Voy a explicar todos estos términos. El plátano ya dije lo que
es. La yuca es una mata, que sólo cría un vástago de vara y media
con hojas del tamaño de la mano, y su figura es como la hoja de la
higuerilla, y su color también. Lo que se siembra es un pedazo del
vástago, sin más cultivo que clavarlo en la tierra. Da 10 o 12
raíces del tamaño de un rábano. Su cáscara se despega como la del
rábano. Dentro la comida es blanca, muy sabrosa, y de mucha
manutención. Tarda nueve meses en sazonar. Se come en la olla, se
come asada, cocida con sola agua, y de ella, como dije del ñame, se
hace pan también. Hay dos especies de yuca; la una es la explicada;
la otra para poderse comer es menester remojarla, y prensándola,
sacarle el jugo; porque de no, envenena y mata al que la come. El
jugo que le sacan en lugar de agua se cocina con él, y hacen un
caldo muy sabroso; la masa tostada, harina o amasada y hecha pan en
una callana es muy buena comida. Y comida con el jugo mata. Cuando
le sacan el jugo, en dejarse reposar, se asienta una masa que es un
almidón mejor, y más blanco que el del trigo. La yuca amasada
suelta dentro de 15 días las quebraduras de las ingles aplicada
allí.
La arracacha es una mata como el ñame, sólo que su hoja es la
mitad más rica, y casi tiene la misma figura y color. Sólo cría
unas tres cuartas de vástago y se siembra del mismo modo, y a los
cuatro meses ya sazonó su raíz. Ella de color medio amarillo, las
mayores pesarán 3 o 4 libras. Su sabor extraño como el de la
chicoria. Sólo se come en la olla o asada.
El camote es una mata que no cría vástago, sino que campea como
la batata y parecida a ella en la hoja, y en el criar de raíces, y
aún en el sabor de sus raíces, salvo que no tiene tanto dulce. Hay
tres especies: blancas, amarillas y moradas.
El ñame ya antes queda explicado. De cada una de por sí de estas
raíces, yuca, arracacha, camote y ñame, hacen una especie de
bebida, que llaman masato. Cuecen la raíz, y con su caldo lo ponen
a madurar tapado algunos días. Después estrujándolo con las manos
le sacan toda la sustancia; y este caldo lo cuelan con un cedazo y
lo vuelven a hervir; lo embotijan después y le mezclan miel de caña
y se fermenta. Toma punto y así se bebe y no está malo. Y este
mismo masato también al empezar a quererse acedar, lo meten en el
alambique y sacan aguardiente muy rico con anís.
El zapallo es una calabaza colorada muy dulce. Mucho más
sustanciosa que la de España. La más grande tendrá 6 libras. Junto
a Mompós un criollo díjole a su mujer: este año tengo que sembrar
un zapallar. Vos subiréis a Mompós y venderéis los zapallos, y con
lo que se ganase os haré una saya. Pero mujer no la habéis de
prestar a la comadre. ¿Cómo no, respondió ella, si ella me presta
la suya?
Si la prestarás o no la prestarás, ellos se trabaron, y el
marido cogió un palo y le rompió la cabeza, y el zapallar aún no
estaba sembrado.
El maní es una mata parecida a la alverja o frisol. Su fruto lo
da en la raíz: da unas bolitas ovaladas como vejiguillas, con sus
ataditos, cuál con dos y cuál con tres, y dentro de cada uno un
piñón como el de la piña, al doble de cuerpo, vestido también de su
telita. Su sabor es mixto entre almendra y avellana. Se come crudo,
cocido con sólo agua, y, tostado sirve de salsa muy rica. Lo que se
siembra es el piñón, y una mata dará una cuartilla de bolsitas.
Sólo fecunda en tierra caliente y quiere mucha agua.
El ají son los pimientos. De estos hay unos del tamaño de un
huevo, y los llaman rocotos. Los regulares son del tamaño de una
bellota grande, puntiagudos. Otros hay largos como los de España.
Los rocotos no se comen, porque indigestan el estómago. Las otras
dos especies sí, y pican mucho. Hay otra especie que por sí se cría
silvestre, y son del tamaño de un grano de pimienta. Pican tanto
como diré adelante cuando llegue al pueblo de Cajas.
Sancocho llaman (al) tasajo con plátanos o yucas cocido. Hay dos
especies de sancocho. La una es: ponen en una olla tres dedos de
agua. Sobre ella ponen unos palitos, que haga parrilla. Porque
después el tasajo, y sobre él los plátanos o yucas o uno y otro.
