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INDICE
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PRÓLOGO AL
LECTOR
En este
Tercer Tomo
te ofrezco, amado
lector, la sencilla relación de la tercera parte de mi
peregrinación y viaje a la India Occidental, que vulgarmente llaman
el Perú ,
sin crítica ninguna, sino sencillamente como me
fuere acordando de lo que allí me pasó. Aquí se hace preciso omitir
el desahogo y poco recato con que vive la gente encenegada en
torpezas y obscenidades sin reserva de estado ni edad; porque si el
señor San Francisco Javier escribió de la India Oriental que la
mayor parte de aquella gente se condenaba allá por este vicio, en
la India Occidental es tan común y va tan sin freno, que por lo
común ésta es la causa de la perdición de aquel nuevo mundo. Y la
causa radical me parece que es, porque de las cuatro partes de las
mujeres no llegan a casarse la una parte. Las que viven sin casarse
procrean hijos e hijas, y como estas criaturitas desde niños maman
la leche del escándalo que ven sin freno en su madre, por esto les
entra temprano la malicia, y temprano la usan. Por otra parte los
que debían celar la virtud y extirpar los escándalos públicos son
los más insolentes, y así está allí este mal casi del todo
irremediable. Gobernando de Virrey de Lima el señor Castel Fuerte,
hombre celoso y fidelísimo ministro del señor Felipe y a poco
tiempo de su gobierno, informado de esta disolución, mandó llamar
un Alcalde que sabía que era hombre honrado, y le dijo: Me haréis
una lista de todos los que en Lima viven públicamente amancebados.
Respondió el Alcalde: Está, señor, muy bien. Pasáronse algunos
días, y el Alcalde, mirando este mal irremediable, previno su
respuesta, para darlo a entender así al señor Virrey. Ya vino el
día en que el señor Virrey le dijo: Alcalde, ¿habéis hecho aquel
apunte que os encargué? Él
le
respondió: Señor, yo me
he informado de la materia, y lo que dicen es: que en sacándome a
mí por casado, al señor Arzobispo por viejo, y a la V.E. por capón,
todos los demás viven públicamente
amancebados.
Como fue un Virrey que vivió
castamente, le levantaron que era capón. Yo puedo asegurar que he
visto allí ciudad de cuatro o cinco mil vecinos, y apenas la
treintena parte serían casados; y de esta parte de casados más de
la mitad eran sus mujeres malas y las solteras de diez años hasta
sesenta casi todas lo eran. Este punto quedará en silencio, y así
sólo iré relatando lo que condujere a mi histórica relación.
Vale.
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