo. Es árbol muy grande, y sólo fecunda en tierra caliente. Es parecido al álamo en la figura de sus ramas. Mas su hoja es chica con la figura de la hoja del trébol. Su fruto son unas algarrobillas llanas de 2 o 3 apartamientos, y dentro cría su fruto agridulce muy fresco. Da sus algarrobas a racimos como el algarrobo de España, y éstas en los troncos, no en la ramitas. El fruto antes de madurar es más acedo que el vinagre fuerte; pero es un acedo apetecible, aunque destempla algo los dientes. Las bestias conocen su frescura, y siempre se acogen a su sombra; y los trajineros, cuando llegan con bestias cansadas y sudadas, van a hartarlas a su sombra, y a más de refrescarse luego, las restablece la fuerza y les quita el cansancio.

Nosotros al cabo de 38 días nos embarcamos con dos botes, que son unos barquillos chicos, y fuimos a dar a Pasacaballos, que es una bocana del Río de la Magdalena, que desemboca dentro del puerto de Bocachica. Allí no hay más que una familia de indios, y otra casa en donde vive un cabo con 6 soldados. Este es el puerto en donde vi el ñame que llevo referido. Había palmas de coco tiernas, y nos dieron cuanto quisimos. Y aquella noche de cocos ya maduros cocidos se hizo ensalada, y no estuvo mala. Y es la mejor que hay, porque no hay otra.

El otro día partimos por el dique. Dique llaman remanso de aguas con muchos caños por donde se divide en varias bocas el río para desaguar al mar. Todo se divide en islotes con monte de arboleda muy amena. A esto llaman allá manglares, porque la mayor parte de los árboles se llaman mangles. Mucha parte aniega el agua y ellos así se crían dentro del agua muy fecundos, pero en cortarlos y ponerlos en seco, al instante se pudren. De una vara y media para arriba sacan una especie de raíz y las van a clavar al suelo, como quien se pone puntales para asegurarse.

Otros árboles hay, y uno de ellos es el cedro, árbol muy grande, que no cría sino un tronco derecho, y arriba su copa. Su hoja chica, parecida a la del servo. Éstos, pues, de 2 a 3 varas arriba sacan unas 3, 4, 5 y 6 raíces entabladas a modo de pedestales, para fianzarse mejor. Hay de tan grandes, que de ellas se cortan mesas redondas de a 3 varas de largo todas de una pieza.

Hay también algunas palmas y sacan asimismo una muchedumbre de raíces redondas, de color de sangre, del grueso de una muñeca, todas llenas de puntitas, que parecen culebras. Todo esto providencia de la naturaleza, porque como están y viven dentro del agua, no tendrán en sus raíces mucha firmeza, y así se proveen de estos estribos para la mayor seguridad. En estos manglares vi un pájaro, que llaman alcatraz; es muy arisco. Es pájaro que como pescado, un poco él menor que un cuervo, pero muy vistoso y aseado, de color de canela con un plumaje en la cabeza como la bubilla. En estos montes andan muchas garzas, unas pintadas de blanco y negro, y éstas se comen. Otras todas blancas, y no se pueden comer, porque hiede su carne.

Vi en estos montes unos árboles que llaman balso, y éste es común en todos los ríos del Perú. Es muy alto, sin cáscara. Sólo hace 3 o 4 ramas gruesas, y en cada una sus cogollos, y estos conservan la cáscara. Su hoja se parece a la de la malva, algo más grande. Cada cogollo cría un capullo del tamaño y figura de una mazorca de maíz con sus telas. Y cuando se abre da una coronta como la del maíz, llena de algodón basto. De ello se llenan colchones y almohadas, y en apelmazarse, al sacarlo al sol, dentro de un rato se esponja como el día que lo metieron. El balso afuera tiene la dureza del álamo, y dentro es fofo como el palo de pita, y como es tan ligero, se hacen de él tablados que llaman balsas, para navegar y transportar víveres por el río de un pueblo a otro. Y en las casas los truezan, y éstas son las sillas y taburetes que se usan. Y salen de una pieza silla y espaldar.

Al cuarto día llegamos a la orejuela. Orejuela llama a una hierba que se cría en el fondo del agua, y remata a la superficie, con una hoja que forma una oreja del tamaño de las de una mula. Está tan tupido de ello, que para pasar los botes, es preciso con palancas desde la proa irla apartando, y esto es faena de casi todo el día. El quinto día a la tarde no pudimos saltar a tierra, porque estaba el monte tan espeso y tupido de matas semejantes a la maravilla y balsamilla, que nos fue preciso dormir  en los barcos. Mas apenas entró la noche se levantó tanto enjambre de luernas (2) , que a su luz leía yo en mi brevario chico, como si tuviera una vela de cada lado. Porque cuando se oscurecían mil, ya habían levantado el vuelo otras tantas. El 6 día a las 3 de la tarde llegamos a un pueblo que llaman Mahates.  