Tapan la olla con un pedazo de hoja de plátano o achira, y a fuego
lento con el vapor del agua se cuece. La otra es: destrozan a mano
los plátanos verdes, olas yucas, tajadas con cuchillo no, porque se
ponen colchosas las tajadas; métenlo en la olla con trozos de
tasajo, meten agua y algunos ajíes, y así con caldo, tapada de la
misma suerte la olla lo cuecen.
El bollo es maíz molido y hecho masa, hacen unos trozos y los
envuelven con hojas de plátano o achira que en tamaño y hechura
parece una libra de tabaco en polvo envuelta con su papel. Esto lo
cuecen al vapor del agua como el sancocho.
La arepa es la misma masa de maíz hecha tortilla y asada en la
callana.
El tamal es la misma masa de maíz y de ella hacen pasteles,
metiendo adentro pedazos de tocino y jamón con mucho ají molido.
Este se muele fresco y se hace masas, y la gente culta suele
freírlo con manteca. Frito y no frito siempre se saca de ello un
plato a la mesa, y sobre lo sobrado que allí meten en sus guisos y
potajes, cada uno toma su cuchara del plato, y yo decía; esto es
comer rabiando.
El champuz es maíz cocido. Al cabo de 406 días que ya por sí
embebió casi todo el caldo, le mixturan un poco de miel de caña, le
ponen hojas de naranjo o limón, y algunos ponen también romero, y
lo vuelven a hervir, y así lo guardan y así se come. En el colegio
a medio día siempre daban una tasa de champuz. Yo lo probé y no me
supo.
La achira es una mata que da un vástago como de lirio, y arriba
cría una algarrobita del tamaño del dedo mínimo, está llena con sus
divisiones de unos granitos como la semilla del rábano, pero
perfectamente lustrosa y redonda. El vástago cría una hojitas
chicas como el lirio. Y del pie salen como una vara de tronco las
hojas de una vara en largo y 3 cuartas de ancho. Su color es verde
muy ameno. La hoja se dobla como papel, sirve para cobijar casas,
cargas y las canoas que trafican por el río lo que traen, para que
no se moje lo envuelven con hojas de achira a platanillo, que es
otra mata cuya hoja es sólo un poco menor que la del plátano. Y de
una y otra abunda mucho el monte.
Noté en Cartagena que por las plazas, y aún por las calles, iban
unos pájaros del tamaño de un cuervo, con la pluma desgreñada y el
pico como el palomo, y en la punta sus dientecitos. Él todo negro e
inmundo. Lo llaman gallinazo; come toda basura y mortecino como el
cuervo. Este pájaro es general en todo el Perú. Nos contaron que
ellos tienen su rey y se conoce porque tiene la pluma de la cabeza
colorada. Y que en habiendo algún mortecino o inmundicia que comer,
a la que llega el rey, todos se apartan y lo dejan que Él solo coma
hasta que se va; y entonces acuden ellos de tropel como los cuervos
a comer. Nosotros lo teníamos por fábula, y no lo creí hasta que lo
vi, como diré cuando llegue al pueblo de San Juan.
Vi también en Cartagena 6 tortugas que habían cogido en el mar
sobremanera grandes. Cada pierna suya era del tamaño del muslo de
un hombre, y dentro la concha me pareció que cabrían 10 o 12
fanegas de trigo. Los Padres quedaron admirados de ver aquellos
monstruos marinos, y entonces creyeron lo que yo les había contado,
que en el temporal del año 1755 en el Golfo de León, vi una que nos
pasó junta a la b(a)arca en que yo iba 3 veces mayor. Vi también en
la playa del puerto una partida de caracoles marinos muy más
grandes que los que yo había visto en la Europa. Dentro la concha
de cada uno cabrían 6 cuartillos de agua, con la singularidad que,
a más de tener la concha poco menos que el nácar, los unos eran
concha azul celeste, y los otros carmesí muy fino.
En el convento los Padres nos avisaron que por la noche no nos
descubriéramos los pies, y que nos tapásemos la cabeza, porque los
murciélagos sangran la gente, y los pican o en la punta de la
nariz, o en la punta de los dedos de los pies. Y esto con tal
sutileza, que sacándole un pedacito de carne y mucha sangre, no lo
siente el dormido. Nosotros lo teníamos por chanza. Por otra parte
los toldos de las camas todavía no se habían desembarcado, y como
hace tanto calor, aún una sábana fastidia. Yo me levantaba de
madrugada a decir misa, y un día reparé que un pie me dolía algo.
