INDICE




Fray Juan de Santa Gertrudis...
Introducción

TOMO I
Prólogo
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Explicación del mapa

TOMO II
Prólogo al lector
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7 (Parte1)
Capítulo 8
Capítulo 9

TOMO III
Prólogo al lector
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10

TOMO IV
Prólogo al lector
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 17
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
Capítulo 24
Capítulo 25
Capítulo 26
Capítulo 27



PRÓLOGO AL LECTOR

 
 

En este Primer Tomo te ofrezco (amado lector) una sencilla relación de la primer parte de mi peregrinación, y viaje a la India Occidental, que vulgarmente llaman: El Perú, y es la mayor parte de lo que de la América se ha descubierto. En el Segundo Tomo daré noticia del Nuevo Reyno de Granada, del Reyno de Quito, hasta Lima, y la Provincia de Cauja, queriendo Dios. Yo te advierto que en uno y otro tomo no hallarás crítica ninguna sino una sencilla relación. Y aún para ello he tenido bastante repugnancia en escribirlo. Y la razón es el emblema con que cifro la lámina de las Balanzas, tan verdadero como inspirado por el Espíritu Santo. Sé que vulgarmente tienen en la Europa por mentirosos a los que vienen de la India por las cosas raras que de aquellas partes cuentan. Y yo digo que en parte tienen razón de llamarlos mentirosos; no porque cuenten cosas raras de allá; sino porque cuentan lo que no han visto. Es el caso que de unos a otros se van corrompiendo las noticias de tal suerte que ni siquiera bosquejo son de la verdad de lo que en sí es la que se pretende contar por rara maravilla. Esto lo tengo experimentado yo a la práctica muchísimas veces, que habiendo contado algunas cosas singulares, al cabo de algún tiempo, oír contar la especie, ya revestida de tantos colores diferentes, que lo que se cuenta es un embrollo de mentiras. Y en esto es en que se verifica que las Balanzas con que pesan los hombres, hacen peso falso. Otro motivo fue: haber visto allá cosas tan singulares, que a quien no lo ha visto, se le hace increíble, cuales hallarás algunas de estas en este tomo, y otras que diré en el segundo tomo.

Varias veces me instaron algunos amigos, que escribiese algo de lo que en once años allá había visto, y yo siempre me hallaba renitente; hasta que por fin hallándome algo desocupado de mis principales obligaciones, a instancias de otro amigo, determiné escribir parte de mi peregrinación, y trabajos, sin críticas, ni elevado estilo sino sencillamente lo que he visto.

Digo lo que he visto, para distinguirme de los otros que vienen de la India, y al llegar a la Europa quiérense poner a contar cosas de la India, no habiendo dejado la lengua del agua; y si han entrado algo tierra adentro, han ido por Camino Real a los principales lugares de aquellas tierras. Esto sólo a su comercio, puesta la mira a aumentar el caudal. Estos tales están expuestos a relatar muchas mentiras porque las cosas singulares, como verás leyendo este primer tomo, la mayor parte de ellas no se hallan en los poblados, están monte adentro, y muchas más que habrá, que yo como no iba con ánimo de volver jamás, ni me pasaba jamás por la imaginativa que llegase tiempo en que yo había de escribir tales especies, no repararía muchas otras cosas dignas de saberse. Que si yo con este intento hubiera ido, como otros lo han hecho de apuntar las cosas en un derrotero; soy de sentir que ni en seis tomos cabría lo singular que yo he visto pero como no tenía por entonces tal intento, ni las inquirí ni las noté. Y aunque ahora haciendo acto reflejo me acuerdo de algunas, no las pongo, porque no me informé del nombre de ellas. Ya sí lo que digo en este primer tomo son cosas que yo he visto, porque he entrado a lo interior de aquel nuevo mundo, y he vivido entre los indios bárbaros, penetrando monte inculto, y las que hallarás que yo no he visto por mis ojos, cito pero sujetos dignos deje, que todavía viven, que las han visto, y me las han contado, y como las hallo por lo que yo por mí he visto, las hallo verosímiles, por esto las pongo. Y si con todo te pareciesen algunas difíciles de creer, el medio de averiguarlo mejor es ir allá, para desengañarse de una vez.

El Rmo. P. Fr. Ramón de Sequeira y Mendimbur, que fue de la Provincia de Quito, de Proministro al Capítulo General, que se celebró en Roma en tiempo del Papa Benedicto XIV, en que fue electo General de Nuestra Santa Religión el E. P. Fr. Pedro Juan de Molina, al bajar para Cartagena a embarcarse para el efecto, casualmente, en el Río de la Magdalena, mandó cortar un cañuto de guadua para que le sirviese de velero, en qué llevar las velas para alumbrarse de noche. Estando pues ya dicho Padre en Roma, y contando a otros Capitulares algunas cosas raras de Indias, hubo de venir a contar que había unas cañas que servían de vigas para las casas e iglesias, y que había cañuto en que podrían caber veinticinco cuartillos de agua. Al soltar la especie, los oyentes soltaron la risa, dándole vaya. El Padre llamó a un donado que tenía y le hizo traer el velero. Miráronlo y registraron todos con su vista; un testimonio auténtico de la verdad, que habían bullado por mentira, con carcajadas de risa. Yo no tengo de estos testigos, porque algunos utensilios que truje al instante los repartí. Sólo me ha quedado una cajeta que hice embarnizar en Pasto, del barniz que hallarás que cito en Almaguer, así como lo pinto. Y así repito que el que no quiera creer lo que en este Primer Tomo escribo, que vaya allá. Vale.

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