Antes de pasar adelante noto que el hijo de negra y blanco se llama mulato. El hijo de mulata y blanco se llama zambo; y por mixtos y generaciones que pasen, no sale nunca de la mancha. Mas la india con blanco, el hijo se llama mestizo. El hijo de mestiza con blanco se llama criollo. El hijo de criolla con blanco se llama cuarterón. El hijo de la cuarterona con blanco ya sale a blanco sin raza de indio. Pero el hijo de la cuarterona con criollo llaman saltatrás. El hijo de blanca con mestizo llaman tente en el aire. Allá en siendo chapetón, sea quien fuere, ya es reputado caballero.

En Mahates dispuso el cura que se fueran los botes a la Barranca con el Comisario a prevenir embarcaciones, porque de allí no pueden subir más arriba los botes, y que nosotros nos quedásemos predicando y confesando a la gente, y que por tierra con mulas él, en dos días, nos pondría en la Barranca, habiendo de tardar por el río 8 o 9 días, y con esto nos quitábamos de los calores del dique que son muchos, y así se hizo. En Mahates sólo hay limpio una plaza, y de un canto la casa del cura, y del otro canto la iglesia, todo lo demás es monte, y para ir a cada casa hay un caminito. El pueblo tendrá unas 60 casas de indios y mestizos. Cada uno tiene su Chácara. Chácara llaman su haciendita, que se compone de un platanar y un cacaual. Y cada año rozan un pedazo de monte, y a los 6 días ya está seco, y le pegan fuego y lo queman. Lo que me admiraba era que siendo todo monte no prosiguiese el fuego quemando todo el monte. Sólo los árboles cercanos quedan chamuscados, pero no se prenden fuego. El otro día de quemada la roza la limpian de la ramasón que quedó sin quemarse, y los troncos grandes allí se quedan. A los 4 días van y siembran el maíz, y el modo de sembrar es: cada uno lleva un palo en la mano con punta, clávalo y abre un agujero, y en él echa el maíz, y lo tapa con el palo, y ya está sembrado. Y siendo el clima tan ardiente, que hace 6 veces más calor que en España, dentro de la canícula y estar por otra parte aquella tierra todavía echando candela de la quemazón, sin embargo a los 8 días el maíz ya retoña. Del mismo modo siembran las yucas, arracachas, etc.

En casa del cura en un corral vi un árbol parecido al balso el cual en lugar de algodón da un capullo de lana, la cual teniéndola en las manos, no quería creer sino que era lana de carnero, y no lo es, sino lana que da este árbol. La iglesia y las casas son de palos parados, y la pared la forman de las guaduas. Guadua llaman unas cañas del grueso del muslo de un hombre, y en proporción de altura. Es caña que no cría hojas, sino unas ramitas del tamaño de un junco, y en ellas una hojitas como las del trigo. Esta caña está llena de agua muy buena y fresca. Mengua y crece con la luna. Estas cañas sirven de vigas para armar las casas y las iglesias; y hay de tan gruesas como el cuerpo de un hombre, y aún más, porque hay guadua que, abierta y hecha tabla, da cinco cuartas de tabla. De éstas hablaré en adelante, al llegar al río. De sus raíces forman banquillos con 6 pies, todo de una pieza; y como está todo lleno de nudos parece un lagarto, que a primera vista, a quien no lo sabe, lo asusta.

El cura nos contó que 5 años antes quiso él cobijar de nuevo la iglesia, y que fue la gente a cortar guaduas y hoja de palma para ello, y que trayéndolo por el dique nadando, se hacían las balsas de las guaduas y hoja atacado en un pedazo de orejuela, tanto que en 3 días los indios con palancas no las podían arrancar para bajo, y que al cuarto día, después de almorzar, con las palancas se iban al trabajo. Mas al querer saltar a las balsas, salió un culebrón, cuyo cuerpo era del tamaño de un novillo de cuatro años, sacó cuatro o 5 varas de cuerpo sobre las balsas, y dio tal arrempujón, que las sacó de la orejuela, y se fue por el dique. A estos monstruos llaman allá culebras boas, y hay varios que las han visto. Yo contaré de una que habita en la laguna de Chiquinquirá, cuando llegue allá. Es animal anfibio, y sale a tierra, y es voz común que atraen con el aliento a los animales y se los comen, y a la gente también, y dicen que es tan activo su aliento y violento, que si uno se agarra de un árbol, atraía al tal y al árbol, arrancándolo de raíz. Esto, aunque posible, es difícil de creer, porque al mismo tiempo dicen también que su aliento embriaga al viviente contra quien se despide. Pero semejante efecto y violencia se escribe del aliento del basilisco. Dicen también que en cortando el aire, hay para su actividad y violencia.
 

(1)  Evidente confusión con otro nombre (Regresar a 1)  
(2)  Luernas - luciérnagas (Regresar a 2)

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