Acabé la misa, y cuando subí a la celda en que todos dormíamos,
empezaba a rayar el día. Abrí la ventana, y chanceando: Padres ya
me habrá picado el murciélago, que me duele este pie. Fui a
registrar y hallé que del dedo de en medio, en la punta de la yema,
me había sacado un pedacito de carne, y cabría en la picadura un
granito de pimienta. La sandalia estuvo llena de sangre, y en la
cama hallamos un cuaquerón que pesaría media libra, y la que se
comería el murciélago. Yo no tengo el sueño pesado, y no lo sentí,
y hube de creer experimentando, lo que tenía por fábula. Y el
comisario se dio toda prisa para que nos sacaran los toldos, y así
nos resguardamos.
Vi en la capilla de los hermanos de la Tercera Regla, que está
pegada a la iglesia, y aquellos días se estrenó, un santo Cristo
encima de una mesa; es de marfil de una pieza, excepto los brazos,
y tiene sobre 3 cuartas de largo. Yo no me hadaba de mirarlo y
admirarlo. Y habiendo visto otro semejante que hay en mi provincia,
viendo éste, me parecía que no había visto ninguna alhaja con
perfección, habiendo visto varias en Marsella, Génova, Roma,
Nápoles , Venecia y en San Juan de Malta.
Lo que más me admiraba era lo delicado del cabello, y las
arrugas que hacía el pellejo en los pies y manos, con el peso del
cuerpo y violencia de los clavos. Acercóse un caballero Tercero,
que allá toda la gente lucida lo son, y está muy floreciente, y me
dijo:
—Padre, ¿qué le parece la alhaja?
- Yo le respondí:
—En Italia pensaba yo haber visto alhajas bellas, pero a
la que he visto ésta, confieso que no había visto nada.
- Él me respondió:
—Padre, no se engaña V. P. Este Señor fue alhaja del Sor
Phelipe V, rey de España. En su muerte hubo quien lo extravió y lo
trujo aquí, y la Tercera Regla lo compró en 700 pesos.
-Yo respondí:
—Tanto vale 700 como 7.000
Dos frutas mas vi singulares en Cartagena: los nísperos. Es el
níspero un árbol grande y coposo. Su hoja se parece algo a la del
ciruelo. Carga mucha fruta, y es del tamaño de una serva. Tiene
dentro 3 pepitas negras. Su carne del color del níspero
(1)
, pero azucarada como confitura rica.
La otra es la guayaba.
El guayabo es árbol mediano; su hoja es parecida a la del
algarrobo, más delgada y mayor. Es árbol que sólo fecunda en tierra
caliente. Es también árbol silvestre, y por sí se cría en los
despoblados. Su fruto es del tamaño de un huevo de pava, algo más
redonda; tiene hollejo como la pera. No cría pepita ninguna, sino
unos granitos como los higos chumbos. Su sabor extraño, como la
acerola. En algunas haciendas en que hay monte de estos árboles
engordan con ello los cochinos. Da fruto todo el año, pero con
abundancia por agosto y septiembre. En Vélez hacen de ello
conserva, y es muy buena, y algo se parece al
membrillo.
Yo no sabía que el algodón fuera árbol, sino mata; y en el
convento vi un árbol, que de mata había crecido a árbol, y grande,
y da algodón que abasta para el gasto de la sacristía. También he
visto árboles que dan el algodón de color musgo. En llegando a
Piura tocaré este punto.
También vi en Cartagena el árbol llamado tamarindo. Es árbol muy
grande, y sólo fecunda en tierra caliente. Es parecido al álamo en
la figura de sus ramas. Mas su hoja es chica con la figura de la
hoja del trébol. Su fruto son unas algarrobillas llanas de 2 o 3
apartamientos, y dentro cría su fruto agridulce muy fresco. Da sus
algarrobas a racimos como el algarrobo de España, y éstas en los
troncos, no en la ramitas. El fruto antes de madurar es más acedo
que el vinagre fuerte; pero es un acedo apetecible, aunque
destempla algo los dientes. Las bestias conocen su frescura, y
siempre se acogen a su sombra; y los trajineros, cuando llegan con
bestias cansadas y sudadas, van a hartarlas a su sombra, y a más de
refrescarse luego, las restablece la fuerza y les quita el
cansancio.
