INDICE




Fray Juan de Santa Gertrudis...
Introducción

TOMO I
Prólogo
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Explicación del mapa

TOMO II
Prólogo al lector
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7 (Parte1)
Capítulo 8
Capítulo 9

TOMO III
Prólogo al lector
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10

TOMO IV
Prólogo al lector
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 17
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
Capítulo 24
Capítulo 25
Capítulo 26
Capítulo 27




 

PRÓLOGO AL LECTOR

 

 

En este Tercer Tomo te ofrezco, amado lector, la sencilla relación de la tercera parte de mi peregrinación y viaje a la India Occidental, que vulgarmente llaman el Perú , sin crítica ninguna, sino sencillamente como me fuere acordando de lo que allí me pasó. Aquí se hace preciso omitir el desahogo y poco recato con que vive la gente encenegada en torpezas y obscenidades sin reserva de estado ni edad; porque si el señor San Francisco Javier escribió de la India Oriental que la mayor parte de aquella gente se condenaba allá por este vicio, en la India Occidental es tan común y va tan sin freno, que por lo común ésta es la causa de la perdición de aquel nuevo mundo. Y la causa radical me parece que es, porque de las cuatro partes de las mujeres no llegan a casarse la una parte. Las que viven sin casarse procrean hijos e hijas, y como estas criaturitas desde niños maman la leche del escándalo que ven sin freno en su madre, por esto les entra temprano la malicia, y temprano la usan. Por otra parte los que debían celar la virtud y extirpar los escándalos públicos son los más insolentes, y así está allí este mal casi del todo irremediable. Gobernando de Virrey de Lima el señor Castel Fuerte, hombre celoso y fidelísimo ministro del señor Felipe y a poco tiempo de su gobierno, informado de esta disolución, mandó llamar un Alcalde que sabía que era hombre honrado, y le dijo: Me haréis una lista de todos los que en Lima viven públicamente amancebados. Respondió el Alcalde: Está, señor, muy bien. Pasáronse algunos días, y el Alcalde, mirando este mal irremediable, previno su respuesta, para darlo a entender así al señor Virrey. Ya vino el día en que el señor Virrey le dijo: Alcalde, ¿habéis hecho aquel apunte que os encargué? Él le respondió: Señor, yo me he informado de la materia, y lo que dicen es: que en sacándome a mí por casado, al señor Arzobispo por viejo, y a la V.E. por capón, todos los demás viven públicamente amancebados.

Como fue un Virrey que vivió castamente, le levantaron que era capón. Yo puedo asegurar que he visto allí ciudad de cuatro o cinco mil vecinos, y apenas la treintena parte serían casados; y de esta parte de casados más de la mitad eran sus mujeres malas y las solteras de diez años hasta sesenta casi todas lo eran. Este punto quedará en silencio, y así sólo iré relatando lo que condujere a mi histórica relación. Vale.

 

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