Vuelta a
Agustinillo desde Quito y residencia en el pueblo:
Viste a la gente de Agustinillo el Jueves Santo de
(1761?).
Inauguración de la iglesia de mampostería el 8 de septiembre de
(1762?).
Salida de Agustinillo para España “a los 9 años y siete meses
de aver fundado el pueblo”. Por tanto, hacia (1765?).
Viaje de regreso
a España:
Sapuyes en Semana Santa de (1765?).
Riobamba el día de Corpus Christi de (1765?).
Piura, el día de dif’untos, 2 de noviembre de (1765?).
Lambayeque, el día de Inocentes, 28 de diciembre de (1765?).
Jauja, Carnestolendas de (1766?).
Cuchero, después de Pascua de Resurrección de (1766?).
Pasa en Cuchero el resto del año, hasta que recibe aviso de volver
a Lima en febrero de (1767?).
Zarpa de Lima el3l de marzo de (1767?).
Llegada a Cádiz el 17 de noviembre de (1767?).
El total desde su salida de Cádiz,
hasta su vuelta al mismo puerto, es de once años y diez meses, de
los que hay que deducir los 56 días de ida y los 7 meses y 17 días
de vuelta. Total, 9 meses y medio aproximadamente. Así esta
cronología coincide en cierto modo con la noticia del prólogo del
primer volumen, en que dice que los amigos le instaban a escribir
“algo de lo que en onze años allá avia visto..”.
D) LA OBRA
El contenido de la obra de Fr. Juan
de Santa Gertrudis es muy variado. Más que ocuparse propiamente de
temas misionales, se emplea en el relato muy al por menudo de lo
que vio o lo ocurrió en sus múltiples viajes, con un detallismo tan
exagerado y falta de habilidad literaria en cosas triviales y sin
importancia, que hace pesada la lectura.
Sería imposible sintetizar en las
pocas líneas de una introducción la abigarrada variedad del
contenido de la obra, pues todo lo que está al alcance de la vista
de Fr. Juan es objeto de su pluma en relato, repetimos, nimiamente
prolijo y abrumador descripción de plantas, árboles, frutas,
flores, pájaros y animales de todas clases; noticias muy breves de
las poblaciones por donde pasa; vestidos de la gente, comidas y
modos de hacerlas fiestas, ajuares caseros, costumbres, ríos,
puentes, vados, minas y su laboreo, personas, acciones, leyendas,
precios de las subsistencias y otros enseres, industrias de los
pueblos, etc.
Con delectación especial se
entretiene en relatar fábulas de hallazgos de oro, plata o dinero,
enterramientos que muchas veces están encantados o endemoniados.
Otras veces, rindiendo tributo a la mentabilidad del siglo XVIII,
se entretiene en narrar intervenciones de los demonios, casos
ridículamente espeluznantes de aparecidos, consejas, fábulas y
visiones, no todas ajenas a la persona. Otras veces son leyendas
piadosas, como la del Cristo que huía del nuevo pueblo de Sibundoy
a la iglesia del recientemente abandonado; o la macabra historia
del mozo que conservó fresco el cuerpo de su novia muerta, gracias
a la virtud de la planta llamada “canchalagua” y usaba de
ella amorosamente, hasta que se descubrió su acción y la
enterraron; o como la historia picaresca y regocijante de Fr.
Judas, en la que intervino él personalmente,
etc.
La mentalidad de Fr. Juan es en muchas ocasiones
tremendamente ingenua, y sus conocimientos, a pesar de la
suficiencia y superioridad que continuamente se afana en demostrar,
totalmente superficiales. Por ello es fácilmente crédulo sin
crítica alguna, o con una crítica pueril. Se inclina fácilmente por
las apariciones y hechos absurdamente portentosos, que hoy harían
reír a nuestros escolares; y cuando pretende demostrar erudición,
resbala con asombrosa facilidad. Tal, cuando llega a la conclusión
de que el diablo debió llevar al páramo de Guanajas una piedra que
allí halló con la inscripción latina FORTITVDO, hecho que debió
ocurrir cuando la construcción de la célebre torre de Babel y
confusión de lenguas que narra la Biblia, porque fue allí, en
Babel, donde se empezó a hablar el latín (!!!);
o cuando
intenta demostrar la tesis de que los indios americanos son la 13ª
tribu de Israel, que desapareció por caminos que nadie sabe, y se
extiende en un parangón de rasgos físicos y morales entre los
indios y los judíos. Y así en otras ocasiones.