Nosotros al cabo de 38 días nos embarcamos con dos botes, que
son unos barquillos chicos, y fuimos a dar a Pasacaballos, que es
una bocana del Río de la Magdalena, que desemboca dentro del puerto
de Bocachica. Allí no hay más que una familia de indios, y otra
casa en donde vive un cabo con 6 soldados. Este es el puerto en
donde vi el ñame que llevo referido. Había palmas de coco tiernas,
y nos dieron cuanto quisimos. Y aquella noche de cocos ya maduros
cocidos se hizo ensalada, y no estuvo mala. Y es la mejor que hay,
porque no hay otra.
El otro día partimos por el dique. Dique llaman remanso de aguas
con muchos caños por donde se divide en varias bocas el río para
desaguar al mar. Todo se divide en islotes con monte de arboleda
muy amena. A esto llaman allá manglares, porque la mayor parte de
los árboles se llaman mangles. Mucha parte aniega el agua y ellos
así se crían dentro del agua muy fecundos, pero en cortarlos y
ponerlos en seco, al instante se pudren. De una vara y media para
arriba sacan una especie de raíz y las van a clavar al suelo, como
quien se pone puntales para asegurarse.
Otros árboles hay, y uno de ellos es el cedro, árbol muy grande,
que no cría sino un tronco derecho, y arriba su copa. Su hoja
chica, parecida a la del servo. Éstos, pues, de 2 a 3 varas arriba
sacan unas 3, 4, 5 y 6 raíces entabladas a modo de pedestales, para
fianzarse mejor. Hay de tan grandes, que de ellas se cortan mesas
redondas de a 3 varas de largo todas de una pieza.
Hay también algunas palmas y sacan asimismo una muchedumbre de
raíces redondas, de color de sangre, del grueso de una muñeca,
todas llenas de puntitas, que parecen culebras. Todo esto
providencia de la naturaleza, porque como están y viven dentro del
agua, no tendrán en sus raíces mucha firmeza, y así se proveen de
estos estribos para la mayor seguridad. En estos manglares vi un
pájaro, que llaman alcatraz; es muy arisco. Es pájaro que como
pescado, un poco él menor que un cuervo, pero muy vistoso y aseado,
de color de canela con un plumaje en la cabeza como la bubilla. En
estos montes andan muchas garzas, unas pintadas de blanco y negro,
y éstas se comen. Otras todas blancas, y no se pueden comer, porque
hiede su carne.
Vi en estos montes unos árboles que llaman balso, y éste es
común en todos los ríos del Perú. Es muy alto, sin cáscara. Sólo
hace 3 o 4 ramas gruesas, y en cada una sus cogollos, y estos
conservan la cáscara. Su hoja se parece a la de la malva, algo más
grande. Cada cogollo cría un capullo del tamaño y figura de una
mazorca de maíz con sus telas. Y cuando se abre da una coronta como
la del maíz, llena de algodón basto. De ello se llenan colchones y
almohadas, y en apelmazarse, al sacarlo al sol, dentro de un rato
se esponja como el día que lo metieron. El balso afuera tiene la
dureza del álamo, y dentro es fofo como el palo de pita, y como es
tan ligero, se hacen de él tablados que llaman balsas, para navegar
y transportar víveres por el río de un pueblo a otro. Y en las
casas los truezan, y éstas son las sillas y taburetes que se usan.
Y salen de una pieza silla y espaldar.
Al cuarto día llegamos a la orejuela. Orejuela llama a una
hierba que se cría en el fondo del agua, y remata a la superficie,
con una hoja que forma una oreja del tamaño de las de una mula.
Está tan tupido de ello, que para pasar los botes, es preciso con
palancas desde la proa irla apartando, y esto es faena de casi todo
el día. El quinto día a la tarde no pudimos saltar a tierra, porque
estaba el monte tan espeso y tupido de matas semejantes a la
maravilla y balsamilla, que nos fue preciso dormir en los barcos. Mas apenas entró la noche se
levantó tanto enjambre de luernas
(2)
, que a su luz leía yo en mi brevario
chico, como si tuviera una vela de cada lado. Porque cuando se
oscurecían mil, ya habían levantado el vuelo otras tantas. El 6 día
a las 3 de la tarde llegamos a un pueblo que llaman Mahates.
Antes de pasar adelante noto que el hijo de negra y blanco se
llama mulato. El hijo de mulata y blanco se llama zambo; y por
mixtos y generaciones que pasen, no sale nunca de la mancha. Mas la
india con blanco, el hijo se llama mestizo. El hijo de mestiza con
blanco se llama criollo. El hijo de criolla con blanco se llama
cuarterón. El hijo de la cuarterona con blanco ya sale a blanco sin
raza de indio. Pero el hijo de la cuarterona con criollo llaman
saltatrás. El hijo de blanca con mestizo llaman tente en el aire.
Allá en siendo chapetón, sea quien fuere, ya es reputado
caballero.
En Mahates dispuso el cura que se fueran los botes a la Barranca
con el Comisario a prevenir embarcaciones, porque de allí no pueden
subir más arriba los botes, y que nosotros nos quedásemos
predicando y confesando a la gente, y que por tierra con mulas él,
en dos días, nos pondría en la Barranca, habiendo de tardar por el
río 8 o 9 días, y con esto nos quitábamos de los calores del dique
que son muchos, y así se hizo. En Mahates sólo hay limpio una
plaza, y de un canto la casa del cura, y del otro canto la iglesia,
todo lo demás es monte, y para ir a cada casa hay un caminito. El
pueblo tendrá unas 60 casas de indios y mestizos. Cada uno tiene su
Chácara. Chácara llaman su haciendita, que se compone de un
platanar y un cacaual. Y cada año rozan un pedazo de monte, y a los
6 días ya está seco, y le pegan fuego y lo queman. Lo que me
admiraba era que siendo todo monte no prosiguiese el fuego quemando
todo el monte. Sólo los árboles cercanos quedan chamuscados, pero
no se prenden fuego. El otro día de quemada la roza la limpian de
la ramasón que quedó sin quemarse, y los troncos grandes allí se
quedan. A los 4 días van y siembran el maíz, y el modo de sembrar
es: cada uno lleva un palo en la mano con punta, clávalo y abre un
agujero, y en él echa el maíz, y lo tapa con el palo, y ya está
sembrado. Y siendo el clima tan ardiente, que hace 6 veces más
calor que en España, dentro de la canícula y estar por otra parte
aquella tierra todavía echando candela de la quemazón, sin embargo
a los 8 días el maíz ya retoña. Del mismo modo siembran las yucas,
arracachas, etc.
En casa del cura en un corral vi un árbol parecido al balso el
cual en lugar de algodón da un capullo de lana, la cual teniéndola
en las manos, no quería creer sino que era lana de carnero, y no lo
es, sino lana que da este árbol. La iglesia y las casas son de
palos parados, y la pared la forman de las guaduas. Guadua llaman
unas cañas del grueso del muslo de un hombre, y en proporción de
altura. Es caña que no cría hojas, sino unas ramitas del tamaño de
un junco, y en ellas una hojitas como las del trigo. Esta caña está
llena de agua muy buena y fresca. Mengua y crece con la luna. Estas
cañas sirven de vigas para armar las casas y las iglesias; y hay de
tan gruesas como el cuerpo de un hombre, y aún más, porque hay
guadua que, abierta y hecha tabla, da cinco cuartas de tabla. De
éstas hablaré en adelante, al llegar al río. De sus raíces forman
banquillos con 6 pies, todo de una pieza; y como está todo lleno de
nudos parece un lagarto, que a primera vista, a quien no lo sabe,
lo asusta.
El cura nos contó que 5 años antes quiso él cobijar de nuevo la
iglesia, y que fue la gente a cortar guaduas y hoja de palma para
ello, y que trayéndolo por el dique nadando, se hacían las balsas
de las guaduas y hoja atacado en un pedazo de orejuela, tanto que
en 3 días los indios con palancas no las podían arrancar para bajo,
y que al cuarto día, después de almorzar, con las palancas se iban
al trabajo. Mas al querer saltar a las balsas, salió un culebrón,
cuyo cuerpo era del tamaño de un novillo de cuatro años, sacó
cuatro o 5 varas de cuerpo sobre las balsas, y dio tal arrempujón,
que las sacó de la orejuela, y se fue por el dique. A estos
monstruos llaman allá culebras boas, y hay varios que las han
visto. Yo contaré de una que habita en la laguna de Chiquinquirá,
cuando llegue allá. Es animal anfibio, y sale a tierra, y es voz
común que atraen con el aliento a los animales y se los comen, y a
la gente también, y dicen que es tan activo su aliento y violento,
que si uno se agarra de un árbol, atraía al tal y al árbol,
arrancándolo de raíz. Esto, aunque posible, es difícil de creer,
porque al mismo tiempo dicen también que su aliento embriaga al
viviente contra quien se despide. Pero semejante efecto y violencia
se escribe del aliento del basilisco. Dicen también que en cortando
el aire, hay para su actividad y violencia.