Con frecuencia hace Fr. Juan protestas de veracidad, y a esto
se refiere el dibujo de la balanza adoptado en las anteportadas de
los cuatro volúmenes con el mote “Mendaces filii hominum in
stateris”, porque Fr. Juan, dándose cuenta de que muchos de
sus relatos son difíciles de creer, no quiere que se le confunda
con la turba de logreros, sensacionalistas y embusteros, que fueron
allá, vieron poco o nada, y luego falsearon lo que vieron, “no
aviendo dejado la lengua del agua; y si han entrado algo tierra
adentro, han ido por camino Real a los principales lugares de
aquellas tierras. Esto solo a su comercio, puesta la mira a
aumentar su caudal. Estos tales están espuestos a relatar muchas
mentiras, porque las cosas singulares... la mayor parte de ellas no
se hallan en poblados, estan monte adentro, y muchas mas que habrá,
que yo como no i
v
a con animo de bolver jamás, ni me
pasa jamas por la hymaginativa que llegase tiempo en que yo avia de
escrivir tales spesies, no repara ria muchas otras cosas dignas de
saberse. Que si yo con este intento huviera ido como otros lo han
echo de apuntar las cosas en un desrotero, soy del sentir que ni en
seys tomos cabría lo singular que yo he visto; pero como no tenia
por entonces tal intento, ni las inquirí ni las noté”.
E) FECHA DE REDACCIÓN DE LA
OBRA
Por sus mismas palabras vemos que Fr.
Juan no tomó notas de lo que vio y narra con prolijidad en su obra.
Es obvia la pregunta: ¿Cuándo escribió sus memorias? La memoria más
feliz se sentiría impotente para almacenar y recordar con
efectividad todo lo narrado, sin confundir los días, las
situaciones a través de once años, los nombres, etc., o sustraerse
a la invención. No es posible fijar con certeza ninguna fecha de
redacción del manuscrito, porque Fr. Juan no deja siquiera
entreverlas. No hay duda de que ello debió ser en la última parte
de su vida, que no podemos saber si alcanzó la vejez. No consta la
fecha de su nacimiento ni la de su profesión religiosa. Sólo la de
su muerte, citada por Bover (8 de agosto de 1799), sin aclarar, por
cierto, de dónde tomó el dato.
Admitiendo este como cierto, y
concediendo a las fichas citadas por Fr. Juan un cierto margen de
realidad hay que situar la redacción del manuscrito en una fecha
posterior a 1771*.
Además, la letra, que es autógrafa de
Fr. Juan, acusa un pulso firme, y su tamaño, bastante reducido, no
es indicio de vista defectuosa. La regularidad de la escritura, por
otra parte, y la constancia de sus características, así como la
manifiesta horizontalidad de las líneas, que en el reverso de cada
folio coinciden indefectible y exactamente con las del anverso no
parecen tampoco indicio de decrepitud senil. Por ello, y habida en
cuenta la fecha de su muerte, bien pudiera ser que el manuscrito se
hubiera redactado hacia 1775.
F) NORMAS DE
TRANSCRIPCIÓN
En la transcripción de los
manuscritos se han observado las siguientes
normas:
1) Se ha respetado el texto hasta en
sus formas incorrectas de dicción.
2) Se han modernizado las grafías
originales, y, por regla general, la puntuación y acentuación, en
algunas ocasiones en que la colocación original de puntos o comas
estaba manifiestamente equivocada.
3) Se han desdoblado las abreviaturas
y suplido las letras sobreentendidas, sin utilizar ningún signo
indicador para mayor facilidad de la edición y
lectura.
4) Se incluyen entre ( ),
en alguna ocasión, las
letras que, no obedeciendo a ninguna abreviatura, fueron omitidas
involuntariamente por el autor.
Esta obra permanecía rigurosamente inédita. Hoy la publica,
en su totalidad, por primera vez, la "Biblioteca de la Presidencia de
Colombia" a moción de su fundador-director Jorge Luis
Arango*.
Jesús García Pastor
Palma de Mallorca, 1956.
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En el tomo III, fol. 148 de la trascripción se lee: “...
cerca del año 1771 en un mineral de plata se halló una lágrima que
avia destilado el mineral...”
El impersonal
“se halló”, expresado en pretérito indefinido, indica una
acción sin duda bastante anterior a la redacción de la anécdota,
con un margen que parece lógico contar por años. (Regresar a *)
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N. del E. Se refiere a la edición
realizada en 1956 (tomos 28 y 29 de la citada colección). (Regresar a*)
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